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 Salvaje, Valiente y Dulce. Capítulo 21. La orden del Fénix

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Majo-san
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MensajeTema: Salvaje, Valiente y Dulce. Capítulo 21. La orden del Fénix   Lun Jun 07, 2010 4:59 pm

21º Capítulo: La orden del Fénix



Sirius por fin soltó a Draco y este le dijo que lo amaba más que a nada en el mundo. Momentos melosos que sólo querían ser presenciados por el hijo de ambos.
De un momento al otro parecía como si el ambiente en la casa hubiera cambiado y nada de los sucesos pasados huera ocurrido realmente. Claro que siempre hay algo que hace que los demás salgan de su nube de eterna felicidad.
-¿Cómo te sientes, Sirius? -Remus se acercó a su antiguo compañero y lo hizo sentarse en uno de los sillones que habían en el salón.
-No te preocupes, Moony -le dijo el hombre, pero de todos modos tomó asiento.
-Me alegro que te hayas recuperado, Sirius.
-Harry -llamó a su ahijado y lo estrechó en un abrazo. Tenía muchas ganas de abrazarlo.
Todos miraban la escena sin intervenir.
La chimenea crepitó y por ella apareció la cabeza de Blaise.
-Creo que es necesario que alguien se presente.
-¿Qué pasa?
-El estado de tu amiga es delicado, Potter -le dijo con tono serio -. Theo cree que es necesario que vengas. No vas a tener problemas con periodistas ni nada, te trasladaras directo a la oficina de mi esposo.
-¿Qué ha pasado? -Sirius se sentía perdido. No entendía quiénes eran la mayoría de los jóvenes que había en la habitación.
-Yo te explicare -le dijo Draco sentándose a su lado -. Potter, ve a San Mungo, yo le explicaré todo a Sirius y nos quedaremos por si se comunican.
-Bien -no estaba muy convencido de aquello, pero no saber de la salud de María lo tenía realmente nervioso.
-¿Quieres que te acompañe?
-No, amor -se volteó y le dio un leve beso en los labios -, prefiero que te quedes con los chicos y que no salgan de casa.
-No te preocupes, tú ve con tu amiga.
Harry se desapareció por la chimenea, mientras las llamas verdes lo rodeaban luego de haber pedido el permiso para ir al despacho de Nott en San Mungo.
-Ahora sí -dijo Draco y empezó a relatarle a Sirius lo que había acontecido en la noche y quienes eran los adolescentes en el salón-. Y él es Scorpius.
-Scorp -lo llamó Sirius y cuando el chico estuvo a su altura lo tiró del brazo para que cayera sobre su regazo-. Tú eres mi bebé ¿Cierto?
-¿C… cómo lo sabes? -le dijo el chico, medio impresionado por la pregunta. En algún momento se había asustado, pensando que quizás su padre pensaría que no era su hijo y que era de Draco con otro hombre o mujer.
-Porque eres una copia de mi ángel y tienes rasgos míos de cuando era joven.
-¿No pensaste que podría ser hijo de mi papá con alguien más?
-¡Claro que no! -le dijo sonriendo- Mi dragón sólo me pertenece a mí, nadie más podría tenerlo.
-Pero el tiempo…
-El tiempo no importa, cuando tu corazón amó de verdad -le dijo posando sus ojos en los de su pareja-. Cuando nos enamoramos de verdad y esa persona deja este mundo, nuestro amor se va con ellos.
Scorpius sonrió y miró a su pareja que le sonreía de vuelta.
La chimenea anuncio la llegada de alguien, pero no apareció persona alguna, más bien una caja.
-Nadie se acerque -Lucius y Severus se aproximaron para saber de qué se trataba.
Justo en ese momento las llamas volvían a crepitar y por ella aparecía Harry, con un semblante bastante descompuesto y fue recibido por sus hijos que lo abrazaron inmediatamente.
- ¿Qué pasó?
-María está mal, muy mal de hecho -se dejó sentar en uno de los sillones -. No saben si va a…
El sollozo amargo que salió de su garganta distrajo a todos los presentes.
¿Tan mal estaría la mujer, que ni siquiera la podían ayudar en San Mungo?
Harry se limpió los ojos y miró la caja que sostenía Severus y que miraba con horror. Se acercó rápidamente y miró en su interior. Con las manos temblando metió las manos dentro de la caja y saco un puñado de cabellos. Largos cabellos color azabache. Cabellos que él conocía perfectamente. El cabello de su hijo menor.
Severus sacó una nota que había en el fondo de la caja y dejó caer la caja a sus pies, mientras leía la carta en voz alta, tratando de calmar su respiración primero.

Señores Snape Potter:

Suponiendo que es este minuto se hayan dado cuenta de que no pueden comunicarse con la mansión Malfoy, les informo que solamente con esa casa están restringidos.
Como sabrán también, el cabello que venía en compañía de esta carta es de mi ángel. Obviamente tenía que demostrarles que hablaba enserio cuando les dije que habría consecuencias si Severus no accede a lo que le solicitamos.
La vida de vuestro hijo esa en mis manos. No quieran que destruya a tan hermosos ser y que su sangre riegue las flores de los sepulcros de Lord Voldemort.
Esperando que de una vez entiendan de qué hablamos muy enserio.

