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 Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 47-II. Tiempos pasados en Privet Drive II

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 47-II. Tiempos pasados en Privet Drive II   Lun Jul 12, 2010 7:41 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 47 - II

Tiempos pasados en Privet Drive II



—Durante mucho tiempo, pensé que alguna gente lo sabía. Hubo pistas, como el hecho de que mi carta de Hogwarts fuera dirigida a ‘La Alacena Debajo de la Escalera’. Yo no creía que a alguien le importara realmente. Además, si en ninguna de mis escuelas muggles notaron que estaba mal alimentado o que me hacían trabajar en exceso, ¿por qué habría de ser diferente en el mundo mágico? Para cuando entendí mejor la situación, tuve miedo de decir nada, por temor a no tener un lugar mejor a dónde ir; temía terminar en un orfanato. Sirius estaba huyendo. No pensé que pudiera tener otra cosa en común con Riddle. ¿Sabías que él suplicaba para que le permitieran pasar los veranos en Hogwarts, para no tener que regresar al orfanato en el que había crecido?

Severus sacudió la cabeza. Desconocía ese hecho, y también que su pareja hubiera temido la posibilidad de ser enviado a un orfanato.

Harry hizo una pausa, reflexionando sobre los pasados años y ordenando sus pensamientos.

—Prácticamente, todos los años mi verano terminaba con una explosión. Siempre era un fiasco. Cada año, alguna parte de la casa de los Dursley era destruida, o algo malo sucedía a algún miembro de la familia a causa de la magia, justo antes de que yo partiera. Cada año era más difícil cuando regresaba para el siguiente verano.

Severus recordó haber escuchado sobre los barrotes en las ventanas de su habitación, el auto volador, el alargamiento de la lengua de su primo, o en el caso de su tía, cuándo la infló por completo. Harry tenía un colorido expediente para leer, si alguien se preocupaba por hacerlo. Recientemente, él se había cruzado con un archivo, con registros médicos y fotos, en un sobre marcado ‘Evidencia’. Bendito el entrometido corazón de Albus al dejar ese archivo sobre su escritorio, el día que hizo que Severus esperara por él en su oficina durante toda una hora. Ese archivo había sido una lectura interesante.

>>El verano que siguió a mi cuarto año fue complicado. Yo me culpaba a mí mismo por todo lo ocurrido en el Torneo de los Tres Magos. Y no ayudaba a mi paz mental que mis parientes siempre me culparan por casi todo. Me sentía miserable, y si ellos me querían culpar porque la estación seca había quemado su césped, yo no estaba en posición de discutir. Ese verano, mis pesadillas se multiplicaron por diez. Vernon no es un hombre feliz cuando no le dejan dormir. En ese momento, debí decir a alguien lo mal que estaban las cosas, pero pensaba que merecía lo que me estaba pasando y me quedé callado.

—¿Y Black? —indagó Severus—. ¿Tenías algún contacto con él?

—Vernon era cuidadoso en no dejar marcas visibles. Cerca del final del verano, Sirius se reunió conmigo en el parque y le conté que las cosas se estaban poniendo difíciles. Él hubiera amenazado a Vernon, y eso me hubiera ayudado con mi tío, pero ellos encontraron una excusa legal. Mi primo Dudley era menor, tenía la misma edad que yo. No se cuenta como abuso infantil si dos adolescentes pelean. O ‘armaban camorra’, que era la explicación que mi tía daba cuando los vecinos preguntaban sobre mis moretones, cuando empezaban a mostrarse. Dudley no era lo bastante inteligente como para golpearme en lugares que no pudieran ser vistos. No le conté a Sirius; no podía estar seguro de que no hiciera algo impulsivo, arriesgándose a ser capturado. No creí poder soportar que él fuera regresado a prisión por mi culpa.

De manera inconsciente, Harry estaba frotando la cicatriz de su cuello, aunque ya casi había desaparecido por completo.

