La Mazmorra del Snarry


 
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La Mazmorra del Snarry... El escondite favorito de la pareja más excitante de Hogwarts

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  Death Eater takes a Holiday. Capítulo 59. Hogar

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 59. Hogar   Dom Ago 05, 2018 2:24 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 59

Hogar



Harry colgó su traje tal como había dicho a Hermione que haría cuando llegare a casa. Severus comentó que eso sería así para Ron en cuanto esos dos se casaran.

—¿Qué crees que estás haciendo? —preguntó el hombre con tono acusador, su amante sonreía con malicia.

Harry bufó divertido.

—Disculpa, pero esto merece ser salvado. Quiero mirarlo más adelante —rió entre dientes, tocando su cabeza con su varita para sacar un recuerdo y colocarlo en uno de los mini pensaderos a los que llamaba caja de cerebro.

—Difícilmente podría considerar que sea apropiado que utilices uno de esos para tu disfrute personal. Albus los adquirió para que reportaras tus visiones y nada más —se enfurruñó el mayor.

—Oh, cállate. Al menos todavía te veías como Charlie a causa de la poción Multijugos —le consoló.

—Eso fue muy liberador —admitió Severus—. Había utilizado esa poción en muchas ocasiones, pero nunca en una situación donde la mitad del grupo conocía mi verdadera identidad—.

La reunión en la Madriguera resultó ser un largo día, pero fue bien. Era mucho más fácil para los Weasley relajarse con Severus mientras lucía como un hermano. Severus también estaba más relajado de lo habitual. Dado que la mayoría de los que habían venido a ofrecer sus condolencias no conocían a los dos hermanos Weasley mayores, el maestro de Pociones no tuvo que preocuparse por tratar de comportarse como Charlie mientras lucía como él.

Había resultado una experiencia interesante ser presentado a personas a las que había dado clases apenas pocos meses antes, incluso a unos pocos que todavía eran sus estudiantes. Algunos habían entablado conversaciones cordiales con él, mientras otros habían permanecido cerca de sus amigos. Una persona en particular había atrapado a Severus con la guardia baja. Era uno de los Gryffindor de séptimo año, amigo íntimo de Ginny. Se había sentido particularmente emocionado ante la idea de tener una reunión con Charlie.

Flashback  

Ginny había hecho las presentaciones con las mejillas rosadas y una expresión de disculpa.

—Estoy tan nervioso por conocer a Charlie 'la leyenda del quidditch' Weasley en persona —el chico estrechó la mano de Severus vigorosamente.

Severus sonrió, sabiendo cuán horrorizado estaría su admirador si supiera que era a su profesor de Pociones a quien estaba hablando con tanto entusiasmo.

>> ¿Sigues montando en escoba? ¿Con cuánta frecuencia vuelas? —.

—No mucho —contesto vagamente, y de repente recordó unas excepcionales maniobras que había ejecutado con Harry sobre una escoba—. Intento no estar demasiado oxidado —agregó. Harry, a quien debió asaltar el mismo recuerdo, tosió impactado. Severus sonrió con malicia.

>> ¿Asististe al juego de Ginny el fin de semana? Ella mencionó que uno de sus hermanos había ido a Hogwarts a ver el juego—.

—Allí estuve, sí. Fue un juego impresionante. Escuché que había sido uno de los mejores partidos de Ginny, aunque no he presenciado muchos de ella —declaró, sorprendiendo a la aludida.

—Tenemos grandes bateadores este año, lo que permite a los cazadores lograr buenos puntajes sin demasiada interferencia —explicó el joven, excitado, refiriéndose a Gryffindor; luego se calló, esperando la valoración de 'Charlie'

—Gryffindor mantuvo el puntaje a su favor, pero fue el patético intento del amago de Wronski por parte de Ravenclaw lo que hizo que perdieran el juego—.

La respuesta entendida de Severus impactó a algunos de los presentes. Harry no se había dado cuenta que tenía la boca abierta hasta que sintió unos dedos bajo su barbilla, cerrándosela. El Gryffindor sacudió la cabeza para clarificarse.

—¿Charlie? ¿Podemos hablar un momento? En privado —agregó. Jaló a Severus para rodear una esquina, hasta encontrar un recoveco detrás de las escaleras, fuera de la vista. Harry disfrutó de la altura extra que parecía tener, dado que Charlie era unas pocas pulgadas más bajo que Sev—. ¿Desde cuándo te has vuelto tan bien versado en el mundo del quidditch? —.

—He asistido a juegos de Slytherin desde antes que nacieras. ¿No crees que he asimilado algunas cosas? —.

—Es extraño que no haya notado antes lo entendido que eres en este deporte —comentó, con tono ligero.

—No eres muy observador, ¿cierto? —estaba a punto de agregar un comentario sobre la mejora del conocimiento sobre pociones de su pareja, pero fue distraído por un cálido cuerpo que se presionaba contra el propio.

—Hmm —suspiró Harry contra su cuello—. Gracias —murmuró entre besos dados en su barbilla—. Has tenido que soportar un montón de problemas por ser Charlie, y pasar todo el día a mi lado. Te amo mucho—.

Severus contestó con un beso profundo y apasionado. Había sido un día largo y estresante. Harry gimió, perdido en el beso. El hombre probó sus labios con lentitud, profundizando con su lengua en una lánguida exploración de la boca de su pareja.

—Yo solo dejaré esto aquí... —decía Molly, al tiempo que llegaba al rincón de la escalera para dejar una escoba. Su evidente impresión fue casi risible. Jadeó con un sonido de asombro como si acabara de atrapar una snitch con sus amígdalas—. Discúlpenme, Harry... ¿Severus? —agregó el segundo nombre con un tono interrogante, mirándoles desesperada por confirmar que no había atrapado a su hijo besando a Harry por dos veces en su vida.

