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 Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 48-I. Cena con la familia I

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 48-I. Cena con la familia I   Lun Jul 12, 2010 7:48 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 48 - I

Cena con la familia - I



Perezoso, Harry se sentó en una tumbona en La Madriguera. Había almorzado magníficamente con Albus y, una hora más tarde, todavía se sentía repleto. En ese momento estaba usando su magia para lanzar a los gnomos de jardín por encima del seto, hacia la propiedad de los vecinos.

—Debe haber sido más fácil cuando éramos niños —rió Ron mientras levitaba una mesa para sacarla de la casa y colocarla sobre el césped.

Iban a celebrar la cena de cumpleaños de Harry en el exterior, para así poder acomodar a todos. La familia en pleno asistiría al agasajo, con excepción de Percy. Poco tiempo antes, Percy Weasley había dado un ultimátum a la familia, haciéndoles elegir entre él y la asociación con el deficiente mental de Harry Potter, quien al final conseguiría que les mataran a todos. No habían visto a Percy desde ese día. Ron estaba seguro que su madre seguía enviándole suéteres para Navidad, y regalos de cumpleaños anualmente, pero nadie más había tenido contacto con él.

—Cuéntanos sobre tu cita de cumpleaños —engatusó Hermione. Ella y Ginny estaban sentadas al sol, doblando servilletas que mostraban formas diversas—. Yo estaba aquí cenando anoche y creí que la señora Weasley iba a explotar. Ron le había dicho que si deseaba información tendría que preguntar por sí misma, pues había hecho el voto de no divulgar información privada —explicó, sosteniendo una servilleta que semejaba a un cisne.

—Papá dijo que Ron estaba madurando, pero Charlie comentó que simplemente se estaba jactando porque acababa de terminar la parte del entrenamiento donde se aprenden técnicas de interrogatorio —intervino Ginny, quien se veía molesta porque su servilleta se parecía vagamente a un barco—. No es justo; todos ustedes pueden usar magia todo el tiempo, y yo todavía tengo que esperar hasta septiembre para desempolvar mi varita —se quejó.

Harry se echó a reír, y Hermione miró a su amiga con comprensión.

—Sé cómo te sientes, Ginny; estos tíos se Aparecen constantemente, y yo tengo que ir tras ellos por la red flu.

—Harry, ¿tuviste una cita anoche? —curioseó Ginny, notando que él no le había contestado a Hermione—. Los gemelos estaban frenéticos por algo, pero en cuanto se dieron cuenta que yo estaba escuchando se callaron. Mamá y papá hicieron lo mismo —gruñó algo sobre mantener secretos acerca de todo.

—Anoche tuve una cita muy agradable —confesó Harry—. Él vendrá a cenar —agregó antes de que la chica tuviera oportunidad de preguntar quién había sido su cita—. ¿Fred y George realmente estaban frenéticos? —preguntó con recelo.

Ginny se encogió de hombros, no estaba realmente segura. Harry pensó que era preferible hablar con ellos.

—Hablando de los diablos —murmuró Hermione, cuando los gemelos aparecieron en el patio. Al ver a Harry, Fred ocultó rápidamente lo que llevaba en la mano, y ambos hermanos se apresuraron a regresar rumbo a la casa. Harry se distrajo por la aparición de los gemelos y, accidentalmente, dejó caer el gnomo que estaba levitando por encima de la cerca. La criatura hizo todo un alboroto al caer sobre el arbusto, enredándose en las pequeñas ramas espinosas. Hermione trató de ayudar levitándolo de nuevo, pero sólo consiguió que se arañara más aún.

Decidiendo que debía evitar el regaño de Hermione, Harry regresó a la casa para conversar con los gemelos. Pero no logró pasar de la cocina antes que Molly le detuviera eficazmente.

—Justo el joven con quien yo quería hablar —exclamó, y Harry podría jurar que tenía un montón de preguntas listas para él—. Tienes un hogar encantador, querido —comentó con amabilidad.

—Gracias. Lamento no haberla invitado antes… —comenzó, pero ella movió la mano desestimando sus excusas.

—No te preocupes por eso. Estoy segura que un joven como tú tiene cosas más importantes en la mente que entretener a los viejos amigos.

—Usted sabe que no es solamente la mamá de mi mejor amigo —declaró con una sonrisa. Ella lo sabía y sonrió radiante.

