La Mazmorra del Snarry


 
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 Enfermo de amor. Capítulo 23 *Naturalezas*

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Araleh Snape

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MensajeTema: Enfermo de amor. Capítulo 23 *Naturalezas*   Miér Abr 08, 2009 1:56 pm

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Naturalezas





¿Cómo decirse adiós luego de una noche donde se volvieron uno solo?
¿Qué importaba ser prudentes cuando quizá lo que deseaban era ser descubiertos?
Severus y Harry se besaban en el pasillo que conducía hacia la entrada a la Torre Gryffindor, apenas sí retrocedieron un par de pasos hacia la oscuridad cuando escucharon que alguien se acercaba, pero no se separaron, comían avorazados de sus besos, gimiendo ante la ansiedad de regresar al aula abandonada, la tentación era inmensa. Severus fue quien reunió fuerzas primero para separarse y al recordar que aún llevaba puesto su disfraz de la noche anterior comprendió que era un riesgo para que fueran descubiertos


- Debemos regresar al aula de Pociones, Harry. No puedes entrar vestido así a la Torre, si tus compañeros te ven sabrán que no eras el mismo que estaba con Weasley.

- Si, y a tu amorcito le dará un infarto si sabe que acudiste a la fiesta sin él.


Severus sonrió, sabía que Harry ya no llamaba así a Abbatelli por hacerlo rabiar, ahora había más relajación en su voz, un modo de no tomarse tan serio el hecho de que Ángelo aún existiera en sus vidas pese a todo. Tomados de la mano emprendieron el camino hacia las mazmorras, algo que resultó toda una aventura, reían divertidos mirando siempre antes de doblar por algún pasillo, corriendo a esconderse traviesos cuando veían a alguien aproximarse, jugando a espantarse el uno con el otro. Ninguno quiso usar su varita simplemente para pasar desapercibidos, la emoción era mayor de ese modo, y cuando finalmente estuvieron dentro del aula de pociones, volvieron a olvidarse de sus intenciones de cambiarse de ropa y simplemente se deshicieron de la que llevaban encima.


Había algo que Severus quería recordar, pero al no conseguirlo, no podía despedirse sin tener de nuevo la experiencia. Sujetó a Harry de la cintura para colocarlo sobre el escritorio y sin siquiera avisar, se apoderó del miembro del chico con su boca. Harry se recostó sobre la plana superficie, con sus mejillas encendidas de placer, sus dedos hundiéndose en la negra cabellera de su amante, acariciándole más que apurándole.


Severus se sintió feliz cuando al fin pudo sentir un líquido caliente deslizarse por su garganta.


- Esta noche… -le dijo cuando volvió a erguirse y Harry le correspondía masturbándole y él hundía su rostro en el cuello del muchacho para besarlo-… quiero que vengas esta noche.

- Vendré siempre que me lo pidas.


Severus asintió, se abrazó de Harry mientras el chico continuaba masajeándole repetidamente hasta que su mano recibió la descarga de Severus y ambos se miraron satisfechos.


El día pasó muy lentamente para Harry, había quedado de estar en el aula abandonada a la medianoche y las horas parecían haberse detenido, lo único que le quedaba por hacer era mirar como las manecillas de los relojes avanzaban muy despacio, buscaba afanosamente alguno que marcara más adelantado el tiempo, pero hasta los relojes parecían haberse confabulado contra él, ninguno quería ayudarlo. Para Severus no era demasiado diferente. Tuvo que quedarse con Ángelo en su habitación mientras ambos revisaban los deberes de los estudiantes a su cargo. Evitó hablarle, no quería que nada enturbiara el hecho de sentir a Harry aún dentro de él, de sus caricias recorriéndole la piel entera, no quería volver a perder otro recuerdo. Así que cuando Ángelo terminó su trabajo y se le acercó con toda intención de abrazarlo, Severus se levantó de su asiento fingiendo ir por unos libros de su biblioteca personal.


Eso no amilanó al Veela, volvió a acercársele para rodearlo por la cintura tan firmemente que a Severus ya no le fue posible escapar, aunque odiaba no poder gritarle lo que pensaba de él.


