La Mazmorra del Snarry


 
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 Enfermo de amor. Capítulo 20 *La Farsa*

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Araleh Snape

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MensajeTema: Enfermo de amor. Capítulo 20 *La Farsa*   Mar Abr 07, 2009 10:20 pm

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La Farsa





Cuando Dumbledore llegó a la enfermería, Harry y Severus estaban separados, cruzados de brazos y volteando la cara hacia el lado contrario manteniendo un gesto de absoluta repulsión entre ellos. Era tan convincente su actuación que Dumbledore incluso cayó en la trampa y no pudo evitar lamentarse de que sus dos queridos consentidos continuaran con problemas. A pesar de saber que se amaban, su situación parecía infranqueable y le dolía saberse en parte culpable de todo aquello.


- Me dijeron que… bueno, dijo Poppy que… ¿es verdad, Harry? –preguntó acercándose al Gryffindor.

- Sí, estoy embarazado. –le informó con voz casi gélida.

- ¿Poppy, puedes dejarnos solos? –pidió el Director a le enfermera quien de inmediato obedeció, pero los rostros de sus protegidos no cambiaba-. ¿El bebé… de quién es?

- Prefiero no decirlo, por lo menos hasta que “Él” se vaya. –respondió Harry señalando a Severus con odio-. No tiene derecho a estar aquí después de que ni me creyó que el Veela es un mentiroso.

- El único mentiroso eres tú, Potter. –aseguró Severus gruñendo enojado-. Mira que hacerme creer que estabas perdidamente enamorado de mí y quien sabe con cuantos no te habrás revolcado.

- ¡Es usted un…! –gritó Harry intentando abofetearlo.

- Atrévete y la pagarás cara. –amenazó Severus-. Ya no pienso dejarme condoler por ti, tu carita de niño inocente ya no te queda y más te vale que no quieras seguir pasando como un dulce célibe porque ya sabemos que eso es lo único que no eres.

- ¡No me importa lo que usted piense! ¡Lárguese de una vez, este es un asunto que no le compete!

- En eso tienes razón, tengo muchas cosas más importantes que hacer. –respondió Severus dirigiéndose a la salida.

- Espera, Severus. –le pidió Dumbledore y Severus ocultó una sonrisa triunfante antes de girarse a mirar al director.

- ¿Qué se te ofrece, Albus?

- Me estoy cansando de esta situación… no me importa si se quieren matar, pero primero me dicen de quién es el hijo de Harry.

- ¿Y yo porqué habría de saberlo?

- No sé… dímelo tú, ¿qué hacían juntos que fuiste tú quien trajiste a Harry a la enfermería?

- No estábamos juntos. Me encontré con Potter merodeando por los pasillos, como siempre, desobedeciendo las reglas, pareció a punto de desmayarse así que pensé que lo mejor era traerlo a la enfermería. En el camino le noté algo extraño y me di cuenta del secretito que nos estaba ocultando a todos… no hay nada más que decir.

- ¿Harry?

- “Su” consentido no debe meterse donde no le llaman. –respondió Harry-. Sobre todo cuando me rechazó, así que ahora no tiene derecho a hacer preguntas, yo me acuesto con quien me dé la gana y no tengo porqué decirle nada a él.

- Ni me interesa, Potter. –aseguró Severus bufando burlón-. Fóllese a medio Hogwarts, por lo menos ahora sabré que me va a dejar tranquilo.

- Por eso ni se preocupe, que desde hace semanas que ni me acuerdo de usted.

- ¡Pues que bien!

- ¡Bien!


Dumbledore puso los ojos en blanco al verlos terminar nuevamente disgustados, pero ahora tenía algo más delicado que tratar, así que se acercó a la cama de Harry sonriéndole comprensivo.


- Entiendo que te sientas confundido y alterado, pero debes dejar de dirigirte de modo tan incorrecto a los profesores, aún cuando éstos se comporten como niños malcriados.

- ¡Albus! –protestó Severus indignado mientras Harry estallaba en carcajadas.

- ¡Te dijo niño malcriado! –se burló sin parar de reír.

