La Mazmorra del Snarry


 
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 Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*

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Araleh Snape

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MensajeTema: Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*   Sáb Abr 04, 2009 2:50 pm

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Laarca






Pomfrey miró alarmada como el chico que el Profesor de Pociones llevaba en brazos parecía muerto, y que además era Harry Potter. Le hizo llevarlo a la cama del fondo junto a la ventana para poder examinarlo. Severus se hizo a un lado para dejarla hacer su trabajo, pero no despegaba los ojos de Harry, orando en silencio para no tener que escuchar ninguna mala noticia.


- ¿Qué fue lo que pasó, profesor? –le cuestionó la enfermera luego de invocar un casco que proporcionaba oxígeno al muchacho, aunque éste continuaba estático, y sin rastros de vida-. Esto es muy extraño, su respiración es apenas perceptible, nunca supe que tuviera problemas de ésta índole… será mejor que avise al Profesor Dumbledore, es probable que tengamos que trasladarlo a San Mungo.

- Va a estar bien… ¿verdad?

- No lo sé. ¿Puede decirme qué pasó?


Severus negó con la cabeza, no sabía si debía hablar o no, estaba tan confundido y asustado. La enfermera lo dejó solo para ir en busca del Director, y Severus aprovechó el momento para inclinarse hacia Harry y aunque no se animaba ni a tocarlo, necesitaba estar a su lado.


- Tienes que luchar, Harry… por favor. –suplicó angustiado-. No soportaría que nada malo te pasara por mi culpa. Despierta, te lo ruego… ¡te juro que jamás quise lastimarte, que si hubiera sabido lo que pasaría no te habría besado jamás! Creo que la maldición es cierta, por un instante tuve la esperanza de que no fuera así, y es que no quiero perderte ¡que irresponsable he sido!... ¿Qué hago para que te olvides de mí?


Una luz iluminó el cerebro de Severus, y tal vez eso pudiera ayudar a Harry a superar también la crisis por la que atravesaba. Llevó su varita hacia la cabeza de Harry dispuesto a obliviatearlo, pero un repentino dolor en su antebrazo izquierdo le hizo llevar la mano derecha hacia allá, olvidándose del hechizo.


“¡No, por favor, ahora no!” suplicó angustiado de tener que marcharse y dejar solo a Harry. Lo miró, no podía, él lo necesitaba justo en esos momentos. Pero el dolor en la marca se hacía más intenso, Voldemort lo reclamaba con urgencia… ¿qué debía hacer?


Un ruido tras de él lo hizo sobresaltarse, vio como Ángelo llegaba corriendo a la enfermería, y aunque dio la impresión que quiso decirle algo, en cuanto vio a Harry tendido en la cama con ese casco de oxígeno, su atención se desvió hacia él.


- ¿Qué fue lo que pasó? –preguntó acercándose al muchacho mirándole preocupado.

- Estábamos en la clase, te dije que pensaba entrenarlo ¿no? –comenzó ocultando el dolor que sentía en el brazo y continuó luego de obtener el asentimiento del Veela-. Dijo que no podía respirar, lo traje aquí y…

- No digas más. –le interrumpió de repente-. Severus, ¿el Lord te ha llamado, verdad?

- ¿Cómo lo sabes?

- Severus, desde hace rato no he podido pensar en otra cosa, estaba leyendo cuando empecé a sentirse extremadamente angustiado y lo único que se me vino a la mente fue que nuevamente estabas en problemas… te busqué por todos lados al no encontrarte en el aula, y me topé con Madame Pomfrey dirigiéndose al despacho de Albus, ella me dijo que estabas aquí… tuve tanto miedo de que algo te hubiese pasado.

- Yo estoy bien, pero… -respondió mirando a Harry.

- Tenemos que irnos, el Lord te castigará si no llegamos pronto. Apresúrate, Severus.

- Es que no puedo irme y dejarlo así.

- Él estará bien. Ahora adelántate, así podrás decirle a Dumbledore donde estaremos, te veré en la entrada del castillo en dos minutos, así daremos oportunidad a que llegue la enfermera y Harry no se quedará solo.


Severus dudó todavía un poco más, miraba a Harry comprobando que no quería irse de su lado. El dolor en la marca se hacía más intenso, no le importaba, él quería quedarse junto a quien amaba. Ángelo notó su indecisión y respirando hondo se le acercó para hablarle quedito al oído.


