La Mazmorra del Snarry


 
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 Death Eater takes a Holiday. Capítulo 51-II. Cena con Albus, desayuno conJessica o tres comidas cuad

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 51-II. Cena con Albus, desayuno conJessica o tres comidas cuad   Vie Oct 15, 2010 9:58 am


Death eater takes a holiday
Capítulo 51 - II

Cr¡ena con Albus, desayuno con Jessica o tres comidas cuadradas,
y un bocado de Severus - II




Albus Dumbledore estaba sentado en su cama con un buen libro que no había empezado a leer todavía. Le había divertido mucho la reacción de Harry ante su elección de ropa de dormir. Habitualmente, trataba de usar sus batas de noche más ostentosas cuando Harry o Severus pasaban la noche en sus habitaciones de la torre. Eso le garantizaba un comentario del joven, o unos ojos en blanco por parte del profesor de Pociones.

Sintió la magia fluyendo de la habitación de Harry, alertándole de que Severus se había retirado por esa noche. Albus se sentía decepcionado de cómo se había malogrado la noche. Por la dirección que había tomado la conversación, estaba seguro de que no convencería a la familia Dursley de aceptar las protecciones. Fue con tristeza en el corazón que posó sus ojos en Harry cuando entró en la cocina con un molesto morado formándose alrededor de su ojo. De no haber sido por su preocupación por el joven, se habría quedado para tratar de convencer a Petunia de que tomara las precauciones necesarias para su seguridad.

Sabía cuán protector era Severus con Harry. Cuando no llegó ninguna protesta del Slytherin sobre las repercusiones de las acciones de Vernon, Albus supo que el hombre no iba a esperar a los ‘canales apropiados’ para asegurarse que se hiciera justicia; ya había seguido el camino corto en el departamento de ‘justicia’ demasiadas veces. El propio Albus era culpable de ello. Reflexionó sobre su intervención al guiar a Harry para que no presentara cargos luego de estar a punto de morir a manos de sus parientes. Había pensado que el acoso de la prensa al liberarse la información de la vida privada de la crianza del joven no valía el pequeño castigo que los Dursley tendrían que soportar. Todavía sentía que era mejor para Harry no tener que pasar por toda la tensión de un juicio y tener que declarar toda la situación en frente de espectadores. También meditó en que había pecado de confiado al pensar que colocar al niño en casa de los Dursley era la mejor elección; tristemente, eso había probado ser un enorme error de juicio.

Sus reflexiones fueron interrumpidas por sonidos de un sueño agitado en la próxima habitación. Salió al pasillo y escuchó ante la puerta de Harry. Regresó al tiempo en que el joven pasaba todas las noches en esa habitación, cuando él se apresuraba a comenzar su suave canto para ayudar a tranquilizarle. Ahora, un año más tarde, sabía que debía permitirle que lidiara con sus demonios. Aunque deseaba ir y ayudar, sabía que el chico ya no le necesitaba para eso. Le dolía escuchar los susurros y palabras apagadas protestando contra los invasores de su sueño. Su mano tomó el picaporte con vacilación, mientras los sonidos de angustia aumentaban. El cuerpo de Harry se sacudía y daba vueltas en la cama, su respiración acelerada por cortos jadeos de pánico. De repente, ya no se escucharon más sonidos procedentes de la habitación. Al sentir el uso de la conexión flu, el viejo Director regresó a su cama, sabiendo que su pupilo ya estaba en buenas manos.

Harry había despertado tan quietamente como había podido. Kieran hubiera estado impresionado al ver que su silencioso despertar no le había delatado, considerando la cantidad de ruido que había hecho mientras dormía. Tomó unos momentos para orientarse. Alargó la mano para buscar sus lentes, pero se dio cuenta que estaba usando los de contacto. Con pasos inestables, se dirigió a la chimenea y lanzó un puñado de polvos al fuego para hablar con Severus.

—¿Sev? —llamó con cautela, intentando mantener su rostro impasible, pues no deseaba que su pareja pensara que era débil.