- ¡Ja! –exclamó Severus con un real ceño fruncido-. Como si tú fueras el ejemplo que todo niño debe seguir ¡como no!

- ¡No seas corajudo, Severus, eso es de niños malcriados!

- ¡Basta, Harry!


Pero Harry no podía dejar de reír, y Severus terminó por suavizar su rostro y recostarse a su lado para abrazarlo con gran cariño ante los ojos confundidos del director.


- Perdóname. –pidió Harry controlándose para corresponderle al abrazo-. Pero no pude evitarlo, me impresionó que el profesor Dumbledore te llamara a así cuando siempre es a mí a quien juzgan de infantil. No me vuelvo a burlar, te lo prometo.

- No te creo, pero está bien, te perdono.

- ¡Ustedes… están… locos! –aseguró Albus sentándose en una silla frente a ellos-. ¿Se puede saber qué es lo que está sucediendo?

- Bien, déjame explicarte, amigo.


Severus empezó su relato al Director. En muchas ocasiones a Albus le costó trabajo concentrarse pues mientras escuchaba al profesor de Pociones su mirada se desviaba a los dedos entrelazados de éste con Harry, o los mimos inconcientes que el Gryffindor le daba a su pareja mientras se mantenía reposando sobre su pecho, y se alegró mucho de encontrarse sentado cuando se enteró de la paternidad del hijo de Harry. Sin embargo, al final sus labios se curvaron en una brillante sonrisa, veía felices a las dos personas por las que más cariño había llegado a sentir en su vida, y estaban juntos, el reclamo Veela no era tan infalible como creía, y lo mejor… no peleaban.


- ¿Quieren hacer pasar a Ronald Weasley como el padre de su hijo? –preguntó cuando Severus guardó silencio y esperó su reacción.

- Es nuestra única alternativa. –respondió Harry-. Si Abbatelli se entera de que estoy embarazado, es lógico que supondrá que es de Severus, por eso es mejor hacerle creer que es de alguien más.

- Escuchen, yo pude caer en ese cuento de que continuaban odiándose porque no es nada raro, la han vivido peleando desde que se conocen, y siempre pensamos que el reclamo Veela no tenía fallas, pero Ángelo sabe que estás indultado, Harry, y además, él los vió esa noche… ¿porqué piensas que se creerá el hecho de que tu hijo es de otra persona?

- No sé, pero por lo menos tenemos que intentarlo. Lo importante es que crea que Severus lo cree y que por eso ya no me quiere ni ver, con eso será suficiente para tranquilizarlo un poco.

- Está bien, pueden contar conmigo para ayudarles. Aún me cuesta creer que Ángelo haya sido capaz de tantas mentiras, así que no me queda más que confiar en que hacen lo correcto… En cuanto hablen con el señor Weasley y él acepte, tendré que ir a tranquilizar a sus padres enseguida, o Molly caerá desmayada por la sorpresa antes de querer preparar la boda.

- Te dije que eso pasaría. –aseguró Severus triunfante-. Pero yo me encargaré de que todo les quede bien claro. Ahora será mejor que descanses, Harry, le diré a Poppy que…

- Si piensas que voy a quedarme aquí, te equivocas, Severus. –advirtió Harry levantándose de la cama-. Vine porque tú insististe, pero pasaré la noche en mi habitación, estoy harto de la enfermería.

- ¡Claro que no, jovencito; te quedas para que Pomfrey pueda terminar con su revisión mañana!

- ¡Ya lo hizo! –gruñó exasperado-. Tú mismo escuchaste que todo estaba bien, así que me regreso a mi camita, además, tengo hambre.

- ¿Tienes hambre? ¡¿Y porqué demonios no me habías dicho antes?! –le reprendió molesto-. Llamaré a un elfo para que te traiga algo aquí.

- ¡Que no!... Iré a la cocina a ver qué les puedo robar. Adiós.

- ¡No seas desobediente y regresa a la cama! –ordenó Severus yendo tras de él ante la mirada estupefacta de Albus quien no se perdía detalle del espectáculo-. ¡Harry, te estoy hablando, regresa ahora mismo!

- ¡Que no! –se oyó la voz de Harry ya en el pasillo.


