La Mazmorra del Snarry


 
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 Enfermo de amor. Capítulo 26 *Acorralado*

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Araleh Snape

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MensajeTema: Enfermo de amor. Capítulo 26 *Acorralado*   Vie Abr 10, 2009 4:22 pm

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Acorralado






Esa noche, Harry se encontraba en su cama de hospital, con su bebé a un lado. No se cansaba de mirarlo, de recorrer con su dedo índice cada contorno de su rostro. Aún sentía que su corazón latía desbocado cada vez que tomaba conciencia de lo que era ese pequeño ser en su vida… un hijo. Acababa de tener un hijo.


Y era el hijo más hermoso que le podía haber dado la vida, aquel que provenía del hombre que amaba y que lo amaba, era la culminación del gran amor que había nacido entre ellos. Besó al pequeño sintiendo que todo había cambiado, que ahora tenía a alguien por quien velar, por el que sería capaz de todo… lo más importante en su vida, aún más que Severus, aún más que él mismo. Ese hermoso bebé de brillante cabello oscuro, que suspiraba entre sueños dejando escapar un suave sonido que le llegaba al corazón, lo hacía sentirse fuerte, aguerrido contra quien se atreviera a intentar herirlo.


Seguía recorriéndole con su dedo, admirando su piel suave y delicada, sonrió pensando en la piel de Severus, tan blanca como la de su bebé, sólo esperaba que no llegaran a gustarle las mazmorras y saliera al sol a volar sobre escobas, pero no importaba de todos modos, le amaría aún más, si eso era posible, si llegaba a parecerse a su padre. Sus negras cejas y pestañas le daban la esperanza de no equivocarse con lo único que esperaba que su hijo tuviera, los ojos hermosos de Severus.


Se acurrucó más contra él, sintiendo que era el pequeño quien le brindaba calor y no al revés. Volvió a besarlo en la mejilla, sonriendo al percibir que olía como Severus, aunque de una manera más pura y refinada… se resistía a dejarlo en la cuna que habían dispuesto para él, no había lugar más seguro que sus propios brazos.


Estaba luchando con todas sus fuerzas para que la tristeza no le agobiara, ese era un momento de felicidad… sin embargo, el hecho de no tener noticias de Severus desde esa mañana le atormentaba. Cuando sintió la puerta abrirse su corazón volvió a latir con fuerza y tuvo que mantener su sonrisa cuando vio que quienes entraban no era Severus, sino sus amigos.



- ¡Ron, Hermione!... ¡que gusto me da verlos!

- Vengo a conocer a mi hijo. –bromeó Ron-. ¿Es pelirrojo?

- Si fuera pelirrojo Severus me mataba. –respondió divertido-. Se parece a él, mírenlo… ¿a que es hermoso?

- ¡Que dulce!-exclamó Hermione enamorada del bebé que Harry les mostró-. Y sí, es bellísimo, Harry. Muchas felicidades.

- Gracias, Hermione.

- Sí, está mono. –aceptó Ron con timidez-. Y no, no se parece a tu profesor consentido, y a propósito ¿dónde está él?

- Supongo que con Ángelo. –respondió sin desdibujar su sonrisa-. También nació su hija el día de hoy ¿no lo sabían?

- No. –respondieron los dos al unísono-. Como ya terminaron nuestras clases y sólo se prepara la graduación no nos llamó la atención no verlo. –agregó Hermione-. ¿Cómo te sientes?

- Bien… estoy bien.


Hermione iba a decir algo pero la entrada del profesor Dumbledore se lo impidió. Harry presentó a su hijo con el Director, pero no podían quedarse demasiado tiempo, así que poco después, Harry volvía a quedarse solo. Acurrucándose junto a su hijo comprobó que se sentía un mucho mejor luego de la visita de sus amigos, aún echaba de menos a Severus, pero teniendo a su bebé a su lado podía sentir que todo estaría bien… con él debía de bastarle y en poco rato consiguió quedarse dormido, agotado por todo lo que había vivido aquel día.


Aún estaba oscuro cuando Harry abrió los ojos con espanto, no sentía el calorcito de su bebé a su lado y tanteó alarmado el espacio vacío.


