La Mazmorra del Snarry


 
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 Enfermo de amor. Capítulo 27 *El Encanto Desplegado*

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Araleh Snape

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MensajeTema: Enfermo de amor. Capítulo 27 *El Encanto Desplegado*   Vie Abr 10, 2009 4:32 pm

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El Encanto Desplegado






Harry no dijo a nadie nada de lo sucedido en la visita de Severus, no quería estropear la fiesta aunque en su corazón se refugiaba la tristeza más grande de su vida. Le fue increíblemente difícil sonreír pero lo consiguió y compartió con todos la alegría de su cumpleaños. El único momento en que fue realmente feliz fue cuando hundió su dedo en el betún de su pastel para darle una probadita a su bebé consiguiendo que Molly lo reprendiera escandalizada por no saber que un niño tan pequeño no necesitaba de esos postres.


Harry se encogió de hombros, era feliz sintiendo la lengüita de Axel retirándole el betún aunque después terminara haciendo pucheros de repugnancia… él prefería su leche y no esa cosa tan pastosa y dulce.


Más noche, la mayoría se habían ido a dormir, pero Harry continuaba en la sala, miraba en silencio como Ron jugaba con Axel quien se resistía a dormirse aún y exigía que se le paseara por la habitación imitando un pequeño avioncito, en cuanto Ron se detenía de inmediato gritaba iracundo consiguiendo que el pelirrojo continuara el juego.


- No tienes porqué consentirlo tanto. –le dijo Harry-. Mañana debes ir al Ministerio con tu padre y será mejor que te vayas a descansar.

- ¿Y perderme de pasar tiempo con mi ahijado? ¡Claro que no!... Si ahora que los tengo en casa casi ni me dejan estar con él, cuando te vayas con Snape mucho menos.

- Eso no va a pasar. –le dijo bajando la mirada.

- ¿Porqué? –preguntó sin abandonar el juego.

- Si repudia a Ángelo, perderá sus derechos con Beth… Severus nunca haría eso.

- ¿Y si logran que Ángelo repudie a Snape?

- ¿Ángelo a Severus? –repitió intrigado, eso no se le había ocurrido.

- Supongo que se aplicarán las mismas medidas ¿no?... sería Abbattelli quien perdiera los derechos sobre la niña.

- No creo que sea así. –respondió desanimado-. Las leyes Veelas son muy individualistas, todo es pensando en su bienestar, y Severus no es Veela… ese trato ha resultado casi en una esclavitud mal disfrazada.

- Puede ser, pero intenten averiguarlo.

- De todos modos lo veo imposible… Ángelo está aferrado al amor de Severus, nunca le repudiaría, primero preferiría morirse que perderlo… y en eso puedo entenderlo.


Las últimas palabras de Harry estaban tan cargadas de dolor que Ron ya no se atrevió a decir nada para evitar ponerlo más triste. Así que, cambiando de tema, acercó al niño a su amigo para que con su compañía pudiera hacerlo volver a sonreír.


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Los días pasaron, Harry se esforzaba por no estar siempre tan triste, y todos a su alrededor también ponían su granito de arena en distraerlo, habían pasado cuatro días y Severus no había vuelto, mandaba cartas y regalos todos los días pero no era suficiente, nunca había pasado tanto tiempo sin verlo, Harry le extrañaba mucho e incluso Axel parecía reclamar la presencia de su otro padre. A veces se quedaban los dos en silencio, sentados en una banca del jardín esperando por un milagro.


Una mañana, Harry se levantó muy temprano, y cuando bajó a preparar el biberón de Axel entró la lechuza que llevaba El Profeta, le pagó y se dispuso a hojear el periódico mientras esperaba que la leche se calentara, eso era algo que le gustaba hacer a la manera muggle. De pronto, sus ojos se toparon con una fotografía que le obligó a sentarse sin dejar de mirarla. En ella aparecían Ángelo y Severus sentados junto con algunos otros personajes a los que Harry no prestó atención. Habían acudido a una reunión del Ministerio donde intentaban continuar con las alianzas entre las diferentes razas de magos. Harry miró la mano de Ángelo apretar con orgullo el brazo de Severus, pero él no se veía bien, su rostro estaba más afilado y unas marcadas ojeras rodeaban sus ojos negros, los cuales mantenía fijos en la puerta, como si la deseara atravesar corriendo… no se veía feliz ni aunque sostuviera a Beth en sus brazos.


