La Mazmorra del Snarry


 
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 La familia que siempre quise. Capítulo 14.

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Araleh Snape

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MensajeTema: La familia que siempre quise. Capítulo 14.   Sáb Jun 29, 2013 1:12 pm


CAPÍTULO 14



GUERRAS Y BATALLAS













Harry sintió que el mundo se hundía bajo sus pies, las palabras de Dumbledore eran las peores que podía haber dicho jamás. Quiso correr tras del profesor de pociones, Severus no se había detenido a preguntar nada, y abandonó el despacho presuroso. Pero al pasar por donde estaba el director, éste lo detuvo abrazándolo con fuerza.



— Lo lamento, Harry, pero no puedo dejarte ir.

— ¡Tengo que ir con él!... ¡Adam está en peligro, no puedo dejarlos solos!

— Aún estás muy débil, Harry, no podrías hacer nada y te capturarían.

— ¡Usted no entiende nada! —gritó enfurecido—. ¡Si saben lo de su familia, sabrán ya que es un espía… lo van a matar! ¡Suélteme!

— Yo lo sé, Harry, sé cuales son las posibilidades de volver a ver a Severus. —respondió con la voz quebrada como nunca—. Pero no podía prohibirle que lo intentara, aunque algunos miembros de la Orden y del Ministerio hace rato están en camino, no hay muchas esperanzas, Harry.

— ¡¿Cómo puede decir eso?!

— Harry… Tom no hace prisioneros muggles, ¿entiendes eso?

— ¡Ya lo sé, pero el profesor Snape no es un muggle, no puedo dejarlo solo!... ¡Déjeme ir, por favor!... ¡Por favor!.... —rogó con profunda ansiedad—. Yo sé que Adam no puede estar muerto, y Sally tampoco… nadie puede estar muerto, profesor.

— De acuerdo, iremos. Por lo menos debemos traer a Severus de regreso. —afirmó inundado de una nueva esperanza—. Harry… creo que tengo un plan.



Harry le miró intentando poner atención, pero le urgía salir y no perder tiempo, cada segundo era valioso en demasía. Dumbledore le regresó su varita mientras le hablaba de su plan. Minutos más tarde, ambos aparecían en la cercanía de los cuarteles de Voldemort, para entonces ya se desataba una guerra de hechizos entre mortífagos y miembros de la Orden y el Ministerio.



— Harry, vamos a tener que separarnos. —le informó Dumbledore—. Severus me habló de un pasadizo, es demasiado pequeño para mí y solamente tú podrás cruzarlo, te llevará a una bodega cercana a las mazmorras. Yo tendré que entrar por el pasadizo por el que te rescató. Mi camino es más largo y es posible que tarde más en llegar, así que busca a Severus en cuanto llegues, pero ten mucho cuidado, que no te descubran, si puedes evitar pelear mejor, sino, defiéndete con todo lo que sabes que yo sé que es mucho.



Harry asintió, y armándose de valor se dirigió hacia el lugar que Dumbledore le señalaba. Llegó a donde crecía un pequeño arbusto pegado a una de las paredes laterales, hizo el ramaje a un lado y colocando su varita sobre los ladrillos murmuró el hechizo que Dumbledore le dijera. De inmediato se abrió un boquete en la pared apenas lo suficientemente grande para que entrara gateando. En cuanto estuvo adentro el agujero se cerró dejándolo en completa oscuridad.



— Lumus.



Su varita emitió un pequeño halo de luz mostrándole un túnel muy largo, no podía ver el final. Sin perder más tiempo fue avanzando lo más rápido que pudo en esa incómoda posición. Ni idea de cuánto tiempo anduvo, en ningún momento le importó el dolor de sus rodillas ni que sus pantalones fueron desgastándose hasta que su piel fue erosionándose con la piedra filosa. Finalmente llegó hasta una pared de ladrillos igual a la que servía de entrada. Volvió a pronunciar al hechizo correspondiente y la salida apareció ante sus ojos. Apagó su varita y salió sintiendo un profundo dolor en su espalda ante la contracción que tenía por el esfuerzo.



