La Mazmorra del Snarry


 
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 La familia que siempre quise. Capítulo 17.

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Araleh Snape

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MensajeTema: La familia que siempre quise. Capítulo 17.   Sáb Jun 29, 2013 1:31 pm


CAPÍTULO 17



RECORDANDO UN JURAMENTO










Harry deseaba fervientemente volver a Hogwarts, Snape no había regresado a su casa desde Navidad y le extrañaba demasiado. Lo único que lograba distraerlo era ver las reacciones de Ron para con Adam, a veces se le acercaba como decidido a algo y luego retrocedía para enseguida hundirse en un profundo silencio. Otras veces simplemente se le quedaba mirando por horas, aprovechando que el chico realizaba sus labores del colegio. Pero había algo que realmente a Harry ya no estaba gustándole, Ron no se les despegaba en ningún momento cuando los sabía a solas, y generalmente ocupaba un lugar entre ellos disimuladamente.



En un principio aquello le causó gracia, y hasta pudo identificarse con su amigo, él también había tomado esas actitudes ocasionalmente en cuanto a Snape se refería, pero empezaba a echar de menos saberse el único amigo de Adam, y sobre todo, que ahora tenía muchas menos oportunidades de pasar con él momentos de mimos pues siempre llegaba Ron a interrumpir.



Una tarde, cuando ya faltaba solamente un par de días para regresar al colegio, Harry se encontraba recostado en su habitación, mirando el techo y sintiéndose muy solo. Adam había aceptado la invitación de Ron para ir a conocer la Madriguera, y como en ningún momento se vio involucrado en el plan, fingió cansancio para irse a encerrar a su recámara. Estaba realmente enfadándose con Ronald Weasley, éste estaba robándole descaradamente toda la atención de Adam y al parecer al muchacho le agradaba esa situación. “¡Estúpido Weasley!” murmuró con rabia.



— ¿Problemas en el paraíso, Potter? —preguntó una voz burlona desde la puerta.



Harry se giró rápidamente al identificar al recién llegado, su corazón revoloteó con fuerza borrando de inmediato de su mente cualquier otra cosa que no fuera Severus Snape.



— ¿Perdón?

— Nada… olvídelo. ¿Dónde está Adam?

— Ron le invitó a conocer la Madriguera, no creo que tarden en volver.



Para Harry no pasó desapercibido el gesto de desaprobación de su profesor, así que quiso decir algo pero el hombre ya había salido presuroso. De inmediato fue tras de él temiendo que se dirigiera hacia la Madriguera y armara un escándalo, pero Snape entró a la cocina y se sentó tranquilamente en el comedor.



— ¿Sucede algo? —le preguntó preocupado—. Si quiere, podemos llamar a Adam.

— No… esperaré a que vuelva.

— Bien… ¿quiere que le prepare un café?

— Quiero que se siente aquí… necesito hablar con usted.



Harry obedeció, le entusiasmaba que su relación con el profesor ya no resultara tan áspera como antes, aunque para ser sincero, aún le notaba distante, pero se sentía decidido a ponerle un remedio a eso.



— ¿Cómo ha sido la estancia de Adam aquí? —preguntó Severus con calma.

— Tranquila. A veces nos ponemos a leer los libros que le regaló en su cumpleaños… incluso en una ocasión intentamos hacer una poción… ¡la menos peligrosa, se lo aseguro! —se apresuró a responder al notar la preocupación en la mirada del hombre—. A Adam le entusiasma saber sobre las cosas que a usted le apasionan.

— Ya tendrá oportunidad de verme trabajar más de cerca cuando esté viviendo conmigo, espero que entonces su curiosidad aminore y se olvide de esa tontería… me arrepiento de haberle comprado esos libros.

— No debería, es normal que un hijo quiera ser como el padre que admira.

— Potter… ¿porqué no fue usted a la Madriguera? —dijo prefiriendo cambiar de tema.

— Bueno, es que, estaba cansado y…

— ¿Por qué ese Weasley ha invitado a mi hijo?... creo que usted debería haber ido, así podría asegurarse de que no se burlara de él.

— Ron no haría eso, profesor, ellos se han vuelto muy amigos.