>>Después del incidente en que resulté quemado, Vernon se asustó. Pensó que seguramente alguien le convertiría en sapo por lo que me había hecho. Por un tiempo, me dejaron en paz, quizás pensando que si me ignoraban, me iría —rió con tristeza—. Por esa época, llegó una lechuza con una carta dirigida nada más y nada menos que a Vernon —sacudió la cabeza ante el recuerdo—. Una amable carta de mi Jefa de Casa contándole sobre mis buenas calificaciones en el año y lo orgullosa que estaba de mí. Y además —meditó Harry—, McGonagall sugería que probablemente quisieran conversar sobre las posibles opciones para mi futura carrera, dado que presentaría los TIMOs ese año.

Harry hizo su mejor imitación de la voz del tonto muggle que era Vernon.

>>¿Qué quiere decir esa mujer con que vas a ‘presentar tus TIMOS’s’? Si piensas por un minuto que vas a meter más aves en mi casa, ¡¡¡MÁS VALE QUE LO PIENSES MEJOR!!!*

Severus gruñó sobre la gran uva en su boca. Su odio hacia el muggle se estaba haciendo palpable.

>>Le ponía nervioso que yo estuviera consiguiendo buenas calificaciones. No sólo era un mago, sino que estaba tratando de ser uno bueno —rió Harry.

Severus no compartió su hilaridad. Sabía lo difícil que estaba resultando a Harry contarle sobre su vida familiar, y era obvio que estaba guardándose unas cuantas cosas. La gente no tiene flashback por falta de alimento y ser golpeado por su primo obeso.

>>Ellos recibieron dos cartas esa semana. Al parecer, Dudders no lo estaba haciendo muy bien en sus materias. Eso no fue algo bueno. Me acusaron de haber hecho que mi Jefa de Casa me enviara la carta para hacer que mi primo se viera mal. Vernon había ideado un plan. Se apareció con una excusa que pudiera dar del porqué yo había resultado quemado; aparentemente, alguna clase de accidente —puso los ojos en blanco—. El resto, todavía podía ser considerado como ‘rivalidad entre hermanos’; sólo dos chicos que se enzarzaban ocasionalmente —Harry levantó su bebida fría, se bebió medio vaso de un trago, y luego envió un cubito de hielo de regreso al vaso—. Claro, tampoco hacía falta que él tuviera un plan. Nadie preguntó. Nadie golpeó a su puerta exigiendo respuestas. Ese año, los gemelos vinieron a rescatarme. Habían ‘pedido prestada’ a su padre una alfombra voladora que había confiscado y dejado en su oficina esa noche. Creo que su intención era ir a dar una vuelta en un artículo robado, y en realidad no planeaban rescatarme, pero una vez que se aparecieron no hubo retorno. Yo estaba expuesto.

Harry tragó el resto de la bebida, esta vez, masticando el hielo que estaba sumergido en su bebida.

>>Hice un trato con los gemelos. Ellos no le mencionarían a su mamá lo de mis cicatrices y me ayudarían a ocultarlas antes de que empezaran las clases, y yo no le contaría a la señora Weasley lo que había escuchado que estaban haciendo la última vez que dormí en su casa —Harry sonrió.

—¿Discúlpame? —preguntó Severus—. ¿Que podían haber hecho tan malo que aceptaron ayudarte a ocultar algo así?

—Ron y yo también tratamos de imaginar qué podía ser —admitió Harry.

Le contó a Severus que la verdad era que nunca había escuchado a los gemelos haciendo nada. Había sido un intento desesperado para que se quedaran callados; el mismo Harry se había asombrado de que hubiera funcionado tan bien. Después de un tiempo, decidió que prefería no saber qué era lo que los gemelos consideraban tan malo como para ayudarle a ocultar sus terribles cicatrices.

—Eso fue muy Slytherin de tu parte, Harry —comentó Severus—. Una vez que regresaste a la escuela, y estuviste seguro, ¿por qué no hablaste con nadie sobre lo que estaba sucediendo? ¿Seguías pensando que merecías ser tratado así?

