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 Death Eater takes a Holiday. Capítulo 12. Reuniones y entumecimiento

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 12. Reuniones y entumecimiento   Dom Abr 12, 2009 3:36 pm




Death eater takes a holiday
Capítulo 12

Reuniones y entumecimiento


Harry sentía el viento sobre su rostro mientras volaba alrededor de la zona de tiro del campo de quidditch. Dio varias vueltas al punto a gran velocidad antes de dirigirse de nuevo al resto del campo. De vez en cuando, bajaba en picada. No había switch que atrapar; no estaba prácticando, sólo volando. Volando veloz, tan veloz que hacía que sus mejillas enrojecieran y se pusieran ásperas por el viento, y sus piernas ardieran al sostenerse tan apretadamente. Hoy volaría ‘hasta entumecerse’. Ya llevaba ahí un buen rato. Sus nudillos estaban blancos de aferrar la escoba; sus aductores (*) ardían. No estaba entumecido todavía.

Así fue como Severus lo encontró. Estaba preocupado acerca de lo que Dumbledore habría querido conversar con Harry, y no lo había visto en el desayuno. Ron no parecía preocupado. Suponía que Harry le habría dejado una nota o algo, pero no quería preguntarle. No sabía si Ron conocía hasta donde había avanzado su relación, o si Harry le habría hablado sobre la entrevista con Dumbledore.

Harry había estado tan centrado en sus pensamientos, volando con el piloto automático, que no había notado cuando Sev se sentó en las gradas. El chico se apoyo en la baranda de las gradas, mientras le observaba dar vueltas a una velocidad suicida. El Gryffindor se tiró en picada, elevándose cuando estaba tan cerca del suelo que las ramitas de su escoba rozaron el césped. En su mano se encontraba la cabeza de un ‘diente de león’, que había arrancado para practicar la atrapada de la snitch. El sudor manaba profusamente de él como si se estuviera quemando. Pronto estaría entumecido.

—Ey—exclamó Sev, cuando Harry voló muy cerca.

Sobresaltado ante el repentino reconocimiento de que ya no estaba solo, el Gryffindor levantó bruscamente la cabeza para ver quién estaba allí. Se había prometido tratar de estar siempre consciente de lo que le rodeaba, para que no pudiera ser atrapado por sorpresa por nadie que pudiera hacerle daño. Pero ahí estaba, agotado y sorprendido. Su mano sudorosa se deslizó del mango de la escoba, haciéndole virar bruscamente. Recuperando rápidamente la compostura, voló hacia las gradas donde estaba el otro chico.

—Disculpa, pensé que me habías visto aquí sentado—dijo Sev, moviéndose a un lado para que pudiera aterrizar.

Harry no aterrizó; planeó frente a Sev, recuperando el aliento.

>>No te vi anoche y te extrañé en el desayuno—continuó el Slytherin.

—Tuve algunas cosas en que pensar—contestó, su rostro desprovisto de expresión.

—¿Algo sobre lo que quieras hablar?

—No, es algo que no te involucra—replicó Harry, rotundo.

Severus asintió, tratando de permanecer neutral.

—Estoy aquí si necesitas…— comenzó, pero Harry lo cortó.

—¿No te he dicho ya suficientes cosas personales sobre mí?—preguntó, molesto.

Sev se sintió herido. Antes que se diera siquiera cuenta, había bajado de las gradas. Harry dio otra vuelta antes de alcanzar la figura de Sev que ya se alejaba. Saltó de su escoba justo delante del sitio donde el Slytherin estaba caminando.

—Severus—lo llamó tiernamente—. Fui grosero. Vine aquí para pensar y gastar algo de energía negativa. No pensaba lo que dije, lo siento.

El otro asintió brevemente.

>>¿Me perdonas?—preguntó, casi provocándolo, mientras se acercaba un paso, quedando cara a cara con el mago más alto.

