La Mazmorra del Snarry


 
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 Enfermo de amor. Capítulo 28 *Amor Filial*

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Araleh Snape

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MensajeTema: Enfermo de amor. Capítulo 28 *Amor Filial*   Vie Abr 10, 2009 4:47 pm

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Amor Filial





Severus quería separarse de Ángelo, pero estaba tan asustado que ni siquiera sabía cómo moverse, ahora no podía pensar en nada más que en Beth. Harry miraba todo sin saber qué hacer. Albus fue el primero en movilizarse y regresó a su despacho. Justo entonces Harry recordó que ahí había dejado a Axel y sintiendo que el alma se le escapaba del cuerpo, corrió tras el director. Severus comprendió lo que había temido y no esperó más, se deshizo de Abbatelli y corrió tras de Harry. Pronto habían sobrepasado al director y ambos llegaron al despacho de Dumbledore respirando aliviados al ver que Molly continuaba ahí, jugando despreocupadamente por el pequeño Axel.


Harry corrió a abrazar a su hijo y Severus hizo lo mismo, pero sólo por un segundo, a pesar de que agradecía con todo su corazón que su hijo estuviera bien, no podría descansar hasta que no tuviera a Beth en sus brazos.


Al llegar Dumbledore, vieron que Ángelo venía con él, aún llorando angustiado por la desaparición de su hija. Tanto Harry como Severus se olvidaron de lo sucedido unos minutos antes, conmovidos por el dolor que reflejaba sus ojos aceitunados. Le vieron irse a sentar triste y calladamente en uno de los sillones.


Albus mandó llamar a todos los fantasmas y habitantes de los cuadros, esperaba que alguno de ellos supiera lo que había pasado. Entrevistó a uno por uno, pero nadie le daba ninguna pista. Harry apretó la mano de Severus solidario con su dolor obteniendo una tenue sonrisa como respuesta, pero no dijeron nada.


Por fin, Sir Cadogan apreció ante ellos blandiendo su espada, orgulloso de tener noticias que ayudaran a los pobres incautos que habían sido engañados tan vilmente.


- ¿Un hombre rubio? –repitió Dumbledore ante lo que acababa de informarle el caballero.

- Así es, mi Señor, alto, elegante, y muy, pero muy descortés.

- ¿Malfoy? –preguntó Harry quedamente obteniendo un tenue asentimiento de Severus.

- ¿Sabe a qué hora sucedió eso?

- Hará tres cuartos de hora aproximadamente, le vi salir corriendo y tropezar con una armadura. Le seguí hasta la salida indicándole que no podía irse sin remediar sus estropicios ¡pero me ignoró el muy bellaco!

- Muchas gracias por su información, Sir Cadogan. –dijo Dumbledore a la pintura.

- Encantado de poder ayudarles.


Un silencio sepulcral se formó en cuanto volvieron a quedar solos. Sólo era roto ocasionalmente por los sollozos amortiguados de Ángelo, quien lentamente bebía una poción fortificante que le diera Dumbledore para poder continuar ahí ahora que había una razón más poderosa para no derrumbarse.


- Si fue Lucius, mi hija ya…

- ¡No te atrevas a decirlo, Abbatelli! –ordenó Snape consiguiendo que el Veela guardara silencio.

- ¡Lo lamento tanto! –se disculpó Ángelo cubriéndose el rostro arrepentido-. ¡Si no la hubiera dejado sola, si no hubiera retrasado nuestra llegada al cuarto, si no…


Severus dejó su lugar junto a Harry para acercarse a Ángelo, éste le sintió y se sobrecogió asustado ante lo que el otro Profesor le haría, cualquier cosa era poco con lo que creía merecer. Pero lo que nunca esperó fue que Severus se sentara junto a él y le abrazara.


- De nada sirve culparse ahora –le dijo con gravedad-. Ahora tenemos que estar unidos para encontrar a Beth… ella va a estar bien, te lo prometo.

- Sí… tienes razón. Te amo. –le dijo recostándose aliviado contra su pecho.

- ¿Qué vamos a hacer ahora, Albus? –preguntó Severus sin darle importancia a las palabras de Abbatelli, ahora no quería discutir, primero era encontrar a su hija.

- Avisaré a los de la Orden, necesitamos toda la ayuda posible para encontrar a Lucius.


Severus asintió y mientras Albus se ponía en contacto con los miembros de la Orden, Ángelo se abrazaba aún más a Snape, miró por encima de su hombro como unos ojos verdes le miraban increpantes y sonrió triunfador… Severus estaba con él y Harry se moría de celos, no podía disimularlo. Eso lo disfrutaba enormemente, aunque también tenía que reconocer que ese mismo sentimiento lo estaba experimentando en carne propia al verlo sostener a su hijo en brazos, era tan parecido a Severus, sus ojos negros eran los mismos, sus labios también… y luego de lo que acababa de ver en el despacho, ya no tuvo dudas de su origen y más furia sintió en su interior… no era justo que Harry pudiera tener a su bebé cuando él sufría tanto por haberle fallado a Severus y perdido a Beth.


