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 Salvaje, valiente y dulce. Capítulo 33. El matrimonio (Final)

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Majo-san
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MensajeTema: Salvaje, valiente y dulce. Capítulo 33. El matrimonio (Final)   Jue Mar 23, 2017 1:55 pm

33º Capítulo: El matrimonio


Tanto tiempo había pasado, tantas noches tratando de no pensar en el pasado, en lo que había pasado en la casa de los gritos, con cientos de personas a su alrededor, porque la noticia de la muerte de tantos magos no podía pasar inadvertida, muchísimo menos en el mundo mágico. Fue por eso que ahora estaban de vuelta ahí, al hogar en el que vivió por años con sus hijos, lejos de los ojos de los magos, tratando de tener una vida normal, bueno, todo lo que se podía tomando en cuenta de que el mundo mágico era mucho más permisivo en cuanto a las relaciones homosexuales, algo que se veía a siglos de parecer algo normal entre lo muggle, claro, no mal visto como hace años, pero una casa en que el padres y sus tres hijos tuvieran esos “gustos” era para extrañar a cualquiera.
Ahora mismo estaban Severus y Aurora disfrutando del buen día que se presentaba, estaba nevando, pero el frio no se le pegaba a los huesos como hace años encerrado entre las cuatro paredes de Azkaban.
-¿Quieren algo de beber?
La voz tranquila de Harry que les hablaba de la entrada de la sala llamó la atención de padre e hija, que no dudaron en centrar la vista en la persona que era la más importante para ambos.
-¡Papá!
La niña, como cada vez que veía a Harry, le llamó para que este fuera por ella. Aurora ya casi cumplía un año, y Harry estaba pronto a llegar a los nueve meses de embarazo.
-¿No estabas con Damián y Max?
-Sí, pero llegó Neville así que Dami les fue a mostrar las calles cercanas.
-Olvidaba que Longbottom no conoce esta casa tanto como yo.
-Así es –se sentó junto a su pareja y recibió a la pequeña morenita entre sus brazos.
-¿Iré por algo para que bebamos?
-Quiero chocolate caliente, muy dulce.
Severus sonrió de lado y fue por el pedido de su prometió, no sin antes besarle la boca.
Desde que todo había pasado y que Harry se había dado por enterado de su estado de embarazo, el cual iba viento en popa, a pesar de los malos momentos que vivió, fue que empezó a caer en cuenta de que este embarazo no lo pasaría solo, así que ahora aprovechaba de ser un niño mimado, el que nunca había sido, pero que a Severus le encantaba.
Ahora miraba la vida con otros ojos, sus hijos le habían ayudado en eso, se habían desvivido en atenciones y pedido disculpas múltiples veces.

-Niños, dejes eso por favor –dijo al ver como casi se peleaban por llevarle un vaso de agua.
-Pero, papá.
-No, Levi -dijo algo cansado-, sé que lo hacen por mí, pero esto ya es emaciado.
-Sólo queremos que estés cómodo.
-Y lo estoy, pero los tres tienen cosas que hacer –dijo mirando a los trillizos-. Damián –llamó al que más necesitaba que reaccionara-, sé que me quieres, pero Max te necesita, también tu esposo y no quiero que por mi culpa mi nieto este pasando necesidades de cariño.
-No estoy abandonando a Max…
-Lo sé, pero dime algo ¿Hace cuanto que no estás todo el día con él, como antes?
-Estamos en vacaciones por las fiestas…
-No es excusa –dijo con seriedad-. Lo mismo va para ustedes, ambos tienen parejas a los que están dejando de lado por estar conmigo.
-Pero, papi… por lo mismo la vez pasada…
-Esto es diferente, Levi –negó con la cabeza-. Fui manipulado, estaba tan metido en mi mundo que creí en las palabras de ese sujeto, pero es cierto que los tres tienen sus vidas, tienen responsabilices en el colegio y Damián con su familia.
-Su padre tiene razón –dijo Severus entrando por la puerta de la habitación en la que Harry estaba en cama hace una semana-. Además, con la amenaza extinta, no hay nada que tenga que hacer en Hogwarts, así que volveré a la casa con su padre, no volveré después de las vacaciones. Ya informé al director.
-¿Vieron? –dijo Harry, feliz con la noticia de que su pareja estaría más tiempo con él.
-Está bien –dijo Damián.
-Además quiero que sepan algo –les dijo Harry-. Sé que llevamos poco tiempo en esta casa, pero no quiero seguir aquí, tengo malos recuerdos de este lugar.
-¿Quieres comprar una nueva casa?
-No –dijo firme-. Quiero volver a la casa en la que vivía con ustedes y María. Quiero que Aurora y este nuevo bebé crezca en la casa donde todos mis hijos lo hubieran hecho antes.
-¿Y los recuerdos?
-Tengo que aprender a vivir con ellos… con los de todos y los de María.
-Entonces no se diga más –dijo Severus dando por terminada la conversación-, en cuanto estés listos, partiremos a Francia.