—Disculpe —Harry atrapó la esquina de su labio con los dientes y se alejó con la cabeza baja.

Severus se quedó.

—No soy tu hijo —le aseguró a la bruja—. Molly —comenzó de nuevo antes que ella tuviera oportunidad de reaccionar—, quería expresarte mi agradecimiento por ofrecer tu hogar tan amablemente una vez más. Sé que para Harry significa mucho formar parte de tu familia—.

—Ahora estoy segura de que no eres mi hijo —rió ella—. Eres muy amable al decir eso, Severus —le entregó una jarra y salió de detrás de las escaleras; el hombre la siguió como un buen hijo—. Charlie, se bueno y llévale esto a tu padre que está en la cocina —pidió la matrona, sonriendo.

—Sí, mama —contestó obediente, preguntándose si ella moriría de la impresión si le besara la mejilla como acostumbraba a hacer Charlie cuando se despedía de una reunión de la Orden.

Al darse cuenta del rumbo de sus pensamientos, Severus frunció el ceño internamente. No sabía qué era más terrible, el hecho de que pensara en besar a Molly como broma, o cuán complacido había estado durante la previa conversación sobre quidditch. Ciertamente, Harry le estaba contagiando. Se consoló pensando que cuando regresara a Hogwarts podría dar unas cuantas detenciones y un examen sorpresa, para volver a sentirse como el antiguo desgraciado nuevamente.

>> Papá —entregó la jarra con una sonrisa.

Arthur le lanzó una segunda mirada antes de regresar a su postre.

—Ésta es la mejor torta de queso que he probado jamás. Aunque prefiero el tope de arándanos, esto es una delicia —el mago echó un vistazo en derredor para asegurarse que estaban solos—. ¿Cómo van las cosas entre Harry y tú? —preguntó entre bocado y bocado.

—Regresando a la normalidad —contestó Severus, liberando el aire. Aunque estaba acostumbrado a pasar tiempo con Molly y Arthur en las reuniones de la Orden, todavía se sentía algo extraño al estar en su casa sin asuntos que atender.

—Creo que sorprendí al pobre Severus, pidiéndole la receta —intervino Molly, quien entraba en el recinto después de servir el té. El maestro de Pociones había esperado que ella le contactara para hablar sobre los arreglos del día al hacerse pasar por Charlie, no para discutir sobre recetas.

—¿Pero él lució sorprendido? —.

—Sólo ignora a Arthur. Recientemente, estuvimos conversando sobre lo bien que mantienes tu expresión libre de emociones. Por supuesto, debes hacerlo, teniendo en cuenta el trabajo de espía —agregó la mujer, esperando que no se sintiera ofendido.

Severus escrutó su rostro por un momento y luego sonrió.

—¿Quieres decir que ustedes dos debaten sobre lo que se necesitaría para que el cretino mostrara sus emociones sin darse cuenta? —sorbió su té, disfrutando de los esfuerzos que hacía Molly para no revelar que así era, de hecho—. ¿Hicieron alguna apuesta, también? —preguntó sobre su taza.

—Por supuesto que no —Molly se ruborizó.

—Cinco sickles —confesó Arthur al mismo tiempo.

Severus se echó a reír y el pelirrojo levantó la vista de su postre. El Slytherin se preguntó si tratar de sorprenderle se convertiría en el nuevo pasatiempo de Arthur. Quizás si eso era así, tarde o temprano terminaría olvidando todo el asunto. Arthur era más entretenido cuando no estaba tratando de serlo.

—Realmente, no tenía tiempo de probar una nueva receta hoy. Agradezco que trajeras la torta de queso —comentó Molly, con un claro cambio de tema.

—Fue un placer. Raramente tengo oportunidad de cocinar para alguien, pero esta es la segunda vez que lo hago en una semana.

Arthur tarareó su aprobación sobre su tenedor.

—Si hubiera sabido que eras tan buen cocinero, y que las cosas iban a tomar el giro que dieron, te hubiera pedido que mataras a Dursley hace tiempo —comentó como al descuido.

Si bien probablemente nunca supiera si había sido expresado con intención, Arthur iba a regocijarse un buen tiempo en haber logrado que Severus se mostrara asombrado, aunque fuera por un momento.

Fin del largo Flashback  

Severus se dio cuenta que dos momentos significativos en el día habían estado involucrados con Molly y Arthur.

—Merlín, es verdad. He conseguido unos suegros—.

—Podría ser peor —comentó Harry con gesto cómico. No tuvo que decir 'James' en voz alta para que Severus supiera a qué se estaba refiriendo—. Bien. Estamos en casa, todos los hechizos del sofá han sido retirados, y la red flu está cerrada —continuó, feliz. El corazón de Severus se caldeó cuando su pareja le incluyó en la frase 'estamos en casa'—. Y tampoco tenemos necesidad de usar un hechizo de silencio —los ojos verdes brillaron con travesura y entusiasmo.

—¿Debo continuar con el aspecto de Charlie el resto de la noche? —preguntó Severus, sabiendo la respuesta.

—No te atrevas —gruñó seductor—. Te extrañé —ronroneó, al tiempo que atraía al hombre encima de él.

—Me tuviste todo el día —replicó, perfectamente consciente de lo que quería decir Harry—. Es todo igual en la oscuridad —bromeó.

—Me gusto no sentirme tan bajito —comentó, refiriéndose al hecho de que Charlie era más bajo que Sev, haciéndole sentir más alto, por defecto.

—Te conseguiré una caja para que te subas —gruñó Severus.

—Tú fuiste el que señalaste que todo era igual en la oscuridad —Harry disfrutó al ver como el otro cambiaba la tonada cuando no estaba a su favor—. Vale, Sev, conseguirás una caja. Y sabes bien que no es igual, aunque no haya luces. Extrañé no sentir tu nariz contra mi cara mientras nos besábamos.

