La Mazmorra del Snarry
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La Mazmorra del Snarry... El escondite favorito de la pareja más excitante de Hogwarts

 

 El manzano. Capítulo 5

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nienna0410
Explota calderos
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MensajeTema: El manzano. Capítulo 5   El manzano. Capítulo 5 I_icon_minitimeMar Mar 16, 2021 5:31 pm

CAPÍTULO 5: El bosque


Harry se encontraba sentado sobre el borde de uno de los pupitres de un aula abandonada del cuarto piso, practicando sus técnicas de meditación.


Había dormido poco; al final, había decidido aceptar la propuesta de Pomfrey y se había puesto una bata de la enfermería, pero en lugar de quedarse allí, decidió pasar la noche deambulando por la habitación de Dumbledore, hablando con el director. En algún momento de la noche, los furúnculos habían estallado, manchando su bata de pus aceitoso, y la ducha que se había dado después se convirtió en una de las más agradables y bienvenidas que había experimentado nunca; el olor putrefacto de los furúnculos era insoportable, y además apestaba también a sudor seco, consecuencia de su duelo contra Dumbledore. Su cabello se encontraba en la misma situación que el resto de su cuerpo, y limpiarlo había sido repugnante.  Tuvo que admitir que sintió un inmenso alivio cuando, al despertar, descubrió que su piel se había curado completamente y que no quedaba ninguna marca sobre ella, tal como le había indicado Poppy. Al Niño-Que-Vivió también se le permite un poco de vanidad, ¿no?


Había acordado junto con Dumbledore que enviarían una lechuza durante el desayuno a cada uno de los potenciales miembros para sus lecciones. El mensaje solo mencionaba que sus presencias eran requeridas en un aula del cuarto piso a las cinco de esa misma tarde.


Harry había pasado gran parte del día pensando en cómo enfrentar la situación. Podría haber comenzado las clases más tarde y así tener más tiempo para prepararlas, pero quería poner ya todo en marcha, y además trabajaba mejor bajo presión.


Neville Longbottom abrió la puerta y sonrió con sorpresa cuando vio allí a su amigo.


—¡Hola Harry! ¿También has recibido una nota? ¿De qué va todo esto? ¿Quién más tiene que venir?


El ojiverde le sonrió, pero no respondió. Acto seguido, entraron Ernie McMillan y Eloise Migden. Tras intercambiar saludos, ambos repitieron el interrogatorio de Neville.


—¿De qué va todo esto, entonces? —cuestionó Eloise, intentando averiguar el motivo por el que se encontraban todos allí.


—Nosotros tampoco lo sabemos —respondió Neville, sin consultar a Harry, justo en el instante en el que Padma Patil se asomaba por la puerta.


—¡Lo siento, llego tarde! Me entretuve prestándole un libro a Parvati. ¿Qué ha ocurrido? No nos hemos podido meter ya en ningún lío, ¿verdad? —preguntó la chica, mientras dejaba su mochila junto a un pupitre.


—Si Potter está aquí, está claro que estar metidos en problemas es una opción —terció Draco Malfoy, quien se encontraba recargado contra la puerta, observando al variopinto grupo que se agolpaba en la sala.


—Dicho de otra forma, tú tampoco tienes ni idea —respondió Padma.


El rubio entrecerró sus ojos, pero entró en el aula con paso tranquilo y se apoyó contra la mesa del profesor.


—Creo que he recibido la nota por error —comentó tras unos instantes, con su clásico arrastrar de palabras—. No puedo imaginar ninguna razón por la que deba estar compartiendo espacio con un grupo de perdedores.


Hubo un inevitable estallido de indignación tras las palabras del Slytherin, pero Harry solo crispó sus labios, algo que Draco notó.


>>¿Te estás riendo de mí, Potter? —inquirió el rubio con tono peligroso.


—Jamás se me pasaría por la cabeza, Malfoy —respondió el ojiverde con una sonrisa.


Los ojos de Draco se entrecerraron de nuevo.


—¿Sabes por qué estamos aquí? —preguntó acusadoramente.


—Sí —respondió Harry, provocando que todos los que se encontraban en la sala se giraran y lo miraran fijamente.


—¡Harry! —Exclamó Neville—. ¡Suéltalo, entonces!


—Espera un momento, aún no estamos todos.


En ese mismo instante, el profesor Snape entró por la puerta, y todos se volvieron hacia él.


—¡Profesor! —exclamó Draco con una sonrisa—. ¿Ha organizado algún club extra al que estamos apuntados? —cuestionó, ignorando deliberadamente a Harry.


Los ojos de Snape recorrieron la habitación, con el ceño fruncido.


—No tengo ni idea de por qué estamos todos aquí, Draco —respondió, con un tono que sugería que para él el asunto era completamente insignificante—. Recibí una lechuza durante el desayuno. Sin duda, el director nos hará saber lo que quiere de nosotros a su debido tiempo.


—En realidad —interrumpió Harry con voz calmada—, estáis aquí para recibir una clase de magia compensatoria.


—¿Disculpe? —Snape se enderezó—. El director no me ha pedido que enseñe tal cosa, aunque Merlín sabe que la mayoría de ustedes lo necesitarían —se burló, mirando lentamente a todos los estudiantes que se encontraban en el aula.


Harry tosió levemente, y cerró la puerta con un pequeño estallido de magia.


—Estuve hablando con el profesor Dumbledore anoche, y me dio permiso para impartir esta clase.


La sala quedó sumida en un profundo silencio, hasta que Snape se enderezó aún más y arremolinándose en su capa, comenzó a caminar hacia la puerta.