El joven se encogió de hombros.

—Yo había vivido así por mucho tiempo. Vale, las cosas estaban empeorando, pero había logrado manejarlas. Varias veces estuve a punto de decirlo. Estaba seguro que Albus lo descubriría, o alguien más averiguaría que estaba usando un glamour, pero no contaba con mi gran poder, el que me permitió ocultarme tan bien como quise. Para cuando terminó el curso pensé: ‘Demonios, ¿si ya he llegado tan lejos, para qué decirle a nadie? ¿Para meterme en más problemas? Sabía que si lo contaba, la historia se haría pública de alguna manera; siempre lo hacía. Aparecería en todos los periódicos: En Niño Que Vivió, friega pisos y trabaja en el jardín en medio de golpes. La Comunidad Mágica está abismada ante su falta de habilidad para defenderse de los muggles de buenos puños —se burló de sí mismo—. Era mi último verano. Sólo tenía que superar un verano más y nadie conocería mi secreto —comentó con ironía.

—Pero no lograste resistir todo el verano —declaró Sev—. ¿Qué cambió?

—Nada cambió, desafortunadamente —suspiró—. Mi tío se dio cuenta que se había escapado de las consecuencias de quemar la piel de mi cuello y partes de mi cráneo. Fui tan idiota que logré resguardar mi secreto. Mi tío pensó que todo el poderoso mundo mágico lo sabía, y al parecer no le importaba, y dado que el glamour ayudó por un tiempo, pensaron que estaba curado. No había razón para contenerse por esa causa.

>>Es gracioso —continuó Harry—. Al principio, no creí que las cosas fueran tan mal. No se me ocurrió que era porque Vernon me había mandado a hacer todos los arreglos externos de la casa esa primera semana. Una vez que terminé de deshierbar y sembrar, y que todo lo que necesitaba reparación o pintura estuvo terminado, difícilmente tenía razones para salir de la casa. Esto complicó el encontrar maneras de reunirme con Sirius. Creo que él había estado vigilando debido a que llevaba tres días sin salir. Estaba tallando una nueva flor en la cama cuando una serpiente que conocía vino a decirme que había algo en los jardines de enfrente; lo había dejado allí un gran perro negro.

Severus casi bufó. Casi.

—¿Una serpiente que conocías? —preguntó con incredulidad.

—Era una amiga de una amiga —musitó Harry—. Yo había soltado una serpiente en el jardín el año anterior. Le indiqué de qué jardines mantenerse alejada y le enseñé a reconocer los venenos. Por lo que oí, mi tía no disfrutó de su patio trasero por largo tiempo.

—¿Qué había en los arbustos? —indagó Sev, dándose cuenta de que la conversación se estaba desviando. No estaba seguro si Harry lo estaba haciendo a propósito o no.

—Un emparedado y una botella de agua. El agua estaba tan fría que había empezado a congelarse por las orillas.

Severus notó que el joven hablaba como si hubiera encontrado un tesoro.

>>Traté de ocultarlo, realmente lo hice —hablaba quedamente, como si estuviera contando un secreto. Estaba mirando hacia la nada, sin enfocar la vista en nada en particular—. Dudley me vio comiendo. Antes que me diera siquiera cuenta, yo estaba noqueado en el suelo sucio, y él había salido corriendo a contarle a Vernon. Ésa fue la última comida que vi hasta… supongo que hasta que desperté en Hogwarts —Harry nuevamente hizo su mejor imitación de la voz de Vernon Dursley—. ¡¿Cómo te atreviste a decirle a tus monstruosos amigos que no te alimentamos apropiadamente?! Bien, puedes dejar que ellos te alimenten. ¡No permitiré que sigas siendo una carga para esta familia! —Harry metió la mano en el recipiente, introduciendo demasiadas uvas en su boca al mismo tiempo. Después de tragarlas todas, llevó la diestra de nuevo hacia el tazón, pero se topó con la mano de Severus y la apartó rápidamente—. Cómo si el muy bastardo me hubiera dejado salir nuevamente de la casa, para conseguir algún alimento que hubiera sido dejado para mí.