—Ahora sólo estás siendo cruel. No me ves señalar tus defectos —alzó la nariz en el aire. Harry se dio cuenta que no estaba ofendido, pero costaría apaciguarlo a pesar de todo.

—Cuando presionas tus labios contra los míos, tu nariz presiona mi mejilla. Cuando dejas besos a lo largo de mi mandíbula, siento como acaricia mi sensible piel —acentuó sus palabras haciendo lo que estaba describiendo—. Ves, siento como te estremeces cuando froto mi nariz contra tu oreja. ¿Podría sentir lo mismo? —aún frotando su oreja, Harry le atrajo más cerca, susurrando sobre su cabello—. Cuando despierto gritando y me abrazas contra ti, puedo escucharte detrás de mí, inmerso en mi aroma mientras tus labios dejar besos de consuelo sobre mi cabeza—.

Severus dio la vuelta llevándose con él a su pareja y le besó con pasión. Su cabello cayó hacia adelante, creando una cortina negra que enmarcaba ambos rostros.

Harry asió las nalgas de su amado, conteniendo la respiración dentro del intenso beso.

—Te amo. Amo todo el paquete, con nariz incluida—.

—Estás diciendo eso sólo porque te haré el amor apasionadamente —ronroneó Severus, mordisqueando el lóbulo de la oreja.

—Cierto —el joven alzó las caderas.

—¿Pensaste que la adulación te llevaría a algún lugar? —preguntó acusadoramente, con una ceja alzada.

Harry lloriqueó mientras la boca de Sev continuaba arrastrándose hacia abajo y permanecía en la curva de sus caderas.

—Sí —siseó, aunque Severus no creía que su pareja estuviera contestando la pregunta. Jadeando, Harry levantó la cabeza para ver porqué la boca había dejado de moverse, pero pudo sentir los dientes. El bastardo se estaba riendo.

—Por favor —suplicó—. ¿Ayudaría si digo que la razón por la que amo tu nariz es porque me recuerda cuán grande es tu polla? ... ¡Oh, Dios, sí! —gritó con un jadeo sobresaltado.

Severus continuó sonriendo, sus dientes —con toda intención— rasguñando ligeramente mientras tomaba el miembro de Harry en su boca. Eventualmente, cuando Harry comenzó a suplicar de nuevo, Severus le dio la vuelta para continuar sus caricias.

El joven estaba feliz sólo con seguir acostado y disfrutar. Severus le preparó a conciencia, masajeando lentamente las firmes nalgas de su pareja con su mano libre. No era un frenético encuentro sexual como el que habían disfrutado recientemente en la ducha en Hogwarts. Habitualmente, Harry hubiera suplicado mientras Severus se tomaba su tiempo, pero a veces lento era bueno.

El joven jadeó, sintiendo como su pareja le llenaba completamente. Había estado feliz de seguir allí acostado, dejando que Severus hiciera todo el trabajo, pero sólo durante un rato. Pronto, empujó la almohada de debajo de sus caderas y, con la ayuda de Sev, se colocó sobre sus manos y rodillas. Con gustó ayudó a establecer el ritmo, meciéndose en sincronía con el mayor. Sentía su respiración caliente sobre su espalda, susurrando suavemente palabras de promesas y amor.

Hicieron el amor con ritmo tranquilo. Harry logró escuchar las palabras de Sev y no sólo su voz cautivante, que penetraba en lo profundo de su corazón. Severus conocía muy bien el cuerpo de su joven amante sabía con precisión qué ángulo tocar para lograr que se estremeciera y curvara sus dedos. La mano de Harry se alzó a tientas sobre su cabeza para tocar a su pareja, para sentir el largo cabello negro entre sus dedos.

Las palabras que habían estado en la punta de su lengua se perdieron con el resto de su conciencia cuando Severus rodeó con mano firme su rígido mástil. Sus dedos se aferraron a la sábana debajo de él mientras su pareja le acercaba a la culminación. No fue hasta que la última de las varias embestidas que hicieron que aceleraran el ritmo con urgencia, cuando su lenta follada llegó a un final satisfactorio.









Severus despertó cuando su varita comenzó a vibrar bajo la almohada. Harry gimió y se dio la vuelta, pasando su pierna sobre la de Sev. El hombre se inclinó y le besó antes de desenredarse del agarre.

—¿Te marchas? —preguntó una voz somnolienta—. Buenas noches, amor—.

—Buenos días —Severus acarició su cuello con la nariz—. ¿Te veré esta noche? —.

—¿Hmm? Oh, sí, luna llena. Hasta la noche —murmuró el joven.

Severus sonrió, divertido por la vista de su amante medio dormido. Mirando por la ventana pudo observar que estaba empezando a vislumbrarse una luz tenue. Ese momento sereno justo antes de amanecer. La quietud fue rota por un bufido, o más bien un ronquido de Harry al volver a rodar sobre sí mismo y aferrar la almohada de Sev, antes de quedarse nuevamente quieto. Severus sacudió la cabeza, sonriendo de nuevo. Más les valdría a esos insufribles mocosos que lo hicieran muy bien esta vez, luego de ser la razón de que tuviera que abandonar el cálido lecho de su amante para regresar a Hogwarts.

Se apareció en los linderos de Hogwarts y comenzó a caminar, reflexionando sobre la posible reacción de Albus si le llamara estando 'cachondo'. "Disculpa, Albus, no puedo ir a trabajar hoy. No podría ser de ayuda; Harry está esperándome acostado en una pose muy seductora. Apenas he podido apartar mis ojos de él para hacer esta llamada. No, me temo que esta tarde también va a ser imposible, pues he tomado una poción revitalizadora con el plan de follarle por horas". Bufaba, riéndose de su propio chiste, cuando escuchó un repentino chasquido. Alguien más se había aparecido en los límites apenas momentos después de Severus.