Harry no podía permitir que Severus se pusiera en ridículo por no ser capaz de abrirla, así que, en un abrir y cerrar de ojos, se materializó al otro lado del aula y se apoyó contra la puerta, provocando un jadeo generalizado de asombro.


—Sí, puedo aparecerme en Hogwarts. Y he cerrado y lanzado protecciones a la puerta para que nadie pueda irse hasta que haya explicado todo. Si después de escucharme, alguien no quiere permanecer en la clase, es libre de marcharse. Es vuestra elección.


—¿Estás diciendo que piensas mantenernos encerrados? —inquirió Draco, sacando su varita y apuntando con ella a Harry.


Un segundo después, la varita del rubio cruzaba volando la habitación y aterrizaba en la mano del ojiverde, seguida instantáneamente por todas las demás que había en la sala.  


Hubo otra serie de jadeos generalizados; todos se habían percatado de que Harry había sido capaz de desamarlos, sin usar su propia varita y sin decir ni una sola palabra. Además, el chico se había aparecido dentro de Hogwarts. Se hizo el silencio mientras Harry agrupaba las varitas, colocaba la suya propia entre las demás y las levitó hasta el techo.


Snape agarró una silla de detrás de uno de los pupitres que se encontraban en la primera fila y se sentó de forma elegante.


—Quizá cuando se aburra de alardear, Sr. Potter, podría explicarnos de que va todo esto —dijo con tono ofensivo, pasando por alto la pérdida de su varita y aparentando tener el control total de la situación.


Harry asintió mirando fijamente al hombre; no iba a permitir que Snape lo pusiera nervioso. En realidad, estaba bastante impresionado por la actitud fría que estaba mostrando Severus, ya que por dentro debía estar furioso.


—Las varitas permanecerán ahí hasta el final —comenzó el ojiverde con voz calmada—, para evitar cualquier… accidente. Estáis aquí —continuó—, porque todos sois brujas y magos extraordinariamente poderosos...


—¡Sí, claro! ¿Y Longbottom? —resopló Malfoy, intentando dirigir su propio bochorno hacia otro objetivo.  


La cara de Neville adquirió un tono rojo brillante, y bajó la cabeza, completamente avergonzado.


—... Y porque no estáis usando todo vuestro potencial, debido a que el tipo de educación que se imparte en Hogwarts no satisface todas vuestras necesidades —continuó Harry, ignorando la interrupción.


—Habla por ti, Potter —se mofó Draco—. Mis notas son excelentes.


—Algunos de vosotros sobresalís en una materia —prosiguió Harry, mirando a Neville, quién alzó la cabeza como si hubiera podido sentir que los ojos de su amigo se posaban sobre él, y, acto seguido, a Snape —, mientras que algunos de vosotros sentís que no sois buenos en nada. Pero, os puedo asegurar que no estaríais aquí si ese fuera el caso —agregó, mirando al resto.  


—¿Y cómo ha llegado a la conclusión de que usted tiene la capacidad de decidir eso, profesor Potter? —Preguntó Snape con voz sedosa.


Malfoy soltó una risita.


—Seguro que todos sabéis que yo solo he sido un estudiante promedio —explicó Harry, ignorando los fuertes resoplidos de Malfoy y Snape—. Pero, a pesar de todo, de alguna manera, he sido capaz de arreglármelas para no morir en varios enfrentamientos con el mago más temido de nuestra época.


El aula quedó sumida en un silencio total.


>>Y muchas veces me pregunte el por qué, hasta que descubrí que existen otras formas de abordar la magia, y me encantaría compartirlas con vosotros. Creo que todos podríais obtener algún beneficio.


—¿En serio? ¿Y qué crees que podrías enseñarnos, Potter? —inquirió Malfoy en tono burlesco.


—Lo primero que me gustaría que aprendierais, Draco, es magia sin varita. Si supierais hacerla, no os sentiríais inseguros ante una situación de este tipo. Es relajante saber que eres capaz de salir de un aprieto sin necesitar nada más que un poco de concentración y autocontrol.  


Harry pudo sentir cómo aumentaba el interés entre los presentes. La magia sin varita era considerada un área que escapaba de la capacidad de la mayoría de los magos y brujas, pero resultaba bastante obvio que el ojiverde podía realizarla sin problema.


—¿De verdad podrías enseñarnos eso, Harry? —preguntó Neville con timidez.  


Harry le sonrió.


—Estoy seguro de que todos sois capaces de conseguirlo —asintió el joven—. Solo debéis abordarlo de una forma un tanto distinta.


—¿Qué quieres decir? —cuestionó Padma.


Harry cambió de posición para poder mirar a todos los presentes


—Bueno, la magia normalmente se toma del entorno, y la varita se usa como un canal para extraerla y poder usarla. Sin embargo, la magia sin varita se toma del interior de uno mismo, por eso solo merece la pena para los magos y las brujas más poderosos, ya que, el resto de las personas, aunque consigan realizarla, quedan bastante drenadas.  


Harry pudo comprobar cómo el interés crecía de nuevo entre todos los que se encontraban en el aula, incluido el de Malfoy. La expresión de Snape era indescifrable, pero al menos no parecía querer marcharse, algo que motivó al ojiverde.  


—¿Y qué más pretendes enseñarnos? —preguntó Ernie McMillan con curiosidad.