La expresión sombría de Sev se rompió en una débil sonrisa. Sabía que mientras él estaba allí por una semana libre de preocupaciones, Harry tenía que seguir lidiando con su vida. Permitió que el Gryffindor se acercara más, cerrando los ojos mientras unos suaves labios se juntaban con los suyos.

Harry sintió que Sev correspondía al beso, pero su cuerpo todavía estaba tenso.

>>¿Me perdonas?—repitió, pero más serio esta vez.

—Sí, pero…—Severus le dio un casto beso— hueles.

Harry jadeó fingiéndose ofendido.

—Pensaba que te gustaba sudoroso—comentó, luego de sentir el tufillo de sus axilas.

Sev bufó.

—Me gusta sudar contigo, no empezar ya así. ¡Ve a ducharse, por favor!

—Tengo que hacer una parada primero.

Mientras caminaban en silencio, Ron se acercó.

—Ey, Harry… um, Sev—todavía se sentía extraño llamándolo así—. Harry, estás hecho un asco. Creo que debes arreglarte para ver a mamá. ¿Me prestas tu escoba?—el aludido asintió y le entregó su escoba de carreras—. Saldremos justo después del almuerzo. Hasta luego—el chico de ojos verdes le dio una débil sonrisa y continuaron caminando hacia el castillo.

Siguieron andando en silencio. Harry prefirió no decir lo que estaba pensando pero parecía contento. Sev también notó que no le había hablado a Ron en absoluto. Y Ron tampoco parecía haberse dado cuenta, o quizás conocía tan bien a su amigo que no necesitaban palabras. Esto último parecía lo más probable.

Mientras entraban en la enfermería, Madame Pomfrey miró a un arrepentido Harry. Su túnica se pegaba a su cuerpo sudoroso, su rostro aún estaba rojo, y su cabello húmedo se estiraba hacia atrás.

—¿Va a salir con la señora Weasley hoy?

Lo dicho por la mujer parecía más una afirmación que una pregunta. Le entregó una dosis de poción pimienta, que el chico bebió de un trago.

—Gracias.

—Tú y Ron se divertirán, estoy segura—dijo ella con una sonrisa tranquilizadora.

—Sí, madame, estoy seguro que lo haremos—contestó con otra pequeña sonrisa.

Mientras ascendían las escaleras hacia la Torre Gryffindor, Harry explicó a Sev que la madre de Ron siempre lo había tratado como a un hijo, lo que había exagerado durante su sexto año. Ella sentía que Harry había tenido demasiado con lo que lidiar para ser tan joven y estaba preocupada por su habilidad para manejarlo. Poco estaba la mujer al cabo de saber que él había tenido que arreglárselas la mayor parte de su vida con mucho más de lo que ella sabía, y eso antes que Sirius muriera. Se resintió con ella por pedirle al Director que le consiguiera un orientador, pero después de un tiempo vio los beneficios de esto. Le ayudo a enfocar su energía en direcciones saludables, y siempre que supiera que iba a pasar un tiempo en circunstancias difíciles, expresarlo de antemano.

Sev había permanecido callado. Deseaba saber a dónde iba a ir Harry con Ron, pero iba a enfocarse en sus propios asuntos aunque esto lo matara. ¿Y qué demonios le había dicho Dumbledore?. Harry podía ver que Sev casi se mordía el labio por mantenerse callado.

—Hoy tengo que ir a hacer algo con la señora Weasley. Pregunté si podías venir con nosotros, pero el profesor Dumbledore pensó que podía no ser seguro que tú salieras, puesto que no recuerdas a la gente que podría ser peligrosa para ti.

“Oh”

—Comprendo.

Bueno, al menos Harry había tratado de que fuera con él. Eso lo hacía sentir mejor, aún cuando no supiera a dónde iban a ir.

Cuando llegaron a la torre, Harry hurgó en su repleto baúl buscando sus artículos de tocador antes de dirigirse a la ducha. Sev tomó un folleto de la cama de Ron y comenzó a hojearlo.

