La Mazmorra del Snarry


 
ÍndicePortalRegistrarseConectarseFacebook
Mejor posteadora de Enero: Nanndyta ¡¡Felicitaciones!!

Comparte | 
 

 El amor que salvó un reino. Capítulo 18. La trampa

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
alisevv

avatar

Yo entré 2 (D.I.S. 2014) Bombardeo de chistes snarry D.I.S. 2014 Juego del verano 2 Juego del verano 1 Juego Yo entré-D.I.S 2015 Juego lechuza chismosa-D.I.S 2015 Yo entré-Mes del amor Yo traje mi regalo
Femenino Cantidad de envíos : 6668
Fecha de nacimiento : 15/01/1930
Edad : 87
Galeones Snarry : 233643
Fecha de inscripción : 08/01/2009

MensajeTema: El amor que salvó un reino. Capítulo 18. La trampa   Lun Mar 07, 2016 5:01 pm




Montañas Nubladas
Moribia



Tomados de la mano, Severus y Harry caminaron rumbo al Comedor principal, donde habían quedado para compartir con los demás un almuerzo navideño. La noche anterior había caído una buena nevada, y mientras caminaban, sonreían a los niños que encontraban en su camino, quienes muy abrigados, jugaban a tirarse bolas de nieve o a lanzarse, con rústicos trineos hechos de troncos, por las suaves pendientes, y saludaban con cordialidad a los adultos, que se inclinaban ante ellos en una muestra de verdadero respeto y aprecio.

—Es todo tan hermoso, Severus— musitó el más joven, mirando complacido el blanco paisaje, el cielo azul y los árboles cubiertos de nieve, y respirando con fruición el frío aire, que llenaba sus pulmones con un soplo de vigor y fortaleza—. Y la gente se ve tan relajada y feliz. Casi parece mentira que allá abajo, lejos de estas montañas, haya tanta muerte y crueldad.

—Así era Moribia en vida de mi padre— la voz del hombre tenía un dejo de añoranza—. Éramos un pueblo sencillo y feliz. El día de Navidad, los pequeños se reunían frente al Palacio de Piedra y cantaban villancicos. Mi padre, como si fuera un niño más, salía a saludarlos y  hacía que les repartieran golosinas y pequeños presentes— estrechó a su pareja más cerca de él—. Hubiera sido tan feliz al saber que iba a nacer su primer nieto.

—No te pongas triste, amor— musitó Harry, deteniéndose y haciendo que lo mirara. Empinándose un tanto, le dio un tierno beso—. Desde donde esté, él nos mira y está feliz por nosotros. Y vamos a enseñar a nuestro bebé a amar y respetar el recuerdo de su abuelo.

Severus lo abrazó y enterró su cabeza en el cálido hueco del cuello de su esposo.

—Es todo tan difícil— susurró, momentáneamente derrotado—. Toda esta buena gente ha puesto su bienestar, su felicidad, en mis manos; y también tú, y nuestro hijo. A veces tengo tanto miedo. ¿Y si no puedo…?

—No, amor, no digas eso— el joven colocó una mano sobre sus labios, interrumpiéndolo—. Por supuesto que vas a lograrlo. Todos te vamos a ayudar para que Moribia sea el país que siempre fue, o incluso mejor, pues después de esto, todos vamos a salir fortalecidos y siendo mejores personas. Sólo tenemos que resistir un poquito más; en cuanto Neville reciba la carta, vendrá en nuestra ayuda, ya lo verás.

—Eso espero— replicó Severus, separándose algo avergonzado por ese momento de debilidad. Tomó su mano y lo jaló en dirección a la cueva comedor—. Anda, apurémonos. Ya vamos retrasados y luego empieza nuestro querido Capitán con sus puyas irónicas.

Luego de unos cinco minutos llegaron a su destino. Saludaron al guardia que estaba en la puerta, entraron y, mientras saludaban al pasar, se dirigieron hacia su mesa.

—Vaya, de nuevo retrasados— comentó Sirius, mordaz—. Desde que se casaron estos dos se han vuelto muy perezosos, ¿no creen?

—¿Qué te dije?— musitó un sonriente Severus al oído de su esposo antes de sentarse. Luego, suspiró satisfecho y comentó, mirando a los demás—. Nuestro retraso de hoy tiene una razón muy especial.

—¿Especial?— preguntó Hermione, curiosa.

Severus tomó la mano de Harry, le dio un suave beso y explicó:

—Sí, amigos míos— sonrió feliz—. Harry está embarazado, vamos a tener un bebé.