Severus no habló, pero colocó una uva en la boca de Harry y esperó a que continuara su narración.

>>Por alguna razón, Vernon estaba fácilmente irritable. No sé si era porque yo pronto sería un mago completamente entrenado, con un futuro en mi ‘monstruoso’ mundo, o porque su propio hijo estaba haciéndolo muy mal. Una noche, mientras cenaban, yo estaba sirviéndole a mi primo algo de refresco y escuché que Vernon se quejaba de que Dudley sería expulsado del equipo de boxeo si no mejoraba sus calificaciones. Poco después, una enorme lechuza golpeó la ventana. Cuando yo recuperé la consciencia, estaba encerrado en mi habitación. Más tarde averigüe que me habían ofrecido la posición de Buscador en el equipo de Inglaterra.

>>Me culparon, diciendo que el pobre Duderkins había estado tan asustado por mi magia que había sido incapaz de concentrarse en sus estudios. Me culparon por la sequía que quemaba el césped, aduciendo que debía haberlo hecho para evitarme el trabajo de cortarlo. Me culparon por las serpientes. Con cada infracción, venían más castigos —se mostró pensativo por un momento.

>>Vale, las serpientes si eran mi culpa —comentó con una sonrisa—. Comencé a preocuparme cuando los castigos se volvieron más severos. Envié una carta a Sirius. No decía mucho, pero tuve la idea de mencionar que le volvería a escribir la semana siguiente. Él sabía que había algo que no le estaba contando, y yo sabía que él actuaría si yo no le mandaba la carta prometida.

>>Estaba realmente hambriento. Ya me habían castigado por robar comida, cosa que mi primo había hecho furtivamente, acusándome a mí. Una noche, ya tarde, vino a mi habitación. Yo pensaba que se encontraba en su habitación, con su computadora. Había tomado un cuchillo de la cocina, para poder cortar pedacitos de las viejas tortas de Hagrid. Él irrumpió tan rápidamente que levanté las manos para proteger mi cabeza. No fue mi intención cortarle —musitó suavemente. Severus puso una confortante mano sobre la suya, animándole.

>>Los castigos anteriores parecieron una simple palmada en comparación con esa noche. Cuando Dudley vio que corté su mano, chilló como si le hubiera arrancado un brazo. Para cuando Vernon llegó a lo alto de las escaleras, Dudley había conseguido tomar el cuchillo y cortarme en varios lugares. Para el momento en que Vernon terminó de defender a su ‘pobre niño’ y enseñarme una ‘adecuada’ lección, yo no creí que pudiera enviar la carta de Sirius la semana siguiente. Me tomó varios días conseguir moverme lo suficiente como para hacerlo. Incluso entonces, no conseguía ponerme de pie, pero Hedwig, bendita sea, me trajo una hoja de papel y un lápiz de mi escritorio.

>>Apenas podía ver, y tuve que escribir con la mano izquierda. No estoy seguro de lo que escribí. Creo que sólo le dije que le amaba, pues en algún momento, cuando se apareció en mi habitación, recuerdo haberle escuchado decir que también me amaba. Ya conoces el resto. Él salió un momento de mi habitación, imagino que para ver a mi ‘familia’, y luego regresó para llevarme. Justo en ese momento comenzó el ataque, así que me llevó al sótano para que estuviera seguro —Harry acarició la mejilla de Severus—. La tuya fue la siguiente cara que vi.

—O sea, ¿la pesadilla continuó?

—¿Cómo podría pensar que ver tu cara era una pesadilla? ¿Después de la amabilidad con la que me trataste todos estos años en clase? —bromeó con sarcasmo, permitiendo que su humor se aligerara, aunque sólo fuera un poquito.