Severus giró la cabeza para mirar hacia el fuego. No podía ver muy bien a través de la cortina de cabello que tapaba su cara, pero era la voz de Harry. Sin una palabra, levantó la cobija a su lado en señal de invitación. El joven se tambaleó a través de la habitación, sus pies todavía un tanto inseguros. Sin comentar la elegancia de Harry —o falta de ella— para salir de la chimenea, Severus mantuvo la cobija en alto, permitiendo que se escabullera en el interior de la acogedora cama. El recién llegado retrocedió bajo las cobijas hasta sentir el cálido cuerpo de Sev presionando contra el suyo. Antes de que su cabeza tocara la almohada, un largo brazo le rodeó en un gesto protector, acercándole más.

Varias horas más tarde, Severus despertó justo a tiempo. A pesar del clima cálido, las mazmorras mantenían su fría temperatura. No le apetecía lo más mínimo abandonar la cama y el cálido cuerpo de Harry para ir a preparar pociones y vigilar a los imbéciles que tuvieran detención. Pero cómo los deseos y las responsabilidades rara vez iban de la mano, apartó la cobija para levantarse. Entonces se dio cuenta que había tenido todo el cobertor, dejando a su chico sin nada. Sonrió, sabiendo que habitualmente la cosa era al revés, pues acostumbraban dormir en la cama de Harry. No se sentía muy feliz de las circunstancias que habían llevado a su pareja a su cama en la madrugada pasada.


Antes de dirigirse a la ducha, levantó los cobertores, pero se detuvo antes de cubrir el cuerpo de Harry, tendido boca abajo. El joven era sexy como el diablo. Sus tonificados brazos rodeaban la almohada, sobre la cual descansaba la cabeza, el cabello ligeramente sobre la cara. El rostro, luciendo mucho más tranquilo que la última vez que había chequeado, era exquisito. La franela cubría mayormente su torso, y la vista de su firme trasero le provocaba, bajo unos calzoncillos de seda roja. Dejó caer la cobija, cubriendo ese hermoso trasero antes de empezar algo que no tenía tiempo de terminar.

Entrando en la ducha caliente soltó una risita, pensando en cómo reaccionaría su pareja si le despertara con un mordisco en el trasero. Había estado tentado, de hecho. Pero su lado amable no quiso despertarle; sabía que había tenido sueños agitados antes de venir a su cama. Y aún así, tendría que despertarle; no podía quedarse allí cuando él se fuera. No era seguro para Harry estar medio desnudo a apenas una puerta de distancia de la oficina donde recibía a los estudiantes, algunos de los cuales llevaban la Marca Tenebrosa.

—Hora de despertarse, me temo —dijo Severus al tiempo que salía del baño, usando una enorme toalla que casi le llegaba al piso. Harry no se movió, ni mostró signos de despertar—. Te quiero fuera de aquí antes de irme a desayunar —sacudió al joven—. Hablé con Kieran, así que no pienses ni por un minuto que ignoro qué estás despierto —besó su coronilla y caminó hacia su guardarropa, sacando su ropa para el día.

—Ponte algo sexy bajo la túnica hoy —pidió Harry, viéndole a través de los párpados semicerrados. Sev dejó caer la toalla que rodeaba su cintura—. Oh, no. ¿Prefieres tener la brisa fluyendo a tu alrededor? Eso también sería sexy, sabiendo lo tradicional que eres durante el día.


—Ruego que me digas, ¿por qué llevaría algo sexy, o no, bajo mi túnica —hizo una pausa —cuando voy a regresar a casa luego de un largo día para encontrar una cama vacía?

A propósito, demoró un largo rato eligiendo sus medias, consciente de que Harry le había estado mirando fijamente desde que dejara caer la toalla.