— ¿Solamente amigos? —cuestionó inquisitivamente.

— Eso creo. —respondió con seriedad, y un poco de celos, algo que no pasó desapercibido por su profesor—. Por lo menos no me he enterado de algo más.

— No se preocupe, dudo mucho que un Weasley tenga la intención de perder el linaje de su pureza de sangre. O por lo menos eso espero… un Weasley no me agrada para estar cerca de mi hijo.



Harry estaba confundido, abrió y cerró la boca en un par de ocasiones sin decidirse a formular la pregunta que su cerebro necesitaba hacer… ¿qué quiso decir Snape con eso de que no se preocupara?... ¿aún pensaba que deseaba seducir a Adam, o quizá que estaba celoso por Ron?... ¡que complicado era entenderlo! Ya no tuvo tiempo de nada más, la chimenea se iluminó de llamas verdes y apareció primero Ron y posteriormente Adam, los dos reían, pero dejaron de hacerlo de inmediato al descubrir al profesor de pociones observándolos estrechando sus párpados.



— Adam, vine por ti, nos vamos ahora a Hogwarts.

— Pero, padre… ¿no puedo quedarme y volver con Ron y Harry en el expreso?

— El tren es solamente para los estudiantes y tú no eres uno de ellos. No quiero que vuelvas a cuestionar mis órdenes, nos iremos de inmediato. —dijo apartando su feroz mirada hacia el par de jóvenes para enseguida suavizarla ligeramente y volverse hacia Harry—. Muchas gracias por haber alojado a Adam en su casa, Potter, pero ya no será necesario más tiempo, puede disfrutar los días que faltan para el colegio en compañía de su amigo, nos veremos pronto.



Snape lanzó un puñado de polvos flu a la chimenea e hizo que su hijo la atravesara, y antes de hacerlo él, no pudo evitar enviar una mirada de advertencia al pelirrojo que hizo que el chico tragara duro.



— ¿Qué pasó aquí? —preguntó Ron cuando estuvo a solas con su amigo.

— Me parece que no le agradas para su hijo.

— Me di cuenta, y en realidad Adam y yo hablamos al respecto.

— ¿Hablaron, cómo que hablaron? —preguntó interesado.

— Esta tarde le pedí que saliéramos juntos y me dijo que sí. —respondió enrojeciendo.

— Así que ya son novios.

— Sí… ¿te molesta? —preguntó temeroso.

— No, creo que no… podría decirse que me agrada la idea.

— ¿Seguro que no te gusta Adam?... no te veo muy alegre por nosotros.

— No es por eso, Ron, es que…

— Hace tiempo estás muy extraño, Harry, ¿qué te pasa?



Harry sonrió encogiéndose de hombros, intentando restarle importancia a lo que sucedía con él. Fue sincero al decir que le agradaba la idea de ver a sus amigos juntos, pero no podía evitar un dejo de envidia, él quería estar con Severus, pero parecía que él no tenía la menor intención de que eso sucediera, e incluso continuaba pensando que Harry estaba interesado en alguno de sus dos amigos.









Al regresar a Hogwarts, Harry no pudo evitar divertirse al ver a Ron ansioso por acudir a la clase de pociones, no entendía que Adam no estaría ahí, seguramente él también había tenido que volver a las clases de su escuela. Y eso le recordó algo, la presencia de Tonks, así que ganándole a la ansiedad de su amigo, corrió hacia las mazmorras sin siquiera haber terminado su desayuno. Pero no llegó hasta el despacho del profesor, pues alcanzó a verlo dirigiéndose a sus habitaciones y entonces se apresuró a alcanzarlo interponiéndose frente a él.



— ¿Se le ofrece algo, Potter? —preguntó Severus sin ocultar su prisa.

— Sí, tengo algo que mostrarle, acompáñeme, por favor.

— No puedo, Tonks no tarda en llegar y quiero saludarla antes de que se lleve a los niños.

— ¿Y para qué quiere saludarla?

— ¿Conoce algo llamado educación, señor Potter?

— No mucho. —aceptó mordiéndose el labio inferior con descaro—. Le aseguro que no hará falta el saludo, ella sabe a lo que ha venido supongo, y Adam y Sally saben a dónde dirigirse. En cambio, a mí me interesa hablar muy seriamente con usted.

