La Mazmorra del Snarry


 
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 La familia que siempre quise. Capítulo 21.

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Araleh Snape

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MensajeTema: La familia que siempre quise. Capítulo 21.   Sáb Jun 29, 2013 1:38 pm


CAPÍTULO 21



REPROCHE











En cuanto Ron despertó, frunció su nariz al percibir un olor que generalmente no aparecía jamás en el dormitorio de los chicos, parecía un aroma floral, pero debía ser producto de su imaginación así que se acomodó abrazando a su almohada.. Sonrió pensando en la noche más hermosa de su vida, se rehusaba a abrir los ojos, aún podía recordar el rostro de Adam mirándole todavía con la respiración agitada, diciéndole que lo amaba, que toda su vida le amaría, por su comprensión, por su suavidad, por cada vez que le regaló una mirada brindándole la confianza que necesitaba para hacer a un lado sus miedos, por haberlo ayudado siendo tan valiente con los suyos propios, por todo.



Pero la ensoñación de Ron volvió a verse interrumpida por otra oleada de ese aroma que no concordaba con lo que siempre olía al amanecer en ese cuarto, así que, con toda la pereza del mundo fue abriendo los ojos y entonces se topó con una imagen que lo hizo saltar de la cama. Frente a él estaba Harry, con una tonta sonrisa en el rostro mientras olfateaba una delicada rosa blanca, y en su mesita de noche pudo ver el origen del aroma, un ramo de rosas colocadas cuidadosamente en un jarrón de cristal.



— ¿Qué significa eso?... ¿De dónde salieron esas flores?

— Del jardín, fui a cortarlas temprano. —respondió dejándose caer de espaldas sobre su cama sin poder evitar un hondo suspiro—. Son hermosas, ¿verdad?

— Nunca en tu vida te detuviste siquiera a mirarlas y ahora las cortas y las pones en un jarrón… No te creo.

— No me importa. —respondió sin abandonar su tono ensoñador.



Ron entornó los ojos mirando a su amigo sospechosamente. La actitud de Harry no era la de siempre, bueno, en realidad tenía tiempo cambiado, y ahora que recordaba, la noche anterior Harry había tenido una cita, así que…



— ¡¿Te las dio tu cita?! —preguntó sorprendido—. ¿No le aclaraste que no eras una chica?

— Eres un troglodita, Ron, no sé como Adam se enamoró de ti.

— ¿Quién era tu cita? —preguntó sin hacer caso de su comentario, aunque su corazón revoloteó ante la sola mención de su murcielaguito.

— No te lo diré. —dijo divertido de la curiosidad de su amigo—. Es mi secreto y queremos que así siga, sobre todo por él.

— Cualquier chico o chica que conozca no pediría eso. —comentó echando a andar su cerebro—. Es más, se encargarían de correr el rumor de que Harry Potter anda loco por sus huesitos… y ya tienes tiempo extraño, así que no es que no haya tenido tiempo de gritarlo en medio del comedor, por lo tanto, tiene que ser alguien que realmente tenga una razón para guardar un secreto tan peliagudo…

— ¿Quieres que llame a Hermione para que te ayude a pensar? —se burló Harry—. Tantas tontas conjeturas pueden hacerte daño, Ron, me preocupas.

— Ríete si quieres. —respondió ofendido—. Te demostraré que Hermi no es la única que puede adivinar quien te trae volando, veamos… Adam no es porque te mataría, así que si no es un alumno es… ¡Snape!



Harry sintió un vuelco en el corazón, sinceramente jamás creyó que alguien pudiera adivinar y mucho menos Ron. Quiso negarlo, decir algo que lo salvara de esa situación, pero el hecho de haberse levantado abruptamente casi ahogándose con su saliva, su rostro encendido al rojo vivo y mirando a su amigo con absoluta estupefacción no le ayudaban para nada.



— ¡Por Merlín, Harry, saliste anoche con Snape! —exclamó Ron pasándose a la cama de su amigo—. Y por esa cara que traes parece que las cosas no podrían ser mejor.

— Ron, yo…

— No tiene caso que lo niegues. —le dijo aún muy sorprendido—. Últimamente pasas mucho tiempo buscando pretextos para ir a su despacho, primero pensé que era por Adam, pero no es así, además, a veces te comportas más como si fueras su padre que… ¡Tú estás enamorado de Snape!