- Está conmigo, Harry. –le dijo Severus sentándose junto a él.

- Severus… ¿qué haces aquí?

- Los extrañaba mucho. Está a punto de amanecer y no quiero fallar a mi palabra, mientras haya oportunidad, veré cada amanecer contigo, pequeño.


Harry le abrazó como respuesta. Severus corrió entonces las persianas y aunque el paisaje no era tan hermoso como en Hogwarts, pudieron ver al sol emergiendo entre los edificios de Londres. Severus no se marchó con el alba, la enfermera llegó con el alimento para el bebé y quiso dárselo personalmente bajo la mirada enamorada de Harry. Al poco rato, el Profesor caminaba de un lado a otro hasta conseguir sacar los gases de su hijo y notó fascinado como enseguida se quedaba dormido. A petición de Harry lo colocó a su lado.


- ¿Cuándo abrirá los ojos? –preguntó interesado.

- No tengo idea… cuando vea al pediatra le preguntaré.


Pero Severus no tenía tanta paciencia e inclinándose hacia el bebé le separó los párpados, algo que provocó que el niño emitiera un quejido de protesta, y por lo tanto, Severus se ganara un manazo por parte de Harry.


- ¡Deja de ser tan tosco, Severus, le estás molestando!

- ¡Quería ver el color de sus ojos!

- Van a ser negros, tan sólo tienes que esperar para comprobarlo.

- ¿Cómo lo sabes?

- Porque todo el embarazo le amenacé con no ser el consentido de todos mis futuros hijos si no nacía con ojos negros.

- ¿En serio hiciste eso? –preguntó divertido.

- Sí, y ya verás que me ha obedecido.

- Eso no es cuestión de obediencia, Harry Potter.

- Pues bebé seguro lo consiguió.

- ¿Aún no decides cómo llamarlo?

- No, quiero que tú le des el nombre a nuestro regalito.-propuso sonriente.

- Regalo… Recompensa… sí, Recompensa del cielo, esa es una buena idea. Se llamará Axel, eso significa nuestra pequeña recompensa. –aseguró recorriendo el rostro de su hijo con su dedo índice.

- ¿Axel?... sí, me gusta. Se llamará entonces Axel Severus.

- No, Severus no. –dijo con un mohín de disgusto-. Elige otro, el que sea.

- ¿El que sea? –preguntó levantando una ceja.

- ¡El que sea menos James!... ¡Ni Sirius! –agregó presuroso.

- Bien, no será ninguno de los merodeadores. –aseguró con una perversa sonrisa-. Pero tienes que prometerme que aceptarás el siguiente nombre en mi lista.

- ¡Merlín!

- ¡No, Merlín no!

- ¡Quiero decir que me espanté, tonto!... ¿Cuál es tu propuesta?

- Se llamará Axel Ronald Snape Potter.


Severus no pudo responder de inmediato, la palidez de su cara se acentuó y su respiración se tornó irregular… aquello no se lo esperaba.


- Sé que no te agrada mucho. –dijo Harry-. Pero es mi mejor amigo y estuvo a mi lado en todo mi embarazo, me acompañó a cada revisión con Pomfrey y me gustaría que él y Hermione fueran sus padrinos… si estás de acuerdo.

- Harry… sí, claro, de acuerdo. –respondió no muy convencido-. Sé que tienes razón, pero… no, sí, está bien, se llamará como tu amigo y él y la señorita Granger serán los padrinos de nuestro hijo.


Harry sonrió agradecido, y además muy emocionado al escuchar cómo la palabra “nuestro” se volvía de repente muy hermosa. Snape se concretó a abrazarlo, no se atrevió a decirle que el hecho de que su hijo llevara el nombre de Ronald por ese motivo sería una manera de que jamás olvidara su abandono. Eso le dolía, pero no quiso hacer sentir mal a Harry, estaba seguro de que él no lo hacía con esa intención y terminó por aceptar que quizá era lo menos que se merecía por no haber confiado en él desde un principio.


- Severus… -dijo Harry unos segundos después… ¿qué vamos a hacer ahora?

- ¿Sobre qué?

