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 La familia que siempre quise. Capítulo 5.

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Araleh Snape

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MensajeTema: La familia que siempre quise. Capítulo 5.   Sáb Jun 29, 2013 12:35 pm

CAPÍTULO 5



UNA CARTA… UNA AMENAZA












Esa noche Harry durmió sosteniendo entre sus manos el regalo de Adam, lo echaba de menos ahí a su lado, prodigándole cariño, haciéndole reír, o simplemente sintiendo su cálida compañía. Miró hacia la cama de al lado, Ron roncaba estrepitosamente y sonrió, él era su mejor amigo, no tenía duda, se conocían desde los once años, pero en todo ese tiempo Ron jamás le había mirado como Adam, no le peinaba el cabello ni le tomaba de la mano, nunca dormían abrazados, simplemente por darse compañía.



Su sonrisa se acentuó al pensar en lo que diría su amigo si le hablara de esas inquietudes, seguramente enrojecería, alarmándose por las secretas intenciones de Harry para con su cuerpo. Pero no era nada sexual lo que Harry pretendía con su amigo, sólo quería alguien que lo abrazara y le dijera que lo quería sin tener ningún prejuicio, alguien que lo consintiera… y no había podido encontrar a nadie mejor que Adam para ello, alguien cuyo parecido con Snape rayaba en lo sobrenatural.



Harry se levantó antes que nadie y poniéndose solamente un abrigo para cubrirse del frío matinal, se dirigió rápidamente a la lechucería, ahí sonrió al encontrar a Hedwig esperándolo con ansiedad.



— Te tengo un trabajo muy especial, Hed, y vas a tener que poner mucho cuidado en ello, no quiero que nadie te siga, que nadie más que el propietario tenga en su poder la carta que te daré… es una misión de vida o muerte y sólo podría confiar en ti.



La lechuza ululó con profesionalismo, ella también se sabía la mejor para una misión de tan alta peligrosidad, así que esperó pacientemente a que su amo terminara de escribir para que le colocara su misión en su patita. Harry le sonrió al mismo tiempo que le daba de su alimento favorito, prometiéndole seguírselo dando si no le fallaba. Harry se esperó hasta ver desaparecer su mascota en la lejanía y entonces volvió a su habitación. Afortunadamente nadie había despertado aún, no tenía preparado ningún pretexto para haber ido a la lechucería tan temprano. Se metió a bañar y salió sintiéndose con más ánimo, sobre todo al recordar que su primera clase era pociones y podría volver a verlo, aunque seguramente Snape estaría más furioso que nunca en su vida.



Y no se equivocó, apenas entraron y empezó a bajar puntos a cualquier Gryffindor que se atreviera a moverse de más. Harry se sintió mal de saber que era por su culpa, sin embargo, seguía alegrándose de no haber olvidado ese amor, por más que doliera seguramente el vacío sería peor. Por momentos le costaba trabajo pensar que ese estricto profesor que todos temían, hacía tan poquitas horas se mostraba feliz de que una niña le llenara el rostro con su saliva ante tanto besuqueo.



Aquel recuerdo le hizo sonreír, pero se esforzó por volver a concentrarse en la poción que tenía que hacer… sólo que ahora eso le recordó a Adam y su interés por aprender la materia de su padre… tal vez si él pudiera ser mejor en pociones le podría ayudar un poco, y con ese pensamiento exhaló hondo dispuesto a concentrarse y hacer la mejor poción de todo el grupo.



De pronto, una presencia conocida le llegó por detrás, Severus se inclinó sobre el hombro de Harry susurrándole al oído, provocando que con su aliento, el jovencito sufriera de un estremecimiento que terminó concentrándose dentro de su pantalón.



— Necesito hablar con usted. —susurró Severus aprovechando que el resto de sus alumnos no les ponían atención—. Haga cualquier estupidez, que bien acostumbrado está, para poder darle una detención.



Harry casi creyó haber sido víctima de una broma, ¿pero desde cuando Severus Snape bromeaba?... entonces lo comprendió, por primera vez su poción estaba quedando mejor que la de Hermione quien ya empezaba a desesperarse por no conseguir la transparencia necesaria.



“¡Dios, qué bien huele!” Pensó Harry cuando su profesor se retiraba dejando su esencia esparcida a su alrededor. “Es como aquella noche… cuando pensé que podría conquistarlo… fui tan obvio al pedirle que me cubriera con su capa… ¿cómo es posible que no se diera cuenta de lo que siento por él?”



