La Mazmorra del Snarry


 
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 Aquel que mata libélulas

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Magistra Nocte
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MensajeTema: Aquel que mata libélulas   Dom Dic 23, 2012 9:44 pm

Título: Aquel que mata libélulas.

Clasificación: +16

Resumen: Vivimos atados al presente. No sabemos qué nos deparará el futuro y por eso, sus sorpresas, pueden ser las más gratas.

Para todas las chicas de esta nuestra mazmorridad (esto dicho con la solemnidad de Juan Cuesta xD). Espero que os guste, porque va con todo mi cariño ^.^

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Aquel que mata libélulas.


La gran celebración previa a las vacaciones de Navidad estaba próxima y Harry Potter esbozaba sonrisas tristes ante todos sus compañeros, que se ilusionaban con el evento. Unos a causa del banquete, otros por el baile. Algunos simplemente por la alegría que podía respirarse en el aire y otros por el intercambio anónimo de regalos, ceremonia que, si se quería dejar alguna tarjeta además del presente, requería el uso de un pseudónimo. El joven Gryffindor era el que más regalos recibía, de todos sus admiradores. Desde libros, pasando por dibujos e incluso escobas. Pero aquellos detalles no le importaban. Nadie dejaba una nota. Eran regalos a su ego, a su fama, no a él. Para él nunca había llegado nada en esa fiesta.

Harry nunca se había animado a entregar nada a nadie. Solo hacía regalos a sus amigos en el día de Navidad, momento en el que todo significado impreso en el regalo era más profundo y verdadero, cuando las notas quedaban de lado y daban paso a las palabras, aquellas que con cuyo sonido alivian o hieren con más facilidad y fuerza. Quizá todo esto fuera una simple ilusión suya. Tantísimo tiempo sin recibir regalos podía haberle hecho idealizar... mitificar, lo que entregar uno podía significar.

-Otra vez ese fatídico día ¿no, Harry?-Preguntó Herminone. La única persona que le entendía.

-Sí, supongo que sí.- Dijo tras un largo suspiro amargo.

-No tienes por qué fingir que te gusta. Sobretodo, no debes hacerlo si te daña.

-No, gracias. Para amargados en Navidad ya tenemos suficiente con el bastardo de Snape.

Herminone rió levemente.

-¿Sólo en Navidad?

-Bueno, siempre. Pero se acentúa en Navidad. Gracias a Merlín que no aparece por el Gran Comedor estas noches.

Se arrepintió de lo dicho al poco de pronunciarlo. Odiaba a Snape, pero desear el mal a los demás era algo vomitivo, algo que lo rebajaba al nivel del susodicho con sus certeros, mordaces e hirientes comentarios que, aunque le doliera en el alma reconocerlo, a veces le habían causado risa por lo ingeniosos que eran. Afortunadamente, aquel era un dato que jamás llegaría a conocer su Némesis pocionista, a menos que continuara con las clases de Oclumancia.

Las dejó cuando consideró lascivo y lujurioso el modo en que ambos intentaban entrar en la mente del otro, de una forma que podría ser denominada como desesperada. Morobosa. Sucia. Pero atrayente. Cuan interesante era lograr ver cómo funcionaban los engranajes de la perversa mente del maestro de pociones. Y qué tentadoramente ¿erótico? Era sentir los intentos de Severus para conseguir lo mismo.

No abandonaron esas horas extra de una forma clara. Sencillamente, el día en que Harry, tras una batalla verbal, agarró violéntamente a su profesor y lo colocó contra su mesa , se dieron cuenta que las líneas se habían cruzado. Más cuando el joven no podía apartar la idea de penetrarlo en aquel mismo instante. Y cuando Snape lo sabía. No le leía la mente, pero el estado en que se encontraba el chico denotaba su necesidad, una necesidad que logró imprimir en él mismo y que le hizo desear sentir a su alumno dentro de él.

No sucedió nada, y sucedió todo. Desde entonces no habían vuelto a hablar. Ni si quiera en las clases de pociones. Nunca.

En todo aquello pensaba Harry mientras que llegaba al gran comedor, donde decenas de lechuzas se encargaban laboriosamente de dejar paquetes y paquetes alrededor del gigantesco árbol que acariciaba el cielo azul de nubes esponjosas que recreaba el mágico techo de la estancia. Todo normal, al menos para aquella celebración. Hasta que algo diferente captó su atención. Una pequeña libélula verde entró en el comedor, sosteniendo con dificultad entre sus patitas una rosa blanca y una tarjeta. Despacito, llegó y colocó el presente delicadamente en un lugar alto y se quedó junto a ella para evitar que las lechuzas pudieran aplastarla con otro regalo.

