La Mazmorra del Snarry


 
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 Enfermo de amor. Capítulo 9 *Severus Mentiroso*

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Araleh Snape

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MensajeTema: Enfermo de amor. Capítulo 9 *Severus Mentiroso*   Dom Mar 29, 2009 1:50 pm

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Severus mentiroso






Harry se había encerrado en un aula abandonada del séptimo piso, agazapado contra la pared, sentado en el suelo con las piernas encogidas, escondiendo en las sombras el dolor que resbalaba por sus mejillas en forma de lágrimas. No sabía qué le lastimaba más, si los besos de Severus que aún sentía en sus labios, o el beso que le viera dándole a Ángelo. Se sentía confundido y anhelaba una respuesta que justificara lo sucedido, pero no la encontraba. El aula tenía una sola ventana y desde ahí vio como el sol salía en el horizonte para dar comienzo a un nuevo día, y para él, ese nuevo amanecer le significaba mucha tristeza, ese día tendría la respuesta y mucho temía que no sería la que hubiera gustado obtener.


Todas esas horas soñó imaginándose a Severus buscándole por el castillo, deseoso de encontrarlo y decirle que lo amaba, que lo que había visto era un error, una jugarreta de su imaginación y estaba dispuesto a creerle. Rogaba por escuchar sus pasos acercándose, pero sólo hubo silencio hasta que por la ventana llegó la lejana algarabía de algunos de sus compañeros que jugaban ruidosamente en los patios… ¡Cuánto les envidió, quería ser así, no deprimirse por alguien que lo había besado para luego olvidarse de él!


Se puso en pie sintiendo como sus músculos engarrotados le dolían con el más mínimo movimiento. Ni siquiera fue a la Torre a bañarse o cambiarse de ropa, tampoco bajó a desayunar ni a prepararse para sus clases, silenciosamente tomó el camino más desierto a las mazmorras, decidido a no irse sin obtener una explicación.


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Severus, permanecía impasible mirando el cielo mientras sentía la mano de Ángelo rozar cariñosamente sus mejillas, éste estaba mirándole sin ocultar su amor y su felicidad por haber pertenecido al hombre que amaba. Su encanto se desbordaba sin control, algunos gorriones y canarios cantaban sobre los árboles cercanos. Severus sonrió mordaz ante el efecto que causaba el estado de ánimo de su ahora pareja.


- ¡Te amo! – dijo Ángelo abrazándose a él, hundiendo su rostro en el pecho del otro profesor.

- Abbatelli, no es para tanto.

- Para mí ha sido la noche más grandiosa de mi vida.

- ¿Aunque las rocas y el césped frío hicieran todo muy incómodo?

- No fue incómodo… ¡Fue hermoso, y soy el hombre más dichoso del mundo!

- ¿Puedes espantar ya a esos pájaros ruidosos?

- No, ¡Soy feliz, inmensamente feliz y quiero que este día, todos lo sean, quiero que sientan mi felicidad como suya!

- Vamos, tenemos que regresar al colegio… hay clases que nos esperan.

- ¿No podríamos tomarnos unos días?... ¿Cómo luna de miel? –propuso besándole suavemente en los labios.

- No creo que a Albus le haga mucha gracia quedarse sin dos profesores sin previo aviso. Anda, levántate, que tenemos que ir a decirle a Albus que su profesor de Pociones sigue vivo.

- Y que el de Defensa anda volando por los cielos de la felicidad.


Severus sonrió a medias antes de ponerse de pie y ayudar a Ángelo a hacer lo mismo, mientras se vestían, Snape aprovechó que no lo veía para mirar hacia el castillo y ensombrecer su rostro… “Harry” pensó, y un clavo de metal ardiente se hundió en su corazón. Agradecía que Ángelo hubiera expandido su alegría a los alrededores, pero a él no le hacía el suficiente efecto, nunca iba a poder ser feliz si en poco tiempo tendría que enfrentarse a quien amaba y dar por terminada cualquier esperanza.