- No lo ayudarás quedándote aquí. Si quien-tú-sabes descubre que te quedaste por preocupación a Harry Potter sabrá que eres un espía… ¿no comenzó todo esto porque quisiste darle la certeza de que estaba equivocado?. Ahora tienes que continuar, Severus, si te descubren, me descubrirán a mí también y entonces no habrá espía para la Orden, y la batalla de Harry será aún más difícil.

- Lo sé, pero… Abbatelli, necesito que sepas algo, Harry…

- Ahora no hay tiempo, confía en mí, nada le sucederá. Anda, apresúrate que ya nos hemos demorado mucho… aquí no tienes nada qué hacer.


Ángelo dio un suave empujón a Severus para que se decidiera a irse, y aunque éste parecía aún renuente, suspiró con resignada frustración y se apresuró a reunirse con Albus. Al quedarse solo, Ángelo sabía que no tenía mucho tiempo, miró a Harry por unos segundos, sonriéndole de manera enigmática. Revisó que no viniera nadie aún, y entonces le retiró el casco de oxígeno. Harry jadeó acentuando su color, ahora violáceo, casi negro, sobre todo en labios y en sus dedos.


- Harry… -le habló Ángelo con suavidad retirándole delicadamente algunos mechones de su frente sudorosa-… no puedes morir, no es tu hora, y no quiero que suceda… Yo también te necesito, Harry, así que debes volver, niño hermoso.


Ángelo se inclinó hacia el muchacho y colocó sus labios sobre los fríos y secos del Gryffindor, por un par de segundos fue sólo un roce, pero enseguida, Harry pareció despertar aunque su mirada lucía ausente. Ángelo se acomodó mejor sobre la cama y profundizó la caricia consiguiendo que en poco tiempo ambos estuvieran besándose ardientemente. Harry cercó a Ángelo por su cintura atrayéndolo más hacia su cuerpo, sintiendo un suave y reconfortante calor que lo mantenía unido a la vida. El Veela no lo rechazó, acariciaba suavemente las mejillas de Harry que poco a poco iban recobrando su color.


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Severus ya había comunicado a Albus sobre la condición de Harry, aunque sin decirle el motivo por el cual estaba enfermo, así mismo le avisó de su inminente partida en cuando Ángelo se les reuniera. Albus se veía preocupado, quería ir a visitar a su alumno pero también necesitaba hablar más con Severus, algo le decía que su amigo no estaba siendo totalmente sincero con él. Su palidez y la angustia casi aterrada de su mirada no eran algo que se debiera a su próximo encuentro con Voldemort. Por fin Ángelo llegó y sin detenerse a nada, Severus le sujetó de la mano para llevarlo a los límites de Hogwarts, en su mente sólo una idea, volver antes del amanecer. Debido a que Ángelo no era un mortífago en sí, dependía de Severus para saber dónde presentarse en el momento del llamado de Voldemort. Finalmente se aparecieron en el sitio donde estaba la guarida del Señor Oscuro y usando la contraseña que les fue enviada consiguieron entrar en él. Apenas aparecieron en gran Salón de reuniones cuando un Crucio pegó directo en Severus. Ángelo, sin inmutarse, caminó hacia su lugar entre todos los mortífagos y esperó pacientemente a que su pareja fuera liberada de la tortura.


- ¡Que sea la última vez que me haces esperar, Severus! –le ordenó Voldemort rabioso.

- Lo lamento, Mi Lord, es que…

- ¡No me interesan tus excusas, necesitaba hablar con Abbatelli con urgencia y tú has retardado todo! ¡Eres un inepto, Severus!... ¡Crucio!

- No es que me importe demasiado. –intervino Ángelo al ver que Severus volvía a ser presa de la dolorosa maldición-. Pero si me lo maltratas tanto me pasaré la noche viéndolo curarse las heridas en lugar de follármelo, así que mejor olvídate de él y puedes decirme cuál era la urgencia de verme.

- Hay un Veela llamado Giovanni… ¿Lo conoces? –preguntó interrumpiendo la maldición.

- Hay muchos con ese nombre, es frecuente en Italia.

- Tengo entendido que proviene de Florencia ¿tú eres de ahí, no?

- Sí… ¿cómo es el Veela que te interesa?