- ¡No! –gritó Harry arrojando furioso el periódico contra la pared-. ¡No te permitiré que me lo quites, Ángelo Abbatelli!... ¡Yo también lo amo, también lo necesito, también tengo un hijo que debe tenerlo a su lado!... ¡No me dejaré derrotar por ti!



Harry se limpió bruscamente las lágrimas que ya bañaban sus mejillas, algo tenía que hacer, miró hacia arriba donde Axel lo esperaba, por él no se daría por vencido, no tenía pensado privar a su hijo de los derechos que le correspondían, no quería tener que mentirle algún día cuando le preguntara por su padre, no quería confesarle que había dejado el camino libre a quien sólo hacía sufrir al hombre que amaba, a quien no podía hacerlo feliz jamás… simplemente no se quedaría de brazos cruzados, era hora de dejar de ser la víctima, era hora de pensar en su derecho a ser feliz.


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Esa misma noche la expresión de Harry era totalmente distinta, se le veía más erguido y maduro, y ya sabía lo que tenía que hacer. Pidió a Molly que le acompañara a Hogwarts, primero debía hablar con Dumbledore a solas y la mujer era la única a quien confiaría el cuidado de su hijo que estaba disponible. Molly esperó en el despacho del Director jugando en un extremo con el bebé y su sonaja mientras Harry y Albus lo hacían junto a la ventana, donde la buena mujer no alcanzara a escucharlos, pero sin perder de vista al pequeño Axel.


- Harry, lo que pretendes es riesgoso… no creo que esté bien que te ayude.

- Yo espero que lo haga, Profesor, es el único camino que me queda.

- ¿Has hablado de esto con Severus?... también su opinión cuenta.

- Lo haré enseguida… ¿Puede ayudar a Molly a cuidar de Axel?

- Claro, me encantará poder hacerlo.


Harry sonrió agradecido y luego de despedirse de su bebé, salió del despacho. Su corazón retumbaba mientras se dirigía hacia las mazmorras, si debía enfrentarse de una vez a Ángelo lo haría, pero necesitaba hablar de inmediato con Severus. Sin embargo, sonrió emocionado cuando al dar vuelta al último corredor se encontró con su ex profesor caminando en dirección contraria. Ambos se detuvieron a unos pasos, mirándose en silencio, como temiendo descubrir de repente que todo era una alucinación.


- ¿Qué haces aquí? –preguntó Severus sin moverse.

- ¿No vas a saludarme primero? –inquirió sonriéndole-. Me esperaba una mejor bienvenida, amor.


La voz dulce de Harry fue lo único que necesito Severus para correr hacia él y besarlo con toda la ansiedad de casi una semana sin verse. Harry le correspondió de la misma manera, sorprendido de ver cuanto había echado de menos esos besos con los que había aprendido a amar.


- ¡Te amo! –exclamó Severus en un suspiro cuando por fin se separaron, hundiendo su rostro en el cuello del chico, feliz de sentirlo de nuevo en sus brazos-. ¿Y Axel?... ¿Cómo está?

- ¡Hermoso y extrañándote mucho! Acabo de dejarlo con Dumbledore, él y Molly lo están cuidando.

- ¡Cómo quisiera que ya no nos separáramos nunca!

- Puede ser que tu deseo se haga realidad.

- ¿De qué hablas?

- Acabo de entrevistarme con Dumbledore… le he pedido que me dé el puesto de Profesor de Duelo, Remus ya no lo hará y quiero ocupar su lugar… ¡Me mudaré a Hogwarts, Severus!


Harry no disimulaba su emoción, pero Severus no sabía qué pensar, le besó nuevamente antes de llevarlo hacia su despacho a unos cuantos metros de donde estaban.