Severus se echó a reír, pero tenía curiosidad por saber lo que había pensado su pareja. Cuando fue capturado, Ron no estaba completamente seguro de que él no fuera un verdadero Mortífago. ¿Qué habría pensado Harry ese día, tras el ataque a su casa? Necesitaba preguntar, pero Harry contestó por él.

>>Cuando te reconocí, mi primera reacción fue agradecer a Merlín por estar libre de ese lugar. Todavía no estaba consciente del ataque, pero sabía que harías lo que fuera por sacarme de allí. Cuando me llevaste sin esfuerzo escaleras arriba, todo lo que podía pensar era en cuán patético debía verme y lo que pensarías de mí. Sin embargo, todo pensamiento acerca de que te burlarías de mí se fue por la ventana al darme cuenta que Sirius nunca hubiera permitido que fueras a buscarme, no si él hubiera sido capaz de hacerlo por sí mismo. No recuerdo mucho después de eso. No recuerdo apenas nada después de las escaleras.

—Caíste en coma en el momento que llegué a la puerta de entrada. De no haber estado tan ensimismado en cumplir la última petición de Black, hubiera prestado más atención y hubiera notado que tus heridas no estaban relacionadas con el ataque Mortífago.

>>En todos los años que le conozco, nunca vi a Albus en tal estado. No recuerdo haber hecho tantas pociones tranquilizantes como las que se gastaron entre Minerva y los Weasley. Ellos prácticamente acamparon en Hogwarts. Había pelirrojos por todas partes —Severus masculló las últimas palabras.

Harry sonrió.

—Cuando estuve más consciente, Ron nunca se alejaba de mi lado. Cada mañana, Poppy apartaba su cama para poder pasar entre los dos.

—¿Estás seguro de que es hetero? —bromeó Severus.

Harry bufó, divertido. Aunque pensaba que Ron y él estaban más unidos que la mayoría de los amigos, estaba seguro de que era hetero.

—Por aquel entonces, tenía muchos flashback, más eran las veces que sí que las que no. Ayudaba el despertarme y ver a Ron al lado de mi cama, como si estuviéramos en el dormitorio de la torre. Él era mi mejor calmante.

—Ciertamente se puso en acción en la enfermería. Pensé que me arrancaría el brazo si no te soltaba la mano.

La sonrisa de Harry se amplió, mientras mordía una uva.

—Cuidado, Sev; tu trabajo como mi héroe puede estar en peligro —bromeó, mientras trepaba al regazo del hombre.

—Si debo, me conformaré con ser tu amado —Sev le atrajo para besarle con pasión.

—¿De verdad me amas? —indagó con una sonrisa boba.

Severus frunció el ceño, pero Harry podía ver que estaba de buen humor.

—¿Quieres que lo escriba para que lo guardes, junto con esa infernal nota que tienes donde declaro que no te mataré?

—Si no fuera demasiado problema —jugueteó Harry.




Harry correteaba alrededor de su pequeño hogar, asegurándose de que todo estuviera limpio y agradable para su cena romántica con Severus. Se había visto interrumpido varias veces por las llamadas desde la chimenea, deseándole un ‘Feliz Cumpleaños’. Al ser el primer cumpleaños que pasaba viviendo solo, a Harry no se le había ocurrido conectar la chimenea, pero Severus sugirió que la encendiera mientras él salía al mercado. Al menos tres llamadas seguidas se recibieron al segundo de hacer la conexión. Los primeros fueron Hermione, Neville y Ron. Las demás llamadas provinieron de amigos decepcionados por perderse la celebración, dado que la fiesta en Las Tres Escobas había sido cancelada por motivos de seguridad, en vista de los ataques recientes.

Estaba desplegando una sábana limpia para hacer la cama cuando escuchó otra llamada.