—No os voy a enseñar lo mismo a todos —respondió Harry—. Esta clase será fundamentalmente práctica. No voy a pedir que realicéis ensayos ni trabajos escritos, a no ser que sea totalmente necesario. Cada semana habrá una lección, a menos que surja algún imprevisto, y os mandaré tareas distintas a cada uno. Me gustaría ampliar los diferentes campos de magia de todos. Con esto no quiero decir que vaya a ignorar las habilidades específicas de aquellos que ya saben cuál es su principal materia de interés, pero creo que descubrir otras áreas os ayudará en vuestro propio campo.


—Entonces, ¿el profesor Snape está aquí para ayudarte con la parte de las pociones? —preguntó Eloise.


Harry respiró hondo, preguntándose si habría una explosión tras lo que pensaba explicar.


—Espero aprender cosas de todos vosotros. No pretendo impartir una enseñanza unidireccional; yo también quiero aprender cosas, y espero que me ayudéis. Pero Severus es un alumno de esta clase, al igual que los demás, por lo que también está aquí para recibir lecciones.


Se hizo el silencio en la sala, y Harry no estaba seguro de si se debía a haber usado el nombre de pila del profesor o porque había explicado que éste iba a ser alumno suyo. Todos esperaban que el pocionista expresara su indignación, pero, sin embargo, fue Draco el que saltó.  


—Potter, no sé si recuerdas que el profesor Snape es un maestro de pociones —comentó el rubio con tono intimidante.


—Soy plenamente consciente de que el profesor Snape es uno de los cinco mejores maestros de pociones del mundo —asintió Harry, sorprendiendo al resto de estudiantes, incluido al propio Snape—, pero solo está usando una pequeña parte de su magia en este momento, y es un desperdicio.


Todos los ojos se dirigieron al mayor.


—No creo que se haga una idea de la cantidad de magia que se requiere para elaborar una buena poción, Potter —objetó el ojinegro con rabia.


—Mucha, me imagino —respondió Harry—, pero, por lo que yo sé, tu magia es igual a la del segundo mago más poderoso del mundo, y no la estás usando.


Esta declaración fue seguida por un silencio absoluto y una serie de miradas de sorpresa.


—¿Se ha vuelto completamente loco, Potter, o todo esto es un intento de congraciarse con...?


—Tienes el mismo nivel de poder que Dumbledore —le interrumpió Harry con firmeza.


—¡Tonterías!


—Puedo sentir los niveles de poder de la gente —explicó el ojiverde—. Ese es el motivo por el que os pedí que vinierais a esta clase.


—Potter, ¿por qué demonios quieres enseñarme? —cuestionó Draco Malfoy, dejando entrever por primera vez desconcierto en su voz—. Nos odiamos desde el primer año.


Harry asintió.


—Sí, pero, ¿qué tiene que ver eso?


El rostro de Draco mostraba estupefacción.


—Potter, yo no te daría ni la hora. Mucho menos te ofrecería algo que pueda beneficiarte.


—Menos mal que no somos iguales, ¿no? —respondió Harry sonriendo alegremente, para, acto seguido, mirar a todos los que se encontraban en el aula—. Voy a confesaros una cosa.


Vio a Malfoy sentarse, aún sorprendido.


>>Todos sabéis que tengo que luchar contra Voldemort —comenzó, ignorando el siseo que emitieron los demás al mencionar ese nombre—. En lo que a mí respecta, cuanta más gente se oponga a él, mejor. Y si son poderosos, aún mejor. Yo también necesito aprender cosas, y puedo hacerlo con vosotros. Soy consciente —añadió, mirándolos a la cara— de que no todo el mundo tiene las mismas ideas políticas que yo; hay gente que tiene puntos de vista opuestos al mío, o prefieren mantenerse al margen. No creáis que no he estado pensado largo y tendido sobre este asunto, y sé que os puede parecer una locura dar un arma a tu enemigo—continuó el ojiverde evitando mirar a Malfoy, para no marcarlo como enemigo potencial, y a Snape, para proteger su tapadera—, pero creo que todo el mundo tiene derecho a recibir la mejor educación posible, y no creo que tenga el derecho de negársela a nadie. También tengo la esperanza —agregó—, de que una vez que os deis cuenta del alcance de vuestros poderes, os sintáis reacios a entregárselos de forma directa a un mago de nivel inferior para que haga lo que quiera con ellos.


—¿Qué quieres decir? —inquirió Malfoy inclinándose hacia delante, con incredulidad.


—Voldemort no es un mago extraordinariamente poderoso por sí mismo —explicó Harry con tono calmado—. Su poder lo obtiene a través de la Marca Tenebrosa, exprimiendo a sus seguidores cuando quiere. Personalmente, no tengo la intención de que alguien cuyas opiniones desprecio se aproveche de mí y me use como un mero medio de transfusión mágica, pero, si alguien apoya completamente sus ideales, tal vez le merezca la pena el sacrificio, por supuesto —añadió Harry de manera intencional, con la esperanza de que el orgullo de Malfoy lo alejara del Señor Oscuro. Tendría que correr el riesgo—. Ah —dejó caer en el último momento—, he tomado medidas para vuestra propia protección. No podréis contar, escribir o informar a nadie sobre ningún tipo de información referente a otra persona que se recopile en esta clase sin su consentimiento. Solo podéis discutir tales asuntos conmigo mismo y con el profesor Dumbledore.


El alivio de la mayoría tras estas palabras se hizo evidente.


—Bueno, Potter, ¿ya has terminado tu charla? Porque, francamente —comentó Malfoy con desdén—, no has mencionada nada que sea lo suficientemente tentador como para que merezca la pena asistir a esta clase.  


—Harry, ¿habría mucho trabajo? —terció Eloise, intentando desviar la atención de la grosería del Slytherin.