Dumbledore no podía sonreír más abiertamente, quizá siempre seguirían peleando pero ahora sus voces se escuchaban tan cargadas de amor que no sabía cómo era que se le había pasado por alto, temió estar perdiendo facultades.


Minutos más tarde, Severus miraba con asombro como los elfos corrían entusiasmados por toda la cocina cuando Harry les dijo que tenía hambre y aceptaría todo lo que se le ofreciera. Fue a sentarse junto a él, a horcajadas en la banca, mientras empezaban a llegar suculentos platillos y postres que hacían brillar los ojos del Gryffindor.


- Te enfermarás si comes tanto. –le advirtió Severus.

- Come conmigo entonces, y así me ayudarás.

- Lo único que quiero comerme es a ti.


Harry sonrió cuando Severus le rodeó por su cintura para atraerlo hacia él y besarle en el cuello, y aunque disfrutaba de esas caricias, la tentación por unos duraznos cubiertos con crema dulce fue más poderosa que nada, y ladeando la cabeza para que Severus continuara con su trabajo, él se dispuso a devorar todo lo que tenía ante sus ojos.


- ¿No tienes miedo? –preguntó Severus al oído mientras acariciaba el pequeño abultamiento que representaba el vientre de Harry.

- Nop. –negó con la boca llena de dulce.

- No te creo.

- Vale, de acuerdo, sí lo tuve y mucho. –aceptó tomando un poco de jugo de calabaza-. Más bien creo que fue terror, pero parece que todos mis temores se han ido de vacaciones desde que capté el significado de lo que estaba pasando… la alegría que siento, Severus, no da espacio dentro de mí para otra cosa.

- Quisiera poder recordarlo. –confesó tristemente escondiendo su rostro en el cuello de Harry-. Es horrible no recordar el momento que soñé por tanto tiempo, y que además, culminó con la creación de una nueva vida, de nuestro hijo, Harry… ¡Me da tanto coraje que me hayan robado ese recuerdo!

- Severus, tengo el Pensadero, puedes verlo cuantas veces quieras. –dijo interrumpiendo su comida para mirarlo de frente cariñoso-. No quiero que te sientas triste por nada, bebé puede sentirse triste también. Mejor sonríe, ¿sí… por favor?

- De acuerdo. –acepta obedeciéndole-. Jamás creí a Abbatelli capaz de hacernos ésto... no sé si pueda perdonarlo alguna vez.

- Hey, no menciones ese nombre frente a nuestro bebé. –exclamó Harry llevándose las manos a su vientre como si quisiera taparle los oídos a quien llevaba dentro de él-. No quiero que crezca con malas vibras. Nuestro bebé va a ser muy feliz sin importar lo que tenga que hacer para conseguirlo.

- Lo sé, yo también.

- Será hermoso, Severus… ¡es que ya puedo imaginármelo! –exclamó emocionado girándose de tal modo que colocó sus piernas sobre las de Severus para quedar frente a frente y besarlo-. Heredará tus ojos, y tus labios… pero mi carácter, no quiero que sea gruñón como tú.

- Claro, seguramente tú eres una perita en dulce. –agregó mordaz mientras le escuchaba divertido-. Lo que espero es que sea tan o más inteligente que nosotros.

- Sobre todo que tú, no me gustaría que terminara engañado tan fácilmente por unos ojos bonitos. –le recriminó burlonamente-. Ha caído el mito del inteligente profesor Severus Snape.

- ¡Tonto!


Al final terminaron riendo mientras disfrutaban de los postres que tanto coqueteaban al estómago de Harry, éste por fin olvidándose de contar sus calorías, lo único que quería era que su bebé tuviera lo que deseaba. Al día siguiente, Harry había llevado a Ron y Hermione a la sala de los menesteres, tuvo que encargarle a Dobby un surtido rico de emparedados para que Ron no protestara por faltar a la hora de la comida. Sin embargo, el pelirrojo se olvidó hasta de las bandejas repletas de sus alimentos preferidos mientras Harry les contaba sobre su embarazo.


- Creo que me desmayaré. –murmuró Ron con un débil hilo de voz.