— ¿Hablar seriamente? —repitió estrechando los ojos—. Ah, entiendo… bien, supongo que será una plática de hombre a hombre ¿no?



Harry se armó de valor y sujetó de la mano a su profesor para llevarlo hacia la restaurada torre de astronomía, en ningún momento pensó que Severus estaba divirtiéndose con esa situación, convencido de que el motivo de la charla se debía a un formal permiso para salir con su hijo, y aunque antes lo hubiese enviado directo a la luna, ahora sentía que debía hacer el esfuerzo para que aquella relación se diera, por lo menos le desagradaba menos que la idea de que ese Weasley anduviera rondando a su primogénito.



— ¿Y bien, de qué quería hablarme? —preguntó fingiendo inocencia.

— Pues, de que… —empieza nervioso—… sé que entre nosotros no ha sido fácil llevarnos bien, pero considero que es un hombre inteligente, audaz, valiente…

— No tiene qué lisonjearme, Potter. —respondió Severus—. Sólo dígalo y ahórrese tantos rodeos, tal vez se lleve una sorpresa.

— Me encantaría. —aseguró con sus ojitos brillando intensamente—. Profesor, en realidad yo quería decirle que…



Harry había ido acortando la distancia entre los dos, y aunque el profesor continuaba impasible, recargado contra el alfeizar de una ventana, terminó por intrigarle que Harry no dijera nada más hasta detenerse frente a él, colocando tímidamente sus manos sobre el pecho del hombre. De pronto, una voz a sus espaldas, hizo que Harry retrocediera de inmediato, sintiendo que el piso se hundía bajo sus pies.



— Me alegra encontrarlos. —comentó Albus Dumbledore sonriente—. Te he estado buscando por todas partes, Harry, debemos hablar sobre los horarios de tus materias extra, no creas que eso se terminó para ti.

— Bien, yo los dejo. —dijo Severus ante la frustración de Harry—. Otro día hablaremos, Potter, y no se preocupe, puede continuar con sus planes con Adam, no me opondré.



La desilusión se reflejó en los ojos tristes de Harry, quien no tuvo más remedio que recargaste sobre el mismo alfeizar en que estuvo Severus cuando se encontró a solas con el director.



— Creí que…

— Que Severus sabía lo que sentías por él y te correspondería. —terminó adivinando los pensamientos de su alumno—. Harry, cada día me preocupas más, no hace ni un mes de la muerte de Darina, dudo mucho que Severus tenga humor para pensar en reanudar su vida… pero si dejamos de lado el tiempo, hay otros inconvenientes más… ¿te has molestado acaso en averiguar si Severus tiene tus mismas inclinaciones?

— No. —aceptó con un nudo en la garganta—. Creí que…

— Que si no estaba ya Darina, tenías el camino libre.

— ¿Quiere dejar de terminar las frases por mí?

— Mi única intención es que tengas claro que te entiendo, y que te apoyaré incondicionalmente si algún día Severus piensa en ti de otra forma, pero por el momento me parece que corres más riesgo de que se ofenda contigo e incluso que regrese a tratarte mal si le manifiestas tus sentimientos. Él no tiene idea, Harry, tú mismo lo has comprobado… puede que sólo piense en ti como posible pareja para su hijo, y eso es más de lo que jamás hubiésemos imaginado que Severus haría.

— Yo entiendo lo que quiere decirme, profesor Dumbledore, pero… no creo poder callar por mucho tiempo, este sentimiento crece tan rápido que me asusta y sé que llegará el día en que no podré contenerlo más tiempo dentro de mí. —confesó angustiado—. Necesito decirle al profesor Snape lo que siento por él, y me da miedo que suceda como usted piensa… sería insoportable volver a sentir su odio.



Dumbledore permaneció en silencio mirando el ceño preocupado de Harry, supo que el chico hablaba con sinceridad y que su osadía de perseguir al profesor era algo que ni él mismo podía controlar, solamente estaba siguiendo los pasos que dictaba su desesperado corazón.