- Es tarde, deja ya esos trabajos que son para el martes, ahora podemos hacer otras cosas.

- Es mi deber continuar, no dejaré para ningún otro momento mi responsabilidad.

- Te prometo ayudarte mañana y todos los días con esas redacciones. Ahora ven conmigo, por favor.


Severus miró su reloj, eran las diez de la noche. Pensó que lo mejor sería seguirle la corriente y conseguir que se durmiera, así podría marcharse a medianoche sin que lo notara. Fríamente se quitó la bata que llevaba sobre su pijama y se metió bajo las mantas. De pronto, sus ojos se fijaron en Ángelo, quien hacía lo mismo del otro lado de la cama, miró su vientre, era demasiado plano aún, pero quiso pensar que era por el pijama que no le dejaba apreciar el abultamiento que ya debía tener.


- ¿Te pasa algo, amor? –preguntó Ángelo recostándose a su lado-. Te noto extraño.

- Abbatelli… ¿Porqué no se te nota el embarazo? Ya debes de tener algunos meses y no parece que estuvieras esperando un hijo.

- Creo que te hace falta leer más sobre Veelas. –respondió sonriéndole-. Nosotros no cambiamos nuestra estructura física con el embarazo, Severus, es algo genético, tan absurdo como el encanto Veela, pero como por milenios fue nuestra mejor arma de ataque y defensa, no podíamos permitirnos alterar nuestro atractivo. Mi bebé se está gestando dentro de su propio microuniverso, llegará a término sin necesidad de engordar ni cosas por el estilo.

- ¿No podré sentirlo nunca? –preguntó desilusionado.

- ¡Claro que sí! –exclamó emocionado-. Eres su padre, el único que puede hacerlo, a nadie más se le permitiría. Dame tu mano, te daré un regalo que no olvidarás nunca.


Severus dudó pero finalmente extendió su mano. Ángelo la colocó con cuidado sobre su vientre. En un principio no se sentía nada, era sólo un músculo firme, pero de pronto, un calor emanó por la piel de Ángelo recorriendo el brazo de Severus hasta alojarse en su corazón. El Veela le instó a cerrar los ojos y al obedecer, Severus sonrió, una imagen se presentó ante él, no era muy nítida, pero podía identificar los contornos, era su hijo presentándosele… el sonido de un eco lejano se anidó en sus oídos, no podía ser su imaginación, era una vocecita llamándole.


- Abbatelli… ¡es mi hijo! –murmuró emocionado con un nudo en la garganta.

- Bueno, en realidad es tu hija. –le aclaró besándole suavemente en los labios-. Y te aseguro que será hermosa.

- ¿Una niña? –repitió abriendo los ojos que brillaban de felicidad-. ¿Tendré una hija?

- Sí, tendremos una hija.

- ¿Desde cuándo lo sabes? –preguntó interesado.

- Desde hace un par de días. Quería decírtelo anoche después de la fiesta, era mi regalo de San Valentín para ti, pero regresaste demasiado tarde de la misión de Albus… bueno, no importa, estoy feliz de que ya lo sepas y verte contento por eso.

- ¡Sí, estoy muy feliz!... Gracias, de verdad que nunca olvidaré este regalo.


Ángelo asintió contento y se abrazó de Severus con la alegría que daba haber hecho sonreír al hombre que amaba. Severus no tuvo corazón para rechazarlo, en ese momento estaba tan feliz que nada le parecía importante comparado al hecho de saberlo el padre de esa niña que irradiaba tanta ternura y cariño.


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La capa de su túnica volaba ante la velocidad que llevaba, Severus corría desesperado por los pasillos, subiendo las escaleras de dos en dos, a veces de hasta tres escalones, no se detuvo ni a tomar aire, continuaba corriendo sin importarle que el oxígeno no llegara a sus pulmones y el corazón pareciera estar a punto de salírsele por la boca.


“¡No, no puede estarme pasando a mí!... ¡Maldición! ¿Porqué tuve que quedarme dormido?... ¡qué estúpido, qué estúpido fui!”


