La Mazmorra del Snarry
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La Mazmorra del Snarry... El escondite favorito de la pareja más excitante de Hogwarts

 

 Aqua Fresca. Capítulo 1

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nienna0410



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Aqua Fresca. Capítulo 1 Empty
MensajeTema: Aqua Fresca. Capítulo 1   Aqua Fresca. Capítulo 1 I_icon_minitimeMar Nov 10, 2020 6:13 pm

Aqua fresca
Autora: Perfica
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a JK Rowling
Resumen: Harry ve a Severus sufriendo una maldición inusual. Ambos se esfuerzan por llegar a un acuerdo debido a la nueva intimidad que surge entre ellos como consecuencia de la visión. SNARRY Traducción autorizada de la autora Perfica.


Nota de la autora: Ambientada en una realidad alternativa que se desvía del canon después de OotP, y donde Harry tiene más de dieciocho años y asiste a Hogwarts.
Historia original: https://archiveofourown.org/works/154127/chapters/221361




CAPÍTULO 1


Cuando Ojoloco Moody y Remus Lupin llegaron a casa de los Dursley para llevárselo en la segunda semana de su reclusión allí, Harry solo se sorprendió un poco. En el pasado, hubiera estado encantado con la oportunidad de abandonar de la casa de sus tíos, junto con el asfixiante odio que se respiraba en ella, pero con la muerte de Sirius tan cercana, y con todo lo que ello implicaba, a Harry no le quedaba alegría en su corazón.


Escuchó en silencio mientras le decían que Dumbledore había sugerido la mudanza y que se quedaría en Grimmauld Place por el resto de sus vacaciones. Ahora que Sirius estaba muerto y la población mágica en general había sido alertada sobre su regreso, Voldemort ansiaba más que nunca por poner fin a la vida de Harry. Los Dursley permanecerían a salvo, pero Dumbledore sintió que Harry estaría muchísimo más seguro si lo trasladaban al cuartel general de la Orden del Fénix.


En lugar de darles las gracias con entusiasmo, o preguntar si alguna vez tendría que regresar a casa de los Dursley de nuevo, como hubiera hecho en cualquier otro momento en el pasado, Harry simplemente asintió y regresó a su habitación. Lupin se quedó de pie, incómodo, en el vestíbulo delantero, mirando a la Sra. Dursley, quien le devolvía la mirada con el mismo nerviosismo. Dudley se encogió detrás de su madre cuando vio como el ojo mágico de Moody giraba desenfrenadamente en su cuenca.


Pocos minutos después, Harry había regresado al pie de las escaleras con su baúl lleno y con Hedwig, que ululaba infelizmente en su jaula. Cuando Moody asintió con la cabeza, Lupin colocó su mano sobre el hombro de Harry. Harry permaneció estoico en su lugar. Ambos se desparecieron con un chasquido.


El ojo mágico de Moody escaneó la habitación mientras su dueño esbozaba una pequeña sonrisa de aspecto maligno, y luego él también desapareció.


La señora Dursley se alegró de que su marido todavía estuviera en el trabajo.



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Después de ser guiado a su habitación, Harry dejó salir a Hedwig de su jaula y abrió la ventana para que la lechuza pudiera estirar sus alas mientras volaba. De mala gana sacó todas sus pertenencias del baúl y se estiró en la cama, mirando al techo fijamente y sin hacer ruido. Poco después, oyó un pequeño golpe en la puerta y Lupin entró.


—¿Te importa si entro un rato, Harry? —preguntó con voz suave. Harry lo miró pero no respondió. Lupin tomó eso como una invitación y se sentó con vacilación en una silla. Los ojos de Harry volvieron a su análisis de las grietas del techo.


—Estás muy callado —dijo Lupin. Harry permaneció quieto.


Lupin dejó escapar un suspiro y decidió soltarlo todo.


—Mira Harry, obviamente puedo decir que te pasa algo… y lo sé —añadió, levantando la palma de su mano para evitar que Harry interrumpiera, porque el chico por fin mostraba indicios de prestar atención—. Sé que las cosas han sido difíciles para ti. Han sido difíciles para todos nosotros. Pero aunque no lo creas, nadie te culpa por la muerte de Sirius, y todos estamos preocupados por ti. Tienes que dejar de obsesionarte con esto, te está devorando por dentro. No eres el único que lo echa de menos —agregó con firmeza.


Harry se incorporó y se apoyó contra la pared, sin mirar a Lupin a la cara.


—Sé que no soy el único que lo extraña, y no estoy haciendo esto para llamar la atención. Ninguno de ustedes me comprende. No tuve a nadie para mí en toda mi vida, y cuando finalmente lo conseguí, lo estropeé tanto que logré matarlo. Él nunca habría ido al ministerio si yo no hubiera cometido ese error. Es mi culpa que esté muerto, y nada de lo que tú, o cualquier otra persona pueda decir, va a hacer que cambie de opinión al respecto. Mis padres murieron para protegerme y Cedric estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, pero esta vez… esta vez, fue mi culpa. Me olvidé del espejo que me había regalado, y olvidé todo lo que me dijo Dumbledore. No me esforcé lo suficiente en Occlu… —y Harry finalmente se rompió. Comenzó a tartamudear hasta que finalmente sucumbió a las lágrimas que había estado conteniendo durante semanas.


Lupin se acercó a la cama y sostuvo al joven sollozante entre sus brazos. Unas cuantas lágrimas cayeron por su rostro cansado mientras consolaba al chico.


—Lo hiciste lo mejor que pudiste, Harry, nunca lo dudes. Sirius estaba tan orgulloso de ti. Hablaba de ti durante horas siempre que estábamos juntos. Él sabe que lo hiciste lo mejor que pudiste. Nunca dudes de que te amaba, Harry, y que con mucho gusto hubiera muerto por ti sin dudarlo un segundo para mantenerte a salvo. No menosprecies lo que hizo teniendo tan mala opinión de ti mismo.


Lupin lo abrazó con fuerza, luego se apartó y esperó a que Harry lo mirara a los ojos.


—No fue tu culpa, Harry —dijo Lupin con firmeza, deseando que el chico lo creyera.