—Holaaaa. ¿Algún chico cumple años en esta casa? —se escuchó la voz de la señora Weasley proveniente de la salita donde estaba ubicada la chimenea.

Harry agradeció que Severus no estuviera allí, puede que no hubiera resistido eso.

—Hola —contestó, contento, mientras aparecía ante la vista de Molly, quien estaba en el fuego con Arthur a su izquierda.

—Feliz cumpleaños, querido —felicitó ella, tan alegre que casi cantaba—. Arthur y yo salimos un rato y prácticamente nos topamos con un puesto que vendía frambuesas frescas. Sé que te encantan. En vista de que estamos en el pueblo, pensé que podríamos llamarte.

Finalmente, Harry se dio cuenta de lo que ella deseaba y les invitó a pasar. Molly entró entusiasmada, revisando el lugar para ver lo que el joven había añadido a la decoración. Arthur sonrió con orgullo al ver la caja para polvos flu que había regalado a Harry durante la Ceremonia de Protección. Estaba en buena compañía; el único objeto que estaba en la repisa de la chimenea además de la cajita era la Orden de Merlín otorgada a Sirius.

Mientras caminaba hacia la parte de atrás del sofá, Molly pasó su mano por la manta que había tejido para Harry. Estaba cubriendo el respaldo del mueble; el tiempo todavía era demasiado cálido como para usarla sobre la cama.

—Ven a ver esto, ¿no es una belleza? —preguntó Arthur a su esposa, mientras admiraba el reloj de pared—. Un obsequio de Albus. ¿No es así, Harry?

—Sí. Un regalo de la Ceremonia de Protección —contestó—. ¿Pueden suponer qué manecillas agregaron Fred y George? —preguntó con una sonrisa.

—Puedo imaginarlo —replicó Molly, enfurruñada, pero Harry podía ver que estaba jugando—. La cena de mañana es a las seis. Espero que esa manecilla se estará moviendo pronto —señaló la que decía ‘Hora de Fiesta’ en la cara del reloj.

—Creo que se está moviendo ahora —comentó Arthur.

—No, querido, la que se está moviendo no es la de fiesta sino una que hay detrás —declaró la bruja, observando con atención—. ¡Oh! —Molly sonrió a Harry cuando éste se sonrojó—. Dice ‘Hora de tu Cita’. ¿Por qué no nos dijiste que tenías una cita, y nosotros aquí, entrometiéndonos? —mientras hablaba, casi empujaba a su esposo hacia la chimenea.

—No hay problema —le aseguró el joven—. La manecilla no está ni cerca de la marca, todavía tengo un rato —les empujó hacia la cocina, donde el sol aún brillaba, y les sirvió sendos vasos de limonada fría.

Molly observaba entusiasmaba todo lo de la cocina. Se sorprendió al ver que estaba muy bien surtida, y tenía una gran variedad de hierbas y especies a la mano. Harry le mostró los maceteros de las ventadas, donde había sembrado unas pocas hierbas.

>>Hay un jardín muy descuidado allí abajo —señaló hacia el pequeño patio—. He querido pedir al señor Jennings, mi casero, si me permite sembrar algunas cosas. Pero nunca me lo encuentro.

—Escuché que Severus Snape y Kieran Donnelley te han tenido entrenando duro este verano —comentó Arthur—. Faltaste a la última reunión de la Orden porque te estabas recuperando. Allí, por supuesto, salió a colación el tema de tu entrenamiento. Albus nos habló sobre tus acciones durante el ataque. Está muy complacido por lo mucho que has progresado. Cuando se pidió que se diera un informe, Severus reportó que habías superado, por mucho, a cualquier otro mago o bruja que ellos hayan entrenado. Ése es un gran cumplido, viniendo de él —elogió Arthur.

—Ellos me mantienen alerta —contestó Harry con modestia—. Forman un equipo interesante. Mucho trabajo duro, pero también hay buenos momentos. De hecho, anoche me atacaron aquí —en mi propia casa— me secuestraron, y me obligaron a salir a beber para celebrar mi cumpleaños —rió Harry.

