La Mazmorra del Snarry


 
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 Ríe y enamórame

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Araleh Snape

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MensajeTema: Ríe y enamórame   Vie Jul 31, 2015 6:44 pm

Resumen:
Los días de Hogwarts terminaron, y Harry ha vivido cientos de aventuras dentro de ese castillo, ahora se irá, pero no quiere hacerlo sin antes sacarse una espinita del alma. No se imagina que eso cambiaría su vida.
Género: Romance
NC17
Capítulos: 1
Palabras: 6820
Respuesta al reto: Vacaciones 2015




Ríe y enamórame





Mirándome al espejo, con la túnica de gala que pedí vía lechuza, listo para irme al baile de su graduación en el colegio de Magia y Hechicería Hogwarts, un suspiro irónico y cansado escapa de mi garganta. Esta noche me voy del colegio y probablemente no volveré nunca. No… con toda seguridad sé que no volveré nunca.


En este castillo he vivido toda clase de experiencias, ningún recuerdo que ocupe una marca especial en mi memoria está alejado de aquí.


Pero ahora me iré sin haber cumplido un pequeño capricho.


Sí, lo reconozco, es un capricho. Sin embargo, lo siento como algo más, como una impetuosa necesidad, como si tuviera la obligación cumplírmelo. Y el simple hecho de saber que no pude hacerlo, me tiene con un hueco en el estómago.


Todo empezó tres meses antes cuando paseaba por los jardines junto a Ron. De pronto algo llamó poderosamente mi atención. Un par alumnos de quinto año, uno de Ravenclaw llamado Dylan y otro de Slytherin cuyo nombre era Tyler estaban recostados en la hierba besándose suave y tan prolongadamente que parecían haberse olvidado del mundo que los rodeaba.


Aquello fue impactante. Nunca había visto un par de hombres besarse, mucho menos de esa manera, tan pública y sin reparos. No es que lo considerara alarmante o algo parecido, es sólo que hasta ese día nunca había tenido la oportunidad de pensar en esa forma de amar. Nadie a su alrededor volteaba a mirarlos, simplemente seguían con sus asuntos respetando su poca privacidad. 


Pero yo no podía apartar mis ojos de ellos. La forma en que sus labios se acariciaban, sus lenguas jugaban una con la otra, y como sus cuerpos irradiaban algo mágico imposible de describir.


“¿Qué haces, Harry, porqué te detienes?” Me preguntó Ron quien tuvo que regresar por mí, hasta ese momento me dí cuenta que me había quedado como petrificado. Y aunque de inmediato desvié la mirada, sentí mis mejillas arder, seguramente debían estar tan rojas como semáforos. “Mamá dice que es grosero quedarse mirándolos” Me dijo Ron al descubrir lo que veía, aunque intenté negarlo ya era demasiado tarde, hubiera sido más fácil ocultar mi torpeza en pociones que mi curiosidad. 


“Es muy significativo cuando entre magos un hombre escoje a otro hombre” Continuó Ron. “Percy dice que él intentó pero que no funcionó”


Las últimas palabras de Ron incrementaron mi confusión, le miré con los ojos desorbitados por la sorpresa provocando que mi mejor amigo se riera.


“No me vayas a salir con que eres como esos muggles que los censuran. Percy dice que en el Ministerio se enteran de los rechazos de los muggles lo que me parece francamente estúpido. Pero bueno, quizá su caso es que no es algo tan mágico y especial como entre los hechiceros”


Pensé en preguntarle sobre el significado de sus palabras pero Ron divisó a Hermione sentada junto al lago leyendo uno de sus libros y se apuró a ir hacia ella olvidándose por completo de mí, lo que me pareció genial de inmediato. Eso me dio oportunidad para seguir mirando.


No es que me considere un fisgón, pero es que justo en ese momento la pareja dejó de besarse y simplemente se miraban. Para entonces ya no tenía ninguna duda, se hablaban sin palabras, y se amaban. No era un coqueteo insignificante, ni un manoseo hormonal. Existía algo más profundo e intenso, y no entendía cómo es que los demás podían continuar con su vida sin darse cuenta de lo hermosos que eran los dos.


Fue en ese momento que me sorprendí al descubrirme llamarlos “hermosos”. Los conocía a ambos desde hacía tiempo, aunque jamás intercambié con ellos más que un par de frases, pero ahora que estaban juntos es como si fueran personas diferentes… es como si fueran más que un par de chicos. Eran grandes, eran poderosos… fascinantes.


Se rieron bajito, ajenos por completo a mi presencia como si se hubieran dicho algo gracioso que sólo ellos dos entendieran y luego simplemente se abrazaron cerrando sus ojos.


Me sorprendió al oírme jadeando y claramente sentí que mi mente giraba y giraba, la sangre quemaba mi piel y un abrupto deseo de tener el lugar de uno de ellos se apoderó de mi corazón como una necesidad que amenazaba con volverme loco si no lo conseguía.




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A partir de entonces me dediqué a encontrar una forma de saciar tan apremiante curiosidad. Necesitaba encontrar a alguien con quien pudiera vivir uno de esos besos. Busqué silenciosamente a mi alrededor, estudié los pros y los contra de todos y cada uno de mis compañeros. 


El primero en el que pensé obviamente fue en Ron, un pensamiento que deseché tan pronto se presentó. Aunque siempre ha sido mi amigo dudo que aceptara experimentar un poco, probablemente volvería incómoda nuestra amistad y ponerla en riesgo es algo que nada ni nadie vale la pena. Su amistad es lo más valioso y ni siquiera por la posibilidad de cumplir su fantasía osaría peligrarla.