Harry negó con la cabeza, con los ojos y la nariz enrojecidos por las lágrimas.


—Nadie podrá jamás liberarme de esto, Remus. Lo maté, tanto como lo mató él.


—¿Tanto como quién, Harry? —Preguntó Lupin, confundido.


Con ojos duros y la voz más fría que Lupin había escuchado salir de él, Harry respondió:


—Snape.



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Las siguientes dos semanas transcurrieron de forma aburrida para Harry. Un miembro de la Orden siempre estaba presente en Grimmauld Place; a veces Moody, o Tonks, o incluso Shacklebolt cuando podía alejarse de sus deberes oficiales, pero la mayoría de las veces era Lupin. Dumbledore se quedó el día después de la llegada de Harry y pasó algún tiempo con él. Se habían sentado juntos en la cocina, la mayor parte del tiempo en silencio, pero manteniendo una ligera conversación de vez en cuando. Harry todavía no sabía cómo sentirse respecto al mago; creía que había perdonado a Dumbledore por ocultarle información, pero las heridas de esas revelaciones eran demasiado nuevas, demasiado recientes para ser completamente olvidadas. Dumbledore hizo todo lo posible por ser amable, y después de recordarle a Harry que su puerta siempre estaba abierta para él y que podía hablar con él sobre lo que quisiera, de día o de noche, finalmente dejó al adolescente con sus propios pensamientos.


Harry se sentó solo en la cocina hasta que se puso el sol, momento en el que regresó a su oscura y estéril habitación.


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Llegaron lechuzas, cargadas de mensajes de Ron y Hermione, a los que Harry respondió diligentemente. Entregó sus cartas a un miembro de la Orden, para que fueran enviadas desde un lugar seguro. Harry respondió a las cartas con bastante formalidad y sin dejar entrever nada. No quería agobiar a sus amigos con sus preocupaciones o su melancolía, y realmente se sentía feliz de que pensaran en él tan a menudo.


Dumbledore le había ordenado a Dobby que se quedara en Grimmauld Place, por lo que Harry se encontraba siendo cuidado físicamente por el elfo doméstico y también vigilado por un adulto responsable en todo momento. Sabía que debería haberse sentido asfixiado, pero se alegraba de tener tranquilidad para ordenar sus pensamientos. Generalmente los adultos lo dejaban solo con sus pensamientos, por lo que Harry estaba agradecido. Y se le permitía comer todo lo que quisiera.


La primera noche que la Orden del Fénix celebró una reunión mientras él estaba en la casa, Harry se aseguró de permanecer en su habitación. No deseaba escuchar las últimas noticias y no quería sentirse abrumado por la aparición de tantos adultos solícitos, la Sra. Weasley en particular. Merlín sabía que ya no se consideraba un niño que necesitara mimos, pero sospechaba que Molly Weasley tenía una opinión distinta. Ron había insinuado en sus cartas que su madre estaba muy preocupada por él.


Y no quería correr el riesgo de volver a ver a Snape.


Snape. Ese total, maldito, manipulador, mentiroso y jodido bastardo. Él era la razón por la que Sirius había abandonado la protección de Grimmauld Place. Él era la razón por la que Dumbledore no había sido alertado a tiempo. Oh, sí, Dumbledore le había explicado que Snape simplemente había estado cumpliendo su función, protegiendo su tapadera frente a Umbridge y Malfoy y el resto de los aduladores de Slytherin, pero Harry sabía que nada de lo que el hombre hacía era de forma imprevista. El hombre tenía la astucia de una serpiente y la moral de un gusano. Harry nunca perdonaría al hombre por la forma en que había provocado a Sirius en cada oportunidad, cómo se había burlado de él con cobardía cuando sabía que Sirius no podía defenderse. Harry una vez sintió lástima por Snape, cuando vio el contenido de su Pensadero, pero ahora deseaba con cada fibra de su ser haber estado allí el día que los Merodeadores se habían burlado de Snape. Lo que su padre había comenzado, Harry quería terminarlo. Quería crucificar al hombre.


La única vez que se había visto obligado a verlo tras la finalización de la escuela, Harry había estado tan lleno de rabia que su varita había aparecido en su mano sin pensarlo, y la acercó a la cara de Snape con furia mortal, la mano temblando por su necesidad de dar rienda suelta a su ira. Snape había entrado por la puerta principal de Grimmauld Place cuando Harry bajaba las escaleras.


El profesor de pociones se mantuvo firme, ni un solo movimiento traicionó sus emociones mientras sus ojos recorrían la figura de Harry. Harry dejó escapar un gemido de consternación cuando su cuerpo se negó a cooperar. Su mente quería lastimar al hombre, su corazón quería matarlo, pero su boca no decía las palabras que le permitirían realizar ninguno de esos actos.


Las cejas de Snape se fruncieron pensativamente y, sin una palabra, pasó junto a Harry y entró en la cocina, cerrando la puerta silenciosamente detrás de él. Harry se derrumbó en las escaleras, con la cabeza entre sus rodillas mientras jadeaba, y lágrimas de ira llenaban sus ojos. Había estado tan cerca y no había sido capaz de hacerlo. Regresó a su habitación y no salió hasta el día siguiente.



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Harry supo que estaba soñando cuando cogió su varita y apuntó a Peter Pettigrew, quien ni siquiera parpadeó hacia su dirección. Colagusano cambiaba su peso nerviosamente de un pie a otro, mientras su mano real acariciaba distraídamente la plateada y miraba con impaciencia por encima por encima su hombro. Harry dio unos pasos cautelosos hacia atrás y miró a su alrededor.


Parecía estar en un claro circular; La hierba baja y los arbustos que llegaban a la altura de las rodillas bordeaban el bosquecillo, mientras que los árboles altos colgaban inquietantemente. Alrededor de una docena de personas con capas oscuras y máscaras estaban quietos en silencio frente a él.


—Mortífagos —dijo Harry en voz baja, con la mano todavía agarrando con fuerza su varita. Como si fueran uno, los Mortífagos reunidos cayeron al suelo de rodillas. Harry se dio la vuelta y lo vio acercarse lentamente.