—Bueno, no será pan comido —respondió el ojiverde, sonriéndole—, pero, básicamente, será un curso práctico. Como ya he dicho, solo pediré que escribáis algo si es verdaderamente importante. Honestamente, no tengo tiempo para corregir ensayos, y, tampoco son relevantes —continuó. Acto seguido, mirando directamente a Malfoy, añadió—: Voy a poner un ejemplo de cómo serán las lecciones y de mi estilo de enseñanza. Colocaos en círculo, por favor —indicó enérgicamente—, y tocad a la persona que se encuentre a vuestro lado. Solo es necesario contacto piel con piel, no hace falta que os agarréis de la mano. Es suficiente con que unáis los dorsos.


El ojiverde observó con una sonrisa como todos se colocaban evitando tener que tocar a personas concretas. Neville se interpuso entre Harry y Padma, mientras Malfoy lo hacía entre Padma y Snape.


—Bien, ahora me gustaría que cerrarais los ojos y despejarais vuestra mente.


Ernie McMillan miró a Harry con asombro y pavor.


—¿No pretenderás aparecernos a todos fuera de Hogwarts, verdad Harry?


Todos lo miraron, incluido Snape, con los ojos entrecerrados. Todos habían visto al Gryffindor hacer lo imposible: aparecerse de un lado a otro de un aula dentro del castillo, pero no creían que fuera capaz de hacer lo mismo con tantas personas.


—¡Ernie, confía en mí! No te provocaré una despartición —prometió el ojiverde.


—¡Pero nunca me he aparecido! —gimió Eloise, seguida por varios asentimientos de acuerdo.  


—No tienes que hacer nada, yo me voy a encargar de todo —indicó Harry con voz calmada—. De hecho, es mejor así.


—Pero no sé cómo despejar mi mente —susurró Padma.


—Bueno, eso es fácil. Lo que quiero que hagáis —explicó el ojiverde—, es cerrar los ojos. —Esperó a que todos lo hicieran, incluido Snape, que fue el último en cerrar sus párpados—. Genial, ahora imaginad un pedazo de pergamino —continuó, esperando de nuevo durante unos instantes—. ¿Podéis verlo? —Hubo una oleada de asentimientos—. Es verde —añadió con tono suave—, un verde oscuro, profundo, intenso y aterciopelado. ¿Podéis verlo? —repitió, recibiendo asentimientos de nuevo—. Bien. —Todos notaron un estallido de magia proveniente de Harry.


>>Abrid los ojos.


A los oídos de Harry comenzaron a llegar jadeos muy satisfactorios mientras los estudiantes contemplaban con asombro el abundante follaje bajo la tenue luz de los árboles.  


—¡Joder! —murmuró Ernie.


—¿Dónde estamos? —preguntó Padma mirando al ojiverde.


Harry miró a Malfoy, quién estaba más pálido de lo normal.  


—¿Nos has traído al Bosque Prohibido? —exclamó.


El Gryffindor sonrió.


—¡Llévanos de vuelta ahora mismo! —espetó el rubio—. ¡Este lugar es jodidamente peligroso!


—¡Malfoy, controle su vocabulario! ¡Y usted también, señor McMillan! —vociferó Snape.


—Nos vemos en el aula —dijo Harry, y, acto seguido, desapareció.


—¡Joder! —gruñó Malfoy, olvidando la anterior reprimenda de Snape—, ¡se ha desaparecido y nos ha dejado aquí tirados!


—¡Y sin nuestras varitas! —exclamó Ernie.


Se hizo el silencio, y se acercaron unos a otros arrastrando los pies.  


—¿Reconoces esta parte del bosque, Draco? —preguntó Snape, buscando confirmación.


Malfoy asintió.


—Potter y yo estuvimos aquí con Hagrid durante una detención en el primer curso —respondió, sin poder ocultar su miedo.


—¿Recuerdas cómo llegar a la salida? —preguntó el profesor bruscamente.


Antes de que el profesor acabara de hablar, una criatura salió disparada a través de la maleza, agitando la túnica de Padma con su cola, mientras la chica saltaba y gritaba agarrando a Neville.


—¿Qué es eso? ¡No puede ser una rata! ¡Es enorme! —exclamó la chica, mientras Neville rodeaba su cintura con un brazo tembloroso.


—Por algo se le llama el Bosque Prohibido, señorita Patil —comentó Snape sarcásticamente.


—Una jodida rata es la menor de nuestras preocupaciones —intervino Malfoy.


—Tu vocabulario sigue siendo inaceptable, Draco —repitió Snape con calma—. No quiero tener que quitarle puntos a mi propia casa. ¿Te importaría responder a mi pregunta sobre si recuerdas cómo llegar a la salida desde aquí?


Harry, quien no se había desaparecido, sino que estaba observando a sus alumnos bajo un hechizo de invisibilidad, quedó maravillado por cómo algo tan trivial como la mención de Snape sobre quitar puntos a las casas, parecía haber tenido un efecto tranquilizante en todos los estudiantes.


—Me temo que no tengo ni la más mínima idea, señor —murmuró Malfoy, echando un vistazo a su alrededor.


Vieron un camino entre el follaje y se lanzaron a seguirlo como si fueran uno.  


—¿Cómo sabe que este es el camino correcto, señor? —preguntó Eloise cuando llevaban unos minutos andando entre los crujidos de la maleza y los extraños gruñidos de una criatura no identificada, que parecía estar siguiéndolos, aunque eran incapaces de verla.


—No sé si este es el camino.  


—¿Qué? Quiero decir, ¿disculpe, señor?