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Esa noche fue muy larga, Harry no quería irse hasta no saber que la niña estaba a salvo, y permaneció en su sitio observando como se planeaba todo un plan militar para el rescate, lo malo era que no tenían idea de dónde buscar. Habían comprobado que la mansión Malfoy estaba abandonada y ni siquiera en la antigua guarida de Voldemort encontraron huellas de la presencia de mortífagos.


La desesperación empezaba a hacer mella en los padres de Beth, quienes veían las horas pasar sin tener ninguna noticia. El amanecer estaba a punto de llegar y Severus volvió a acercarse a Harry.


- Pronto comenzará un nuevo día.

- Lo sé… lamento lo sucedido, Severus y si puedo ayudarte en algo, lo que sea, cuenta conmigo.

- Todo saldrá bien, pronto mi Beth estará de nuevo de regreso. –aseguró como queriendo convencerse más a sí mismo y Harry le entendió-. Está a punto de amanecer… quiero ver salir el sol contigo hoy, Harry, no sé qué me depara este día y no me perdonaría haber estado contigo sin aprovechar el momento.


Harry comprendió el miedo de Severus de no ser capaz de ver otro amanecer si llegaba a perder a su hija, le abrazó con fuerza intentando infundirle ánimo mientras se acercaban a la ventana y veían junto con su hijo la salida del sol.


Ángelo les miraba a lo lejos, estuvo a punto de acercarse a separarlos pero la severa advertencia de Dumbledore quien se le aproximó y sujetándole del brazo le hizo volver a sentarse, se lo impidió. Permaneció en su lugar mirando como su pareja y Harry se abrazaban junto con su hijo como si fueran una familia, pero eso no era así, ¡él era la familia de Severus y ese Harry Potter lo aprendería por las buenas o por las malas!... Aprovechó que Dumbledore se distrajo hablando con Kinsgley para darle instrucciones sobre recabar información en el Ministerio, y entonces caminó sigilosamente hacia la pareja de morenos quienes, absortos en ellos mismos no se dieron cuenta, escondiéndose tras de un pesado cortinaje, se dispuso a escucharlos.


- Harry… -le dijo Severus suavemente al oído-… tengo miedo.

- Beth regresará contigo, amor, no vas a perderla nunca.

- También tengo miedo de perderte a ti.

- A mí jamás me perderás, no pienses en eso ahora, tu atención debe estar completamente en Beth.

- No quiero que me odies por no poder detestar a Abbatelli como se merece… lo intento, por ti, y me ha enfurecido muchas veces lo que hace, pero me rindo, aunque no le perdonaré nunca lo que te hizo, siento lástima por él.

- Que bien. –respondió sonriendo extrañamente-. Yo sentí muchas veces tu odio e indiferencia y pude vivir… con tu lástima no podría. Por lo menos tengo la satisfacción de que yo sí puedo odiarlo y tenerle lástima al mismo tiempo, y hacerlo también por ti. Yo no dejaré de odiarlo por todo lo que te hizo, por lo que te sigue haciendo, por tenerte alejado de tu hijo… si no puedes odiarlo por eso, tal vez debas ponerte a pensar si realmente no estás enamorado de él.

- ¡No! –negó apretando a Harry contra su pecho-. ¡Por favor, Harry, no dudes de mí!

- Una vez dije que te creería todo, y lo hago. Pero también tengo miedo y tengo mucho derecho a sentirlo.

- ¡Dime que quieres que haga y lo hago! –exclamó humedeciendo el cuello de Harry-. ¡Dímelo, Harry, y te juro que lo haré, lo que sea, haré cualquier cosa por ti!


Harry se separó de Severus. El hombre no se atrevió a retenerlo y lo sintió alejarse, se quedó apoyado en el alfeizar, sin importarle que hubiera más gente en el despacho, él lloraba agobiado. Nadie le miraba directamente, sólo por el ligero movimiento de sus hombros supieron lo que pasaba pero lo atribuían al dolor del secuestro de su hija. Ángelo pensó entonces en acercársele aprovechando la ausencia de Harry, lo único que le había quedado en su cabeza de la conversación que escuchó fue la posibilidad de que Severus estaba probablemente ya enamorado de él.


De pronto, la mano de Harry regresó a Severus, acariciándole suavemente la mejilla. Ángelo tuvo que abandonar su propósito y se quedó en su lugar. Al volverse a mirarlo, Severus vio que Harry ya no llevaba a Axel en sus brazos y le apretó lo más fuerte que pudo.