Voldemort.


Aunque se acercaba a paso constante, Harry pudo ver que caminaba con cautela. La pesada capa de ropa que envolvía su cuerpo no parecía calentarlo; Harry podía ver el vaho escapar de sus labios de reptil cada vez que exhalaba. Colagusano se postró a los pies de su amo y rápidamente transformó un arbusto en un sólido trono de roble. Los ojos rojos de Voldemort examinaron el área y ni siquiera se detuvieron cuando pasaron por encima de Harry, quien dejó escapar un suspiro de alivio y retrocedió hasta el borde del claro. Voldemort se acomodó en la silla y se agarró a sus brazos.


—Colagusano —siseó.


—¿Sí, mi señor? —el traidor se estremeció, inclinándose hacia adelante con temor.


—¿Están todos mis fieles seguidores aquí? ¿Está el aquí?


Pettigrew asintió rápidamente y se puso de pie. Miró a los mortífagos que permanecían en silencio y señaló a uno que estaba arrodillado a un lado.


—Sssseverusss Sssnape —dijo Voldemort con deleite.


Harry vio al Mortífago ponerse de pie con agilidad y caminar hacia el Señor Oscuro. Se arrodilló a sus pies y besó el dobladillo de la túnica de Voldemort.


—Mi Señor —dijo en voz baja.


—Sssseverusss, mi leal seguidor. Mi fiel servidor. Acércate —Voldemort no podía apartar los ojos del hombre que se encontraba a sus pies.


Harry se quedó inmóvil cerca de un árbol y se comenzó a notar escalofríos. Aunque sabía que en realidad no estaba allí, se sentía tan frío y frágil como el cristal. Nunca era bueno entrar en la mente de Voldemort, y no podía decir si esto ya había sucedido, o si en realidad estaba ocurriendo mientras observaba. Hasta ahora, no había notado ningún dolor en su cicatriz, pero no tenía esperanzas de que esto durara mucho.


Snape avanzó arrastrándose sobre las rodillas, con sus ojos enfocados en el suelo. Harry vio que sus manos estaban abiertas y firmes, aunque sospechaba que el hombre estaba tenso. Voldemort puso una mano en la cabeza de Snape y suavemente le quitó la máscara. Cuando su rostro finalmente estuvo libre de la prenda, Snape levantó lentamente los ojos para encontrarse con los de su amo.


—¿Qué noticias me traes, querido muchacho? —Preguntó Voldemort, pasando una mano esquelética por la mejilla de Snape. Harry se estremeció, aunque Snape ni se inmutó.


—El Ministerio al fin ha devuelto los cuerpos de aquellos que cayeron a sus familias. Han pasado muchos días buscando pistas, pero hasta ahora no tienen idea de cómo ingresó usted en el edificio, ni cómo consiguió salir.


La voz de Snape era baja y firme mientras recitaba estos hechos, su rostro tenía el color pálido habitual, aunque Harry pensó que sus labios estaban apretados más firmemente que de costumbre. Sintió un placer enfermizo en la base del estómago ver al hombre orgulloso a los pies de semejante monstruo.


—Se ha confirmado que Sirius Black cayó a través del velo y no podrá ser recuperado —Harry sintió una punzada de dolor en el pecho cuando se mencionó el nombre de su padrino.


—¿Y qué hay del chico, Sssseverusss? ¿Dónde han escondido al chico? —preguntó Voldemort con impaciencia.


Snape miró hacia abajo, con su cabello balanceándose hacia adelante y cubriendo la mayor parte de su rostro.


—No sé dónde está Potter, mi Señor. Dumbledore lo sacó de la casa de sus parientes una semana después de nuestra… visita al Ministerio. Está siendo notablemente reservado sobre la ubicación del niño. Le he preguntado...


—No lo sabes —la voz de Voldemort era monótona.


—Yo… —la voz de Snape tembló.


Harry contuvo la respiración mientras esperaba escuchar lo que diría Snape. Sabía que Snape sabía exactamente dónde estaba escondido.


—No lo sabes —repitió Voldemort. En su voz ya se percibía un rayo de ira.


—Le ruego que me perdone, mi señor. No lo sé —dijo Snape, y bajó aún más la cabeza. Harry pudo ver como un escalofrío recorría su espalda.


Voldemort movió la mano que había estado acariciando su rostro hasta el cabello de Snape y tiró bruscamente de su cabeza hasta que su cuello fue forzado hacia atrás en un incómodo ángulo. Harry dio un paso más hacia atrás hasta que su espalda chocó contra el árbol.


—Me decepcionas, Sssseverus —siseó el Señor Oscuro, con sus ojos de un rojo más brillante—. ¿De qué me sirves si no puedes traerme información de dentro? ¿Dónde está Harry Potter? —Gritó.


Los ojos de Snape se endurecieron por una fracción de segundo y luego regresaron a su mirada implacable.


—No sé dónde está —mintió.


Los ojos de Voldemort brillaron con auténtica furia y de repente soltó el cabello de Snape, haciéndolo caer hacia atrás. Snape aterrizó con dureza sobre sus codos.


Voldemort se levantó lentamente de su trono mientras Pettigrew lloriqueaba a sus pies. Harry miró alrededor salvajemente. ¿Qué se suponía que debía hacer? Si esto era un sueño, ¿cómo podría salir de aquí? Los Mortífagos no se habían movido de sus posiciones; nadie miraba en su dirección. Se pellizcó el muslo con fuerza; aunque dolía, no fue suficiente para despertarlo. No quería estar allí. Incluso si no era real, no quería ver lo que iba a pasar. Y si era real….


Aunque odiaba a Snape con una furia apasionada, no quería verlo siendo torturado o algo peor. Había tenido suficiente trato con la muerte, estaba harto de ella. No quería ver morir a otra persona. No por él. Nunca por él.


—Lucius.


Un mortífago se levantó en el centro del grupo y se quitó la máscara. Su cabello rubio atado en una cola de caballo colgaba con un brillo sedoso, y su rostro tenía la expresión impasible de una persona que asiste a una cena un poco aburrida.