- Harry… ¿te has dado cuenta que siendo profesor de duelo tendrías que trabajar lado a lado con Abbatelli?

- Lo sé, y créeme que me muero por hacerlo. –respondió sonriendo con malicia.

- ¿Qué pretendes ahora?

- Nada malo. Lo único que quiero es que ni tu hijo ni yo estemos lejos de ti. –respondió abrazándose a Severus-. Te extrañamos y no queremos vivir separados, así que, si soy profesor de Hogwarts entonces podemos vernos todos los días y no tener que renunciar a… ya sabes, pasar momentos juntos, los dos solos. –concluyó retozando seductoramente contra el cuerpo del Profesor.

- ¿Porqué tengo la sensación de que ésta es otra de tus travesuras, amor?

- Tal vez porque lo es.


Severus gimió al sentir que el lóbulo de su oreja izquierda era acariciado por una lengua cálida y húmeda. Un estremecimiento le recorrió la espalda, había pasado tanto tiempo desde la última vez… y lo deseaba tanto que ya no le era posible detenerse. Besó a Harry desenfrenado, succionando sus labios, bebiendo su aliento casi con violencia. El chico no protestaba, para él también el tiempo había dejado su factura y le exigía compensarse por los meses de abstinencia. Recordaba la última vez, estaba en su séptimo mes de embarazo, fue algo casi frustrante, por lo menos sexualmente porque el amor era algo que no faltaba jamás, pero su capacidad física le limitaba y no se pudo conseguir nada como se habían acostumbrado.


Presurosos se deshicieron de la ropa, ayudándose mutuamente, hasta que finalmente se encontraron desnudos, de pie en el despacho de Severus, éste atrayéndolo con fuerza por la cintura, Harry restregando ansioso ambas erecciones, sus gargantas fusionadas en una sola… una misma respiración mezclada.


Harry se sintió de pronto separado del piso, sonrió con el corazón alebrestado, rodeó a Severus con sus piernas, sin dejar de frotarse contra él. Creyó que sería subido al escritorio, pero Severus no pensaba ir tan lejos, tenían la pared a dos pasos y le acorraló con su cuerpo. El chico gimió extasiado mientras sentía las manos del profesor irse deslizando hacia sus caderas, así que se aferró con más fuerza sujetándose también por el cuello para no caer.


Sin embargo, el profesor lo mantenía demasiado pegado a la pared para que eso sucediera, fue llevando sus dedos hacia la entrada de Harry y éste no acalló un grito que lo hizo curvear la espalda al sentir la intromisión. Los movimientos circulares que impuso a su cadera le dieron a entender a Severus que sólo había placer y animado por eso, distendió suavemente las fibras musculares para prepararlo a la perfección.


Harry besaba goloso la piel del cuello de Severus mientras sentía los dedos de su amante adentrarse en él mientras su pene le acariciaba muy cerca, muy, muy cerca. Lo necesitaba ya, no podía esperar más y un mordisco de ansiedad le hizo ver al mago mayor su situación.


Severus era dichoso sintiendo el miembro hinchado de Harry clavarse en su estómago, así que, sin perder más tiempo, sujetó a Harry por los muslos para ayudarlo a levantarlos casi a la altura de sus hombros, alargó su mano hacia un estante cercano de donde tomó un frasco con una sustancia gelatinosa que servía para solidificar algunas pociones, ahora tendría otro uso, hundió sus dedos en ella y lubricó bien entre los glúteos de Harry, quien al sentir la humedad, gimió aferrándose más al otro hombre, Severus sonrió al sentir la impaciencia y de un solo movimiento se estacó dentro del chico.


Harry contuvo la respiración mientras gruesas gotas de sudor le recorrían el rostro. Sus brazos abandonaron a Severus buscando infructuosamente un apoyo en la pared, no había nada, aunque ni lo necesitaba, la fuerza de Severus le mantenía en su lugar sin caer al suelo. Podía sentir el pene de su amante clavado hasta lo más hondo, Severus le levantó un poco antes de soltarlo. Harry gritó placenteramente al sentir los movimientos bien calculados de Severus que lo hacía empalarse alrededor de su falo con la fuerza de la gravedad y de los brazos de su amante.


