La Mazmorra del Snarry


 
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 La familia que siempre quise. Capítulo 2.

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Araleh Snape

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MensajeTema: La familia que siempre quise. Capítulo 2.   Sáb Jun 29, 2013 12:16 pm

CAPÍTULO 2



CRUEL DESPERTAR












“Por favor, que todo haya sido un sueño” Pensó Harry sin atreverse a abrir los ojos en cuanto empezó a despertar. “Por favor… que todavía esté en mi celda, que aún no haya llegado a buscarme… por favor”



— ¿No crees que debemos llamar a un médico? —preguntó una voz femenina y al escucharla, Harry se estremeció.



“¡Que sea Bellatrix… o Narcisa… o cualquier otra mortífaga!” Volvió a suplicar con desesperación, apretando cada vez más los párpados. “Todo debe ser producto de algún hechizo… estoy delirando… no hay nadie más… estoy en mi celda… si abro los ojos veré la inmundicia… veré a Voldemort… ¡Voldemort, nunca imaginé llegar un día a querer verlo, pero eso quiero, prefiero mil veces su tortura a esto!”



— No, querida, no es necesario, su pulso se ha estabilizado… en cualquier momento despertará.



“¡Esa es su voz, la reconocería donde fuera!” Pensó entre feliz y desgraciado. “Entonces… no, no puede ser cierto, no puede estar pasando… pero le dijo querida”



Harry volvió a perder el sentido, al parecer no por mucho tiempo pues cuando despertó sintió a alguien sentado junto a él. Podía darse cuenta que estaba en una cómoda cama, definitivamente no era su celda… ¿y si era su habitación en Gryffindor?... tal vez Ron no tardaba en despertarlo para irse a desayunar, tal vez nada había pasado. Armándose de valor fue abriendo lentamente los ojos y aunque tardó un poco en poder enfocar, y aún así no conseguir ver bien pues no traía sus anteojos, comprendió que de nada sirvieron sus ruegos, estaba en un lugar que no conocía, y Snape se encontraba sentado a su lado, mirándolo a la expectativa, mientras que una figura más se perfilaba en el fondo, no quería voltear a mirarla, aún esperaba que se desvaneciera para siempre.



— ¿Cómo se siente, Potter? —preguntó Snape.

— No lo sé. —respondió Harry.

— Parece que estaba más debilitado de lo que creía. Le dije que esperara en el riachuelo, ahí hubiera podido descansar un poco mientras volvía por usted.

— Me sentía mal. —mintió Harry en voz muy baja pero audible.

— Bien, ya no importa, estamos a salvo ahora. Quédese un poco más en cama. Tome sus gafas, supongo que le harán falta.



Harry las sujetó y al colocárselas vio con más claridad la figura esperando al fondo, cerca de la puerta, en un instinto que odió, dirigió su mirada hacia ella y lo que descubrió no le gustó. La mujer debía tener aproximadamente unos treinta y cinco años, era rubia y de ojos castaños, facciones lindas, suaves y armoniosas, y cuando sus miradas se cruzaron ella le sonrió con un poco de nerviosismo.



— Su nombre es Darina. —dijo Severus con un tono que Harry no le conocía, había verdadera preocupación en su voz—. Es mi esposa.



El muchacho jamás había sentido tanta congoja en el alma provocada por tan pocas palabras, echó de menos a Voldemort con sus crueles torturas mentales, quería salir corriendo de ese lugar, llorar hasta morirse, pero su cuerpo no le respondía.



— Es un honor conocerte, Harry. —dijo Darina acercándose un poco más, con aquella amigable sonrisa que lastimaba aún más el alma de Harry—. Espero que te sientas cómodo en casa, eres bienvenido. Ahora mismo iré a preparar la cena, supongo que se quedarán a cenar antes de ir al colegio.

— Así es. —respondió Severus con una sonrisa que se acentuó todavía más cuando la puerta se entreabrió para dejar ver una carita angelical, Harry supo entonces que la vida podía ser doblemente cruel, aquella niña era la viva imagen de… de la esposa de Severus Snape, ¡Dios, era tan difícil aceptarlo!

— ¿Puedo pasar? —preguntó la niña con una tímida sonrisa.