- Se parece a ti, tiene el cabello castaño y ojos azules, es alto, muy atractivo… ha estado involucrándose en el Ministerio, mis informantes dicen que usa su encanto para convencerlos de incluir a los de tu raza en algunas reformas a leyes. Al parecer empieza a salirse con la suya, y eso no conviene a mis intereses. Si los Veela encuentran ventaja en asociarse al Ministerio entonces no podremos contar con más de ustedes. Necesito que busques a ese Veela y te deshagas de él… será tu primera prueba, Abbatelli.

- No hay problema, quizá pueda convencerlo de unírsenos y…

- No, no me interesa tenerlo en mis filas… quiero que lo mates y el mensaje les llegue a todos los de tu raza. Ese será el destino de todo aquel que vaya contra mí.

- Como ordenes, Señor. –aceptó con una placentera sonrisa.

- Ahora quiero que tú y Severus se queden esta noche aquí. He decidido preparar todo para que mañana mismo tomes la marca, Abbatelli.

- ¿La marca? –repitió ocultando su turbación-. ¿Para qué? Severus siempre se encargará de traerme cuando sea necesario.

- Después de lo de hoy acabo de comprobar que necesito que la lleves y no acepto protestas, Abbatelli… la reunión ha terminado, preparen todo para el rito.


El resto de los mortífagos se puso de pie, felices de que en esa ocasión ninguno fuera torturado además de Severus. El Profesor de Pociones se encontraba en shock tras de su máscara, no podía ni moverse ante lo que acababa de escuchar, y apenas sí pudo reaccionar cuando Abbatelli lo sujetó de la mano para atraerlo hacia él y abrazarlo.


- ¿Estás bien? –le preguntó cobijándolo en su pecho, ahora mostrando su dolor ante el sufrimiento que le había sido impartido en sus propios ojos.

- Sí, pero tenemos que salir de aquí. –murmuró Severus al oído de su pareja, se notaba asustado-. No puedo permitir que te marquen… no quiero, Abbatelli.
- Una marca no significa nada, sobre todo después de la misión que se me ha asignado, amor. –respondió reposando su cabeza en el hombro de Severus-. No te angusties por mí, todo saldrá bien.

- Tampoco harás eso… ¡Yo lo haré por ti! –exclamó estrechándolo con fuerza-. No permitiré que te conviertan en un asesino, para mí no habrá diferencia, pero tú seguirás con tus manos limpias.

- Severus…

- Me importas demasiado para quedarme sin hacer nada, Abbatelli. Y aunque hasta el momento no haya podido hacer mucho por ti, te prometo que sabré cuidarte y que no tendrás ninguna muerte en tu conciencia.
- ¿De verdad te importo? –preguntó mirándole enamorado.


Olvidándose de donde estaba, Ángelo se aferró a los labios de Severus sin esperar siquiera una respuesta, y aunque el Profesor apenas sí consiguió corresponderle por un segundo, no se sintió ofendido, era feliz de que su pareja le estuviera reconociendo y protegiendo, aunque su deber también era protegerlo a él y lo haría. Ángelo le convenció de quedarse, convencido de que huir sólo les acarrearía la muerte a los dos, y a pesar de que Severus terminó aceptando no podía dejar de sentirse culpable, por él, ahora Ángelo se vería marcado y señalado como mortífago por el resto de su vida… pero sobre todo, por Harry, no había pensado tardarse tanto en volver, ahora sería imposible llegar antes del amanecer.


- Tranquilo, mi amor, todo va a salir bien. –intentó tranquilizarlo Ángelo cuando estuvieron a solas en una habitación designada para ellos-. Deja de mostrarte tan angustiado o el Señor Oscuro notará algo extraño.

- Abbatelli… últimamente todo me sale mal. No debí traerte a este lugar, no es para ti.

- Tú no me trajiste ¿recuerdas?... vine solo.

- Por mí, y ahora vas a pagar las consecuencias. Aún no te imaginas lo que significa llevar la marca.

- Vamos, Severus, si yo no lo estoy tomando tan trágico no lo hagas tú… ¿Porqué mejor no aprovechamos que estamos solos y me haces el amor? –pregunta abrazándole para hundir su rostro en el cuello de su pareja y besarlo sugerentemente.

- ¿Cómo puedes tener ganas justo ahora?

- Siempre tengo ganas contigo, mi amor… Por favor, ámame ahora mismo.