Afortunado o afortunada quien reciba ese regalo. Y además, con una nota. Podía imaginar el rostro de felicidad de la persona, disfrutando del placer de sentirse querida y valorada.

Le hubiera gustado acercarse a ver a la pequeña libélula. El verde de sus alas y de su cuerpo era increíblemente bello, metálico. Aun a pesar de ser pequeña, resplandecía en aquel punto lejano bañada por los rayos del sol.

-Parece una estrellita. Seguro que si le pides un deseo, se cumple.-Dijo una chica Gryffindor que, aparentemente, también se había fijado en el ser.

Cuando la hora de comer terminó, ya casi no llegaban lechuzas y la libélula, tan pronto como vino, se marchó. Nadie supo a dónde. Ya solo quedaba esperar y, de algún modo, la suerte estaba echada.

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Al anochecer, todo el mundo estaba vestido con sus mejores ropas para la fiesta. Harry había sopesado la posibilidad de no bajar, de decir que estaba enfermo. Pero no lo hizo, podría ofender a Dumbledore y eso era lo último que quería.

El anciando iba vestido totalmente de rojo. Era la prueba viviente que Papá Noel existía. Bajaron juntos al comedor mientras que el mayor hablaba maravillas de las fiestas de aquella época, lo divertidas que eran y lo reconfortantes que eran para aquellos corazones desamparados. Harry sonrió amargamente ante lo último. Qué sabio era Dumbledore, pero qué poco sabía de la verdadera tristeza. La más honda, la más profunda. Aquella cuyo orígen es desconocido y que es tan oscura que las lágrimas no sirven para expresarla y, por tanto, se niegan a aparecer aun cuando se intentan forzar. El anciano habrá pasadopor mucho durante su longeva vida, pero no debía de haber llegado a aquellos extremos donde la falta de algo que no se puede identificar amarga la existencia del que carga con ese pesar.

-Bueno, Harry. Supongo que tú recibirás muchos regalos.

-Sí... pero, aunque suende desagradecido, nunca acaban de llenarme del todo. Nada me sorprende de verdad.
-A lo mejor las cosas cambian este año, quién sabe. De nada sirve pensar en negativo. Puede que las cosas vayan a mejor, o a peor. Pero eso es futurología y vivimos atados al presente.

-¿Francamente? No tengo demasiadas esperanzas.

-No seas escéptico. Ya hay demasiada gente que lo es en este mundo y por ello no podemos convivir todos en libertad. Tampoco hay que creer en todo, eso es cierto, pero en las pequeñas cosas, a nuestra escala, es necesario creer.

Cuando llegaron al comedor, Harry se sentó junto a sus compañeros de casa y Dumbledore dió un alegre discurso de apertura de las festividades navideñas. Y cuando terminó, todo el mundo aplaudió contento. Todos, menos Snape, que como de costumbre no había acudido. Bendita conciencia indulgente la suya, que le deja hacer desplantes sin preocupaciones, pensó el joven.

Tras la cena y un interminable baile, el momento más esperado de la noche llegó. Todos en sus puestos, esperaron a que los regalos correspondientes a cada uno llegaran a ellos después que Dumbledore hubiera pronunciado el hechizo. A Harry empezaron a llegar muchos paquetes que se colocaron en fila frente a él. Cada año tenía más. Los recorrió con la mirada, aun empaquetados, con cierta idiferencia hasta que uno captó su atención. Era la rosa blanca.

Sin dudarlo un solo segundo, se acercó a ella y la tomó entre sus manos ilusionado. Ahí estaba la hermosa rosa blanca decorada con gotitas de agua congeladas que aumentaban su brillo al estar junto a la luz. Tras admirar su hermosura, miró la nota.

"De: Aquel que mata libélulas
A: Harry Potter."

Antes de abrir el sobre que acompañaba al regalo, sintió un escalofrío de placer y alegría. Acarició el sobre, intentando adivinar qué decían las palabras de su interior. Aquellas que suprimirían la trivialidad del obsequio. Palabras de amistad. De cariño.

De amor.

Finalmente, abrió el sobre nervioso y sacó el papel rápido. Lo desdobló.

"Sonríe."

La nota no decía nada más. Y sin embargo, la palabra fue lo suficientemente impactante como para arrancarle sutilmente una lágrima que desembocó en el papel. Guardó la carta en su bolsillo, tomó la flor entre sus manos y miró inútilmente a su alrededor, tratando de averiguar quién le había hecho el regalo. Estaba seguro que no era Ron, no tenía la sensibilidad necesaria para hacerlo y Hermione sabía que prefería que reservara su regalo para el 25 de Diciembre.

