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 La familia que siempre quise. Capítulo 16.

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Araleh Snape

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MensajeTema: La familia que siempre quise. Capítulo 16.   Sáb Jun 29, 2013 1:30 pm

CAPÍTULO 16



PEQUEÑAS ILUSIONES












Harry no sabía cómo había llegado ahí, recostado en su cuarto de Grimauld place, dando la espalda a la puerta, evitando a todo el mundo, sólo mirando a la nada, con una gran melancolía en el alma. Hacía ya cinco días que había derrotado a Voldemort, y aquella noche era Nochebuena, en todo el mundo mágico se desarrollaban las fiestas más alegres y ostentosas, menos en esa casa, ahí no hubo adornos ni luces, no había árbol ni regalos.



La cena sería como cualquier otra, pero eso no lo notaría Harry, él no había salido de esa habitación desde el funeral de Darina. Por petición misma de Severus nadie fue, sólo él y su familia, pero Harry no podía dejarlo solo, y aunque se mantuvo escondido todo el tiempo, miró a los tres seres quedarse un largo rato junto a esa tumba, tan sencilla como amada. Notó que Adam y Sally lloraban en silencio, Severus no lo hacía, pero jamás en su vida le había visto esa mirada ausente, deprimida y solitaria, no podía disimular el dolor que sentía pese a que sus ojos se mantenían secos.



Ahora Harry lo echaba mucho de menos, quería verlo y al mismo tiempo no, sabía que jamás lo volvería a ver a la cara, y le dolía pensar que en cuanto volvieran a estar frente a frente él le recriminaría no haber ayudado a Darina, y eso era algo que no tenía prisa por vivir, así que mejor se quedaba ahí, refugiado en su habitación, donde los demás habían comprendido al fin que lo mejor era darle tiempo.



Un ruido a sus espaldas le provocó un escalofrío, ya no le era indispensable voltear para saber de quien se trataba, podía presentirlo, podía percibir su esencia aún entre una multitud. Su cuerpo se tensó, había llegado la hora y no se sentía tan preparado como creyó. No movió ni un músculo pensando que quizá sería mejor fingir que dormía, tal vez así le daría un poco más de tiempo… ya no sabía ni siquiera lo que quería.



— No puede engañarme, Potter. —dijo Severus arrastrando las palabras con un tono que Harry no pudo descifrar, parecía que a cada momento ese hombre descubría una nueva forma de hablar, pero cada una despertaba siempre ese escalofrío de miedo y angustia—. Sé que no duerme, pero está bien, no he venido para que me diga nada, sin embargo, va a tener que escucharme todo lo que tengo que decirle.



Severus se aproximó, Harry apenas sí podía escuchar sus pasos debido a su elegante modo de caminar, aunque el roce de la tela de su túnica le llegaba muy hondo, pudo sentirlo cuando estuvo de pie a un lado de su cama, justo detrás de él. Apretó los labios con fuerza para no llorar, para continuar sin moverse, para no tener que hacer nada. Y de pronto, un suave peso cayó sobre su cama… ¿iría a matarlo ya?



— Cuando entró al colegio, Potter… —empezó Severus hablándole en una escalofriante voz baja, casi un susurro—… cuando lo vi por primera vez en ese comedor y me enteré que era usted Harry Potter, el hijo del imbécil de James, supe que lo odiaría toda mi vida. —dijo, y Harry no pudo contener una lágrima, alegrándose de estar de espaldas al profesor y que no pudiera verlo llorar—. Odié a su padre como a ningún otro ser… bueno, tal vez tanto como al estúpido de su padrino, pero James Potter era algo que no podía ignorar, se le parecía tanto que era gratificante odiarlo y poder desquitarme con usted de todo lo que me hizo pasar su padre. Sin embargo, no creí que podía detestarlo más que a él, y me equivoqué. Yo sabía que usted estaba destinado a grandes cosas, que su magia sería extraordinariamente poderosa, que podía incluso llegar a superar a Albus Dumbledore, y lo odié más, lo odié porque el hijo de mi más odiado enemigo era un mago, y no un mago cualquiera, un mago que destacaría y se hablaría de su poderío en cada rincón del mundo… en cambio mi hijo, él era simplemente un squib.