En una ocasión creí encontrar el candidato adecuado cuando Colin se me acercó para mostrarme el nuevo modelo de cámara que compró y que estrenaría en las fotos de la graduación.


“Tengo mi habitación tapizada con fotografías tuyas ¿sabes?” Me confesó acomodándose su rubio cabello tras la oreja, y en ese momento de urgencia me pareció lo suficientemente apuesto como para no estremecerme de horror por la confidencia. “Pero aún así te extrañaré mucho cuando te gradúes”


Bien, eso iba mejor, por lo menos así lo pensé en un principio. Y cuando estuve a punto de proponerle ir a dar una vuelta por el Bosque, Colin añadió: “Prométeme que seguiremos viéndonos al término del colegio. Sería buena idea reunirnos de vez en cuando ¿no te parece?”


Ese fue uno de esos momentos en que puedes escuchar el encanto rompiéndose como frágil cristal. Sonreí lo más amable que pude intentando ocultar la frustración. El mismo Colin me había recordado el motivo principal para no considerarlo antes como un prospecto. Yo no quería eso. Aún no tenía la plena seguridad de si estaba hecho para una relación con un hombre, y si el beso no funcionaba lo último que quería era volver a verle la cara. Dejé a Colin y me marché esperando que mi suerte cambiara.




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Pero nunca encontré al prospecto ideal. Ahora estoy aquí, el día de la graduación, mi último día en el colegio, y seguía sin consumir mi anhelo. Ningún chico cumplió mi principal requisito, siempre de alguna u otra forma todos tenían la posibilidad de encontrarse nuevamente en mi camino.


Ron entra a la habitación para comunicarme que él se adelantaría por Hermione. Ellos van juntos al baile y eso lo tiene de especial alegría. Sonrío afirmando que los alcanzaré enseguida, me siento feliz por ellos, pero en cuanto vuelvo a quedarme a solas me siento pesadamente sobre la cama.


“Bien, no debo desanimarme… tal vez alguien se embriague lo suficiente para que mañana no recuerde nada” Me río de mi propia desvergüenza, en realidad no creo poder hacer más, he perdido. Sin embargo ya no tiene caso lamentarme, respiro hondo volviendo a ponerme en pie. Contra todo pronóstico yo sigo vivo esta noche y la pienso usar para disfrutar mi graduación y así lo haré.


Satisfecho de mi propia actitud, salgo de la Sala Común hacia el Gran Salón donde se realiza el baile de despedida para los de séptimo. No me importa encontrarme a todo el mundo yendo en pareja, aunque cuando veo a Dylan y Tyler aprovechando la poca vigilancia de esa última noche para besarse montados en el alfeizar de una ventana, casi me siento a punto de desistir del baile y quedarme escondido mirándolos.


Ah, que hermosos me siguen pareciendo. 


— ¡POTTER! —brama alguien a mi espalda haciéndome saltar en mi lugar, giro a mirar descubriendo a mi antipático Profesor de Pociones, y luego vuelvo a ver a la ventana, pero la parejita ya había huido, seguramente espantada por la presencia del gruñón.


¡Ah, pero que inoportuno! No creo haber detestado tanto antes la presencia de Snape.


— ¿Creyó que podría salirse con la suya? —me recrimina mientras se desliza hacia mí con ese andar tan característico que tiene.

— No sé de qué habla.


Snape me mira con el ceño fruncido, obviamente no me creía y estoy a punto de dejarle con la palabra en la boca, indeciso entre ir a la fiesta o irme en busca de Dylan y Tyler. Sin embargo, Snape me sujeta entonces por mi muñeca derecha jalándole hacia las mazmorras. No me resisto, no tiene caso, cada vez que a ese hombre se le ocurre acusarme de algo no hay poder humano que le haga cambiar de opinión.


Llegamos hasta las mazmorras y al entrar al aula de clases no sé si reír o asustarme. El lugar era un desastre y tenía pintas color rojo Gryffindor en las paredes con caricaturas con ciertas semejanzas físicas con respecto al Profesor de Pociones. Hay calderos rotos e ingredientes desperdigados en el suelo, así como una escoba vistiendo una túnica y peluca oscura.


— Yo no fui. —fue lo primero que se me ocurre decirle.

— Ustedes los Gryffindor ni siquiera tienen la inteligencia para ocultar sus fechorías.

— ¿Y porqué no pensar que fue algún Slytherin intentando incriminarnos?

— ¿Acaso cree que no los conozco? Este desastre lleva la firma Gryffindor, y como usted ha sido el primero que he encontrado es a quien le tocará limpiar.

— ¡¿Pero porqué?! —protesto inconforme—. ¡Además de que no he tenido nada qué ver, esta noche es el baile!

— Oh es cierto, perdone usted, princeso. —sisea burlón como sólo el cabrón sabe hacerlo—. Puede ir a su frenético baile de graduación y viene cuando esté disponible, yo le esperaré hasta que su alteza lo considere pertinente.


Le miro indignado, pero Snape está demasiado ocupado observando contrariado el desorden que imperaba en su escritorio para darse cuenta.


— No sabe qué feliz soy al saber que nunca más volveré a verle, Potter, ni a usted ni a ningún otro Gryffindor de su patética generación. —gruñe Snape.


Estuve a estuvo a punto de gritarle que yo también era feliz de no volver a verlo nunca, pero entonces caigo en la cuenta de lo que esas palabras significan. Me siento en la primera butaca íntegra que encuentro sin dejar de mirar a quien hasta hoy fue mi Profesor.