—Nos ha vuelto a fallar Lucius. ¿Qué piensas tú?


Lucius Malfoy caminó con indiferencia hacia el trono y miró el cuerpo tendido de Snape con desagrado. Snape lo miró con una ira silenciosa y controlada.


La boca de Malfoy se contrajo en un gesto de disgusto y arrugó la nariz.


—No ha podido traerle la información que le solicitaste, mi Señor. De nuevo —aspiró—. ¿Quizás necesite una demostración para ... recordarle a Severus quién es y a quién sirve?


Voldemort sonrió y se reclinó con desinterés en su silla, con su brazo dirigido hacia los dos Mortífagos que se encontraban en una lucha de miradas.


—Como de costumbre —Voldemort se rio entre dientes—, tu comprensión de estos asuntos es igual que la mía. Comienza.


Malfoy hizo una breve reverencia ante el Señor Oscuro y, con una pequeña sonrisa, le dio un rodillazo a Snape en la cara. Snape no estaba preparado para el movimiento y recibió el golpe de pleno. Harry escuchó el crujido de los huesos desde donde estaba observando.


—Oh no —dijo Malfoy con una falsa sensación de angustia—, creo que Severus se ha roto la nariz de nuevo.


Voldemort se rio entre dientes y dijo:


—Levantaos, mis mortífagos. Levantaos, mis fieles seguidores. Mostradle a este lo le que hacemos a los que decepcionan.


Harry vio como los Mortífagos se levantaban rápidamente y se reunían silenciosamente alrededor de Snape.


Cayeron sobre él como una manada de animales salvajes.


Harry no podía ver el cuerpo de Snape bajo el montón de extremidades que se agitaban dando patadas y golpeando. Sin embargo, sí que podía oír: sus oídos estaban llenos de sonidos de placer, emitidos por los mortífagos, quiénes reían y bromeaban mientras apaleaban el cuerpo del hombre caído. Snape permaneció en silencio durante todo el ataque y Harry miró a Voldemort. El Señor Oscuro se sentó cómodamente en su trono, observando la carnicería con una sonrisa. Harry cerró los ojos con fuerza y deseó estar en otro lugar. No quería ver lo que quedara del cuerpo de Snape. No quería saber qué otras torturas tenía reservadas Voldemort.


—Por favor despierta, por favor despierta —se suplicó a sí mismo, sacudiendo la cabeza y metiéndose los puños en la boca. Harry pudo ver uno de los brazos de Snape extendido en el suelo, con una mancha oscura de sangre expandiéndose lentamente sobre el blanco impoluto de la manga de su camisa. Su torso todavía estaba oculto mientras los Mortífagos hacían crujir y retorcían sus huesos, saltando y bailando con un regocijo asesino.


—Por favor, por favor, por favor, por favor —repetía Harry una y otra vez como un mantra, abofeteándose y rezando a todas las deidades que conocía para que lo dejaran salir de allí, para que lo dejaran irse en ese instante. Un fuerte grito surgió de dentro del grupo de asaltantes. Harry nunca lo había escuchado antes, pero sabía que era el sonido de Snape gritando de dolor.


Harry jadeó y se incorporó en su cama, sus ojos tratando de encontrar algo en lo que enfocarse en la oscuridad de su habitación. Su pecho estaba lleno de aversión hacia el hombre que acababa de ver siendo maltratado, odio por la existencia misma del hombre... pero casi instantáneamente, esos sentimientos se desvanecieron y sintió la necesidad de actuar. La necesidad de salvarlo.


Harry abandonó su cama corriendo y bajó las escaleras, con las manos listas para tomar los polvos flu que le permitirían hablar con Dumbledore.



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Caminó de un lado a otro durante lo que le parecieron horas en el corredor, hasta que la puerta principal se abrió de golpe.


—Arriba —ordenó la voz de Dumbledore mientras sus ojos se posaban sobre Harry. Hizo un pequeño asentimiento y continuó su camino hacia el segundo piso—. ¡Dobby!


El elfo doméstico apareció rápidamente y siguió al director por las escaleras. Kingsley Shacklebolt y Remus Lupin traspasaron la puerta abierta, sosteniendo en sus brazos cuidadosamente la figura ensangrentada de Snape, que colgaba sin vida entre ellos. Su cabello estaba manchado de sangre y Harry podía oler los distintos aromas de sangre, orina y vómito adheridos a su cuerpo.


—¡Muévete! —gritó Shacklebolt con una mirada de preocupación en su rostro, y Harry rápidamente se apretó contra la pared, golpeando accidentalmente su cabeza contra ella. Vio momentáneamente las estrellas debido al impacto. Cuando Lupin pasó junto a Harry, le dio una pequeña sonrisa afectada. Los dos miembros de la Orden rápidamente, pero con cuidado, subieron a su camarada caído por las escaleras.


Madame Pomfrey entró y cerró la puerta con decisión detrás de ella.


—¿Qué puedo hacer para ayudar? —preguntó Harry.


Ella frunció los labios y, arremangándose las voluminosas mangas, dijo:


—Quitarte de en medio.



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Harry se sentó en la mesa de la cocina sintiéndose inútil, con una taza de té frío y olvidado a la altura de su codo. Mientras la luz del amanecer se filtraba suavemente por las ventanas, escuchaba los rápidos pasos que iban de un lado a otro implacablemente en las habitaciones de arriba. De vez en cuando, escuchaba que se abría una puerta y escuchaba como Madame Pomfrey pedía pociones y equipo con voz apresurada. Luego la puerta se cerraba de golpe y los pies comenzaban a caminar de nuevo.


El silencio de la mañana se rompió con un fuerte grito de dolor. Harry se sobresaltó y tiró su taza de té. El líquido corrió como un chorro constante hacia el suelo, hasta que empezó a caer más despacio. Los sonidos de las gotas que caían se escuchaban con fuerza en el silencio de la cocina. Antes de que tuviera la oportunidad de limpiar el desastre, Dumbledore entró en la habitación, con paso lento y pesado. En la mirada de Harry se veía la pregunta implícita.