- No, Abbatelli… no es momento.

- Está bien. –aceptó suspirando-. Entonces sólo abrázame.


Severus le levantó en brazos consiguiendo que el joven Veela riera feliz fingiendo que nada de lo que sucedía le importaba. Se recostaron sobre la cama, esperando a que llegara el nuevo día que cambiaría la vida del Veela. Snape sabía que no podría dormir, apretó los labios para no ponerse a gritar de impotencia. Se sentía agobiado por la culpa de lo que le estaba pasando tanto a Harry como a Ángelo... uno en una cama de enfermería, el otro a unas horas de ser mancillado de por vida, y todo, porque ambos se habían enamorado de él. Ahora daría cualquier cosa por regresar el tiempo y volver a ser el amargado solitario que creyó que jamás nadie sería capaz de amarlo… el amor causaba estragos, no era bueno, no para quienes lo amaban.


Justo en ese momento, Harry abría los ojos violentamente, su corazón retumbaba, miró a todos lados y quitándose la cubierta que le mantenía oxigenado intentó recordar lo que había sucedido.


- Harry, no debes levantarte. –le reprendió la enfermera cuando lo vio sentado en su cama, mirando a su alrededor casi con miedo-. Aún no te recuperas del todo, pero te aseguro que mañana podrás salir de la enfermería si sigues las instrucciones y descansas. Tu mejoría ha sido muy satisfactoria.

- ¿Porqué estoy aquí?

- ¿No lo recuerdas?... El profesor Snape te trajo desmayado y…

- ¿Dónde está él?

- La verdad, ni idea. Cuando regresé luego de avisarle al director ya no estaba y no he vuelto a verlo. Ahora descansa, es mi última palabra.


Harry obedeció, sabía que era imposible desobedecerla, pero además, no se sentía con ánimo. Giró su rostro hacia la pared y recordó lo sucedido, no recordaba nada de lo que había pasado luego de besar a Severus, sólo que un sentimiento de muerte inminente se apoderaba de sus sentidos agobiándolo y dejándole sin la posibilidad siquiera de respirar. Sin embargo, nada se comparaba a la tristeza que sentía al darse cuenta que Severus simplemente lo había dejado en la enfermería y se marchara abandonándolo a su suerte… aún después de haberle confesado que lo amaba. Poppy llegó en ese momento y le hizo beber una poción para dormir y no se marchó hasta verlo beberla toda, parecía que no confiaba nada en él, eso no le importó, en realidad anhelaba poder dormir sin soñar, sin recordar a Severus Snape.


Sin embargo, su descanso no fue tal, durante la madrugada pudo ver a través de los ojos de Voldemort como éste supervisaba las preparaciones para un ritual. Estaban en un cuarto oscuro, parecía un sótano abandonado, pero no había ningún tipo de mobiliario, sólo una mesa de piedra en el centro rodeada de velas negras. La mirada de Voldemort se fijó en una puerta y un profundo regocijo lo inundó. Harry despertó aterrado, adivinó lo que estaba sucediendo, y aunque aún se sentía débil, se levantó de la cama buscando su túnica para cambiarse, debía hablar con Dumbledore enseguida.





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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*   Sáb Abr 04, 2009 2:53 pm

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El amanecer estaba a punto de llegar, Severus se encargó de bañar a Ángelo personalmente, debía estar hermoso y limpio para la ceremonia. En completo silencio le peinó sus largos cabellos castaños mirando de vez en cuando sus ojos verdes como aceitunas a través del reflejo del espejo que tenía frente a él. No pudo evitar pensar en otro tono de verde, preocupado por saber lo que había sido de él… tal vez en esos momentos ya no tuviera ninguna razón para continuar de pie en ese mundo.


- No quiero verte triste, Severus. –le pidió Ángelo sujetándolo de una mano-. Lo que va a pasar no me importa, de verdad.

- Quisiera que nada de esto estuviera pasando… quisiera poder hacer algo por ti, Abbatelli. –le dijo sentándose a su lado para acariciarle las mejillas con ternura-. Eres demasiado joven para comprenderlo, yo tomé la marca unos años antes que tú y no sabía bien lo que hacía… no quiero que llegues a mi edad y sientas el arrepentimiento que siento yo.