Mientras de dirigían al castillo, Snape miraba asombrado como la emanación de felicidad de Ángelo se reflejaba en los alumnos con los que se cruzaban en el camino, todo parecía un cuento de hadas, con niños riendo felices, pájaros cantando por todos lados, hasta el calamar gigante chapoteando ruidosamente en la orilla… ¿Podría soportar eso Severus Snape por el resto de su vida?... sintió náuseas, de repente sentía náuseas hasta de él mismo.


Al llegar al despacho, Dumbledore no pudo evitar sonreír, tanto por el efecto del Veela como por su alegría de ver vivo a Severus y llegar sujetado de la mano de su nueva pareja. Les invitó a pasar e hizo servir tres copas del mejor vino para celebrar.


- Por su felicidad. –brindó Albus emocionado.

- Gracias, por la de todos. –respondió Ángelo sonriendo radiante-. Este día ha sido memorable, enviaré las buenas nuevas a mi familia en Italia, seguro querrán conocerte, Severus, así que espero que en las próximas vacaciones viajemos a casa.

- Ya veremos. –dijo Severus sonriendo no muy entusiasta, dejando su copa sin probar sobre la mesita-. Ahora quiero pedirles algo, no divulguemos a nadie más las condiciones en que nos hemos unido Abbatelli y yo, es mejor que nadie lo sepa, ¿de acuerdo?

- Me parece bien. –respondió Albus enseguida-. Ustedes están en todo su derecho de decir sólo lo que consideren prudente.

- Estoy de acuerdo contigo, Severus. Tampoco es cuestión de despertar habladurías en las personas… es mejor que nos vean como una pareja de enamorados que finalmente decidieron estar juntos.

- Bien… ahora tengo que irme a mis habitaciones, debo prepararme antes de la primera clase.

- De acuerdo… ¿Y cuando quieres que me mude contigo, Severus?


Severus se giró a mirar a Ángello como si fuera el mismo Voldemort, no había pensado en eso, tendría que vivir con él… y la idea le asustaba. ¿Qué diría Harry?... ¡No, no, no, Harry era cosa del pasado, viviera o no con Abbatelli!. Su palidez acentuada hizo que la sonrisa de Ángelo se transformara a una que intentaba disimular su tristeza por la reacción de su pareja.


- Era una broma, Severus. –dijo escondiendo su mirada tras de la copa fingiendo beber un poco más-. No es necesario que vivamos juntos, puedes continuar con tu intimidad y yo con la mía.

- Lo sé, pero… puedes cambiarte cuando mejor te parezca. Te veré luego.


Abbatelli asintió recuperando su bella sonrisa, le ilusionaba tanto poder vivir con Severus, ese sería el primer gran paso para conquistarlo y se sentía muy feliz por eso, tanto que no quiso darle importancia al hecho de que su reciente pareja se marchara sin siquiera darle un beso de despedida.


- Se le ve triste. –comentó Albus cuando la puerta se cerró tras de su amigo-. ¿No te sientes mal por eso?

- Haré todo lo que esté de mi parte para que eso cambie, Albus… ¡Daría mi vida por Severus! así que estoy dispuesto a esforzarme día con día para que llegue a amarme, voy a conseguir que sea feliz, ¡Te lo juro!

- Yo sé que lo harás… Mi pobre Severus siempre ha estado tan solo, confío en que tu compañía le ayudará a superar el modo en que tuvo que unirse a ti.


Ángelo asintió, se sentía muy ilusionado de ahora ser parte de la vida del hombre que amaba. A Severus se le estrujó el corazón cuando vio a Harry parado junto a la entrada de su habitación, no supo desde cuando estaría ahí y ahora tenía tanto miedo de no ser capaz de renunciar a él… pero debía hacerlo, su vida estaba de por medio. Haciendo gala de sus magistrales dotes para disfrazar sus sentimientos, se acercó a su puerta, casi ignorando su presencia y se adentró luego de pronunciar la contraseña. Harry no esperó a ser invitado y entró tras de él antes de que la pintura que resguardaba la entrada se cerrara.


- Supongo que sabes que tenemos algo de qué hablar, Severus, ¿verdad? –comenzó Harry con nerviosismo, intentando encontrar en el hombre algo que indicara que era el mismo que lo había besado.