Al segundo, escudriñó entre las sombras, tratando de distinguir quién había llegado tras él. Se estremeció cuando un ratón chilló y saltó del sitio donde había estado. Al ruido de pisadas acercándose se envaró. Consciente de que podía ser cualquiera, desde un atacante hasta un alumno regresando de una escapada, hizo la única cosa segura que podía hacer.

—Desmaius—.

Escuchó un crujido en los arbustos mientras se agachaba rápidamente, en anticipación.

—Desmaius—.

Escuchó el mismo hechizo repetido después del suyo. Si hubiera sido un atacante, no hubiera utilizado ese hechizo.

>> Severus, soy yo, Remus —habló una voz grave. El maestro de Pociones no estaba seguro si la voz del licántropo sonaba así por la cercanía de la luna llena o por haberla usado en exceso—.

—¿Qué demonio estás haciendo, Lupin? ¿Intentando que te maten? —optó por regañar al mago en lugar de seguir reflexionando sobre la duda de si Remus había estado gritando en una cama.

—El mío no fue el único Desmaius que erró el blanco —se defendió Remus. Estaba alegre de que Snape todavía no hubiera hecho comentarios acerca de dónde había estado—. En todo caso, necesitaba hablar contigo, Severus. El señor Flynn vino a verme temprano, y tenía algunas cosas muy interesantes por decir—.

—¿Qué te hace pensar en que yo estaría interesado en lo que ese desgraciado muchacho tuviera que decir? —preguntó Severus, sarcástico.

—Imaginé que no te interesaría, pero quizás... —Remus habló en todo casual, sin permitir que el otro se irritara—... ya que, según sus exigencias, si no le daba las máximas calificaciones contaría nuestro pequeño secreto —le guiñó un ojo para fastidiarle.

—¿De qué estás hablando, Lupin? —.

—Me está chantajeando. Técnicamente, a ambos, ya que está convencido de que eres con quien estoy follando —Remus sonrió. Severus no mostró reacción alguna, pero su silencio hablaba a gritos—. Comenzó haciéndome algunas preguntas sobre la licantropía. Quizás dije algunas cosas que pudieron ser mal interpretadas, pero creo que él ya había hecho sus suposiciones—.

—¿Me atrevo a preguntar? —.

—La mayoría fueron preguntas generales, pero una en particular se refería a los instintos del lobo y cómo me afectaban durante el ciclo lunar. Sus palabras fueron cuidadosas, pero era evidente que me estaba preguntando sobre mis urgencias sexuales y cuánto control tenía sobre ellas, o no. Le aseguré que tenía el control de todos los aspectos de mi licantropía y de que no era una amenaza para la población estudiantil—.

—De hecho —convino Severus, inexpresivo—. Aunque puede ser completamente obvio para el público en general que has redescubierto los placeres del sexo —su voz goteaba sarcasmo—, te ruego me digas cómo él llegó a la conclusión de que a mí me gustaría intimar contigo—.

—Me hieres, Severus —contestó Remus con idéntico sarcasmo—. Flynn preguntó qué habías conseguido a cambio de volver a hacer la poción Matalobo para mí. Estaba seguro de que no harías algo así sin obtener algún beneficio. Además, notó que tú no eres tan gruñón la mañana siguiente a la luna llena—.

Severus tuvo que admitir que despertar con la boca de Harry alrededor de su polla parecía mejorarle el humor. ¿Pero quitar menos puntos durante una clase, un día al mes, significaba que estaba follando a un hombre lobo?

>> Flynn me recordó una mañana en particular, cuando llegamos juntos a desayunar. Dice que tú te veías muy engreído y habías lavado tu cabello en el corto tiempo que pasó desde que te viera temprano en tu oficina.

—Tú y yo no caminamos juntos... —comenzó, pero se dio cuenta que habían hecho justo eso—. La mañana que Albus me mandó a sacarte del Ministerio. Entramos al final del desayuno —recordó.

—¿Hubo un accidente de pociones? ¿Por qué otra razón te ducharías después...? —se detuvo, recordando que Harry había asistido al desayuno esa mañana. La expresión engreída de Severus se lo confirmó— ¿Qué vamos a hacer respecto a Flynn? —preguntó, deseando borrar la cara de satisfacción del otro hombre.

—Hablaré con él. Quizás sea inteligente dejar que siga pensando que nos pilló—.

—¿Estás sugiriendo que le permita chantajearme? ¿Por qué yo iba a querer que él pensara que me gustaría intimar contigo? —usó las mismas palabras que Severus, sonriendo.

—Si no lo negamos, Flynn no tendrá necesidad de buscar futuras pistas. Pero si siente que debe probar su teoría, puede tratar de seguirte la próxima vez que decidas tener un sándwich —comentó Severus, refiriéndose a su trío con Will y Basil—. No quiero que él ni nadie más investiguen con demasiada profundidad en mi vida privada. No arriesgaré la seguridad de Harry si puedo evitarlo —terminó con semblante serio.








Fred y George, los empresarios de la familia Weasley, estaban parados frente a un enorme caldero, revolviendo otro lote de Crema de Canario.

—Pasamos mucho tiempo planeando nuevos productos mientras la casa de Harry no estuvo disponible, pero a veces son los productos clásicos los que te mantienen en el negocio —comentó Fred.