—Todavía está vivo —dijo Dumbledore, intentando sonreír—. Es mucho más fuerte de lo que piensas —La voz de Dumbledore se quebró y Harry se alarmó al ver lágrimas en sus ojos.


Harry tomó a Dumbledore del brazo y lo guió hacia una silla, limpió el té derramado y sirvió una taza de té nueva para ambos. Bebieron un sorbo de té en silencio, Harry mirando el rayo de sol cada vez más amplio en el suelo mientras le daba a Dumbledore tiempo para recomponerse.


Un fuerte bocinazo sacó a Harry de sus pensamientos y Dumbledore devolvió un pañuelo de tela escocesa a su bolsillo.


—Lo siento querido muchacho —dijo, acariciando la mano de Harry distraídamente—. Querido muchacho, mi pobre querido muchacho —Continuó dándole palmaditas y Harry supo que no estaba hablando de él.


—¿Algo va mal con el profesor Snape, señor? —preguntó Harry. Habiendo sido testigo del brutal ataque, sabía que eran muchas las heridas de Snape, pero estaba inquieto por el comportamiento de Dumbledore.


Dumbledore miró a Harry a los ojos y le preguntó sin rodeos:


—¿De verdad quieres saberlo?


Harry asintió lentamente, diciendo:


—No...no quiero, pero creo que es importante para mí saberlo. Para saber... para poder ser consciente de qué debo esperar en el futuro.


Dumbledore asintió en respuesta y comenzó la letanía con voz prosaica.


—Tiene todos los dedos de los pies rotos y los ligamentos de ambos tobillos desgarrados. Su rótula izquierda está hecha añicos y su fémur derecho se ha fracturado por tres lugares. Tiene una hemorragia interna masiva y le han perforado uno de los riñones. Dos discos vertebrales rotos, cinco costillas fracturadas. Un pulmón perforado, y el otro rozado. Heridas de estrangulamiento en el cuello. La mandíbula dislocada, un pómulo roto, y la nariz rota. Estará furioso por eso —Dumbledore rio con tristeza—. Moretones en los ojos. Le sangran los oídos, lo que podría significar una lesión cerebral. Eso ignorando el daño causado a su sistema nervioso causado por la exposición prolongada a la Maldición Cruciatus.


Dumbledore sonrió débilmente.


—Probablemente hubiera acabado antes si me hubieras preguntado si algo iba bien con él.


Harry se sintió asombrado y enfermo del estómago. No entendía cómo alguien que estaba tan herido podía seguir vivo.


—Él... él se pondrá bien de todas formas, ¿no es así?


Dumbledore suspiró y miró fijamente su taza.


–Oh, sí Harry, vivirá. Con el tiempo, se recuperará. No subestimemos los persuasivos poderes curativos que ejerce Madame Pomfrey. Ni el poder que Severus tiene para curarse a sí mismo.



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Harry dio vueltas y vueltas en su cama, enredándose en las mantas y golpeando la almohada, pero no lograba conciliar el sueño. Después de intentarlo durante una hora, se levantó silenciosamente y se envolvió en su capa de invisibilidad. Sin duda, habría un adulto despierto que querría saber por qué no estaba durmiendo y no estaba de humor para conversar.


Al salir a hurtadillas de su habitación, vio a Dumbledore al final del pasillo, entrando en la habitación de Snape. Sin darse tiempo para pensar en lo que hacía, Harry lo siguió y se quedó quieto en la puerta abierta.


La habitación de Snape estaba amueblada con sencillez. Una cama, un espejo, una cómoda y dos sillas eran los únicos muebles. Unas almohadas adicionales y una pesada colcha se encontraban apiladas ordenadamente en una de las sillas, y Dumbledore se sentó en la otra. Harry entró silenciosamente en la habitación y permaneció con la espalda pegada a la pared.


Después de mirar al hombre dormido durante unos minutos, Dumbledore se inclinó hacia adelante y acarició suavemente la mano pálida y sin vida que descansaba sobre las mantas. La dicotomía de esas dos manos juntas afectó a Harry; una grande y con dedos largos pero inmóvil, la otra arrugada y nudosa pero en movimiento. Dumbledore acariciaba suavemente, y lentamente, con una pequeña sonrisa en su rostro y una mirada lejana en sus ojos.


Los ojos de Snape parpadearon; se estremeció y los abrió de repente. El pánico pronto se disipó cuando vio a su jefe sentado tranquilamente a su lado.


—Albus —gruñó.


—Mi querido muchacho —dijo Albus, moviendo su mano para tocar suavemente a Snape en la mejilla—. Nos has tenido preocupados por un tiempo.


Snape soltó un bufido de dolor y cerró los ojos.


—Te resulta difícil reemplazarme, ¿verdad?


Albus se rio entre dientes y se reclinó en su silla, colocando sus manos juntas y relajadas en su regazo.


—Me alegra ver que te sientes mejor. Siempre sé que estás mejorando cuando puedes insultarme.


—No era un insulto —murmuró Snape, intentando normalizar su respiración—. Esto es un…


—Sí, sí, Severus —Dumbledore rio entre dientes—. Veo tu punto —El director miró al hombre herido durante unos segundos y luego preguntó—. ¿Hay algo que quieras contarme?


Una expresión de dolor cruzó el rostro de Snape de nuevo y tragó débilmente. Una mirada de pavor se instaló en sus ojos.


—Si no tienes ganas, podemos continuar esta conversación más tarde —lo tranquilizó Dumbledore. Con eso, la expresión de Snape se relajó y negó con la cabeza.


—No, mejor terminar con esto cuanto antes —dijo. Dumbledore esperó pacientemente mientras Snape ordenaba sus pensamientos. Harry se sentó en el suelo sin emitir ningún ruido. Tenía tanta curiosidad como Dumbledore por saber qué había pasado esa noche; tanto antes como después de su visión.


—Fui convocado poco después de las diez —comenzó Snape—. Te dejé un mensaje en el lugar habitual en mis aposentos y abandoné los terrenos del castillo. Me aparecí en la mansión de Malfoy. Había otros dos Mortífagos allí: Avery y Goyle. Todos parecían estar de muy buen humor. Ellos no me dijeron dónde íbamos - Lucius simplemente dijo que habría —mucho deporte— esa noche. Usamos un traslador, que nos dejó en medio de un bosque en alguna parte. No estoy seguro de la ubicación exacta.