- Preferiría que no. –respondió Harry sonriéndole nervioso-. O por lo menos, intenta que sea frente a todo el colegio, así la actuación sería más convincente.

- ¿De qué actuación hablas, Harry? –preguntó una todavía perpleja Hermione.

- Ron… amigo de toda la vida, con el que he compartido mis ranas de chocolate y a quien considero un verdadero hermano, hay algo que tengo que pedirte.








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Última edición por Araleh Snape el Miér Abr 08, 2009 1:36 pm, editado 1 vez
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 20 *La Farsa*   Mar Abr 07, 2009 10:22 pm

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Ron palideció ante el evidente chantaje emocional de su amigo, pero jamás se imaginó lo que escucharía a continuación. Unos diez minutos más tarde, Hermione y Harry aún continuaban de rodillas, uno a cada lado de Ron, esforzándose por hacerlo volver en sí, y cuando lo hizo, al ver a Harry frente a él retrocedió espantado por el suelo hasta topar de espaldas contra la pared.


- ¡Tú te has vuelto loco! –titubeó aterrado-. ¡No, no, no y no, Harry, eso que me pides no puedo, cualquier cosa menos eso!

- ¡Por favorcito, Ron! –suplicó acercándosele gateando, pero el pelirrojo miraba a todos lados intentando encontrar una salida que no había, él mismo se había acorralado en una esquina-. No te atrevería a pedírtelo si no fuera muy importante, si no nos ayudas es posible que el Veela desaparezca con el hijo que espera de Severus, queremos darnos tiempo a que nazca y así saber qué hacer… ¡Por favor!

- ¡Pero Harry…! ¿Qué van a decir mis admiradoras si me creen gay?

- ¡Tú no tienes ninguna admiradora, Ron! –exclamó Hermione finalmente-. Creo que deberías ayudar a Harry, no te está pidiendo mucho, será sólo por un tiempo ¿verdad?

- Claro. –respondió Harry con un brillo codicioso en sus ojos ante las palabras de su amiga, pero enseguida volvió a mirar a Ron, primero el problema era que él aceptara-. Ron, haré lo que me pidas a cambio de éste enorme favor, puedo comprarte boletos para ver los partidos de los Chudley Cannons de por vida… ¡te regalo lo que tú quieras!

- El mapa del merodeador. –respondió Ron malicioso.

- ¿Qué?

- ¡Ron, eso es ser alevoso! –gruñó Hermione.

- Está bien, sólo préstamelo por el resto del año escolar.

- ¡Hecho! –aceptó Harry ofreciéndole la mano en señal de un pacto-. Entonces, lo harás ¿verdad?

- Bien, pero no diremos que soy gay, sino bisexual… no quiero espantar admiradoras. –condicionó provocando que Hermione frunciera el entrecejo.

- De acuerdo… y con respecto a ti, Hermione, amiga mía, a quien veo como a una madre y una hermana al mismo tiempo, y cuyos consejos y sabiduría me han hecho sobrevivir hasta el día de hoy, y por quien también, al igual que con Ron, sería capaz de dar la vida…

- Creo que te toca, Hermi. –se rió Ron viendo como su amiga palidecía mientras intentaba sigilosamente alejarse de Harry.


Hermione casi lloró al ver que Harry la sujetaba de la mano para impedirle huir, pero escuchar su petición fue de lo más peculiar, pasó del rojo al verde pasando por diversas tonalidades pálidas y amarillas mientras Ron comprobaba que no debió haberse burlado de su amiga pues tampoco saldría bien librado de las ocurrencias de Harry para con Hermione.


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Al llegar el sábado, Harry lucía feliz, era el gran día esperado por él y Severus, así que no le importó las caras aterradas de sus amigos ni tener que conducirlos casi arrastrando hacia el aula de pociones donde Severus les esperaba para llevar a cabo el plan. Ron y Hermione se colocaron muy juntos, atemorizados por la imponente presencia del Profesor en cuanto entraron al salón, a pesar de que era la pareja de su amigo, en aquel lugar seguía siendo el mismo tipo odioso que pasaba la vida restándoles puntos a su casa, y en esa ocasión, no los recibió de una manera diferente, apenas sí los miró como se mira a un par de escarabajos que servirían para realizar una poción.