El silencio que siguió a la declaración fue abrumador, mientras todos los miraban con una mezcla de emociones.

—¿Un bebé?— Hermione fue la primera en reaccionar, pero su rostro no sonreía—. ¿Van a tener un bebé?

—Sí— replicó Harry, mirándola extrañado.

—¿Pero …?— dijo Remus, frunciendo el ceño, preocupado—. Tener un bebé en la actual situación es una locura.

—Remus— advirtió Draco, dando un codazo a su pareja.

Harry no dijo nada, pero empezó a temblar imperceptiblemente. Estaba tan dichoso con la idea de su embarazo, que por un momento había olvidado todas las complicaciones, algo en lo que seguramente estaban pensando todos los demás. Sin embargo, había esperado contar con el apoyo de su gente, y sus reacciones le hacían mucho daño. Notando su desazón, Severus lo abrazó contra si.

—Sabemos que no es el momento más indicado— replicó, con tono firme—. No lo planeamos así, pero de todas formas estamos muy felices por esto.

—Y pensamos que ustedes también se alegrarían— musitó Harry, a quien las hormonas habían puesto más sensible de lo habitual y tenía los ojos aguados.

Viendo a su hermano a punto de echarse a llorar de tristeza, Hermione se levantó de un salto y corrió a abrazarlo.

—Por supuesto que lo hacemos— la chica lo estrechó con fuerza—. Perdóname, Harry, fue la preocupación, pero me encanta la idea de convertirme en tía, en serio.

—Claro que sí— agregó Remus, a quien Draco seguía viendo de muy mala manera por su respuesta anterior—. Yo también estoy feliz por ustedes y por el cachorro, pero tendrán que admitir que, dadas las condiciones… Ya saben que un embarazo masculino es especialmente delicado.

—El doctor Karkaroff es un gran especialista, incluso hizo estudios de embarazo masculino en Egipto, con la idea de atender a Draco a futuro— informó Severus—. Te aseguro que Harry estará en las mejores manos.

—Mi bebé y yo vamos a estar bien— Harry puso una mano sobre su inexistente panza, como si así pudiera acariciar a su pequeñísimo bebé—, ya lo verán.

—¿Y cómo están tan seguros que Harry está embarazado?— preguntó Sirius, que aún tenía una leve esperanza de que sólo fuera una especulación, el asunto venía a complicar bastante la situación.

—Por la marca— respondió Severus—. Ella avisa y no hay error posible.

—¿La marca?

—Dios, amor— dijo Hermione—, creo que vas a tener que aprender algo más que el idioma morib. Por ejemplo, lo que tiene que ver con la marca de los varones fértiles.

—¿Y para qué quiero saber eso si soy hetero?

—¿Para que no tengas que preguntar, quizás?— dijo la chica, con una sonrisa de ironía.

—Touche— Sirius sonrió ampliamente—. Me rindo, eres más lista que yo. Pero, anda, cuéntame qué pasa con la marca.

—Cuando un varón fértil se embaraza, empieza a picar y se pone de un color rojo fuerte.

—¿En serio?— Sirius miró a Harry—. Leñe, ¿te va a picar hasta que nazca el bebé?

—¡Dios, espero que no!— exclamó éste, aterrado ante la posibilidad.

—Sirius, no seas burro, que asustas a Harry— miró a su hermano, sonriendo—. No te preocupes, la picazón sólo durará un par de días, luego sólo quedará el color, que desaparecerá en cuanto nazca el bebé.

—Felicidades. Y no te preocupes, tío Severus, siempre que tengas que ausentarte del campamento yo cuidaré de Harry, lo prometo— aseguró Draco, con semblante solemne.

—Gracias, Draco— le sonrió con afecto—. No puedo pensar en nadie mejor que tú para proteger a Harry. Sé que Hermione y tú lo van a cuidar bien en mi ausencia.

—Ey, que tampoco soy un bebé— refunfuñó el joven de ojos verdes y todos rieron, divertidos.

Sirius miró a su alrededor e hizo una discreta seña

—Debo informarles que todos nos miran muertos de la curiosidad. ¿Van a hacer público el anuncio?

—Por supuesto— contestó el Príncipe—. Igual en unos meses se empezará a notar, es mejor decirlo ya, ¿no crees, amor?

—Por mí, encantado— contestó Harry, radiante.

Minutos más tarde, los vítores y gritos inundaban el comedor. Los legítimos Soberanos de Moribia estaban esperando a su primer heredero.