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Snape aún me mira fijamente. Casi me parece que pronto romperá el récord del mayor tiempo sin parpadear y estoy a punto de preocuparme, sin embargo permanezco en espera, seguro que continúa vivo.


— ¿Se da cuenta de lo que ha dicho? —me cuestiona finalmente mostrándose inmensamente confundido, aunque no tan indignado como me esperaba.

— ¡No puede descontarme puntos! ¡Las clases terminaron ya!

— Si pudiera le descontaría dientes, pero aunque las clases hayan terminado seguramente eso no atenuaría el disgusto del Consejo estudiantil.

— No creo estar pidiéndole demasiado, nadie tiene que enterarse. —prosigo entusiasmado, y ahora reconozco que quizá un poquito más de lo prudente, pero a estas alturas ya no me importa, lo único que puedo pensar es en esos labios que ahora intentan mostrarse huraños pero que ya quería que fueran míos—. Usted es el prospecto que buscaba, mañana me iré de este colegio para siempre y no volveremos a vernos, haremos de cuenta que nada pasó y yo habré satisfecho mi curiosidad.


Pero Snape no responde, continúa impávido, aunque sus labios se mantienen fruncidos de disgusto. Aún así, me resisto a perder mi última esperanza.


— Solo es un beso, Snape. —repito anhelante—. ¿Cuándo fue la última vez que alguien le pidió uno? No creo que debería hacerse del rogar.

— Majadero ¿y así piensa que obtendrá de mí lo que quiere?

— De acuerdo, tiene razón. —me disculpo, debo reconocer que la ansiedad por obtener una respuesta positiva opaca mis buenos modales—. En realidad soy yo quien no ha conseguido a quien besar, usted es mi última opción.

— Que galante. —gruñe en voz baja.


Me sorprendo sonriéndole y eso provoca que mis mejillas se acaloren, no quiero parecer tímido e inseguro así que me esfuerzo por aparentar confianza en mí mismo por lo que me obligo a respirar hondo hasta sentir que mi cara recupera su color habitual. Han transcurrido más de cinco minutos desde que le pedí un beso a Severus Snape y aún continúo vivo… aún no me ha pedido siquiera que salga ni me ha arrojado ningún caldero encima.


— ¿Acepta? —insisto más amable—. En realidad… confieso que no me siento nada desilusionado con mi elección final.


Snape alza la mirada buscando la mía y creo que por fin nota en mí la suficiente sinceridad para saber que hablo en serio. Eso le arranca una maliciosa sonrisa.


Me estremezco… pero no de horror como hubiera ocurrido en cualquier otra circunstancia. Definitivamente, ese pálpito que recorre mi piel no es como nada que hubiera sentido antes.


— No pienso poner el caldero en la lumbre si no prepararé ninguna poción, Potter.

— ¿Y eso qué significa?

— Usted tiene necesidad de un beso… —dijo hablando tan gravemente que siento algo atorado en mi garganta, y al ver que el Profesor camina acercándoseme más, tengo que sostenerme con fuerza de la mesa de trabajo que alcanzo a mis espaldas—… pero los hombres tenemos otras necesidades.

— ¿C-cómo cuales? —cuestiono, y mi voz, al contrario de la de Snape, emerge más aguda de lo que me hubiera gustado.

— Sexo. —responde Snape inclinándose peligrosamente hacia mí.


Estoy temblando. Oh sí, pero no me desagrada este nuevo estremecimiento. No puedo mirar otra cosa que no sean sus labios, creo que va a besarme… contengo la respiración, mi corazón casi se sale de mi pecho. Hazlo, le digo en mi pensamiento, acaba con este detestable espacio entre tu boca y la mía.


Pero al final Snape desvía su rostro y lo que besa es mi hombro. 


Creo que muero por unos segundos. Puedo oler su cabello, aún con restos de vapores de pociones… algo así como romero… salvia y romero… y me parece delicioso. Mi vientre palpita, excitado por la caricia y frustrado por no haber obtenido mi beso.


— Sí… —digo susurrando, no tenía voz para nada más—… sí… creo que puedo hacerlo.


Snape se aparta, ahora es su turno de mostrarse sorprendido por mi rápida aceptación, mira a mis ojos que ahora deben parecer casi negros pues no tengo duda que mis pupilas están enormemente dilatadas. Su parca sonrisa me lo confirmó.


Ahora se aleja hacia su escritorio, luce satisfecho y suspiro resignado, quizá no debí gemir a modo de protesta cuando se apartó, pero ya es demasiado tarde para reprender a mi cuerpo por sus instintos. 


— Le espero después del baile, en mis habitaciones, por supuesto. 

— ¡Ahí estaré! —aclamo triunfante mientras me dirijo corriendo hacia la puerta, casi saltando de entusiasmo.

— ¡Potter, no ha limpiado aún!


Por toda respuesta saco mi varita y con un par de movimientos consigo que todo regrese a la normalidad, y me marcho feliz. En verdad, feliz.




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Durante el baile, apenas logro contener la ansiedad. Estoy realmente emocionado por estar a punto de cumplir mi cometido, eso me tiene extasiado al límite. Bailo y río con mis amigos como nunca, necesito sacar de mi cuerpo un poco de toda esa adrenalina. Me es imposible quedarme quieto, es como si hubiera consumido algún potente estimulante.


Ya puedo mirar a mis compañeros como antes y me río de mí mismo por haber imaginado que podía involucrarme con alguno de ellos. Una locura.