- Bien. –empezó Severus tomando un vaso de cristal que ya tenía preparado sobre su escritorio, tenía un brebaje extraño que Hermione reconoció de inmediato por lo que no pudo evitar retroceder tras de Ron al verlo acercarse a ella-. Esto es para usted, supongo que Harry ya le explicó todo lo que tiene que hacer.

- S-sí. –respondió nerviosa.

- Harry, coloca lo que falta para que la Señorita Granger pueda beberlo.


Harry asintió feliz y se arrancó un par de cabellos para verter sobre la poción de Hermione quien aún le miraba suplicante, esperando que su amigo se retractara de su atrevido plan, pero Harry no daba muestras de ello, al contrario, lucía realmente emocionado.


- Tranquila, Hermione, te vas a divertir mucho.

- No lo creo. –murmuró mirando a Ron.

- Sé que será algo repulsivo pero te acostumbrarás.

- Repulsivo será para mí. –comentó Ron ante el disgusto de sus amigos que él no captó por el nerviosismo que le daba ver a Snape casi con una sonrisa al verlos tan alterados.

- Bien, basta de tanta pérdida de tiempo. –les interrumpió Severus-. ¿Trajeron los trajes?

- Sí. –respondió Harry-. ¿Qué hacemos ahora?

- Primero, la señorita Granger debe beber ya la poción y todos podemos cambiarnos para estar listos para la fiesta.


Severus transformó un pupitre para que sirviera de biombo a Hermione, mientras que ellos tres se cambiaban y se colocaban sus atuendos. Sólo Ron se estremeció al escuchar el gemido de inconformidad de Hermione tras el panel pero no dijo nada y continuó cambiándose de ropa. Harry hacía lo mismo, sin darse cuenta que mientras lo hacía, Severus le miraba fijamente. El hombre había quedado alelado observando las piernas desnudas del chico mientras se cambiaba y en lugar del uniforme escolar ahora lucía un pantalón de terciopelo negro que se ajustaba perfectamente a su cuerpo. Pero mientras le veía quitarse la camisa se obligó a desviar la mirada antes de tener un pequeño contratiempo con cierta parte ansiosa de su cuerpo, sin embargo, no podía evitar echar una ojeada de vez en cuando y en uno de esos vistazos se quedó a admirar como Harry se abotonaba una camisa blanca de mangas largas y olanes que ocultaban su pequeño vientre y encima un chaleco del mismo material que su pantalón, su manera calmada y suave de realizar cada movimiento le daba un encanto intensamente sensual. El corazón de Severus latía desbordante, podía sentir la sangre recorriéndole el cuerpo para ir a concentrarse en su entrepierna… ya no le era posible dejar de observarlo.


Cuando Harry se sentó para anudarse las largas agujetas que se trenzaban al frente de sus botas de piel, sonrió al ver que Severus se apresuraba a ayudarlo arrodillándose delante de él para evitar que se esforzara demasiado. Ron tuvo que parar mientras se ajustaba el cincho de gamuza que cernía su cintura al ver lo que su profesor hacía, hubiera dado lo que fuera por tener una cámara en ese momento, lo que tenía ante sus ojos no era cosa de todos los días, y mucho menos la sonrisa que cruzaban los que habían sido enemigos hasta hacía tan poco tiempo. Era realmente extraño ver la manera coqueta en que Harry apartaba los mechones del rostro de Severus aprovechando para acariciarlo, pero no más extraño que el hombre buscara su palma para besarla olvidándose por completo que no estaban solos. Ron miró a todos lados buscando afanosamente una salida cuando las manos de Severus abandonaron momentáneamente su trabajo y se deslizaban lentamente hacia arriba por los muslos de Harry.


En ese momento salió Hermione y toda la atención se centró en ella, o mejor dicho, en él, algo que Ron agradeció con el alma, no sabía cómo hacer para recordarles su presencia. La chica ahora lucía como un clon perfecto de Harry, incluso con su pequeño abultamiento en el vientre que en su caso se acentuaba en lugar de disimularlo como con Harry, debido a una camisa verde oscuro con un cinto como peto y unos pantalones de algodón ceñidos al cuerpo. Severus no pudo evitar mirarle con una boba sonrisa, pensando que le gustaba mucho ver como Harry lucía embarazado.