Harry abrió los ojos mirándole maravillado por lo que experimentaba, Severus le sonreía, él también estaba disfrutando mucho con aquella acrobática posición.


- ¡Otra vez! –susurró Harry extasiado como niño pequeño que era lanzado al aire.


Severus asintió. Levantó a Harry y al tiempo que lo dejaba caer, él embestía hacia arriba. Esta vez el ojiverde le abrazó tan fuerte que casi lo estrangula, pero volvió a suplicarle al oído que ya no parara. Severus le complació, usó toda la fuerza para empujar una y otra vez a Harry contra la pared. Le gustaba ver su expresión de gloria cada que sentía que le penetraba tan profundamente que hasta sus testículos se sentían apretados en la calidez.



Harry decidió jugar también, abría las piernas divertido de no caer, era mucho mejor que volar en escoba, mucho más placentero, y cuando se sentía seguro por las manos de Severus en su cadera, él también se sujetaba para luego dejarse caer y reír… era increíble que pudiera reír justo cuando el orgasmo más intenso de su vida se encontraba a unos pocos segundos, pero era demasiado feliz.



Severus volvió a levantarle las piernas antes de dirigir su mano hacia la erección de Harry y masturbarlo velozmente. El chico le mordió el hombro, ya no podía concentrarse en nada más que en las sensaciones que Severus le regalaba y uniéndose en un grito de éxtasis ambos explotaron al mismo tiempo.








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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 27 *El Encanto Desplegado*   Vie Abr 10, 2009 4:35 pm

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Aún convulsionándose de placer, se dejaron caer en el piso del despacho. Harry con una enorme sonrisa en el rostro, mirando orgulloso al hombre de quien se había enamorado. Y pasados los primeros segundos en que logró reponerse, se dedicó a besar el rostro de Severus, cariñoso, agradecido por aquella demostración… feliz de tenerlo de nuevo a su lado, ya no quería dejarlo ir.



- ¿Una más? –propuso emocionado cuando vio que la respiración de Severus recuperaba el ritmo habitual.

- Harry, amor, no soy tan joven como tú… y créeme que esto no lo tendrás todos los días. –advirtió divertido por su entusiasmo.

- ¡Sí, una más, yo sé que puedes!

- Agradezco tu confianza, pero…

- ¡Por favor, que me ha gustado mucho!... Anda, vuelve a estrellarme contra la pared, vuelve a tomarme como si no hubiera un mañana… ¿Sí, Sev?... ¡Vuelve a adentrarte en mí, con esa misma fuerza bruta, como si quisieras partirme en dos! ¡Ha sido maravilloso, sensacional… espectacular!


Severus estalló en carcajada por la evidente exageración de Harry, pero su felicidad era tanta que se concretó a abrazarlo fuertemente. De pronto, la puerta se abrió violentamente y ambos tuvieron que separarse de inmediato. Severus cubrió a Harry con su cuerpo desnudo al ver que en el umbral se encontraba Ángelo mirándolos de una manera extraña, una mezcla de dolor, odio, celos e intensa furia. Sacó su varita apuntando a Harry por encima del hombro de Severus quien para entonces buscaba a tientas su propia varita.


- ¡Eres un trozo de mierda, Harry Potter! –bramó rabioso y sus ojos aceitunados parecían haberse tornado de un rojo que a Harry le recordó a Voldemort, no pudo evitarlo, su estómago se sobrecogió dolorosamente-. ¡Vas a pagar muy caro haberte atrevido a tocarlo!

- ¡Deja eso, Abbatelli! –ordenó Severus apuntándole también con su varita luego de encontrarla mezclada entre sus ropas-. ¡No voy a permitirte que lo lastimes!

- ¡¿Porqué me haces esto, Severus?! –le reclamó empezando a llorar-. ¡Yo te amo, y éste maldito malnacido quiere apartarte de mí!... ¡Lo odio!