—Entonces, ¿no crees que ya es hora que me cuentes sobre tu relación? —le regañó—. Severus parecía muy cómodo Apareciéndose en tu casa sin anunciar. ¿Sería seguro decir que no era su primera cita?

Harry intentó mostrarse apropiadamente intimidado, y enrojeció.

—Estamos juntos hace algún tiempo. Supongo que desde que terminé Hogwarts.

—Eso sería lo esperado. Albus nunca permitiría ese tipo de relación entre un profesor y un alumno.

Albus —Harry enfatizó el nombre— debió haber pensado eso antes de enviar a Severus de vacaciones como un adolescente, sin el recuerdo de quién era yo —terminó, disfrutando la atónita expresión en la cara de Molly.

—¿E… eso no fue bastante antes de que terminaras la escuela? —interrogó, haciendo un rápido cálculo mental.

—Sí, pero me tomó un buen tiempo convencerle luego de que ‘regresó’ y se dio cuenta que, durante las vacaciones, había sido compinche de un par de Gryffindor —sonrió.

—Severus tiene mucho pasado tras él —reflexionó la mujer, refiriéndose más a su experiencia que a su edad. La edad no le preocupaba demasiado, dado que sus propios padres se llevaban quince años de diferencia entre ellos. Los magos y las brujas tenían vidas muy largas.

—Sí, lo tiene —musitó Harry—. Pero aunque en menos extensión, yo también. Tenemos muchas cosas en común.

Molly frunció el ceño. Odiaba que Harry hubiera soportado una vida tan difícil.

—¿Puedes elegir a Severus luego de la historia de hostilidad que ambos han tenido? —no estaba tratando de predisponerle en contra de la relación, pero quería asegurarse de que él lo hubiera pensado bien.

—Estuvimos una semana juntos en vacaciones y tuvimos oportunidad de conocernos sin el pasado colgando sobre nuestras cabezas. Disfrutamos nuestra mutua compañía —explicó.

—Debo decir que ayer se veían muy cómodos uno con el otro —concedió.

—Él me hace sentir seguro —apoyó un codo sobre la mesa e, inclinando la cabeza, la dejó posar sobre su mano.

—Lo mismo se podría decir de una figura paterna, algo como lo que Sirius era para ti —señaló. Harry decidió que lo más inteligente era no mencionar que se había sentido atraído por su padrino.

—Severus me hace sentir amado —replicó con tono soñador. Molly sonrió, al ver la verde mirada perdida mientras pensaba en su amado.

—En ese caso, me siento feliz por ambos —expresó la bruja con sinceridad.

—Gracias, significa mucho para mí —replicó francamente, antes de pasar su dedo por el glaseado de la torta que ella estaba decorando.

La bruja le pegó en la mano con la espátula de cocina y el joven salió corriendo antes que empezara a chillarle. Cuando llegó a lo alto de la escalera, la matrona todavía gritaba algo acerca de los hombres actuando como chiquillos.

—¿Qué hicimos ahora? —preguntó Fred a George al escuchar la diatriba de su madre. Harry se detuvo en el umbral de su puerta y rió por lo bajo.

—Me está gritando a mí —explicó, lamiéndose el glaseado del dedo—. Fresa —tarareó alrededor de su dedo.

George oculto velozmente lo que tenían sobre el escritorio donde estaban sentados. Algo que Lucía sospechosamente parecido a velas de cumpleaños.

—Ey, Harry —hablaron al unísono—, ¿qué tal tu primer cumpleaños como individuo libre? —preguntó Fred.

—Genial —habría querido decir que era genial tener sexo con Severus en cada habitación, pero se limitó a ‘genial’—. Lamento lo de la otra noche, chicos. Debí decirles que era yo —nervioso, golpeó con el pie el piso de madera.

—¿Qué clase de bromistas seríamos si no aceptáramos que nos hicieran una buena broma de vez en cuando? —preguntó George con naturalidad.

—No era una broma —explicó suavemente—. No quería que ustedes me vieran con un vestido y estaba esperando salir de eso. Umm, no del vestido —farfulló rápidamente al dares cuenta de cómo había sonado, y enrojeció—. Yo debí haber parado las cosas antes, pero no lo hice. Si hubiera sido al contrario, y alguien hubiera estado con Severus, hubiera querido que él dijera que no estaba disponible.