Un poco antes de que el baile termine y cuando ya quedan pocas parejas en la pista moviéndose al compás de una lenta balada, aprovecho para escabullirme. Los corredores están prácticamente vacíos a esta hora por lo que puedo llegar a las mazmorras sin ningún contratiempo. 


Al estar frente a la puerta de las habitaciones de Snape, por un breve instante tengo el temor de que el hombre se hubiera estado burlando de mí y nadie me responda a mi llamado. Sería terrible tener que regresarme a mis habitaciones y pasar esa última noche a solas. En ese momento no me agobia demasiado perderme un beso o algo más, lo que me angustia es la posibilidad de que Snape no quiera estar conmigo.


Pero me muerdo el labio conteniendo una sonrisa cuando la puerta se abre en cuanto giro la perilla.


Nunca había estado en ese lugar pero no me desagrada en lo absoluto. Es una habitación amplia, de paredes de piedra y piso pulido y alfombrado. De inmediato me fijo en la cama. Sábanas verde oscuro, casi negras, dosel con cortinas del mismo color. A la izquierda está la chimenea con un par de sillones de terciopelo rojo. No hay más luz que la procedente del fuego.


Lo único que falta es Snape, pero no tengo tiempo de preguntarme por él porque, de inmediato aparece por una puerta contigua llevando un par de vasos con una bebida ambarina. No puedo evitar sonreír nervioso, sobre todo porque Snape me mira de una forma en que nadie me ha mirado nunca. Se nota el deseo en sus ojos negros y mi cuerpo responde estremeciéndose de pies a cabeza.


— ¿Alcohol? —pregunto sujetando el vaso que me ofrece, ni siquiera tengo que acercar mi nariz para percibir el fuerte olor.

— Es una buena noche para las primeras veces, tómala.


Acepto hacerlo. El sabor del whiskey de fuego quema mi garganta y tengo que toser. Ojalá no hubiera tosido, esta noche dejo de ser un niño y ansío comportarme como hombre, pero aunque me esté resultando complicado, no permitiré que eso me amilane. Vuelvo a llevar el vaso a mi boca, el segundo trago me provoca una grata sensación en el cuerpo.


— No está mal. —opino intentando apurar el resto del contenido, pero Snape me sujeta de la muñeca impidiéndomelo.

— Con eso es suficiente, o te embriagarás.

— Eso sería otra primera vez interesante.

— No es el momento. —dijo mientras lleva los vasos a una mesa.


Aprovecho el momento para mirarlo. Snape continua con su túnica de Profesor, pero no es la misma de hacía un rato que estábamos en el aula. Me complace darme cuenta que ha tenido el detalle de bañarse e incluso usar algún hechizo para oler bien… ¿o huele siempre así? ¿a esa mezcla suave de salvia y romero?


De pronto me preocupo, yo estuve bailando, sudando, divirtiéndome… miro a través del reflejo del cristal de un estante y me horrorizo de mi apariencia. Mi túnica de gala está totalmente desacomodada, el lazo chueco y los zapatos sucios… casi parece que acabo de terminar un agitado juego de Quidditch.


— ¿Sucede algo? —pregunta Snape girándose a mirarme.

— ¿Puedo usar su baño?... sé que debí ir antes, lo siento. —digo señalándome a mí mismo y mi maltrecho atuendo.

— Sinceramente… me gusta así.

— No lo creo.

— Créalo, Señor Potter, no es el único con fantasías.


Sus palabras me sacan una risa ligera pero callo de inmediato en cuanto veo que Snape empieza a desabotonarse la túnica.


— Hablando de fantasías… —digo tragando duro—… ¿me permite hacerlo?


Una ladeada sonrisa es el permiso que necesito, me acerco a Snape alucinado con la larga hilera de botones aterciopelados. Decido tomarme el tiempo necesario para recorrerlos uno por uno, puedo ver mis dedos temblar, es increíble como una tarea tan simple puede implicar tantas sensaciones. Poco a poco voy descubriendo la blanca camisa bajo la túnica al deslizarla fuera del cuerpo de Snape. Puedo observar su pecho moviéndose al compás de su respiración extasiada.


A Snape le gusta, no cabe la menor duda, mi Profesor está excitado dejándose desvestir por su más problemático alumno, aunque ahora creo que es precisamente mi carácter lo que le seduce. Ese simple pensamiento aumenta también mi excitación y sin ningún recelo coloco mis manos sobre el tórax de mi estricto ex profesor.


— Me gusta. —aseguro sorprendiéndome más, me cautiva sentir los músculos de Snape, la superficie plana de hombre, su firmeza, su forma—. Sí… así me gusta.

— ¿Estás listo?


Asiento, el corazón palpitándome con fuerza. Snape me toma de la mano llevándome hasta la cama donde me invita en silencio a recostarme. Y ahora obedezco sin chistar, como si fuera nato en mí el complacerle. Gimo de placer cuando siento mi cuerpo aprisionado con el suyo. A pesar de que es más grande y pesado que yo, no me siento sofocado, al contrario, me descubro envuelto en un calor maravilloso.


Por unos segundos nos miramos a los ojos en silencio hasta que finalmente Snape va acortando la distancia hacia mis labios. Tiemblo de expectación, por fin va a suceder… por fin. ¡Y lo deseo tanto! No al beso… a Snape.


Esa revelación provoca un cambio en mí y justo cuando estamos a punto de unirnos, estallo en carcajadas.


