La Mazmorra del Snarry


 
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 El amor que salvó un reino. Capítulo 19. Y ahora qué hacemos

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alisevv

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MensajeTema: El amor que salvó un reino. Capítulo 19. Y ahora qué hacemos   Mar Mar 08, 2016 3:47 pm




Cerca de las Montadas Nubladas
Moribia



Draco aminoró la velocidad de su cabalgadura e hizo una seña a Peter para que detuviera la carreta. Habían dejado la protección de las montañas un buen rato antes y no le gustaba para nada alejarse tanto del lugar, podrían toparse con personas desagradables. Al trote, se acercó a la carreta.

—¿Cuánto falta?— preguntó, mirando a Peter con el ceño fruncido—. Nos hemos alejado demasiado de las montañas.

—Draco, no nos detengas, debemos llegar pronto con ellos— pidió Harry, que lucía un tanto pálido luego del largo recorrido.

—Es peligroso que marchemos por aquí, Harry, podríamos encontrarnos con gentes del usurpador. Además, a ti tampoco te hace bien— enfocó de nuevo al hombre bajito—. Le hice una pregunta.

—Falta muy poco, lord Draco— se excusó el hombrecillo, mientras señalaba hacia un grupo de árboles cercanos—. Están refugiados en aquel bosque.

—¿Ves, Draco?— Harry sonrió, radiante—. Ya casi llegamos, no nos detengas más.

—Espero que sea verdad que están ahí— declaró Draco, no del todo convencido, al tiempo que alejaba su montura de la carreta—. Vamos.






Rize-Turquía


Apenas salía el sol por el horizonte cuando el HMS Achilles, acorazado estrella de la Armada de Su Majestad, arribaba al puerto de la ciudad de Rize. De inmediato, su Capitán bajó de la nave y se dirigió a un barco cercano, custodiado por dos guardias del ejército inglés, y empezó a subir por la escalerilla de abordaje.

—Capitán Scrimgeour— de pie en lo alto de la escalerilla, Neville hizo un saludo militar a quien era su superior dentro de la milicia—, al fin llega. Bienvenido a bordo.

—Nos encontramos una pequeña tormenta que nos retrasó— replicó el hombre, contestando con un saludo marcial similar antes de adelantarse—. Nos fue imposible llegar antes.

—Comprendo— aceptó el joven para después fijarse en la persona que acompañaba a Scrimgeour—. Cedric, es bueno verte— intercambió con su amigo un saludo similar y una sonrisa.

—Para mí también, aunque parece que las circunstancias no son buenas.

—No te imaginas hasta qué punto— contestó Neville, antes de señalar al hombre a su lado—. Capitán Scrimgeour, Cedric, él es Seamus Finnigan, un enviado del príncipe Severus.

—Podrías explicarnos bien qué está ocurriendo— pidió el hombre mayor.

—Por favor, acompáñenme a mi camarote, allí hablaremos con calma.

Mucho rato después, Rufus Scrimgeour alzaba la vista del mapa que estaba extendido sobre la mesa del pequeño camarote y estiraba sus piernas cuan largo era, para después enfocar su mirada azul en la humanidad de Seamus.

—¿Dices que el puerto no está muy custodiado?— indagó, levantando una ceja.

—Sí. Según lo que escuché antes de partir, apenas hay unos cuantos hombres, instalados en el fortín que protege la isla.

—Pero con un fortín las cosas se podrían complicar— intervino el joven Cedric.

—No lo creo— adujo Seamus—. El fortín es minúsculo, apenas posee un par de cañones, y está ubicado en un promontorio bastante bajo.

—Es extraño— el capitán Scrimgeour frunció el entrecejo—. Un buen Jefe de Marina sabe que el puerto es una de las zonas que deben ser mejor protegidas.

—El puerto de Moribia es muy pequeño;  el reino sólo posee un barco y el movimiento de naves con banderas de otros países ha sido siempre exclusivamente comercial y mas bien escaso— explicó el joven—. Jamás se han presentado ataques desde el mar. Supongo que por esa razón el usurpador no le ha dado mayor importancia.

—Lo cual indica lo torpe que es— comentó el otro, despectivo—. ¿Una vez que tomemos el puerto, qué se supone que debemos hacer?