Decir que los gemelos estaban sorprendidos era una subestimación. Cuando Harry había empezado a disculparse, pensaron que iba a pedirles perdón para engañarles. Fred le dio un pequeño empujón.

—Está bien, compañero; es que somos irresistibles —bromeó.

—Entonces, ¿está todo bien? —preguntó, queriendo asegurarse de no haber dañado su amistad.

—Supongo que estamos bien —confirmó Fred con una sonrisa taimada—. ¿Hay alguna posibilidad de que puedas presentarnos a la Joanne real?

—Podrían estar metiéndose en el terreno de Kieran con eso.

Harry se echó a reír al ver que lucían convenientemente asustados. Sólo habían visto a Kieran unos pocos minutos, pero reconocían que no era un hombre con el que cruzarse. Harry les contó sobre la camarera que le había ayudado con su apariencia. Luego tuvo que convencerles de que ‘no’, la camarera no había tocado sus pechos.

Cuando Fred lanzó una mirada al cajón del escritorio, el joven moreno preguntó si había interrumpido algo importante.

—Sólo estábamos terminando algunas cosas. Puedo trabajar solo si tú y George quieren ir a ayudar a Ron a sacar algunas sillas —lanzó a su hermano una mirada que claramente decía ‘llévate a Harry de aquí’.

Harry, divertido por el obvio gesto de los ojos de Fred, salió tranquilamente. Ciertamente, descubriría lo que fuera que estaban planificando, especialmente si involucraba las velas que iban a terminar en su pastel de cumpleaños.

Cuando se acercaron a la puerta trasera, se detuvo, bloqueándole la salida a George.

—Cuando pregunté si estábamos bien, no dijiste nada —dijo Harry, mirando vacilante a su amigo.

—Fred dijo que estábamos bien; lo estamos —confirmó el pelirrojo.

—Lo sé, pero sólo porque todos asumen que cuando un gemelo habla está hablando por los dos, no significa que tú no sientas diferente que tu hermano.

George sonrió. Muy pocas personas les trataban como individuos. En general, a los gemelos les gustaba ser la mitad del otro, pero eso no significaba que no apreciara la consideración de Harry hacia sus sentimientos personales. Pareció estar debatiéndose entre decir algo o no, antes de continuar.

—Una vez, cuando Fred estaba empezando a salir con Angelina, ella se acercó a mí. Yo me había quedado dormido en la cama de Fred. Bueno, la verdad es que accidentalmente había prendido fuego a mi cama… vale, ésa es otra historia. En todo caso, cuando desperté tenía a una bella chica parada al lado de mi cama. Ella se sentó; supongo que dijo algo de que quería hablar sobre el programa de quidditch. Sabía que ella pensaba que yo era Fred, pero era muy agradable tenerla al lado diciendo cosas lindas. Yo no debería haber dejado que eso siguiera.

—¿Se lo dijiste tú o ella lo descubrió?

—Estaba empezando a confesárselo cuando llegó Fred, gritándome porque estaba acostado en su cama. Ella me abofeteó y se fue —contó con una carcajada—. ¿Qué hay sobre Snape? —George había recordado repentinamente ese rato en el sofá, donde Harry/Joanne había dicho que amaba a Severus—. ¿Ustedes dos de veras…?

—Sí, somos pareja —contestó, asintiendo con la cabeza.

—Sabíamos que él era el que ponía las notas en el registro de nuestros experimentos, pero pensamos que estaba allí para entrenarte o algo así —sacudió la cabeza, tratando de asimilar el hecho de que Snape estuviera saliendo con alguien, especialmente con Harry.

—Debo decir que no esperaba que tanta gente estuviera de acuerdo. Tu mamá y yo hablamos, y ella señaló algunas cosas, pero supongo que yo esperaba que alguien se descontrolara —comentó, al darse cuenta que todo estaba resultando demasiado fácil.

—Para ser honesto, no creo que nuestra reacción hacia Snape hubiera sido tan buena de no ser por Ron. El nos contó sobre las vacaciones con los profesores, y cómo Snape reaccionó frente a los Mortífagos para evitar que cayeras —George no mencionó lo acontecido cuando Ron había estado cautivo. Ése seguía siendo un tema delicado, pero se entendía que Severus había asumido un gran riesgo para salvar al pelirrojo—. Ahora, creo que pudo habernos contado todo esto para que nos fuéramos acostumbrando a la idea de verles a ustedes dos juntos. Y todo este tiempo, simplemente pensamos que se estaba volviendo loco —rió entre dientes y miró a su hermano menor, pues ya habían salido al patio.