—No tengo ni idea de en qué parte del bosque estamos, señorita Midgen, pero un camino tiende a desembocar en algún lado.


—¡Pero nos podríamos estar internando aún más en el bosque!


—En efecto. Pero existe la misma probabilidad de que nos saque de aquí.


La chica lo miró conmocionada, sintiendo cómo se desvanecían todas sus esperanzas. Snape se dio cuenta y se ablandó un poco.


—Nos dirigimos al este, señorita Migden. El bosque está situado al oeste del castillo, por lo tanto, las posibilidades de que estemos avanzando en la dirección correcta son mayores.


—Podría haber dicho eso antes —murmuró Neville para sus adentros, mientras se agachaba para mirar una planta que crecía a un lado del sendero.


—¿Algo que aportar, señor Longbottom? —inquirió Snape con voz sedosa.


Neville alzó la mirada.


—Esta es una variante bastante extraña de Leucothoe —comentó el Gryffindor, observando la planta.


—Qué interesante —respondió Snape sarcásticamente, mientras sostenía una rama de forma cortés para que Eloise y Padma pasaran—. Estamos en el Bosque Prohibido; aquí probablemente hay especímenes de plantas que ni siquiera los herbólogos más experimentados habrán visto antes —continuó, desestimando el conocimiento de Neville en el área, mientras soltaba la ramita que aún seguía en su mano, golpeando al chico en el abdomen.


Continuaron caminando hasta que el repentino gruñido de un depredador desconocido los sobresaltó, haciéndolos pegar un brinco. Harry pudo observar cómo Snape llevaba su mano de forma instintiva al lugar donde normalmente guardaba su varita, y, a pesar del comentario desagradable que había dirigido a Neville, permaneció delante del grupo, guiando a los estudiantes.


Tras unos instantes en los que no ocurrió nada, comenzaron a caminar de nuevo. Harry advirtió que Neville continuaba estudiando los arbustos y plantas que encontraba en su camino. Las palabras del chico debían haber surtido algún efecto sobre el pocionista, porque de pronto el hombre se detuvo y dijo:


—Huele a moho y humedad. Mantened los ojos bien abiertos por si veis algún hongo, pero que nadie los toque hasta que los haya identificado. Hay variedades que son difíciles de encontrar y muy útiles para determinadas pociones, pero suelen tener propiedades desagradables, así que prestad atención a mi advertencia.  


—Solo Snape podría encontrar alguna ventaja de estar en un infierno tan espeluznante como este —le susurró Ernie a Eloise, logrando que Harry sonriera.


Varios minutos más tarde, Padma habló.


—¿Cómo de grande es este bosque? —se quejó la chica.


La Ravenclaw no obtuvo respuesta.


—Está oscureciendo —susurró Ernie, un poco más tarde, pero tampoco nadie contestó.


De repente, se oyó el ulular de una lechuza, y notaron el viento provocado por sus alas sobre sus cabezas, mientras el ave se abalanzaba sobre un pequeño ratón que se encontraba frente a ellos y se lo llevaba apresado entre sus garras, provocando varias exclamaciones de sorpresa entre el grupo.  


—Joder, voy a matar a Potter —gruñó Malfoy, dando un paso adelante, y empujando a Neville mientras lo hacía. El Gryffindor tropezó con la raíz de un árbol y cayó boca abajo entre los arbustos que se encontraban en uno de los lados del camino. El chico levantó la cabeza y, olfateando la planta sobre la que había aterrizado, deslizó las manos por el tallo para observar las flores de color verde pálido.


—Es tan desagradable como Snape —murmuró Eloise a Ernie, obteniendo una sonrisa del joven.


De pronto, Neville se puso de rodillas, cavando con los dedos en la tierra, y separando las raíces.


—¿Qué diablos estás haciendo, Longbottom? —gruñó Malfoy.


El Gryffindor lo ignoró, continuando con su tarea.


>>Te estás ensuciando las manos —continuó el rubio con aversión—. Me da asco pensar en todo lo que debes tener bajo las uñas.


—No tienes por qué preocuparte, niño bonito —escupió Neville—. Jamás pondría mis manos cerca de ti.


Se hizo el silencio entre todos los que se encontraban allí.


—¿Cómo me has llamado, culo gordo?—siseó Malfoy, incapaz de creer que el torpe chico le hubiera dicho eso, pero lanzando el insulto por si acaso.


Neville lo ignoró, lo que provocó que la furia del Slytherin incrementara.


—¡Ajá! —exclamó el chico mientras terminaba de introducir su mano en la tierra y, sosteniendo con cuidado la planta, la sacó por completo.


Para su sorpresa, Snape se arrodilló junto a él.


—¿Y bien?


Neville separó lentamente las hebras que conformaban la raíz, examinando cada parte cuidadosamente, antes de mirar al profesor.


—No estamos en el Bosque Prohibido, señor —explicó animadamente.


—¿Qué? —exclamó Ernie.


Harry no pudo contener su sonrisa, aunque no importaba, ya que nadie podía verlo.


Neville sacó un pañuelo de su bolsillo, lo enrolló con cuidado alrededor de las raíces y se puso de pie, metiendo la planta debajo de su brazo y sacudiéndose las manos con tranquilidad.


—¡Longbottom, habla! —gruñó Malfoy.


Neville sonrió y prosiguió con su explicación.


—El Leucothoe que encontré antes tenía características demasiado extrañas, por lo que he estado revisando todas las plantas, y no hay suficiente variedad para un bosque tan antiguo. Hay un montón de plantas que se repiten, y al igual que el Leucothoe, poseen propiedades que no les corresponden. El tipo de suelo que hay en este lugar no es el adecuado para las especies que están creciendo aquí...