—¡FORGE!! —rugió Harry. Hedwig alzó vuelo, huyendo de la cocina y de su enojado propietario. Estremeciéndose, los gemelos intentaron fingir inocencia, pero no lo lograban con tanto acierto como en el pasado. De hecho, Harry pensaba que se veían extrañamente nerviosos—. Tengo una reunión de entrenamiento con Kieran en quince minutos —gruñó. Sabía que iban a hacer algo diferente de su entrenamiento habitual. Se le había advertido que no llegara tarde y todavía tenía un recado que entregar—. ¡Desplumen, si no es molestia! —dio la vuelta abruptamente, para que ellos pudieran remover cualquier rastro de plumas en su cabello o ropas.

—Sólo dos minutos más —pidió George con tono tranquilizador, retirando la suave pelusa de su cabello—. ¿Está todo bien, Harry? Habitualmente no te pones tan nervioso por una broma —George pensaba que era una verdadera decepción que su amigo no hubiera estado en la habitación cuando se había convertido en canario.

Harry suspiró, sacudiendo la cabeza.

—Tengo la mente en el entrenamiento. Siento como si hubieran pasado siglos desde que tuve la última sesión de entrenamiento decente. Eso, y que Dudley dijo algo que logró que Albus encontrara un nuevo misterio —no quería contar más sobre el tema de la 'sanación' hasta saber con qué estaban lidiando. Sabía que él mismo estaba malhumorado, pero los gemelos también parecían estar algo apagados.

—Sabes que nunca haríamos algo que te pusiera en peligro, ¿verdad? —dijo Fred con sinceridad.

—No a propósito, en todo caso —agregó George, pensando en las múltiples explosiones de calderos.

—Por supuesto. No somos familia —rió Harry. Una vez habían bromeado sobre cómo los Weasley habían sido como una familia para él, pero de una buena forma—, sino más que familia —agregó, sabiendo que los hermanos de los gemelos habían sufrido con frecuencia los resultados de su experimentación. Aun así... miró a los otros dos inclinando la cabeza—. ¿Qué pasa? —preguntó con cautela.

—Nada —replicaron a coro.

—Agradecemos que nos permitas instalar nuestro laboratorio aquí —añadió George.

Harry partió por la puerta trasera, riendo entre dientes, al darse cuenta de que Severus debía haberles amenazado nuevamente. ¿Por qué otra razón tendrían un comportamiento tan extraño? Bajó hacia la tienda de antigüedades para hacer una corta visita a su casero y pagar la renta. El señor Jennings le dio noticias sobre su sobrina Gwen y comenzaron a charlar sobre las nuevas antigüedades que había adquirido. El joven trataba de decirle cortésmente que estaba retrasado para una reunión cuando una gran lechuza de granero voló a través del dintel de la puerta.

—Parece que le llegó un correo. Me iré mientras atiende su negocio —Harry se acercó a la puerta. Habiendo aprendido su lección luego de varias duras enseñanzas, no llegaría tarde a una reunión con Kieran si podía evitarlo.

—Parece como si estuviera buscándole a usted, señor Potter —sonrió el señor Jennings, observando como la lechuza daba una vuelta por la tienda y aterrizaba en una silla de respaldo alto al lado de Harry—. No la deje esperando; esas garras no le van a hacer ningún bien al cuero de la silla—.

Harry tomó la carta con cautela, pero no la abrió. Podía sentir la magia a través de ella, pero la firma mágica era vagamente familiar.

>> ¿Algún problema? —preguntó el casero, mirando por encima de un cuaderno de anotaciones. El joven sacudió la cabeza. La firma mágica no era exactamente la de Ron, quizás la de Ginny. Por su parte, cada uno de los gemelos tenía su propia firma pero ocasionalmente, cuando realizaban magia simultánea, era difícil distinguirles de otro Weasley.

Se disculpó rápidamente, abandonando la tienda de antigüedades. Si era una broma, no quería abrirlo dentro de la tienda. El señor Jennings ya le había reclamado por tener que hacer limpieza extra en los muebles luego de algunas explosiones que se habían sentido abajo, incluso atravesando las protecciones existentes en el apartamento de arriba. Al parecer, las protecciones de su apartamento incluían todo su contenido, pero una gran explosión había sido suficiente como para sacudir toda la edificación, causando que pedacitos de yeso llovieran del techo sobre todo el fino mobiliario y cristalería de la tienda de abajo.

Todavía no había descifrado si la carta era de los gemelos o no. Se sentía familiar, no daba señales de tener magia oscura, y era bastante seguro de abrir. Preparado para protegerse de cualquier tipo de magia que pudiera fluir desde el pergamino, se alistó para una posible broma. Con un crujido, el lacre del sobre fue roto.

Todo se volvió negro.








—...ate—.

Harry no mostró señales de haberse despertado cuando lo hizo. Pensaba haber escuchado la última sílaba de 'enervate', así que decidió que no tenía sentido fingir que seguía inconsciente.

—Está despierto —la punta de una bota empujando contra su costado hizo que Harry fuera dolorosamente consciente de un tormentoso dolor de cabeza o de una reciente herida en la misma, no estaba seguro—. ¡Mírame cuando te hablo! —la bota del hombre conectó con las costillas del joven.

Harry no dijo nada. Levantó la cabeza apenas lo suficiente como para ver alrededor de la pequeña habitación, pero no el rostro de su captor. Miles de pensamientos corrieron por su mente. ¿Era la carta un traslador? ¿Venía de un Weasley? Un segundo mago entró, haciendo un gesto al primero para que se apartara, y tomando a Harry por el cabello levantó su cabeza.

El mago dejó caer de nuevo la cabeza morena mientras hablaba.

—¡Espero que cooperes, Potter! —.

—¿Cómo, muriendo? —el tono sarcástico de Harry se perdió un tanto cuando su cabeza golpeó contra la piedra. El dolor de cabeza era agonizante, pero no era igual que una herida; en lugar de eso, tenía una extraña cualidad, lo que le hacía pensar que era mágicamente inducido.