Sus pensamientos no le ayudaban, era angustiante recordar haber despertado en brazos de Abbatelli cuando quería estar en otros. Eran casi las seis de la mañana, seguro Harry estaría furioso y no le faltaría razón, pero le suplicaría perdón así tuviera que hacerlo de rodillas.


Al entrar al aula lo vió, estaba sentado apoyado sobre la cabecera de la cama, con sus piernas encogidas abrazándose a sí mismo, en esa ocasión no había fuego que lo calentara y el viento soplaba ruidosamente como reclamándole por su abandono. Pero cuando Harry se volvió a mirarlo no había ninguna señal de enojo en su mirada, al contrario, sus ojitos verdes se iluminaron felices al tiempo que sonreía.


- ¡Viniste! –exclamó saltando de la cama para correr a recibirlo-. ¡Yo sabía que no me fallarías, sabía que podía confiar en ti!

- ¡Harry, perdóname, lo siento tanto! –pidió recibiéndolo en sus brazos.

- No, está bien. –aseguró despreocupado-. Entiendo, sé que no siempre se podrá, no hay problema, Severus. Pero has llegado justo a tiempo para ver el amanecer ¿te quedarás un poco más, verdad?

- Sí, veremos juntos como sale el sol.

- Te prometo que ya no gritaré como loco, me portaré bien.

- Me gusta que seas un loco.

- ¿De verdad?... espero no te arrepientas luego de tus palabras.


Severus sonrió ante la divertida advertencia de Harry, cualquiera de sus locuras eran su alegría de vivir, las recibiría feliz. Suavemente le condujo hacia la ventana, volviendo a cubrirlo con su cuerpo para que no tuviera más frío. Volvieron a ser testigos del milagro de un nuevo día, en esta ocasión, besándose largamente antes de que Severus decidiera que no iba a irse sin demostrarle cuanto le quería. Le hizo el amor sin importarle la hora, sin tomar en cuenta prisas ni nada más. Harry era feliz, la angustia de la larga espera quedaba en el olvido al sentir como Severus volvía a adueñarse de su cuerpo y le juraba amor eterno mientras se enterraba hondo dentro de él.


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Esa tarde, al llegar al comedor con Abbatelli caminando presuroso tras de él. Severus contuvo una expresión de asombro al descubrir una rosa roja reposando sobre su plato. Inconscientemente miró hacia el lugar de Harry y le vio enviándole disimuladamente una sonrisa mientras fingía platicar con su supuesto novio.


- ¿Qué significa esto? –preguntó Abbatelli sosteniendo la rosa, mirándola con el ceño fruncido.

- Es hermosa, Abbatelli, gracias.


Severus le quitó la flor mientras le sonreía. Ángelo no respondió nada, se sentó en su lugar mirando desconfiado a cada uno de los alumnos. Sus ojos se detuvieron en Harry, se le veía muy feliz, acariciaba con dulzura la mejilla de un enrojecido Ron, aún se le hacía increíble que Harry hubiera olvidado a Severus, su corazón le advertía que debía tener cuidado. Prefirió no aclarar que no era el responsable de la rosa, y aunque era probable que se tratara de una broma, no dejaría de mantenerse en guardia.


- ¿No te parece que exageras un poco? –preguntó Ron en voz baja cuando Harry le cortaba su bistec en pedacitos pequeños.

- No te quejes. –respondió Harry inclinándose para hablarle al oído, consiguiendo que la mitad del comedor se les quedara mirando con curiosidad-. Sólo quiero que se note cuanto te consiento y te quiero, Ron.

- Me estás avergonzando. –replicó, fingiendo ante sus compañeros que se encontraba feliz con el despliegue de cariño de su amigo-. ¡Por favor, Harry! ¿No podemos llevar un noviazgo normal, sin necesidad de tanto arrumaco?

- ¿Eso te parece normal?... si me vieras con Severus.

- Creo que ya he visto demasiado… ahora deja mi comida en paz y siéntate bien. No sé como Snape te soporta.


Harry sonrió y obedeció, pero antes se dio el gusto de decirle un “yo también te quiero mucho” que pudieron escuchar quienes se encontraban a su alrededor. Por su parte, Ángelo continuaba al pendiente de ellos, y de reojo observaba como Snape comía sin aparentemente darse cuenta de nada.