—Porque así podrás pensar en mí, en tu cama, mientras estás trabajando —contestó con entusiasmo. Severus bufó muy indignado. Harry sonrió al verle sacar unos boxer de seda—. Yo me quedaré toda la mañana aquí acostado, sin hacer otra cosa que tocarme, mientras tú estás en clase. Podrías saltarte el almuerzo y venir —hizo una pausa— a verme —bromeó, porque lo cierto era que tenía un día muy ocupado.

Severus hizo como si ignorara su broma. Se detuvo frente a su guardarropa, abotonando una larga hilera de pequeños botones. Harry no creía que acostumbrara hacer todo eso sin magia, y se preguntaba si lo estaba haciendo por fastidiarle, o quizás para tener una razón para estar un rato más con él antes de tener que partir. Se limitó a sonreír y observar cómo Sev metía la camisa dentro de su ropa interior. Estuvo tentado a bajar sus propias manos por esos calzoncillos, con el pretexto de ayudarle, por supuesto.

—Buen intento, pero te vas a largar de aquí por la red flu en cinco minutos —replicó el hombre en un tono que no aceptaba discusión. Harry no pudo ver que sonreía.

—¿Encontrarías muy difícil trabajar sabiendo que tienes a un chico de dieciocho años desnudo en tu cama, sólo esperando a que le poseas?

Severus abrochó el último botón de su túnica.

—No te hagas ilusiones —dijo con una sonrisa malvada, pero apenas sofocó un gemido cuando dio la vuelta para ver a Harry sacándose la franela con una mano, llevando sus dedos a través del escaso vello de su abdomen, mientras la otra descansaba sobre sus caderas, el pulgar enganchado en los interiores de seda roja, exponiendo un área más deliciosa.

—Yo podría asegurar que estás tentado —musitó el joven, mientras sus dedos viajaban por su pecho hasta alcanzar su boca, probando las puntas de forma seductora.

—Tentado o no, no tengo tiempo para magrearte. Tengo varios asuntos que requieren mi atención antes del desayuno —Severus caminó hasta la cama, abotonando los puños de su camisa; todo ello sin que sus ojos se apartaran ni un segundo del cuerpo de Harry, pues era una visión demasiado tentadora.

—Puedo ver que tienes algo que requiere atención justo ahí —ronroneó el Gryffindor, presionando su palma contra la dureza de Severus.

—Aquellos de nosotros que tenemos labores y responsabilidades más allá de luchar contra Señores Oscuros debemos llegar a tiempo al trabajo —replicó Severus con firmeza, pero no se apartó de la cálida mano que le acariciaba por encima de sus muchas capas de tela.

—Entonces, lo mejor que podría hacer es conseguirme un trabajo —musitó Harry, mientras desabotonaba suficientes botones de la túnica de Sev como para alcanzar los pantalones bajo ella.

—Nosotros no podemos… —el hombre perdió la poca resolución que le quedaba.

—Nosotros no, yo.


Harry ya había abierto los pantalones de Sev y sacado el frente de su camisa. El hombre dejó escapar un jadeo estremecido cuando el otro engulló su duro pene en cuanto lo libero de su encierro. Al joven le gustaba darle sexo oral. Era bueno en eso, y le encantaba tomar en su boca la polla de Sev recién duchado. Mantuvo una mano en las caderas de su pareja para el balance y la otra en la base de su pene, dando a sus labios un lugar para parar, previniendo posibles arcadas. Giró la lengua alrededor antes de succionar con fuerza el rígido mástil que pulsaba contra su talentosa lengua

Severus estaba de pie, completamente vestido; sus piernas rígidas mantenían el balance en tanto la cabeza de Harry bombeaba vigorosamente, succionando con fuerza, tomando cada pulgada que él tuviera que ofrecer. Su mano en el hombro del joven ocasionalmente subía para aferrar su cabello, pero vacilaba y regresaba al hombro.

Harry podía sentir que el hombre estaba muy cerca. Además, sintió la vacilante mano bajando de nuevo desde su cabella a su hombro.

—Yo sé que deseas follarme. Vamos, Sev, déjalo ir —le animó.