Miró a su alrededor, era una bodega tal y como Dumbledore se lo había advertido. Sigilosamente se acercó a la única puerta, fue abriéndola con cuidado, procurando que no rechinara por si había alguien cerca. Salió a un largo pasillo, muy oscuro y que reconoció al instante, ahí fue donde Snape lo rescató tiempo atrás, pensó en subir en busca de Voldemort, pero meditándolo mejor se fue hacia el otro extremo del pasillo, algo en su interior le decía que aún debía confiar en un milagro, así que si había un prisionero debía estar en los calabozos.



Sólo se topó con un par de mortífagos en el camino pero logró deshacerse de ellos con sencillos hechizos, dejándolos inconscientes en un rincón. Llegó a los calabozos buscando entre las rejas de cada celda, hasta ese momento se le ocurrió que quizá si encontraba a alguien podía no estar ya con vida. Ese pensamiento le provocó un escalofrío por toda su espina, pero no se detuvo. En la última celda notó una figura hecha un ovillo en uno de los rincones. El corazón se le detuvo, no se movía, pero aún con todo su pánico abrió la cerradura ayudado por su varita. Llegó hasta él y con alivio vio que respiraba pero no se atrevía a moverse.



— ¡Adam, gracias al cielo, estás vivo! —exclamó Harry abrazándolo feliz.

— ¿Harry?... ¡Harry, viniste, estás aquí! —respondió aferrándose a su amigo con todas sus fuerzas—. ¡Tienes que ayudar a mamá y a Sally, se las llevaron hace un rato, Harry, por favor!

— ¿Sabes a dónde?

— No, no sé. —respondió angustiado.

— Ven… vamos.



Harry ayudó a Adam a ponerse de pie y luego de confirmar que realmente estaba ileso, lo sujetó de la mano para llevárselo de ahí. Atravesaron algunos pasillos más, fueron subiendo buscando en cada lugar que podían. Harry temía demasiado por Adam, pensó que quizá lo mejor sería buscarle un buen escondite, él no podría defenderse si alguien los atacaba de improviso. Pero al dar vuelta en un corredor, se detuvieron bruscamente, al fondo había alguien en el suelo en medio de un charco de sangre y por su cabello rubio supieron de inmediato quien era.



— ¡Mamá! —gritó Adam corriendo hacia ella hasta arrodillarse a su lado—. ¡Mami!... ¿Qué te hicieron?

— Adam… —respondió Darina débilmente—. ¿Cómo llegaste… aquí?

— Harry me salvó, mamá y te salvará también.

— Va a estar bien. —afirmó Harry llegando hasta ellos—. Déjeme revisarla.



Harry miró la herida por donde Darina sangraba, vio que era un corte profundo en el pecho, él no sabía cómo curar eso pero podía intentar detener la hemorragia. Sabía que no podían quedarse ahí, en cualquier momento alguien aparecería y él no podía defenderlos solo. Harry levitó a Darina hasta una habitación cercana que afortunadamente estaba vacía y podría intentar ayudarla.



— No te detengas por mí, Harry. —le pidió Darina al ver que Harry sólo lograba detener el sangrado cuando colocaba su varita directamente en la herida, pero en cuanto la separaba la sangre volvía a brotar como una fuente—. No tiene caso.

— Es magia negra, no conozco el hechizo. —respondió Harry con impotencia—. Buscaré al profesor Snape y lo traeré, él sabrá qué hacer.

— Harry, no busques a mi esposo… busca a Sally por favor. —suplicó cada vez más débil—. La llevaron hacia una torre, creo.

— Si no traigo ayuda…

— Yo lo sé, Harry… pero necesito saber que rescatarás a mi hija… ¡te lo suplico!

— No puedo dejarla aquí. —murmuró Harry sin atreverse a mirarla a los ojos—. No puedo.