- Ya sabes. Creíamos que nuestro hijo tardaría un poco más en nacer y ese tiempo nos daría oportunidad para arreglar la situación y decirles a todos que es tu hijo, pero ahora… ¿qué vamos a hacer?

- No negaré a mi hijo, Harry. –afirmó convincentemente-. No pienso hacerlo.

- ¿Y Ángelo?

- No nos preocupemos de eso ahora… no lo hagas tú, déjame encontrar el momento, Harry, y entonces se lo diré. Pero si se llega a enterar por alguien más, lo que espero no suceda, no voy a negarlo.


Harry asintió, si era sincero, no quería pensar mucho en eso, así que prefirió seguir los deseos de Severus y esperar, aunque eso significaba pasar más tiempo a solas con su hijo, sin su pareja a su lado.


Harry no pudo regresar para la graduación, eso significaba que había salido de Hogwarts sin despedirse de su amado castillo y ya no volvería. Dumbledore le mandó decir que tenía una invitación de los Weasley para vivir en su casa el tiempo necesario y aceptó, ahora no se sentía capaz de irse a vivir solo, así que todas sus pertenencias fueron enviadas a la Madriguera. Ya estaba listo para marcharse del hospital y terminaba de envolver a su hijo en sus cobijitas cuando sintió que la puerta se abría a sus espaldas. Antes de volverse se aseguró de colocar almohadas en torno al bebé para que no quedara desprotegido y entonces viró para ir por su pequeño equipaje descubriendo que el recién llegado era Severus y no venía solo.


Harry sonrió emocionado al verlo sostener un pequeño bultito rosa y su corazón retumbó al notar la expresión orgullosa de su pareja quien se acercó a él para mostrarle a su peculiar bebé.


- ¡Por todos los cielos, Severus!... ¡Es bellísima! –exclamó Harry admirado.

- Gracias. Quería que la conocieras, su nombre es Elizabeth Ann, le decimos Beth.

- Beth.... es un placer conocerte, Beth. –dijo Harry inclinándose para darle un beso en la frente-. Esta niña te va a dar muchos dolores de cabeza cuando se convierta en una jovencita, Severus.

- Lo sé, y serán dolores muy bien recibidos. –alardeó sonriente-. ¿Ya tienes todo listo?... ¿Porqué no me esperas? Llevaré a Abbatelli y a la niña al colegio, y luego regreso por ti para llevarte a
la Madriguera.

- No es necesario, amor. Ron y su mamá vendrán por mí en unos minutos.


Severus asintió, quería ir con Harry pero por el momento le era imposible.


- ¿Puedes sostener un momento a Beth?... quiero saludar a mi hijo.


Harry asintió y tomó a la pequeña niña en brazos, fue a sentarse en un sillón mirándola detenidamente, impresionado por su belleza, pero cuando levantó la mirada y vio a Severus sentado sobre la cama, con Axel en sus brazos, hablándole en secreto al oído, pensó que aquella imagen era mucho más cautivadora. Severus tenía una mirada que no le había visto nunca, sonreía muy apenas perceptiblemente pero era de las más felices que habían dibujado sus labios. Harry sonrió también, no dejó de mirarlos a ellos, a los dos seres que más amaba en la tierra. Al cabo de unos minutos le habló a Severus, ya era hora de que se marchara pero el Profesor fingió no escucharlo y estrechó más a Axel, frotando suavemente su rostro con la de su bebé.


Cuando Severus por fin se fue luego de darte un dulce beso en los labios y uno más a su bebé Axel, Harry abrazó más a su hijo contra su pecho.


- Tú eres tan hermoso como Beth. –le dijo con seguridad-. Y te quiero más, pero de ti depende que sigas siendo el consentido, ¿eh?... recuerda que me prometiste que tus ojitos serían tan oscuros como los de tu papi… ¡Que encanto Veela, ni que nada, a mí me gustas tal como eres y eres el más hermoso de todos!


Harry suspiró feliz, no envidiaba a Severus, su angustia ante el miedo de perder a su hija no debía ser nada fácil… él agradecía a todos los cielos que no hubiera nadie amenazando con quitarle a su Axel, perderlo era algo a lo que no lograría sobrevivir.