Se sentía contento de que su pareja se permitiera sucumbir a sus deseos. Una fuerte, y ahora segura mano, se alzó para aferrar sus mechones oscuros, manteniéndolo en el lugar. Severus comenzó a mover sus caderas, lentamente al principio pero aumentando la velocidad mientras Harry gemía y zumbaba contra su goteante polla.

Los fueres jadeos de Severus continuaban, mezclados con un ocasional gruñido mientras follaba la receptiva boca de Harry. Bombeaba su polla con ferocidad en tanto su pareja seguía succionando con fuerza, llevándole cerca del clímax. Con un sonido gutural, ubicado en alguna parte entre un sonoro gemido y un gruñido, Severus liberó su semilla con una última embestida vigorosa. Harry mantuvo la fuerte succión hasta estar seguro de que la última gota fuera liberada, tragando con voracidad, lamiendo y chupando la suave punta del pene de Sev hasta que fue demasiado sensible para tolerar la sensación.

El Gryffindor se recostó de nuevo sobre la cama, complacido.

>>Como dicen, el tomarse su tiempo para desayunar conserva el cuerpo saludable —declaró con una sonrisa boba, lamiéndose los labios. Se sentía muy contento de ser capaz de lograr que Sev se desentendiera del trabajo de tal manera. Y estuvo más que complacido cuando el hombre se detuvo en la puerta y regresó para darle un último beso rápido, y estuvo seguro de haber escuchado una declaración de amor susurrada a su oído antes que Severus le dijera que tenía cinco minutos para largarse y regresara a grandes zancadas hasta la puerta.

Harry permaneció acostado, todavía con su sonrisa boba.


Ante ojos poco entrenados, Severus caminaba a paso vivo por los pasillos, con su habitual ceño fruncido para todos los que se cruzaban con él. Sólo unos pocos elegidos serían capaces de reconocer los alegres rasgos en el hombre. Se encontró con McGonagall en el vestíbulo, e hicieron su apuesta sobre el primer partido de quidditch. Ella le dio una copia del calendario para los próximos diez juegos y luego cayeron en su habitual juego amistoso acerca de cuál equipo no tendría oportunidad.

Harry salió de la red flu llevando una de las camisas de Sev. Había optado por usar la ducha de su pareja en lugar de la que compartía con Albus. El anciano le conocía demasiado para el gusto de Harry. Nunca podría liberarse en esa ducha, sabiendo que Albus estaba tan cerca. Los hechizos de silencio eran obvios cuando no se podía oír otro sonido que el agua cayendo. Se había puestos los jeans del día anterior, y se rió al recordar que había dejado su franela y sus interiores de seda en el piso del baño de Sev. Los calzoncillos eran apretados y tan pequeños que casi podían ser llamados tanga. Rió de nuevo, sabiendo que los elfos domésticos no ponían ninguna prenda en el cesto, dado que las salpicaduras de las pociones sobre la ropa del Profesor eran un riesgo para la salud.

Al entrar al Gran Comedor, saludó a Albus con la mano y de pasó verificó si Sev le había visto entrar. Rió entre dientes al notar que su pareja miraba la camisa que le había tomado prestada. La mirada que le lanzó fue una de ‘si manchas con comida mi camisa blanca, lo pagarás’. Claro, Severus también se había fijado en que la prenda lucía muy bien en Harry. Era una de sus camisas más estrechas, y se ajustaba holgadamente al cuerpo del joven, quien había enrollado las mangas hasta la altura del codo.


—¿Me puedo sentar aquí? —preguntó Harry con cortesía. Ginny, ocupada hablando con una amiga, contestó ‘sí, claro’ sin girar la vista en su dirección. Una pequeña que Harry reconoció como la alumna de primero que estaba con su amiga la noche anterior le sonrió y enrojeció.

—Él va a venir a almorzar conmigo la semana entrante —decía Ginny a una amiga. Aún seguía sin notar a Harry.