— ¡No grites! —le pidió alarmado—. Alguien puede oírte y es justo lo que no quiero, que todo el colegio se entere.

— Pero estás saliendo con él ¿verdad?... aunque, es muy rápido ¿no? Acaba de…

— No digas más. Sé que es rápido pero en realidad no estamos saliendo como te lo imaginas, por el momento sólo nos conocemos un poco más. No ha sucedido nada entre nosotros, Ron, el profesor Snape no está enamorado de mí.

— No te entiendo… te regaló rosas. ¡Snape te regaló rosas, Harry, eso debe significar algo!

— Sólo que lo está intentando y que yo cada día lo amo más por eso… su regalo ha sido el mejor de mi vida.



Harry se puso de pie para volver a acercarse a su preciado ramo de rosas, pero en ese momento algo llamó su atención y desviando la vista hacia la puerta, palideció al encontrarse con la figura de Adam de pie, sostenido del marco, con una enorme angustia dibujada en sus ojos negros. Sin decir nada, Adam dio la media vuelta y se fue sin responder al llamado de Harry, ni siquiera al de Ron, que al ver la reacción de Harry se volvió a la puerta para descubrirlo también.



Ambos Gryffindor corrieron tras de Adam, comprendiendo que aquello podía resultar un verdadero problema. Afortunadamente por ser domingo había pocos estudiantes por el pasillo, generalmente aprovechaban ese día para dormir más o para irse de día de campo al lago. Harry fue quien alcanzó al chico y sujetándole del brazo procurando no lastimarle le llevó hasta un aula vacía, Ron entró junto con ellos.


— Déjame explicarte, por favor. —suplicaba Harry intentando abrazar a un indignado Adam—. Quiero que me escuches, bebé.

— ¡Deja de llamarme así, no soy tan estúpido! —le gritó empujándolo ante la impotencia de Harry quien sentía que se pondría a llorar también en cualquier momento—. ¡Te odio, Harry, te odio!

— Por favor, no… —murmuró ya sin contener las lágrimas—... no me digas eso, Adam, me duele, sabes que te quiero mucho.

— ¡Eres un hipócrita, no es cierto que me quieras, al que quieres es a mi padre!... ¡Cuánto debiste alegrarte de la muerte de mamá!

— ¡No, no es así, te lo juro!

— ¡Mentiroso! —exclamó dándole una bofetada que le dolió más al alma del Gryffindor que a su cuerpo—. ¡Eres un traicionero!

— Adam… no ha pasado nada entre el profesor Snape y yo. —le dijo sin responder a la agresión, en el fondo creía merecerla—. Pero no puedo negarte que lo amo con todas mis fuerzas y quiero estar con él, pero aún sigue enamorado de tu madre… que no te quepa la menor duda de eso. No hemos hecho nada que pueda avergonzarnos. —le dijo intentando volver a acercársele—. Tienes que creerme, te lo suplico… no quiero que me odies.

— Déjame, Harry. —le retuvo un poco más calmado, pero sin dejar de mirar con desilusión los ojos verdes del Gryffindor—. Ya no puedo creerte… ya no quiero.



Adam se fue sin permitir que Harry se le acercara. Al quedarse solos, Ron se debatía entre ir tras de su novio o acompañar a su mejor amigo, quien definitivamente se veía mal.



— Harry, yo… creo que debo ir con Adam. —murmuró Ron preocupado—. Perdóname, pero es que…

— No, Ron, no te preocupes por mí… Ve con él. —le pidió Harry con la voz quebrada.

— Intentaré convencerlo, Harry. —dijo con pena por su amigo—. Adam no es malo, entenderá tarde o temprano.

— No, Ron, será mejor que no le hables de mí. Él necesita tu apoyo, no que intercedas a mi favor. Te lo agradezco pero no le ayudarás de esa forma… sólo quédate con él y acompáñalo a cada segundo, que él sienta que no está solo.



Ron comprendió lo que su amigo quería decirle y salió precipitadamente del aula en busca de su novio.



Al quedarse solo, Harry miró a todos lados con desesperación, buscando una salida a esa angustia en el pecho sin encontrarla. Salió entonces corriendo, empezaba a sentir que volvía a perder control de su magia y eso no podía permitírselo, no quería volver a lastimar a nadie, sólo había una forma de regresar a la calma, así que no se detuvo hasta que Severus le abrió la puerta de su despacho luego de haber tocado con desesperación.