Severus supo que Ángelo estaba dispuesto a atacar y antes de permitir que atentara contra Harry, lanzó un hechizo que envió al Veela al otro extremo del pasillo por la puerta abierta. Ángelo se quedó tendido en el suelo por un par de segundos, impactado de ver que fue Severus quien le atacó.


- ¡Severus, él es a quien deberías herir, no a mí, tenemos una hija, tú deberías amarnos si en verdad quisieras tenernos contigo… pero si lo prefieres a él, entonces jamás nos verás de nuevo!


Abbatelli salió corriendo. Rápidamente Severus se vistió mientras Harry hacía lo mismo con un poco de menos prisa, temía haber puesto a Severus en peligro de perder a la niña, no se atrevía ni a hablar… por eso, cuando Severus estuvo listo y se le acercó, impulsivamente retrocedió un paso con miedo.


- No te preocupes. –le dijo Severus mientras le besaba-. No podrá hacer nada… sabré convencerlo. Ve con Axel… te veré luego. Te amo.


Harry asintió ante la atropellada lista de peticiones de Severus y le vio partir sintiéndose culpable, pero de todos modos respiró hondo, no podía dar marcha atrás… alguien dependía de él para darle lo que él jamás tuvo y pensaba cumplirle.


Severus alcanzó a Ángelo antes de que cruzara la puerta de su habitación. El Veela lloraba enfurecido y de un jalón se deshizo de la mano que sujetaba su brazo. Sin embargo no continuó su camino, se viró hacia Severus propinándole una fuerte bofetada que el hombre recibió sin protestar.


- Sé que no era la forma de hacerlo. –dijo Snape con tristeza-. Pero reconoce que jamás te engañé… tú siempre supiste que no te amaba como te gustaría, y cuando me enteré que me habías engañado, que ocultaste lo del indulto e intentaste ponerme contra Harry sabiendo que era a él a quien yo quería… dejó de importarme ser derecho contigo.

- ¡Me estás pagando muy mal, Severus! –le interrumpió histérico-. ¡Yo te salvé del Señor Oscuro, si no hubiera sido por mí de todos modos habrías perdido a Potter, él jamás te lo hubiera perdonado! ¡No puedes venir y decirme que no me engañaste porque me hiciste creer que querías intentarlo!

- De acuerdo, cúlpame de todo lo que quieras, te acepto toda cuanta recriminación quieras hacerme… pero permíteme irme de tu lado… ¡Quiero estar con Harry!


Ángelo le dio la espalda llorando desesperado, se recargó en la pared esperando no haber escuchado jamás esas palabras… eran demasiado dolorosas, no las aceptaba.


- Abbatelli… -le llamó Severus acercándose-… no quiero lastimarte más, no podemos ser felices juntos, debes reconocerlo.

- ¡Yo he sido feliz hasta ahora! –aseguró dando la vuelta para abrazarse de Severus quien, estupefacto, no supo cómo reaccionar-. ¡Te amo, era feliz viéndote cada mañana, era feliz teniendo algún beso tuyo, era feliz abrazándote, era muy feliz cuando me mirabas y me dabas las buenas noches antes de dormir!... ¡Fui muy feliz, y quiero seguirlo siendo, no pienso perderte, eres mío por derecho y no renunciaré!

- Yo no… yo no fui feliz. –le dijo, intensificando el dolor de Ángelo-. No quiero ser más cruel… debes dejarme ir de tu lado, por favor.

- ¡Nunca, Severus, Nunca! –aseguró Ángelo separándose un poco para sujetarlo con fuerza con ambas manos por el rostro-. ¡Primero te mato que permitir que Harry te toque, maldigo mil veces haberlo indultado, merecía morir aquella noche!

- Pues lo siento mucho por ti, pero no me quedaré más a tu lado, no puedo repudiarte porque sé que perdería a mi hija… sin embargo, no puedes hacer nada para que me quede a vivir contigo cuando lo que más anhelo es estar junto a Harry.

- ¡No puedes hacerme eso, no voy a permitirlo, aún no me conoces bien, Severus!