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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 26 *Acorralado*   Vie Abr 10, 2009 4:24 pm

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Al llegar al colegio, Severus se resistía a dejar a su hija en la hermosa cuna destinada para ella, le gustaba mucho tenerla en brazos, sintiéndola suya por completo, percibir ese suave peso, tan cálido y dulce como una caricia al alma. Cerró los ojos pensando en Harry, imaginando lo feliz que sería si fuera él el padre de Beth. La voz de Ángelo a sus espaldas lo hizo abrir los ojos para enfrentarse a la realidad.


- Déjala descansar, Severus… ven conmigo.

- Quiero sostenerla un poquito más. –protestó estrechándola contra su pecho.

- Pero es que quiero mostrarte algo. Albus me prestó su Pensadero y quiero que observes el nacimiento de Beth, te doy mi palabra que te gustará.


Severus no quería dejar a su hija, así que la llevó con él hacia donde estaba Ángelo esperándole junto al Pensadero. El Veela no dijo nada por la renuencia de su pareja de dejar a la niña en su cuna, y poniendo sus pensamientos en la vasija, ofreció su mano a Severus para adentrarse en ella. Lo primero que vio Severus fue una luz dorada como jamás en su vida había visto una, sus ojos se abrieron sorprendidos, era la misma que refulgía destellos del vientre de Ángelo, pero a una potencia mucho mayor. En cuanto se acostumbró pudo ver que el Veela se encontraba rodeado por varios médicos, aunque sólo uno estaba interviniendo moviendo su varita y pronunciando hechizos que no conocía.


Comprendió que el resto de los médicos y algunas enfermeras eran simples observadores de un evento singular. Albus también estaba, se encontraba junto a Ángelo sosteniéndole de la mano afectuosamente, ni siquiera el poderoso mago lograba disimular su admiración ante lo que veía. La luz se atenuó ligeramente cuando se escuchó unos ruidos parecidos a una suave campana de cristal, y entonces en la piel del abdomen de Ángelo se vislumbraron unos dibujos que poco a poco fueron tomando forma hasta figurar una mariposa blanca que simulaba salir de la crisálida para extender sus frágiles y bellas alas de bordes rosados.


Del cuerpo de la mariposa emergió un pequeño agujero rosa que fue haciéndose cada vez más grande y la luz dorada resurgió. Proyectándose hacia el exterior apareció la imagen que Severus había visto en su cabeza cuando Abbatelli se la mostraba. Ahora era mucho más nítida e iba tomando forma hasta convertirse en lo más bello que había visto en su vida, junto con el rostro angelical de Axel. Una exclamación de admiración por parte de los asistentes le hizo ver que no fue el único que pensó en lo magnífico de lo que veían. Aunque estuvo seguro que todos se referían al proceso en sí, mientras que él solamente miraba a su hija, lo demás no importaba. La magia que se desbordó pudo sentirla en su propia piel, era su misma magia, podía ser toda una Veela, pero en cuestión de magia, era la suya la que regía a esa pequeñita. Estrechó más contra su pecho a su dulce niña, reafirmando una vez más, que la quería siempre a su lado.


Ángelo sonrió complacido, ahora se sentía más tranquilo de saber que Severus había presenciado el lazo tan fuerte que lo unía a Beth, y por ella, ahora estaría siempre a su lado. Lo que Ángelo no se imaginaba era que Severus sonreía pensando que, a pesar de lo maravilloso del parto Veela, no le había impactado tanto como el de Harry, nada era más mágico que ver salir a su hijo todavía con el calor de Harry impregnado en su cuerpo, ser el primero en recibirlo, en tocarlo, en estrecharlo contra su corazón que latía casi tan rápido como el de su hijo, cortar el cordón umbilical con sus manos que jamás antes habían temblado de esa manera.


Ahora sabía que jamás se arrepentiría de haber elegido al parto de Harry, su naturalidad, el amor que había en esa sala de expulsión con olor a esperanza y felicidad, convirtieron en aquel evento algo más milagroso que un exuberante y pretencioso despliegue de colores y formas mágicas.