- ¿Cómo de qué, señor Potter? –preguntó ordenando algunos papeles de su escritorio.

- ¿Ahora vuelvo a ser Potter, Severus?

- Harry… -le dijo dejando todo a un lado para mirarlo casi con aburrimiento-… ¿piensas hacerme una escena de celos?

- No, ya no… pero quiero saber porqué lo besaste.

- ¿No es obvio?... me gusta.

- ¿Y yo?

- También me gustas, por eso te besé… ¿cuál es la cosa que se te complica?

- Severus, es que yo creí que…

- Bien, te lo resumiré de esta forma. –dijo sentándose sobre el filo de su escritorio como si estuviera impartiendo una más de sus lecciones-. Eres un chico atractivo, por lo tanto, es fácil que le gustes a cualquiera, y yo tenía ganas de besarte… ya lo hice, y asunto terminado.

- ¿Por eso lo besaste a él también? –preguntó frunciendo el ceño.

- Bueno, eso es un poco más complicado. Veamos si me entiendes. Ángelo es un Veela, es un hombre íntegro, es una persona inteligente, madura, hermosa además… creo que es algo más que simplemente un gusto.

- ¿Estás con él?

- A partir de anoche… sí, estoy con él.


Severus se puso de pie dando por terminada la conversación, rodeó el escritorio para tomar sus apuntes, pero entonces sintió un golpe en su cabeza que lo hizo llevarse las manos a ella con dolor. En el suelo descansaba un frasco de pociones hecho añicos al caer con su contenido esparcido a su alrededor. Dirigió la mirada hacia Harry y éste estaba intentando alcanzar un frasco más que al conseguirlo lo lanzó contra el profesor con todas sus fuerzas, Severus ahora sí logró esquivarlo.

- ¡¿Qué demonios haces?!

- ¡Queriendo matarte! –gritó Harry con odio.

- ¿Y porqué no usas tu magia? –le retó esquivando otro frasco-. ¡Eres un mago, así no debes pelear!

- ¡La magia ahora no me daría la satisfacción de romperte la cabeza en pedazos!

- ¡Hay muchos hechizos que…! -se interrumpió cuando un pesado mortero de porcelana pasó rozándole la nariz-… ¡Harry!

- ¡Eres un maldito mentiroso, Severus, me hiciste creer que sentías algo por mí y te fuiste con ese puta Veela a la menor provocación!

- ¡No le llames así! –exigió pasmado.

- ¡Le llamo como me da la gana, es un cerdo como tú! –volvió a gritar lanzándole un contenedor de vidrio que se estrelló en la pared tras de Severus cuando éste se agachó para evitarlo.

- ¡Lamento que te estés portando como niño caprichoso, yo jamás te prometí nada!

- ¡Eres un maldito! –vociferó y ahora corrió hacia él para lanzársele encima a golpes-. ¡Te odio, Severus Snape, te odio!

- ¡Cálmate, Harry, guarda tus energías para los combates! –le respondió intentando sujetarlo de las muñecas pero Harry le lanzaba ahora de patadas, gruñendo feroz, ansiando golpearle con lo que fuera.

- ¡Quiero matarte, Severus, no te imaginas cuanto me has lastimado, imbécil!

- Harry…

- ¡Nunca te lo voy a perdonar, por Dios que jamás te perdonaré lo que me acabas de hacer! ¡Tú y ese Veela rastrero del demonio se van a acordar de mí!


Severus abrazó a Harry para poder controlarlo, el chico estaba realmente fuera de control, y le dolía verlo conteniendo lágrimas y sobre todo, sus palabras confirmándole el daño que le hacía, él tampoco podía perdonarse. Poco a poco Harry se fue calmando, ahogando sus sollozos en la túnica del profesor, pero finalmente, le empujó para liberarse y con la misma rabia, se bajó el cuello de la camisa mostrándole el moretón de su cuello.


- ¿Por eso me marcaste, Severus?... ¿Para burlarte de mí?

- Me dejé llevar por el momento… no tiene importancia, Harry.