— Harry… mírame, no hay tiempo que perder… ayuda a mi hija, te lo imploro.



Harry miró por última vez los ojos castaños de Darina, que ya habían enrojecido hasta las lágrimas por la angustia de su hija. Supo que ella tenía razón, tenía que ir en busca de Sally.



— Quédate con ella, Adam. —le pidió a su amigo empezando a llorar ambos al comprender lo que significaba—. Pondré barreras en la puerta para que ninguna fuerza oscura pueda entrar, así que aquí estarán a salvo.

— Gracias, Harry. —dijo Darina con una sonrisa—. Sé que rescatarás a mi hija y que la vas a cuidar muy bien.

— Lo prometo.



Harry se inclinó para depositar un suave beso en la frente de la mujer que tanto conflicto causara en su corazón, se sentía morir al pensar que estaba abandonándola sabiendo que no resistiría y eso culminaría en el odio más intenso de Snape por él, le iba a causar un profundo dolor y eso no se lo perdonaría nunca. Antes de marcharse, abrazó al lloroso Adam rogando para encontrarlo a él con vida en cuanto volviera. Ninguno de los dos dijo nada más. Harry se fue luego de colocar las barreras y corrió por los pasillos con las lágrimas resbalando a raudales.



Cuando encontró unas escaleras, no dudó ni un instante, subió por ellas recordando que Darina mencionó algo sobre una torre. No se detuvo ni a tomar aire, corrió y corrió con el único pensamiento de no permitir que lastimaran a Sally, la recordó dormidita la ocasión en que la cuidó, era tan frágil como cualquier niña de siete años, no quería ni imaginarse lo asustada que estaría ante tanto mortífago.



Cuando llegó al final de la escalera que tenía forma de caracol, se encontró con una puerta de madera, ahí debía ser la torre. Iba a entrar cuando la puerta se abrió intempestivamente y apenas tuvo tiempo de hacerse a un lado para no ser golpeado por algo que salía volando. Harry se sorprendió de ver que se trataba de un mortífago y que terminaba inconsciente sobre el suelo luego de ser golpeado brutalmente contra la pared. Con toda la precaución posible fue asomándose al interior, temiendo encontrar una lucha encarnizada entre mortífagos y aurores. Pero lo único que encontró fue a Sally sentada en el suelo, acurrucada contra la pared, llorando asustada mientras veía que cinco mortífagos la rodeaban, pero cada vez que uno se acercaba, salía disparado hacia atrás como jalado por una cuerda elástica, ninguno lograba llegar hasta la pequeña niña.



— ¡Desmaius!... ¡Expelliarmus!... ¡Petrificus totalus!... ¡Flipendo! —pronunció Harry enviando cada hechizo a un oponente diferente, quien no pudieron hacer nada ante la rapidez del muchacho—. ¡Incarcerus!



Sally miró la escena con admiración, y cuando vio que sus captores habían quedado inconscientes y amarrados fuertemente por gruesas cuerdas, extendió sus bracitos hacia su salvador, quien ni tardo ni perezoso corrió a abrazarla.



— ¿Estás bien?... ¿no te hicieron nada? —interrogó Harry estrechándola contra su pecho con profundo alivio—. ¿Sally?

— Sí… gracias. ¿Y mami?



Harry no sabía qué debía decirle. Un ruido a sus espaldas lo hizo girarse con habilidad protegiendo a Sally con su cuerpo y apuntando con la varita a quien osara intentar dañar a la niña, pero el alma le volvió al cuerpo al ver a Snape correr hacia ellos. Sally abandonó su sitio tras Harry al descubrir a su padre y saltó a sus brazos volviendo a llorar. Snape la abrazaba con tal fuerza que parecía que temía pudiera desvanecerse si la soltaba un segundo.



— Debemos irnos. —propuso Harry tímidamente, odiándose por tener que interrumpirlos—. No es seguro quedarnos aquí, en cualquier momento llegarán más mortífagos.