—La idea es dirigirnos todos a Anktar y asaltar el Castillo de Piedra para derrocar al tal Malfoy— declaró Neville—. Nos encontraríamos en las afueras de la capital.

—¿Y cómo llegamos hasta allí?— preguntó Cedric, observando a Seamus—. ¿Usted nos guiará?

—Imposible, yo debo ir con lord Neville.

—Seamus conoce a la gente de Zoriam, lo necesitamos para establecer los contactos y conseguir cabalgaduras. Además, en cuanto crucemos la frontera él deberá adelantarse a avisar al príncipe Severus que ya llegamos para que él y su gente se reúnan con nosotros— explicó Neville.

—En el puerto hay gente fiel al Príncipe— agregó Seamus—. Cuando derroten a los bastardos que defienden el lugar, busquen a Susan Bones. Es una aldeana, hija de un viejo pescador. Ella les conseguirá cabalgaduras y los pondrá en contacto con alguien que los guiará hasta Anktar y con otros de nuestros partidarios.

—¿Seguro que podemos confiar en ella?— dudó Scrimgeour.

—Es mi prometida— replicó Seamus, decidido—. Pongo mi vida en prenda de que es absolutamente leal.

El viejo Capitán sonrió levemente.

—Bien. Otra cosa que me preocupa es el número de contendientes, nosotros no somos muchos— miró a Neville—, y ustedes tampoco.

—No se preocupe— el que contestó fue nuevamente Seamus—, en el camino va a crecer mucho refuerzo, se los aseguro. Hay mucha gente que es fiel al legítimo heredero pero tienen miedo. El apoyo de ustedes los va a decidir.

—Y una vez lleguemos a las afueras de Anktar, ¿qué hacemos?— preguntó Cedric.

—Hay un gran bosque muy cerca de la ciudad, habitualmente está vacío porque con tanta inseguridad ya nadie se aventura a pasar por allí— explicó el joven moribiano—. Se puede utilizar como sitio de reunión.

—Perfecto. Entonces, ¿cuándo zarpamos?

—A la mayor brevedad— declaró Neville, contundente—. No sabemos cuál es la situación actual y cada minuto que pasa puede ser esencial.

Rufus Scrimgeour se levantó, decidido.

—Bien, ¿y qué estamos esperando? Si salimos ahora, esta misma noche podremos estar llegando al objetivo. Andando.






Palacio de Piedra
Moribia



En cuanto habían entrado al pequeño bosquecillo, Draco y Harry se dieron cuenta que habían caído en una estúpida trampa. Allí los esperaba un grupo de hombres mal encarados que, luego de reclamar a Peter por haberlos tenido allí esperando tantos días, los ataron y amordazaron, cubrieron sus cabezas con una capucha de tela, y los lanzaron a la carreta, tapándolos con una vieja manta.

Luego empezaron un viaje que para ambos había sido terrible, especialmente para Harry, a quien el agobio de la capucha y mordaza y el acre olor de la sucia manta con que los tapaban, le provocaba unas ansias espantosas.

Habían perdido la cuenta del tiempo que llevaban en tan precaria situación cuando la carreta se detuvo abruptamente y fueron sacados de ella sin miramiento alguno y alzados sobre el hombro de sus captores, quienes entraron por una de las puertas posteriores del palacio. Luego de recorrer numerosos pasillos, los metieron en una habitación, les quitaron la capucha y los despojaron de su mordaza. Tardaron unos momentos en recuperarse y comenzar a respirar con normalidad; cuando lo hicieron, se encontraron con la mirada diabólica y la sonrisa cruel de Lucius Malfoy.

—Lucius— Draco casi mordió las palabras mientras el susurro de furia salía de sus labios.

—Vaya, un tiempo con mi hermanastro y perdiste tus buenos modales, querido hijo.

—Yo no soy tu hijo.

—Ni quiero que lo seas. Un ser tan pusilánime como tú no merece llevar el apellido Malfoy.

—¿Cómo puede tratar así a su propio hijo?— preguntó Harry, incapaz de contenerse.

El usurpador dejó de mirar a Draco y clavó la acerada mirada en el joven moreno. A Harry, un escalofrío lo recorrió de arriba abajo, al sentir sobre sí la cruel y lasciva mirada. Por instinto, una de sus manos voló a cubrir su vientre, como si quisiera proteger a su hijo nonato de tanta maldad.