- ¡No me dejes nunca, Harry! –suplicó desesperado-. ¡Repudiaré a Abbatelli, te prometo que lo haré en cuanto Beth aparezca!

- La perderías, lo sabes.

- Harry… de todos modos perderé la mitad de mi vida y en todo caso, prefiero quedarme contigo y con Axel.

- ¡Gracias, gracias, gracias! –exclamó aferrándose aún más fuerte a Severus-. De verdad muchas gracias por elegirme, Severus. –dijo Harry feliz-. Este es un momento que no olvidaré nunca, pero quedará solamente entre nosotros, yo solamente necesitaba escucharlo, mi amor… Nunca te permitiría que abandonaras a Beth. Vamos a encontrar la solución y créeme, soy muy perseverante.

- Le dije a Abbatelli que no me quedaría más con él, aunque no pudiera repudiarlo para no perder a mi hija, no pienso quedarme a su lado más tiempo… te quiero conmigo, Harry, y espero que me aceptes así… por favor.

- Yo te acepto como sea, Severus. Pero no hablemos de eso ahora, no te agobies, mi cielo, ya hablaremos de cómo hacer las cosas cuando Beth esté de nuevo en tus brazos.


Ángelo tuvo que sostenerse, todo giraba a su alrededor ante el impacto de las palabras escuchadas, quiso convencerse que había un error, seguramente había escuchado mal, tal vez Severus quiso decir que abandonaría a Harry y a Axel… lo otro era inconcebible.
Pero recordaba las palabras de Severus antes de desplegarle su encanto, le había amenazado con abandonarlo… Trastabillando se acercó a un sillón cercano para sentarse, las rodillas le temblaban como nunca en la vida.




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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 28 *Amor Filial*   Vie Abr 10, 2009 4:48 pm

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Dumbledore notó la extraña palidez en el rostro del Veela, algo en su mirada no le gustó, desvió sus ojos hacia Harry y Severus quienes permanecían juntos a un lado de la ventana mientras Molly continuaba cuidando de su hijo. Seguramente debían de tener cuidado, Ángelo no estaba nada bien.


- Ve a descansar, cualquier cosa que pase yo te aviso. –le dijo Dumbledore sentándose a su lado.

- No, no quiero dejar solo a Severus. –respondió dejando que las lágrimas brotaran de sus ojos tristes-. Todo es mi culpa, Severus me culpa por lo que pasó y tiene razón… por eso no me quiere, pero tengo que hacer algo para que me perdone.

- Tranquilo. Severus no te culpa, así que ahora será mejor que vayas a tu habitación, no tiene caso que estés desgastándote, has usado mucha magia y debes reponerte, así, en cuanto tengamos una noticia de Beth, te avisaremos para que nos puedas ayudar… cansado como estás no podrás hacerlo, Ángelo.

- Pero…

- Obedéceme por ésta ocasión, Abbatelli. Yo no me moveré de aquí a menos que sea para ir a buscarte… no te haré a un lado porque sé que estás tan preocupado como Severus.

- ¡Ayúdame, Albus, habla con Severus, dile que me perdone, que no quiero perderlo! –le suplicó abrazándole-. ¡Por favor, que no me abandone, necesito que me de una oportunidad de cambiar, estoy seguro que lograré que se enamore de mí!

- Ángelo… él quiere a alguien más.

- A Harry, lo sé. –aceptó acongojado-. Tú tienes mucha influencia con él, ¡pídele por favor que no me quite a Severus, Albus, que no me lo quite!

- Yo no puedo hacer eso… ellos tienen derecho a estar juntos.

- No… por favor. –suplicó cada vez más débil y desesperado.

- Tienes que irte a descansar, anda… no pierdas más tiempo. Cuando te sientas mejor te sentarás a hablar con Severus, es necesario que lleguen a un acuerdo.


Dumbledore le dio otro frasco de poción para fortalecerse, luego de tomarla Ángelo asintió, no quería irse, pero tampoco podía quedarse ahí, si algo tenía claro en su dolorida mente, era que debía hacer algo para remediar su grave error al descuidar a Beth, seguramente eso era lo que tenía a Severus tan molesto con él, por eso quería más a Harry, porque él tenía a su hijo a salvo… no, las cosas no podían seguir así, debía lograr comprobarle a Severus que él podía traer de regreso a su hija sana y salva.


No fue a su habitación como hizo creer a Dumbledore, se dirigió de inmediato a la lechucería y envío un mensaje. Se quedó ahí hasta que vio desparecer la lechuza en el cielo que ya clareaba y entonces se sentó secando sus lágrimas… nadie había querido escucharlo en la reunión de la Orden, tal vez pensaban que estaba demasiado afectado para pensar, pero ahora que estaba solo podía actuar como mejor le parecía para recuperar a su hija. Era de vida o muerte hacer algo o de lo contrario, Severus jamás le perdonaría por su descuido.