- Estoy aquí, amor. –le reprendió Harry obligándole a mirarlo a los ojos-. ¿Recuerdas que yo soy el verdadero?

- Sí, perdón. –se disculpó regresando a anudar las botas de Harry.

- ¿Seguro que esto está bien? –cuestionó Hermione indecisa-. ¿Porqué mejor no bebieron la poción multijugos ustedes?

- Estoy tentado a restarle todos los puntos existentes para Gryffindor, Señorita Granger. –masculló Severus-. Harry no puede beberlo porque está embarazado y eso pondría en riesgo a nuestro bebé, y no tiene caso que yo lo haga si la intención es distraer a Abbatelli y que Harry y yo tengamos tiempo para nosotros… ¿ya entendió o quiere que se lo vuelva a explicar ahora con manzanas?

- No, ya entendí. –respondió Hermione avergonzada.

- Bien, chicos… -intervino Harry-… ustedes ya están listos, pueden irse a la fiesta y empezar el show, confío en que lo harán bien.

- Yo confío en que salgamos vivos de ésta. –murmuró Ron antes de ofrecerle su brazo con nerviosismo a su amiga.


Harry vio salir a sus amigos sintiéndose profundamente agradecido por ellos, tanto que se prometió recompensarlos en grande por el gran favor que le hacían.


- Pobres, están muy nerviosos. –comentó Harry al quedarse solo con Severus.

- Son buenos brutos. –respondió indiferente-. Ahora nos toca a nosotros.

- Estoy ansioso de saber de qué nos disfrazaremos para que no nos reconozcan. –exclamó emocionado-. A propósito, creo que no te he dicho que te ves muy sexy vestido de esa manera, Severus.

- Yo me siento ridículo, pero fue idea de Albus que se tratara de disfraces, y como ahora nos conviene mejor no me quejo. –aseguró mirándose en un espejo que había colocado junto a la pared, llevaba un pantalón de pana rojo oscuro con una chaqueta negra cubriendo una camisa de vistosos holanes de seda blanca-. ¡Juro que terminando la noche quemo esta ropa!

- ¡Ni se te ocurra! –amenazó Harry fijando sus ojos lujuriosos sobre el marcado trasero de su profesor-. Me imagino muchas formas en que podamos volver a usarlas, Severus, y te aseguro que te gustarán.

- ¿De verdad? –preguntó volviendo a acercarse, tomándole de la cintura provocativamente.

- Sí, pero ahora dime cómo vamos a complementar esto para que no nos descubran.

- Toma. –dijo sacando de un cajón de su escritorio dos pequeños antifaces de terciopelo y lentejuelas que combinaban con sus atuendos-. Debemos ponérnoslos.

- Ah, sí… -comentó sarcástico Harry mientras se colocaba el antifaz negro-… seguro todos dirán cuando me vean “¿Dónde está Harry?” y yo me lo quitaré y sorprenderé a todos gritando “¡Aquí estoy!”.

- No sé de qué hablas, Potter. –respondió gruñón.

- Severus, con este antifaz tan pequeño todos sabrán quienes somos.

- Pero el antifaz debemos de llevarlo porque es parte de la ilusión.

- Ahora soy yo quien no te entiende.

- Vuelve a ponértelo pero ahora mirándote al espejo.


Harry obedeció a regañadientes, y sin mucha fe, se colocó el disfraz mirándose al espejo, de inmediato el reflejo cambió y se encontró con un chico de su misma edad y complexión pero totalmente diferente, su cabello era rubio y caía en suaves ondas hasta por debajo de sus hombros, sus ojos habían cambiado adoptando una tonalidad azul intensa y sus rasgos faciales eran visiblemente más delicados, lo cual no le agradó mucho.


- ¡Severus, parezco una niña!


Severus rió mientras se acercaba para abrazarlo y darle un suave beso en los labios.


- Una niña hermosa, si me permites decirlo.

- ¡No quiero ser una niña! –protestó quitándose el antifaz y regresando a ser el mismo de siempre.