- No sucederá porque estoy tomando la marca con motivos diferentes… No es por el Señor Oscuro, es por ti, y sólo por eso, hasta me siento contento.


Ángelo besó a Severus antes de ponerse de pie, era hora de colocarse esa horrible túnica de satín negro que le había sido llevada para usar durante la ceremonia y Severus no pudo hacer nada más que admirar su valentía y coraje.





Mientras tanto, Albus había escuchado a su alumno en silencio, y ahora finalmente le dejaba descansar en una silla, aún agitado por el esfuerzo realizado al ir corriendo desde la enfermería.


- Son noticias tristes, Harry… pero no podemos hacer nada.

- ¡Lo marcará, profesor! –exclamó angustiado-. ¡Debería estar organizando un rescate, reúna a la Orden, avise a los del Ministerio… haga algo, por favor, ya!

- Ángelo es valiente, Harry, él sabía muy bien a lo que se atenía al aceptar ese papel… si intervenimos entonces echaremos todo a perder.

- Pero…

- Aquí esperaremos a que regresen, por lo menos sabemos que están a salvo, Harry.


Harry no sabía qué pensar, pero obedeció quedándose sentado en su silla. Aunque Ángelo no le agradaba, nunca hubiera deseado que tuviera que pasar por algo tan denigrante como ser marcado por Voldemort, de convertirse en uno más de sus mortífagos. Ahora quería volver a tener una conexión con su enemigo, necesitaba saber lo que sucedía… pero no lo consiguió, estaba tan nervioso y preocupado que jamás podría concentrarse lo suficiente.


En el refugio de Voldemort, Severus ocultaba su tristeza tras la máscara de mortífago, le dolía en el alma ver que Ángelo era conducido hacia la mesa de piedra y recostado sobre ella. Parecía realmente un ángel a punto de ser sacrificado. Tuvo que retirar los ojos para no mirar, pero la voz de su pareja llamándolo le hizo volver a fijar su vista en él, sorprendiéndose de verlo sonreírle con ternura.


- Ven, Severus. –le pidió extendiendo su mano hacia él-. Acércate hacia mí.


Severus dudó, miró al Lord quien le hizo una señal para que obedeciera y entonces se apresuró a llegar al lado del dulce Veela que le miraba tan enamorado que su corazón se sintió más culpable que nunca.


- Quiero que estés conmigo en este momento. –le pidió Ángelo sujetándolo firmemente con su mano derecha-. Supongo que no tienes ningún inconveniente en eso, Señor… ¿o sí? –agregó dirigiéndose a Voldemort.

- Muy románticos los dos… pero no, por mí no hay problema. –respondió Voldemort burlándose de ellos-. Es más, se me ocurre una gran idea, Severus… ¿qué tal si tienes el honor de marcarlo personalmente?


Severus asintió, aunque le resultaría doblemente doloroso ser el causante de que Ángelo llevara la marca, lo prefería a dejar que otro mortífago le pusiera una mano encima. Ángelo le sonrió animándolo a actuar como debía hacerlo frente a Voldemort. Severus le miró un instante a sus ojos antes de proceder a presidir el ritual.


El corazón de Severus se sobrecogía al notar el rictus de dolor de Ángelo cuando usando un escalpelo de plata trazó una línea recta a lo largo de su antebrazo. La sangre empezó a manar en todas direcciones, el corte debía ser profundo y por lo tanto abarcaba hasta algunas arterias de considerado calibre, podía sentir las fibras de los músculos destrozadas por el filo del bisturí pero no debía detenerse. Voldemort se acercó al momento en que vio que la sangre ya llenaba una vasija colocada bajo el brazo del Veela, y entonces colocó su varita sobre la herida. Un reflejo verde cubrió el recinto en que se encontraban y Ángelo lanzó un grito aterrador que congeló la sangre de Severus, su respiración se volvió tan agitada como la del muchacho, ganándose una sonrisa más que burlona del propio Voldemort, pensando que el amor estaba inundando el corazón de sus sirvientes. Ese pensamiento le hizo poner más énfasis al hechizo que pronunciaba, necesitaba asegurarse de una absoluta lealtad y el amor siempre era el peor obstáculo para eso… era mejor que jamás olvidara esa tortura.