—Tu actitud cambiará muy pronto —advirtió el extraño mago.

No reconocía a ninguno de sus captores. Había visto una tercera figura en el umbral de la puerta, pero sólo podía atisbar la forma de una túnica de Mortífago. Permaneció durante una hora tirado en el piso, vigilado por uno de los magos parados en la puerta. Consiguió una mejor vista de su cara, pero no le reconoció. Podía sentir unos hechizos sencillos de ocultación, pero eso no le ayudaba en su situación actual.

Cuando el segundo mago regresó, le hizo varias preguntas sobre el grupo de Dumbledore. Como Harry permaneció callado, el interrogatorio se intensifico con diversas formas de tortura. Harry se preguntaba si el hombre era hijo de muggles, pues parecía disfrutar más golpeándole que empleando formas mágicas de castigo. Al ser claro que el joven no les diría más allá del nombre de la Orden, cesaron el interrogatorio. Los golpes continuaron hasta que se decepcionaron con su reacción ante el abuso físico. Los castigos habituales utilizando magia fueron mucho más satisfactorios en la medida en que la reacción de Harry fue más preocupada, pero seguía sin contestar ninguna pregunta. El joven ni siquiera estaba seguro de comprender todo lo que le estaban preguntando, o si simplemente estaba ahí como un entretenimiento hasta que encontraran un mejor uso para él.

Recuperó la conciencia con la ayuda de un cubo de agua helada. Jadeó para recuperar el aliento. El agua estaba tan fría que hizo que su pecho se encogiera.

—Podrías haber retardado tu muerte contestando a algunas preguntas. ¡Traigan la poción! —ordenó el hombre en voz alta—. Mi Señor ya está listo para verte—.

Entró un mago alto, enmascarado, transportando un vial con una poción humeante.

>> Apresúrate con eso, a él no le gustará esperar —el interrogador frunció el ceño antes de dejar a Harry con el hombre alto.

Con un giro de varita la puerta fue cerrada y asegurada, antes de lanzar un hechizo de silencio. Los ojos de Harry se abrieron de par en par cuando la máscara fue retirada. El rostro de Severus lucía pálido y ansioso.

—¡Tú, bastardo! —gritó Harry, y escupió su rostro—. ¿Cómo te has atrevido a vivir bajo la protección de Albus todos estos años? ¡Jodido Mortífago! —chilló, y giró ante él. El puñetazo aterrizó en su objetivo, oscureciendo su ojo. A Harry no le gustaba la mirada ansiosa en el rostro del hombre. Ya fuera que no era su Sev, o que les estuvieran observando para probar que era espía. Hizo una mueca de angustia al ver el hilillo de sangre que brotaba de un corte sobre el pómulo, cerca del ojo morado, pero sabía que era mejor ir sobre seguro y disculparse después.

—¡Genial! —se escuchó una voz exultante detrás de él. Harry escudriñó para ver de dónde provenía la voz y las paredes se disolvieron. Kieran estaba parado frente a él con una enorme sonrisa—. Ah, supéralo, John —dijo a un 'Snape' que gemía en el piso, con la mano sobre su ojo morado.

Harry se apoyó contra la pared detrás de él sólo para encontrar que también se había disuelto. Se tambaleó y cayó. Kieran le tendió la mano, ayudándole a levantarse. El joven miró alrededor, estupefacto, con su corazón todavía acelerado.

—Merlín, me alegra que haya terminado —apoyó su mano en sus costillas.

—¡Lo hiciste bien, Fawkes! ¿Sabías que éramos nosotros? No estabas seguro, ¿verdad? —preguntó con una carcajada. Harry sacudió la cabeza.

—No estaba seguro. Lo pensé al principio, pero luego yo... yo no estaba seguro —tartamudeó, con una mueca de dolor.

—Te curaré —prometió el sanador. Harry no estaba seguro de cuándo se habían marchado los demás, pero ahora estaba solo con su entrenador. Se sentó, aliviado, mientras Kieran pasaba con cuidado sus manos sobre él—. Realmente hicieron un buen número para ti —sacudió la cabeza—. Mucha gente tiene problemas con esta prueba —explicó. Transformó una silla en una mesa para que el chico se acostara mientras él le curaba las heridas mágicas. Harry vio que hacía una mueca un par de veces y se preguntó si habría resultado más dañado de lo que habían esperado—. Quédate ahí un minuto, Fawkes —pidió con gentileza.

Harry le observó prender el fuego en la chimenea. Le escuchó salmodiando sus elogios. No dio ningún detalle, sólo que él había pasado la prueba con éxito.

>> Lo lograste —proclamó a su regreso—. En un rato te alcanzo para una reunión que Albus quiere tener con nosotros. Snape está muy ansioso por verte. No pude adelantarle el tiempo que tardaríamos; sólo sabía que la prueba era hoy. Albus se imagina que debes estar agotado y sugiere que uses la piedra para ir a su oficina —Harry asintió—. ¿De qué piedra está hablando? —preguntó con curiosidad.

—Esta —contestó Harry con una sonrisa, sacando un pañuelo de su bolsillo. La piedra cayó del pañuelo en su mano y el joven desapareció.

El viaje resultó mucho más largo que el día que había ido con Nott desde las duchas de los vestuarios hasta la torre de seguridad de Albus. Se impresionó de sí mismo por lograr permanecer de pie en el aterrizaje antes de recordar que un hechizo en la habitación garantizaba que llegara en la misma posición en que partía, en caso de que se estuviera herido. Podía sentir el corazón golpeando contra su pecho, y escuchar su latido en los oídos junto con su respiración, que todavía no se había regularizado. Unos cinco o seis minutos antes había estado totalmente herido, dando un puñetazo a un extraño que se veía como su amante. Eso no había sido positivo, pero de ninguna manera iba a descubrir la tapadera de Sev como espía.