—¡Oh, por el amor de Merlín! —espetó Malfoy.


—Incluso el profesor Snape se ha dado cuenta —respondió Neville a la defensiva—. El olor tampoco es el adecuado para las plantas que están creciendo...


—¡Ve al jodido grano! ¿Qué pasa con esa planta? —inquirió el rubio.


—La cuestión, Malfoy —continuó Neville con tono autoritario pero calmado—, es que la Fritillaria pontica * florece en primavera, no en septiembre. Y tiene forma acampanada. Ésta —añadió, alzando la planta para que quedara a la vista de todos— está floreciendo. Y tiene raíces. Ha sido creada por alguien que ha visto una, pero que realmente no conoce nada sobre esta especie. Alguien, como por ejemplo, Harry.  


De pronto, el bosque que los rodeaba se desvaneció, y los alumnos pudieron ver a Harry, sentado sobre un pupitre, balanceando sus piernas, mientras les sonreía.


—¡Bien hecho, Neville! —exclamó el ojiverde alegremente.


—¿Qué diablos era eso? —preguntó Ernie, echando un vistazo para comprobar que realmente estaba en el salón de clases.


—Eso era una... representación —respondió Harry.


—Pero tú nos apareciste —exclamó Padma.


—No, asumisteis que os estaba apareciendo —replicó el chico con voz calmada.  


—¡Pero dijiste que no nos provocarías una despartición! —contraargumentó la Ravenclaw.


—Bueno, y no lo hice, ¿verdad? —respondió Harry sonriendo.


—Pero… ¿y el bosque? —preguntó Eloise.


—No habéis salido del aula —explicó el ojiverde, respondiendo a la pregunta no formulada de la chica.


—Pero era real. Podíamos sentirlo. Podíamos olerlo. Y había criaturas...


—¿Entraste en nuestras mentes? —inquirió Malfoy ferozmente—. ¡Bastardo! Te basaste en mi recuerdo de aquella detención...


—Me basé en MI recuerdo de la detención para ayudarme a reconstruirlo —intervino Harry—, aunque sabía que lo reconocerías. Pero no he entrado en vuestras mentes. Jamás lo haría sin permiso.


—Pero parecía tan real... —terció Padma.


—Bueno, en cierto modo era real —concordó el Gryffindor—. Todo lo que había era corpóreo. ¿Todavía tienes la planta, Neville?


El joven agitó el manojo de flores, que caían con forma de campanas, balanceándose suavemente.


—Son corpóreas, pero erradas, ya que, como bien señaló Neville, no conozco suficiente este tipo de plantas para hacerlas bien. Pero aun así, fue suficiente para que os lo creyerais durante un corto periodo de tiempo.


—¿Pero cómo lo hiciste? —cuestionó Eloise—. Es imposible que hayas podido transformar todo...


—En ese aspecto, creo que haber sido criado por muggles me ha ayudado bastante —respondió Harry, ofreciendo una sonrisa a sus alumnos, que lo miraban con rostros sorprendidos ante su afirmación—. Sentaos, intentaré explicároslo. Ah, he convocado un poco de zumo, por si tenéis sed —añadió, acercando una bandeja repleta de zumo de frutas y pasteles pequeños, y dejándola sobre uno de los pupitres.


Los jóvenes se lanzaron sobre ella, mientras Severus simplemente se sentó, esperando que el ojiverde hablara. Harry estaba seguro de que por dentro se estaba muriendo de curiosidad.


—No descubrí que era un mago hasta los once años —comenzó Harry, notando las miradas de desconcierto de todos, a excepción de Neville—, y entonces sentí que se abría un mundo nuevo de posibilidades. ¡La magia era real! Era increíble pero, sin embargo, era cierto. Para los muggles, la magia consiste en realizar cosas que se salen de las reglas de la naturaleza, de las normas del mundo; creer en la magia es creer que puede suceder cualquier cosa que se te pase por la cabeza. Así que podréis imaginar cuál fue mi sorpresa al darme cuenta de que para la comunidad mágica, la magia seguía tantas reglas como el mundo sin ella. Se necesita una varita, a pesar de que las primeras veces que los niños hacen magia, lo hacen de forma espontánea, poderosa, y definitivamente sin varita. También necesitaba aprender las palabras correctas, y la forma apropiada de mover la muñeca, y un montón de cosas más. Es algo que te enseñan y asumes que es así, pero yo he dejado de creer en eso —terminó, tomando un sorbo de su zumo de piña, que había pedido a Dobby para sustituir el habitual de calabaza.


—¿Cree que puedes hacer cualquier cosa? —se burló Snape.


—No lo sé —respondió el ojiverde con sinceridad—. Creo que ayuda creer en un principio que todo es posible, e ir encontrando las limitaciones sobre la marcha. Eso te hace esforzarte más, aunque con esto no quiero decir que todo sea fácil, o que se pueda hacer sin ningún tipo de conocimientos, eso es algo que Neville acaba de dejar bastante claro.


—¿Está sugiriendo que podría arrojar cualquier cosa a un caldero y saldría una poción útil? —inquirió Snape con tono crítico.