— ¿De qué te ríes? —pregunta Snape frunciendo el ceño—. Si a estas alturas vas a decirme que…

— ¡No, no! —niego esforzándose por dejar de reír pero es inútil—. Perdóneme, pero es que… —agrego respirando profundo, pero la risa continua—… son los nervios.


Y es cierto, estoy nervioso como nunca en mi vida, pero también emocionado, dichoso… feliz.


— Potter, relájate.


Consiento con la cabeza y retomo un par de respiraciones profundas hasta que por fin consigo limpiarme las lágrimas de risa y ponerme lo más serio que puedo.


— Ya… por favor, continúa.


Snape espera un par de segundos antes de hacerlo, pero otra vez, cuando estaba a punto de besarme, mi súbita y espontánea risa lo interrumpe.


— ¿Vas a tomarte esto en serio o no? —refuta volviendo a sentarse sobre la cama.

— Es que no podrá negar que esto es tan increíble que resulta gracioso. —digo sin poder dejar de reír aunque procuro sostener la mano de Snape para que no continúe apartándose—. O sea… —me limpio más lágrimas de risa… ¿alguna vez imaginó que usted y yo terminaríamos en la cama?

— En primer lugar quisiera que dejaras de hablarme de usted.


Y eso provoca más risas.


— ¡Potter!

— ¡Lo siento, lo siento! ¡Juro que lo siento! —exclamo pero sin poder controlar la abrumadora risa—. Es que esta situación… ¡Pero me gusta, lo juro!

— Preferiría que dejaras de jurar y te concentraras, nunca creí que te revolcarías de risa en mi cama.


Y río tanto que temo que nunca podré volver a tener una expresión normal en mi cara.


— De acuerdo, acepto que estás consiguiendo que esta noche sea imposible de olvidar. —dijo Snape arqueando los ojos. A estas alturas estoy a punto de alarmarme, pero noto que los ojos de Snape están esforzándose por ocultar un brillo de contagio, admiro su fuerza de voluntad para no reír porque sé que tras de su máscara de seriedad también sonríe.

— ¡Ay Snape, eres me encanta que seas como eres! —aseguro sinceramente, y mis propias palabras me hacen reír más.

— Y quizá debamos dejar esto para otra ocasión.


Snape está por abandonar la cama y eso consigue alertarme, le sujeto con fuerza mientras continúo esforzándome por tomar aire en repetidas ocasiones hasta que consigo relajarme un poco.


— No, por favor. —logro pedir sin reír—. Discúlpame por mi comportamiento tan impropio, preparaste esta noche para que fuera romántica y yo lo estoy echando a perder.

— ¿Romántica? Solo quiero sexo del bueno, y aunque eres totalmente inexperto, precisamente tu virginidad me excita más.

— Entonces bésame y tómame.

— ¿Estás seguro que ya no reirás más?

— Lo intentaré.


Ambos volvemos a recostarnos, aunque en esta ocasión Severus decide hundir su rostro en mi cuello terminando de deshacer mi lazo con su boca. Eso arranca un jadeo de mis labios, los movimientos de Snape me gustan… pero en cuanto los labios de Snape rozan nuevamente mi piel, la risa fue inevitable.


— ¿Otra vez?

— Es que tu boca me hace cosquillas. —pretexto divertido.

— ¿Y entonces qué propones? Porque yo no conozco otra forma de besar más que con la boca.

— Sólo quédate un ratito abrazándome, necesito relajarme… por favor, sé paciente conmigo sólo un par de minutos.


Severus me sorprende al complacerme, creo que en realidad me desea hasta ese punto. Se acomoda enlazándose a mi cuerpo de brazos y piernas. En esta ocasión ya no me río, tan sólo suspiro sonriente correspondiendo al abrazo.


— Ah… esto me gusta. —suspiro otra vez, logrando por fin serenar mi nerviosismo para disfrutar del momento de comodidad que proporciona su compañía y del sedante olor herbal de su piel.


Snape no responde, tan sólo cierra los ojos dispuesto a esperar. Aquello tampoco estaba mal, su rostro se mostraba pleno cuando mis dedos se enlazaron en su cabello, puedo sentirlo jadear en éxtasis cuando su pierna rodea mi cuerpo, y la mía queda entre las suyas. 


“Qué bien se siente” Pienso mientras percibo el calor del cuerpo de hombre cobijándome. El aroma de Snape me extasía. No, no es un hechizo, ese es su olor de siempre pero jamás me había tomado el tiempo de reconocerlo, ahora aspiro intentando llenar mis pulmonares de su fragancia, es el olor de su alma, así lo siento.


No tenía dudas, eso era lo que quería… no como una fantasía, no era un capricho, no era curiosidad. Era mi destino.


— ¿Harry? —me llama, pero yo no tengo ganas de hablar, sólo quiero abrazarlo, sentirlo mío por siempre—. ¿Harry?

— ¿Mmm? —susurro ante su insistencia.

— Aún estás a tiempo de negarte, presiento que si damos este paso entonces…


No lo dejo continuar, pongo los dedos de mis manos en sus labios. Él calla de inmediato. Sonrío por eso y vuelvo a esconder mi rostro en su pecho.


Siento los párpados pesados, ahora estoy excesivamente relajado, mi cuerpo se siente extraño, embriagado… débil y fuerte a la vez. 




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Cuando vuelvo a abrir los ojos me sorprendo al encontrarme solo en la cama. Aunque esta es la primera vez que comparto lecho de esta manera, siento antinatural no tener otro cuerpo en mis brazos.


— ¿Snape? —le llamo levantándome de la cama, si no fuera porque continúo en su habitación y no en la mía pensaría que todo ha sido un sueño.