Dumbledore asintió y lo animó a continuar.


—Después de que Pettigrew nos informara de lo de siempre, quién estaba haciendo qué y a quién, apareció el Señor Oscuro. Se sentó y me pidió que me acercara —Snape hizo una pausa—. Fui hacia él, Albus —dijo en voz baja—. Fui el primero al que llamó. Ni siquiera me hice una idea.


—Sí, mi muchacho, continúa —murmuró Dumbledore, acariciando la mano de Snape nuevamente.


—Me preguntó dónde estaba Potter. Dije que lo habían trasladado de la casa de sus parientes y que no sabía su ubicación. Traté de hacerle creer que no confiabas en mí lo suficiente como para decírmelo. No me creyó y volvió a preguntarme. No pude, Albus, no podía dejarlo... —La voz de Snape se quebró y Dumbledore le llevó un vaso de agua a los labios. Snape tomó unos sorbos y luego apartó la cabeza para indicar que había terminado.


Snape se hundió en las almohadas y cerró los ojos.


—No podía decírselo, Albus —continuó, con la voz baja y fuerte ahora—. Si se hubieran enterado, Potter no habría vivido para ver el amanecer. No podía dejarlos; No permitiría que lo encontraran. Y luego él ... se enfadó.


Las manos de Snape se contrajeron y sus labios se tensaron. Dumbledore introdujo una mano en la de Snape y la apretó con fuerza.


—Entonces llamó a Lucius. Ahora sé que lo tenían todo planeado. Nunca tuvieron la intención de dejarme ir impune. El Señor Oscuro dio la orden, Lucius me dio una patada, y luego... y luego ellos...


—Silencio, muchacho —dijo Dumbledore, con una expresión de furia reprimida en su rostro, a pesar de que su voz era tan suave como siempre—. No hay necesidad de que me cuentes nada más. Sabemos lo que te hicieron.


—¡Pero eso no es cierto!, ¡No lo sabéis! —gritó Snape, mientras se incorporaba enojado. Empujó a Dumbledore lejos de él, retrocediendo lo máximo posible—. ¡Eso no es todo! No lo entiendes. Nunca lo entenderás.


—Severus —dijo Dumbledore con dureza, tratando de sofocar la histeria del hombre—. Para, antes de que te pongas peor.


—Tenían un vampiro, Albus —rugió Snape; la angustia destrozaba su rostro normalmente severo—. Traté de mantenerme consciente pero uno de ellos me golpeó en la cabeza. Cuando me desperté, Lucius tenía su bastón en mi boca, me estaba obligando a mantenerla abierta.


Dumbledore atrapó la muñeca de Snape y la apretó con fuerza.


La voz de Snape pasó a ser un susurro atormentado.


—Lo vi, Albus. Tenía la marca. Se puso delante de mí y se cortó la muñeca. Podía ver la sangre goteando y traté de escapar, luché todo lo que pude, pero Lucius me tenía inmovilizado y mis músculos no respondían por culpa del Cruciatus, y traté de no respirar, traté de no tragar, pero me estaba clavando algo en la garganta y yo no quería, Albus.


El rostro de Snape se tensó ante el recuerdo del asalto y el sonido de su respiración errática llenó la habitación.


—No quería —repitió. Su voz estaba cargada de emoción.


Dumbledore se sentó a un lado de la cama y rodeó al hombre con sus brazos. Al principio, Snape luchó contra él, pero luego su cuerpo tenso se relajó y dejó que el mayor lo sostuviera en ese abrazo, casi contra su voluntad.


—No me merezco esto, Albus —dijo, obviamente refiriéndose a la demostración de afecto.


—Has sacrificado tanto —respondió Dumbledore, apretándolo aún más y colocando el tembloroso cuerpo de Snape de vuelta en la cama.


—Nunca esperé salir ileso de esto —dijo Snape con aire taciturno. Miró a Dumbledore con desconcierto en su rostro, mientras esperaba el inevitable aluvión de preguntas.


—¿Por qué?


Snape suspiró y miró sus manos. Pensó, negó con la cabeza minuciosamente y luego habló


—Creo que su razonamiento fue que cuando supieras en lo que me convertiría, ya no me querrías, y no tendría más remedio que volver con él. O ... tomar otras medidas más drásticas.


Dumbledore contemplaba el estampado de su túnica mientras Snape esperaba, bastante tenso.


—¿Cuánto sabes sobre los muggles, Severus? —preguntó Albus. Snape entrecerró los ojos confundido—. Sí, bueno —Dumbledore rio entre dientes—, quizás has estado demasiado ocupado para prestarles toda la atención que merecen. Tienen un libro, un libro muy famoso, del que muchas de sus principales religiones parecen inspirarse en gran medida.


—¿Supongo que te refieres a la Biblia? —preguntó Snape desconcertado.


—Ah, sí, querido muchacho. No debería dar nada por sentado contigo, ¿verdad? —Los ojos de Dumbledore se iluminaron con cariño.


—No soy un completo idiota, Albus —comentó Snape fríamente. Los ojos de Albus centellearon.


—Hay una historia en particular que siempre he disfrutado de su Biblia —continuó Dumbledore—. No la recuerdo exactamente, pero me acuerdo de lo suficiente para que captes lo que quiero decir. Había un hombre, un hombre muy rico que tenía dos hijos. Decidió compartir su riqueza entre sus dos hijos mientras aún estaba vivo, para poder ver cómo empleaban su regalo. Uno de sus hijos se quedó con él, ayudándolo y dedicándose totalmente al padre y su tierra. El otro hijo se fue inmediatamente, tomando todo lo que le había ofrecido y derrochando su riqueza sin pensarlo. Cuando se le acabó el dinero, y se quedó sin esperanzas y sin amigos, decidió regresar con el padre. Creía que, si debía soportar el sufrimiento por el resto de sus días, era mejor hacerlo en compañía de aquellos que una vez lo habían amado que entre extraños. Entonces, cuando el padre se dio cuenta de que su hijo había regresado, se sintió abrumado de felicidad y llamó al resto de su familia y amigos para celebrar su buena fortuna. El hijo pródigo había regresado.