—No, pero estoy bastante seguro de que la cantidad de magia que le pones te da una flexibilidad mucho mayor que a otros fabricantes, ya que puedes modificar las propiedades de los ingredientes con mayor facilidad. Por eso, a pesar de que las fórmulas de las pociones están escritas y, en teoría, todas deberían quedar igual, la tuya siempre será infinitamente mejor, porque no solo tienes poder, sino que también tienes afinidad en esa área. Probablemente, para los demás pocionistas es difícil crear la misma preparación, ya que lo que funciona para ti, no lo hace para el resto, y eso mejora aún más tu reputación —miró al maestro de pociones para confirmarlo y recibió un pequeño asentimiento en respuesta.


Harry sonrió.


—Debes haber necesitado mucha magia para hacer todo eso —dijo Padma con cautela—. Y tú tampoco tienes tu varita. ¿Todo lo has hecho con tu magia “interna”?


El ojiverde cambió su sonrisa por una expresión seria.  


—Eso ha sido un poco estúpido por mi parte —respondió en tono de disculpa—. Hubiera sido mucho más sensato usar la magia “normal”. Si lo hubiera hecho así, probablemente no hubieran existido tantos errores obvios en el entorno, ya que la propia magia se habría basado en la realidad para crear el bosque. Así que esa ha sido una lección importante para mí; hay que saber cuándo usar la varita.


Snape se dio cuenta de que el chico no negaba que la ilusión (representación, la había llamado Potter) había sido creada a partir de su propia magia, pero, al igual que había hecho en ocasiones anteriores, dio una respuesta que incluía una reflexión sobre algo completamente distinto. La última semana le había demostrado cuán equivocado había estado con respecto al jodido Niño-Que-Vivió. Quizá el joven simplemente había madurado.


No pudo evitar recorrer el cuerpo del ojiverde con sus ojos, notando que, aunque su estatura seguía siendo baja, sus hombros se habían ensanchado, y, aun con la túnica puesta, podían intuirse los músculos de sus muslos flexionándose mientras balanceaba sus piernas de forma despreocupada, sentado sobre el pupitre. Se obligó a deslizar los ojos hacia el rostro del chico, ignorando el inoportuno movimiento que había notado en su ingle, provocado por la visión del muslo del ojiverde. No entendía que le pasaba, él nunca había sentido deseo por ningún alumno. Quizá sí que sería una buena idea volver a ver a Alex, aunque solo fuera para decirle que no podía mantener ninguna relación. Después de acostarse con él de nuevo y comprobar si la pasión que había ardido entre ellos había sido solo algo de una noche.


La repentina imagen de Alex arqueándose a su lado, con la luz de las velas reflejándose sobre su piel cubierta de sudor, y su propia mano pálida recorriendo su cuerpo se instauró en su cerebro. Se obligó a volver al presente, cruzando las piernas para ocultar la respuesta de su cuerpo a esas imágenes mentales. ¡Merlín! Cómo había cambiado su vida en solo una semana.   Sentía nervios al pensar en su reunión del día siguiente, y esa sensación también era completamente desconocida para él; en su vida nunca había tenido la oportunidad de anhelar nada.


Snape centró su atención en la conversación, notando el oscurecimiento de la piel alrededor de la mandíbula de Potter; sombra de barba. Ya no era un niño, y además era su profesor ahora. Y por mucho que odiara al mocoso, quería aprender. Había visto lo que el chico, hombre, era capaz de hacer sin ningún tipo de esfuerzo, y aunque le costaba creer los disparates que había dicho el joven sobre su poder, si fuera cierto...  Ya era considerado un mago bastante poderoso, y sería una imprudencia por parte de Potter creer que la manera de hacerle formar parte de todo eso era prometerle poder... pero, aun así...


—...así que me gustaría que lo pensarais durante el fin de semana. —El ojiverde había continuado hablando mientras Snape se encontraba sumido en sus pensamientos—. Las clases tendrán lugar en esta misma aula, los martes a las ocho de la tarde. El que quiera continuar en el grupo solo tendrá que venir. Si alguien no viene, supondré que no está interesado en ellas, eso es algo que depende completamente de vosotros. Si tenéis alguna pregunta, podéis hablar conmigo o con el profesor Dumbledore en cualquier momento. Solo hay una o dos cosas que me gustaría que quedaran claras. Durante las clases, todos nos llamaremos por nuestros nombres de pila, y no me parece apropiado la etiqueta de “profesor”, ya que yo también estaré aprendiendo. Como todos vamos a colaborar estrechamente durante las lecciones, creo que usar los apellidos puede ser desalentador; el profesor Snape será solo Severus, aunque solo durante las clases, fuera de ellas recuperará su título oficial, por supuesto.


>>Por otro lado, nada en estas clases es obligatorio; si en algún momento alguien se siente incómodo con algo que pida que haga, es libre de no hacerlo. Aunque sí que me gustaría que me comentara el por qué más tarde, ya que todo lo que pida lo haré con una razón. También me podéis comentar si se os ocurre alguna idea. Espero que vengáis siempre, a menos que exista una razón realmente importante para no hacerlo. Y esto sería todo, ¡espero veros a todos la semana que viene!


El ojiverde extendió la mano, y las varitas que flotaban lentamente por el techo descendieron hacia ella. El chico las agarró y, posteriormente, abrió las manos, enviando cada una de ellas hacia su respectivo dueño. La puerta se abrió con un clic, y todos los que se encontraban en el aula se quedaron quietos, mostrando reticencia a marcharse, hasta que Ernie rompió el silencio.


—Gracias, Harry —dijo, antes de dirigirse hacia la puerta seguido por Padma y Eloise, quienes también murmuraron palabras de agradecimiento antes de abandonar la habitación. Malfoy caminó lánguidamente hacia la salida, dando suaves toques con la varita sobre su mano, y, antes de marcharse, giró su cabeza y miró a Harry con expresión inescrutable.