- Si me amaras…

- ¡Te amo! –gritó desesperado-. ¡Hice mucho por ti y respeté tu libertad hasta ahora, pero ya no pienso seguir haciéndolo ni un segundo más, Severus, desde este momento vuelvo a recordarte que eres mío por Reclamo y no dudaré en actuar como un Veela para conseguir lo que quiero! ¡Ya me cansé de esperar, me cansé de respetarte si no me respetas a mí!


Severus le miró profundamente inquieto, no sabía exactamente a qué se refería cuando hablaba de respeto, pero la mirada de Abbatelli era desquiciada, completamente enferma. No tuvo tiempo de pensar en nada más, todo se fue nublando a su alrededor, de pronto aparecieron frente a él unos ojos verdes que le parecieron los más hermosos que hubiera visto jamás, eran como dos brillantes aceitunas que emanaban el más puro de los amores… se sintió muy feliz, amaba a esos ojos, por lo tanto, también amaba a su dueño. Suavemente se acercó para besar los labios rosados que se entreabrían en una franca invitación a besarlos.


Sintió la lengua más suave que jamás soñó, acariciándole cada resquicio de su boca. Severus se sentía inundado por una embriagadora felicidad, por un deseo sobrehumano para ser el dueño de los brazos que le rodeaban suavemente por el cuello, de aquellos labios que le llevaban al paraíso. Fue empujándolo suavemente contra la pared, un gemido de la garganta amada le enloqueció, pudo sentir su miembro erecto clavarse en su vientre y el suyo ya estaba también muy excitado.


- Te amo. –le dijo una voz hermosa, dulce… celestial. Su corazón latió violentamente ante aquella confesión de amor de un ángel-. ¡Te amo, Severus!... ¡Dime que me amas!... ¡Dímelo y hazme el amor aquí, salvaje y apasionadamente como jamás lo has hecho!... ¡Quiero ser yo quien te ruegue por más!... ¡Dímelo, Severus, dime que me amas!


Severus abrió los labios para decirlo pero no salía la voz, se separó, miró de nuevo a los ojos de su amante… algo andaba mal, no era el verde que le gustaba. Llevándose las manos a la cabeza quiso resistirse, podía sentir el influjo en su mente, pero era demasiado fuerte… su corazón estaba a punto de reventar de tan rápido que latía.


- ¡Bésame otra vez!


Incapaz de desobedecer, Severus volvió a unir los labios a aquellos que se lo ordenaban, su mente volvió a nublarse, cerró los ojos y las dudas iban desapareciendo, no debía dudar, amaba a quien en esos momentos gemía de placer y le llenaba de amor. Era un amor intenso, apasionado, hermoso… no podía perderlo, moriría si lo perdía, si no volvía a ver los ojos de esmeralda.


- ¡No! –gritó Severus separándose luego de hacer acopio de toda su fuerza de voluntad-. ¡No lo haré!... ¡Libérame ahora mismo!

- ¡Te amo, Severus! –repitió la misma voz hechizante-. No te vayas de mi lado… no me dejes solo, mi amor.

- ¡Déjame ir… yo no te amo!


Severus cayó de rodillas cubriéndose la cabeza, tratando de no escuchar más esa voz que le costaba tanto poder desobedecer, pero la resistencia se rompía, pronto ya no podría más… quería gritar, salir corriendo en busca de ayuda, pero no podía moverse. Ángelo se arrodilló a su lado, y con profundo cariño volvió a besarlo, no estaba dispuesto a rendirse hasta no escuchar lo que quería… una dolorosa lágrima salió de la comisura del ojo izquierdo de Severus cuando comprendió que había perdido toda voluntad ante el influjo del Veela, se abandonó a sus brazos con el alma destrozada.


- ¡Expelliarmus!


Ángelo salió disparado hacia la pared contraria liberando a Severus físicamente, pero no así del influjo. Miró de donde había provenido el rayo, quiso sonreír al ver a Harry más no pudo, respiraba fatigosamente… Harry también lo hacía, el ambiente en todo el corredor era extraño.