—Vaya, así que tú eres Harry Potter. Por lo que veo mi ‘hermanito’— la palabra salió con infinito desprecio— tiene muchos defectos, pero el mal gusto no es uno de ellos. Me alegro, así cuando lo mate y ocupe su lugar, convirtiéndote en mi consorte, al menos tendré diversión en mi cama.

Una oleada de asco invadió a Harry ante las asquerosas palabras, pero sin dejarse amilanar, se irguió con dignidad.

—Es más imbécil de lo que ya de por si parece, si cree que va a poder matar a mi esposo— espetó con desprecio—. Y en cuanto a ocupar su lugar, sería imposible. Un individuo tan repulsivo como usted no le llega a Severus ni a la suela de su zapato.

La respuesta de Lucius fue una sonora cachetada que lanzó a Harry al suelo. De inmediato, Draco se agachó para verificar que estuviera bien.

—Si vuelves a decirme algo semejante, tu estancia en este sitio va a ser realmente desagradable— amenazó el hombre rubio, los ojos inyectados en furia, mientras Harry lo miraba desafiante. Luego, fijó la vista en Draco—. Y no veo por qué tú te muestras tan preocupado por una simple bofetada— terminó con furia.

—Yo puedo explicarlo, Su Majestad— se escuchó la voz chillona de Peter. Al instante, tres pares de ojos se posaron sobre él; los de los jóvenes, furiosos, y los de Lucius, intrigados.

—Habla— ordenó este último, mirándolo fijamente.

—El chico está embarazado.

Esta vez, el rostro de Lucius se puso lívido de furia.

—¿Es eso cierto?— al ver que el hombrecillo asentía, gritó—. ¿Y por qué demonios no me lo dijiste antes?

—Me enteré el día de Navidad, mi señor— contestó el otro, temblando de miedo—. Si hubiera venido a contárselo y me descubrían, pudo arruinarse el plan.

—Rata rastrera— gruñó Harry entre dientes—. Si Severus no te mata antes, juro que yo sí lo haré.

Lucius, ignorando a Harry, insistió.

—¿Estás seguro? ¿Completamente?

—Sí, Su Majestad. En el campamento todos lo saben.

Los ojos de Lucius se estrecharon de furia, hasta convertirse en dos finas ranuras. Ese maldito embarazo venía a complicar sus planes. Al fin, sobreponiéndose, miró a los guardias que habían traído a Draco y Harry.

—Llévenselos y enciérrenlos en las mazmorras. Y que se de aviso a Minerva McGonagall que necesito verla de inmediato.

—No se atreva a tocarme— dijo Harry con voz tan fría que el hombre que iba a tomarlo del brazo quedó quieto—. Puedo caminar solo.

—Te vas a arrepentir de esto, ‘padre’— fue lo último que masculló Draco, antes de unirse a su amigo y caminar hacia la puerta con absoluta dignidad.

Cuando guardias y prisioneros abandonaron el lugar, Lucius fue hacia su escritorio y escribió una breve carta, la cerró y, derritiendo un poco de lacre, la selló. Luego, fijó su aguda vista en Peter.

—Quiero que regreses a las montadas y le entregues esto a Severus Dumbledore.

—¿Qué? No, Su Majestad, por favor. En cuanto me vea ese hombre va a querer matarme.

—No te preocupes, no lo hará— le aseguró Lucius, entregándole la misiva—. Estás bajo mi protección, ¿no?

—Pero, señor…

—Si no partes de inmediato, yo mismo te mataré, ¿queda claro?

El hombrecillo estiró la temblorosa mano y tomó el sobre.

—Sí, mi señor.

—Ya puedes irte.

Momentos después de la salida de Peter, Argus Malfoy entraba en el despacho.

—Así que al fin lograste adueñarte del inglesito— dijo como saludo, su semblante lucía realmente preocupado.

—Sabes que siempre cumplo lo que prometo.

—¿Incluso con Draco?— preguntó el hombre mayor, quien pese a su alejamiento, quería a su joven sobrino—. Lucius, es tu hijo, un Malfoy.

—Draco no es nadie— declaró el hombre rubio, siseando entre los dientes apretados—. Sólo es un maldito traidor que se volvió contra su propia sangre.