“¿Pretenderá darle celos?” Pensó Ángelo. “Parece que a Severus no le importa… ¿eso lo notará ese tonto Gryffindor?... Bien, no importa lo que ese niño tonto pretenda, no va a conseguir nada. ¡Que siga con Ron, sea verdad o sea mentira, pero mientras se mantenga alejado de Severus todo estará bien!”


Ángelo no podía saber que Severus, pese a su aparente indiferencia, repetía mentalmente una frase que ahogaba su deseo de enviar una maldición hacia la mesa de los Gryffindors... "Odio a los Weasley, Odio a los Weasley, odio a los Weasley!


A media tarde, mientras el profesor Snape impartía una clase con los alumnos de quinto año, todos se tensaron al escuchar que alguien tocaba a la puerta… ¿quién podría ser el osado que se atreviera a interrumpir una clase del profesor de pociones?


Severus abrió la puerta furioso, pero la sangre le bajó a los pies al encontrarse con una lechuza que reconocería donde quiera. Hedwig entró, dio unos giros por todo el salón y finalmente dejó caer un pequeño paquete en las manos del profesor y salir volando antes de que pudiera decir algo.


- ¡Si alguno de ustedes se mueve un centímetro de su lugar pueden ir buscando una explicación del porqué pierden toda posibilidad de ganarse el trofeo de las casas! –bramó Severus antes de salir dando un fuerte portazo.






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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 23 *Naturalezas*   Miér Abr 08, 2009 1:57 pm

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Al quedarse solo en el pasillo, rápidamente desenvolvió el regalo, tan ansioso como si fuera un niño pequeño. Sus ojos negros destellaban de la emoción y tuvo que acallar una risa para que sus alumnos no le escucharan desde el salón, pero era feliz de ver que las travesuras de Harry regresaban, ahora con diferente propósito aunque con la misma intención, hacerle pasar apuros frente a los demás.


“¿Una llave?... ¿De dónde será?” pensó divertido.


- ¿Qué tramas, Harry Potter? –preguntó a la nada.

- Divertirme mientras investigas.


Severus se sobresaltó al ver aparecer a Harry a un lado suyo para luego mirarlo salir corriendo, saltando alegremente. Gruñó por no haber recordado la endemoniada capa invisible, pero no volvería a sucederle, y tomaba el reto gustoso. Volvió a mirar la llave, era antigua, de plata, la cerradura debía pertenecer a algo también antiguo… no tenía idea de qué era lo que podía abrir, pero lo averiguaría, estaba decidido a ello.


Harry y Severus no pudieron volver a estar a solas hasta la noche del miércoles. Albus envió a Abbatelli a reunirse con Remus para planear nuevas estrategias sobre la clase de duelo. Ángelo no entendía porqué tenía que ir hasta Grimauld Place si podían reunirse en el colegio, pero ni el director ni Remus le dieron tiempo de explicar y éste se lo llevó a través de la red flu, decidido a entretenerlo toda la noche.


- Dime de qué es la llave. –pedía Severus susurrando al oído de Harry luego de que éste continuaba aún con la respiración agitada luego de un cálido orgasmo-. ¿O es que me vas a torturar por mucho tiempo con la curiosidad?

- Todo el necesario. –respondió sonriéndole divertido.

- Puedo ponerme en huelga si no me dices… nada de sexo hasta que enloquezcas y entonces grites tu secretito.

- Ni te atrevas a intentarlo, Severus. –advirtió seriamente-. Además, creo que estás algo fuera de forma como espía, te hace falta entrenarte, amor.

- ¿Puedo torturar a tus amigos para que confiesen?

- ¡No! –negó frunciendo el ceño-. Usa tu inteligencia, esa de la que tanto presumes.

- La presumo porque la tengo.

- Bien, quiero verla.

- Por lo pronto te enseñaré otras de mis habilidades… ¿Te gustaría?

- ¡Me encantaría!