Cuando Harry llegó, las chicas estaban discutiendo sobre su vida amorosa. Se sintió aliviado al oír que Hermione advertía a Ginny de cuán importante era que nadie supiera que Harry tenía pareja. La más joven de los Weasley entendió que quienquiera que saliera con Harry sería un blanco, y era mejor mantenerlo en secreto. No comprendería completamente la magnitud de todo hasta que supiera que se trataba de Severus Snape. La conversación se interrumpió abruptamente, sobresaltadas por la vista ante ellas.

Harry rió al ver que Ron levitaba una silla con George sentado encima. El jaleo continuó cuando Fred salió y empezó a ponerse los ‘sombreros de fiesta’. Ginny le pegó, chillando para que se quitara la servilleta de la cabeza.

—Nunca hiciste servilletas de fantasía para mi cumpleaños —se quejó Fred con un puchero fingido—. No soy especial, como Harry —continuó, mientras levitaba una de las servilletas de Hermione, haciendo que volara alrededor.

—Sí, Harry es reaaalmente especial —declaró George graciosamente, torciendo los ojos.

Era una puya a su estabilidad mental. Desde la debacle de Percy, con frecuencia le hacían bromas acerca de su cordura. Harry estaba a punto de defender su salud mental, pero en lugar de eso estalló en carcajadas mientras la servilleta voladora se dirigió hacia la cabeza de George, sobresaltándole al punto que salió despedido de la silla flotante.

—Lo ven, el chico es histérico —sentenció Fred, al ver que Harry reía tanto que las lágrimas caían por su cara—. Realmente triste.

—Ahora recuerdo porqué nunca traje una de mis citas a esta casa —comentó Bill, quien acababa de llegar.

Varias sillas estaban derribadas en la hierba, y George estaba medio atascado en aquella sobre la que había caído, todavía haciendo una cara estúpida con los ojos torcidos. Fred estaba jugando con Ginny al tira y afloja por una servilleta. Harry comenzaba a recuperarse del ataque de risa. Ron llegó doblando la esquina, levitando otra silla.

>>¿Qué pasó, Ron? ¿Cuándo maduraste? —preguntó Bill con humor.

—Quizás ésa es la razón de que yo sea el único aquí con una chica —replicó Ron, poniendo mala cara a sus hermanos, porque no estaban ayudando realmente. Ignorándole, los gemelos saludaron a su hermano mayor, igual que hizo el resto del grupo, aunque ninguno con tanto entusiasmo como Ginny, quien prácticamente se arrojó sobre Bill.

—Por favor, di que me vas a dejar quedarme en tu casa unos días antes de regresar a la escuela —suplicó.

Harry supuso que era duro para ella convivir con los gemelos; eso, y que Bill debía ser el más genial de sus hermanos. Entonces, regresó su atención nuevamente a Hermione. Ella había convocado las servilletas de regreso a su regazo y comenzado a doblarlas nuevamente con figuras interesantes, luego de lanzarles un rápido hechizo de limpieza.

—¿Cuándo te volviste tan hogareña? —le preguntó con curiosidad.

—No empieces —replicó ella a la defensiva, pensando que se estaba burlando. Se disculpó cuando vio que su expresión indicaba otra cosa—. Perdona, es que los chicos se han estado mofando mucho. La mamá de Ron me ha estado enseñando algunos hechizos domésticos —explicó, entregándole un cisne que él colocó junto a las otras servilletas que había doblado para la cena.

Harry rió entre dientes.

—¿Ella no estará pensando que te vas a sentar a ser una feliz ‘ama de casa’, verdad? —preguntó.

Hermione le entregó otra servilleta. Él no se atrevió a decirle que no conocía esa figura. No era un cisne; eso, seguro.

—No, Molly sabe que voy a trabajar cuando acabe la universidad, pero como ella dice: ‘Aunque no planees hacer ropa, no te hará daño saber zurcir un calcetín’. Mi propia madre está encantada. La otra noche usé un hechizo para pelar las papas, y tal parecería que había convertido la paja en oro de tan emocionada que estaba. Supongo que nunca pensé sobre ello, pero dado que no podíamos hacer magia en el verano, mi mamá no me había visto hacer mucha magia antes.