—Pero, Lucius…

—Ni una palabra más— ordenó—. Draco irá a parar a manos del Sultán de Mejkin, eso me dará unos días de respiro, mientras termino de deshacerme de Dumbledore y su gente. Hoy mismo voy a mandarle aviso a Crouch para que venga a buscarlo. Además— sus labios se distendieron en una sonrisa malvada—, estoy seguro que pronto se convertirá en el favorito del harem. No creo que le vaya tan mal.

Argus movió la cabeza, denegando resignado, al parecer su sobrino no iba a cambiar de opinión y seguir forzando el tema sería realmente temerario.

—¿Y qué piensas hacer con el inglés?

Lucius distendió los labios en una sonrisa lasciva.

—Ese pequeño es realmente delicioso. Cuando quede viudo, el pobre— contestó con la voz cargada de ironía—, voy a dedicarme a consolarlo. Sólo tengo que deshacerme de un minúsculo problema antes.

—¿Sigues con esa idea? ¿No sería mejor que dejaras que regresara a su país? Una vez muerto tu hermanastro, dudo que los ingleses estén dispuestos a iniciar un conflicto en ultramar para sacarte del trono.

—Tu opinión no me interesa en lo más mínimo— replicó Lucius, definitivamente no estaba dispuesto a renunciar a su presa; no todavía, al menos.

Maldiciendo en voz baja la volubilidad que poseía su sobrino para algunas cosas, el hombre mayor preguntó:

—¿Y a qué te referías con ‘deshacerte de un ‘minúsculo problema’?

—Harry Potter está embarazado.

—¿Qué? Pero eso estropea todo; aún con tu hermano muerto, ese niño, de ser varón, sería el legítimo heredero. En esa circunstancia los ingleses sí tendrían razones para ayudar a sacarte del trono. Incluso podrían nombrar a Potter regente mientras el niño tuviera edad para encargarse del país.

—Exacto. Es por eso que ese engendro no debe nacer— replicó Lucius con fiereza. En ese momento, sonaron unos discretos golpes en la puerta—. Adelante.

Minerva McGonagall entró con paso lento y la ya habitual expresión demente en su arrugado rostro.

—¿Me llamaste?— preguntó, sin mostrar el más mínimo respeto o temor hacia Lucius. La mujer estaba más allá de todo eso y el usurpador lo sabía, y lo aceptaría, al menos mientras la necesitara. Después se encargaría de mostrarle quien mandaba allí.

—¿Puedes conseguir algo de poción abortiva?— preguntó Lucius, sin dar más rodeos.

—Puedo hacerla— contestó la mujer con cautela.

—¿Cuánto tiempo tardarías en tenerla?

—Un par de días, ¿para qué la quieres?

El hombre la miró un momento y luego sonrió.

—¿Qué te parecería si te digo que es para eliminar al bastardito de Severus Dumbledore?

—El inglés que acaba de llegar está embarazado.

—Aja.

La boca de la mujer se distendió en una mueca malévola.

—¿Me dejarás dársela en persona?

—No osaría privarte de tal placer.

—Me pondré a prepararla enseguida— replicó, antes de dar la vuelta y dirigirse a la puerta. Ninguno de los hombres que quedaron en la habitación, tuvieron dudas de que Minerva McGonagall iba a disfrutar enormemente con esa tarea.






Mansión Potter
Londres



James Potter entró en la salita donde lo esperaban su esposa y suegros y se dejó caer al lado de Lily, lanzando un suspiro de cansancio. De inmediato, ésta tomó su mano y lo miró, preocupada.

—¿Te sientes bien?

El hombre asintió.

—Mi corazón está bien, no te preocupes— la tranquilizó, apretando la pequeña mano.

—¿Quién era?— preguntó lord Patrick.

—Un mensajero del Ministerio de Guerra. Ya dieron su aprobación, la nave estará lista para partir mañana en la tarde, desde el puerto de Plymouth.

—Ya era hora— lady Potter dio un suspiro de alivio.

—Lily, aún sigo pensando que es una imprudencia que tú y tu madre viajen con nosotros. Es un buque de guerra, no vamos a encontrar las comodidades a que están acostumbradas.

—Remus y nuestros hijos están en peligro— replicó la mujer, un tanto molesta—. ¿Crees que unas cuantas incomodidades van a detenerme?

—Pero podríamos adelantarnos, y en cuanto la situación esté tranquila, enviar el barco de la familia real de Moribia a buscarlas. Es mucho más apropiado.