Severus apretó más fuerte la mano derecha de Ángelo, veía con dolor su rostro sudoroso por el martirio que sentía, así que dirigió su mirada hacia el Señor Oscuro en una muda súplica para que se detuviera, por supuesto, sabía que eso era un sueño pero no podía evitarlo… tenía que hacer algo.


Inclinándose hasta el suelo, besó el largo de la túnica de Voldemort implorando por Ángelo, convencido de que él no soportaría más sufrimiento, no estaba acostumbrado al dolor por muchos duelos en los que hubiera participado, siempre eran cosas controladas, jamás había sido presa de una maldición como la que ahora le era dirigida. Finalmente, Voldemort separó la varita del brazo de Ángelo y éste suspiró cansado, aunque el dolor no se iba. La herida se fue cerrando y dolía tanto como cuando fue abierta mientras que una imagen se dibujaba por sí misma sobre su blanca y tersa piel de joven Veela. Voldemort se inclinó un poco para levantar el rostro de Severus, le quitó la máscara y sonrió diabólicamente.


- Si alguno de los dos me falla, Severus… el que pagará será el otro. ¿Has entendido?

- Sí, Amo… nuestra lealtad siempre será para usted.


Voldemort miró al Veela antes de marcharse, tal vez debió haberlo matado, no le agradaba saber que sus mortífagos se adoraran más entre sí que a él… pero lo necesitaba, ese Veela era una pieza clave en sus juegos, al igual que Severus. El resto de los mortífagos se desapareció con su Señor y Severus aprovechó para sujetar a Ángelo en sus brazos y llevarlo a la habitación. Ahí le limpió la sangre ya coagulada para mirar asqueado como la marca tenebrosa se había adherido para siempre a esa piel tan cálida y amorosa… no era justo, pensó, ¿porqué mancillar algo tan hermoso?.


- Gracias por estar conmigo, Severus. –le dijo Ángelo con un poco de dificultad-. Sé que estás preocupado por mí, pero te juro que ya casi ni me duele.

- ¿Se te olvida con quien hablas?... sé lo que se siente, Abbatelli, no puedes engañarme.

- ¿Ya podemos regresar a Hogwarts?

- Sí… en cuanto te sientas mejor nos iremos.

- Ya me siento bien. –aseguró intentando incorporarse-. Quiero irme a casa, amor.

- De acuerdo, nos iremos a casa.


Ambos se sonrieron pensando en que realmente habían encontrado algo parecido a un hogar dentro del castillo donde trabajaban, y solamente ahí podían sentirse mejor liberándose de la atmósfera tétrica del refugio de Voldemort. Lo que Ángelo no supuso fue que Severus pensaba en Harry al hablar de hogar, y no había alegría alguna en su sonrisa imaginando que tal vez a su regreso se encontrara con una noticia que no sabía si podría soportar.


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Harry sostenía en sus manos la taza de té que Albus le diera, pero no bebía, miraba su superficie marrón pensando en Severus, rogando por que estuviera bien, para que a él no le pasara nada, ya habían tardado demasiado, eso no podía vislumbrar nada bueno. Ya ni siquiera se acordaba de su tristeza por haber sido abandonado en la enfermería, lo único que quería era verlo entrar sano y salvo y entonces todo estaría bien, podría decirle que lo amaba o que lo odiaba, eso no importaba, lo que deseaba era poder hablarle.


La puerta se abrió y entró Severus con Ángelo, éste último iba sostenido del brazo del otro profesor, como si se le dificultara mantenerse en pie. Harry se levantó por un impulso pero se detuvo en el siguiente momento… ¿qué iba a hacer? ¿Lanzarse a los brazos de Severus y besarlo delante de su pareja?... no, esa no era una buena idea.


Los ojos de Severus brillaron de una manera increíble al ver a Harry frente a él, fue el hecho de que Ángelo se aferró con más fuerza a su brazo, lo que le evitó salir corriendo hacia Harry para abrazarlo, feliz de volver a ver esos ojos verdes a su regreso. Con la ayuda de Dumbledore, sentó a Ángelo en un sofá y él hizo lo mismo a su lado, recibiéndolo en sus brazos para que continuara descansando sobre su pecho… ya no se atrevía a mirar lo que Harry hacía en ese momento.


- Me alegra verlos de regreso. –dijo Dumbledore sentándose frente a ellos, Harry permaneció de pie, casi sin moverse, intentando pasar desapercibido-. Así que has tomado la marca, Ángelo.