Lo busco en el baño, en una habitación contigua que resulta ser un despacho personal, pero no hay nada. Decido esperar un poco y regreso a sentarme sobre la cama, pero al cabo de unos minutos comprendo que todo es inútil.


“Lo arruiné” Pienso con la mayor tristeza que he tenido en mi vida.


No recuerdo que me hubiera sido tan difícil marcharme de un lugar como me resulta ahora salir de esta habitación. Es como si parte de mí se quedara aquí, recriminándome por no quedarme a esperarlo. ¿Pero qué más puedo hacer?


Me marcho con las manos en los bolsillos y sin poder levantar la mirada del piso. No me siento como si simplemente hubiera arruinado la posibilidad de una gran noche… me siento como si hubiese arruinado mi vida.




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Un mes después, acudo a La Madriguera, es la fiesta para mi cumpleaños que Molly ha organizado para mí. Están todos mis amigos y la gente que considero como mi familia, pero aún así, sé que falta alguien. Alguien que no se ha apartado de mis pensamientos desde que me envolvió en sus brazos.


Sé que no volveré a verlo y eso es desolador. Ya no me interesa buscar a nadie, no quiero probar ningunos otros labios, moriré sin saber lo que es un beso como el que deseo porque no creo que haya otra persona en el mundo que me provoque lo mismo que Snape. 


— ¿Te gustó el pastel? —me pregunta Hermione interrumpiendo mis cavilaciones al sentarse a mi derecha en el sofá mientras el resto de la familia se divierte entre ellos.

— Está delicioso. —le aseguro probando un poco más a pesar de mi poco ánimo.

— Hermione ayudó a mamá a prepararlo. —interviene Ron sentándose a mi izquierda.

— Eso ha sido muy gentil. —respondo apurándome a engullir más, sabe a papel, no porque Hermione o Molly sean malas cocineras, pero últimamente vivo buscando el olor de la salvia hasta en mi comida.


Hermione sonríe al igual que Ron, pero es obvio que no es suficiente para engañarlos y hacerles creer que me divierto, así que se esmeraron todavía más por involucrarme en la conversación. Se los agradezco de todo corazón y me esfuerzo de verdad interactuando con ellos, respondo a sus preguntas y a veces hasta formulando alguna que otra. 


Pero llega el punto en que necesito un respiro y me levanto pretextando ir en busca de más pastel. Hermione intenta ofrecerse ir por él pero ni siquiera le doy oportunidad de hacerlo, finjo no escucharla y casi corro hacia la cocina.


Estoy apenas a media sala cuando noto que la puerta de la casa se abre e instintivamente volteo a mirar.


El mundo se llena de luz… mi mundo.


Ni siquiera me detengo a pensar en lo extraño de la situación. Mis manos dejan caer el plato que llevaba y termina estrellado en el piso. Ni siquiera ese ruido me perturba, apenas sí lo escucho, así pude haber roto toda la vajilla, no me importa. Simplemente corro hacia el recién llegado riéndome de felicidad.


Me cuelgo del cuello de Severus Snape como si fuera lo más normal del mundo, no puedo parar nuevamente de reír, estoy feliz por volver a verlo, de sentir sus brazos rodeándome cálidamente por mi talle. No había sido mi imaginación, estar cobijado por su calor y su aroma a salvia y romero era realmente celestial.


— Harry…


Mi nombre pronunciado por esa voz… que placer y que dicha me embarga. Y ahora que vuelvo a tenerlo al alcance de mi mano no quiero volver a dejarlo ir ¡nunca!


— Harry… no estamos solos. —me susurra Snape al oído.


Necesito un par de segundos para comprenderlo y entonces caigo de golpe en la realidad, me aparto de Snape sintiendo que la sangre se me iba a los pies. Miro a mi alrededor, todos nos observan con la boca abierta y en completo silencio. Casi deseo que la tierra se abra y me trague para siempre.


Es el momento de decir algo, todo el mundo continúa en pausa esperando que yo explique lo que pasa, pero también he enmudecido, mis mejillas empiezan a arder al comprender mi imprudencia. Las rodillas me tiemblan y pude haberme desmayado si no fuera porque de pronto siento la mano de Snape sujetando la mía para llevarme hacia los jardines donde podemos estar fuera de esas miradas.


Ya a solas, puedo recuperar el habla y reaccionar.


— ¡Lo siento, de verdad lo siento! —exclamo abrumado—. ¡Puedo explicarles, decirles que… ay, no sé qué puede explicar lo que hice! 


Severus se detuvo y se volvió a mirarme, para mi sorpresa, me sonreía.


— Me gustó que lo hayas hecho. —me dijo con esa voz grave y baja que me estremece inevitablemente—. Cuando atravesé esa puerta yo mismo me di cuenta que no sabía qué demonios estaba haciendo… ¿en qué momento pensé que sería buena idea buscarte? Seguramente tú no querrías verme. Pero no fue así, corriste a mí y evitaste que yo corriera de regreso a mis mazmorras.

— No, no vuelvas más ahí… no sin mí. —ruego abrazándolo por la cintura, mi rostro queda pegado al pecho de Snape y puedo escuchar su corazón vibrando—. No te vayas otra vez, que desolador ha sido despertar y no verte.

— No más que regresar y no encontrarte. —responde apretándome más contra su cuerpo.