— Claro, hija, ven. —respondió Severus e inmediatamente la chiquita corrió a sus brazos estrechándolo fuertemente mientras le daba un beso en la mejilla y de reojo miraba a Harry—. Ella es Sally, mi hija. —terminó Severus con un orgullo que no podía disimular.

— Hola. —saludó la niña dando un salto de los brazos de su padre hasta los de Harry, quien apenas sí tuvo tiempo de reaccionar y sostenerla—. ¿Vas a quedarte con nosotros?

— No… no sé. —respondió Harry aún totalmente aturdido.

— Anda, hija. —intervino la mamá salvando a Harry de tener que hablar más con la niña—. Ayúdame a preparar la cena y así dejamos que Harry descanse un poco.



Sally obedeció de inmediato y salió con su madre dejando a Harry solo con su profesor. Era tan extraño no saber qué decir cuando en realidad tenía un universo de preguntas revoloteando en su cabeza. Severus parecía tener un conflicto semejante, pues solamente se atuvo a ofrecerle una poción revitalizante que Harry bebió en completo silencio. De pronto, la puerta volvió a abrirse, justo cuando Harry pensó que ya no podía llevarse más sorpresas, frente a él apareció un joven aproximadamente de su misma edad, vestido totalmente de negro, con la piel extremadamente blanca, sus ojos negros resaltando con brillantez, el cabello largo y oscuro caía sobre sus hombros. Harry no pudo evitar quedarse con la boca abierta, frente a él tenía al mismo Severus que había visto alguna vez en el pensadero durante las clases de Oclumancia. Aunque el que ahora tenía enfrente llevaba prendas muggles, algo que desconcertaba a cualquiera que conociera a Severus Snape.



— Son casi las siete. —puntualizó Severus mirando con reproche al más joven—. ¿Se puede saber dónde estabas? Tus clases terminaron hace más de tres horas.

— Estaba en la biblioteca, padre.



¿Otro hijo?... Harry no podía respirar ya, tuvo que incorporarse un poco más para poder conseguir que el aire le llegara con más facilidad a sus pulmones, pero supo disimularlo, además le ayudó que su profesor estaba muy concentrado en reprender a su otro hijo.



— No quiero que andes fuera de casa a esta hora. —le advirtió Severus con un tono casi de mortífago—. Que sea la última vez que dejas solas tanto tiempo a tu madre y a tu hermana ¿me entendiste?

— Sí, padre. —respondió con tal sumisión que impactó al observador Harry.

— Iré a ver si tu madre necesita ayuda… Acompaña a Potter.



El muchacho asintió y cuando su padre se marchó, sonrió suavemente al invitado que reposaba en su cama. Se le acercó sentándose a su lado sin dejar de sonreírle.



— ¿Eres alumno de mi padre, verdad? —preguntó con entusiasmo—. Eres el primero que conozco, supongo que debe ser muy duro con ustedes.

— S-sí. —respondió Harry aún mirando asombrado el parecido del chico con su profesor.

— Me da gusto tener a alguien de mi edad con quien hablar, eres el primer visitante que tenemos en tres años, apenas sí podía creerlo cuando mamá me lo dijo. El último que vino fue ese amigo de mi padre… Dumbledore.

— ¿Conoces a Dumbledore?

— Sí, bueno, lo he visto en un par de ocasiones nada más, pero… ¿porqué me miras así? —preguntó sonriéndole nervioso.

— Es que… eres igualito a tu padre cuando tenía tu edad.

— ¿Y tú como sabes eso? —pregunto riendo francamente, algo que sobrecogió a Harry, nunca se hubiera imaginado que Severus podía verse tan bien al reír… no, espera, él no era Severus, pero daba igual, era su mismo rostro y estaba sonriendo, debía suponer que el Severus original tenía que verse así, no, mejor, mucho mejor.

— Por accidente, una vez lo ví en un pensadero.

— ¿Cómo puede alguien ver algo “por accidente” en un pensadero? —cuestionó divertido.

— Es que… yo…

— No te abochornes, no tiene cuidado. En realidad me gustaría poder tener un pensadero y ver las memorias de mi padre en el colegio… él no habla mucho de esa época y no tiene ninguna fotografía, pero mamá sí me ha dicho que me parezco a él cuando era joven.