No había pasado mucho tiempo antes de que Severus y Harry arreglaran las cosas para salir de Hogsmeade y trasladarse a su antiguo hogar, sólo esperaron a que los chicos tuvieran que volver a clases después de las fiestas. Harry había aprovechado de pasar tiempo con su nieto, ya que no lo vería en algo de tiempo cuando Damián, Neville y Max volvieran a Durmstrang. Cuando se tuvieron que ir, fue tan duro para Harry como para sus hijos. No era de extrañarse que para Harry fuera difícil, no había pasado ni un mes desde que todo pasara, pero el sentimiento de abandono que sintió antes no era para nada lo que sentía ahora. Era algo diferente, el tener a Severus a su lado le hacía sentirse poderoso, inmune al dolor, fuerte como hace mucho no se sentía y con las mismas fuerzas dejó atrás la casa de Hogsmeade. No la vendió, era parte de la herencia de sus cinco hijos.
Ya en el presente, Harry disfrutaba de su casa de Rue de Vincourt, nunca se imaginó que estos cinco meses hubieran pasado tan rápido. Y que sus hijos volvieran a casa era prueba de ello.
Damián y Neville habían decidido pasar unos días con Harry, Max estaba más grande y estiraba los brazos a Severus para que lo cargara, algo que encantaba al hombre, si cabe mencionar. Aurora era otra que disfrutaba de la compañía de su sobrino.
-Papá, venimos por Aurora –dijo Damián quitándole a la niña de los brazos a su embarazadísimo padre que ni chistó cuando lo hizo-, le mostraré a Neville la plaza donde nos llevabas de niños y aprovecharé de llevar a los bebés.
-No estén tanto rato, no es bueno para los niños.
-No te preocupes, papá.
Damián sabía que su padre era exagerado, pero afuera de la casa estaba igual de cálido que dentro de esta, así que era imposible que sus niños se enfermaran, además había aprendido hechizos aislantes que utilizo en los niños, sólo por precaución.
-¿Así que aquí pasabas las tardes? –le preguntó Neville al ver la plaza llena de niños.
-Sí –bajó a la niña del coche donde la llevaba al tiempo que su esposo hacía lo mismo con Maximiliano.
-¿Damián Potter?
Neville se puso en alerta en el momento en que unos chicos de la edad de su esposo se acercaron a ellos.
-Oh, chicos –saludó reconociendo a sus antiguos compañeros de clases en el mundo muggle.
-No sabíamos que habías vuelto.
-Fue hace poco –sintió un raro gruñido y se sintió algo sorprendido ¿Su esposo acaba de gruñir por celos? Si no hubiera estado en la situación actual, probablemente se hubiera descarrilado de la risa-. Neville, ellos son compañeros de mi antigua escuela, Sylvain, Jean-Luis y Dominique –les presentó a los chicos-, el es Neville Longbottom, mi esposo.
-¿Esposo? –preguntó Dominique.
-Sí, nos casamos hace casi un año –dijo divertido de la cara que ponían sus ex compañeros.
-Mucho gusto –saludo el mayor, pero Max se puso a quejarse y pedir los brazos de su papi.
-¿Hermanos nuevos?
-Sí -dijo Damián, tomando en cuenta lo que habían decidido con Neville como escusa mientras vivieran en el mundo muggle, no era normal para estos los embarazos en hombres-. Ella es Aurora, es mi hermanita adoptiva, es hija de María ¿Recuerdan a mi madrina, verdad?
-Sí, la recuerdo –dijo Sylvian, esa mujer era aterradora cuando les amenazaba con que se alejaran de Damián.
-¿Adoptiva?
-Desgraciadamente mi madrina no sobrevivió al parto y mis padres adoptaron a Aurora.
-Lo lamento mucho –expresaron los chicos.
-Gracias –agradeció de verdad-. Y él es Maximiliano, es nuestro hijo.
-¿Su hijo? –preguntó Dominique.
-En realidad es hijo de Neville, pero cuando nos casamos lo adopté como mi hijo ¿No es hermoso? –preguntó elevando al niño que rio feliz de estar en brazos de su papi.
Los chicos asintieron, sin decir nada más. Al parecer, el que ahora Damián estuviera casado y feliz con un hijo, les dejaba sin la más mínima oportunidad de acercarse al chico, que a pesar de que ahora no lucia la hermosa cabellera que lo caracterizaba, se veía radiante y feliz. Los chicos se despidieron y se fueron después de un rato.
-Ya puedes respirar en paz, amor –dijo divertido ante la tención obvia en la cara de su esposo.
-Ellos… no sé, no me agradaron.
-Ellos estaban interesados en mi hace años, amor, por eso te molestó –dijo viendo como su esposo arrugaba el entrecejo-, pero sólo te amo a ti ¿Lo sabes, verdad?
-Claro que lo sé –dijo negando con la cabeza, primera vez que sentía tantos celos con respecto a su esposo-, puede ser que ellos venían hacia nosotros con intenciones de alejarte de mí, eso me molestó un poco…
-Eres un celoso –dijo mirando a los lados, pero la gente estaba ocupada cuidando a los niños que estaban jugando en el lugar, así que se animó a dar un corto beso a su esposo para apaciguar a la bestia celosa que no sabía que habitaba en Neville.
-No puedo evitarlo, pero prometo no demostrarlo.
-No me molesta que me celes –dijo poniendo a los niños en una caja de arena para jugar con ellos-, me gustó como estabas… creo que deberé premiarte por tus atenciones.
Neville sonrió de lado y se puso a jugar con los niños y su esposo, al parecer tendría una buena noche con su hermoso Damián.