>>¿Me podrías pasar los cruasán? —Harry se inclinó cerca de Ginny. Ella bufó y empujó la cesta en su dirección, y se retiró un poco para acercarse más a su amiga. Harry inclinó la cabeza hacia la pelirroja, poniendo los ojos en blanco y haciendo que la chiquilla de primero se echara a reír. Él levantó una copa con jugo de calabaza, miró la camisa blanca y volvió a bajar la copa—. Mejor asegurarse que disculparse —musitó antes de lanzar un hechizo repelente a la camisa.

—Dímelo a mí —comentó la pequeña, mirando las migajas sobre su túnica escolar—. ¡Gracias! —exclamó, cuando las migajas se alejaron luego que él repitiera el hechizo para ella.

Decidiendo que no iba a seguir esperando que Ginny le notara, birló una rebanada de tocineta del plato de su amiga. Con unos reflejos impresionantes producto de su gran experiencia con seis hermanos, Ginny golpeó su mano para alejarla de su desayuno.

—Pero que… —empezó ella, indignada, antes de darse cuenta de quién estaba sentado a su lado—. Harry, idiota, ¿por qué no dijiste algo? —preguntó, riendo.

—Yo estaba ocupado desayunando con… —hizo un gesto a la chica sentada frente a él.

—Jessica —completó la niña de primer año.

—Sí, con Jessica, dado que tú ni me distes los buenos días —levantó una mano para evitar que Ginny le contestara—. ¿Siempre tratas así a los chicos? ¿Cómo esperas que alguno te invite a salir? —le preguntó, divertido.

—No lo hago —replicó ella, con tono seguro—. No tengo necesidad de animar a los chicos. Neville y yo estamos saliendo exclusivamente —sonrió con orgullo.

—Felicitaciones —deseó él con sinceridad, y le quitó la tocineta—. Eres realmente rápida, por cierto. No me extraña que seas la buscadora —comentó mientras masticaba.

—Gracias —sonrió—. ¿Te quedaste aquí anoche o regresaste temprano?

—Me quedé —contestó sin mayor explicación—. Aunque me voy a ir pronto. Tengo una cita, y quiero pasar por casa primero —informó, y comenzó a levantarse.

—Oh, no puedes irte. Apenas me acabo de dar cuenta de que estabas aquí. Soy una imbécil. Perdona —se disculpó.

—No te preocupes, estoy seguro de que pronto regresaré. Si ya terminaste, puedes acompañarme afuera —sugirió.

Antes que llegaran a la salida del Gran Comedor, llegó el correo de la mañana. Para sorpresa de Harry, la lechuza de Hermione se acercó y voló sobre su cabeza hasta que el muchacho estiró el brazo, ofreciendo a la gran ave un lugar para aterrizar. Ginny sostuvo la puerta para que su amigo, con la lechuza a remolque, pudiera salir. Una vez que la carta fue removida, la lechuza partió sin esperar respuesta.

Fue entonces cuando Harry recordó la carta que había escrito para Hermione la noche anterior. La había olvidado por completo, al caer dormido con Severus. Dado que Hermione le agradecía por haberle enviado tan rápido unas letras diciéndole que estaba bien, imaginó que su pareja la había enviado por él. Buena cosa, ya que su amiga debía haber estado aguardándola con impaciencia.

Notó que Ginny le observaba, expectante.

—Las protecciones de los Dursley debían ser restauradas. Hermione quería asegurarse de que todo había salido bien —explicó

Ginny tuvo la reacción prevista y se mostró excesivamente preocupada de que Harry hubiera tenido que volver a poner un pie en esa casa. Tomó una de sus manos mientras hablaba.

—¿Fue horrible verles de nuevo? —preguntó tentativamente, apretando su mano en señal de apoyO.

—Pensaba que iba a ser difícil, pero en realidad no fue la gran cosa. Ellos fueron tan miserables como recordaba que eran. Es gracioso; acostumbraba pensar que eran así por mi causa, pero ahora veo que ellos son miserables conmigo o sin mí. Estoy bien, lo prometo —la tranquilizó

La chica se mostró aliviada, y se sonrojó al darse cuenta que todavía sostenía su mano.