- ¿A él también lo marcaste como tuyo?

- Las cosas son diferentes… Abbatelli y yo somos pareja, no necesito marcarlo.

- ¡Pues aquí tienes una marca para que no te olvides de mí!


El puño de Harry se estrelló sobre el ojo derecho de Severus haciéndolo caer al suelo impactado por el dolor. Y aunque Harry también sentía los nudillos a punto de reventar, no emitió ninguna queja y salió de ahí azotando la puerta, decidido a que nunca más iba a volver a entregar su corazón a nadie. Al quedarse solo, Severus se fue sentando recargado sobre su escritorio, se sentía mareado, no por el golpe recibido, pero sí ante la perspectiva de haber herido a quien amaba y tener que seguir con su vida sin la esperanza de jamás obtener su perdón. Hubiera preferido morir antes de hacerlo, pero Harry aún lo necesitaba para enfrentarse a Voldemort. No tuvo fuerzas para levantarse, se quedó ahí, pensando cuánto tiempo iba a poder seguir mintiéndole… tenía tantos deseos de llorar, pero lo único que le salió fue una apagada risa irónica con su destino.




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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 9 *Severus Mentiroso*   Dom Mar 29, 2009 1:52 pm

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Al día siguiente, cuando Severus salió de su habitación para dirigirse hacia su salón de clase, se detuvo impactado ante lo que descubrió, todos los alumnos que se encontraba le miraban asustados. Había una innumerable cantidad de sobres rojos flotando en los pasillos. Los alumnos los miraban confundidos, evitando a toda costa tocar alguno de esos sobres, el hecho de que notara a chicos de primero y segundo año con cenizas en la cara le daba una idea de lo que sucedería si llegaba a tomar alguno.


No quiso darle importancia y continuó su camino hacia su aula, entonces lo escuchó, un gran estallido y una voz estridente y desconocida gritando “Severus mentiroso”.




Rápidamente giró sobre sí mismo, vio a un chico de Slytherin con cenizas en el cabello, maldiciendo por lo bajo por no haber logrado esquivar al vociferador. Todos miraban disimuladamente a su profesor de Pociones, temerosos de su reacción ante aquella peculiar broma… Otro alumno y nuevamente el grito “Severus mentiroso” hizo que Severus mirara hacia el lado contrario. Los sobres parecían multiplicarse, otros llegaban a unírseles, ya era casi imposible no activarlos y en poco tiempo el grito se escuchaba en cada rincón de Hogwarts.


No tenía que ser adivino para saber quien era el autor de eso, quiso quitar uno usando su magia y al instante aparecieron tres más. Tuvo que hacer un esfuerzo por no sonreír, no era gracioso pero le era imposible no enorgullecerse del entusiasmo puesto en ponerlo en ridículo. Él mismo se sorprendió de que en lugar de enojarse se sintiera aún más enamorado. Decidió ignorar los vociferadores, y fue directo a su salón, preguntándose qué significaría el polvo gris, pero antes de entrar vio a Harry apoyado en una pared cercana, sonriéndole burlonamente. No le hizo caso y entró al aula, ahí vio que los sobres parecían seguirlo a todas partes, ahora además notó todos sus frascos de ingredientes revueltos y sin etiquetas, sus apuntes desordenados. Era la clase de tercero y todos los niños temblaban, algunos lloraban ante lo que temían que haría su profesor más temido, seguramente los culparía y haría que los expulsaran del colegio.


- Pueden irse… la clase se suspende hasta nuevo aviso.


Nadie se quedó ni un segundo más de lo necesario, salieron corriendo asustados, agradeciendo al cielo su suerte. Al quedarse solo, Severus se dirigió hacia los anaqueles, iba a costarle mucho tiempo reordenar los ingredientes y eso era algo que sólo confiaría a sí mismo para no causar ningún accidente entre los torpes alumnos.


- ¿Estás enojado? –preguntó una voz a sus espaldas y al volverse vio a Harry entrar y cerrar la puerta tras de él, evidentemente disfrutando de lo que veía.