Ángelo se levantó imponente, sonrió demoníacamente cuando vio a Harry esforzándose también por no dejarse llevar por su encanto desplegado al máximo por primera vez. Quizá no tenía tanto tiempo de exposición pero finalmente lo vencería, ya nada iba a detener a Ángelo de cumplir sus propósitos. Levantó su varita apuntándola a Harry para lanzarle un crucio. Harry ya no tenía fuerza de defenderse… hasta ese momento comprendió el enorme interés de Voldemort por tener Veelas en sus filas, Harry no creía poder volver a atacarlo… era un ángel ¿cómo iba a lastimar a un ángel tan encantadoramente sublime?


No pasó más que un par de segundos retorciéndose de dolor en el suelo cuando apareció su salvación. Dumbledore llegaba justo a tiempo atraído por el desborde desmesurado del magnetismo Veela. Usó un hechizo para aturdir a Ángelo y de esa forma conseguir que se detuviera. Ángelo consiguió protegerse y se mantuvo en pie, y de esa forma continuar emanando su encanto aunque había tenido que romper la maldición contra Harry, lo que le enfurecía a morir.


- ¡Albus! –le recriminó dolido-. ¿Porqué me atacas?

- ¡Detén esto ahora mismo, Ángelo! –ordenó, y su voz cimbró las fuertemente cimentadas paredes-. ¡Vas a obligarme a actuar contra ti!

- ¿No lo sientes, Albus? –preguntó irguiéndose majestuoso-. Eres humano, tienes que sentirme en tu corazón.


Dumbledore sabía que tenía que actuar rápido, debía dejar a Ángelo fuera de combate, y aunque le dolía en el alma tener que hacerlo, le envió un Cruciatus que el joven Veela no pudo evitar. La potencia de la maldición le hizo golpearse fuertemente contra la pared para enseguida caer al suelo gimiendo de dolor, sintiendo como sus huesos parecían quebrarse en miles de pedazos. Su efecto Veela desapareció poco a poco, Albus lo sintió pero no detuvo el hechizo, necesitaba dejarlo completamente aturdido para que no se repusiera de inmediato.




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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 27 *El Encanto Desplegado*   Vie Abr 10, 2009 4:36 pm

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Al verse libre del influjo, Severus sacudió su cabeza vigorosamente para despejarse, Harry corrió a ayudarlo a ponerse en pie.


- ¿Estás bien?


Severus asintió algo confundido todavía, pero eso fue todo lo que Harry necesitaba para sentirse mejor. Ahora que sabía que Severus estaba bien, la indignación que había sentido al ver a Ángelo atentando contra el hombre que amaba se acentúo. Miró como Ángelo seguía contorsionándose de dolor, y sin pensarlo dos veces, unió otro crucio al de Dumbledore, dos poderosos magos atacándole hicieron que Ángelo sintiera que la piel se le caería en pedazos. Sin embargo, justo cuando creyó que se desmayaría, Dumbledore suspendió su maldición, comprendiendo que si continuaban, Ángelo no lo soportaría más y moriría. Pero Harry no paró, el brillo de odio de sus ojos era más inmenso que nunca.


- Harry, es suficiente. –dijo Dumbledore al ver como Ángelo apenas sí podía respirar.

- ¡Nunca, nunca será suficiente! –gritó Harry sin detenerse.

- ¡He dicho que basta! –le ordenó bajándole la mano para interrumpir la maldición.

- ¡NO! –se negó Harry apartándose del Director-. ¡Crucio!


Ángelo volvió a convulsionarse en el piso, ya no tenía fuerza ni para gritar. Severus miraba todo empezando a clarificar más su mente, y vio como finalmente, Dumbledore le arrebató la varita consiguiendo que el chico ya no pudiera hacer nada, eso lo hizo suspirar aliviado, no por Ángelo, pero no quería que Harry volviera a lamentar otra muerte por sus manos. Pero la indignación de Harry no había sido satisfecha y sin medir las consecuencias se lanzó contra el Veela golpeándole con el puño cerrado en la quijada.


- ¡Eres un maldito pervertido, lo que hacías es un delito!