—Disculpa —musitó, y la soltó—. ¿Qué pensaría el profesor Snape? —Harry no podía decir si ella hablaba en serio o no, pero le recordó que no hablara de él en voz alta, pues alguien podría escuchar.

—Él está seguro de nuestra relación. Además, sabe que no me gustan las chicas. Sin ofender —agregó con humor.


—Yo no estaría tan seguro —le contradijo con voz cantarina—. La semana pasada leí en El Profeta que es muy común que los adolescentes experimenten, y que las brujas no tenían que preocuparse porque seguramente el Gran Harry Potter todavía estaba interesado en las chicas. No descartaban la posibilidad de que fueras bisexual.

—Y estoy seguro que consiguieron esa información únicamente de fuentes confiables —Harry sonrió, poniendo los ojos en blanco.

Continuaron caminando hacia los límites de Hogwarts, desde donde podría Aparecerse hasta su casa. Para sorpresa de ambos, Remus Lupin estaba caminando en dirección opuesta a ellos. Cuando fue claro que los dos hombres no iban a dar un rápido saludo y proseguir su camino, Ginny se despidió y se dirigió a su práctica de quidditch.

—Albus mencionó que debería hablar contigo. Escuché que te dio la misma limitada lista de lugares para alquilar que a mí —comentó Harry irónicamente.

—Así parece. Quizás deberías iluminarme sobre algunos de esos sitios. Ayudaría descartar unos cuantos antes de pasar mi tiempo libre buscando.

—Claro. Si no estás ocupado, podríamos hacerlo ahora. Tengo que ir a un lugar, pero si quieres venir conmigo, podemos ir analizando tu lista.

—Estoy libre ahora, pero no quiero interrumpir tus citas —empezó, pero el joven insistió en que le acompañara.

—No, quiero que vengas. He mantenido el secreto con Sev para darle una sorpresa, pero me encantaría tener tu opinión —exclamó. Cuando Remus aceptó, el chico le dijo que quería pasar primero por su casa, y le dio la dirección de su apartamento, ubicado sobre la antigua tienda del señor Jenning.




—Tienes un lugar muy acogedor aquí —observó Remus, mientras daba una vuelta por el apartamento.

—Gracias, Remus. ¿Puedo hacerte una pregunta personal?

—Puedes —replicó, aunque mostró el tácito ‘Puede que yo no responda’

—Tenía la impresión de que ya poseías un lugar propio. ¿Por qué estás buscando un sitio para quedarte durante la luna llena?

—Tengo una casa en la que he vivido durante un tiempo, pero me temo que no está muy cerca de aquí. Habitualmente, puedo Aparecerme grandes distancias, pero no justo después de la luna llena, cuando estoy muy débil a causa de la transformación. Si dejo Hogwarts, debe ser para quedarme en un lugar cercano. De ahí la lista —sacó un papel de su bolsillo.

Harry lo revisó, recordando la mayoría de los sitios. Le sentaba mal que Remus tuviera que gastar dinero en una renta cuando tenía su casa propia. Le enojaba que Severus le estuviera obligando, usando la Poción Matalobo para ello.

—Lamento que estés siendo obligado a esto. No me parece justo que Severus pueda imponerte esto. Estuve tan empecinado para que los Weasley comprendieran y aceptaran a Sev, que me resulta difícil que él se porte tan mal contigo.

—¿Por qué estás tan seguro de que Severus y yo nos la llevamos mal? Vale, no somos lo que podría llamarse amigos, pero hemos participado en misiones y trabajado juntos. Logramos sentarnos y revisar los efectos de la poción y cómo me siento, para que él pueda hacer los cambios apropiados. Trabaja muy duro para preparar la Poción Matalobo para mí, y además pasa horas investigando para mejorarla. Hay numerosas pociones sobre las que podría investigar en lugar de ésta, aunque estoy seguro de que es una ventaja para él tenerme como sujeto de prueba —meditó—. Yo no tuve acceso a su poción durante un tiempo. Es muy duro pasar las transformaciones sin ella luego de conocer sus grandes beneficios. Mientras estuve lejos, no tuve otra opción que utilizar una poción básica de las que están disponibles en las tiendas de pociones. Soy feliz de concederle esta única petición a cambio de todo lo que hace por facilitar mi vida.