- ¿Por estas niñerías?... no. –respondió encogiéndose de hombros.

- Antes me hubieras castigado el resto del año… ¿Porqué ahora no?

- Porque ni eso vale la pena. Puedes seguir con tus bromitas tontas, no pienso perder mi tiempo molestándome contigo por esto, allá tú si prefieres desperdiciar tu vida en venganzas infantiles en lugar de ponerte a trabajar para la batalla que tienes pendiente.

- ¡Como si te preocupara! –exclamó irónico.

- En cierta forma sí, si no vences al Señor Oscuro todos pagaremos las consecuencias.

- Me imaginaba que era lo único que podía interesarte, pero ahora puedes contar con un refugio en Italia, ¿no?... el pueblo Veela te recibiría con los brazos abiertos.

- En eso tienes razón, incluso hemos hecho planes de ir las próximas vacaciones para conocer a mi nueva familia.

- ¿Nueva familia? –repitió riéndose con burla-. ¡Quien hubiera creído que Severus Snape terminara jugando a la casita con la “cosita bella”!

- No te burles de Abbatelli, Harry, puedes decir lo que quieras de mí pero a él déjalo tranquilo.

- ¿Abbatelli?... ¿Porqué sigues llamando por su apellido al petulante ese?

- Lo llamo como no te importa.

- A mí acabas de llamarme por mi nombre. –le dijo acercándose sugestivamente.

- Me gusta más que tu apellido. –responde girándose para continuar acomodando sus frascos y ocultar la perturbación que le causaba su cercanía.

- ¿Te burlas de mí?

- Mira a tu alrededor, Harry… ¿quién intenta burlarse de quien?

- Te lo mereces, por lo que me hiciste.

- Bien, haz todo lo que quieras hasta que te desahogues, me avisas cuando madures y decidas tomar las cosas como un hombre.

- ¿De verdad no significó nada para ti?... quisiera creerte, pero…

- ¡Fueron sólo besos, Harry! –exclamó como si no le diera importancia a lo sucedido, lo que aumentó la ira del chico.

- ¡Te odio, te odio mucho, mucho, mucho!

- Eres un niño todavía. –afirmó sonriendo casi enternecido-. Anda, se te hace tarde para tus clases.


Harry iba a salir pero antes de hacerlo, volvió a girarse hacia el profesor.


- ¿Te gustaría que le dijera a Dumbledore lo que hiciste?... ¿Eso te parece lo suficientemente adulto?... Eres mi Profesor, y no creo que le agrade saberlo… puede ser que tú y ese fanfarrón Veela tengan que marcharse de aquí.

- Si te hace sentir mejor… hazlo. O mejor aún… –agrega exhalando hondo-… ahora mismo iré a decírselo para responsabilizarme de mi error.

- ¡No! -negó Harry colocándose en la puerta-. A pesar de todo, no quiero que te vayas… si te fueras, ya no podría hacerte la vida imposible.


Severus asintió con ligereza, fingiendo no darle importancia a sus palabras, cuando todo él era una mezcla de sentimientos. Alegría de escuchar que la voz de Harry aún mostraba interés por él, tristeza como la misma que sentía el muchacho por no estar juntos, conformidad de aceptar lo que Harry estuviera planeando para desquitarse.


Harry giró indignado por la aparente indiferencia que Severus le mostraba, pero aún no se rendía, salió decidido a que no le iba a ser tan fácil a su Profesor olvidarse de él. A la hora de la comida, disfrutaba de ver como todos cuchicheaban sobre los vociferadores, intentando adivinar quien era el responsable, su primera opción, el profesor de Defensa fue descartado de inmediato pues los veían conversar como si nada ocurriera, así que las apuestas corrían. Además, estaba el hecho del ojo amoratado del profesor Snape, eso hacía mucho más interesante saber quien era el responsable de las agresiones contra el hombre.


- ¿Quién podrá ser? –preguntó Ron emocionado-. Es que debió haber pasado algo fuerte para que alguien se atreva a enfrentarse al murciélago, ¿no te parece, Harry?

- Puede ser. –respondió fingiendo indiferencia.