—Ya hemos discutido esto docenas de veces, James, y aunque lo hiciéramos cientos de veces más mi respuesta seguiría siendo la misma— se levantó y lo miró desde su altura, semejando a un ángel vengador—: Pienso ir a Moribia aunque tenga que nadar detrás del barco —se giró hacia lady Lupin—. Mamá, acompáñame. Aún tenemos que embalar los obsequios que compramos para llevar a Moribia.

Y sin decir más, se encaminó hacia la salida, seguida de cerca por su madre.

—Mujeres— fue lo único que alcanzó a decir lord Potter, gruñendo con frustración, antes que la puerta se cerrara tras ellas.






Harry y Draco fueron empujados sin mucho miramiento dentro de una celda oscura y fría. Cuando los guardias que los habían llevado hasta allí salieron, el joven de ojos verdes se tambaleó y se llevó la mano al vientre. Al momento, Draco lo sujetó con firmeza.

—¿Te sientes mal?

—Sólo un poco mareado— contestó el otro, respirando pausadamente con la intención que se fueran las náuseas.

—En ese rincón hay un banco— comentó Draco, mirando hacia una esquina de la celda—. Vamos para que te sientes.

Apoyado en su amigo rubio, Harry caminó despacio hasta el lugar indicado. Cuando al fin se sentó, lanzó un suspiro de alivio.

>>¿Mejor?

—Sí, gracias.

—¿Quiénes son ustedes y qué hacen aquí?

Los dos amigos levantaron la mirada, sobresaltados al escuchar la ronca voz, proveniente del otro extremo de la celda.

—¿Y tú quién eres?— preguntó Draco, tratando de identificar al dueño de la voz bajo la débil luz reinante.

—Yo pregunté primero.

—Y yo segundo.

—Oh, por favor— exclamó Harry en ese momento—. Al parecer, todos estamos en el mismo predicamento así que más vale que nos ayudemos mutuamente— miró a su interlocutor—. Yo me llamo Harry y mi amigo gruñón es Draco— dijo tendiendo su mano.

—Mi nombre es Blaise— replicó el otro—, y disculpe si no estrecho su mano pero estoy demasiado sucio.

—Eso no importa— la diestra del joven de ojos verdes siguió tendida.

Al fin, con una tibia sonrisa, el otro se acercó, la tomó y la apretó con toda la firmeza que pudo. Después, dudando, la tendió hacia Draco. Al ver que su amigo no reaccionaba, Harry le dio un codazo.

—Pero es que tiene razón— se quejó el rubio—. Está muy sucio.

—Como lo estaremos nosotros si permanecemos aquí por algún tiempo, ¿no crees?— razonó Harry. Entendiendo el punto, al fin Draco estrechó la mano de Blaise.

—¿Y por qué los trajeron aquí?— preguntó el joven de piel oscura.

Harry lo miró fijamente un buen rato. A diferencia de Draco, que lo miraba desconfiado, algo le decía que ese joven era de fiar, así que finalmente decidió ser franco con él.

—Soy el esposo de Severus Dumbledore, el legítimo Rey de Moribia.

—¿Severus Dumbledore Rey de Moribia? ¿Y qué pasó con el viejo Rey?

—¿Pero tú en qué país vives?— le preguntó Draco, con una ceja alzada en señal de incredulidad.

Poniendo una mano en el brazo de su amigo rubio para que se calmara, Harry continuó explicando.

—Albus Dumbledore fue asesinado y mi esposo fue derrocado por Lucius Malfoy, quien en este momento está usurpando el trono. Estamos en medio de una guerra civil. Nosotros estábamos en las montañas, pero nos tendieron una trampa y nos trajeron a Anktar.

—Lo que no me explico es por qué tu desconoces todo eso— comentó Draco, que seguía observando a Blaise con cierto escepticismo. El joven de color suspiró y se sentó en el suelo.

—Bien, creo que es hora de que cuente mi historia— dijo con acento apagado, y empezó a narrar todo lo acontecido en su vida desde que su padre muriera años atrás. Luego de mucho rato, concluyó con tono de impotencia—. Ni siquiera sabía que me habían traído a Moribia.

—Entonces, por lo que entendí, el tal sultán también es un usurpador que está esperando que seas mayor de edad para obligarte a casarte con él— comentó Harry.