Levi corría de un lado para el otro alejando a su novio de su objetivo, el cuaderno de pociones que quería seguir leyendo.
-Levi, entrégamelo, por favor.
-Claro que no, Hugo, viniste para pasar un tiempo conmigo, con tu novio, no para estar metido en tus libros.
-No voy a dejar de ponerte atención, pero devuélvemelo –dijo parándose serio, estirando la mano para que el libro le fuera entregado. Aun no sabía cómo se había terminado de enamorar de un idiota inmaduro como lo era Levi Snape.

Quedaban tres días para que terminaran las clases, por fin saldría y se prepararía para empezar su segundo año. Pero por sobre todo, dejaría de tener que aguantar los ataques de celos de su padre cada vez que Levi estaba cerca de él.
Pero el colmo había sido en la madrugada anterior. Levi había llegado a la sala de los leones pasada la hora restricción, Hugo se había quedado en la sala común estudiando, no significaba nada el hecho de que escuchó decir a otros alumnos que los chicos de quinto estaban teniendo una fiesta de casas y que por obvias razones Levi Snape estaba en esa fiesta.
Fue raro para los alumnos, en cierta medida, ver al muchacho de primero estudiar en la sala común, algunos rieron ante esto, disimulados, porque para nadie era un secreto que la razón de estar en el lugar a tan particulares horas, era por que Levi estaba en la fiesta.
Cuando Levi llegó a la sala común de Gryffindor, se fue directamente a donde el pequeño pelirrojo estaba, tranquilamente estudiando, ajeno al león en modo de casa que era Levi en ese momento.
-Hola, Hugo –dijo abrazando al niño por atrás, apoyando el cuerpo en el sillón.
-¿Estás ebrio? –preguntó al sentir el olor a alcohol en el adolecente.
-Sólo fue una cerveza –dijo riendo-. Vuelen –les dijo a algunos chicos que aun quedaban en la sala común, los cuales riendo se fueron dejando solos a la “pareja”
-No puedo creer que de verdad bebieras –dijo el niño molesto, él sabía muy bien las reglas de Hogwarts, esto ameritaba mínimo una suspensión de barias semanas, si es que lo descubrían.
-Pero es un secreto, bebé, nadie debe saberlo –le dijo guiñándole un ojo-oh, es cierto –dijo quitándole el libro-. Tengo ganas de bailar.
-Estás loco –dijo el niño al sentir como lo sostenía de la cintura y se ponía a bailar un vals algo torpe.
-Estoy loco por ti, Hugo. Eso ya lo sabes.
Las mejillas de pequeño pelirrojo se colorearon casi hasta alcanzar la tonalidad de su cabello. Pero se dejó guiar por los pasos de Levi que poco a poco se iban volviendo más acompasados.
Era como bailar sobre una nube, una cálida y suave, parecía un sueño, pero tal como empezó, terminó ante el estruendo de unas cosas cayendo. Hugo se volteo y sintió como si calera al más hondo de los pozos. En la entrada estaba Ronald Weasley blanco como papel, pero la cara se le volvía cada vez más roja y los puños los estaba apretando tanto que incluso podía ver los huesos marcarse en sus facciones.