—¿Petición? Difícilmente me sonó como una petición.

Harry no entendía cómo Remus lograba permanecer como la calmada, fría y serena persona que siempre parecía ser.

—Harry, puede que tú no seas consciente, pero los profesores de Hogwarts firman un contrato. La mayoría tienen deberes adicionales a su trabajo de enseñanza. Por ejemplo, a Filius Flitwick se le exige, por contrato, ayudar con las protecciones de Hogwarts, aunque estoy seguro que estaría encantado de ayudar con o sin contrato. Lo mismo sucede con Madam Hooch; además de enseñar, encabeza el departamento de quidditch y actúa como réferi en los juegos.

Harry le miró dando muestras de que estaba prestándole atención, aunque no estaba seguro de cuál era su punto.

>>Según su contrato, Severus no sólo está obligado a impartir las clases de su cátedra, sino a preparar todas las pociones que sean requeridas tanto en la enfermería como para el personal. Eso incluye la Poción Matalobos —explicó.

—No entiendo. Si él no tiene elección, ¿cómo puede exigir que dejes el castillo?


—Imagínate si puedes que tú eres Severus y yo Draco Malfoy. Tú haces una petición. ¿Pedirías amablemente a Draco que hiciera algo que para ti es muy importante o irías con Albus y le exigirías una satisfacción a cambio de todo el trabajo que precisa de ti, dado que dicho trabajo es en beneficio de Draco? Severus es un hombre orgulloso. Tiene que hacer la poción; lo sabe, y sabe que yo también lo sé. Pero aunque trabajamos juntos de manera civilizada, eso no significa que me pudiera exigir que acatara su petición.

Harry no se podía imaginar pidiéndole un favor a Malfoy, ni tampoco a Severus pidiéndole un favor a nadie, mucho menos a Remus. Se sentía mal, sabiendo que a Remus nunca pareció sobrarle el dinero en el pasado. Aunque iba mejor vestido en estos días, esto sería un gasto adicional con el que no debió contar al aceptar el puesto de profesor de Defensa. De repente, se dio cuenta de algo, como si se iluminara su cerebro.

—Tú eras el amante de Sirius.

—Sí —contestó Remus, inseguro de hacia dónde iba eso.

—Eras su pareja, pero yo me quedé con todo su dinero. Tú deberías poseerlo —dijo rápidamente.

—No, Harry, Siri deseaba que tú tuvieras ese dinero. Yo ya tengo mucho —le aseguró.

—¿Cuánto es mucho’? —preguntó el chico con incredulidad—. Él me dejó montones de oro. Yo apenas lo he tocado, con la cámara que me dejaron mis padres tengo. Seguramente tú tienes más derecho a eso que yo.

—Agradezco tu preocupación, Harry, pero Sirius se aseguró de que yo estuviera bien. Después que heredó cierto capital de un pariente lejano, decidió hacer un testamento. No todos los miembros de la familia de Sirius son buenas personas, y quería asegurarse de que su dinero fuera a donde él había decidido. Si el testamento hubiera sido impugnado, el Ministerio nunca hubiera estado de parte de un hombre lobo. Siri sabía eso, así que puso una gran cantidad de dinero en una cámara a mi nombre. Si alguien revisaba, parecería que su dinero te lo había heredado sólo a ti, pero yo también tengo una bóveda repleta. Tu padrino era un hombre inteligente, aunque frecuentemente actuara guiado por su corazón y no por su cabeza.