Por unos minutos permanecemos abrazados, no hay necesidad de más explicaciones, ahora sabemos que no quisimos separarnos, por más extraño que resulte la idea, hacía tan poco tiempo que nos odiábamos a muerte, e incluso ni siquiera pudimos llegar a besarnos, pero ahora nos parece tan natural sentirnos amándonos el uno al otro como a la vida misma.


— Tuve miedo de haberte desilusionado. —confieso avergonzado—. Mi actitud esa noche fue estúpida, no sé cómo lo toleraste.

— Para mí fue encantadora. —me dice sujetándome de la barbilla para que le mire a los ojos—. Tu risa estaba llena de vida, era dulce y contagiaba mi corazón de ganas de oírla siempre, me enamoré de ella y de ti, de tu forma tan genuina de ser. Pero era difícil de reconocer, me he acostumbrado al amargo silencio, a la rutina gris e insípida y de repente llegaste tú, y me enseñó el resplandeciente ruido de tu presencia. Ya no soporté el silencio, ya no me acostumbro a las penumbras… necesito tu risa y tu luz conmigo.

— Y yo tu calidez y tu paz. 


Noto que su semblante se torna serio y mi cielo se nubla. No quiero pensar que hay algo que podría enturbiar mi dicha. Recuerdo de pronto la escena dentro de la casa y siento un peso invadiendo mi estómago.


— Debes estar molesto por la forma en que todos nos miraron. —le digo bajando la mirada, pero él vuelve a tomarme del rostro buscando mis ojos que ya le adoran—. Tampoco a mí me gusta llamar la atención, mucho menos de esa manera… siento mucho mi indiscreción. Acepto lo que puedan pensar de mí, pero debí tomar en cuenta si a ti te incomodaría que te vieran en una situación tan… inusual.

— Mis temores se confirman. —me responde en un lamento—. No sabes lo que un amor entre hechiceros varones significa.

— Explícame. —demando con urgencia, cualquier cosa que le preocupe me importa demasiado.



Severus sonríe con cierta melancolía pero me lleva hasta una banca donde podemos hablar mientras vemos el sol irse escondiendo tras las colinas.


— Cuenta la leyenda… —empieza a relatar mientras toma mi mano derecha y juguetea con mis dedos mirándolos como si éstos fueran hermosos, en realidad no lo son tanto, aún tengo algunas cicatrices de heridas pasadas—… que cuando Hogwarts estaba construyéndose, Salazar Slytherin encontró accidentalmente una antiquísima maldición sepultada cientos de metros bajo la superficie de los cimientos. Era tan poderosa que el mundo entero corría el riesgo de destruirse así que sugirió lo único que detendría un desastre: clausurar el colegio.

— Pero eso no sucedió ¿porqué?

— Godric Gryffindor no estaba de acuerdo con olvidarse de la instrucción mágica, algo se debía hacer. Estudió la maldición y comprendió que un solo hechicero no podría anular tan ancestral magia, insistió a Salazar por su ayuda, pero éste sólo accedió a cambio de una condición indiscutible.

— ¿Cuál?

— Que Godric se enlazara a él como amantes.


Bien, reconozco que mis mejillas debieron ponerse más luminosas que el ocaso frente a nosotros, afortunadamente Severus continuaba fascinado con mis dedos y no me miraba de frente.


— Gryffindor aceptó. A pesar del riesgo que corría su vida, prefería morir antes de renunciar a cualquier esperanza para el colegio. Al final de cuentas, consiguieron encapsular la maldición para que continúe dormida, esperemos para siempre.

— ¿Quieres decir que bajo el castillo continúa esa amenaza?

— Es lo que dice la leyenda. Y también dice que Godric Gryffindor jamás se arrepintió de haber aceptado la propuesta de Salazar Slytherin, terminó amándolo tanto que bendijo a los que imitaran su pasión. Se dice que su magia vela siempre a los hechiceros en busca de varones dignos de representar su sacramento con Salazar. Cuando él augura una promesa en corazones semejantes al suyo y al de su amante, perpetúa en ellos su amor eterno, y el honor de fortificar el poder que mantiene neutralizada la maldición, es por eso que los varones que se unen en un amor auténtico esparcen poderío imposible de pasar desapercibido y es altamente respetado por el resto de los hechiceros. 


Entonces comprendo lo que sentí cuando vi a Dylan y Tyler juntos, ellos irradiaban esa magia tan especial, su amor era genuino y nutrían a Hogwarts por medio del resplandor de Godric. Me pregunto si Severus y yo nos vemos tan enamorados como ellos. Recuerdo la manera en que nos miraron dentro de la casa y entonces entiendo que no se debió a mi reacción al correr hacia Severus. Estaban siendo testigos de algo profundamente honrado entre hechiceros.


— Ellos deben estar muy avergonzados ahora por su indiscreción. —me aseguró Snape casi sonriendo, como si adivinara justo lo que estoy pensando—. Los Weasley siempre han sido bastante respetuosos pero creo que jamás se imaginaron que yo podría ser tu elección.

— Hace un tiempo tampoco podría creerlo.

— Siempre pensé que la leyenda era una mentira. —me dijo, y su voz se escuchó relajada y sincera—. Me reía cada vez que encontraba literatura al respecto, juzgué a esas parejas que creían elegidas como soberbias y presuntuosas.

— Sí, me parece familiar la sensación. —intento bromear, afortunadamente ahora Severus entiende mejor mi intención, puedo sentirlo, sabe que le comprendo y no me estoy burlando.