Harry contuvo un gemido de dolor, al fin se lo estaba diciendo, al fin le confesaba el motivo completo de su odio, algo que no había querido escuchar jamás pero que desde que lo descubrió supo que ese momento podría llegar alguna vez, y sí, finalmente sucedía, y resultaba mucho más doloroso de lo que se imaginó.



— Me imaginé las burlas de su padre si hubiese estado vivo para hacerlo… —continuó Severus—… y el odio crecía, cimentado en el único con quien podía desquitarme. Aborrecía cada ocasión donde demostraba cuánto crecía su poder mientras que mi hijo crecía débil e inofensivo, quise justificarlo con la suerte, pero en el fondo sabía que no era así, que su poder era genuino y que jamás habría salido victorioso de ninguna afrenta con el Lord si no fuera un mago tan poderoso como él. No puede imaginarse cuantas veces deseé que usted nunca hubiera nacido, que jamás se hubiese cruzado en mi camino, o por lo menos, que no fuera lo ostentosamente poderoso que demostraba… y ahora veo que me equivoqué siempre.



Estupefacto, Harry abrió aún más los ojos, intentando saber dónde se había perdido de aquel monólogo, o quizá algo había entendido mal… sí, eso debía ser, su mente trastornada estaba jugándole sucio, pero entonces, sintió a Severus inclinarse aún más hacia él, colocando su rostro cerca de su oreja. Suavemente le tomó de la mano, Harry temblaba, pero continuó sin atreverse a mover.



— No sé cuantas divinidades hay en este mundo y en todos los existentes, pero a todos ellos le agradezco que Harry Potter sea tan poderoso, que se haya cruzado en mi camino y que gracias a todo eso, haya salvado a mis hijos.



Severus llevó la palma de la mano de Harry a sus labios y la besó con suavidad para enseguida volver a colocarla en su lugar sobre la cama.



— Cuando Dumbledore me dijo que habían capturado a mi familia… cuando salí del despacho, Potter, yo estaba completamente seguro de que todos ellos estaban muertos. Aún me sorprende que el Lord no los asesinara de inmediato, tal vez tenía un plan para con ellos, no lo sé, pero usted no puede imaginarse cuantas veces vi lo que les hacía a los prisioneros, y las imágenes de tortura y descuartizamiento cuando un muggle se atravesaba en su camino sin detenerse jamás a hacer ninguna pregunta y ahora, si eran además hijos de un traidor, no, yo no tenía esperanzas, Potter… esas imágenes eran las que yo tenía de mis hijos al momento de salir del despacho del director, pero eso no importa ahora. Cuando fui al cuartel no era para rescatarlos, sino para morir con ellos, y de paso llevarme a unos cuantos mortífagos en el camino. —le confesó con infinita tristeza—. Ni siquiera los busqué, Potter… lo único que hice al llegar fue atacar junto con los de la Orden, queriendo vengar sus muertes. Dumbledore me dijo que usted tenía fe en encontrarlos vivos, y eso fue la salvación de mis hijos, usted sí los buscó, usted llegó y en lugar de ponerse a matar como desquiciado, los rescató de una muerte segura. Eso es algo con lo que siempre le estaré agradecido… todavía recuerdo el momento en que lo encontré con Sally, pensé que me había vuelto loco y alucinaba, pero no era así, mi hija vivía y la esperanza renacía, y todo gracias a usted. Por Darina… sé que no fue su culpa, hizo lo que pudo y fue más de lo que cualquier otro consiguió. Le debo la vida de los seres que más amo, y aunque mi orgullo lo haga difícil decir, sé que también mi vida continúa gracias a su fe y a su valor.



Harry negó con la cabeza, quiso decir algo pero las palabras no le salían, un nudo de lágrimas se había atorado en su garganta y en esta ocasión no eran de tristeza, una pequeña luz resurgía en su estropeado corazón.