—¿Harry? —musitó Severus suavemente pues no quería sobresaltarle. No estaba seguro de cuánto tiempo llevaba el joven ahí parado, perdido en sus pensamientos. Sabía que había sido curado, pero eso no le impedía desear correr sus manos por todo el cuerpo de su pareja para buscar posibles daños—. Escuche que te fue bien —agregó cuando el joven le miró fijamente, sus ojos escudriñando cada pulgada de su persona como si quisiera asegurarse de que realmente era Sev. El joven finalmente asintió.

—Sí, fue bien —replicó con orgullo—. No soy capaz de expresar cuán alegre estoy de que haya terminado —se sentía tan aliviado. Comenzó a tranquilizarse, su corazón ya no golpeaba en sus oídos. Severus estaba a punto de sugerir que fueran a hablar con Albus antes de regresar a su habitación para cenar cuando casi fue derribado cuando Harry le abrazó estrechamente.

El hombre todavía vestía sus ropas de profesor pues había tenido clases todo el día. A Harry eso no podía importarle menos. El olor de los ingredientes de las pociones sólo servía como un consuelo, confirmándole que era su Sev. Unos brazos largos y fuertes le abrazaron, acercándole aún más.

>> Estoy en casa—.

"Estoyencasa,estoyencasa,estoyencasa,estoyencasa", continuó repitiendo mentalmente.

—Estás en casa —murmuró Severus en su cabello, sintiendo como los brazos del joven le estrechaban con más fuerza. Estaba temblando. El hombre deseaba sostenerle contra sí por el resto de su vida. Harry se dio la vuelta, levantando su cabeza para mirar mejor. El maestro de Pociones le observó con curiosidad cuando Harry levantó suavemente su mano y acarició el contorno de su ojo izquierdo. Un tierno dedo se deslizó tentativamente a lo largo de la ceja, antes de presionar su palma sobre el pómulo, confirmando que había sido otra persona quien terminó con un ojo morado.

—No tú —musitó Harry con un alegre suspiro de alivio, presionando de nuevo su mejilla contra el pecho de Severus.

—Vamos, es mejor que comas y descanses un poco antes de la reunión —Sev colocó una mano sobre su hombro, dándole un apretón. Había deseado que esto fuera confortante, pero Harry se había tensado y apartado del toque—. Donnelly, bastardo —gruñó el hombre en voz baja—. Me prometió que no me usarían para herirte —exclamó, a punto de estallar de furia.

—¿Donnelly? —Harry se mostró confundido.

—Es el apellido de Kieran —siseó Severus.

—Tú, o mejor dicho él —aclaró—, el tipo que se parecía a ti no me hizo daño —tartamudeó, interrumpiendo su diatriba—. Es sólo que estuve herido aquí por mucho rato —miró su hombro, donde la ropa estaba cortada pero la herida perfectamente curada—. Todavía estoy tratando de recuperarme y estaba esperando que doliera —explicó Harry. La corriente de adrenalina había cesado y lucía como si estuviera a punto de derrumbarse; todavía su ferviente abrazo a Severus no había aflojado.

Severus había asistido a otros en pruebas similares, pero siempre se había alejado de los evaluados mientras su adrenalina estaba todavía acelerada, dejándoles en su casa o algún lugar seguro antes de que se derrumbaran. Nunca había pensado demasiado en qué pasaría con ellos. Kieran había dejado claro que Harry lo había hecho bien y se había recuperado satisfactoriamente. Ni más ni menos que lo que él había esperado.

Su chico era muy maduro para su edad. Era una madurez a la que él se había acostumbrado, y ocasionalmente había dado por sentada. Sin embargo, aún había veces, aunque pocas, en las que le resultaba dolorosamente obvio ver lo joven que era en realidad. Le abrazó estrechamente, intentando con su abrazo alejar los temblores de su Harry.

—Lamento que tengas que soportar eventos como éste —Severus suspiró en su cabello.

—Es para lo que estamos entrenando, para asegurarnos de que yo esté listo —contestó sin lamentarse, y se acurrucó más cerca—. Hmm, siempre me haces sentir seguro —murmuró sobre la túnica negra. Ahora que se había calmado sustancialmente, deseaba que Severus hubiera pensado en utilizar un hechizo de limpieza sobre sus ropas al terminar sus clases.

—Eres demasiado joven para todo eso —musitó Sev con un suspiro—. Los niños de tu edad habitualmente se creen invencibles y no se preocupan por estas cosas—.

—Sencillamente, no soy un niño, y cuando hablas así me pongo nervioso porque temo que no quieras estar saliendo con un niño —dijo Harry suavemente, y Severus notó que los temblores no habían cesado del todo. Por muy fuerte que el Gryffindor hubiera parecido antes, todavía estaba claramente conmocionado.

—No, no eres un niño. Puedo lamentar que no hayas tenido oportunidad de tener una niñez normal, pero eso no significa que desee que seas diferente. Además, soy demasiado egoísta para dejarte ir —aseveró, abrazándole posesivamente.

—¿Incluso cuando actúo como un mocoso inseguro? —indagó Harry, evasivo.

—Es un honor que te sientas lo bastante seguro conmigo y nuestra relación como para ser tan abierto con tus sentimientos. Sé que nunca muestro mi lado vulnerable, pero eso no significa que no exista. No dejes que mi dificultad a la hora de expresarme haga que pienses que está mal que exhibas tus propios sentimientos, o que no me permito consolarte—.

—Puedes, lo sabes; expresar tus sentimientos, quiero decir. Quizás no hoy —declaró Harry arrepentido, pero sonriendo—. No siempre tienes que ser el fuerte—.