Mansión Loovegood
Estambul-Turquía



—Buenas tardes, Lord Potter— saludó el mayordomo de la familia Lovegood, al tiempo que recibía el sombrero y la capa del recién llegado.

—Buenas tardes— contestó Neville, con una sonrisa cortés—. ¿Se encuentra Lady Luna?

—Está en el jardín interior— contestó el hombre—. Si me acompaña.

La casa de los Lovegood era hermosa, una antigua edificación del siglo XVI, pero la parte que más le gustaba a Neville era el impresionante jardín interior.

Los constructores habían tenido la brillante idea de mezclar en el espacio plantas de flores de verano y plantas que florecían en invierno. Así, junto a los claveles, campanillas, girasoles, hortensias, jazmines, geranios y margaritas, crecían hibiscos, lantanas, magnolias, narcisos, caléndulas y aves del paraíso y, sin importar la época del año, el jardín siempre lucía alegre y encantador.

En un rincón se encontraba una fuente de azulejos, que vertía su refrescante contenido en un pequeño pozo, y aquí y allá, había pequeños bancos, construidos con el mismo azulejo de la fuente, y sobre los cuales se veían primorosos cojines adornados con bordados y puntillas.

En uno de esos bancos, Luna Lovegood estaba sentada, vestida con un precioso traje blanco y acariciando un pequeño gato con aire soñador. Tan hermosa a los ojos del enamorado Neville, que el pobre tuvo que hacer un inmenso esfuerzo para recuperar el aliento.

Alertada ante el movimiento de su visitante, la joven alzó la mirada y sonrió ante la agradable sorpresa.

—Lord Neville, que gusto que viniera a visitarme— lo saludo, tendiéndole la mano, que el hombre tomó y beso con suavidad—. Por favor, siéntese a mi lado. No lo esperaba hoy.

—En realidad, Lady Luna, vine a despedirme.

—¿Despedirse?— la chica no pudo evitar el tono de decepción en su voz—. ¿Por qué? ¿Regresa a su país?

—Oh, no, no, Lady Luna. Voy a Moribia. Recuerda el joven que usted ayudó la noche del baile— ella asintió en silencio—. Era un mensajero de Moribia.

—¿De parte de su hermano?

—Sí— confirmó Neville—. La situación allí está mucho más complicada de lo que pensábamos y mis hermanos y mi tío están refugiados en las montañas, todos corren un gran peligro.

—Oh, Lord Neville— exclamó Luna, llevando una blanca mano a su boca como si quisiera contener un grito.

—Por eso debo ir a ayudarlos, ¿me comprende?

—Sí, por supuesto que sí. ¿Cuándo parte?

—Nuestro embajador nos consiguió un pequeño barco, partimos mañana al amanecer.

—¿Van a ir por mar?— preguntó Luna. Por un momento pareció que iba a agregar algo más pero se calló.

—Sí, es la ruta más rápida— al ver que la muchacha se veía indecisa, Neville tomó nuevamente su mano y preguntó—: ¿Le pasa algo, Lady Luna?— ella lo miró con ansiedad pero no contestó—. Por favor, si hay algo que pueda hacer por usted antes de partir…

—No, en realidad…— lo miró un buen rato y tomó aire—. Lord Neville, no sé ni como me atrevo a pedirle esto pero…— él oprimió su mano, instándola a continuar—… ahora que va a Moribia, ¿podría preguntar por mi primo? Sólo si tiene oportunidad— se apresuró a agregar—. Es que tal vez allí sepan algo sobre Blaise.

—Por supuesto que lo haré; de hecho, ya lo tenía pensado.

—Gracias. Siento molestarlo tanto.

—Por favor, no diga eso que me ofende, para eso estamos los amigos— le sonrió y se levantó del asiento—. Bien, es hora de irme, aún tengo muchas cosas que arreglar antes de partir.

Luna también se levantó y le sonrió tímidamente.

—Lo voy a extrañar muchísimo, Lord Neville.

—Y yo a usted— tomó ambas manos de la chica, que temblaban claramente. Al verla allí, tan bella, decidió que era ahora o nunca—. Lady Luna, yo…

—¿Si, Lord Neville?— la sonrisa de la joven rubia era luminosa.

—Pues, me preguntaba si, cuando todo esto haya pasado, tal vez usted me permitiera… venir para hablarle de mis sentimientos.