La respiración de Snape se había ralentizado durante la historia y sus ojos estaban medio cerrados por el cansancio.


—Parece bastante injusto para el hijo que se mantuvo fiel.


—Ese no es el punto de la historia, Severus —dijo Dumbledore—, aunque la mayoría de la gente parece hacer la misma suposición. El punto es este: que no importaba lo que hubiera hecho ninguno de los hijos; el padre todavía los amaba. Y estuvo tan feliz cuando su hijo perdido regresó con él, su corazón estaba tan lleno de alegría que no pudo ocultar su regocijo.


Dumbledore se inclinó y susurró en el oído de Snape.


—Nunca has sido pródigo, querido muchacho, pero siempre te he considerado mi hijo. No hay nada, nada que puedas hacer o decir que me haga pensar menos en ti, o me aparte de tu lado.


Snape sonrió con ironía. Dumbledore le dio un beso paternal en la mejilla y se recostó en su silla.


—¿Albus? —preguntó Snape en voz baja.


—¿Sí, mi querido muchacho?


—Supongo que no tienes ninguno de esos infernales caramelos de limón contigo, ¿verdad?


Dumbledore se rio y los ojos de Snape brillaron divertidos.


Harry se puso de pie lentamente, con sus pies hormigueando mientras la sangre volvía a fluir por sus extremidades nuevamente. Se había sentido incómodo al presenciar la exhibición entre los dos viejos amigos, pero había sentido demasiada curiosidad para moverse. Ya se había inmiscuido lo suficiente.


Cuando miró hacia arriba por última vez antes de abandonar la habitación, sus ojos captaron el espejo que colgaba sobre la cama de Snape. Dumbledore miraba fijamente su reflejo. El anciano asintió levemente, y luego apartó la mirada, hurgando en su túnica en busca de caramelos de limón.



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Dumbledore regresó a Hogwarts para supervisar el funcionamiento general de la escuela y asegurarse de que los espías de Voldemort no fueran alertados de nada inusual. Después de uno o dos días, Poppy también se fue, pero revisaba a su paciente todas las noches, para disgusto del profesor. Dumbledore le pidió a Remus Lupin que se quedara en Grimmauld Place por tiempo indefinido, lo cual complació al hombre lobo. Disfrutaba pasar tiempo con Harry y, aunque esas paredes le recordaban a su pérdida en común, también aligeraba su corazón saber que estaba haciendo algo que Sirius hubiera querido hacer él mismo.


Eso no quería decir que Snape estuviera feliz con los arreglos. La mañana después de la conversación que Harry había presenciado entre el Maestro de Pociones y Dumbledore, Snape había comenzado a insistir en voz alta y con frecuencia en que se le permitiera regresar a sus habitaciones en Hogwarts. Harry, quien se encontraba acostado boca abajo en su cama y tratando de hacer algunos deberes, rio disimuladamente cuando escuchó a Madame Pomfrey hablar a Snape con el mismo tono de voz que usaba cuando Harry se quejaba de que quería dejar la enfermería después de alguna de sus frecuentes lesiones. No estaba bien y permanecería exactamente donde estaba hasta que ella dijera lo contrario. Fin de la historia.


Aunque Lupin generalmente dejaba a Harry solo, algo que el chico agradecía, normalmente pasaban algún tiempo juntos en la biblioteca después del almuerzo. Ahora que la casa había sido limpiada a fondo, las habitaciones eran cómodas, a pesar de no ser modernas. Se sentaban a la luz del atardecer y leían en silencio, o entablaban una conversación calmada mientras Lupin intentaba enseñarle a Harry nuevas jugadas de ajedrez. A pesar de que Harry no había visto a su mejor amigo en semanas, esperaba con ansias el día en que pudiera callar a Ron venciéndolo por fin en una partida.


Los dos hombres levantaron la cabeza al escuchar el paso firme del director bajando las escaleras.


—Ah, ahí estáis —dijo Dumbledore, y se sirvió una taza de té.


—¿Y cómo está nuestro paciente? —preguntó Lupin con una sonrisa.


—Se queja tanto que podría pensarse que todo lo que ha ocurrido ha sido una conspiración nuestra. Sigue insistiendo en que está lo suficientemente bien como para ser trasladado, mientras yo sigo insistiendo en que nunca he ido en contra de las instrucciones de Poppy y que no soy lo suficientemente tonto como para empezar ahora.


Lupin se rio entre dientes.


—Estaba diciendo lo mismo cuando le llevé el almuerzo. Tiene una mente tan estrecha cuando quiere, ¿no es así? Ahora Harry, mira este movimiento.


Harry vio a su alfil ser completamente destruido por uno de los peones de Lupin.


—Maldita sea —dijo jovialmente—. No lo vi venir.


—Se trata del arte de la distracción —dijo Lupin con astucia, y se sirvió a él mismo y a Harry otra taza de té.


—¿Cómo te está yendo estos días, Harry? —preguntó Dumbledore en voz baja. Harry tragó saliva y prestó mucha atención a sus piezas de ajedrez.


—Bien —dijo finalmente—. Creo que estoy bien.


Dumbledore sonrió y palmeó su hombro. —Estoy muy contento de oír eso. ¿Y tú, Remus? ¿Cómo os va a ti y a Severus?


Lupin hizo un mohín.


—Bueno, basta con decir que nunca seré su persona favorita, pero nos toleramos medianamente. Al menos me habla ahora, cuando le llevo sus medicinas o las comidas. Incluso insinuó que está un poco molesto porque no podrá hacer un lote de Poción Matalobos en un futuro cercano. Simplemente porque disfruta haciéndolo, por supuesto, no porque me ayude.


Él y Dumbledore se rieron. Ambos sabían que lo último de lo que Snape querría ser acusado era de mostrar empatía y cariño. Mientras su risa se apagaba, una pregunta que había estado dando vueltas en la mente de Harry se abrió camino.