Severus se subió sobre Harry procurando no colocar su peso encima, sólo le gustaba que sus pieles se rozaran y sentir ese abultamiento en el estómago de su amante acariciarle su propio vientre. Lo besó mientras su mano acariciaba el sitio donde su hijo iba formándose… le hubiera gustado poder percibirlo como sucedió con el hijo de Ángelo, pero le bastaba con sentir esa redondez subiendo y bajando con la respiración de Harry, era algo mucho más natural dentro de lo mágico que representaba ese embarazo.


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Al día siguiente, Harry entró feliz al aula de pociones, y cuando Severus pidió las redacciones que había solicitado para ese día, filtró un pergamino dentro de los de sus compañeros. Volvió a su asiento esperando ansioso la reacción de Severus cuando leyera lo que venía escrito.


Severus no tenía pensado revisar las tareas de inmediato, pero le fue imposible pasar desapercibido el pergamino de Harry y su letra acomodada de tal forma que no parecía un trabajo escolar, así que luego de poner a sus alumnos a que copiaran los ingredientes previamente escritos sobre la pizarra, se dispuso a leerlo.


“Hola…
Anoche fue maravilloso dormir contigo… ¡despertar contigo!.
¿Te confieso algo?... esta mañana mientras me duchaba, pensé en que jamás lo hemos hecho juntos… ¿te gustaría bañarte conmigo esta noche?
Dame tu respuesta ahora mismo, una señal o una palabra… lo que sea, pero quiero que me mires, por favor… ¿Te he dicho que me gustan mucho tus ojos? ¿Que me gusta tu sonrisa? ¿Te he dicho que me haces muy feliz?
Quiero que no se te olvide cuanto te amo, cuanto añoro poder demostrártelo cada segundo del día.
Llegaste a mi vida y la cambiaste, le diste un rumbo y un sentido… gracias.
Te queremos mucho.
Tu hijo y yo”.


Severus dejó la carta sobre el escritorio y volteó a mirar a Harry, éste tenía un color rosado en las mejillas y le sonreía tan dulce como siempre. Se levantó dirigiéndose hacia él, parecía que iba a decir algo pero la puerta se abrió y entró Abbatelli. Severus escondió rápidamente el pergamino dentro de su túnica.


- Perdón que te interrumpa, Severus. –se disculpó Abbatelli-. Pero como tengo una hora libre y recordé que te dije que te ayudaría a revisar los trabajos de los alumnos, vine por ellos.

- No es necesario, yo lo haré.

- Me encantará poder ayudarte, no tienes porqué negarte, Severus. –insitió dirigiéndose al escritorio para tomar los pergaminos y tomarlos sin que el Profesor de Pociones pudiera adelantarse a impedirlo-. ¿Están todos?

- No lo sé, no he tenido tiempo de revisarlos… deja ahí, Abbatelli. –le pidió acercándose, aprovechando que sus alumnos continuaban ensimismados en sus apuntes.

- Falta el de Potter. –comentó Ángelo esquivando a Severus para revisar los nombres de las redacciones-. ¿Harry, no entregaste tu trabajo?


Harry no respondió, le miraba casi fulminándole, odiaba que fuera tan entrometido y ahora todo el mundo se enteraría que no había llevado la redacción, y no se equivocaba, los ojos de la clase estaban fijos en él. Severus suspiró casi imperceptiblemente y volvió a mirar a Harry de una manera como hacía mucho no lo hacía.


- ¿Puedo saber dónde está la redacción que tenía pendiente para esta clase, señor Potter?


La voz de Severus sonó tan fría que el rostro de Harry palideció al instante, nunca esperó una respuesta así y no supo qué responder. Todos los miraban, Ron y Hermione confundidos por la actitud dura e inflexible del profesor.


- ¿No va a responderme? –cuestionó Snape caminando hacia el pupitre del chico que le miraba asustado, aquello no era una actuación, podía ver que Severus estaba realmente molesto y no entendía, su corazón le dolía mucho de repente.

- Yo, es que…

- Salga de mi clase. –ordenó Severus en un susurro que todos alcanzaron a oír.

- Profesor, mañana le traeré la redacción… lo prometo. –aseguró Harry con la voz fragilizada.

- Claro que la traerá, pero ahora se marcha de aquí.

- Es que…

- Salga, Potter… no quiero repetirlo.