—¿Quieres venir conmigo?—le preguntó Harry seductoramente.

El joven levantó la vista del libro y alzó una ceja.

—Creo que no. Si vuelvo a verte desnudo en un lugar público, no creo que pueda controlarme. Te esperaré aquí.

Harry sonrió y lo dejó en la cama de Ron, leyendo ‘’Tú y el Ministerio’, un folleto sobre los trabajos del Ministerio, requisitos y cómo solicitarlos.

Harry entró bajo el agua tórrida, lavándose la mugre. Era como lavar todas sus preocupaciones. Su mente regresó con facilidad hacia su reunión con el Director.


Harry caminaba pensativo hacia la oficina del Director.

¿Y si Voldemort estaba planeando algo? ¿Sev tendría que beber la poción de su bolsillo, interrumpiendo sus cortas vacaciones?

“Ha”, pensó el joven. “Voldemort podría estar listo para atacar y yo estoy preocupado porque mi tiempo con él se vea interrumpido”

Su cabeza iba en miles direcciones. Apenas quedaban unos pocos días; ¿qué pasaría cuando Severus recordara? Le había contado muchas cosas sobre él, algo que no había planeado compartir, pero simplemente había sucedido de esa forma. Sabía que el hecho de que lo comprendiera mejor sólo podía ayudar, pero si las cosas no iban como esperaba, se habría colocado a si mismo como una oveja lista para el matadero. Cuando el hombre despertara el lunes se encontraría con que había tenido sexo con un alumno, Gryffindor para más señas… ¿Recordaría los momentos que habían disfrutado juntos o sólo se cegaría por el hecho de que él era Harry Potter? Dios, ¿y si Dumbledore ya sabía? El hombre parecía saberlo todo.

No en realidad. Acostumbraba a pensar que Dumbledore lo sabía todo, pero si eso hubiera sido cierto, el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras no hubiera alojado en la parte de atrás de su cabeza al Señor Oscuro. De hecho, Harry había estado bastante resentido hasta que se dio cuenta que Dumbledore era sabio, y bastante capaz para analizar a la gente, pero [i]no
lo sabía todo. Y también tenía la habilidad de permanecer sereno, dando la impresión de que nada lo sorprendía. Harry oraba porque esta fuera una de las veces en que el Director estuviera inseguro.

Apenas recordaba haber dado la contraseña y subido las escaleras hasta la oficina de Dumbledore, cuando ya estaba ante su puerta.

—Entra, Harry—escuchó mientras estiraba la mano para tocar.

“Dios, el hombre realmente sabe todo a veces”

—¿Quería verme, señor?—preguntó, cerrando la puerta.

—Sí, quería charlar acerca de algunas cosas, Harry. Toma asiento.

Albus le sonrió levemente e hizo un gesto hacia una silla. Éste no era el tímido Harry que llamaba a su oficina cuando tenía un problema; vio ante él un hombre joven, listo para graduarse muy pronto. Harry había tenido una gran transformación en esos siete años.

>>¿Te gustaría una taza de té?

Aceptó cortésmente. Con los años, había aprendido que el anciano continuaría ofreciéndole sus brebajes y caramelos por un rato. Era mejor tomar lo primero que ofrecía y así entrar antes al tema de conversación. Además, si tenía algo en las manos, era menos probable que jugueteara con los dedos.

>>¿Cómo está yendo tu semana hasta ahora, Harry?

—Bien, señor. Es extraño ver a una joven profesora MacGonagall cortando flores allá afuera; del resto, todo bien.

Albus rió entre dientes.

—Me complace ver que los estudiantes han dado la bienvenida a los profesores a sus actividades de esta semana.

El chico asintió, todavía pensando en lo que Severus diría cuando regresara a la normalidad.

>>¿Te está preocupando algo, Harry?

—No. Sólo pensaba, señor.

—¿’Sólo’ estás pensando en el profesor Snape?

Los ojos del muchacho se abrieron un tanto, aunque trató de actuar con indiferencia.