Neville contuvo el aliento, expectante; al fin lo había dicho, pero no sabía si la respuesta le iba a gustar. Entonces, la joven rubia desprendió una de las manos que aún seguían cautivas y la llevó a la mejilla de Neville, acariciando suavemente.

—El día que eso ocurra, me sentiré la mujer más feliz y afortunada de la tierra.

Luego no hubo más palabras, las radiantes sonrisas y los ojos refulgentes hablaron por si mismos. Y esa tarde Neville partió con la hermosa promesa de un futuro de amor.






Mansión Potter
Londres-Inglaterra



Lady Lily Potter caminaba presurosa por los elegantes pasillos. Acababa de llegar de una de sus visitas al hospital y su mayordomo le había informado que su esposo estaba en su despacho, acompañado del Conde de Lupin.

Al llegar a la puerta del despacho, el lacayo que estaba en la entrada la saludó con una respetuosa inclinación.

—Buenas noches, Benjy— saludó con una sonrisa.

—Buenas noche, Milady, la están esperando— contestó el joven, abriendo la puerta para permitirle el paso.

—Papá— saludó la mujer con alegría en cuanto entró. De inmediato, los dos hombres que se encontraban allí, se levantaron en un gesto de cortesía.

La dama se acercó al hombre mayor, quien era alto y fornido, con los ojos del mismo color que los de su hijo Remus, y lo saludó con afecto.

>>Que sorpresa encontrarte aquí un lunes por la tarde, ¿te vas a quedar a cenar?— se separó y se acercó a su esposo, dándole un beso en la mejilla, pero al notar los rostros sombríos de ambos hombres, preguntó, preocupada—. ¿Pasó algo malo?

James tomó la mano de su esposa y la condujo a unos sobrios sillones de cuero marrón, que estaban colocados frente a la chimenea, donde ardía un brillante y reconfortante fuego. Cuando todos estuvieron cómodamente instalados, lord Patrick Lupin tomó la palabra.

—Encontré a James esta mañana en Westminster, y dadas las circunstancias, decidí quedarme con él.

—¿Circunstancias?— repitió su hija, sin entender—. ¿Qué circunstancias?

—Esta mañana recibí un telegrama de Neville— explicó lord James, y ella se puso en alerta—. La situación en Moribia está muy complicada.

—¿Harry Y Hermione? ¿Remus?— jadeó lady Lily, repentinamente pálida. Su esposo tomó su mano para confortarla.

—Están bien, amor, no te preocupes— la tranquilizó—. Están escondidos en una zona montañosa del país. Severus fue derrocado antes que llegaran los muchachos. La carta que trajeron era falsa, una trampa para secuestrar a Harry— Lily emitió un grito de angustia y James se apresuró a agregar—. Pero no lo lograron, Severus los rescató y todos están a salvo, pero necesitan ayuda urgente.

—Dios, James, nuestros niños— gimió lady Potter, los ojos anegados de lágrimas.

—Neville habló con Amos Diggory, que es nuestro embajador en Turquía, y parece que ya tienen un plan trazado, sólo necesitaban la autorización desde aquí para proceder.

—¿Y entonces? ¿A qué esperan?

—Tranquila, hija, ya está todo hecho— musitó Patrick Lupin—. Me encontré con James poco después de que recibiera la noticia. Mientras él iba a conversar con el príncipe Alejandro, yo fui al Ministerio de Guerra.

—Gracias al cielo aún tenemos buenos amigos— completó lord Potter, sonriendo tenuemente—. Ya se dio la autorización a Neville para partir y se enviaron instrucciones a Rufus Scrimgeour para que vaya como apoyo.

—¿Y cuánto tardarán en llegar?

—Poco tiempo, hija. Neville está en Estambul y Rufus en un puerto de Bulgaria, no deben tardar más de cinco o seis días por mar.

—Ahora sólo falta que aprueben la salida de un crucero desde Southampton. No pienso quedarme aquí mientras los chicos corren peligro.

—Ni yo— agregó lady Lily, levantándose—. Si me permiten, iré a pedir que preparen la cena y arreglen nuestra ropa para el viaje.

—¿Nuestra?

—James Potter, si por alguna casualidad piensas que me voy a quedar aquí bordando con la mitad de mi familia en peligro, estás soñando. Cuando esté la cena les mandaré a avisar.

—¿Y cómo le digo que no es correcto desde el punto de vista social que una dama viaje en un barco de guerra?— se quejó el Marques Potter cuando su esposa abandonó la habitación.