Ángelo tardó en reaccionar, pero aunque le dolía hasta el alma por las maldiciones recibidas, la ira que sentía por Harry era mucho mayor, e hizo acopio de las fuerzas que le quedaban para defenderse reponiéndose asombrosamente del hechizo.


- ¡Estoy harto de ti! –gritó Ángelo fuera de sí, quizá era el odio intenso que sentía lo que lo impulsaba a no desvanecerse y respondió a la agresión de Harry con otro golpe, que ante su debilidad no logró impactar en su objetivo, perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer ante la mirada burlona de Harry-. ¡Te odio, quiero matarte con mis propias manos!

- ¡Basta! –ordenó Dumbledore separándolos con una barrera que invocó.


Harry y Ángelo gruñían sin dejar de mirarse embravecidos, con un ferviente deseo asesino surgiendo de sus ojos claros. Severus los miraba intentando terminar de aclarar sus pensamientos y cuando lo consiguió una imagen se le vino a mente, el efecto del despliegue del encanto había sido demasiado poderoso, necesitaba saber que su hija estuviese bien. Sin decir nada, salió corriendo rumbo a su habitación, aún estaba confundido por lo que no notó la puerta abierta y entró rápidamente. Vio la cuna vacía y aún así buscó entre las cobijas… el corazón se le detuvo al no encontrar nada. Giró sobre su propio eje esperando ver a su hija en algún lugar de la habitación, pero una bebé de poco más de un mes no iba a moverse por sí sola.



Severus salió disparado de su habitación, el poco color de su rostro había desaparecido por completo. No se detuvo hasta llegar junto a Abbatelli sujetándolo del cuello de la túnica para empotrarlo contra la pared, de manera muy diferente a como Ángelo lo hubiera deseado. En ese momento no le importó verlo tan herido y luchando por sostenerse en pie.


- ¡¿Dónde está mi hija?!

- ¿Beth?... en su cunita. –respondió asustado.

- ¡No está ahí!... ¡La dejaste sola, imbécil, dejaste sola a una niña de un mes!

- ¡No le iba a pasar nada y tenía que verte… quería saber dónde estabas! –exclamó temeroso y confundido-. ¡Además, tienes que estar equivocado, mi hija está ahí!

- ¡No está!


Ángelo se deshizo de Severus y como pudo fue a la habitación lo más rápido que pudo, pese a trastabillar en algunas ocasiones, no se detuvo. Descubrió la cuna vacía y un horrible presentimiento le invadió, buscó aterrado igual que como lo había hecho Severus, pero no había ni rastro de la niña. Regresó a donde estaban los demás, y llorando se abrazó de Severus.


- ¡Mi hija, Severus! ¡¡¿¿Dónde está mi hija??!!





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Susy Snape
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 27 *El Encanto Desplegado*   Vie Abr 10, 2009 8:53 pm

Como que Ángelo se acordó un poco tarde de su hija....
Pensé que Sev iba a caer en el encanto veela, pero el amor por Harry es mucho más fuerte....

Besos
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 27 *El Encanto Desplegado*   Sáb Abr 11, 2009 1:36 pm

Demasiado tarde, diría yo, jeje
La verdad es que para Angelo era mucho más importante su relación con Severus. A su hija tan sólo la ve como un lazo entre ellos, ese fue su más grave error, y ya es decir mucho XD

Besitos!!

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kakarotta
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 27 *El Encanto Desplegado*   Miér Jul 01, 2009 3:10 pm

si se nota que su hija le importa un comino, maldito si es su sangre, bueno aunque no solo angelo hace eso en el mundo hay muchos padres que no quieren a sus hijos
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 27 *El Encanto Desplegado*   Miér Jul 01, 2009 5:44 pm

Y además, ángelo está obsesionado con Severus, su hija fue un arma a su favor.
Aunque sí la quiere, pero lo malo es que ese cariño está basado más en el hecho de que Beth lleva la sangre de Severus, hasta ese punto es su obsesión y locura.















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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 27 *El Encanto Desplegado*   

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Enfermo de amor. Capítulo 27 *El Encanto Desplegado*
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