- Sí. –aceptó débilmente mientras se ponía de pie y guardaba lentamente sus útiles, en espera de que Severus recapacitara.

- ¡Apúrese que yo no tengo tiempo qué perder!... Ah, y treinta puntos menos para Gryffindor.


Harry salió conteniendo las lágrimas, estaba tan dolido de que Severus le hubiera hablado así cuando acababa de leer aquella carta que le había escrito con todo su cariño. Y lo peor de todo que fuera delante de Ángelo, quien a pesar de que se mostraba serio y casi acongojado por él, Harry podía ver un destello de regocijo en sus pupilas. Rumiando su mala fortuna, el Gryffindor fue a refugiarse a un jardín donde lloró escondido tras los matorrales.


Más tarde, tuvo que regresar a reunirse con sus compañeros para la clase de historia de la Magia. Ocupó su asiento al final del salón, encogiéndose de hombros ante las preguntas de sus amigos sobre si se encontraba bien. Durante toda la clase se mantuvo con la mirada baja, secándose ocasionalmente alguna lágrima que aún se resistía a mantenerse albergada dentro de sus ojos. Culpando a todos, pero sobre todo a Ángelo y a sus hormonas por no poder detener el llanto que ya le cansaba.

Ron y Hermione lo observaban en silencio, abrumados por la tristeza de su amigo.


- Harry. –le llamó Hermione cuando sonó el timbre y todos se apresuraron a salir.

- No quiero hablar ahora, por favor.

- Es que, el profesor Snape nos pidió que te dijéramos que tenías detención al término de clases.

- ¿Eso dijo?... ¿No será simplemente que quiere hablar conmigo?

- No… dijo “detención” –aclaró Hermione-. Y siento decirte que el Profesor Abbatelli ya no estaba presente cuando nos lo dijo y continuaba notándose molesto.

- ¿Sabes porqué se comportó así? –preguntó Ron.

- No… pero de verdad, chicos, no quiero hablar ahora. Les veré luego… iré a mi detención entonces.


Harry se apresuró a ir a las mazmorras, no quería forjarse demasiadas ilusiones pero mantenía la esperanza de que Severus le recibiera con un beso y entonces comprendiera que todo había sido un malentendido, tal vez una broma pesada. Pero al abrir la puerta luego de que Snape le abriera, le vio regresar tras su escritorio sin mirarlo.


- Tome un asiento, Potter y comience su redacción… la revisaré cuando la tenga lista. Puede tomar los libros que guste de mi biblioteca.


Harry no podía creerlo, permaneció unos segundos en su lugar mirando como el profesor se dedicaba a revisar algunos de los trabajos de sus compañeros que había rescatado de Ángelo y seguía sin prestarle atención. La tristeza se opacó ante el coraje que sintió al verse ignorado.


- ¿Porqué demonios me estás tratando así?

- Potter, haga su redacción… después hablaremos. –dijo sin abandonar su trabajo.


Furioso, Harry arrojó su mochila al suelo y se dirigió hacia la biblioteca. Esmerándose siempre por hacer el mayor ruido posible, en correr sillas arrastrándolas por el suelo para treparse hacia las estanterías más altas. Severus no protestó, sólo se puso de pie para bajar los libros sin necesidad de que el chico se arriesgara.


- No hay nada más arriba que sea de su incumbencia, así que no necesitará sillas ni escaleras para buscar los demás libros… ahora a trabajar.


Harry no respondió, dejó caer los libros sobre una mesita de manera por demás ruidosa y luego buscó por todo el lugar algo que pudiera hacer que molestara a Severus. Sonrió perversamente al descubrir sobre el escritorio un libro de pociones encuadernado en piel y con grabados de plata, debía ser muy especial para Severus. Sigilosamente caminó hacia el lugar, llevaba unos libros en sus brazos y cuando estuvo lo suficientemente cerca, los dejó caer al suelo. Severus rodó los ojos pero no se movió de su lugar. Harry se inclinó y recogió un libro, pero al incorporarse fingió perder el equilibrio y vertió sobre el fino libro la tinta que usaba Severus para corregir las anotaciones.