— Potter… ¿qué sucede? —cuestionó preocupado al ver el llanto compulsivo del muchacho que lo hacía temblar de pies a cabeza, pero Harry solamente se lanzó a sus brazos estrechándolo con fuerza—. ¿Por qué llora?

— Sólo déjeme abrazarlo, por favor… necesito controlarme. ¡Ayúdeme, tengo miedo!



Severus comprendió a lo que se refería, y jalándolo hacia el interior para evitar que nadie los viera, le abrazó con fuerza, sin decir nada, sólo reconfortándole con suaves caricias en la espalda y de vez en cuando permitirse darle un suave beso en lo alto de su cabeza.



Cuando fue percibiendo que el temblor aminoraba, o que mejor dicho, se transformaba en el que tenía siempre a su lado, lo condujo hacia el sofá colocado en uno de los extremos del despacho. Suavemente lo sentó sobre sus rodillas, acercando la cabeza de Harry a su pecho, sin dejar de acariciarle ahora el rostro humedecido por el amargo llanto. Harry se acurrucó en el regazo de su profesor, sintiendo volver a la tranquilidad, aunque el dolor y la angustia aún no se iban.



— Gracias. —murmuró débilmente.

— No hable ahora, quédese quieto y no se angustie, nadie nos molestará. —dijo Snape esforzándose en ser cariñoso con él, y sorprendentemente, no le causaba gran esfuerzo—. Sally quiso quedarse en Londres, la llevarán al zoológico y volverá hasta por la tarde, Adam debe de estar con ese Weasley, así que tenemos todo el tiempo que sea necesario.

— Ya me siento mejor. —aseguró limpiándose las lágrimas con el dorso de su mano—. Y hay algo que debo hablar con usted.

— Potter, no sea necio, guarde silencio, hay tiempo para todo y aún no está controlado por completo.



Harry abrió la boca para decir algo, pero Snape lo estrechó aún más, fue relajante sentirlo hacer eso, poder percibir tan claramente los hipnotizantes latidos del corazón del profesor y entonces se quedó quieto.



Mientras tanto, Ron había dado alcance a Adam y luego de convencerlo de acompañarlo hacia uno de los jardines donde podían estar solos, le invitó a sentarse sobre uno de los escalones de piedra. Quiso tomarlo de la mano pero Adam se zafó con rudeza.



— ¿Tú lo sabías, Ron? —preguntó limpiándose furioso las lágrimas—. ¿Sabías que ese traidor estaba tras de mi padre?

— Adam… yo te doy mi palabra que no sabía nada hasta esta mañana. —afirmó volviendo a sujetarlo de la mano, aliviado de que el chico ya no la retirara en señal de que le creía sus palabras—. Y aunque no quiero hacerte enojar, no creo que Harry sea ningún traidor.

— ¡Sí lo es, mamá no tiene mucho de haber muerto y él ya está con mi padre!

— Por lo que entendí, aún no están juntos… sólo salieron anoche.

— Deja ya de defenderlo, Ron. —le pidió molesto—. Ahora no quiero saber nada de Harry Potter… me ha desilusionado demasiado.



Ron sonrió tristemente pero asintió consintiendo dejar de hablar de Harry, quizá era mejor seguir el consejo de su amigo, ahora Adam estaba empecinado en no escuchar nada que fuera contra lo que sentía y pensaba. Así que decidió cambiar de tema, después de todo, había algo mucho más interesante de lo que hablar. Suavemente se acercó aún más a su novio y le dio un dulce beso en el cuello que hizo a Adam sonreír.



— Anoche fue sensacional. —dijo Ron suspirándole al oído—. Me hiciste muy feliz, Adam.

— Tú también a mí. —respondió cerrando los ojos para disfrutar de la caricia—. Gracias por ser como eres, Ron, me siento tan afortunado de haberte conocido y de que tu corazón me haya elegido.

— No podía ser nadie más… eres el mejor, mi murcielaguito, te adoro.