- ¿Cómo lo sabes?

- Harry me vino a avisar hace rato, al parecer tuvo una visión de Tom.

- ¿Es eso cierto, Potter? –preguntó Severus alzando la mirada hacia Harry con preocupación.

- Sí… y estoy bien. Es bueno ver que pregunte. –contestó con una ironía que no pudo mantener oculta.

- ¿Y tú cómo estás, Ángelo? –intervino Dumbledore intentando evitar que esos dos volvieran a pelear.

- Bien, Albus, gracias. Sólo un poco débil pero me repondré rápido.

- Siento que las cosas estén tomando este rumbo.

- Yo acepté las consecuencias, Albus, no tengo nada que recriminarles. Es más, me gusta pensar que la marca es más una representación de mi amor por Severus que un símbolo de magia negra.

- Muy románticos los dos. –comentó Harry sin poder evitarlo.

- Fue el mismo comentario que hizo quien-tú-sabes cuando le pedí que Severus estuviera a mi lado. –le respondió Ángelo sonriendo con tristeza.

- ¿Acaso estás comparándome con Voldemort? –le recriminó Harry ofendido.

- Sólo en que parece que a ninguno de los dos le gusta ver a la gente feliz.

- Eso no es cierto. –interpeló Harry ofendido-. No tienes derecho a decirme algo así… no me conoces lo suficiente.

- Siempre estás haciendo comentarios hirientes, Harry, sobre todo cuando se trata de Severus y de mí, y yo no he hecho nada que deba avergonzarme, al contrario, quise ser tu amigo y tú no has querido aceptarlo.

- Sí, tal vez sea tan cruel como dices, Ángelo, pero jamás te diría que tienes algo que me recuerda a un monstruo, a alguien que asesinó a mis padres y que vive queriendo hacer lo mismo conmigo… creo que tú también sabes hacer comentarios hirientes.

- Yo sólo me defendía. –protestó cobijándose en los brazos de Severus.

- Pues yo también sé defenderme, y me muero porque llegue el día en que puedas darte cuenta que…

- ¡Basta! –exclamó Albus de repente-. Creo que ambos se han sobrepasado esta vez, y justo cuando deberíamos estar más unidos que nunca, así que les sugiero que se pidan una disculpa ahora mismo.

- Pero, Albus… -protestó Ángelo tímidamente-… sólo me defendía.

- Lo que dijiste estaba de más, Ángelo… discúlpate, por favor.

- No, yo no quiero que se disculpe. –aseguró Harry-. No me hace falta.


Harry salió rápidamente del despacho del profesor del Director, estaba más que furioso, pero no tanto contra Ángelo, aquella discusión no le importaba tanto, pero sí el silencio de Severus, eso le dolía como puñales clavados en el alma.


- ¡Harry!





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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*   Sáb Abr 04, 2009 2:54 pm


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Harry se detuvo un segundo mientras bajaba la escalera de caracol, la voz a sus espaldas tenía un poder increíble sobre él, pero no se giró a mirarlo, eso le restaría todas sus fuerzas, y luego de respirar hondo continuó descendiendo lo más rápido que pudo. Pero Severus fue más veloz y lo alcanzó sujetándole de una mano para impedirle continuar huyendo. Intempestivamente, Harry se giró sobre sí mismo y le golpeó repetidamente el pecho para soltarse, pero Severus no lo hizo, jalándole hacia él le abrazó y aunque tuvo que usar más fuerza de lo que quería, consiguió someterlo hasta que el chico terminó llorando aferrado a su túnica.


- ¡No me defendiste! –le reclamó con ira-. ¡Sé que ese Veela es a quien tú elegiste, Severus, pero lo que me dijo no era para que te quedaras callado!... ¡Y lo hiciste, no abriste la boca para nada mientras tu amorcito me humillaba comparándome con Voldemort!

- Harry… fue una discusión infantil entre los dos, no debes tomarla en serio... aquí se jugan asuntos más graves que eso y...

- ¡Mejor ya no digas nada! –le gritó logrando a zafarse-. ¡Te odio, eres un maldito que no merece que me haya pasado horas rezando para que estuvieras bien, para que regresaras con vida!... ¡Rezaba para que volvieras a salvo, para aunque sea poder pelear contigo como siempre, pero me olvidé de lo bien que sabes lastimarme!...¡ojalá ninguno hubiera vuelto!.