Se despiden atentamente

Mathew Macnair y los Mortífagos del nuevo orden.

PD: Ni siquiera se les ocurra dar aviso a los Aurores, tenemos los suficientes espías adentro como para saber si lo hacen.

-Esos malditos -Harry apretó con fuerza el cabello de su hijo y lo dejó sobre la mesa.
-¿Qué es lo que haremos ahora?
-Creo que sólo nos queda una salida, aunque no sé si sea la mejor.
-Harry, en este momento cualquier salida es buena para rescatar a Damián.
-Remus tiene razón, Harry -le dijo su pareja.
-Bien, pues la única idea que se me ocurre… -miró a su pareja -… es llamar a Orden del Fénix.
Nadie dijo nada después de la declaración de Harry. Era muy difícil para los adultos, pensar en una mejor solución, pero le tendrían que pedir ayuda a quien menos querían y eso los mortificaba.
-Entonces lo haremos -Severus se acercó a Harry y lo abrazó con fuerza -. Si es la única manera de traer a nuestro hijo de vuelta, pues que así sea.
-Harry, si prefieres yo los puedo convocar en la mansión.
-Te lo agradezco mucho, Remus -le dijo el oji verde -, pero creo que lo mejor es que sea aquí -miró a sus hijos y continuo -. Levi aún está muy débil y no quiero que se traslade a ninguna parte y mucho menos dejarlo solo.
-Pero yo estaré bien, papá.
-No, no lo estarás -se acercó y lo empujó con un dedo, logrando que el chico cayera de espalda contra el sillón -. Apenas te sostienes en pie, prefiero que te vayas a acostar.
-Pero…
-Harry tiene razón -Severus se acercó y ayudó a su hijo a ponerse de pie -. Yo lo llevaré arriba.
-Yo iré a Hogwarts -dijo Draco poniéndose de pie y caminando en dirección a la chimenea -. Le diré a Dumbledore que necesitamos la Orden por que aparecieron Mortífagos y le daré la dirección para que se la dé a los demás.
Sin decir nada más desapareció.
Remus se fijó en sus hijos y vio que Cristina se caía de sueño en los brazos de Lucian.
-Rudy -llamó al adolescente que aún seguía al lado de Sirius y Scorpius - ¿Me podrías indicar dónde puedo dejar a mi niña? No creo que durmamos esta noche y prefiero que esté en un lugar tranquilo.
-Claro, le puedo pasar mi habitación.
Remus siguió al joven, mientras cargaba el cuerpo de su hija.
No pasó mucho tiempo, antes de que Draco volviera y se sentara junto a su pareja. Parecía que no quería apartarse de él, ni un sólo minuto.
-Dumbledore mandara un aviso, se supone que no tardaran nada en llegar.
Apenas Draco terminó de hablar. Las llamas de la chimenea empezaron a brillar y a pedir autorización para entrar.
Lucius se acercó y apuntó con la varita al lugar y abrió las protecciones para que pudieran acceder todos.
Dumbledore entró como quien entra a su propia casa. Cosa que no llamó la atención de nadie. Tras él llegó Neville, con rostro afligido, no sabía por qué, pero tenía un mal presentimiento. Empezaron a llegar uno por uno los miembros de la orden que quedaron con vida luego de la batalla contra Voldemort, entre ellos los Weasley.
Harry se paró frente a todos y vio que muchos de los que venían también traían a alguien más. No quería que su casa se viera llena de personas, pero en este momento era lo de menos.
-Scorpius, lleva a los menores arriba por favor -le dijo al chico y luego se giró a ver a los demás-. Lucian, Rebeca, vayan con ellos, por favor.
-Pero queremos ayudar.
-Lucian, has lo que te piden -le dijo Lucius en tono autoritario, sin dejar lugar para los reclamos de su hijo.
Los chicos desaparecieron del salón, seguidos de Hugo. Lorcan y Lysander, hijos de Luna; Vitoire, Dominique y Louis, hijos de Bill; Molly y Lucy hijos de Percy; Fred y Roxana, los hijos de George y finalmente George, el único hijo de Fred.
Cuando finalmente se habían retirado y sólo quedaron los adultos, Severus bajó del segundo piso y se sentó junto a Harry, que miraba expectante a la chimenea, mientras por ella aparecían el actual ministro de magia y Nymphadora Tonks.
-Creo que finalmente estamos todos -dijo con voz dura y todos concentraron su mirada en el ex niño-que-vivió-y-venció.



Continuará...


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MensajeTema: Re: Salvaje, Valiente y Dulce. Capítulo 21. La orden del Fénix   Lun Sep 08, 2014 9:55 am

Por fin están todos juntos, es una lastima que sea en estas circunstancias, espero que puedan recuperar al pequeño
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