-Papá…
-Aléjate de mi hijo, Snape.
La voz furiosa de Ron hizo que los adolecente, involuntariamente, se separaran.
-Profesor Weasley…
-No quiero escuchar nada –dijo acercándose a los jóvenes y tomando a Hugo para ponerlo tras de sí-. Quiero que mantengas tus manos lejos de mi hijo, no quiero que estés cerca de él, no quiero que le hables, no quiero que siquiera pienses en él.
-Pero amo a su hijo.
El silencio se cernió sobre el lugar, Hugo sentía en sus tímpanos iban a reventar, la voz de Levi y sus palabras, se repetían una y otra vez en su cabeza.
-Mira, mocoso.
-¡No, papá! –dijo Hugo armándose de valor y poniéndose frente a su padre con los brazos abiertos, evitando que este se acercara a Levi-. Durante mucho tiempo has decidido en esto, pero ya estoy grande.
-Sólo tienes doce años.
-Y tú a los doce años ya habías ayudado al señor Potter en muchas de sus aventuras.
-¡Eso es falso!
-Mamá me contaba mucho de ustedes cuando eran pequeños, cuando estaban en Hogwarts y me contó de lo que hacían, me contó que se enfrentaron a Voldemort y todo eso desde que tenían once años.
-Esto es completamente diferente.
-Mamá ya te amaba a esta edad.
Si Levi hubiera podido decir algo a su favor en ese momento, probablemente sería para darle ánimos a su pequeño amor, pero en este minuto sólo estaba de espectador, los sentidos embotados por el alcohol no le daban muchas alternativas tampoco, así que se mantendría pendiente, dentro de lo que podía, para hacer las cosas más llevaderas para Hugo.
-Hijo, esto es algo que hablaremos después.
-No, papá, esto es un tema que tocaremos aquí y ahora –dijo el niño decidido-. Siempre te involucras en lo que hago con Levi y nunca he hecho nada malo, ni con él ni con nadie. Así que no tienes razones para pensar que algo pasaría antes de tiempo.
-Hijo, no sabes de lo que hablas.
-Sí sé. Estás pensando que tendré sexo con Levi, pero eso no va a pasar, sé que aun soy muy chico, que aun no he madurado, pero parece que tú no quieres entender que soy lo suficientemente maduro como para hacerme respetar por el idiota –dijo apuntando al adolecente mudo tras él.
Ron se quedó mudo, mucho de lo que decía su hijo era verdad, pero no podía ponerse de parte del mocoso hijo de Snape, pero por esta noche dejaría en paz a su hijo, ya se las vería después con sus hormonas. Salió de la sala común dejando a los jóvenes solos.
-Cásate conmigo –dijo Levi volteando a Hugo y abrazándolo.
-No sean ridículo –dijo riendo.
-Es enserio, cuando cumplas diecisiete ya nos podremos casar. Un año antes si tus padres firman la autorización.
-Estás loco.
-Ya respondí eso hace rato –dijo riendo, pero si soltar al niño-. Acepta ser mi novio, para que en unos años más seas mi prometido.
Hugo estaba tentado a reírse, pero no dijo nada, la mirada seria y anhelante de Levi se lo impidió. Parecía hablar enserio, lo miraba con intensidad, y fue esta misma la que lo llevó a aceptar.