— No me contradiga, Potter. —le reprendió Snape con fingida molestia, algo que hizo a Harry sonreír tenuemente y sentirse cada vez más enamorado—. Me ha costado admitirlo pero lo he hecho, le debo la vida, y no se me olvidará, aunque mi vida realmente no valga mucho, pero las de Adam y de Sally, esas no sé si las podré pagar algún día… aunque quizá no deba esperar demasiado de un necio como yo. —concluyó suspirando y ese suspiro rozó la oreja de Harry quien cerró los ojos ante el placer provocado—. Ahora debo irme, pero me han dicho que no ha salido de su habitación y creo que debe solucionar eso… no creo que deba privarme del gusto de seguir quitando puntos a Gryffindor en cuanto tenga que volver al colegio, en eso no espere mucho cambio, sólo me quedan seis meses más para disfrutarlo y pienso aprovechar al máximo cada segundo.



Harry sonrió, eso no importaba, por él podía dejar en ceros a su casa, ningún trofeo se comparaba con la alegría de sentir que Snape no sólo no lo odiaba ni le culpaba de la muerte de Darina, sino que además le había dado un beso en la palma de su mano… juró no lavársela en mucho tiempo. Se sintió desilusionado cuando notó que Severus se levantaba y más cuando lo oyó irse hacia la puerta y abrirla.



— Ah, Potter, lo olvidaba… ¿Eros Blanditia? —le cuestionó burlón—. Escogió un hechizo simple, bobo, cursi… ridículo, sí, ridículamente estúpido, como las varitas, pero efectivo… Felicidades.



Harry volvió a sonreír y al fin pudo conseguir que su cuerpo le obedeciera, giró para mirar al profesor pero éste ya había desaparecido tras la puerta. No importaba, ya lo vería después, y la ilusión por hacerlo era cada vez mayor. Por su parte, Severus se recargaba sobre la puerta, sonreía recordando el hechizo, era usado por adolescentes hormonales para dar rienda suelta a sus inquietudes. Podía ser sólo una caricia en la mejilla, o en la mano quizá, algunos más atrevidos se iban hacia zonas menos decentes, pero siempre con la finalidad tonta de que la otra persona sintiera algo de él que con el tiempo pudiera derivar en una relación. Era totalmente inofensivo, no afectaba el comportamiento de aquel que recibiera su caricia, y solamente le hacía sentirse halagado… u ofendido, según sea el caso. Era increíble y casi vergonzoso que el gran Lord Voldemort hubiese sido derrotado por un hechizo tan infantil, cuyo efecto en él no habría sido posible sin esas ridículas y cursis varitas como Snape insistía en llamarlas. Suspiró, ya no quería pensar más en ese ser demoníaco, ahora tenía una vida por delante, tenía que cuidar de sus hijos y a eso dedicaría cada segundo.



Harry aún podía sentir ese calorcito tan especial que lo invadía cuando Snape estaba cerca, y de vez en cuando miraba hacia la puerta con sus mejillas luciendo un ligero tono rosado, tal vez fuera algo egoísta de su parte, pero le hacía feliz que él hubiera ido a verlo pese a que todavía debía resentir la muerte de Darina. De pronto, la puerta volvió a abrirse y una sonrisa le iluminó el rostro al ver entrar a Adam, el chico también le sonreía al mismo tiempo que corría hacia la cama para abrazarlo con fuerza.



— ¡Harry, que bien que estés mejor! —exclamó dándole un beso en la mejilla—. Cuando me contaron que no querías salir de cama, me preocupé… pero no te ves tan mal. —agregó al notar el brillo en los ojos de su amigo—. Me hace muy feliz que hayas triunfado, Harry, y que estés aún con nosotros.

— Adam, sobre… —empieza borrando su sonrisa al recordar la muerte de su madre.

— No digas nada. —pidió conteniendo una triste expresión—. Todos sabemos que hiciste lo que pudiste, que en estos momentos ni Sally ni yo estaríamos vivos si no fuera por ti. No te preocupes por mamá… estoy seguro de que ella está bien. Murió por salvar a Sally ¿sabías?

— No. —respondió con timidez.

— Pues sí, la protegió hasta el último momento antes de que se la llevaran, y cuando no logró evitar que las separaran se sintió morir, por eso murió agradeciéndote tu intervención… ella confiaba en que la salvarías, así su sacrificio no fue en vano.