Esperaba que un día Severus le permitiera estar ahí para él, a nivel emocional, y no sólo cuando despertaba de un mal sueño. No esperaba que eso sucediera en un tiempo corto.








Harry despertó en brazos de Sev, una bandeja de comida vacía cerca de ellos. Severus le informó que Kieran les esperaba en la enfermería para una reunión con Madame Pomfrey. Dado que la cena en el Gran Comedor había terminado, habría estudiantes merodeando por ahí. Harry caminó con Albus, sabiendo que su pareja tomaría una ruta diferente y se reuniría allí con ellos. Se pusieron de acuerdo en que la información debería mantenerse en secreto. De momento, sólo Poppy, Kieran, Albus y Severus sabrían de qué se trataba. Harry tuvo que reírse internamente; él desearía saber qué era lo que no había que contar a nadie.

Mientras se acercaban a la enfermería, Albus movió su mano. Las puertas se abrieron para ellos.

—Fanfarrón —susurró Harry con un guiño. Madame Pomfrey les condujo a una habitación privada. Severus ya había llegado y estaba hablando con alguien. Un hombre con túnica blanca semejante a las que había visto en el personal de San Mungo, pero que no tenía el aspecto estéril y riguroso que había visto en los doctores—. ¿Quién es ése? —se detuvo en el umbral, observando más detenidamente al extraño. Sintió la mano de Albus en su hombro, instándole a entrar en la habitación.

—¿Todo bien, Fawkes? En este momento estaba comentando a Snape sobre tu prueba de hoy —dijo Kieran antes de girarse hacia Albus y Poppy con una inclinación respetuosa. Harry no podía creer que era el mismo mago con el que había estado entrenando. Realmente se había aseado para esa reunión. Su cabello no estaba tan desgreñado, y no sólo porque estaba limpio, uñas de las manos incluidas, sino que su barba de tres días también había desaparecido. Lucía casi angelical. Casi.

—¿Te conozco? —preguntó Harry con gesto cómico.

Antes que un ingenioso comentario pudiera ser dicho como respuesta, Poppy entregó una bata a Harry para que se cambiara antes de ir a una cama. El joven alzó una ceja, preguntándose si era realmente necesario ponerse una larga túnica de seda que parecía una negligé de mujer. En todo caso, ¿de qué iba eso? Definitivamente, no era la vestimenta típica de hospital.

—Esto no será una revisión superficial de golpes y moretones. Otro tipo de tejido impediría mi trabajo. Muchos sanadores insistirían en que estuvieras completamente libre de barreras. Yo, sin embargo, puedo hacerlo sin ver tu escuálido trasero —Kieran susurró la última línea con una sonrisa, refiriéndose a la ajustada bata.

—No sería la primera vez que me ves en vestido, ¿verdad? —murmuró Harry.

Kieran bufó de risa y le hizo un guiño, recordando a Harry con el vestido de Jo el día que salieron a celebrar su cumpleaños.

—Sabes que no vas a conseguir tus alas con esa actitud—.

Harry se metió en el baño a cambiarse antes de maldecirle por el comentario del ángel. Parándose frente al espejo, pasó suavemente sus manos sobre la seda blanca.

—Me veo como una novia en su noche de bodas —habló sin preocuparse de ser escuchado. Tenía que admitir que la prenda se sentía bien contra su piel, y tomó nota mental de comprarse un par de bóxer de seda.

Albus rió entre dientes cuando la puerta del baño se abrió y Harry salió caminando con coquetería y cantando 'me siento hermosa'.

—Ahora sabemos quién es la chica en la relación —murmuró Kieran; aunque sabía lo que le convenía, quería acicatear a sus amigos. No se dio cuenta que Poppy no sabía que ellos eran pareja, pero la punta de la varita de Snape en su espalda le confirmó que era preferible no continuar con el tema.

El sanador, de nuevo serio, caminó hasta la cama y colocó sus manos sobre la cabeza y el abdomen de Harry. Su respiración permaneció estable mientras movía sus manos por el cuerpo. Harry podía ver que esas manos no le estaban tocando, pero podía sentir calor y un hormigueo fluyendo entre ellas.

—No eres sanador —concluyó Kieran llanamente. Sacudió el exceso de energía de sus manos como si estuviera sacudiendo agua después de lavarse—. Harry, cuando hago esto, puedo sentir viejas heridas. Es como buscar tejido cicatrizado. Si fueras un verdadero Sanador, no habría cicatrices. Con tu permiso, me gustaría revisar más estrechamente algunas cosas —habló con tono profesional, sorprendiendo al joven.

—¿Más estrechamente cómo? —interrogó, nervioso.

—Nada doloroso. Sólo significa que colocaré mis manos en ti en lugar de sobre ti. No te preocupes, conservarás el vestido —añadió con un guiño.

Serio de nuevo, alzó las palmas y tomó una profunda aspiración limpiadora antes de colocar sus manos sobre Harry una vez más. Las movió lentamente por el abdomen, y se detuvo dejando que se posaran suavemente sobre la superficie sedosa.

Sintiendo una mano sobre su costado, el joven pensó que Kieran quizás había encontrado el punto donde Dudley aseguraba que le habían roto una costilla. El examen continuó con la misma tónica durante un tiempo. Cuando se le pidió que se diera la vuelta y sintió los dedos empujando, asumió que el sanador estaba buscando la cicatriz de la 'herramienta de jardín' que él sabía tenía en la espalda.

Harry ni siquiera se dio cuenta que se había quedado dormido hasta que escuchó que Poppy le decía que se vistiera y subiera a la oficina de Albus para escuchar lo que Kieran había encontrado.




sev Capítulo 60 . harry






“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
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Death Eater takes a Holiday. Capítulo 59. Hogar
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