—Director, ¿el profesor Snape sabe cómo lo encontró? Ni siquiera yo lo sé, y estaba allí. Bueno, o algo así.


La mirada que intercambiaron Lupin y Dumbledore mostró que el sueño de Harry no se había mantenido del todo en secreto. Dumbledore asintió con la cabeza a Lupin, quien se sentó con un suspiro y respondió a Harry.


—Siempre supimos que lo que estaba haciendo Severus era peligroso, pero una vez que alcanzó una buena posición en las filas de Voldemort de nuevo, se negó a retirarse. El director le lanzó un hechizo, con su completo conocimiento y consentimiento, por supuesto. Funciona de forma similar a una alarma muggle, creo, aunque no emite ningún sonido. Su propósito era trasladar inmediatamente a Severus lo más cerca posible de los terrenos de Hogwarts. Nunca se había disparado antes, porque estaba preparada para funcionar solo cuando el cuerpo que la poseía estaba en peligro extremo.


—Peligro extremo como ser torturado o peligro extremo... —la voz de Harry se apagó.


—Peligro extremo como cerca de la muerte —continuó Dumbledore—. Monitoriza una serie de cosas, incluida la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la pérdida de sangre y la acumulación de hechizos en una persona. Basta decir que el profesor Snape no me dejó lanzárselo hasta que lo afinamos a un grado tan preciso que solo heridas casi fatales lograran su activación. No quería que se disparara en circunstancias normales.


—¿Normales? —susurró Harry.


—Solo por la forma general en que Voldemort muestra su disgusto a sus seguidores. Pero no quiero que pienses en eso ahora, Harry. Gracias a tu rapidez mental, estuvimos alerta y listos cuando Severus apareció en el borde de los terrenos de Hogwarts. Sus heridas eran bastante graves y tu advertencia logró que no muriera esa noche, muchacho.


Harry miró al suelo y negó con la cabeza.


—No fui... es decir, no hice nada heroico. Yo habría hecho lo mismo por cualquiera en esa situación. Sé que el profesor Snape y yo... no nos llevamos bien, pero no le deseo la muerte. Ya no —dijo incómodo.


—¿Y le has dicho eso a él? —preguntó Dumbledore.


—No he hablado con él desde antes de acabar el curso. La última vez que estuvo aquí yo estaba… todavía muy enfadado con él. Y conmigo mismo. No he tenido la oportunidad de tratar de hacer las paces. No estoy seguro de lo que podría decirle, o si incluso él querría verme. Todavía no me agrada particularmente —agregó desafiante.


Lupin se rio.


—Puedo entenderlo, Harry. Severus es un hombre difícil de tratar. Ciertamente hace difícil ser su amigo.


—No quiero ser su amigo —comentó Harry—, solo que, supongo que debería agradecerle por lo que ha hecho por mí, tanto ahora como en el pasado. ¿Él... sabe que lo vi en mis sueños, señor?


Dumbledore asintió con la cabeza lentamente, sus ojos taladrando los de Harry.


—Sí, mi muchacho. Me sentí obligado a contarle toda la situación, aunque sabía que no tomaría con demasiada amabilidad que hayas vuelto a tener acceso a su vida personal.


El corazón de Harry se detuvo.


—¿Usted sabe sobre el... sobre eso?


Dumbledore no se movió, aunque Lupin preguntó con curiosidad:


—¿Qué quieres decir?


Harry respiró hondo y tomó la decisión de admitir sus acciones pasadas.


—Miré en el Pensadero del Profesor Snape, Remus.


—¡Harry! —exclamó Lupin, horrorizado—. ¿Cómo pudiste hacer algo así?


—No lo sabía —se defendió Harry—. Quiero decir... sabía lo que era, pero no era mi intención mirar dentro de él. Fue una especie de caída en él. Estaba realmente avergonzado de lo que sucedió ese día, pero él nunca me dio la oportunidad de disculparme. Y lo habría hecho, pero se negó a seguir enseñándome Oclumancia, y cada vez que lo veía en clase se comportaba de forma tan desagradable, como siempre hace Snape conmigo, que decidí que no merecía mis disculpas. Realmente no lo hice queriendo —finalizó débilmente.


—El profesor Snape es un hombre muy reservado —dijo Dumbledore—. Podías imaginar, o quizás todavía no puedas hacerlo, lo que es para un hombre de su naturaleza saber que sus pensamientos más privados, algunos de sus peores recuerdos, son conocidos por una persona que ha dejado bastante claro a lo largo de los años que lo desprecia.


—¡Nunca le conté nada a nadie! —dijo Harry acaloradamente—. No lo hice, y no lo haré. Ni siquiera contaré nada sobre esto. Sé guardar un secreto, señor.


—¿El profesor Snape ha usado alguna vez los recuerdos que vio en tu mente en tu contra, Harry? —preguntó suavemente.


Harry pensó mucho. Había sufrido numerosas burlas por parte de Snape durante sus años escolares, pero se dio cuenta de que los recuerdos que Snape había arrancado de su mente durante las lecciones de Oclumancia nunca habían sido mencionados fuera de esa habitación.


—No, señor —susurró Harry.


Dumbledore sonrió con ironía.


—Parece que ambos, en ese aspecto, sois hombres honorables.


Parecía que Lupin al fin había comprendido algo.


—Así que es por eso por lo que él... —y su voz se fue apagando mientras miraba a Harry con los ojos muy abiertos.


—¿Señor? —Harry miró a Dumbledore.


—¿Sí, Harry?


—¿Cree que estaría bien, es decir, si no empeorará las cosas... podría hablar con el profesor Snape? Yo... tengo algunas cosas que decirle.


El rostro de Dumbledore se suavizó y volvió a estirar la mano para apretar el hombro de Harry.


—Creo que irá todo bien, mi muchacho.

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Bueno chicos, aquí les traigo una nueva traducción. Sigo trabajando en la segunda parte de la serie Hasta el Amanecer, pero la segunda historia es más larga que la primera y me está tomando mucho tiempo. Os dejo esta historia mientras para compensar, espero que os guste Smile
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Aqua Fresca. Capítulo 1
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