-Amor, no es divertido si no te moletas –dijo pasándole el libro el cual abrazó con fuerza-. Oye, quiero ser ese libro.
Hugo sonrió de lado y abrazo a su excéntrico novio, quizás podrían salir y pasear y dejaría de estudiar un rato.

Quedaban sólo un día para el matrimonio y las cosas en la casa de los Snape era un caos. Los chicos habían dejado sus estudios por una semana para ayudar a su padre en todo lo que necesitara. Harry se había rehusado a casarse después de dar a luz. Quería que ultimo hijo naciera dentro del matrimonio, por lo menos uno, se dijo a si mismo.
-Harry, creo que de verdad podríamos esperar a que naciera el nuevo bebé.
-No es necesario, Severus, estoy bien, aun faltan dos semanas y quiero esto –dijo tomando la mano de su pareja quien se había ido a sentar junto a él en la cama.
-¿Y la noche de bodas? –le preguntó con una ceja alzada, ese era un puto critico para Harry, había estado ardiente durante todo el embarazo, y parecía que estos últimos días había ido una bomba de hormonas.
-No hagas eso –dijo al sentir como Severus besaba su cuello.
-¿Por qué?
-Eres malvado –dijo cerrando los ojos
Pero las cosas no podían ser tan buenas, porque antes de siquiera besarse en la boca la puerta fue golpeada.
-Permiso –dijo Rudy entrado en la habitación y ayudando a su padre a ponerse de pie.
-¿Qué pasa, hijos? –preguntó Severus ante las caras divertidas de sus hijos en la puerta.
-Es su noche previa a gran día, no pueden estar juntos.
-¡Por favor! Eso es completamente ridículo, dado las circunstancias –dijo Harry, ya más calmado de sus paciones.
-Su padre y yo ya no esperamos el “gran día” como unos adolecentes.
-Eso no importa, ambos tienen que estar alejados el uno del otro para evitar tentaciones premaritales –les dijo un divertido Damián.
-Estoy embarazado de su padre… el padre de todos mis hijos –dijo buscando la lógica de las locuras de sus hijos.
-¿Y qué? Mañana se casaran, hagan como si nunca hubieran tenido sexo, sólo por esta noche, ya mañana podrán estar juntos.
-Ve con ellos –dijo Severus despidiendo a su pareja desde la puerta de la habitación viendo como este se dejaba arrastrar divertido.