No tardó mucho en aparecer un elfo doméstico que él no conocía pero que ya esperaba, sin mencionar palabra le tendió la mano y el elfo le entregó un fistol dorado antes de desaparecer. Ángelo respiró hondo y entonces se dirigió hacia los límites de los terrenos de Hogwarts. Miró por unos segundos hacia el castillo, esperaba que nadie le descubriera pero aunque eso pasara no iba a dar ni un paso atrás… esa misma noche, tendrían a Beth en casa.


Luego de accionar el traslador, Ángelo apareció en un sitio desconocido. Era un acantilado junto al mar, tras de él se extendía una verde pradera que circundaba una cabaña de dos plantas que a todas luces parecía muy lujosa. La brisa marina le revolvía su sedoso cabello, no se detuvo a mirar más tiempo el hermoso paisaje, se dirigió hacia la cabaña, pero antes de que diera más de una decena de pasos, salieron a su alrededor una pequeña horda de mortífagos. Abbatelli no podía reconocerlos por sus capuchas, pero sabía que no podía hacer nada contra más de veinte asesinos profesionales.


Sin mostrar el temor que sentía, se mantuvo con la mirada en alto esperando a que ellos tomaran la iniciativa. Vio que uno se separaba del grupo que ya lo apuntaba con su varita y se detuvo cuando quedó a unos pasos de él.


- ¿Cómo puedo confiar en ti, Abbatelli?... Eres tan traidor como Severus. –le dijo el encapuchado.

- Tendrás que hacerlo, Lucius… Mi hija no debió haber sido jamás tu objetivo para vengarte de Severus, por eso te ofrecí este trato… quiero a mi bebé de regreso sana y salva y a cambio te ofrezco mi habilidad como Veela para tus propósitos.

- No me interesa esa habilidad. –masculló despreciativamente sin imaginar lo que hubiera podido conseguir con ella-. Quiero saber lo otro que ofrecías… ¿cómo me lo traerías?

- Eso déjalo en mis manos, puedo traerlo en un par de horas, siempre y cuando me prometas que me darás a mi hija enseguida y te olvidarás de nosotros para siempre.

- ¿Cómo sé que no mientes al decir que el hijo de Potter es de Severus?... siempre dijeron que era de un Weasley.

- Mintieron… por lo tanto, ese bebé te interesa más, recuerda que fue Potter quien asesinó al Señor Oscuro, tu venganza debe de ser con él, no con mi hija.

- Bien, tienes dos horas a partir de ahora, y cualquier señal de que me has traicionado, la pequeña Veela desaparecerá del mapa para siempre.

- No fallaré… traeré a ese chiquillo a cambio de mi hija.


Lucius hizo una señal a otro de los mortífagos quien desactivó momentáneamente las barreras para que Ángelo pudiera marcharse. Al mirar luego el espacio vacío donde estuviera el Veela, una jactanciosa sonrisa se dibujó en sus labios tras la máscara… “Ese Veela sí que es estúpido” pensó.


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Ángelo apareció cerca de la Madriguera, el corazón le retumbaba de prisa, no podía perder tiempo así que se acercó sigilosamente. Estuvo observando por espacio de pocos minutos, no se veía mucho movimiento, seguramente todos andarían investigando aún el paradero de Lucius, pero él esperaba que Harry ya hubiera regresado junto con su hijo y Molly.


Sonrió triunfante cuando vio por la ventana de la cocina la cabeza de la mujer pelirroja y entonces caminó hacia ahí. Esperaba que las barreras no funcionaran con él y respiró aliviado cuando se encontró lo suficientemente cerca para comprobar que había sido así, seguramente a raíz de la derrota del Señor Oscuro habían minimizado las protecciones y aún no volvían a reforzarlas, eso le era muy conveniente.


- Harry, querido, yo me hago cargo del biberón… ¿porqué no regresas al colegio? –escuchó que Molly le decía al muchacho-. Supongo que estás preocupado por el profesor Snape.

- Sí, pero no quiero separarme de Axel… me da miedo luego de lo que sucedió con Beth. Es seguro que Lucius planea una venganza contra nosotros… tal vez sea bueno reforzar las defensas, Molly.

- Tienes razón, le pediré a Arthur que lo haga cuando vuelva, por lo pronto con las que tenemos será suficiente. Además, Axel nos tiene a ti a mí, no puede pedir más. –aseguró sonriendo para infundirle ánimo al joven padre.

- Sí, es cierto.


Harry apenas había empezado a alimentar a su bebé cuando escucharon el sonido típico de la chimenea cuando alguien quiere comunicarse con ellos. Harry miró anhelante hacia el lugar, ansioso de saber quién era, esperanzado por ver a Severus.


- Ve tú, Harry, yo termino de alimentar a Axel.


Harry dudó un poco, pero solamente estaría a unos cuantos pasos terminó accediendo, ni siquiera tenía que abandonar la cocina pues la chimenea estaba al alcance. Miró como Molly ocupaba su lugar para sostener el biberón y entonces sus ojos se iluminaron cuando se giró a ver la chimenea y se encontró con el rostro de Severus.


- ¿Alguna noticia?

- Sí… un par de ellas. –respondió Severus con profunda seriedad-. Creemos saber cuál es el escondite de Lucius, ahora mismo nos dirigimos para allá, pero necesitaba pedirte que estuvieras atento… tengo un mal presentimiento.

- Nosotros estamos bien, Severus. Molly…


Pero Harry no pudo concluir su frase, un ruido sordo le hizo voltear y la sensación de que le era vaciado un balde de agua helada le recorrió la espalda.


- ¿Molly? –le llamó poniéndose de pie al ver el asiento vacío, otro miedo le invadió cuando notó que su hijo tampoco estaba-. ¡Molly!


Harry sufrió un sobresalto al ver a la mujer tendida en el suelo, inconciente, con aspecto de estar muerta. Asustado, salió corriendo olvidándose de la pobre mujer, con el único pensamiento de querer saber dónde estaba su hijo. Vio una figura corriendo hacia los límites fuera de las barreras y pudo reconocerlo al instante.


- ¡Ángelo, detente!... ¿Qué estás haciendo? –le gritó corriendo hacia él-. ¡Devuélveme a mi hijo, Ángelo!


Al ver que el Veela no le hacía caso y corría sin detenerse, no lo dudó más, lanzó un hechizo aturdidor, pero justo en ese instante Ángelo había alcanzado los terrenos lejos de la Madriguera y desaparecía en el aire. Harry se quedó en su lugar por unos segundos, mirando el espacio vacío con horror, estaba a punto de desmayarse cuando unos brazos le sujetaron por los hombros haciéndolo girar sobresaltado.


- ¿Qué pasó, Harry? –le preguntó Severus-. Cuando ví que te desaparecías sin decir nada y no me respondías…

- ¡Ángelo se robó a mi bebé! –gritó desesperado-. ¡Quiero a mi hijo, Severus, tráemelo, por favor!


Severus se tambaleó un poco ante el impacto de la noticia, jamás hubiera esperado que Ángelo llegara a actuar de esa forma. Apretó a Harry con fuerza contra su pecho, sintiendo sus lágrimas empapar la túnica que llevaba. Pero no podían quedarse a lamentar lo sucedido. Tomó al chico de la mano y regresaron a la Madriguera, Harry miró a Molly sintiéndose culpable por haberla olvidado y esperó pacientemente a que Severus la revisara, mientras oraba para no escuchar una mala noticia.


- Está mal, Harry. Llamaré a San Mungo de inmediato, quédate con ella mientras tanto… yo tengo que unirme para rescatar a Beth, y ahora también a Axel. –dijo apesadumbrado.

- ¡No!... –se negó Harry-. ¡Llama a alguien más, Severus, pero no puedo quedarme aquí, quiero ir contigo para traer a mi hijo! ¡No me quedaré!


Severus asintió y usando un poco de polvos flu se comunicó al despacho de Dumbledore, y en pocos segundos llegaba Bill para cuidar de su madre y llevarla a San Mungo. Severus sujetó a Harry de la mano y salieron hacia fuera de las protecciones, él llevaba un traslador que habían fabricado para llevarlos hacia el sitio donde creían se escondía Lucius. Abrazó a Harry y desaparecieron para reunirse con el resto de la Orden tras de una cabaña enorme de dos plantas.


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- Aquí tienes el niño. –dijo Ángelo tendiendo el bulto que lloraba a todo pulmón cuando estuvieron frente a Lucius-. Ahora regrésame a mi hija para poder irme de aquí.

- Has hecho un buen trabajo, Abbatelli. –le respondió Lucius haciendo una señal a uno de los mortífagos para que tomara al bebé-. Lamentablemente creo que aún no podrás irte.

- Pero…


Lucius no le dejó decir nada más, Ángelo se vio de repente preso de otro cruciatus, las pocas fuerzas que había logrado reunir con pociones se agotaban, se dejó caer al suelo, sin resistirse a la maldición, sabía que eso solamente le acarrearía quedarse totalmente debilitado y necesitaba mantenerse conciente, así que soportó todo el dolor con resignación, valiéndose del pensamiento de salvar a su hija para Severus, eso le ayudaría a tolerar todo. Al cabo de unos minutos, y cuando empezó a sentir un hilo de sangre resbalar por su boca, se sintió al fin liberado del dolor, pero enseguida fue sujetado por unas cuerdas procedentes de la varita del mortífago y fue llevado hacia una habitación contigua al salón donde se encontraban. El corazón de Ángelo se aceleró al comprender que había sido demasiado confiado, pero también se regocijó al ver que se hija se encontraba ahí, acostada en el suelo, a unos pocos metros de ella. El mortífago que lo llevó dejó también a Axel junto a la bebé antes de marcharse a fungir su función de centinela. Ángelo se acercó como pudo a su hija, inclinándose hacia ella para calmarla pues lloraba de hambre y frío.


- No llores, amor. –le pidió acariciándola con su nariz-. Aquí está papi contigo… y nos iremos pronto, te lo prometo… Papá va a venir por nosotros ¿Me crees, verdad?.


La niña dejó de llorar al instante, suspirando cansada pero feliz de escuchar una voz conocida, y ese pequeño tacto que le brindaba un profundo bienestar. Ángelo se acurrucó a su lado, intentando calentarla con su propio cuerpo, a pesar de que era verano aún, en aquellas alturas hacía frío que se acentuaba con el contacto con el suelo de mármol. Ya no le quedaba más que esperar, aunque su mente se resistía intentando encontrar una manera para salir de ahí.


Fue sólo unos pocos minutos después cuando vio su oportunidad. El mortífago volvió a entrar y cerró la puerta tras de él. Ángelo sonrió usando algo de su encanto Veela, no podía usarlo todo, estaba demasiado débil y debía saber administrar su magia, pero fue suficiente con un poco para conseguir que el encapuchado se le quedara mirando hipnotizado.


- Seguro eres muy atractivo bajo esa máscara… -le dijo sugerentemente-… ¿Porqué no me sueltas para que podamos pasar un buen rato? Te aseguro que no te vas a arrepentir… Ven, suéltame ahora mismo y comprobarás lo que pocos magos han tenido… sabrás lo que puede hacer un Veela para que disfrutes como nunca.


El mortífago no pudo resistirse a la tentación, con su varita liberó a Ángelo y éste se lanzó contra él para desarmarlo. Le fue fácil aprovechando que el hombre aún se encontraba obnubilado por su influjo. Ahora fue él, quien aprovechando la varita del mortífago le dejó atado y amordazado junto a una esquina de la habitación. Sin pérdida de tiempo tomó a su hija en brazos ignorando completamente el llanto temeroso de un niño que quedaba abandonado en el suelo.





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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 28 *Amor Filial*   Vie Abr 10, 2009 4:50 pm

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Ángelo se aplicó a sí mismo y a su hija un hechizo desilusionador, abrió la puerta y notó que nadie se giró a mirar, tal vez ya esperaban que el mortífago saliera. Fue deslizándose hacia la puerta abierta, arrullando silenciosamente a su bebé para que no hiciera ningún ruido para que los delatara. Pero el llanto de Axel fastidió a Lucius y envió a otro de los mortífagos para que callaran al infante.


Ángelo supo que sería descubierto así que corrió hacia la salida sin importarle ya hacer ruido. De inmediato fue descubierto y comprobado cuando el mortífago salió de la habitación dando la voz de alarma. Un contra hechizo de Lucius reveló su ubicación y ya siendo visible, no le quedó nada más que correr para librarse de los maleficios que le eran lanzados.


En su intento de huir, Ángelo tuvo que esquivar a otros mortífagos, y se vio obligado a acercarse al peligroso acantilado. Sujetó fuerte a su bebé, no iba a permitir que nadie la lastimara y luchó contra todos sintiendo que la fuerza se le agotaba, tuvo mucho miedo, los mortífagos se multiplicaban a cada momento.


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Cuando Severus y los demás atravesaron las barreras y se dirigieron a la cabaña se encontraron el singular espectáculo. Ángelo luchando como podía contra casi treinta mortífagos, era un milagro que aún no hubiera sido lanzado al acantilado que tenía a sus espaldas. Sin pérdida de tiempo, los miembros de la Orden corrieron a ayudarle. Severus iba a hacer lo mismo, asustado de ver que Ángelo sostenía a su hija en brazos, pero al ver que Harry corría en dirección contraria y se adentraba a la cabaña no pudo dejarlo solo, ahora tenía que confiar que sus compañeros ayudarían a Abbatelli y él fue tras de Harry.


El salón estaba vacío, y siguiendo el llanto del bebé, Harry logró dar con él en la otra habitación. Lo levantó con cuidado del suelo consiguiendo que el pequeño dejara de llorar.


- Ya, mi niño, ya hemos venido por ti… te amo, bebé.


Harry besó a su hijo antes de dedicarse a revisarlo asegurándose de que estuviera bien. En ese momento llegó Severus a su lado.


- ¿Está bien?

- Creo que sí.

- Tienes que llevártelo de aquí, Harry. –le dijo Severus-. Regresa al camino donde aparecimos, de ahí puedes irte a San Mungo para que lo revise un médico.

- ¿Y tú?

- Tengo que quedarme… Anda, ahora lo importante es que cuides de Axel.

- Sí… cuídate, te estaré esperando.


Severus besó brevemente a Harry antes de llevarlo a la salida, ahí tendrían que separarse. Harry vio como Severus subía corriendo colina arriba hacia donde se había desatado la batalla, tuvo mucho miedo por él pero ahora era muy importante sacar a su hijo de ese lugar.


Ni bien anduvo unos cuantos pasos, cuando Harry se detuvo de improviso al ver que tres mortífagos aparecían frente a él amenazándole con sus varitas.


- ¡Devuélvenoslo, Potter! –Ordenó una voz que Harry no conocía.


Harry no respondió, sacó su varita dispuesto a pelear. Un fuerte Expelliarmus envió a uno de ellos hasta varios metros lejos. El grito de Harry llamó la atención de Severus quien se volvió a mirar. Pudo ver como cada vez eran más mortífagos los que se unían contra Harry, pero no era el único, también contra él. No podía hacer nada por ayudarlo así que debió confiar en que podía con todos. Luego miró a Ángelo, ya solamente le quedaban dos, pues los demás le abandonaban para irse contra el resto de la Orden. Sin embargo, Ángelo se veía realmente fatigado, sus hechizos eran cada vez más débiles, y finalmente lo único que pudo hacer fue reunir las fuerzas que le quedaban para invocar un escudo y quedarse acuclillado en el césped protegiendo a su hija.


Severus confió en que el escudo resistiera hasta que alguien se diera cuenta y le ayudara. Recordó sus propios consejos de batalla que le diera a Harry y supo porqué él se sentía tan confundido al respecto… ahora él tampoco podía resistirse a la tentación de mirar a su izquierda y vigilar a Ángelo y Beth… o a su derecha y orar para que Harry y Axel no fueran heridos.


Los miembros de la Orden vieron su situación, notaron como los mortífagos tendían a atacar al que consideraban traidor y al asesino de su Amo. Remus corrió a liberar a Ángelo de los dos mortífagos, consiguiendo que con un hechizo ambos cayeran por el acantilado justo cuando acababan de romper el escudo… había llegado justo a tiempo.


Ahora parecía que ya nadie atacaba a Ángelo, así que lo dejó para ir a ayudar a Severus. Con eso consiguió llamar la atención de varios de sus compañeros, quienes dejaron a sus combatientes para liberar a Severus de unos cuantos mortífagos. Snape echó una última mirada a Ángelo, parecía finalmente a salvo, y luego giró a su derecha y el corazón se le encogió… Harry había sido acorralado hacia una pared rocosa, ya sólo había un mortífago con él, y le apuntaba, el Gryfindor hacía lo mismo pero no disparaba, eso alarmó a Severus, quería ir a ayudarlo pero no podía, eran demasiados los mortífagos atacándole, no le daban descanso y comenzaba a fatigarse.


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- ¿Tienes miedo, Potter? –se burló el mortífago que Harry reconoció como el padre de Zabini-. No creo que te sea difícil enviar ese Avada como lo hiciste con mi Señor… Eres tan asesino como nosotros, no importa a cuantos te hayas llevado en tu vida, una vida es una vida, y eso te convierte en lo que eres, Potter.

- Cállate. –le ordenó tembloroso-. N-no es cierto.

-¡Eres un asesino!... –gritó desquiciado-… Como veo que también eres cobarde, ¿porqué no me suplicas como te suplicaba Tom, Potter?... ¡Suplica por tu vida!


Harry negó, luchando por no dejarse dominar, pero esa distracción le costó cara, apenas sí consiguió invocar un escudo para evitar que una llamarada llegara hasta ellos y les incendiara. El muchacho se esforzaba por mantener su protección pero era difícil hacerlo por mucho más tiempo, el calor se intensificaba y su niño lloraba, eso le incrementaba la angustia, no podía soltarlo para poder pelear, si lo hacía, rompería el escudo y los resultados serían fatales.


Pensando que la única opción que tenía era aprovechar un segundo para romper el escudo y entonces volver a asesinar, Harry supo que no tenía otro camino, pero aún dudaba, era demasiado el riesgo para Axel, no quería ni imaginarse lo que pasaría si el fuego llegara a alcanzarlo.