— Yo también, sino fuera por ti, Ron, seguiría entristecido y asustado por…

— Ya no mencionemos el asunto. —dijo adivinando que el nombre de Draco podría volver a interponerse entre los dos—. Por lo menos no ahora… vamos a disfrutar de este gran paso en nuestras vidas ¿de acuerdo?

— Completamente.



Adam sonrió enamorado mientras sentía como Ron se quedaba abrazándolo con gran dulzura por un tiempo, sin intentar ir más allá pese a que ahora sabía que ambos se morían por repetir la experiencia. Nunca se había sentido tan afortunado, recordó las palabras de Harry “algún día llegará ese alguien especial para ti”… sí, y ese era Ron, que con todo lo torpe que era, también había demostrado ser capaz de amarlo hasta donde nunca se atrevió a soñar. Sonrió pensando en la razón que había tenido Harry, pero enseguida lo sacó de su cabeza, ya no quería estropear sus momentos con su novio pensando en quien no lo merecía.









En las mazmorras, otro abrazo, y en aquella ocasión Harry pudo sentir algo diferente en el envolvimiento de los brazos del profesor, algo que le hacía sentirse feliz de verdad, no como las pequeñas ilusiones que le brindaban sus sueños o las sencillas demostraciones de afecto de Snape, era algo más. Volvió a estremecerse cuando Severus jugaba tranquilamente con el cabello de Harry, y exhaló un ahogado gemido al momento en que el profesor rozaba suavemente sus pestañas con sus labios, sintiendo su cálido aliento secándole sus lágrimas cada vez más escasas, ni siquiera se había dado cuenta cuando le quitara sus gafas.



Aquella vez no era otro de sus sueños, podía sentirlo realmente, podía palpar su torso, podía llevar su mano hacia la cabeza del hombre, buscando ansiosamente llevar sus labios a los de él y sujetándolo por la nuca le inclinó con toda intención conseguirlo y repetir la primera y única experiencia que tenía al respecto.



Severus volvió a desviarlo provocando que ahora el beso de Harry cayera en su nariz, y sin saber exactamente qué fue lo que lo impulsó a no moverse, apretó firmemente el hombro de Harry cuando sintió la lengua del chico acariciándole la punta de su nariz, probándolo con timidez. Después, hundieron el rostro en el cuello del otro, Severus sin hacer nada más que abrazarlo, Harry rozándole con sus labios la piel amada, aspirando hondo, murmurándole palabras de amor al estar tan cerca de su oído… nunca obtuvo ninguna respuesta, pero sabía que Severus lo escuchaba.



¿Cuánto tiempo estuvieron así? Quizá ninguno de los dos lo sabría con exactitud. Finalmente Severus se incorporó un poco y apoyando su frente a la del chico, le sonrió ligeramente.



— ¿Se siente mejor?

— Sí… gracias.

— Deje de agradecerme, Potter. —le pidió acariciándole la mejilla con su pulgar—. Ahora creo que llegó el momento de hablar.

— Profesor… Adam ya lo sabe. —dijo volviendo a sentir el nudo en la garganta—. Y no sé si me creyó cuando le dije que aún no había nada entre los dos… está furioso conmigo.

— Bueno, era de esperarse. —respondió con inusitada calma—. ¿Supone, Potter, que Adam estaría feliz con la noticia?... él adoraba a su madre.

— Yo no quiero que me odie. —aseguró con una lágrima traicionera resbalando por su mejilla—. Pero tampoco quiero alejarme de usted y sé que Adam me lo exigirá y no sé si tendré valor para negarme.

— Adam ya es casi un hombre, me pidió que aceptara su relación con ese Weasley y lo hice. Ahora le toca a él comportarse de la misma manera con nosotros.

— Pero no es lo mismo… él debe creer que hubo traición hacia… hacia su madre.

— Usted y yo sabemos que no fue así.

— Usted no podrá negarse cuando le pida alejarse de mí… Es su hijo y tiene todo el derecho, y yo…

— Hablaré con Adam en cuanto lo vea. —aseguró tranquilizador—. Potter, usted me conoce, sabe que siempre hago lo que quiero, y en estos momentos estoy concentrado en nosotros… no me retractaré.

— No entiende… yo me sentiría muy mal de quedarme a su lado si Adam no está de acuerdo, pero tampoco podría seguir viviendo sin la esperanza de que algún día pudiera conseguir que me ame.