— Tengo que encontrar a mi esposa y a Adam. —respondió Severus sin mirarlo—. Si Sally está aquí, quiere decir que…

— Ellos están unos pisos más abajo, los dejé en una habitación sellada.

— Entonces vamos para allá.



Harry asintió y tomó la delantera para conducirlos hacia el sitio donde había dejado a Adam y su madre. Pero no pudieron avanzar mucho, al ir bajando la escalera volvieron a escuchar ruidos, instintivamente Harry empujó a Severus y su hija hacia una puerta que tenían a sus espaldas. Se encontraban en un salón circular muy grande, parecía estar mágicamente encantado pues un sitio de ese tamaño no cabría en la torre. El mobiliario era escaso, sólo una mesa alargada en el centro sin ninguna silla. Las paredes estaban vacías y había media docena de columnas sosteniendo el alto techo. Ahí no era un buen lugar para esconderse y por el rostro casi petrificado de Snape lo confirmó.



— Es la sala de reuniones. —murmuró Severus—. El Señor Oscuro debe aproximarse, por eso tanto movimiento hacia acá.

— Entonces tenemos que salir de aquí… ¿hay alguna salida?

— No… ya vienen.



Harry notó que su profesor de pociones no podía ocultar el miedo que sentía y supo que no era por sí mismo, sino por aquella pequeña niña cuyo rostro mantenía oculto en su pecho, en un desesperado intento para que no viera nada de lo que sucedía. Se prometió salvarlos a costa de lo que fuera, no iba a permitir que nada les sucediera. Vio que en el fondo se encontraba una pequeña puerta de madera y aprovechando que Snape miraba hacia la entrada empuñando su varita hacia los murmullos que se aproximaban, lo jaló hacia la otra puerta haciéndolo entrar justo a tiempo de evitar que fueran descubiertos.



Snape quiso protestar, no era digno esconderse en un armario, pero Harry le tapó la boca con sus manos para que guardara silencio, tal vez aún tenían una oportunidad. Tan sólo porque aún continuaba sosteniendo a su pequeña hija, Severus obedeció y lentamente fue descendiendo hasta quedar sentado en el sucio suelo. Harry lo siguió, el sitio era estrecho y apenas cabían los tres, eso le daba oportunidad de mantenerse cerca de él, de recostarse un poco en su pecho y mirar el rostro de Sally quien hacía lo mismo.



— ¿Estás asustado? —preguntó Sally en voz muy baja.

— No… vamos a salir de ésta, ya lo verás. —aseguró Harry acariciándole la mejilla—. Te prometo que en unos minutos estaremos de regreso en casa.

— Yo confío en ti, Harry, pero sí estoy asustada. No quiero que le pase nada a mi papi.

— Yo los cuidaré… a ambos.

— Potter, deje de decir tonterías y guarde silencio. —le espetó Snape intentando escuchar lo que sucedía afuera—. Parece que se han ido algunos, no se distinguen demasiadas voces.



Harry obedeció y no dijo nada más, pero no pudo concentrarse en lo que pasaba afuera, estando tan cerca del corazón de Snape y escucharlo latir era una sensación alucinante, y además ese aroma… debía estar loco, estaba oculto en un armario en peligro de muerte y él deseando besar al hombre que solamente pensaba en proteger a su hija. Intentó despejar su mente, sobre todo porque afuera ya no se escuchaba nada, tal vez ya tenían el camino libre para seguir, pero de pronto…



— Sé que estás ahí, querido Harry. —dijo una voz tan gélida que helaba la sangre, Sally se apretó más contra su padre, escondiendo su rostro en la túnica del hombre—. Ya he visto lo que le hiciste a algunos de mis mortífagos y quiero felicitarte, después de todo, son tan ineptos que se lo merecían… Ahora, ven conmigo y enfréntate.



Severus respiró hondo e intentando mostrarse sereno, sujetó a su hija por el rostro con ambas manos y le sonrió.