- ¡No! –gritó Severus poniéndose de pie rápidamente para salvar su tesoro de una destrucción mayor-. ¿Qué haces, Harry?... ¡Ponte a trabajar!


Harry no respondió y fue a sentarse a su pupitre, algo satisfecho de que Severus le hubiera puesto un poco de atención y volviera a llamarlo por su nombre, pero no le era suficiente. Sonrió al mirar como el profesor realizaba un hechizo para limpiar su libro y luego sacaba un pergamino plegado de su interior y lo guardaba celosamente dentro de su túnica. No quiso darle importancia y empezó su redacción… le fue imposible concentrarse, no le gustaba estar así con Severus, era muy triste. Nada de lo que escribía tenía sentido, y la información de los libros no podía entenderla, era desesperante saber que no podría cumplir con la redacción sin la ayuda de Hermione.


Sin poder evitarlo, volvió a llorar en silencio, ocultando sus lágrimas mientras fingía concentrarse en su lectura.


- ¿Harry?


Harry se sobresaltó, no había visto cuando Severus se le acercaba y ahora lo tenía acuclillado frente a él mirándole con preocupación. Rápidamente intentó ocultar su llanto aunque sabía que era imposible.


- No llores… me parte el alma verte así.

- Eres muy malo conmigo. –le reprochó gimiendo entristecido-. No te comprendo, Severus, no creo haber hecho nada malo, y si lo hice, te pido perdón… nunca fue con mala intención, pero ya no me odies.

- ¡Yo no te odio, amor! –exclamó abrazándole cariñoso, Harry no lo rechazó-. ¿Cómo piensas que puedo odiarte si te amo con desesperación?

- ¿Entonces porqué me hablaste así en clase? ¿Porqué precisamente frente a ese endemoniado Veela?... creí que te pondría feliz mi carta.

- ¡Y me puso feliz! –aseguró sacando el pergamino de su túnica-. Se convertirá en mi mayor tesoro… bueno, aparte de ti y de mis hijos. Si te amonesté en clase fue porque sigo siendo tu profesor y parece que te has olvidado de eso, Harry, no debiste ignorar tus labores. Abbatelli no tuvo nada que ver, quizá sólo me dio el valor para hacer lo que tenía que hacer… actuar como lo que soy dentro de un salón de clases. No debiste faltar a tu redacción, era importante.

- ¡Pero estaba contigo anoche, no tuve tiempo de hacer nada!

- ¡Pues dime que tienes trabajo, Harry, pero no me uses como pretexto!... Lo último que quiero es que descuides tu preparación, y Pociones es importante aunque no te guste.

- ¡Es que no le entiendo nada! –protestó desesperado haciendo los libros a un lado.

- ¿Y no has pensado que tenerme como tu pareja puede resultarte con ventajas positivas en lugar de pretender que disculpe tu irresponsabilidad con cartas de amor?

- Severus…

- Ven. Empezaremos a partir de hoy una tutoría sobre pociones. Y pongo mi nombre de por medio que tú, Harry Potter, terminarás adorando este sutil arte.






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Susy Snape
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 23 *Naturalezas*   Miér Abr 08, 2009 7:07 pm

Que rara la forma en que Sev pudo sentir a su hija.... recuerdo que cuando la leí la vez anterior pensaba que quizás Angelo no estaba embarazado y todo era producto de su magia como veela... pero claro ya luego me di cuenta de mi error, pero igual no deja de ser raro jejeje

Besos Very Happy
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 23 *Naturalezas*   Jue Abr 09, 2009 1:45 pm

Sí, fue raro, a mí me gustó mucho el embarazo de Harry, aunque sufrió todas las molestias y se sentía medio feíto, no era así, y Sev supo ver y notar la diferencia entre lo artificial aunque bello de Angelo, y lo naturalmente emotivo de Harry.

Muchos besitos!!

sunny













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kakarotta
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 23 *Naturalezas*   Mar Jun 30, 2009 10:39 pm

con un profe como sev quien no amaria las pociones , definitivamente sev se metera en un gran lio cuando nazca su hija abateli no lo dejara ir tan facil
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 23 *Naturalezas*   

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Enfermo de amor. Capítulo 23 *Naturalezas*
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