>>Harry, debo preguntarte algo y necesito que me contestes con la verdad.

—Sí, señor—casi se arrepintió de tener el té mientras la taza golpeaba contra el platillo.

—Parece que alguien escuchó por casualidad como Ronald Weasley le contaba a Michael Ancher algo que había ocurrido entre tú y el Profesor Snape. Hay más chismes rodando por esta escuela que los que traen las lechuzas. Habitualmente, no me involucraría en tales asuntos, pero cuando conciernen al bienestar de un estudiante, siento que es necesario que llegue al fondo de ello.

Harry asintió. Ron sabía sobre Sev y él, pero no le diría a nadie. Bueno, a Hermione quizás, pero a nadie como Michael; él era un buen chico pero no lo conocían tan profundamente. Ahora su cabeza estaba dando vueltas.

>>La persona que oyó por casualidad, no escuchó lo que Severus había hecho, sólo que lo había hecho mientras estabas dormido en un diván de la sala común. Cuando se preguntó si tú habías permitido que lo hiciera, Ron contestó que habías dicho que no. Que apreciabas la atención y el esfuerzo que había tomado pero que no podías permitirle hacerlo; pero que después que te hubo explicado lo que no entendías para que estuvieras más cómodo dejaste de argumentar, aún cuando sabías que no deberías permitirlo.

Harry colocó la taza que todavía sostenía en el escritorio frente a él.

—Señor, yo… um, ¿él dijo algo más?

Albus lució incómodo.

—Sólo que Ron había dicho que desearía que Hermione hiciera algo así por él.

Los ojos de Harry se abrieron como platos.

>>Creo que esa conversación ocurrió el martes en la noche.

—¿Martes? ¡Oh, el martes! El Martes de empollar es el día que hacemos nuestras tareas, señor—explicó rápidamente—. Ron estaba hablando sobre mi ensayo de Pociones—Dios, incluso la verdad sonaba poco convincente en ese momento—. Me había quedado dormido haciendo el ensayo y Severus lo terminó por mí. Le dije que no podía hacer trampas y él pasó un buen tiempo explicándome el material para que pudiera utilizarlo con la conciencia limpia—terminó, poniendo los ojos en blanco ante la posibilidad de entregar un ensayo igual a ése.

—Harry, quiero confiar en ti, pero debes comprender que no sería la primera vez que me engañas para no decirme cuando necesitas ayuda. ¿Te das cuenta de lo que insinúa la historia de Ron?

Harry bajó los ojos, no podía culpar a Dumbledore por tener que asegurarse.

—Sí, señor. Puede revisar si quiere. Mi ensayo está en mi bolso escolar, en los dormitorios.

Albus asintió y utilizó un encantamiento de convocación. En minutos, el ensayo estaba en sus manos.

>>Olvidé algo; en realidad, borré la parte que escribió Sev—agregó Harry, nervioso.

El anciano notó el diminutivo pero no hizo comentario. Revisó el ensayo. Cuando llegó al final, movió su varita sobre el pergamino, murmurando ‘Prior Incantatum’. El párrafo de Severus reapareció en el pergamino con la escritura de Harry. Volvió a lanzar el mismo hechizo y ahora se mostró el párrafo con la letra de Severus.

—Es tal y como dijiste—Harry asintió—. ¿Severus, o alguien más, ha hecho algo sin tu consentimiento?—preguntó el anciano en tono muy serio.

—No, señor, ni él ni nadie más—contestó con firmeza.

—Tenía que asegurarme. Lo comprendes, ¿verdad?

—Sí, señor.

—Fue después que te envié al lago a buscar a Severus que escuché esta historia. Estaba bastante preocupado. Parece que se la están llevando bien—comentó, de nuevo con su habitual brillo en los ojos.

Harry casi se ruborizó. Casi. Sonrió.

—Sí, estamos bien—contestó con cierto desaliento—. Señor, ¿puedo preguntarle algo?