—Ni lo intentes. Yo que tú me iría haciendo a la idea de lidiar con dos mujeres durante la travesía.

—¿Dos?

—Lily sacó el carácter de su madre, mi estimado yerno. Y tu suegra no se va a quedar tranquila en casa con su hijo y sus nietos en peligro.

Esta vez el gemido de lord James Potter fue mucho más lastimero.






Bahía de Burgas
Bulgaria



Rufus Scrimgeour, Capitán de la Armada de Su Majestad, subió a su barco con paso rápido y el ceño fruncido. En cuanto estuvo a bordo, miró al marino que estaba de guardia en cubierta.

—¿Cuántos hombres están en tierra con permiso?— le preguntó perentoriamente.

—Diecisiete, señor.

—Mande aviso para que se reporten al barco de inmediato. ¿El  teniente Diggory está a bordo?

—Sí, mi Capitán.

—Dígale que lo espero en la sala de mandos— ordenó, dando la vuelta e internándose en el barco—. ¡De inmediato!

Minutos más tarde, Cedrid Diggory entraba en la sala de mandos, donde el Capitán analizaba unos mapas de la zona.

—¿Me mandó llamar, mi Capitán?

—Sí, Cedrid— replicó el hombre, levantando la cabeza y observándolo—. Recibí órdenes de zarpar de inmediato rumbo a Rize.

—¿Rize? ¿En Turquía?

—¿Conoces alguna otra?

—¿Por qué a Turquía?— indagó el joven, sin entender, y pensando que al menos podrían haber ido a Estambul, así habría podido saludar a su padre.

—No tengo idea, lo único que se me dice es que una vez allí debemos ponernos en contacto con lord Neville Potter. También recibí un telegrama del Marqués de Potter, parece que esta misión es muy importante para él, y si es así, para mí se convierte en un asunto personal.

—También para mí— replicó el joven, que conocía a la familia Potter desde niño. El hombre mayor asintió.

—Bien. ¿Cómo estamos de suministros?

—Al día, podemos zarpar cuando ordene.

—Perfecto. Entonces, en cuanto lleguen los tripulantes que están en tierra, zarparemos. A toda vela, con rumbo a Rize.






Mansión Potter
Londres



Mas tarde esa noche, Lily Potter se metió en la cama y se arrebujó en los cálidos y confortantes brazos de su esposo. Tenía unos inmensos deseos de llorar, pero necesitaba tener fe y ser fuerte, no era momento de debilidades.

—Lily— musitó su esposo, besando su rojo cabello—, hay algo que aún no te he contado, porque preferí que estuviéramos solos para hacerlo.

—Nada malo, por favor, creo que no soportaría nada más— suplicó la mujer.

—Bueno, no es malo, aunque a mí me puso… triste.

Lo miró desde su posición, parecía que a su esposo le hubieran caído diez años encima en las últimas horas, y suponía que ella debía verse igual.

—Cuéntame, amor, qué pasó.

—Lily, a estas alturas, Harry y Severus ya deben estar casados.

—¿Cómo?— se enderezó con rapidez y lo enfrentó—. ¿Cómo que casados? ¿Por qué?

—Neville no me explicó mucho.

Lily respiró profundo, intentando calmarse para enfrentar la situación con objetividad.

—Bueno— dijo al fin—. Supongo que si se casaron fue porque era necesario.

Ahora el que se mostró asombrado fue James.

—¿Cómo puedes aceptarlo con tanta tranquilidad?

—No estoy tranquila.

—Pero lo aceptas sin protestar. Harry prometió que no se casaría sin nosotros.

—Cielo, en este momento, lo único que me importa es que nuestra familia esté bien. No te niego que me duele que se haya casado sin nuestra presencia, pero conozco a nuestro hijo. Harry nos ama profundamente, James, nunca nos haría daño a propósito. Debió tener una buena razón para ello.

—Sí, lo sé, pero aun así no deja de doler no haber podido acompañarlo en un momento tan importante.

—Lo sé, amor— se acercó y le dio un pequeño beso—. Pero nos quedan muchos momentos para pasarlos con nuestros hijos. Ahora lo único que importa es que estén bien.

—Sí, lo único realmente importante es que todos estén bien.







Montañas Nubladas
Moribia



—Buen día, Draco, vaya que madrugaste, y eso que ayer con la celebración nos acostamos tarde— saludó Harry el primero de enero, entrando en la cueva hospital con paso lento.

—Di más bien que tú te retrasaste, el embarazo te está volviendo muy perezoso—se rió su amigo.