Harry y Remus se sentaron en dos grandes rocas en el Valle de Godric. Conversaron mientras un enorme camión traía un lote de madera al punto de construcción. El joven dio su opinión sobre los diferentes sitios que había visitado mientras buscaba vivienda, y Remus observó sus planes de construcción, comentándole que la casa era igual a aquella en la que sus padres habían vivido. Juntos hechizaron la madera y otros suministros para que pasaran inadvertidos a los transeúntes o posibles ladrones.

Harry pasó la mayor parte de la mañana con Remus antes de dirigirse a su casa para darse una ducha y poder reunirse con Severus en la tarde. Mirando en retrospectiva, había disfrutado ese tiempo con el hombre. No podía evitar verle como una imagen paternal. Era difícil pensar en que Severus y Remus tenían la misma edad. Este último frecuentemente hablaba del tiempo pasado con los Potter. Los estresantes años viviendo como licántropo le habían envejecido, dejando su cabello teñido de gris, mientras que Sev todavía conservaba su cabello completamente negro.


Severus no estaba tan ocupado en su trabajo de Pociones como Harry pensaba. No, su amante tenía muchas otras cosas en que pensar. Sentado ante su escritorio, ignoraba a los estudiantes que fregaban calderos como parte de su detención. En lugar de ellos, estaba enfocado en la elaboración de un plan. Cierto muggle había ido demasiado lejos al hacer miserable la vida de su pareja. La reciente infracción de Dursley había atraído de nuevo su atención, y Severus decidió que era tiempo de que el hombre comprendiera. Nadie se metía con lo que era suyo. Se había sentido tentado a ir directamente a Privet Drive y golpear al sujeto hasta casi matarlo, pero él no actuaba impulsivamente. Reflexionando profundamente, diseñó un plan mucho más satisfactorio para hacer que el desagradable muggle pagara por sus acciones.



Una lechuza castaña con el emblema de Hogwarts se acercó a una enorme mansión, llevando una carta dirigida a Lucius Malfoy. El rubio dejó su taza de té en el platillo para recibir la inesperada misiva. Sin preocuparse en ofrecer al ave comida o bebida, la envió de regreso antes de desenrollar el pergamino.

—Severus que sorpresa —dijo en voz alta, aunque no había nadie que pudiera oírle—. ¿Qué estás tramando ahora? —se preguntó, leyendo la nota en la que el remitente le hablaba de una nueva poción que podría interesarle. Con esa clave, pedía una audiencia con el Señor Oscuro.



El profesor de Pociones estaba sentado en su oficina frente a la chimenea encendida, sabiendo que muy pronto recibiría una llamada. Actuó ligeramente interesado cuando Lucius apareció.

—Qué sorpresa escuchar de ti, Severus —saludó secamente el rubio—. ¿Dices que tienes una ‘poción’ en la que puedo estar interesado?

—Sí, algo nuevo en lo que he estado trabajando —replicó vagamente. No era seguro hablar con libertad en la red flu pública.

—¿Es algo perecedero que necesite atención inmediata? —indagó Lucius, tratando de establecer si Severus requería ver al Señor Oscuro sin demora, o si podía esperar hasta la siguiente reunión.


—No. De hecho, todavía tengo que conseguir todos los ingredientes necesarios. Sólo deseaba darte la primera oportunidad cuando haga un gran avance con mis recientes descubrimientos.

Lucius comprendió; Severus todavía necesitaba tiempo para reunir información.

—Hazme saber cuando tu investigación esté completa. Como sabes, valoro que se me permita apreciar tus descubrimientos de primera mano. Estaré en contacto.

Desapareció antes que Severus pudiera responder.

Su plan estaba en marcha. Nadie dañaba a Harry y se salía con la suya.










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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 51-II. Cena con Albus, desayuno conJessica o tres comidas cuad   Dom Dic 11, 2016 4:02 pm

seeee por fin vamos a ver como le va ir desvergonzado de Vernon espero que Sev lo haga sufrir aun que sea un tercio de lo que Harry sufrió, por que es un desgraciado
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