¿Quizá Dumbledore? No, él no. Jamás usaría ese pseudónimo.

De hecho, solo conocía a alguien capaz de usarlo. Y alguien a quien desconocía lo suficiente como para albergar la esperanza de una sensibilidad dulce en medio del mar de oscuridad que llenaba su corazón.
Severus Snape.

Dejando todo atrás, salió corriendo en dirección a las mazmorras. Los cuadros le felicitaban y él, casi sin aliento, les daba las gracias sin dejar de mirar al frente y sin parar de correr. No podía esperar a saber la verdad.

¿Y si se equivocaba? Tampoco tenía importancia. Ya no se hablaban. Y este era su último año en la prestigiosa escuela de magia y hechicería. Las cosas no podían empeorar. Solo mejorar. Así que llamó a la puerta sin dudarlo, sin dejar de sonreír. Cuando Severus abrió la puerta, este no reflejaba emoción alguna en su pétreo rostro.

-Señor Potter, deb...

-¿Tú matas libélulas?

Snape inspiró profundamente.

-No.

-Ah...

-Me parecen seres demasiado hermosos como para eso.

Tras sus últimas palabras, invitó al joven mago a entrar a la estancia. Y se sorprendió al ver toda su habitación decorada con cuadros de libélulas. E incluso había algunas volando por la habitación.

-En invierno tienen frío, así que traigo algunas aquí para que no mueran.

-Pero, si no las matas ¿por qué pusiste aquel pseudónimo?

-Porque era el único que podía mostrar lo bastardo que soy sin recurrir a los clásicos que se dicen de mí en estos muros.

Harry se tiró a por sus labios. Esa era toda la confirmación que necesitaba. Y al fin se dió cuenta de qué había faltado en su vida que le impedía ser feliz. El contacto de aquellos finos labios. Un beso dulce que siriviera de refugio y hogar para alguien que jamás había tenido ninguno. Y sabía que los suyos significaban lo mismo para Severus.

Cuando se apartaron, se miraron a los ojos, hasta que el mayor agachó la mirada, avergonzado.

-¿Sabes por qué te envié una rosa blanca?

Harry negó con la cabeza.

-Las rosas blancas representan a los amores imposibles.

-Lo nuestro no es imposible.-Dijo el joven, tomándole delicadamente del rostro para que le miraa a los ojos.-Nada es imposible. Teóricamente, era imposible que alguien pudiera sobrevivir a la maldición letal. Y aquí estoy. Démonos una oportunidad. Y si no funciona... bueno, prefiero no pensar en esa posibilidad. Quiero que funcione.

Y besó al pocionista, que al principio de mostraba reacio a otro beso hasta que finalmente lo correspondió y se abrazó a él.

-Y... ¿ahora qué?

Harry sonrió ante la inocencia de Severus, aparentemente perdida. Se notaba que nunca había llegado a aquella situación antes con nadie.

-Pues... si te parece bien, vamos a ir a tu cama y nos vamos a arropar, porque hace mucho frío.-Dijo, pícaro.- Y como aquí no hay calefacción, puede que... te haga el amor para que entremos en calor. Y como todo esto ha sido tan inesperado, tendrás que contentarte con mi presencia como regalo.

-Me contentaré con ella mientras que estés a mi lado todos los días.

-Cuenta con ello, Severus.-Y sonrió.


FIN
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Danvers
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MensajeTema: Re: Aquel que mata libélulas   Lun Dic 24, 2012 9:07 am

Ay, qué bonito que Harry crea en lo suyo lo suficiente como para creer que no es imposible! Preciosa historia, Feliz Navidad!
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MensajeTema: Re: Aquel que mata libélulas   Dom Dic 30, 2012 1:57 pm

Oh por merlín amo tus fics sabes, especialmente porque Severus es el pasivo *u* bueno tu ya sabes mis gusto muajajaja XD es tan lindo cuándo describes todo el asunto de que dejo las clases por waaaaaa ... Cielo yo también alucine con eso en las condenadas clases XD

Hasta pronto y espero hayas pasado unas lindas navidades.
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MensajeTema: Re: Aquel que mata libélulas   Dom Dic 30, 2012 8:24 pm

Que historia más bonita, es raro ver a Harry más lanzado que Severus Very Happy. Y lo de la libélula sujetando la rosa y la carta entre sus patitas me pareció encantador.

Espero pases un muy feliz Año Nuevo






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MensajeTema: Re: Aquel que mata libélulas   Lun Feb 15, 2016 2:28 pm

Me encantó el seudónimo de Severus, solamente el podría ser tan sarcástico como para utilizarlo.
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