—Búrlate, algún día te veré en estos predicamentos. El campamento está solitario.

—Sí, casi todos los hombres salieron de misión, sólo quedan algunos guardias.

—¿Hace mucho que salieron?

—Unas tres horas. ¿No te enteraste cuando partió mi tío?

—No, estaba dormido y…

—¡Lord Draco, lord Harry!

Ambos jóvenes se volvieron hacia la entrada de la cueva, para ver a Peter Pettigrew que corría presuroso hacia ellos.

—¿Qué pasó, a qué vienen esos gritos?— preguntó Draco.

—Lord Draco, fue horrible. Atacaron al grupo, hay un muerto y varios heridos, incluso el Príncipe y lord Remus, y no se veían muy bien cuando partí— soltó el astuto hombrecillo, sabiendo que eso sería suficiente para que esos dos idiotas decidieran acompañarlo—. El doctor me envió por vendas, medicamentos y una carreta; debo regresar enseguida.

Ambos jóvenes corrieron hacia los armarios donde se guardaban los medicamentos y llenaron una bolsa con un gran surtido, antes de regresar donde Peter.

—Listo. Vamos, te acompaño, es más que probable que necesiten ayuda.

—Y yo también voy— agregó Harry.

—Es mejor que te quedes— le aconsejó Draco—. Mucho ajetreo podría hacerle daño al bebé.

—Daño le haría si me quedara aquí, especulando sobre lo que le pasó a Severus— declaró contundente—. Puedo viajar en la carreta. Además, eres fértil, no puedes ir solo con este hombre. Así nos protegeremos mutuamente— alzó una mano para interrumpir la protesta del rubio—. No insistas, yo también voy.

—Está bien— aceptó el otro, resignado, para luego mirar a Peter—. ¿Avisaste a los guardias?

—No es necesario.

—¿Cómo que no? — Draco lo miro entre molesto e intrigado—. Si sufrieron un ataque van a necesitar refuerzos.

—No, nuestros hombres mataron o hirieron a varios de los atacantes y el resto se dio a la fuga. Ahora no se precisa ayuda militar sino médica, y el capitán Sirius me advirtió que dejara a los hombres cuidando el campamento, no puede quedar desprotegido.

—Suena lógico— declaró Harry—. Vamos ya.

—Espera un segundo— pidió Draco—. Voy a pedir a la enfermera que mande llamar a Hermione y esté pendiente de los enfermos. Por suerte, son pocos y ningún caso es de gravedad.

Luego de dar las instrucciones, se reunió de nuevo con los otros dos y, momentos después, ambos amigos partían veloces… rumbo a una maléfica trampa.







Gotitas musicales


Hoy sólo les voy a dejar el ballet navideño por excelencia, El Cascanueces, de Pyotr Ilyich Tchaikovsky (1892). El ballet está basado en un cuento de Ernst T. A. Hoffman, El cascanueces y el rey de los ratones. Aconsejo que escuchen todo, es bellísimo.






Severus D. Snape….. Príncipe Heredero de Moribia
Harry Potter……….. Lord inglés, prometido del príncipe
Lucius Malfoy…….. Hermanastro de Severus, usurpador del trono
Sirius Black…….. …Capitán de la Guardia de Palacio
Remus Lupin……… Tío de Harry y Hermione, heredero del Conde de Lupin
Draco Malfoy……… Noble fértil, hijo de Lucius y sobrino/pupilo de Severus.
Hermione Potter…….Hermana de Harry y prometida de Sirius Black
Lily Potter…………… Madre de Harry, Marquesa de Potter
James Potter………. Padre de Harry, Marqués de Potter
Neville Potter…….. Hermano mayor de Harry, capitán del ejército de Su Majestad
Luna Lovegood……. Hija de padre inglés y madre turca, residenciada en Turquía.
Peter Pettigrew….. ¿Quién va a ser? La rata.
Patrick Lupin………. Padre de Remus y Lily
Rufus Scrimgeour… Capitán de un acorazado de la Armada Real del Reino Unido.
Cedrid Diggory…….. Teniente de la Armada inglesa y amigo de infancia de los Potter




sev harry







“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
y la esperanza de seguir adelante”
Anónimo
Volver arriba Ir abajo
 
El amor que salvó un reino. Capítulo 18. La trampa
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
La Mazmorra del Snarry :: Biblioteca de la Mazmorra :: Fanfics Snarry :: Fanfics de Alisevv-
Cambiar a: