La Mazmorra del Snarry


 
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 Enfermo de amor. Capítulo 24 *Tutorías y Gestaciones*

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Araleh Snape

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MensajeTema: Enfermo de amor. Capítulo 24 *Tutorías y Gestaciones*   Jue Abr 09, 2009 1:47 pm

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Tutorías y Gestaciones






Harry no podía dejar de sonreír. Era muy especial aquel momento. Sentado con Severus en el piso de su despacho, recargado sobre su pecho mientras el profesor le explicaba pacientemente las propiedades de las púas de erizos y porqué no mezclarlas con hígados de salamandra.


- ¿Estás entendiendo?

- Perfectamente. –aseguró girando la cara para hundirla en el cuello de Severus y besarle-. Eres un excelente profesor cuando te lo propones.

- Dime entonces las propiedades de la amortentia.

- ¿Qué tiene que ver eso? –protestó retirándose enfadado.

- Nada, pero quería ver si realmente estabas poniendo atención.

- Muy gracioso, pero ahora que sacas esa poción en la conversación… ¿seguro que no me la diste a beber en ningún momento? –preguntó regresando a besarle el cuello-. Me encanta como hueles, cada vez que te tengo cerca todo se nubla a mi alrededor y lo único que quiero es estar contigo.

- ¡Harry! –exclamó de repente provocando que el chico retrocediera asustado.

- ¿Qué, qué pasa?

- ¡Sabes algo de pociones!


Harry entornó los ojos ante la broma de su Profesor que para entonces reía luego de su sorpresa al saber que Harry por lo menos estaba enterado de las propiedades de un poderoso filtro de amor, prefirió no preguntar nada más y le atrajo para besarlo.


- Esto me gusta más. –ronroneó Harry acurrucándose junto a Severus-. Si así serán las tutorías quiero tenerlas a diario.

- No te emociones, me conformo con que hoy hayas aprendido algo.

- Estudiaré mucho entre clase y clase para que mis tutorías no se desperdicien en enseñanzas.

- Eres un niño muy malo. –le reprendió juguetón-. Sólo por eso te voy a castigar.

- ¿Cómo, profesor?

- Tendrás que quedarte quieto, te prohíbo moverte por más que te urja, ¿me has entendido?

- Perfectamente, profesor, ya le dije que es muy bueno para enseñar.


Severus sonrió y llevó su mano hacia el pantalón de Harry, con exasperante lentitud le acarició por encima de la ropa mientras succionaba con sus labios la suave piel de la oreja de Harry. Las manos del Gryffindor estuvieron a punto de intervenir atrayendo al Profesor, pero éste se las retiró recordándole su castigo. Suavemente Severus deslizó la bragueta del pantalón y deslizando su mano por debajo de la ropa interior jugueteó con la suave alfombra que lo recibió. El chico gimió extasiado cuando sintió los dedos de Severus rodeándole el miembro que empezaba a endurecerse ya. Recostándolo sobre el suelo, el Profesor abandonó el cuello de Harry para desplazarse hacia el sur.


El chico pensó que le desvestiría y le haría el amor, pero Severus no hizo más que levantarle la camisa del uniforme y acariciarle con la nariz su abdomen aun muy levemente redondeado. Depositaba pequeños besos sobre su piel, sintiéndole estremecerse ante los suaves contactos. El miembro erecto de Harry le acariciaba a su vez su nuez de Adán provocando que su deseo se intensificara. Apartó lo suficiente la ropa interior de Harry para poder tener contacto con la piel de ese mástil que se erguía para él.


Con suaves besos y febriles caricias le estimulaba, retando a la paciencia de Harry, quien se contorsionaba de placer ansiando más, pero recordando su castigo no se movía más que lo inevitable. Podía sentir su pene humedeciéndose con la saliva del mago mayor y arqueaba la cadera desesperado por más que besos, que aunque excitantemente deliciosos, no le impedían desear más. Los dedos largos de Severus le rozaban cada zona con gran sensibilidad. Ahogó un grito al sentir cuando finalmente Severus introdujo su glande dentro de su boca, jugueteando con su lengua la punta endurecida, saboreándola detenidamente.


- Ya… mi amor, por favor. –suplicó Harry.


Severus le complació y deslizó sus labios hacia la base, invadiéndose de aquella dureza. Harry sonrió satisfecho, respiraba y gemía sonoramente cuando Severus empezó con una serie de sube y baja que le enviaban descargas eléctricas al corazón del Gryffindor. La succión y el movimiento consiguieron que en unos minutos el ojiverde se descargara aliviado dentro de la boca del Profesor. Severus no le abandonó enseguida, continuó besándole y retirando los restos con sus labios hasta que el miembro quedó totalmente limpio.


- Ahora yo. –pidió Harry incorporándose.

- No, jovencito, usted está castigado por mal portado.

- ¡Pero Severus! –protestó incrédulo-. No puedes ocultar que lo necesitas, amor. –agregó llevando una mano a la entrepierna del mayor que se sentía muy dura.

- Pues me aguanto, pero te quedas castigado.

- ¿Y si no quiero? –retó sonriéndole.

- ¿Y cómo piensas convencerme?

- No es necesario.


En un rápido movimiento, Harry desabrochó el pantalón de Severus quien no hizo mucho por evitarlo, incluso pareció ayudarlo, pero se mostró genuinamente sorprendido cuando Harry se bajó también su pantalón y se montó a horcajadas dispuesto a hundir ese miembro que le reclamaba su calidez. Sin embargo, apenas sí sintió la punta del pene en su entrada cuando unos fuertes golpes en la puerta los hicieron sobresaltarse. Maldiciendo, se separaron para arreglar sus vestimentas. Severus acudió a abrir, furioso con quien se atrevía a intervenir así, estaba dispuesto a hacer pagar a quien consiguió que la pasión de un hermoso momento se apagara.


- ¡Weasley! –exclamó al ver a Ron entrar rápidamente sin hacerle caso-. ¡Pero qué demonios…

- ¡Harry, tenemos que irnos ya!... ¡El profesor Abbatelli viene para acá!

- ¿Qué, pero cómo?

- Lo vi en el mapa, ¡rápido!.


Severus no entendía de lo que hablaban, y le molestó ver a Harry recoger los libros para marcharse. Por su parte, Ron apenas acababa de notar que la camisa de Harry se encontraba fuera de su lugar y un gesto de repugnancia se dibujó en él, para distraerse miró de nuevo el mapa y su sonrojo se evaporó ante la palidez.


- Demasiado tarde… Profesor, tiene que esconderse. –apremió Ron.

- ¡Yo no me voy a esconder, mocoso impertinente! ¡Este es mi despacho!

- ¡Por favor, Severus, hazle caso! –suplicó Harry.


Ante las palabras del chico, Severus no tuvo más remedio que obedecer y refugiarse en el cuarto que servía de almacén para las pociones. Ron y Harry se miraron, la puerta del despacho había quedado abierta y podían escuchar unas suaves pisadas acercándose. Sin pérdida de tiempo, Harry se abalanzó sobre Ron para abrazarlo, justo en el momento en que entraba el Veela y les miraba sorprendido.


- ¿Qué está pasando aquí? –preguntó Ángelo.

- Eso mismo quisiera yo saber. –secundó Severus saliendo de su escondite mientras los dos Gryffindors se separaban.

- Perdón, Profesor… -musitó Ron, ahora más nervioso que nunca, lo cual sirvió bastante-. .. vine por Harry, teníamos una cita y se tardaba demasiado.

- ¡Ahora resulta que mi despacho es lugar para sus estúpidas citas!... ¡Fuera de aquí los dos!

- ¿Qué hacía Harry en tu despacho, Severus? –preguntó Abbatelli.

- Le doy algunas tutorías debido a que no puede acudir a sus lecciones de práctica. –respondió Severus con desgano.

- ¿Quieres que te diga justamente lo que me estaba enseñando, Ángelo? –preguntó Harry arqueando una ceja con picardía.

- ¡Potter, le he dicho que se largue de una vez a su cita!

- De acuerdo, profesor, no era mi intención que se molestara porque mi novio vino por mí, pero ya nos vamos… nos urge estar solos ¿verdad, Ron? –preguntó apretando fuertemente la mano de su amigo mientras Severus sentía la boca amarga ante ese simple gesto.