—Por supuesto, Harry.

—¿Cuál es la idea? En todo esto de las vacaciones de los profesores, ¿cuál es la idea?

Dumbledore no pudo evitar divertirse ante el hecho de que Harry hubiera preguntado lo mismo que Severus.

>>Comprendo que se supone que se conozcan unos a los otros de nuevo, pero son tan diferentes. No veo que importe mucho que el profesor Flitwick juegue ajedrez, o la profesora McGonagall flirtee con Ron. Todos son mucho mayores ahora y no puedo imaginar que ninguno de ellos considere esta semana como una enorme experiencia para crear lazos afectivos. Él único que al menos está lo bastante cerca en edad para apreciar la sensación de estar despreocupado y recordar los beneficios de la relajación sería Severus, y creo que él va a perder el control cuando se de cuenta que pasó todas las vacaciones con Harry Potter—tomó una gran bocanada de aire luego de su diatriba. De repente, se dio cuenta que tal vez hubiera sobrepasado los límites—. No estoy en posición de cuestionar su racionalidad, no quise ser irrespetuoso.

—No te disculpes, Harry. Es refrescante escuchar tu perspectiva.

—Estaba pensando en lo que los profesores podrían haber ganado cuando regresen de esta semana. No he estado mucho con las chicas, pero no las he visto haciendo otra cosa que riendo nerviosamente el tiempo que pasamos en el Gran Comedor. El profesor Flitwick ha jugado un montón al ajedrez con Ron. Aunque estoy seguro que lo ha disfrutado, no lo puedo imaginar haciendo eso todo el tiempo. Es complicado imaginar que durante esta semana él ha tenido la misma edad que el resto de los profesores, es muy apegado a las reglas.

—No cambié la personalidad de ninguno, sólo su edad. Puede que él sea muy respetuoso de las reglas, pero eso no lo hace más maduro.

—Pero ahí está Severus; ¿quién entre toda la gente se imaginaría que podría beneficiarse de una semana así? Puede relajarse, hacer las cosas que le gustan sin una preocupación en el mundo. Incluso yo siento envidia. En teoría suena bien, pero no estoy seguro de querer contemplar lo que va a decir cuando llegue el lunes. ¿No lo hará más infeliz ver dónde está ahora en comparación con el adolescente despreocupado?

—Ése es un punto de vista muy maduro, Harry. No me sorprende que seas más maduro que la mayoría de las personas de tu edad. El mes que viene, serás la persona más joven en ser invitada a pertenecer a La Orden en toda su historia.

>>No es fácil notar los cambios en una persona cuando la ves crecer día a día ante tus ojos. Ahora, que los profesores hayan pasado tiempo contigo, teniendo tu edad, sirve a varios propósitos. Tú tuviste oportunidad de ver que todos ellos también fueron jóvenes. Ahora son más viejos y más sabios, pero no infalibles. Sé que es difícil ver a tus profesores como personas reales. En ese mismo orden de ideas, ellos tienen oportunidad de ver cuan maduro eres en comparación con ellos cuando tenían tu edad, para facilitar tu transición de alumno a miembro de La Orden. De hecho, esta semana han tenido un año más que tú.

Harry estaba tratando de asimilar todo lo que el anciano estaba diciendo. ¿Ellos estaban ahí por causa de él?

>>Iba a enviarlos a una isla tropical, pero pensé que así mataría dos pájaros de un mismo tiro—añadió, como si leyera la mente de Harry. A decir verdad, el chico no estaba demasiado seguro que Dumbledore no fuera capaz de hacerlo—. La primera reunión contigo será el mes próximo. Como mencioné la semana pasada, no le vemos la razón en hacerte esperar para unirte a La Orden, así podrás continuar tu entrenamiento, pero por lo pronto sólo podrás asistir a las reuniones como observador hasta que quienes te entrenen consideren que estás lo suficientemente preparado. Podrás ser invitado para dar tu opinión o hacer preguntas, pero tus propias preguntas sólo me las harás a mí, después de las reuniones. Hay más, pero puede esperar hasta el próximo mes. ¿Alguna pregunta?