—Precisamente.

—Con razón estuvo bien dispuesto a ayudar a derrocar a mi tío— comentó Draco, quien a esas alturas ya lucía mucho más amigable hacia Blaise.

—¿Él lo ayudó?— preguntó el otro, intrigado.

—Sí, por lo que sabemos cedió hombres y armas a Malfoy— explicó Harry.

—Lástima que mi pueblo esté ignorante de todo lo que ocurre— se lamentó Blaise—. En Mejkin nadie lo quiere, se ha mantenido en el puesto por la fuerza y porque la gente tiene la esperanza que todo cambie cuando yo cumpla la mayoría y pueda acceder al trono. Si pudiéramos unir fuerzas, estoy seguro que lograríamos derrocar a ambos.

—Pues por lo pronto, me conformaría con poder salir de aquí— dijo Draco, mientras se dirigía a la puerta de la celda y la empujaba con fuerza sin lograr que se moviera ni un milímetro.

—Es inútil— aseguró Blaise —. Llevo muchos días en este lugar y he revisado todos los rincones. Créanme, estamos atrapados y sin ninguna posibilidad de escape.






Montañas Nubladas
Moribia



Al final de la tarde, Severus y Remus llegaron a la entrada de la cueva-hospital y saltaron de sus cabalgaduras, sonriendo satisfechos, y suponiendo que, dado que aún no era hora de cenar, sus respectivas parejas todavía se encontrarían allí.

Avanzaban sonrientes cuando la figura del capitán Black se perfilo en la entrada de la gruta, con un semblante tan serio que a los recién llegados los inundó una extraña desazón, que se vio acrecentada cuando Hermione apareció detrás de su novio, en su rostro claras muestras de haber estado llorando.

—¿Qué ocurrió?— se apresuró a preguntar Severus, mirándolos preocupado y extrañado de que su esposo y su sobrino no hubieran salido a recibirlos—. ¿Dónde están Harry y Draco?

Ninguno de los interpelados se atrevió a hablar.

—¿Acaso no escucharon la pregunta de Severus?— preguntó Remus, la voz excesivamente alta por la inquietud—. ¿Dónde están los muchachos?

—No están en el campamento— contestó Sirius al fin, al tiempo que Hermione, en silencio, empezaba a llorar nuevamente.

—¿Cómo que no están?— Severus los miraba, aturdido—. ¿Qué pasó?

—Esta mañana Draco y Harry estaban adentro cuando llegó Peter Petegrew, diciendo que habíamos sufrido una emboscada o algo así y que Remus y tú estaban heridos. Según nos contó la enfermera de guardia, ambos salieron a toda prisa. Los guardias del camino los vieron bajar de la montaña.

—¿Por qué no los detuvieron?

—Como iban tranquilos no pensaron que estuvieran en peligro.

—Tenemos que salir a buscarlos— declaró Remus con el ceño fruncido, mientras sostenía a Hermione que estaba abrazada a él, la cara hundida en su pecho.

—Si fue una trampa, a estas horas deben estar ya en poder de Lucius— razonó el Príncipe con el semblante pétreo, aunque su corazón estaba apretado en un acongojado puño.

—De hecho, están en el Castillo de Piedra— confirmó Sirius.

—¿Cómo lo sabes?— el rostro de Severus se endureció más, si ello era posible.

—Petegrew regresó hace una media hora.

—¿Cómo?— esta vez Severus no pudo disimular y el odio transfiguró su rostro—. ¿Dónde está ese maldito?

—No entiendo— terció Remus, la confusión mezclándose con la furia en su pecho—. ¿Cómo se atrevió a regresar?

Antes de contestar, Sirius miró fijamente a Severus y sacó un sobre de su bolsillo.

—Trajo esta carta para ti.

Severus la tomó con mano ligeramente temblorosa, rompió el lacre y extrajo el contenido, una hoja con unas breves palabras, que leyó en voz alta.


Hola hermanito

Como ya sabrás, tengo en mi poder a tu esposo
y a mi mal llamado hijo.

Si quieres volver a verlos con vida, más vale que
salgas del apestoso hueco donde te escondes y
vengas al palacio.

Lucius



—Maldito— ladró el Príncipe, arrugando el papel con furia.

—¿Qué vamos a hacer?— preguntó Remus, sintiendo como la angustia lo inundaba, mientras Hermione, que se había separado un poco mientras Severus leía la nota, declaraba decidida, aunque las lágrimas aún rodaban por sus mejillas.

—Hay que ir a buscarlos— dijo convencida.

—Ciertamente— ratifico Severus, dispuesto a dar media vuelta y partir de inmediato, pero Sirius lo retuvo por el brazo.

—No puedes hacer eso.

—¿A qué te refieres?— tanto la voz de su novia como la helada mirada de Severus eran un claro reclamo.

—En estos momentos, aunque sea difícil, tenemos que pensar con la cabeza y no con el corazón— razonó el capitán—. Si vas al palacio, Lucius te matará y contigo morirán las esperanzas de todos nosotros, y si crees que luego de eso soltará a Draco y Harry eres un iluso.

Severus rechinó los dientes pero comprendió que su amigo tenía razón, así que se soltó de su agarre y lo miró fijamente.

—Tienes razón— aceptó luego de un buen rato, volviendo a ser el sereno estratega de siempre—. Sin embargo, no podemos esperar mucho tiempo, no sabemos lo que pueda hacerles ese desquiciado.

—Por lo pronto nada, no es tonto. Ahora debemos prepararnos, reunir a la gente.

Severus asintió, y mirando en derredor, observó a Bill, que también había salido del hospital y se mantenía a prudente distancia, esperando órdenes. Le hizo una seña y el pelirrojo se acercó, presuroso, cuadrándose al llegar a su altura.

—Que uno de los morib salga de inmediato a su poblado. Que explique la situación, necesitamos que todos los montañeses dispuestos a pelear bajen al campamento a la mayor brevedad. Envía un mensajero al oeste, que Charlie reúna a todos los hombres y avancen hacia Anktar, nos reuniremos en el bosque cercano; y envía gente al este y a la propia capital, que recluten a la mayor cantidad de hombres posibles, vamos a asaltar el Castillo de Piedra.

Giró la mirada hacia Sirius.

>>¿Qué posibilidades hay de contactar con nuestra gente en el castillo?

—Lo veo muy complicado, hace tiempo que ha sido imposible— replicó el Capitán—. Y justo ahora, Lucius debe estar más alerta y cualquier error podría ponerlos en peligro. Pero si lo consideras necesario…

—Vamos a esperar— decidió el Príncipe luego de reflexionar—. Prefiero no arriesgarnos a que los descubran. Espero que puedan proteger a Harry y a Draco mientras tanto.

—Son gente lista, estoy seguro que sabrán que hacer en el momento adecuado— convino Sirius.

—¿Dónde está Petegrew?

—Ordené que lo pusieran bajo custodia.

Severus asintió a su amigo y miró nuevamente al hombre pelirrojo.

—Que lo traigan enseguida— ordenó, y sin poderlo evitar, nuevamente su serenidad se transformó en furia sorda.

Unos minutos después, un guardia llegaba, arreando a empujones al hombrecillo de aspecto ratonil. Cuando llegaron frente a Severus, un empujón más fuerte lo hizo caer arrodillado frente a su verdadero monarca.

—¿Qué puedes decir en tu favor para evitar que te mate aquí mismo, como el perro que eres?

—Déjamelo a mí, Severus— pidió Remus con acento helado—. A mí no me importa lo que tenga que decir, yo sólo quiero verlo aplastado como cucaracha.

Pese a que estaba aterrado, el hombre se levantó y se enfrentó a sus captores.

—No pueden hacerme nada— dijo con una débil sonrisa que quiso parecer confiada—. El verdadero Rey de Moribia me protege.

—¿Eso es todo lo que tienes que decir?— el hombrecillo asintió—. ¿No niegas que participaste en el secuestro del Príncipe Consorte y lord Draco?

—Ése no es el Príncipe Consorte— se engalló Peter—. Sólo un pobre y tonto inglés que…

El golpe que lanzó Remus hizo que Peter cayera nuevamente al suelo. Mientras llevaba la mano a su nariz, que sangraba con fuerza, gritó:

>>No pueden tratarme así, a menos que quieran que mi Rey se vengue, recuerden a quien tiene secuestrado.

—¿En verdad crees que Malfoy se vengaría porque aplastáramos a una sabandija como tu?— preguntó Sirius con burla.

—Él me protege— repitió Peter su cantinela.