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Pasaron algunas semanas, Harry casi hizo una fiesta cuando Axel por fin abrió los ojos y mostró un negro tan intenso que algunos temieron fueran ciegos, pero no fue así, el pequeño resultó muy vivaz y pronto podía seguir algunos objetos con la mirada. Harry se divertía mucho con eso y jugaba haciéndole rabiar escondiéndole sus juguetes favoritos para luego entregárselos con un beso.


Severus iba a visitarlo siempre que podía, y aunque era con frecuencia gracias al apoyo de Dumbledore, para ninguno de los dos era suficiente. A Severus le dolía no ser partícipe de cada avance en el desarrollo de su hijo y durante cada visita no permitía que nadie le quitara a Axel de los brazos, algo que Harry le gustaba ver aunque fingía ponerse celoso del acaparamiento de que era objeto su adorado retoño.


Ese día era el cumpleaños de Harry y también se cumplía el primer mes de vida de Axel. Así que Severus llegó desde temprano, besó a Harry brevemente y luego de darle un paquete envuelto de regalo, le quitó al bebé de los brazos para ir a sentarse en un sillón junto a la ventana de la habitación que le había sido designada en la Madriguera. Su extrema seriedad llamó la atención de Harry, dejó su obsequio en una mesita sin animarse a abrirlo todavía, temía mucho preguntar lo que estaba pasando, ese día era alegre, Molly había estado preparando comida desde que amaneciera, a cada miembro de su familia repartió una misión especial para que esa noche, todos celebraran el acontecimiento a lo grande.


- Severus… ¿estás bien? –preguntó finalmente.

- No podré venir en la noche. –dijo sin atreverse a levantar la mirada-. Perdóname.

- Está bien, no te preocupes

- No, no está bien, yo quiero estar contigo, pero…


Severus dejó de hablar y apretó un poco más a su hijo contra su pecho. Harry notó que algo grave sucedía, Severus tenía las mejillas enrojecidas como conteniendo un llanto y eso le dolió en el alma. Fue a sentarse en el reposabrazos del sillón, le abrazó cálidamente mientras que Severus descansaba su cabeza en el pecho del muchacho.


- ¿Qué sucede?... puedes decírmelo, soy fuerte, amor. –le dijo valientemente, sin mostrar el miedo que sentía.

- Está comprobado… -empezó luego de un doloroso suspiro-… no puedo repudiar a Abbatelli sin perder a Beth.

- ¿Porqué?

- ¡Estúpidas leyes Veela! –bramó dejando rodar unas lágrimas-. Si lo repudio puedo verme libre del trato, pero Beth pasa automáticamente a ser sólo su hija… no mía.

- Pero, podríamos contratar buenos abogados, en el Ministerio…

- No se trata de leyes que dicten los magos, Harry. Es peor aún… son leyes mágicas regidas por Veelas, sucede sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo, ni siquiera Abbatelli… repudiarlo a él, sería igual que repudiar a mi hija, para los Veela es lo mismo y no podría volver a verla nunca bajo sentencia de que el pago recaería en mi Beth.


Harry sentía que el alma le abandonaba con esa noticia. Se puso de pie para ir a sentarse en la cama con el corazón destrozado… sabía cuál sería la decisión de Severus y no podría reprochársela jamás.


- Yo nunca tendría dudas, Harry… -continuó Severus con la voz quebrada-… si de elegir entre tú y Abbatelli se tratara, por supuesto que moriría por ti. Pero no puedo, Harry, no puedo elegir entre mis dos hijos.


Harry miró a Severus apretar con fuerza a su hijo, pero el bebé no se quejó, parecía gustarle que le amaran de esa forma. Las lágrimas de Severus ya habían humedecido por completo sus mejillas y Harry no supo de dónde tomó fuerzas para no terminar de derrumbarse en ese momento. Asombrándose de sí mismo, volvió a ponerse de pie para ir por su hijo, y sonriéndole a Severus se encogió de hombros.


- No tienes nada de qué preocuparte, amor. –dijo sonriéndole enamorado-. Yo no te voy a poner a elegir como si fuera un Veela, no lo soy, y tu hijo y yo siempre estaremos aquí para cuando te sea posible venir.

- Harry…

- No es el fin del mundo, Severus. –agregó acentuando su sonrisa mientras jugaba con su hijo sacudiéndolo en el aire-. Axel y yo vamos a estar bien… además, así lo voy a tener más tiempo para mí, siempre que vienes me lo quitas y eso me fastidia, lo sabes bien.