El día había llegado, por fin uniría su vida al hombre de sus sueños, así de romántico y patético como sonaba. Siempre se imaginó casándose con Severus por un juez mágico, también lo deseaba de manera muggle, pero no era el tiempo, mucho menos con un vientre tan grande como el que ostentaba.
El lugar elegido había sido el mismo que los unió, el gran comedor de Hogwarts. El director había estado fascinado con la idea de que utilizaran las instalaciones par tan magno espectáculo, todo el cuerpo estudiantil estaba presente, todos con sus trajes de gala, no podían faltar también los amigos, esos que después de tanto tiempo quisieron ser parte de la unión de Harry y Severus.
La ceremonia fue hermosa, ambos dijeron sus votos y el juez unió su magia mediante un cáliz en el cual ambos pusieron una gota de su sangre, sellando la magia de ambos hombres que ahora compartían un vinculo más en su ya larga lista de vínculos. Sus hijos eran el principal.
Harry veía como todos se divertían, Levy y Hugo estaban peleando con Ron en una esquina como siempre, quizás después de que pasara todo lo del embarazo hablaría con su antiguo amigo e intercedería por su hijo para que los dejara en paz. Algo que sus otros hijos no necesitaba, pro que Damián y Neville parecían felices bailando con Max en brazos del mayor, Rudy por su parte, ya se había perdido hace mucho con Scorpius, esperaba que mínimo estuvieran utilizando protección para evitar un embarazo prematuro.
-¿Quiere bailar, Señor Snape?
Se giró para sonreír y tomar la mano de Severus, pero un dolor en el vientre no le dejó avanzar.
-Severus.
-Tranquilo –le dijo entendiendo la situación, miró a sus hijos que le devolvieron la mirada, con tranquilidad salieron del gran salón y pronto se les unió Neville y Damián.
-Tranquilo papá.
-Aurora…
-Hugo fue por ella y Levi busca a Rudy.
-Véannos en San Mungo, yo trasladaré a su padre.
-Una aparición en este estado…
-No te preocupes, Dami, tengo un traslador preparado.
Cuando Rudy, Levy y Aurora estuvieran con ellos se trasladaron por la chinea de la oficina del director que prometió guardar discreción y les facilitó las cosas para que todos pudieran partir.
Al llegar a San Mungo todo era un caos, encontraron a Severus en una esquina.
-¿Papá?
-¿Qué está pasando, papá?
-Su padre llegó y tuvo un desborde de magia por el dolor de una contracción, desequilibró a algunos pacientes, pero están controlando la situación.
-¿Seños Snape?
-¿Ya puedo ir con mi esposo?
-Sí, pase por aquí.
Severus estaba en estado casi de histeria, pero no lo demostraría. Estaba preocupado por Harry, no vivió esta angustia cuando su pareja pasó por esto la primera vez con los trillizos, pero esta vez estaba con él, esta vez sería su soporte, sería quien le ayudara, pero para eso tenía que calmarse, así que tomó aire y entro en la habitación en donde mantenían a Harry con pociones mágicas para bajar la intensidad de los dolores.
-Severus –lo llamó desde la camilla y el hombre caminó con seguridad y tomó su mano-. Vamos a estar bien –le dijo sonriendo adolorido.
Severus sintió como se le secaba la garganta. ¡Él tenía que darle fuerzas a Harry!
-Lo sé –dijo besándolo en la frente-. Eres el mejor en esto.
Lo vio sufrir y no pudo hacer nada, sólo sostener su mano hasta que los medimagos pudieran sacar a su bebé del interior de Harry.
Por fin pasó. El llanto del bebé inundo la habitación y Severus sintió como las lagrimas caían por sus ojos, estaba tan feliz que podría gritar de alegría.
-Lo hiciste bien, Potter –le dijo sosteniendo al bebé que le fue entregado por una enfermera.
-¿Severus?
-Es una niña –dijo mirándola con adoración.
-La pequeña Eileen –dijo mirando a Severus que sonreía y besaba la cabeza de la niña.
-Bienvenida a la familia, hija.



Fin

N/A: Muchisimas gracias por seguirme por tanto y tanto tiempo, recuerdo cuando empecé este proyecto, era otra persona, muy diferente a la calmada y pacifica que soy a esta, pero traté al máximo seguir con la línea editorial en que empecé a escribirlo y creo que lo logré. Pido perdón a todos aquellos que perdí en el camino, soy de esas mismas que dejan un fic cuando lo veo abandonado, pero agradezco por aquellos que se mantuvieron fuertes como roble y es en honor a todos ellos que pude lograr darle y un final a mi fic.
Un beso a todos
Majo


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MensajeTema: Re: Salvaje, valiente y dulce. Capítulo 33. El matrimonio (Final)   Dom Abr 02, 2017 8:49 pm

Linda fanfic querida. Me enamoré de el u.u
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Salvaje, valiente y dulce. Capítulo 33. El matrimonio (Final)
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