—No, señor.

Harry tenía mucho en que pensar, era difícil tener certeza del porqué había sido llamado allí en primer lugar. Albus miró un gran reloj que estaba en una esquina y que tenía más manecillas que el que estaba en la Madriguera. Varias estaban alertas en ese momento; al parecer, el Director era un hombre muy ocupado.

>>¿Alguna otra cosa, señor?—preguntó mientras se levantaba de la silla.

—Sí, en realidad. La razón por la que en principio te pedí que vinieras es que esta tarde recibí una lechuza de Molly Weasley. Dice que el apartamento que deseas ver sólo estará disponible mañana por la tarde. Hice los arreglos para que Ronald y tú se reúnan con ella aquí, para que puedas ir a ver si te gusta.

—Pues eso me recuerda otro asunto—Albus se acercó a él antes que el joven continuara—. Me fue entregada una lista de los apartamentos disponibles en el área, y noté que otro muchacho en la sala común tiene una lista mucho más grande.

La sonrisa del anciano se atenuó un tanto.

—Tú lista fue editada ligeramente para estar completamente seguros que los que tuvieran un lugar que arrendar no fueran seguidores de la oscuridad. Aún así, me temo que esa no es la razón para que tu lista sea tan pequeña. Del mismo modo que algunos muggles tienen políticas de ‘no mascotas’ para sus arrendatarios, varios magos han encontrado más seguro no aceptar ofertas de personas de alto perfil como tú. Sienten que eso les proporciona menor riesgo de ataque.

—Comprendo—musitó Harry. No pudo evitar recordar la voz de su profesor de Pociones en su primera clase: ’Está claro que la fama no lo es todo’

Harry y Albus hablaron algo más, pero todo se convirtió en naderías después de un rato. Era ya tarde cuando regresó a su torre, pensando que, posiblemente, al día siguiente conocería su nuevo hogar. Antes, suponía que al dejar Hogwarts iría a una nueva casa que compartiría con Sirius, incluso si él todavía tenía que ocultarse. Permaneció despierto por horas, mirando la medalla de la Orden de Merlín en su mesilla de noche. No, no permitiría que esto lo superara. Pensó en todos los otros estudiantes; todos ellos saldrían fuera de su hogar. La vida de todos los graduados estaba cambiando, él no sería diferente. El nuevo lugar sería todo suyo. Podría despertar a la hora que quisiera. Dar fiestas para sus amigos. No se pondría emotivo. Bien…

“Es mejor que vaya a volar en la mañana”



Cuando el agua de la ducha se enfrió, Harry se dio cuenta que había transcurrido mucho tiempo. El sudor y las preocupaciones se habían limpiado. Las cosas no habían resultado como había esperado, pero así era su vida. Y ciertamente, nunca hubiera esperado pasar una semana con Severus Snape. Se secó, pensando en el joven maestro de Pociones en su cama, aguardando por él. Bueno, técnicamente, en la cama de Ron.

Quedaban sólo dos días e iba a hacer que valieran la pena.

Cuando regresó, Severus estaba sobre la cama de Harry, un vial con una poción azul girando entre sus dedos.










“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
y la esperanza de seguir adelante”
Anónimo


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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 12. Reuniones y entumecimiento   Vie Oct 02, 2015 5:47 pm

Harryto no te enojes con Severus mejor dicho no te desquites con el, si realmente la semana pasa volando cuando desearas que fuera lenta.
Me gusta la conversación que Harry tiene con Dumby, sobre todo cuando le cuenta lo que escucho ya me imagino la cara de Alivio que tuvo cuando se dio cuenta a lo que se refería Dumbledore jajajja muy bueno, las malinterpretaciones a la hora del día jejejejeje.
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Death Eater takes a Holiday. Capítulo 12. Reuniones y entumecimiento
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