- Harry…

- Ah, y otra cosa más. –le dijo recostándose en la cama mientras soplaba el abdomen del pequeñito quien se esforzaba por reír-. Así tendremos menos peleas, seguramente si vivimos juntos regresaríamos a odiarnos pues somos muy tercos los dos, es mejor vernos sólo de vez en cuando ¿no te parece?


Severus no respondió, y por unos segundos sólo se escucharon los leves quejidos de Axel imitando una risa ante las cosquillas de Harry. Severus le miraba sintiéndose profundamente miserable por no poder ser parte completa de ellos, no quería dejarlos, los amaba con el alma… ¿cómo iba a poder renunciar a cualquiera de los dos?... simplemente era algo inhumano.


- Debo irme ya. –dijo poniéndose de pie.

- Que te vaya bien. Dile hasta luego a Papá, bebé.


Severus se acercó para darle un beso a cada uno, pero ya no se atrevieron a mirarse a los ojos. Harry no se levantó de la cama y no miró cuando Severus se detuvo en la puerta.


- Amo a Axel y a Beth por igual… y aunque no seas un Veela ni me reclames como tal, no pienso darme por vencido, no renunciaré a ninguno de mis dos hijos… aunque muera en el intento voy a encontrar una solución… ¡Te lo prometo, Harry, no renunciaré tampoco a ti!... seguiré buscando, amor, te lo juro.


Harry asintió pero Severus no le miraba, ninguno de los dos se miraba sabiendo que les sería inútil no ocultar su desesperanza. Al escuchar la puerta que se cerraba provocando un ruido que apuñaló su corazón, Harry respiró hondo, conteniendo el llanto.


- No vamos a llorar, bebé. –le dijo a su hijo quien sonreía ajeno al dolor de sus padres-. Vamos a ser niños buenos los dos y no lloraremos… esperaremos a que papá tenga tiempo. No es que no nos quiera, nos quiere más que a ellos, pero él tiene razón… Beth lo necesita más ahora. Tú me tienes a mí, eres un chico afortunado –rió tristemente-. No tienes un padre idiota que manipula aprovechándose de los demás, él no ama a su hija como yo a tí... Severus no nos abandonará, y aunque lo hiciera, yo siempre estaré contigo… así que sonríe, bebé, no llores… tienes que ser fuerte y saber esperar lo que no va a llegar nunca.


Harry hundió su rostro en el colchón para que su hijo no viera sus lágrimas resbalar copiosamente por su rostro… nunca en su vida se había sentido tan asustado.


Su regalo de cumpleaños quedó sin abrir, lo único que quería parecía no estar destinado a tenerlo.






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Susy Snape
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 26 *Acorralado*   Vie Abr 10, 2009 8:19 pm

Que capítulo más triste.... que dificil para Harry y para Sev no poder estar juntos.... yo al menos no podría vivir de esa forma.

Besos
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 26 *Acorralado*   Sáb Abr 11, 2009 1:35 pm

Yo me sentí tan mal como Harry, esa escena pidiendole al bebé que no llorara cuando era él quien tenía las lágrimas atoradas me dio remordimientos, jajaja.

Pero bueno, es el héroe de la historia , le toca sufrir un poquito.

Besoooos!!

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kakarotta
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 26 *Acorralado*   Miér Jul 01, 2009 2:53 pm

si pobre harry pero como dicen la esperanza muere al ultimo seguro hay una solucion
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 26 *Acorralado*   Miér Jul 01, 2009 5:42 pm

claro que la hay, hasta el momento puro final feliz tongue

aunque por el momento pareciera que no hay salida XD













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Yuki Fer
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 26 *Acorralado*   Lun Nov 26, 2012 1:59 pm

lloro1 lloro1 lloro1 ...mis lagrimas no dejan de salir.... definitivamente..no importa las veces k lea esta historia siempre odiare al estúpido veela de angelo........ cabreo ......mil veces maldito..XD uffff lloro lloro lloro pobre harry.....
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 26 *Acorralado*   

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Enfermo de amor. Capítulo 26 *Acorralado*
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