Hermione continuó relatándole todo sobre la noche que sus padres habían ido a cenar a la Madriguera.




Severus levantó la taza de té caliente que Albus le había servido un momento antes.

—Veo que Harry vino hoy —comentó de manera casual, notando los coloridos restos de papel de regalo esparcidos por el piso.

El anciano sonrió, para después mostrarse sorprendido, como si no supiera que los papeles de brillantes colores todavía estaban allí. Aunque Harry era un adulto, Albus continuaba envolviendo sus regalos con papel mágico que estallaba en pequeñas tiras, y caía como lluvia sobre el receptor del obsequio. Esto provocaba un gran desorden, y habitualmente era bien apreciado por los pequeños de unos cinco años. Harry nunca había experimentado las tradiciones típicas de la niñez en el mundo mágico. Así que, cuando se convirtió en su guardián, Albus tomó ventaja de las pocas cosas que aún podía hacer por él. El joven todavía se quejaba de que era demasiado maduro para lo que, en opinión de Albus, era una encantadora forma de abrir un regalo. El Director no dio señal de haber oído el bufido divertido que vino de Severus.

—Harry y yo tuvimos un muy agradable almuerzo. Me sorprendí cuando mencionó que tú habías decidido no entregarle su presente hasta la noche —hubo un destello. Severus sorbió su té antes de responder.

—De manera bastante sorprendente, Ronald Weasley me invitó a la celebración que ofrecerán a Harry esta noche. No quiero presentarme sin un obsequio. Ya era bastante difícil conseguir un regalo, cuanto más dos.

La verdad era que había visto montones de cosas que deseaba dar a su pareja, pero decidió ser prudente de momento. Su relación todavía era reciente. Tendría muchas más oportunidades para darle regalos. De repente, se dio cuenta que estaba asumiendo que permanecerían juntos por un largo tiempo. No estaba acostumbrado a pensar a largo plazo cuando ello involucraba a Harry.

“Merlín, estoy enamorado”, pensó.

Albus bebía tranquilamente su té; el maldito brillo parecía haberse intensificado.

—Perfectamente comprensible, pero siempre es agradable tener algo para abrir en el día real —comentó el anciano con tono despreocupado.

“Creo recordar haberme despertado con él abriéndome”, pensó Severus.

—Él lo manejará —replicó llanamente, mientras volvía a recordar el placentero método que Harry había usado para despertarle.

Había sido casi tan bueno como el sexo que habían tenido después, sobre la mesa de la cocina. ¿Habría creado un monstruo, al dejar que Harry le poseyera? Ante el pensamiento, sintió el calor que giraba en su interior. Se rehusaba absolutamente a tener una erección sentado frente a Albus. Ver el maldito brillo fue suficiente para que su ‘problema’ desapareciera. Habitualmente, ese brillo no significaba nada bueno, por lo que a él se refería. Se preguntó si durante el almuerzo Harry le habría contado al anciano que él le había declarado su amor.

—Debo decir que estoy muy impresionado de que accedieras asistir a la fiesta. Pensaba que luego de tu última visita habías jurado mantenerte alejado de la Madriguera por un buen tiempo —Albus mordió una galleta, y un espolvoreado de migas se derramó por su barba.

—Si puedo asociarme con el Señor Oscuro por ti, ciertamente puedo socializar con una horda de Weasley por Harry —replicó con una sonrisa.

—Palabras muy impresionantes viniendo de un mago que se bebió dos botellas de vino para celebrar el último día que los gemelos asistieron a Hogwarts.

—Quizás, pero ya no temo a la cólera de Molly Weasley.

—¿No? —indagó un asombrado Albus.

—Por lo que Harry me contó, Molly ya se hartó de ellos, por lo que probablemente me agradecería si les convirtiera en algo inofensivo por unos pocos días.

Iba a decir conejos, pero Albus le había advertido recientemente sobre no hacer comentarios despectivos acerca del número de niños que tenía la familia Weasley. Tomó una galleta, ignorando la mirada de deleite que Albus puso cuando él se sirvió el dulce.

—Harry ha sido bueno para ti —comentó el anciano, bastante complacido.

Severus gruño, emitiendo un sonido evasivo. Casi dijo ‘Bueno para mi cama’, pero prefirió no hacerlo. Albus podía ver fácilmente la verdad a través de él.