— Potter…

— Dígame que todo va a estar bien, por favor dígalo… aunque sea mentira. —suplicó ocultando su rostro lleno otra vez de lágrimas en la túnica del profesor.

— No es mentira. Todo va a estar bien.



Harry sintió como Snape volvía a estrujarlo contra su pecho, meciéndolo como si fuera un bebé. Volvieron a quedar en silencio hasta que por el incremento de las penumbras en la oscura mazmorra comprendieron que la noche estaba próxima.



Severus ayudó a Harry a ponerse de pie, no podía continuar en la anterior posición, Severus debía ir por Sally y Harry regresar a su sala común. Pero antes de marcharse, dio un suave beso en la mejilla del hombre, en agradecimiento por su tolerancia, pero sobre todo por seguirlo intentando de todo corazón… él sólo le sonrió con dulzura.



Al abrir la puerta, ambos borraron sus sonrisas del rostro, frente a ellos estaban Ron y Adam disponiéndose a tocar a la puerta. Al ver a Harry, Adam frunció el ceño y pasando a su lado con arrogancia le empujó hacia la salida y cerró la puerta. Harry no protestó, pero su rostro volvía a ensombrecerse de tristeza, Ron se le acercó y pasándole un brazo por los hombros, le condujo hacia las escaleras, ya no tenían nada que hacer ahí.



— Veo que aprovechas bien el tiempo, padre. —le reprochó Adam en cuanto se quedó a solas con Severus—. Has olvidado a mamá demasiado pronto ¿no crees?

— Adam, por esta vez no te responderé como te mereces porque sé que estás ofuscado, pero si vamos a hablar lo haremos con calma, sin gritos ni reclamos ¿me entendiste?

— Sí… perdón. —se disculpó, era la primera vez que osaba hablarle así a su padre y realmente no lo había disfrutado—. Me siento mal… Harry me ha traicionado.

— Potter no te ha traicionado, Adam. —respondió Severus conduciendo a su hijo hasta un sillón sentándose a su lado—. Es probable que me haya equivocado al no hablar contigo antes, pero hasta hace muy poco me enteré de lo que siente Potter por mí y…

— … y tú por él. —terminó con dolor.

— No, lamentablemente no es así. —aseguró y en ese momento no estuvo muy seguro de sus palabras—. Acepté salir con Potter sin más intención de conocernos, de pasar tiempo juntos solamente… anoche fue la primera cita, Adam, y puede ser que la haya disfrutado más de lo que pensé. Pero en nada de eso se involucra Darina, ella siempre será especial para mí, pero se ha marchado y aunque me costó mucho, he decidido dejarla ir.

— ¿Porqué?... ¿Es que ya no la amas?

— Ella está muerta, Adam. —dijo con voz extrañamente grave—. No puedo remediar eso, de lo contrario, te doy mi palabra de que movería cielo y tierra para traerla de regreso.

— Lo sé. —reconoció dolorosamente—. Perdón, padre, sé que no debo involucrarme en tu vida, pero es que me sorprendió mucho que sucediera esto tan pronto.

— Has sido algo injusto con Potter. —le dijo sonriéndole—. Es cierto que a veces exaspera, si lo sabré yo que le he dado clase por casi siete largos años… pero no se merecía que lo echaras así del despacho. Si no dije nada en ese momento es porque me importas más que nada en el mundo, Adam, y comprendí que era mejor hablar contigo primero.

— ¿Qué sientes por Harry?

— Cariño… afecto… agradecimiento… ternura…

— ¿Amor?

— No… creo que todavía no. —respondió sinceramente—. Quizá en un futuro, nunca antes lo creí, pero últimamente esa idea no me parece tan descabellada. Por eso quiero que soluciones tus cosas con él… no los quiero separados justo cuando por fin me ha gustado la idea de que sean amigos.

— Te quiero, Padre, y te prometo que hablaré con Harry.

— Así me gusta… ¡Este es el Adam que conozco, el hijo que quiero con mi vida entera!



Adam sonrió, según recordaba era la primera vez que su Padre le decía que lo quería de una manera tan directa y eso le hizo sentirse inmensamente feliz, tanto, que quizá podría compartir un poquito de ese cariño. Sin embargo, respiró hondo dejando de sonreír para adquirir un semblante serio y formal.



— Padre… hay algo que tengo que decirte.












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