—Pues yo creo que vas a tener que elegir mejor a tus protectores para el futuro… bueno, si es que tienes futuro, cosa que dudo— comentó la irónica voz de Severus.

—¿A qué se refiere?— Peter empezó a inquietarse, el hombre ante él se veía muy seguro.

—Sirius, ¿quieres leer la posdata que tenía el mensaje de Malfoy?

El aludido extendió la arrugada hoja.


P.d: Como muestra de mi buena fe, te envío al traidor.
Puedes hacer con él lo que quieras, total, a mí ya no me
sirve para nada.



En el suelo, Peter Petegreww palideció y empezó a temblar incontrolablemente.

—No, eso no puede ser cierto.

—Vaya, ahora parece que la rata sí tiene miedo— comentó Remus con mirada dura.

—Y tiene razón para temer— sentenció Severus—. Peter Petegrew, esta misma noche comparecerás ante un tribunal. El pueblo al cual traicionaste será el encargado de juzgarte y decidir el castigo apropiado a tus crímenes— miró a los guardias—. Llévenselo y manténganlo vigilado hasta la hora del juicio.

Mientras el traidor era arrastrado fuera del lugar y los presentes intercambiaban opiniones, Severus se alejó para evitar que los demás pudieran percibir la intensidad de su dolor.

>>Lucius Malfoy— musitó en voz suave, pero cargada de tanta ira que hasta el aire se tensó a su alrededor—, más te vale que tengas cuidado, porque si haces algo a Harry o a Draco, juro que suplicarás para que te mate.






Gotitas musicales


De Sergei Rachmaninov, Rapsodia sobre un tema de Paganini, variación 18 (1934)

De Ludwing Van Beethoven, sinfonía Nº 6 (1808)



Gotitas históricas


Acorazado: Es un buque de guerra de gran tonelaje, fuertemente blindado y artillado, que constituyó el núcleo de las flotas de guerra desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Segunda Guerra Mundial.

Las primeras naves acorazadas eran buques tradicionales de madera forrada de planchas de acero. El ingeniero francés Dupuy de Lome construyó el primer navío acorazado en 1858, La Gloire, buque de casco de madera con blindaje de hierro y que pronto fue imitado primero por los británicos, que con el HMS Warrior mejoraron la idea al construir la nave enteramente de hierro, lo que permitió añadir mamparos estancos para aislar zonas inundadas en caso de perforación del casco, y por los españoles, que en 1863 botaron el primero de una serie de navíos acorazados también construidos enteramente en metal, la Numancia.

La diferencia entre los blindados franceses e ingleses era que los primeros tenían todo el casco blindado, mientras los segundos sólo protegían la batería y las calderas; esto le dio superioridad marítima a Francia, aunque por poco tiempo. Con la construcción del HMS Achilles en 1863, Inglaterra empezó la construcción de buques blindados en todo el casco.




Severus D. Snape….. Príncipe Heredero de Moribia
Harry Potter……….. Lord inglés, prometido del príncipe
Lucius Malfoy…….. Hermanastro de Severus, usurpador del trono
Sirius Black…….. …Capitán de la Guardia de Palacio
Remus Lupin……… Tío de Harry y Hermione, heredero del Conde de Lupin
Draco Malfoy……… Noble fértil, hijo de Lucius y sobrino/pupilo de Severus.
Hermione Potter…….Hermana de Harry y prometida de Sirius Black
Lily Potter…………… Madre de Harry, Marquesa de Potter
James Potter………. Padre de Harry, Marqués de Potter
Neville Potter…….. Hermano mayor de Harry, capitán del ejército de Su Majestad
Peter Pettigrew….. ¿Quién va a ser? La rata.
Patrick Lupin………. Padre de Remus y Lily
Rufus Scrimgeour… Capitán de un acorazado de la Armada Real del Reino Unido.
Cedric Diggory…….. Teniente de la Armada inglesa y amigo de infancia de los Potter
Seamus Finnigan….Mensajero perteneciente a la guardia moribiana.
Minerva McGonagall… La bruja de la historia
Argus Malfoy………. Tío de Lucius
Blaise Zabini………. Heredero legítimo del Sultanato de Mejkin




sev harry







“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
y la esperanza de seguir adelante”
Anónimo
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El amor que salvó un reino. Capítulo 19. Y ahora qué hacemos
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