— No puedes imaginarte cuanto.

— Harry… ¿puedo llamarte así, verdad? —preguntó, aunque no se esperó a obtener respuesta para continuar—. ¿Te quedarás mañana para mi cumpleaños?... ¡por favor, di que sí, no voy a tener a ningún invitado si no te quedas! Además, mamá me prometió prepararme un enorme pastel de chocolate, es mi preferido, y no sería divertido comerlo solo… Te quedarás, ¿verdad?



Harry no sabía qué responder, pero de repente se encontró sonriendo, aquel chico podía parecerse enormemente a Severus Snape físicamente, pero su carácter era tan distinto, su charla era amigable, sonreía con frecuencia, lucía tan inocente y desvalido… no, definitivamente no era Severus Snape.



Justo en ese momento escucharon la voz de Darina llamándolos a todos para cenar, y el chico se apresuró a ayudar a Harry a ponerse de pie para conducirlo hacia el comedor. Tanta amabilidad de alguien tan parecido a su profesor era impactante para Harry, pero no podía dejar de reconocer que se sentía bien con él, y eso le dio valor para poder llegar a la otra habitación sabiendo la escena familiar que le esperaba.



— A propósito, no me has dicho cómo te llamas. —comentó Harry mirando a su nuevo amigo antes de entrar al comedor.

— Es cierto, perdona mi mala educación… me llamo Adam.

— Bueno, Adam, me ha dado mucho gusto poder conocerte.



El chico se sonrojó tenuemente, algo que despertó profundamente la simpatía de Harry, tenía tan solo unos minutos de conocerlo, pero definitivamente Adam había logrado empezar a adueñarse del cariño de Harry. Al llegar al comedor, Harry se olvidó por un momento de su desgracia personal al ver a Severus inclinado frente a la chimenea, hablando con Dumbledore. Rápidamente se les acercó para poder unirse a la conversación.



— Harry, no sabes la alegría que sentí al saber que estás bien. —le dijo Dumbledore mirándole con cariño.

— Gracias… ¿podría por favor avisarle a Ron y Hermione? Supongo que deben estar preocupados por mí.

— No tienes idea de cuanto, pero no te angusties, en unos minutos más iré personalmente a hablar con ellos a su sala común.

— Se lo agradezco mucho.

— Ah, Harry… veo que te has enterado ya de un gran secreto que sólo sabemos Severus y yo, y ahora tú, confiamos en tu discreción.

— Albus, te dije que hablaríamos de eso a nuestro regreso. —Intervino Severus.

— Bien, los espero en mi despacho después de que cenen.

— Profesor… —se apresuró Harry a detenerlo antes de que el Director cortara la comunicación—. Hoy es viernes y mañana no hay clases, ¿podríamos quedarnos el fin de semana, por favor? —preguntó Harry ante el asombro de todos los presentes, menos el de Adam que sonrió feliz.

— Pues, no sé que opine Darina de esto. —dijo Dumbledore.

— Por mí no hay problema.

— Mañana es el cumpleaños de Adam. —continuó Harry—. Me ha invitado a quedarme y me encantaría hacerlo, profesor.

— Bien… ¿estás de acuerdo, Severus?

— Lo que usted disponga, Director. —respondió solemnemente, aunque no podía disimular su alegría de saber que podría quedarse un poco más con su familia.

— Entonces posponemos nuestra charla hasta el domingo por la noche… Ah, y Adam, feliz cumpleaños.



Adam le agradeció con una sencilla pero sincera inclinación de cabeza, para él representaba todo un honor que un mago tan famoso y poderoso como Dumbledore le felicitara, definitivamente ese sería el mejor cumpleaños de su vida… tenía un amigo con que compartirlo, un extraordinario mago le felicitó casi personalmente, y algo invaluable, su padre también estaría ahí, aunque él solamente se mostraba feliz cuando tenía a su hija a su lado.




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Yuki Fer
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MensajeTema: Re: La familia que siempre quise. Capítulo 2.   Miér Jul 31, 2013 11:11 am

pobre harry....yo esperaba que fuera una ilusion de harry peroo que triste... Sad snape ya esta casado...T_T odio a esa mujer...XD ok no tanto que la odio pero me da tristeza..u_u
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