—¿Te espero, Harry? —preguntó Neville, mirando con inquietud al profesor Snape.


Harry observó a Severus, quien se irguió, con sus ojos negros revelando tan poco como los grises de Malfoy.


—Potter —se despidió el pocionista, inclinando su cabeza, y abandonando la sala.


Harry sonrió para sus adentros. ¡El hombre tenía tanta presencia!


—¡Vámonos! —exclamó el joven, sonriéndole a Neville, mientras cogía su mochila, antes de abandonar el aula acompañado por su amigo.




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Severus recorrió los pasillos hasta llegar a sus habitaciones sumido en sus pensamientos, con la tentación, el enfado y la emoción compitiendo por ocupar un lugar en la vorágine de sentimientos que surcaban su cuerpo, deseando que lo que se le ofrecía lo hubiera hecho alguien distinto a Potter. Además, seguía dudando de que lo que lo ofrecido fuera real. Seguía sin creer en todo lo que decía el ojiverde, pero, aun así, había presenciado magia que iba más allá de lo que alguna vez podría haber imaginado, y ésta además había sido realizada por un joven de diecisiete años, sin varita, y que provocaba en él una respuesta sexual. Quizá era el poder de la magia de Potter lo que provocaba estos impulsos no deseados sobre su persona; ahora al pensar en el chico no podía evitar sentir un hormigueo en la piel, y el estómago lleno de mariposas. Debería estar furioso, por supuesto. ¿Por qué tenía ese chico todo ese poder? ¿Cómo poseía todo ese conocimiento e información? ¡Maldito Harry Potter!


Pero, por otro lado, le gustaba aprender. El conocimiento era uno de sus principales placeres en la vida, y disfrutaba el aprendizaje en todas sus formas, ya fuera recolectando información en su labor de espionaje o tratando de encontrar nuevas fórmulas para la elaboración de pociones mediante ensayo y error. Potter había tenido el descaro de sugerir que estaba demasiado centrado en un solo área, e insinuó que, ampliando su base de conocimientos en otros campos, tendría un mayor éxito en la elaboración de pociones. Tuvo que admitir que eso había sido bastante astuto por su parte.


Y luego estaba el escandaloso comentario de que él era igual de poderoso que Albus. ¿Qué se le había pasado por la cabeza al idiota para sugerir algo tan absurdo? No era necesario que dijera eso solo para que aceptara estar en el grupo.


¡Y pensando en Albus! ¡Maldito bastardo! ¿Cómo se ha atrevido a enviarme a una clase impartida por el mismísimo Harry jodido Potter sin decirme nada?


Era consciente de que el anciano lo había hecho porque si le hubiera comentado algo sobre el asunto, él jamás se hubiera presentado en el aula, pero, ¿dónde había quedado el respeto por su amistad?


El ojinegro se detuvo frente al retrato de Eric Thimbletwine, uno de los magos más inútiles conocidos por el hombre, que custodiaba sus habitaciones. El hombre había sido un completo inepto durante toda su vida, y su única característica memorable había sido su lealtad, ya que había sido asesinado en 1492 por ocultar a un grupo de magos el lugar en el que se ocultaban sus hermanas. Snape lo valoraba por ello, y nunca había tenido motivos para quejarse de su trabajo, aunque sus intentos de mantener una conversación eran otra cuestión; Thimbletwine era el tipo de persona que podría haber sido el mejor amigo de Longbottom, por lo que murmuró su contraseña, ignorando la pregunta sobre por qué llegaba tarde, entrando en su habitación apresuradamente.  


Snape encendió el fuego de la pequeña cocina situada en una de las paredes laterales de sus aposentos mientras llenaba una tetera de agua, para después colocarla sobre las llamas; la magia era muy útil para muchas cosas, pero la elaboración de una taza de té era un arte, y nunca se apresuraba en terminarla. Sacó una taza y un platillo, su tetera marrón oscuro y una jarra de leche y lo coloco todo en una bandeja, mientras continuaba pensando en Albus. Estaba furioso con el hombre; una parte de él quería ir a su despacho, gritarle lo que pensaba de su comportamiento manipulador, y preguntarle en qué demonios estaba pensando para permitir que un estudiante impartiera una clase, y, lo que era aún peor, invirtiera los papeles de profesor/alumno. Pero, en su fuero interno, ya había decidido seguir adelante y descubrir las intenciones del maldito Harry Potter. Además, seguro que si se presentaba en el despacho del director, éste iría directamente al quid de la cuestión y le diría que al final se daría cuenta de que había hecho lo apropiado. El viejo lo conocía demasiado bien; era mejor guardar sus batallas para asuntos más transcendentes.


Y seguro que Albus quedaría más confundido si no se presentaba en su despacho a reclamar nada. ¡Que se joda!




* Aquí os dejo un enlace por si queréis ver cómo es la flor a la que se refiere Neville: https://www.google.com/search?q=Fritillaria+pontica&sxsrf=ALeKk00XHBruHDO9CjV9JJCxtqR60taWVg:1615231436426&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=2ahUKEwje0P3_taHvAhXLTMAKHW_VBSUQ_AUoAXoECA0QAw&biw=667&bih=608#imgrc=rqyL6XlpvRrgNM



Lo siento muchísimo chicos, nunca había tardado tanto en actualizar, pero los estudios me están consumiendo jajaja. El siguiente capítulo ya lo tengo casi listo, espero no tardar tanto como con este. Mil gracias por leer y muchísimos besos!!
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El manzano. Capítulo 5
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