— Sally, vas a quedarte aquí y serás una buena niña… Potter y yo tenemos que salir.

— ¡No, papi, por favor no me dejes sola! —rogó sin contener sus aterradas lágrimas.

— Profesor… usted no tiene porqué salir, Voldemort cree que sólo estoy yo, así que será mejor que se quede con Sally.

— ¿Me pide que me quede en un armario como un cobarde? —preguntó sintiéndose ofendido—. ¡Eso jamás, Potter!

— Piense en Sally, ella necesita que usted salga con vida. Y Adam también, y… y Darina, ella está herida, le dieron con una maldición, intenté curarla pero no pude, es producto de magia negra… así que solamente usted podría hacer algo por ella.

— ¡¿Porqué no me lo dijo antes?!... ¡Y yo escondido cuando tengo que salir a ayudar!

— ¿Y cómo?... Voldemort está afuera, ya sabe lo de su familia, lo matará. —dijo sin poder ocultar su preocupación—. Iré yo solo… espero que todo salga bien.

— Espere, Potter, quizá si no hacemos ruido entonces se irá.

— Usted sabe que no. —respondió con una triste sonrisa—. Él me espera, tengo que salir antes que venga a buscarme.

— No está preparado aún, Potter, todavía falta… y es mi deber no dejarlo ir solo.

— ¿No vas a salir, Harry?... estoy empezando a creer que me tienes miedo. —se escuchó de nuevo aquella escalofriante voz.

— Debo irme ya, profesor. —aseguró Harry mirando a los ojos del hombre, temiendo que aquella fuera la última vez que los viera—. Además, no me dejará solo… présteme su varita.

— ¿Para qué la quiere?

— ¿Recuerda lo que siempre dice el profesor Dumbledore sobre el punto débil de Voldemort?... fue el amor de mi madre el que me ha estado defendiendo, ahora me defenderá otra clase de amor.

— ¿De qué está hablando?... todo eso son tonterías de Albus.

— No lo creo. —afirmó sonriéndole—. ¿Recuerda que nuestras varitas guardan una conexión especial?... ahora es tiempo de hallarle una utilidad.

— ¡Es absurdo!

— No lo es. Deme su varita y en cuanto se vea libre, salga y tómela, con ella puede llegar hasta donde está el resto de su familia y salvarlos.

— Parece que se despide, Potter.

— No… aún tengo un duelo pendiente, profesor.



Harry sonreía con tranquilidad, como si ya estuviera totalmente resignado a lo que su destino había deparado para él. Severus guardó silencio, no podía comprender a ese chico, ¿porqué si recordaba su amenaza de muerte, seguía luchando por salvarlo junto con su familia?... definitivamente Harry Potter era digno de un estudio mental. Harry se inclinó para besar a Sally en la frente y sonreírle con la única finalidad de tranquilizarla, luego miró a su profesor, sabía que sus posibilidades de sobrevivir eran mínimas y quería besarlo, quería decirle lo que sentía por él, después de todo ya no tenía nada qué perder, pero no pudo, simplemente se puso en pie luego de tomar la varita de Severus con su mano izquierda, estaba a punto de salir cuando se volvió hacia su profesor nuevamente y sonriéndole le dijo:



— Lo olvidaba… Sally hizo magia.

— ¿Qué? —murmuró incrédulo.

— Para defenderse, logró apartar a sus captores el tiempo suficiente hasta que llegué. Y le aseguro que lo que ví demostró una magia muy poderosa… creo que es una chica con un talento igual al padre, y como tal, lo necesitará ahora más que nunca, así que, quédese aquí y piense un segundo en Sally antes de hacer cualquier tontería.



Severus iba a reprenderlo por su altanería, pero irónicamente, a pesar de la situación en la que se encontraban, se sentía muy feliz, estrechó más fuerte a su hija quien sonreía tímidamente. Harry los miró un segundo, quería llevarse esa imagen consigo y entonces salió decidido a enfrentarse con Voldemort.