- ¡Es que llamarle mentiroso no es cualquier cosa! ¿Y supiste lo que pasó en la clase de tercero? ¡Le revolvieron todos los ingredientes, hicieron un destrozo del salón!... ¡Y mira su ojo, por Merlín, que es lo más emocionante de recuerdo que haya pasado en Hogwarts!

- ¿Aún más que todo lo que hemos pasado para sobrevivir?

- No me malinterpretes, Harry, pero es que esto es genial… ¿y sabes qué me sorprende más?... que el grasiento no haya expulsado a medio colegio, míralo, ni siquiera luce enojado y debería estarse revolviendo en su propia bilis.

- ¿Será porque anda feliz de luna de miel? –cuestionó hundiendo su tenedor en su filete.

- ¿Sigues celoso por eso?

- ¡Que ya te dije que ese Veela no me gusta! –exclamó furioso con su amigo, afortunadamente los demás seguían concentrados en sus conjeturas para ponerles atención-. Ni siquiera puedo entender como alguna vez llegó siquiera a hacerme pensar que era atractivo… ¡Es horrible! Mira su cabello, es demasiado largo para un hombre, además tiene voz de trompeta y su risa, parecen garzas agonizando, y…

- ¿Te sientes bien, Harry?

- Sí, estoy bien ¿porqué la pregunta?

- Me parece que te has obsesionado demasiado con él, ahora piensas que es horrible sólo porque prefirió al murciélago.

- ¿Sabes qué, Ron?... me aburres, mejor me voy.

- Que susceptible andas, Harry, en fin, no se te olvide que en una hora tenemos práctica de Quidditch.


Harry bufó, no tenía ganas de jugar, aunque quizá le hiciera bien volar un poco, eso siempre lograba relajarlo, y debía admitir que lo necesitaba, sobre todo después de ver que Severus sonreía tenuemente mientras hablaba con Ángelo.


- ¿Porqué no me quieres decir quien te golpeó? –preguntó Ángelo cariñoso.

- Ya te dije que no me golpeó nadie, me tropecé cuando llegué al despacho y me pegué con la esquina del escritorio.

- ¿Y los vociferadores? ¿Tienes alguna idea de quién pueda ser?... ¿A quién has mentido últimamente, Severus?

- Sólo al Lord, y dudo mucho que se adentre en Hogwarts sólo para niñerías como ésta.

- Definitivamente no me dirás nada ¿verdad?

- Es que no hay nada qué decir. Ya te pareces a esa bola de estudiantes con demasiado tiempo libre que hacen de una tonta broma algo digno de tomar en cuenta.

- De acuerdo, elegiré creerte, pero algo me dice que sabes muy bien de lo que se trata todo esto.

- Si sigues con esas cosas, Abbatelli, no vamos a durar mucho tiempo juntos.

- ¡Severus!

- Era una broma, tonto. –respondió sonriéndole-. Anda, vamos, te ayudaré a empacar para que puedas mudarte conmigo.


Ángelo se puso en pie emocionado por la iniciativa de Severus, él ya había empezado a empacar pero ahora que lo veía dispuesto a recibirlo tenía verdadera prisa por ya no pasar ni una sola noche separado de él.


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Harry decidió dar por concluida la práctica de quidditch al anochecer pese a que sus amigos le proponían un hechizo para iluminarse como si fuera de día, él no se dejó convencer y se dirigió a los vestidores a ducharse, ya lo había pensado bien y tomó una decisión. Huyendo de Ron para que no se diera cuenta a donde iba, Harry se escabulló y bajó a las mazmorras, sonriendo divertido de ver que algunos sobres todavía flotaban por los pasillos, y el polvo de ceniza relucía en la oscuridad formando la frase que nadie olvidaría “Severus mentiroso”. Ya desaparecerían al día siguiente, el hechizo que usara sólo tenía duración de veinticuatro horas, así que tomó nota de encontrar otro modo de desquitarse de Severus.