- No digas eso, sé que no lo sientes en verdad. Me dijiste que… en el aula, dijiste que…

- ¡Olvida lo que haya dicho en el aula, Severus, escuchaste mal!

- No es cierto.

- ¡Y mírate, Severus, aún creyendo haber escuchado otra cosa, me dejas en la enfermería completamente solo, sin importarte si muero o no!

- Claro que me importaba… no puedes imaginarte cuanto, pero necesitaba acudir al llamado del Señor Oscuro, Harry.

- ¿Te llamó? –preguntó cambiando su enojo por una total preocupación, estremeciéndose involuntariamente cuando Severus se atrevió a limpiarle un poco sus lágrimas-. ¿Para qué te quería a ti?

- Sólo para comunicarse con Abbatelli, le ha encomendado una misión especial de la que no puedo hablarte ahora, necesito hacerlo primero con Dumbledore.

- Bien. –aceptó suspirando resignado-. Hagan sus conspiraciones a gusto… yo me voy, ¡ni que me importara la iniciación de tu amorcito!. Mejor regresa con él y ayúdalo, que eso es mucho más importante por el momento.

- Harry, quiero que hablemos de lo que pasó en el aula, de lo que me dijiste y sobre el beso.

- Pues que lástima, porque yo ya no tengo ningunas ganas de hablar contigo… no ahora.


Harry terminó de bajar las escaleras y salió rápido por la puerta que la gárgola había abierto. Severus ya no le siguió, se sentó en un escalón, totalmente abatido por no poder decirle que lo amaba y que sus palabras también lo herían.


“Él tiene razón” pensó suspirando cansado… “yo no debí irme y dejarlo solo cuando sabía que estaba corriendo un peligro de muerte… ¡lo abandoné! Ni siquiera le dije a Albus para que buscara algo para ayudarlo, simplemente confié en que era Harry Potter, el niño que siempre ha sobrevivido”


Severus introdujo sus dedos en su cabello con ansiedad, necesitaba ser más racional, actuar más inteligentemente pero cada vez se sentía más confundido. Miró hacia arriba y vio la puerta cerrada del despacho, alegrándose de haber colocado un hechizo de silencio, así podría tener tiempo de inventar una mentira más que justificara el hecho de haber salido corriendo tras de Harry.



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Susy Snape
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*   Dom Abr 05, 2009 2:12 am

Que tortura es recibir la marca de Voldemot... hay que ser muy tonto o querer mucho a alguien para aceptarla..... tiene merito el Abatteli pero todavía me cae gordo jajaja

Besos Very Happy
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*   Dom Abr 05, 2009 6:47 pm

Angelo realmante amaba a Severus, y su mayor mérito es que lo quiso desde el primer momento en que lo vio y no le importó lo que pudieran pensar los demás. En eso le ganó a Harry, en dar el primer paso, y pues ahora tenía que hacer todo para conservar la delantera, aunque fuera tomar la marca para ayudar a Severus, lo cual hizo de todo corazón. un poco alebestrado e inconsciente, pero así era Angelito jeje

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kakarotta
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*   Vie Jun 26, 2009 9:15 pm

lo se pero aun asi lo odio, hace dudar a sev cuando deberia estar seguro sobre lo que siente despues de todo sev pertenece a harry
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*   Sáb Jun 27, 2009 1:13 pm

y con toda razón Ángelo se ha ganado el odio, pero de todos modos Sev no duda de su amor por Harry, sin embargo sí quiere a Ángelo, siente una especie de ternura por él, creo que nacido a raíz de que fue el veela quien le dio seguridad sobre su atractivo físico, antes nunca hubiera pensado que podría gustarle a nadie... ahora incluso hasta se animó a declarle su amor a Harry, =)

cosas de la vida, pobre ángelo, jajaja Very Happy















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Yuki Fer
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*   Dom Nov 25, 2012 8:36 pm

REALMENTE ME IMPORTA UN REBERENDO PEPINO SI EL MALDITO VEELA SE HACE EL VALIENTE.......... lloro1 el hecho es k por su culpa hacen llorar al pobre de harry......... lloro1 cabreo rayoss me enoja maldito veela......senseii tu historia es increible...n_n....... palms reverencia
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*   

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Enfermo de amor. Capítulo 11 *La Marca*
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