— Esa noche, Harry, cuando me pediste paciencia para esperar a que tu nerviosismo se calmara, mi corazón respondió en mi interior. No tenía prisa por hacerte mío de inmediato porque ya lo eras para siempre. No pude dormir en toda la noche haciéndome mil preguntas ¿sentirías lo mismo? ¿Te irías después de tener lo que buscabas? ¿Esa intensidad de sentimientos era normal? Decidí salir a caminar y despejar mi mente, y cuando me convencí que no podría vivir sin tu risa en mi vida, volví y tú te habías ido.

— Pero ahora sabes lo que pasará cada vez que gires tu rostro en mi busca. ¿verdad?

— Ahí estarás, esperando por mí. —responde levantando su cara, materializando sus palabras—. ¿Y tú sabes lo que pasará cada mañana que abras tus ojos?

— Te encontraré, siempre buscándome.


Severus acarició brevemente mis labios antes de besarlos por primera vez. En ese momento algo explotó en nuestros corazones, como si un dique se hubiese roto dejando salir un torrente de luz y calor. Ya no necesitamos más palabras, lo supimos desde antes de siquiera rozar nuestros cuerpos, y ahora firmamos nuestra sentencia de amor sabiendo que jamás nos arrepentiríamos.








o———ooo———ooo———ooo———o













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Magistra Nocte
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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   Vie Jul 31, 2015 7:57 pm

Joder, ¡fue intenso!¡Me ha encantado! Me pareció adorable la parte de la risa de Harry, creo que es una representación muy honesta de los nervios felices previos a la primera vez. Me ha enganchado desde el primer momento.

¡Muy buen trabajo y gracias por compartir el relato con nosotras!
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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   Sáb Ago 01, 2015 9:28 am

Te lo dije antes en Slasheaven y te lo digo otra vez ¡Me encantó! Toda la mitología detrás del amor entre hechiceros varones, toda esa magia envuelta en algo tan perfecto, simplemente me enamoraron a mi también.

Y la risa de Harry, es absolutamente contagiosa ^^

Excelente trabajo Araleh, maravilloso en todo sentido. Tus musos y tú hicieron un trabajo estupendo del cual es fácil quedar bastante enganchado love love love love love
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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   Sáb Ago 01, 2015 10:36 am

Ooooooh Arita maravillosa historia como siempre me ha encantado de principio a fin, me siento tan feliz de leer otra de tus historias, hace mucho que no leo alguna, pero de verdad incleible, maravillosa, como solo tu nos puedes deleitar.

Me imagino la cara de los Weasley jjajaja de casualidad Ron no se desmayo?? jajajja.

Increíble Arita, muchas gracias por esta maravillosa historia
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   Sáb Ago 01, 2015 12:04 pm

Gracias Magistra, justo esa parte de la risa de Harry me tenía indecisa, no quería que pareciera desquiciante XD, así que me alegro mucho que te haya gustado.   sm1

Gracias, lady Chibineko, me alegro de corazón que te gustara la historia, a mí me encantó tu respuesta al reto , creo que tus musos son geniales y espero poder seguir leyendo más snarry de tu autoría   palms

Gracias, Ale, y no, Ron no se desmayó, creo que el pobre corre mucho riesgo en los fics jajaja, por eso mejor lo cuido de un traumatismo XD. También te he extrañado y espero te animes a seguir leyendo y nos alcances  brujita

Besos y mil gracias de nuevo

sev harry













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alisevv

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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   Sáb Ago 01, 2015 7:59 pm

Al fin leo, preciosa

Me encantó la historia, fue tierna, divertida y llena de amor. Me gustó mucho cuando Sev le dice que no podría vivir sin su risa. Mi única pregunta es... ¿cómo aguantaron un mes alejados? Eso si que es un gran misterio sarcastic

Sólo me queda por decir: otra, otra, otra. Mira que aun te queda todo agosto para escribir, si?

Besitos mil







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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   Dom Ago 02, 2015 8:50 am

Ya ves que al final quien ya no pudo soportar estar lejos fue Sev  tevi
aunque no dudo que tarde o temprano Harry habría hecho lo mismo.
Que bueno que te gustó   contento
Te queda el mismo tiempo que a mí, Ali, así que obliga a ese muso a aceitar sus engranes que el snarry lo necesita, por mi parte ya sabes que tengo un fic en proceso que te resistes a leer, quien sabe porqué si soy tan buenita con Harry y Sev  angel













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alisevv

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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   Dom Ago 02, 2015 10:05 am

Me resisto a leer hasta que lo termines, es que te conozco tannnnto. En los one shots no tengo que esperar lol!






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Yuki Fer
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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   Dom Ago 02, 2015 10:57 pm

oh bravisiimo bravo cheers palms palms sensei me enamore de la historia completamente...>.< por un momento pense que pasarian a la acción...>////< pero el giro que le dio a la historia fuee tan lindo y hermoso que no hay necesidadd de cosas mas subidas de tono... excelente sensei muy buena la historia ojala y hubiera una continuación.. pray sm sm1
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   Lun Ago 03, 2015 2:52 pm

jajajaja, mi conciencia sucia hace que me ría, Ali.  Twisted Evil 


Yuki, estoy muy contenta de que te gustara la historia, el muso andaba medio indeciso y yo aún más, y no estaba segura del resultado final, así que agradezco mucho tu comentario, y el todas. sm1 Me animan mucho  contento













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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   Sáb Nov 28, 2015 6:03 pm

Lo que provoca una noche de pasión (?) Ains.. fue hermoso. Tenía tiempo que no leía un fic que me enganchaba a la primera. Estoy ansiosa por leer otros así. Me encantó Very Happy
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MensajeTema: Re: Ríe y enamórame   

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