- No seas melindroso, hice estos disfraces con todo mi cariño y estoy convencido de que te ves muy bien.

- No sé… -murmuró volviendo a colocarse el antifaz para mirar al chico rubio frente al espejo y volver a gruñir-… creo que me parezco a los Malfoy.

- ¿En serio? –preguntó Severus interesado-. No me había dado cuenta pero creo que sí.

- Espero que no estés cumpliendo alguna sucia fantasía con esto. –amenazó molesto-. Pobre de ti si me entero que te gusta Draco ¡que horror!

- ¿Draco?... no, más bien te pareces a Lucius cuando íbamos al colegio.

- ¡Severus! –gritó pegándole con el puño en el pecho.

- ¡Eso dolió! –se quejó sin poder evitar reírse de los celos de Harry.

- ¡A mí me dolió lo que dijiste!... ¡Y no quiero ser rubio!

- Harry, era una broma, ninguno de los Malfoy me interesa ¡Palabra de arrogante profesor de pociones!

- Está bien, confiaré en ti. –murmuró todavía algo molesto-. Pero ahora muéstrame cómo te ves con el antifaz.


Severus asintió y se colocó el antifaz rojo oscuro y en su sitio apareció un hombre de largo cabello índigo tan lacio y brillante que reflejaban líneas en tonos azules más claros. Sus ojos negros cambiaron a un color violeta y su nariz se volvió ligeramente más estilizada. Harry le miraba sin parpadear, perplejo por la belleza exótica que se mostraba ante sus ojos y sin pérdida de tiempo se abalanzó sobre Severus besándole tan apasionadamente que el profesor tuvo que sostenerse del escritorio a sus espaldas para no caer. Se quitó el antifaz para tener más libertad de movimiento y de inmediato Harry volvió a colocárselo provocando que el hombre le apartara con firmeza.


- ¡No me digas que te excita esta imagen tan ridícula! –exclamó molesto.

- ¡Mucho! –exclamó luchando por volver a colocarle el antifaz.

- ¡No quiero!... eres un desvergonzado al decirme que te gusta más que yo.

- Yo no dije eso… pero me encanta haberte dado una cucharada de tu propia medicina, a ver si así dejas de mirarme tan embobado cuando me hago rubio.

- Bien, somos un par de celosos de nosotros mismos, es un hecho de que Albus tiene razón y nos hemos vuelto locos.


Harry se rió y Severus no pudo más que hacer lo mismo, ahora sólo faltaba una cosa, salir con sus disfraces, disfrutar la velada y esperar a que Ángelo no los descubriera, lo cual sonaba casi como un milagro, pero estaban demasiado emocionados para detenerse a pensarlo.




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Susy Snape
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 20 *La Farsa*   Miér Abr 08, 2009 12:06 am

Citación :
- Ron… amigo de toda la vida, con el que he compartido mis ranas de chocolate y a quien considero un verdadero hermano, hay algo que tengo que pedirte.

-----

- De acuerdo… y con respecto a ti, Hermione, amiga mía, a quien veo como a una madre y una hermana al mismo tiempo, y cuyos consejos y sabiduría me han hecho sobrevivir hasta el día de hoy, y por quien también, al igual que con Ron, sería capaz de dar la vida…


Harry si que sabe como chantajear a sus amigos, me reí mucho durante esos momentos... jajaja

Besos Very Happy
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 20 *La Farsa*   Miér Abr 08, 2009 1:39 pm

jajaja, Harry me recordó a mi hermana cuando quiere algo, y vaya que le costó caro a Hermione y Ron el querer tanto a Harry, ahora les tocará pasar las de caín con las ocurrencias del chico.

Besitos!!! star













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kakarotta
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 20 *La Farsa*   Vie Jun 26, 2009 11:42 pm

a mi me gustaria poder chantajear a mis amigos asi, seria genial
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 20 *La Farsa*   Sáb Jun 27, 2009 1:59 pm

ah, nada más es cuestión de un poco de práctica, jajaja
verás que al rato sale espontáneamente Laughing













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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 20 *La Farsa*   

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Enfermo de amor. Capítulo 20 *La Farsa*
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