— ¡Potter, veinte puntos menos para Gryffindor y detención hoy por la tarde! —bramó Severus sobresaltando a medio grupo, incluyendo a Harry.



En ese momento Harry comprendió que no sería necesario hacer ningún desastre intencionalmente, la presencia de su profesor lo había aturdido tanto que descuidó su preparación y ahora el contenido salía a raudales por todos lados. Hermione se ofreció a ayudarle a limpiar debido a que Harry todavía no tenía nueva varita, y eso les costó cincuenta puntos menos aunados a todos los demás que ya habían perdido.








Mientras tanto, un joven de dulces ojos negros, saltaba de alegría al ver una lechuza blanca picoteando su ventana, estaba seguro que era la mascota de Harry, y apresurándose a recibirla, le liberó de su carga para enseguida acariciarla con suavidad.



— ¡Qué linda eres! —exclamó ante el beneplácito orgullo del animalito—. Harry tenía razón, debes ser la más inteligente de todas las lechuzas… y dime, ¿cómo está él?... espero que bien. Lo extraño mucho, ¿sabes?, tienes suerte de poder verlo cada vez que quieras… y también puedes ver a mi padre ¿verdad? —le preguntó en un tono de confidencialidad, como si la lechuza entendiera—. Bueno, supongo que no pasa nada si te digo quien es, confío en que no se lo dirás a nadie. —concluyó riendo divertido de su ocurrencia—. Mi padre es el profesor de pociones de Harry… ¿ya tienes idea de quién es? —Hedwig hizo un gesto que casi parecía que estaba a punto de devolver la comida que Harry le diera, pero Adam no hizo caso de eso y le acercó un pequeño recipiente con agua limpia—. Supongo que debes de tener sed, preciosa, quisiera poder darte algo más pero no tenemos comida para lechuzas aquí… pero si te apetece, puedes probar todos los frutos de la huerta, ¿de acuerdo?



Hedwig ululó agradecida, aquel joven le había agradado mucho y se lo hizo saber picoteando suavemente sus dedos. Adam reía feliz, la diminuta lengua de la lechuza le hacía cosquillas. Hubiera querido seguir jugando con ella más tiempo, pero el llamado de su madre para que se apresurara en irse al colegio le hizo tener que despedirse de su nueva amiga. La vio dirigirse hacia un árbol de higos aceptando la oferta del muchacho y mientras tanto, desenvolvía rápidamente el pequeño pergamino de Harry.



“¡Te extraño, mucho!” Esas eran las primeras palabras de Harry, lo cual lo hizo sonreír antes de continuar su lectura. “Estoy planeando tu regalo de cumpleaños, Adam, por lo pronto espero averiguar lo de las chimeneas, parece ser que la de tu casa solamente está conectada al despacho de Dumbledore, lo cual en un principio pensé que sería un gran obstáculo, pero me acordé que esta misma semana empiezo con él clases de oclumancia, así que probablemente tenga acceso a su despacho mucho más fácilmente que ahora. Te seguiré dando noticias pronto. Te quiero mucho… Ah, otra cosa, tu regalo me dio muy buena suerte, te juro que jamás me lo quitaré”



Adam volvió a sonreír, quería volver a leer la carta de Harry, pero nuevamente escuchó a su madre y tuvo que dejarla en un cajón de su buró.








Al término de las clases de ese día, Harry se debatía en una mezcla de sentimientos demasiado contradictorios entre sí… quería verlo más que nada en el mundo, pero tenía mucho miedo de ver su odio en sus ojos. Con el corazón retumbándole tan fuerte que temió pudiera ser escuchado por su profesor, Harry tocó a la puerta del despacho y entró luego de escuchar la amada voz de Severus Snape permitiéndole el paso, pero en cuanto lo hizo, una férrea mano lo sujetó del cuello estampándolo contra la pared.



— Tal vez te hayas salido con la tuya, Harry Potter. —gruñó el profesor con los dientes apretados de furia—. No sé como burlaste el hechizo de Dumbledore, pero no voy a permitir que te entrometas en mi vida.

— Profesor, yo… —dijo con esfuerzo intentando tomar aire.

— ¡Calla, miserable, no sabes cuanto me arrepiento de haberte sacado de la alcantarilla donde estabas!... El señor Oscuro me habría hecho un gran favor deshaciéndose de ti, pero ahora mismo me vas a escuchar. Si mi familia sufre algún daño, por mínimo que sea, Harry Potter, vas a desear haber muerto bajo el poder del Señor Tenebroso, porque no tendré piedad de ti, te mataré con mis propias manos.

— Yo le prometo…

— ¡He dicho que te calles! —le ordenó apretando más fuerte el cuello de Harry—. ¡Y te advierto que te quiero lejos de mi hijo, no le escribas, no le busques, olvídate de que existe!

— ¡Eso no! —exclamó Harry rebelándose y consiguiendo liberarse con fuerte empujón—. ¡Ni usted ni nadie tiene derecho a prohibirme tener los amigos que quiera!

— ¡Me vale un soberano comino si tienes a Ron Weasley como amigo, pero no a mi hijo, no te quiero cerca de él y espero te haya quedado claro!

— ¿Pero porqué no? —preguntó intentando calmar a su profesor.

— ¡¿Todavía te atreves a preguntarlo?!... ¡No quiero que lo lastimes, no quiero que se repita la historia de tu padre conmigo, no toleraré que abuses de él, que te burles por su condición!

— ¡Yo jamás haría eso!

— ¡Eres tan parecido a tu padre, y Adam a mí, no puedo mirarlos juntos sin recordar el infierno en que convirtió mi vida en el colegio ese maldito de James! ¡No lo volverás a ver ni a escribirle porque yo te lo estoy ordenando, soy su padre y tengo derecho a hacerlo!

— Lo lamento, profesor, le juro que lamento no poder complacerlo, pero ni sus amenazas van a conseguir que me aleje de un amigo como Adam.

— Anoche mismo aseguraste que aceptarías cualquier otro pago por tu rescate que no fuera el hechizo… bien, ¡quiero ese pago, quiero que te alejes de mi hijo!

— ¡No! —negó Harry con todo el dolor de su alma.

— ¡Eres un mal nacido! ¡Te odio tanto, Harry Potter, que si no fuera porque no quiero dejar a mi familia desprotegida, te juro que en este mismo momento te daba muerte sin clemencia, sin importarme pasarme el resto de mi vida en Azkaban!



Harry aprovechó un descuido de su profesor y salió huyendo del despacho, sentía morirse. Corrió sin detenerse a tomar aire, dejando que las lágrimas brotaran incontenibles por su cara, repitiendo en su mente esas dos palabras escuchadas que más le torturaban "Te odio"... En su loca carrera casi atropella a unos niños de primero pero no se detuvo, siguió presuroso hasta abrir las puertas del colegio y entonces dirigirse hacia el bosque prohibido, necesitaba un lugar donde no hubiera nadie, donde tuviera la plena seguridad de que no existirían testigos de lo que su adolorida alma le pugnaba por hacer.



No pensó en riesgos, no pensó en peligros, no pensó en nada, y solamente se detuvo cuando una raíz le hizo caer de bruces sobre el suelo terroso. Rápidamente se puso en pie recargándose sobre el mismo árbol, respirando hondo, ya había anochecido y el cielo se tornó oscuro, un feroz viento que no se supo de dónde venía pareció llevarse todo rastro de vida... no se escuchaba ningún ruido alrededor, ni siquiera de animales buscando alimento y entonces tomó aire profundamente y gritó con toda la fuerza de sus pulmones. “¡Yo no te odio, Severus Snape, yo te amo con toda mi alma! ¡Te amo!”.



Era la primera vez que Harry lo decía en voz alta, y pudo sentir junto con su dolor también un pequeño alivio de poder sacar ese sentimiento de su interior. Enseguida fue doblando sus rodillas para quedar sentado junto al árbol y durante mucho tiempo se quedó ahí, tan quieto que parecía parte de las raíces, la única casi imperceptible señal de que no había muerto era el lento correr de sus lágrimas, como una fuente inagotable de sufrimiento.








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Yuki Fer
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MensajeTema: Re: La familia que siempre quise. Capítulo 5.   Miér Jul 31, 2013 11:51 am

que cruelll que cruelll dios que triste siento el dolor de harry como propio... lloro1 lloro1 lloro1 lloro1 lloro1 
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