— Parece que ahora Sally y yo tenemos algo en común. —comentó con tristeza—. También mi madre murió por mí.

— Mamá no murió al instante, Harry, lo que le hiciste la ayudó a mantenerse consciente por un tiempo, y durante esos minutos hablamos de muchas cosas… pero aún no me siento preparado para hablar al respecto.

— No tienes porqué hacerlo, es algo entre ella y tú.

— Puede ser… en fin, no quiero entristecerme, mamá me lo pidió, dijo que tenía que ser fuerte para ayudar a mi padre.

— Sí, él te necesita… ¿ya supiste lo de Sally?

— Sí… me alegro por ella, y por mi padre también. No puede disimular lo satisfecho que está de que por lo menos uno de sus hijos sea mago.

— Adam…

— Estoy bien, Harry, de verdad.

— Eso espero, pero no se te olvide que siempre puedes contar conmigo si necesitas hablar… supongo que no es fácil para ti.

— No, pero sí estoy contento… me da gusto que mi hermanita podrá vivir en el mundo mágico, que se relacionará con ustedes y podrá defenderse y evitar ser lastimada.



Harry comprendió que Adam aún no superaba del todo el abuso de Draco, así que le abrazó suavemente mientras le besaba con calidez en la mejilla. Justo en ese instante la puerta volvió a abrirse para dar paso a un pelirrojo que se detuvo abruptamente al ver la escena.



— Perdón… no quise interrumpir.



Ron salió sin hacer caso del llamado de Harry, iba a bajar a la cocina pero recordó que ahí estaba toda su familia que recién acababa de llegar con él, y además estaba Snape con esa niña rubia… ¿Quién hubiera creído que su odiado profesor tenía una familia oculta?... cuando se enteró pensó que debía ser una equivocación, no creía que nadie pudiera fijarse en ese hombre. Se dirigió hacia la habitación de los gemelos, ahí podría estar solo pues ellos eran los únicos que no habían acudido, siempre pendientes de su tienda de bromas.



“¿Porqué me disgusta tanto ver al murcielaguito con Harry?” Se preguntó Ron confundido. “Sé que no siento nada por Harry, ya lo pude comprobar y no pienso hacer una segunda prueba”. Aseguró con una expresión de náuseas. “¿Pero entonces qué sucede?... ¡Ay, Hermione, ahora es cuando haría falta tu inteligencia para entenderme!... pero no, probablemente no me atreva a contarle, es mejor que las cosas sigan así y deje de ser tan celoso con mis amigos. Harry tiene derecho a ser amigo del murcielaguito… ¿pero será tan necesario que se anden besuqueando por todos lados?”.









Mientras tanto, Harry pensaba en Ron, le preocupaba haber visto molestia en su mirada cuando lo encontró besando a Adam. No quería ni pensar con que siguiera confundido en sus sentimientos, era su mejor amigo desde niños y lo último que deseaba era lastimarlo.



— Creo que Ron se disgustó. —comentó Adam con seriedad—. ¿Yo no le agrado, verdad?

— No es eso, Adam… te lo aseguro.

— Tal vez sí, ahora sabe de quien soy hijo, y tú me dijiste que odiaba a mi padre.

— Ron no te odiaría por eso… él es un buen chico, a mí también me desconcertó que se fuera sin decir nada, sabe que tú y yo sólo somos amigos.

— Me parece que le gustas. —dijo sin poder evitar sentirse triste.

— Yo espero que no, Adam. —respondió preocupado—. Una vez me dijo que creyó sentir algo, pero esa posibilidad se descartó… a menos que…

— ¿A menos que qué?

— No, nada, no me hagas caso.



Harry se esforzó por ocultar una sonrisa, acababa de tener una idea genial, miró a Adam con picardía, aunque el chico parecía demasiado ensimismado en sus propias meditaciones para darse cuenta. Luego fijó sus ojos verdes en la puerta por donde había desaparecido Ron, parecía que al fin estaba empezando a entender lo que sucedía.









Durante la cena, Harry ya no se negó a bajar, y aunque su principal intención era asegurarse de lo que pensaba con respecto a Ron, toda su atención se centró en el profesor Snape, le costaba trabajo dejar de mirarlo y solamente lo hacía cuando el hombre se giraba hacia él como sintiéndose observado. Era feliz sabiendo que el profesor se había quedado a cenar con ellos, eso era algo que nunca había hecho, aunque le hubiese gustado tener un poquito más de su atención, pero Snape se mantenía interesado en la conversación de Dumbledore y de… de Tonks, Harry frunció el ceño cuando notó aquel detalle, y por primera vez esa chica ya no le parecía tan agradable.



Posterior a la cena todos se reunieron junto a la chimenea, era un invierno crudo aquel año y el calor que emanaba del fuego resultaba realmente reconfortante. Harry se apresuró a sentarse junto a su profesor, ganándole el lugar a una aturdida Tonks, quien tuvo que irse a sentar a un lado de Remus.



— Me hubiera gustado darle un obsequio. —le dijo al profesor.

— Ya me lo ha dado, Potter… tan sólo mire a mis niños. Yo creí haberlos perdido para siempre y aquí están, junto a nosotros.

— ¿Y qué va a suceder ahora?

— Dumbledore me ha autorizado para que vivan en Hogwarts. —respondió satisfecho—. Desde mi chimenea podrán ir a sus escuelas, ahora el enlace será a casa de Tonks, ella irá por ellos sólo por si las dudas, pero realmente no creemos que corran ya ningún peligro.

— ¿Tonks? —preguntó con una forzada sonrisa.

— Así es.

— No sabía que se llevaran tan bien.

— Usted y yo jamás hemos sido amigos, no tendría porqué saber con quien me relaciono o no.



“¡Relaciona!” pensó Harry celoso, “Habla de relaciones… ¡y con esa cabeza de algodón de azúcar!... No, no lo voy a permitir… ¡claro que no!”. Harry miró hacia la chica quien conversaba con el licántropo sin tener idea de lo que el muchacho estaba pasando por su causa.









Más tarde, Harry se entristecía al saber que Snape no se quedaría a dormir en su casa, y se llevó a Sally hacia Hogwarts. Afortunadamente Adam pudo quedarse y dormiría con él en su habitación. Sin embargo, parecía que el chico no tenía mucha prisa en irse a dormir, pues continuaba sentado a la mesa mirando la taza de su chocolate caliente, que para entonces ya tenía una nata formada en su superficie. Apenas sí sonrió cuando Harry le dijo que se adelantaría… al ver que Ron tampoco daba señales de marcharse, y que ya solamente quedaban ellos tres, entonces decidió darles una pequeña oportunidad que esperaba diera buenos resultados.



— Gracias. —murmuró Adam cuando ya no hubo nadie más que ellos dos.

— ¿Porqué? —preguntó Ron confundido—. Yo no he hecho nada… en cambio tengo que disculparme por haber interrumpido hace un rato.

— No interrumpiste nada, y si te hubieras quedado lo sabrías.

— Como digas. —respondió encogiéndose de hombros—. Creo que Harry te debe estar esperando.

— Ron… sé que no lo recuerdas pero no puedo quedarme como si nada hubiese sucedido, por eso te di las gracias.

— Me ayudarías explicándote mejor.

— Hace tiempo me salvaste de Draco Malfoy… él quería hacerme daño y tú lo impediste. Sólo que se descubrió quien era mi padre, y entonces Harry tuvo que modificar tu memoria y…

— ¡Harry me hechizó! —exclamó con molestia—. ¡Pero que poca…!

— ¡Lo hizo para protegerme, a mí a mi familia!... no te molestes con él, por favor.

— Tendré que hablar muy seriamente con ese amigo mío.

— Lo que hiciste esa noche no lo olvidaré nunca, Ron… estaré siempre agradecido contigo.

— ¿Puedo saber qué intentó hacerte ese Malfoy?

— No sé, me apuntaba con su varita queriendo lastimarme, estaba muy enojado… en fin, el mayor daño ya me lo había hecho.

— ¿Qué quieres decir?