Voldemort se giró al sentir la presencia de su acérrimo rival tras de él, descubrió que había salido del armario y eso le hizo sonreír, había pensado que estaba escondido tras de capa invisible o quizá oculto con un hechizo… ¿pero en un sucio armario?



— Me parece que eres más patético de lo que suponía, Harry Potter.

— Podemos formar un club. —respondió burlón—. No me parece que sea de un “maléfico prospecto conquistador del mundo” secuestrar a una familia muggle.

— Ah, pero no era cualquier familia muggle. —dijo Voldemort triunfante—. Al fin tuve la prueba que necesitaba para encontrar a mi espía, y en cuanto lo tenga en mis manos, verá como desintegro a esos sucios muggles.

— Me parece que has olvidado que estás rodeado por Aurores, y que tus mortífagos no representan ningún peligro para ninguno de ellos… si un patético muchacho logró deshacerse de un grupo de ellos, ¿qué no podrán hacer los miembros de la Orden?



Voldemort sonrió intentando ocultar su contrariedad ante sus mortífagos caídos, mientras que en el interior del armario, Sally miraba a su padre quien dibujaba una escueta sonrisa complacida en sus delgados labios.



— ¡Basta de charla, Harry Potter! —exclamó Voldemort con rabia—. Esta vez no podrás escapar, la suerte no dura para siempre y reconoce que soy mejor que tú.

— Me conformo con que la suerte me dure hasta esta noche… tengo muchos asuntos pendientes por hacer después de acabar contigo.

— ¡Crucio!

— ¡Impedimenta!



Harry se había defendido con su propia varita, los rayos de luz chocaron y el de Voldemort se partió en dos y desapareció ante su asombro mal disimulado.



— Así que tienes varita nueva… bueno, es de suponerse luego de nuestro último encuentro. No sabes cuanto disfruté haciéndola astillas… y dime ¿necesitas dos para tener el suficiente valor para enfrentarte a mí?

— ¿Te refieres a ésta? —preguntó apuntándole ahora con la varita de su mano izquierda—. Es que soy muy indeciso ¿sabes?... no podía elegir cuál se vería mejor con mis ojos así que me quedé con las dos.

— ¿Te gusta bromear antes de morir?... bien, veremos cuánta risa te causa esto… ¡Depulso!



Harry alcanzó a esquivar el hechizo enviado por Voldemort, y entonces apuntó con las dos varitas, concentrándose con todas sus fuerzas pronunció: ¡Stupefy!



Voldemort salió disparado chocando contra la pared contraria. Apenas consiguió levantarse sin mostrar la sorpresa ante el impacto del hechizo que demostraba el avance de su oponente. Harry también se puso en pie, luego de haber rodado para salvarse del ataque, y mientras lo hacía, sus ojos lucían un brillo que nunca habían tenido, era la mirada de un mercenario, de alguien dispuesto a morir y que parecía feliz de llevarse a alguien con él. Voldemort supo que aquel ya no era el niño al que había secuestrado meses antes, no sabía qué había sucedido en tan poco tiempo pero comprendió que era hora de tomarse aquella pelea en serio… ya no más estúpidos hechizos, tenía que acabar con él a base de sus más sanguinarias maldiciones, y debía hacerlo pronto.



— ¡Avada Kedavra! —gritó apuntándole directo al corazón.

— ¡Protego!



A pesar de que Harry había alcanzado a pronunciar el hechizo de protección, la fuerza con que Voldemort lo atacó pudo sentirla en cada fibra de su cuerpo. Y aún así, permaneció estoico, mirando a su oponente con una sonrisa burlona, parecía que finalmente se encontraba en una batalla donde llevaba ventaja.



— Tu maldición maestra y no causó gran efecto, “mi querido vodemocito”… —comentó Harry sin abandonar su sonrisa inundada en burla—… creo que te estás volviendo viejo.

— No sé quién te haya estado preparando, Harry Potter, pero la última palabra aún no se ha dicho… ¡Legeremens!



Harry luchó con todas sus fuerzas para no dejar su mente abierta, aquel era su gran prueba, la única forma que tenía de demostrarle a Snape que realmente había trabajado por él. Tuvo que concentrar todo su poder en defender sus pensamientos que finalmente fue agotándose, y cayó de rodillas ante un sonriente Voldemort.



— Parece que te estabas sobrevaluando, niñato, realmente sigues siendo sólo un pequeño desafío para mí… Aunque sigas luchando no podrás hacerlo por demasiado tiempo.



Harry no respondía, sabía que era una trampa para desconcentrarlo, y no le importaba si mientras le enviaban mil hechizos, no dejaría que supieran donde estaban Snape y su familia. Entre tanto, Severus presentía lo que sucedía, si no hacía algo sería el fin no solamente de Potter, también el suyo y el de su hija.



— Tengo que salir, Sally. —le dijo al oído—. No te muevas de aquí.

— ¡No, no vayas, papi, por favor!



En su desesperación, la voz de Sally había sonado más fuerte de lo prudente. Voldemort alcanzó a escucharla y suspendió la intromisión a la mente del chico para mirar triunfante hacia el armario.



— Así que estás escondiendo a la cría. —concluyó Voldemort caminando hacia la pequeña puerta de madera, mientras adentro, Severus se ponía de pie ocultando a su hija tras de su túnica, es probable que no tuviera varita, pero no iba a permitir que Voldemort lastimara a su hija—. ¿Porqué tanto interés en la hija de ese traidor, Potter?

— ¿Quieres saberlo, o simplemente buscas a una niña más pequeña con quien luchar?... ¿Es que piensas que alguien de diecisiete años ya es demasiado grande para ti?

— Algo planeas, Harry Potter. —aseguró volteando a mirarlo mientras levantaba la varita, pero para angustia de Harry, no lo apuntaba a él sino a la puerta, cualquier hechizo de Voldemort la derribaría y mataría a sus ocupantes—. No caeré en tus provocaciones… ¡Avada Kedrava!

— ¡Eros Blanditia! —gritó Harry con toda su fuerza mientras unía sus dos manos con sus respectivas varitas apuntando a Voldemort.



Ambas varitas se unieron en un rayo de luz dorada mientras que de su extremo salía una luz extremadamente blanca que fue a desviar el rayo verde de Voldemort. Una columna fue la que recibió el impacto del Avada Kedavra provocando que unos trozos del techo de desmoronaran. Harry respiraba muy agitado, sentía que las piernas ya no le iban a sostener, tal y como había sentido el día que destruyó la cúpula. Comprendió que había utilizado demasiada magia, pero ya no podía retroceder, y tampoco quería, la vida de Severus y Sally dependían de él, así que sostuvo con fuerza las varitas unidas como una sola, pudiendo de esa forma mantener a Voldemort alejado.



De pronto, algo inusitado empezó a suceder, el mago tenebroso retrocedía, el haz blanco de Harry estaba afectándole y lo había encerrado en una celda transparente. Los barrotes se iban cerrando y el miedo se reflejó en los ojos rojos de Voldemort, y cuando sintió el primer roce de su cuerpo con aquella luz, dio un grito que estremeció el lugar. Lentamente fue desintegrándose ante la mirada todavía incrédula de Harry, quien a pesar de su sorpresa, no bajó la guardia hasta que no vio el montón de ceniza esparcirse en el suelo. Entonces cayó rendido de rodillas, jadeaba ruidosamente intentando hacer que el aire llegara a sus pulmones, pero no podía, sentía que se asfixiaba y que moriría en cualquier momento… pero no quería hacerlo sin ver a Severus por última vez, intentó llamarlo pero le era imposible, el alma y el cuerpo le dolía a morir finalmente cayó al piso inconsciente, con sus labios amoratados y sus ojos vidriosos por el esfuerzo realizado.











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