Con el paso de los días, Harry se sorprendía a sí mismo al a visitar a Snape cada noche. El profesor lo recibía siempre amablemente, pero en cuanto Adam aparecía, fingía haber recordado algo y se marchaba. Aquella actitud irritaba a Harry, quería decirle que se estaba equivocando, que Adam no le interesaba de esa forma, pero el hombre no le daba oportunidad. Además, en cuanto su padre se marchaba, Adam le suplicaba por ayuda, y con sus acostumbrados abrazos y besos, Harry no podía jamás negarse, aunque terminaba odiándose por sacar a Adam de las habitaciones de su padre y llevarlo a donde Ron lo esperaba ansioso. Para Harry era frustrante hacerla de celestina cuando en realidad quería estar más tiempo con Severus, así que esa noche de finales de enero, decidió dejarlos solos un rato mientras iba a dar un paseo por el lago, necesitaba calmarse, de otro modo terminaría regresando al despacho de Snape y lanzarse a sus brazos para besarlo tal y como Ron y Adam lo habían hecho al verse.



Por unos minutos se esforzó en relajarse, y cuando por fin lo hubo conseguido, se recostó sobre la hierba, sin importarle que ésta estuviera helada, prometiéndose que al día siguiente no sería tan débil con Adam y le obligaría a quedarse en las habitaciones de Severus Snape y por lo tanto sería mayor su posibilidad de conversar con él, era algo por lo que se moría por hacer. De pronto, algo en el cielo lo hizo incorporarse de un salto, y corriendo sin detenerse fue hacia donde la sombra casi mimetizada por la noche estaba por aterrizar. Llegó hasta un área junto al campo de quidditch, justo en el momento en que Ron aterrizaba y ayudaba a un fascinado Adam a descender de la escoba.



— ¡¿Qué haces, imbécil?!... ¡¿Qué demonios haces?! —gritó Harry lanzándose enfurecido contra Ron, derribándolo al suelo al tomarlo desprevenido—. ¡¿Cómo se te ocurre subirlo a una escoba?!... ¡Adam no sabe hacerlo, idiota! ¡Pudiste matarlo!

— Harry, tranquilo. —le pide Adam intentando separarlo de un todavía aturdido Ron—. No me ha pasado nada, Ron me cuidó bien y fue muy divertido.

— Amigo, no exageres… no eres su padre. —le recriminó Ron con suavidad al notar que Harry realmente se había asustado—. Yo lo único que quería era que disfrutara de un vuelo, no sería tan irresponsable para no cuidarlo.



Harry se suavizó un poco, alegrándose de que estuvieran bajo las penumbras de la noche y no percibieran el rubor de sus mejillas ante el comentario de Ron, le fue extremadamente impactante comprender que realmente sentía a Adam como un hijo aunque fuera sólo tres meses menor que él, y sabía muy bien el motivo de aquel sentimiento. Quedó sentado en la hierba, sin saber qué decir, avergonzado un poco por su actitud exagerada, pero es que no podía negar que su corazón había sufrido intensamente al pensar a Adam en peligro, y como nunca entendió a su profesor, en ese momento sufrió con él la angustia que debió haber tenido al momento de creerlo muerto en manos de Voldemort.



— ¿Estás bien? —preguntó Adam sentándose junto a Harry—. Perdón si hice algo malo, no he querido preocuparte, Harry… pero no te enojes conmigo ¿sí?



Adam se abrazó de su amigo besándole tiernamente en la mejilla, sin dejar de sonreírle con la única finalidad de que Harry volviera a hablarle. Ron fruncía el ceño, celoso de que su novio introdujera sus dedos en el cabello del moreno consiguiendo finalmente que Harry sonriera más tranquilo.



— Así me gusta, que sonrías. —le comentó Adam dulcemente al oído—. Tienes una linda sonrisa, Harry, no dejes de hacerlo nunca.

— Me asusté por ti… no quiero que te pase nada malo, Adam.

— Ya te lo dije, Ron me cuidó.

— Ron es un imprudente. —comentó bromeando—. Y no es tan bueno como yo volando, así que para la próxima mejor lo haces conmigo.

— ¡Ni en tus más retorcidos sueños, amigo! —protestó Ron terminando con su paciencia—. Y mejor será que te apartes un poquito ¿no te parece? —continuó empujando amablemente a Harry para separarlo de su novio—. Ya fueron demasiados arrumacos para una sola noche.