—La última vez que estuviste en la Madriguera, noté que Severus y tú se estaban llevando mucho mejor —comentó Molly.

Harry no estaba seguro de contarles que ellos eran pareja.

—Tenemos una relación mucho mejor ahora que no soy estudiante; en Hogwarts, al menos —contestó, tomando un largo sorbo de limonada. Sabía que estaba siendo ambiguo, pero no sabía cómo entrarle al tema. Ellos significaban mucho para él, y no estaba seguro de cuál sería su reacción.

—Imagino que así debe ser. Ronald me dijo esta mañana que invitó a Severus a la Madriguera para tu festejo de cumpleaños. Yo me sorprendí, por decir lo menos.

Molly dejó el vaso vacío en el fregadero. Había empezado a lavarlo cuando Harry la detuvo. La bruja sabía que su hijo era obstinado y muy dramático. Para que invitara a su largamente odiado maestro de Pociones, algo tenía que haber cambiado. Cuando le preguntó a Ron, él le había restado importancia, diciendo que habían compartido las vacaciones con Snape siendo más joven, y que Harry y Severus se habían hecho amigos durante ese tiempo, y eso se consolidó con el entrenamiento. Molly había pensado que allí había algo más, pero no presionó a su hijo; se alegraba que con su aceptación estuviera mostrando una mayor madurez.

Después de fijar una cita con los Weasley para cenar, los esposos se despidieron y volvieron a expresarle sus mejores deseos por su cumpleaños. Arthur había levantado con cortesía la cajita de polvos flu para que su esposa los tomara, cuando Severus se Apareció, a apenas unos pies de ellos. Llevaba unos pequeños objetos cuadrados en una mano, y una gran bolsa de supermercado en la otra.

—¡Cielos, me asustaste! ¿Cómo estás, Severus? —preguntó Molly.

—Bien, gracias, Molly, Arthur —les saludó con una inclinación cortés—. Para ti, de Albus —dijo, entregando unas pocas ‘cajas de cerebro’ a Harry—. Me pidió que te recordara el almuerzo, mañana al mediodía.

Harry fue a guardar los pensaderos en su mesilla de noche, y regresó a tiempo para escuchar que Arthur advertía a Severus.

—Nos vamos ya, Severus. No le entretengas mucho, Harry tiene una cita —decía el hombre, sonriendo, haciendo un gesto hacia el reloj. La manecilla que anunciaba que era hora de la cita estaba ya sobre la marca.

—Sí, la tiene —ronroneó Severus, entregándole el paquete a Harry.

El chico tomó la bolsa, sacando una larga botella verde con una hoja de uva en la etiqueta.

—¡Genial! Trajiste mi vino favorito —exclamó con excitación.

Fue Molly quien primero sumó dos más dos. Severus estaba impresionado; ella había conseguido contener su asombro. Aunque, quizás no estuviera asombrada en absoluto. La mujer tenía siete hijos, después de todo. Ir unos pasos por delante era algo crucial para una madre. Le dio a Harry un gran abrazo, antes de dar la vuelta para partir.

—Los veré a ambos mañana. Disfruta tu cita —dirigió esto último a Severus. Mientras empujaba a su esposo hacia la red flu, pudo escucharse la voz de Arthur, preguntando:

—¿No era Harry el que tenía la cita?

Molly le siguió enseguida. Ya le explicaría todo cuando llegaran a casa.











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MensajeTema: Re: Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 47-II. Tiempos pasados en Privet Drive II   Vie Dic 09, 2016 6:29 pm

Como es posible que le hicieran eso a Harry odio a Vernon y a la tía Petunia a un mas y Dundydunky cara de sapo siento mucha lastima por el no hay merito propio para su vida.
Lo unico bueno es que Harry tiene a Sev para que lo cuide y lo mime
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Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 47-II. Tiempos pasados en Privet Drive II
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