Ron asintió incapaz de decir ni una sola palabra más, le asombraba la osadía de su amigo al intentar molestar a Ángelo. Éste, por su parte, los miraba con suspicacia, podía notar algo extraño en el ambiente, pero no podía identificar el origen, había demasiada tensión y no sabía si eso era bueno o malo. De todos modos, prefirió continuar aparentando que no sospechaba nada y se giró a mirar a Severus, alzando la voz para que Harry, quien ya se dirigía a la salida, pudiera escucharlo.


- Vine por ti, amor, para que vayamos con Poppy… quiere hacerme una revisión esta noche y sé que te encantará saber más de nuestra hija.


Severus no respondió, y vio en silencio como los dos Gryffindors se marchaban. Ángelo aprovechó el momento para sujetarlo del brazo y conducirlo también a la salida. Snape se soltó fingiendo no haberlo notado y salieron separados. Unos metros más adelante, Harry volvía a abrazar a su amigo, emocionado y agradecido por su intervención.


- ¡Eres un gran amigo, Ron, creo que el Veela nos hubiera descubierto si no es por tí!... no tengo ninguna duda de que conseguimos despistarlo un poco, por lo menos.

- Me alegra haber llegado a tiempo. Estaba viendo en el mapa, ya sabes, buscando a Hermi… -confesó sonrojado-… y vi cuando el Veela endemoniado iba rumbo a donde ustedes estaban, demasiado juntitos los puntos del mapa para mi salud mental, pero en fin, me arriesgué a no estar cometiendo una tontería y echar todo a perder.

- ¡Nada de eso, estuviste genial!... ¡Te quiero tanto, Ron!


Harry volvió a abrazarlo y sin poder reprimirse le dio un beso en la mejilla, antes de nuevamente tomarlo de la mano para llevarlo hacia los pisos superiores.


- ¡Harry, no corras! –le apremió Ron divertido por el entusiasmo de su amigo-. ¡Puede hacerle daño a mi bebé!


Harry se detuvo al instante, se volvió a mirar a Ron, sus ojitos verdes brillando emocionados al escucharlo decir eso, había estado temiendo que aquella farsa inquietara demasiado a su amigo, pero oírlo bromear así, le alivió mucho su corazón, y cariñosamente, volvió a abrazarlo, ya no tan efusivamente, pero sí muy agradecido, apoyó su cabeza en el hombro del pelirrojo mientras que éste se olvidaba de restricciones y acariciaba sutilmente el bultito del vientre de Harry.


Ninguno de los dos se dio cuenta que unos ojos negros les miraban a la distancia, entristecidos por no ser él quien pudiera abrazarlo en medio de un pasillo, sin importar ser vistos. No hizo ningún comentario y dobló por otro corredor para no pasar junto a ellos, seguido como siempre de Ángelo, que ahora era más feliz que nunca.


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Unos minutos más tarde, Poppy volvía a reafirmarles que el embarazo cursaba excelentemente y las molestias del Veela eran normales. Severus respiró aliviado, aunque no podía evitar pensar que esa noche ya no podría ver a Harry. Por su parte, Harry suspiraba profundamente mientras suspendía sus tareas por un momento.


- ¿Estás bien? –preguntó Ron quien hacía sus redacciones a su lado.

- Sí, pero… ¿escuchaste? Va a ser una niña.

- ¿Snape no te lo había dicho?

- No, tal vez pensó que me afectaría mucho.

- ¿Y es así?

- No sé… Sé que la niña no tiene la culpa de nada, pero de todos modos duele.


Ron sonrió con tristeza ante la visible afección de su amigo, no supo qué podía decir y permaneció callado, suspendiendo por completo lo que hacía para mantenerse a su lado y compartir juntos el momento. Harry lo agradeció también en silencio.





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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 24 *Tutorías y Gestaciones*   Jue Abr 09, 2009 1:48 pm

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Al día siguiente, el Gryffingor acudió a su cita médica, pero en compañía de Ron para que su farsa continuara adelante.


- Todo va a las mil maravillas, señor Potter. –le informó Poppy con una serena sonrisa-. Siga alimentándose bien, y usted, señor Weasley, cuide mucho de él.

- Lo haré, claro. –respondió Ron nervioso.

- Gracias por acompañarme. –le dijo Harry cuando la enfermera se marchó dejándolos solos-. Eres un gran amigo.

- Ni lo digas, me ha gustado mucho hacerlo… debe ser genial para ti estar esperando un hijo de quien amas.

- Sí… pero me gustaría que pudiera estar conmigo.


Inesperadamente Ron le abrazó y cuando pasó el primer instante de sorpresa, Harry le correspondió sintiéndose muy bien ante la reconfortante muestra de cariño de su amigo, era la primera vez que el pelirrojo tomaba la iniciativa y fue una experiencia realmente cálida para ambos.


- ¡Ejem! –se escuchó que alguien se aclaraba la garganta provocando que se separaran abruptamente-. Creo que te has creído mucho el papel de novio, ¿no?

- ¡Hermione! –exclamó Ron azorado-. ¿De qué demonios hablas?

- Cuando yo era Harry apenas sí querías tocarme, pero es obvio que se te ha pasado la vergüenza inicial.

- Tantito. –respondió Ron bromeando sin darse cuenta que su amiga no lo estaba haciendo, Harry no decía nada, simplemente los miraba esperando que algo interesante sucediera con ellos-. Después de todo, creo que Harry no besa tan mal.

- ¡Eres un idiota, Ron!


Hermione salió de prisa al ver cómo Ron había vuelto a abrazar a Harry posesivamente. Pero al ver que la chica se marchaba su rostro se tensó por la sorpresa.


- ¿Y ahora qué le pasa?... Primero bromea y luego se enoja.

- Es que… creo que no estaba bromeando. –le dijo Harry apenado-. Más bien, me pareció celosa.

- ¿Celosa porqué?

- En primer lugar porque ella fue quien te besó, no yo, y en segundo lugar…


Harry se señaló a ellos mismos, Ron comprendió entonces que todavía se mantenía abrazado a él y rápidamente se separó como si su amigo tuviera alguna enfermedad contagiosa. Enseguida creyó saber lo que le pasaba a Hermione y salió corriendo tras de ella mientras Harry sonreía divertido.


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Los meses continuaron su curso. Harry acudía noche a noche a las tutorías con Severus, algunas veces podían estar a solas pero generalmente no, Ángelo procuraba arreglárselas para esquivar a Dumbledore y evitar que le enviara a alguna tarea que supuestamente era especial para él. Pero aquellas noches en que no tenían testigos, a Severus le gustaba recostar a Harry sobre su pecho y quedarse horas acariciándole su cada vez más prominente barriga.


Fue emocionante que en el primer movimiento de su bebé pudieron estar juntos para descubrirlo, ambos casi lloraron de la alegría que sintieron en ese momento. Las horas libres, Severus las aprovechaba para buscar información sobre los reclamos Veela, quería algo que le ayudara a separarse de Ángelo y no perder los derechos con su hija, pero aún no tenía éxito. Incluso había acudido a Fleur, y ella le investigó también, pero todo concordaba, un reclamo era irrevocable, ni siquiera tenían conocimiento del indulto que él ya sabía… estaba cada vez más desesperado pero lo ocultaba, sobre todo a Harry, no quería preocuparlo porque se daba cuenta que a veces se las veía duras con su embarazo.


El chico sufría de todas las incomodidades posibles, a veces le dolía demasiado la espalda, sus caderas protestaban por un peso que no era el que estaban acostumbradas. Las jaquecas estaban a la orden del día, eso ocasionalmente lo ponían de mal humor y no quería ni salir de su habitación. Se cansaba con sólo ir al baño y eso lo tenía que hacer con demasiada frecuencia. Poppy le había asegurado que nada era anormal aunque le mantenía en constante vigilancia.


Para Harry era deprimente ver que mientras él se sentía obeso, hinchado, ojeroso, en una palabra, horrible, Ángelo lucía radiante, su sonrisa feliz embargaba a todo con cuanto se cruzara, parecía que un aura blanca le rodeara con gran intensidad. Todo en él era repugnantemente brillante y hermoso… y era evidente que el Veela se daba cuenta de lo que sucedía al jovencito. Una tarde, que se encontraron en uno de los pasillos y Harry lucía ya un embarazo de casi siete meses, Ángelo se le impuso enfrente sonriéndole feliz, aquella ocasión llevaba una túnica color perla con un cinto ajustado en su breve cintura.


- Hola, Harry… veo que ese embarazo va muy bien.

- Va a la perfección, gracias. –respondió mirándole altivo, sin dar a mostrar su ira que le nacía con sólo verlo-. Ahora tengo que irme, gracias por preguntar.

- ¿Y tú no preguntas por el mío?

- Pues no. –responde enfatizando su sonrisa-. Es que realmente no me interesa y prefiero no actuar tan hipócrita… que te aproveche.

- Vas a tener que ponerte a una dieta muy estricta cuando nazca tu bebé. –insistió interponiéndose en su camino-. ¿O es que Ron no te lo ha sugerido? Debes tener cuidado de no perderlo, es un gran chico.

- En eso estoy de acuerdo contigo. Pero no te angusties ni pierdas el sueño por mí, el padre de mi hijo no me va a dejar sólo por mi apariencia física, hay quienes son extremadamente hermosos y aún así, viven suplicando amor… Adiós, Ángelo.


Ángelo iba a refutarle su argumento pero la presencia de los amigos de Harry se lo impidieron y consiguieron alejarse dejando al Veela tragándose su coraje. Pero aunque Harry supo ocultar lo que sentía, era imposible no sentir celos cuando Severus estaba casi siempre con Ángelo, cuando los veía entrar al comedor juntos, cuando Ángelo probaba todo cuanto se le antojaba sin subir ni un gramo, y mucho más, cuando Severus sonreía al mirarlo.


A veces lloraba por las noches, pero parecía que su dulce bebé comprendía lo que le pasaba pues era de ley que terminara riendo al sentir las pataditas en su vientre desde su interior. Ron le miraba como si hubiera enloquecido cuando se despertaba al oír sus risas y mucho más al escuchar la explicación de Harry.


- Es que mi bebé no quiere que esté triste y me hace cosquillas.


El pelirrojo jamás se burlaba y sin decir nada, se cambiaba a su cama y se recostaba a su lado, permitiéndole llorar en silencio en su pecho cuando le agobiaba la tristeza o sonreír emocionado cuando hacía planes para el futuro donde siempre había un final feliz.


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Esa noche de Junio, Harry se olvidaba temporalmente de sus malestares gracias a las caricias que Severus le daba a su abdomen redondeado, gracias a eso y a los movimientos de su bebé siempre lograba relajarse. De repente, Severus le miró de manera sospechosa y se puso de pie para ir a un cajón de su despacho.


- ¿Qué buscas? –preguntó Harry.

- Es una sorpresita… para que ahora aceptes que te enamoraste del mejor espía del mundo.


Harry sonrió divertido, pero dejó de hacerlo cuando Severus sacó un pequeño cofrecito de ébano con cerradura de plata mientras que en la otra sostenía la llave que le diera en alguna ocasión.


- ¿Cómo la conseguiste? –cuestionó preocupado.

- Ya te dije, soy un excelente espía.

- Estaba en Gringotts, no podías entrar a la bóveda.

- Ya ves que sí pude. –respondió orgulloso de sí mismo-. En esta ocasión no te has salido con la tuya.

- Severus… por favor, no vayas a abrirla.

- ¿Y quién te asegura que no lo he hecho ya? –cuestionó levantando una ceja.

- Sé que no ha sido así… y por favor, te lo suplico, si me quieres un poco, no vayas a abrir el cofre hasta que yo te diga que puedes hacerlo.

- ¡Cuanta seriedad! –se mofó Severus-. Ahora tengo más curiosidad de saber lo que escondiste para mí.

- Severus, de verdad, no estoy bromeando… prométeme a que esperarás a que yo te diga que puedes abrirla para hacerlo ¡Prométemelo, por favor!


Severus dejó de sonreír ante la angustia que notaba en la voz de Harry y asintió aceptando su petición, así que, aunque su vida dependiera de ello, no abriría el cofre sin la autorización de Harry, éste finalmente respiró aliviado… tal vez había sido demasiado confiado en que sería él quien terminaría revelando el secreto de la llave.


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Una mañana, Harry se levantó un poco más indispuesto de lo normal, en un principio pensó que era por el cansancio luego de pasar días de estrés por los exámenes finales y estando la graduación a un par de días, pero enseguida supo que no, que era algo más… quiso pedirle a Ron que lo acompañara a la enfermería pero la cama de su amigo estaba vacía. Suspiró hondo, buscó en el cajón de la mesita de noche de Ron y vio que faltaba el mapa, comprobó así que debía estar con Hermione, desde el incidente de la enfermería se enteró que habían hablado y ahora pasaban muchas horas juntos, claro, siempre con el mapa a un lado para evitar ser pillados.


Pero eso ahora no importaba, era sábado y no tenía idea de donde encontrarlos. Se dio un baño y luego de ponerse ropa cómoda se dirigió al comedor con la esperanza de encontrar a Severus, sentía la necesidad de tenerlo a su lado y le abrazara. Pero tampoco tuvo suerte, no había ningún profesor.


Desalentado, se dirigió a la enfermería sin nadie que le acompañara. Estaba recostado sobre la cama esperando a que Poppy le explicara nuevamente que sus malestares eran normales cuando vio que la expresión de la enfermera se tornó extraña.


- ¿Pasa algo malo? –preguntó preocupado.

- No, señor Potter, todo parece en orden, pero de todos modos avisaré al profesor Dumbledore para que sea trasladado de inmediato a San Mungo, el bebé está por nacer.

- P-pero, eso no es posible… apenas estoy por cumplir ocho meses.

- En su caso es totalmente normal, no se angustie, el bebé está en las condiciones necesarias para nacer sin ningún problema.

- ¿Me lo jura? –preguntó ilusionado.

- Se lo aseguro. Ahora déjeme ir a avisar a San Mungo para que estén preparados para recibirlo.

- ¿Puede avisarle también al profesor Snape? –preguntó tímidamente.

- ¿El profesor Snape? ¿Qué con él? –preguntó distraída mientras buscaba en una de las gavetas algo de polvos flu-. ¡Ah, encontré un poco! Ahora espéreme aquí, señor Potter, el profesor Dumbledore ya está en San Mungo así que seguramente se encargará de que todo se prepare adecuadamente.

- ¿Porqué está en el hospital el director?

- Porque parece que es día de partos… va a nacer el hijo del profesor Abbatelli.


Harry palideció al escucharla y se dejó caer sobre la cama cuando se quedó solo. Si Abbatelli estaba dando a luz, seguramente Severus estaría con él y no podría acompañarlo. Contuvo unas lágrimas que no quería tener en ese momento, pero un fuerte dolor en su vientre le hizo encogerse sobre sí mismo, tuvo mucho miedo estando solo en la enfermería, ya no pudo evitar ponerse a llorar.






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Susy Snape
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 24 *Tutorías y Gestaciones*   Jue Abr 09, 2009 5:14 pm

que hay en la caja???? no lo recuerdo y me entro la curiosidad jejeje
Me da cosa Harry, aunque sabe que Severus lo ama está sufriendo al no poder compartir su embarazo como quisiera con él....
Besos Very Happy
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 24 *Tutorías y Gestaciones*   Vie Abr 10, 2009 4:19 pm

jajaja, bueno, vas a tener que esperar un poco para recordar lo que hay en la cajita, aunque ya no falta mucho, hoy subo tres capítulos, y mañana los últimos dos, así que de mañana no pasa, XD.

Muchos besitoooos!!
sunny













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kakarotta
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 24 *Tutorías y Gestaciones*   Mar Jun 30, 2009 10:56 pm

no pobre harry va a parir solito a menos de que ron lo acompañe aunque despues sev puede despedasarlo, los celos son muy riesgoos
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 24 *Tutorías y Gestaciones*   

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Enfermo de amor. Capítulo 24 *Tutorías y Gestaciones*
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