>>Pienso que tú también eres bueno para él, Severus —esperó a que el otro dejara de poner los ojos en blanco—. No puedo decirte cuán feliz estoy de que ustedes dos tuvieran la oportunidad de pasar una buena cantidad de tiempo juntos, durante las vacaciones de verano. Dudo que hubieran sido capaces de avanzar tanto sólo con los fines de semana.

—En cuanto las clases comiencen, nos va a resultar difícil pasar tiempo juntos. Yo no podré desaparecer todos los fines de semana, y su entrenamiento tomará una parte de nuestro tiempo. Francamente, Albus, no sé qué va a hacer con toda la semana libre.

Estaba preocupado por la falta de empleo de Harry. Para cuando llegara el fin de semana, probablemente estaría desesperado por algo que hacer, y a veces él no estaría allí para entretenerle.

—¿Harry no te mencionó nada de las clases? —preguntó Albus con curiosidad. Severus bufó.

—¿Se supone que una clase los jueves será suficiente para mantenerle ocupado? Ni siquiera esperaba que sus clases sobre Cultura Mágica duraran tanto.

Albus no contestó; tomó un sorbo de su té, preguntándose por qué Harry no le había hablado todavía a Severus sobre las clases que estaba tomando ahora. El joven planeaba pasar sus semanas reconstruyendo su casa de Godric’s Hollow mientras Severus daba clases en Hogwarts. Quizás estaba reservando esa información para darle una sorpresa. Harry le había mencionado que le gustaba guardar un poco de información para sí, aunque Severus ya sabía casi todo sobre su vida. Albus suponía que había sido difícil crecer con la mayoría del público mágico sabiendo más de su pasado que él mismo. Su nombre no había dejado de aparecer en los periódicos desde que había comenzado en Hogwarts.

—¿Está Harry físicamente listo para reanudar su entrenamiento? —preguntó Albus.

El joven no había entrenado desde el ataque mortífago. Severus notó el cambio de tema, pero no lo comentó.

—Sí, no queremos perder más tiempo. Antes que nos demos cuenta, la escuela volverá a estar llena de detestables mocosos, dejándome poco tiempo para trabajar con Harry.

—Quizás Kieran podría seguir entrenándole unos días a la semana —sugirió Albus.

Severus entrecerró los ojos; su máscara ocultó el ceño fruncido que estaba amenazando con arrastrarse hasta su cara. No podría decir por qué no le gustaba la idea. Podía ser un asunto de control, pues él no estaría necesariamente tomando las decisiones si no estaba allí para Harry. Pero él y Kieran siempre habían trabajado bien como equipo, y seguido el esquema del libro que habían desarrollado juntos. No, no era un asunto de control. ¿Quizás sentimiento de posesión? No quiso examinarlo con demasiada atención, al darse cuenta que las opciones eran que estaba celoso de que Kieran pasara tiempo con su Harry, o que Harry pudiera pasar más tiempo con Kieran, su amigo.

Prácticamente sacudió la cabeza para deshacerse de tan absurdos pensamientos. Harry era suyo. A Kieran le gustaban las mujeres. Y no importaba que Kieran fuera su amigo primero. Por no mencionar que la mayoría de la vida de su chico había estado siempre en los periódicos. Si la información era favorecedora o no, nunca había importado. El nombre de Harry continuaba vendiendo diarios.

El pensamiento de que la situación fuera al revés y Harry se preocupara de que Ron se convirtiera en el mejor amigo de Sev, le hizo reír. Bueno, no fue una risa, se parecía más a un bufido divertido. Lo que fuera, Albus levantó los ojos por encima de su taza de té, esperando averiguar qué era lo que divertía tanto a su profesor de Pociones y amigo.

—¿Algo divertido que te gustaría compartir? —indagó Albus.

Severus sonrió y sacudió la cabeza, negando.

—Es mejor que me vaya a arreglar para la cena en la Madriguera —colocó su taza sobre la bandeja—. Gracias por el té, Albus.

—Cuando gustes, mi muchacho. Yo también debo irme, en realidad. Le prometí a Poppy que le regresaría el expediente de Harry. Él llenó un cuestionario para ella mientras almorzábamos, y creo que está muy ansiosa por revisarlo.

—¿Piensa que hay algo mal? —preguntó Severus, con tono preocupado. Albus se demoró en contestar, y el mago más joven se alarmó.