De pronto, cuando sintió que todo estaba perdido, un fuerte viento asoló la colina, la pelea se detuvo por espacio de segundos ante el polvo que se levantó y que apenas les permitía ver. Sin embargo, para Harry aquello fue una bendición, las llamas se apagaron y rompiendo el escudo apuntó hacia el mortífago, ya no tenía otra opción, tendría que asesinar. Pero, antes de que pudiera completar la maldición, un fulgor verde lo deslumbró. Instintivamente se agachó cubriendo a su hijo con su cuerpo olvidándose de todo lo demás.


Por un instante creyó estar muerto hasta que sintió unos cálidos brazos rodeándole preocupados, reconfortándole con su cariño, entonces supo que todo estaba y estaría bien. Se aferró a Severus mirando por encima de su hombro al mortífago caído.


- ¿Estás bien? ¿Y Axel?

- Los dos estamos bien… gracias. –dijo comprendiendo quien había sido el autor del Avada que asesinó a Zabinni-. ¿Qué fue ese viento?

- No tengo idea, pero no podemos detenernos a meditarlo… Vamos, hay que sacar a Axel de aquí.


Harry asintió, pero en cuanto se incorporaron una suave canción que los hizo detenerse paralizados por el asombro. El polvo comenzaba a asentarse y el viento fue calmándose mientras la melodía cesaba… la batalla continuó. Pero Severus y Harry continuaron unos segundos sin saber qué decir, simplemente recordando el reclamo de Harry, haciendo cómplice al viento de su amor, y que ahora acudía a ayudarlos.


No tuvieron tiempo de pensar en nada más, los mortífagos los descubrieron y se apresuraron a atacarlos. Severus cubrió a Harry con su cuerpo, defendiendo a su familia de los mortífagos de quienes había logrado escapar segundos antes, usaba cuanto hechizo y maldición se sabía, mientras el Gryffindor hacía lo mismo invocando nuevamente un escudo y protegiendo a su hijo, estaba tan aturdido que no podía luchar, simplemente abrazaba a Axel con su vida. Odiaba no poder ayudarlo, pero luego del alivio de no haber invocado el Avada, no se creía capaz de volver a provocar la muerte de nadie. Desencajado, se dejó caer en la hierba, abrazando a Axel mientras Severus permanecía de pie desviando los hechizos.


A la distancia, Ángelo notó el apuro de Severus, los de la Orden no se habían dado cuenta, y al verlo en peligro supo que tenía que hacer algo por él. Pensando que ya nadie le atacaría pues desde hacía un tiempo había tenido oportunidad de reponer un poco de fuerza, dejó a Beth al refugio de una roca y salió corriendo hacia Severus.


- ¡Abbatelli! ¿Qué haces? –le gritó Severus al descubrirlo-. ¡Cuida a Beth!


Ángelo se detuvo de inmediato, comprendió su error y giró sobre sí mismo para regresar sobre sus pasos, pero lo que vio le paralizó el alma. Dos mortífagos, uno de ellos con mechones rubio platinado sobresaliendo bajo su capucha se habían acercado a la niña. El más bajo de ellos la levitaba cada vez más alto.


- ¡Hey, Lucius!... ¿Qué te parece un tiro al blanco?


Beth fue lanzada al aire con fuerza, pronto empezaría su caída al mar y su cuerpecito se estrellaría en el agua o en las filosas rocas que bordeaban el acantilado… pero eso no era diversión para los mortífagos. Lucius apuntó hacia el bulto con firmeza.


- ¡Avada Kedavra!


Ángelo vio el mortal rayo salir de la varita de Lucius, no pudo más y se desmayó escuchando el grito de terror de Severus.










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Susy Snape
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 28 *Amor Filial*   Vie Abr 10, 2009 9:55 pm

Citación :
“Ese Veela sí que es estúpido”

Totalmente de acuerdo con Lucius!!!

Besos
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 28 *Amor Filial*   Sáb Abr 11, 2009 1:38 pm

Pues sí, en su locura, Angelo se olvidó de pensar con inteligencia, lo único que queria era aferrarse a no perder a Severus, él mismo cavó su tumba T__T


Nos vemos!!

cheers













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kakarotta
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 28 *Amor Filial*   Miér Jul 01, 2009 3:29 pm

no pobre beth no se lo merecia angelo si que es estupido
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 28 *Amor Filial*   Miér Jul 01, 2009 5:46 pm

Ángelo sufrió un buen susto, tanto por la posibilidad de perder a su hija y al mismo tiempo, su único lazo con Severus.
Pero como Beth, ciertamente no tiene la culpa, no podemos atentar contra ella jeje













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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 28 *Amor Filial*   

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Enfermo de amor. Capítulo 28 *Amor Filial*
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