Adam no respondió, bajó la mirada avergonzado y Ron comprendió de inmediato. Una súbita rabia le inundó, y si no fuera porque Draco Malfoy ya estaba muerto, en ese momento corría a matarlo. Notó como las mejillas de Adam brillaban y sin poder resistirse más se le acercó para abrazarlo intentando consolarle, pero realmente no sabía qué podía decir.



Durante unos minutos permanecieron en silencio, Ron sintiendo el cuello de su túnica humedecerse con el llanto del chico, hasta ese momento entendió el comportamiento de Harry para con el muchacho, despertaba tan fácilmente esa ansiedad de cuidarlo y protegerlo aún a costa de la propia vida.



Ninguno notó que era observado tras una rendija por la puerta, pero al ver que el asunto empezaba a volverse íntimo, entonces Harry optó por marcharse, decidido a pasar todo el tiempo a solas que dispusiera para soñar con Snape.









Por la mañana, Harry notó que durante el desayuno, Ron miraba disimuladamente hacia donde estaba sentado Adam, y por primera vez no le veía devorar el alimento como si fuera a terminarse para siempre. Por su parte, Adam le sonreía con discreción, y de vez en cuando no podía evitar un tenue sonrojo. Aquello ya no podía disimularse, y Harry estaba feliz por sus amigos.



Aprovechando que Molly quiso conversar con Adam, en uno más de sus arranques maternales esta vez enfocado sobre el recién huérfano, Harry se le acercó a Ron sentándose a su lado.



— ¿A qué se debe esas miraditas, amigo? —le preguntó divertido pues Ron no apartaba la vista del joven hijo de su profesor—. Me parece que algo sucede por aquí.

— No sé a qué te refieres.

— ¿Te gusta Adam? —preguntó directamente—. Es un buen chico y…

— ¡Júrame que no hay nada entre ustedes dos!

— Somos amigos, nada más, igual que tú y yo.

— Nosotros no nos andamos llenando de babas por todos lados. —le recriminó sin poder evitarlo—. Me parece que sí te gusta.

— ¿Dices que no nos llenamos de babas? —preguntó enfatizando su sonrisa—. Según no mal recuerdo, no hace mucho tiempo nos besamos, y el beso que nos dimos fue mucho más intenso que el que me dio Adam
.
— ¡Adam te besó! —exclamó histérico y Harry comprendió su indiscreción.

— Bueno, fue hace mucho, cuando lo conocí, y realmente sólo rozamos nuestros labios… en cambio tú casi me asfixias con tu lengua.

— Da igual… no me importa. —aseguró fingiendo indiferencia—. Por mí puedes besarlo cuantas veces quieras, Potter.

— ¿Potter?... ¿desde cuándo me llamas así? —le cuestionó cada vez más divertido.

— Desde que eres un promiscuo, amigo.

— ¿Es en serio tu molestia conmigo? —preguntó ahora sí ya con preocupación.

— No sé. —dijo más sereno—. Me siento raro… confundido. ¡Es que no puede gustarme alguien como él!... ¡sería como enamorarme de… de Snape! ¡Que asco!



Harry frunció el ceño, sus ojos brillaron de rabia ante el comentario de su amigo, pero no le recriminó nada, después de todo debía recordar que Ron no sabía de sus sentimientos por Snape y no se daba cuenta que lo lastimaba ofendiendo así al hombre que amaba.



— Si vas a intentar algo con Adam, será mejor que lo hagas rápido… por el momento él y yo somos sólo amigos, pero si no te apresuras, puede ser que pierdas tu oportunidad.



Ron le miró esperando descubrir que su amigo bromeaba, y aunque sonreía, podía notar que no lo hacía como siempre, que una tenue malicia se dibujaba en sus labios. Miró entonces a Adam, que continuaba siendo presa de los asfixiantes abrazos de Molly, sin embargo el joven moreno no se quedaba atrás y también la hacía una demostración de su capacidad de irradiar afecto, parecía que hasta el momento era el único que realmente se mostraba entusiasmado con eso, y que además le correspondía con la misma vehemencia, algo que para Molly era a todas luces gratificante. Ron sintió que él quería ser abrazado así por el chico, quería saber lo que se sentía que alguien le demostrara ese tipo de cariño sólo a él y nada más que a él.







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