—No es nada de qué preocuparse —dijo el anciano calmadamente, pero Severus no se conformó con eso.

—Albus —advirtió; su voz seguía tranquila, pero se elevaba a ritmo constante—. Dímelo ahora, o me presentaré en la Madriguera y le exigiré a Harry que me lo cuente. ¡No necesitamos arruinar su fiesta cuando tú podrías sencillamente DECÍRMELO! —terminó con voz sonora, esperando una respuesta.

—Él no lo sabe. Ahora, por favor, ¿podrías calmarte? —Albus tenía una manera de dar órdenes como si la persona tuviera opción. Severus respiró profundamente para tranquilizarse, pero se dio cuenta que el anciano estaba rompiendo el pacto que tenía con Harry. Le había prometido no guardarle más secretos. El maldito brillo en los viejos ojos azules estaba regresando—. Te aseguro que no estoy ocultándole nada a Harry. Poppy sólo está preocupada de que haya sido maldecido durante el ataque. Le expliqué que estaba seguro de que se encontraba bien, pero ella ha tomado esto como un proyecto y tiene poco que hacer en estos días.

—¿Tienes la errada impresión de que lo que acabas de decir ayudará a tranquilizarme? Difícilmente has explicado cosa alguna —declaró un enojado Severus.

—Una sustancia encontrada en Harry tenía un residuo mágico. Naturalmente, Poppy se preocupó. Dado que yo pasaba por allí cuando fue descubierta, personalmente ejecuté los hechizos para comprobar que él estaba bien. Pero ya conoces a Poppy. Ella debería conseguirse un gato o algo —ante la desviación del tema, Severus echó humo. Viendo su molestia, el Director continuó—. Ella probablemente hubiera dejado el asunto en vista de que Harry no está por aquí para examinarle, pero como tiene uno de los tejidos que contenía residuos de la sustancia, eso le da mucho margen de tiempo para investigar.

—¿Por qué, en el nombre de Merlín, tendría Poppy pedazos de Harry en su oficina? —ése era un pensamiento realmente perturbador.

—Siempre que Harry es herido, tenemos mucho cuidado de cualquier cosa empapada con su sangre o los tejidos corporales disponibles. Sería muy peligroso que eso cayera en las manos equivocadas.

Como Pocionista, Severus sabía eso mejor que cualquiera.

>>Las recientes heridas de Harry, dejaron por sí solas mucho material para ser catalogado antes que yo dispusiera de las ropas empapadas en sangre; pero, dado que le iba a crecer nueva piel, implicaba que primero tenía que perder gran cantidad de piel dañada.

—Él lo mencionó —dijo Severus, deseando haber estado con Harry durante el doloroso proceso.

>>Bien, como podrás imaginar, ahora Poppy tiene una muestra para trabajar. Se preocupó cuando la firma mágica de la sustancia mostró trazas de elementos de magia oscura, como sería si la bruja o el mago que lo hizo llevara la Marca Oscura —Albus hizo una pausa y su sonrisa se intensificó—. Si tú quisieras ahorrarle un montón de problemas e investigación, simplemente, ¿podrías explicarle cómo Harry consiguió una enorme letra ‘F’ en tinta roja sobre su estómago?

Severus abrió los ojos de par en par por un momento, antes de que su máscara regresara a su lugar. No había imaginado siquiera que alguien hubiera visto su trabajo artístico; es que ni lo había recordado con la conmoción.

—Ella puede seguir investigando sin mi ayuda. Buen día, Albus.

Salió de la oficina como una tromba. Albus le había tenido en ascuas, preocupado por Harry, por nada. Caminó a paso vivaz hacia sus mazmorras. Estaba irritado, pero dejó eso a un lado para enfocarse en lo que vestiría para la fiesta. También recordaba el día en que había puesto la ‘F’ a Harry. El primer y último día que le había visto con la túnica negra de quidditch. Se veía tan sexy. Se alegraba de haber decidido comprarle a Harry un conjunto para reemplazarla.









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MensajeTema: Re: Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 48-I. Cena con la familia I   Vie Dic 09, 2016 6:34 pm

Jajajajaja Severus me mata con sus pensamientos jajjaja estan genial como lleva la conversación con Albus, aun que el viejito no se queda atrás mira que intrigar de esa forma a Sev jajaj muy bueno
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Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 48-I. Cena con la familia I
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