— Adam es mi amigo, yo lo conocí primero y quiero que siga con sus arrumacos. —respondió Harry jugando mientras abrazaba de nuevo al chico de ojos negros, divertido de los celos de Ron—. ¿Verdad que no vas a hacerle caso a este tonto, Adam?

— ¡Ustedes dos son todo un caso! —exclamó Adam en una sincera carcajada—. Nunca imaginé que dos chicos discutieran por mí, pero no creo poder elegir entre mi novio y mi amigo, así que…

— ¿Novio? —cuestionó una voz a sus espaldas que los hizo voltear a los tres de inmediato—. ¿Así que ya son novios formalmente, Potter?



Harry negó fervorosamente con la cabeza, mirando asustado al profesor de pociones, impactado de ver un esbozo de sonrisa en su rostro, sufriendo de saber que podía gustarle la idea de que fuera novio de su hijo. Pero cuando sus labios se abrieron para aclararlo, Adam se abrazó a su amigo.



— No tiene caso ya seguir ocultándolo, Harry. —dijo Adam ante el espanto de Harry—. Mi padre nos ha sorprendido in fraganti y parece que no le ha disgustado del todo ¿verdad?

— Puede ser que no, pero pensé que les había dado toda la libertad para hablarlo conmigo. Así que los espero en mi despacho mañana después de clase, por ahora ya es tarde, Adam, tienes que volver a nuestras habitaciones.



Severus giró sobre sí mismo para regresar al castillo dándoles un poco más de tiempo para despedirse.



—¿Porqué le dijiste eso, Adam? —preguntó Harry, aún en shock—. No es verdad… tu novio es Ron, no yo.

— Ya lo sé, Harry, pero por favor no le digas nada a mi padre. —le pidió Adam con angustia—. Él no quiere a Ron, lo ha manifestado siempre que puede, y no quiero que me separe de él… por favor.

— Harry… —continuó Ron—… tú has conseguido ganarte la confianza de Snape, no digas nada, por favor, si lo haces entonces Adam ya no podrá salir y será realmente imposible que nos veamos más… por favor.

— No. —negó Harry poniéndose de pie—. Lo siento mucho, en verdad, pero en esta ocasión no puedo ayudarlos… no tiene caso. No pienso mentirle al profesor Snape en algo así, no quiero hacerlo. Como dijiste Ron, he conseguido ganarme su confianza, y por nada ni nadie retrocederé ni un paso… ahora te toca a ti hacer lo que te corresponde, y si quieres ganarte el respeto de Snape, será mejor que empieces por hablarle con la verdad.



Harry se marchó dejando a sus amigos mirándose en silencio. Lo sentía sinceramente por ellos, pero jamás arriesgaría lo poco o mucho obtenido de su profesor, recordó que una vez se juró hacer todo lo posible por conquistarlo y durante un tiempo se olvidó de eso, ahora quizá había llegado el momento de ser realmente decidido, cumplir su juramento y hacer lo que solamente en sus sueños pudo atreverse.



— No te preocupes. —dijo Ron finalmente—. Si quieres puedo intentar convencer a Harry, no creo que pueda negarse por mucho tiempo.

— Es que… no sé, tal vez él tenga razón, Ron. No debemos ocultarnos de mi padre, aunque… temo que se vaya a oponer.

— Pues aunque lo haga, no me importará. —aseguró ocultando su inseguridad—. Nunca me ha importado lo que diga tu padre, así que en esta ocasión mucho menos.

— Te quiero, Ron. —le dijo sonriéndole.

— Yo más.


Ron besó a su novio, cada día se sentía mas enamorado y no tenía ninguna duda de que había encontrado a quien era perfecto para él. Pero cuando la caricia se volvió más intensa, Adam dejó de corresponderle y con suavidad se retiró. Ron no protestó, simplemente se quedó abrazándolo, sabía que no tenía caso insistir, cada vez que uno de sus besos se mostraba más apasionado Adam retrocedía y aunque no lo decía, su silencio y el consiguiente abrazo que demostraba su miedo era suficiente para que Ron entendiera lo que pasaba.











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