La Mazmorra del Snarry


 
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 Un mes para el recuerdo... por Majo Walles. 14 de Mayo

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Majo-san
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MensajeTema: Un mes para el recuerdo... por Majo Walles. 14 de Mayo   Mar Mayo 14, 2013 6:51 pm

Titulo: Habitaciones contiguas.
Autor: Danvers
Link: http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=33379&index=1

Fragmento...

-¿Mala noche? -preguntó Harry, nervioso. La ceja levantada y la asombrada sonrisa irónica le indicaron que había escogido una mala frase, si quería evadir la tensa situación-. Lo digo porque no has bajado a desayunar...

Ni siquiera contestó a tan desafortunado intento de charla. Se sentó a su lado, en el sofá desde el que presidían todas las reuniones, y se le quedó mirando fijamente, esperando alguna reacción madura por su parte, como una explicación del cómo, si no del por qué.

-Kingsley todavía no ha llegado de su turno. Aún no sabemos qué ha ocurrido esta noche en Sheffield.

-Bien -contestó. Si no quería enfrentar el tema, debería hacerlo él. Hizo un montón con los papeles dispersos sobre la mesita que tenían delante; mapas, listas, y cartas del Ministerio, con el que colaboraban-. Levítalo.

Recibió una mirada tremendamente hostil, pero se mantuvo firme en su puesto, sentado tieso pero ligeramente girado hacia él.

-Wingardium Leviosa. -Testarudo, Harry lanzó el hechizo con su varita.

Severus intentó mostrarse inflexible, pero estaba concentrado en detener la risa que asomaba a sus labios. Seguía siendo un mocoso indomable, cuya chispa en esos expresivos ojos verdes lograron arrancarle una media sonrisa, al final.

-Sigues siendo insolente e indisciplinado -le espetó, en tono jocoso.

-Y tú un mal profesor. He hecho exactamente lo que me has pedido -se quejó, simulando inocencia.

-Déjame el sarcasmo a mí, por favor -pidió con ironía. No podía soportar ver esa sonrisa cáustica dibujada en el franco rostro de su Harry. No cuando le provocaba el ansia de borrarla con su propia boca.

-Eso suelo hacer. Pero no es culpa mía si me contagias.

Tembló ante el gesto de inocente seducción. O se lo estaba imaginando (que era lo más probable después de toda un noche soñando con ello), o el joven estaba coqueteando con él. Negándose a creerlo y acabar haciendo el ridículo, le arrebató la varita y le indicó con firmeza, pronunciando cargadamente cada sílaba-: Levítalo.

Y Harry lo hizo. Torpemente al principio, sin lograr concentrarse por culpa de la inapropiada excitación que le sobrevino al sentir la brusquedad con que se lo había ordenado. Pero después de un cuarto de hora sin provocar más movimiento en los pergaminos que el que crearía un tenue viento, logró ignorar su libido y centrarse en repartir los papeles por toda la estancia. Ante la fascinada mirada de Severus, su increíble poder se apagó poco a poco al cabo de unos minutos, pasando de mover un bloque entero a no poder elevar más de un folio.

-No puedo mantener el control mucho rato. Por eso no te lo había contado aún -se explicó, sabiendo que Severus estaba pensando en las posibilidades que podía tener en combate.

-¿Y cometes la imprudencia de "entrenar" solo de ese modo? -le preguntó Snape sublevado, en parte por el poco éxito de la tentativa y en parte por el peligro que corría al atarse de ese modo cuando tenía tan poco dominio de la técnica.

Harry, conociéndole como lo hacía, detectó en el tono que no se estaba refiriendo precisamente a levitar papeles. Le dirigió una mirada furiosa, como hacía siempre que el hombre alcanzaba el límite de su paciencia. Y como siempre, Severus recapacitó al ver furor en esos ojos que sabía interpretar tan bien.

-Me refiero a que es peligroso, dado el poco control que tienes aún. No deberías... atarte tan fuertemente. Quizás... la ch... Ginebra podría ayudarte... -le propuso, pudiendo más su preocupación que sus celos.

-¿Ginny? -preguntó con los ojos desorbitados- ¿Por qué debería Ginny...?

-Lo más adecuado es que lo hiciera tu... pareja -concedió Severus, escupiendo la palabra como si le quemara en la lengua.

-Ginny no ha sido nunca mi pareja -comentó extrañado, sin saber lo muy feliz que estaba haciendo al hombre que tenía delante.

-Escuché a Molly jactarse hace meses de que ibas a ser un Weasley -se justificó, sabiendo que esa reprobadora mirada le exigía una explicación-. Oficialmente.

Entonces ojos y expresión se ensombrecieron.

-Se refería a... Charlie.

El rostro de Snape quedó impasible mientras en su interior se juntaban tantas sensaciones que ninguna duraba el tiempo suficiente para mostrarse en él. A principio alegría y triunfo porque la que había creído rival de sus deseos no tenía ningún poder sobre él. Después placer y esperanza al entender que realmente tenía más posibilidades que ella, pues aunque mayor y mal parecido, al menos era un hombre. Luego, al compararse con el apuesto y fornido dragonolista, sintió los celos arder en su estómago, maldito fuese. El maldecirle le provocó inmediatamente una amarga culpa. Al final acabó apesadumbrado, tanto por Harry como por sus vanas esperanzas. Si se había visto superado por la chica, que estaba viva, ¿qué podría hacer contra el recuerdo de semejante joven, que estaba muerto?

-Lo siento -fue todo lo que pudo decir, entendiendo ahora la reacción que tuvo ese funesto día en el campo de batalla, que le había parecido exagerada y temeraria, y por la que le había recriminado cruelmente.

Harry se encogió de hombros, quitándole importancia. -Ya pasó. Y no me dolió más que la muerte de Ron.

Aquella también la recordaba. Hacía poco que el Señor Tenebroso había descubierto su doble juego y había tenido que refugiarse en Grimmauld Place, a las órdenes de un niñato en el que ni creía, ni tenía ni una pizca de confianza. Ese día empezó a respetarle, habiendo sacado a todo el mundo de campo abierto antes de permitir que la muerte de su mejor amigo cayera sobre él como una losa y afectara a sus decisiones.

Por eso le había parecido fuera de lugar la reacción que tuvo cuando murió el hermano mayor. Si lo hubiera sabido entonces, podría haberle consolado de algún modo...

Pero no, Harry no lo hubiera aceptado. Su Harry era fiel y apasionado, no volátil y superficial. Con razón recurría a... métodos tan poco convencionales para autocomplacerse. Entre la guerra y las pérdidas que ésta le había acarreado, estaba demasiado tenso como para desatar su sensualidad.

Con mucho gusto él le ayudaría a hacerlo...

De pronto la puerta se abrió, y la chica Weasley (que de pronto ya no le caía tan mal) anunció que Kingsley había llegado ya y estaba desayunando, actuando como secretaria de Harry, como le gustaba creerse.

Ahora que Severus sabía que no llegaría a nada más que eso, le indicó que le comunicara al auror que podía pasar cuando hubiese acabado, y se atrevió a pedirle además que le trajera un café, ya que no había desayunado. Si quería actuar de secretaria, él le daría trabajo.

-Eres terrible -comentó Harry, de nuevo con ese brillo en los ojos.

-No, ése eres tú -le contestó con humor, siguiendo un habitual juego privado.

***~***~***

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