La cara del profesor cuando lo vio al abrir la puerta fue digna de admirarse, y Harry entró como si se encontrara en su propia habitación. Estaban en el despacho personal, pero la puerta que comunicaba con la recámara de Severus estaba abierta y la luz encendida, Harry pudo ver algo de equipaje, un baúl y algunos objetos personales en desorden.


- ¿Piensas viajar a algún lado? –preguntó intrigado.

- Eso no es de tu interés… ¿Qué haces aquí?

- Hemos pospuesto demasiado mi entrenamiento, quiero saber cuando vamos a empezar. –le dijo sin apartar la mirada de la puerta hacia la habitación.

- ¿Aún quieres seguir con eso? –le cuestionó francamente sorprendido.

- Bueno, no es que me muera por estar contigo, pero ya pagué por adelantado y me debes unas clases, Severus.

- Creo que primero debes dejar de llamarme por mi nombre, sigo siendo tu profesor y si empezamos estas clases con mucha mayor razón.

- Son clases extraordinarias… yo pago, yo digo las condiciones, y si quiero llamarte Severus, eso es lo que haré. –respondió sonriéndole retadoramente, y aunque ahora le miraba directo a los ojos, por el rabillo no dejaba de estar al pendiente de la habitación-. ¿Ha quedado claro, o sigues con dudas al respecto?

- Sólo una… ¿debo llamarlo “Señor” o “Amo”? –preguntó irónico.

- Usa mi nombre, de la otra forma dile a quien lames las botas.

- Bien, “Harry”, ahora no puedo impartirte tu clase, te veré mañana a las nueve.

- Perfecto, aquí estaré.

- No, aquí no… será en el salón de clases.


Severus sujetó a Harry del hombro para conducirlo a la salida, por un segundo ambos se miraron a los ojos, estremeciéndose ante ese inocente contacto, pero enseguida, un ruido procedente de la recámara hizo que Harry cambiara completamente su expresión. De un manotazo hizo a Severus a un lado y dio unos pasos hacia la habitación, pero se detuvo de improviso antes de volver a girarse y mirar al profesor con intensa furia.


Antes de que armara un escándalo, y Severus le creía muy capaz de hacerlo, sujetó a Harry del brazo para sacarlo hacia el pasillo.


- ¡Se mudó contigo! –bufó Harry contrariado.

- Por favor, Harry… déjame explicarte, las cosas no son como parecen.

- ¿Está contigo o no?

- Sí, pero… ¡Por Merlín! ¿Porqué me pasan estas cosas a mí? –exclamó alarmado al ver que estaba perdiendo el control de la situación.

- No lo amas ¿verdad? –preguntó Harry y Severus le miró a los ojos sin saber qué responder, estaba harto de mentirle, pero tampoco se atrevía a decir la verdad.

- Harry, perdóname…

- ¡No lo amas! –exclamó Harry sin necesidad de una confirmación, le bastó ver a los ojos negros para saberlo-. ¿Porqué estás con él, entonces?

- No puedo explicártelo todavía… tengo que averiguar algunas cosas antes.

- ¡Pero no lo amas! –repitió abrazándolo feliz.

- Creo… que la respuesta ya la sabes, yo… no puedo decirla.


Ya sin poder contenerse, Severus le correspondió al abrazo.





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Susy Snape
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 9 *Severus Mentiroso*   Dom Mar 29, 2009 11:02 pm

Me da pena Harry... pobre mocoso si que la sufre....
y a ti con lo que te gusta hacerlo sufrir jejejeje

besos Very Happy
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 9 *Severus Mentiroso*   Dom Abr 05, 2009 6:42 pm

A mí me da mucha ternura Harryto cuando sufre, jeje, dan más ganas de apapacharlo que cuando resulta un maloso XD
por eso en este fic lo quise aun más, jajajaja

lol!













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kakarotta
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 9 *Severus Mentiroso*   Vie Jun 26, 2009 8:40 pm

si harry sufrido es tierno y mas cuando sev esta ahi para consolarlo, cosa que no puede en este momento por cierto veela entrometido
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 9 *Severus Mentiroso*   Sáb Jun 27, 2009 1:08 pm

Este capítulo me divirtió, jajaja, aunque parezca contradictorio pues Harry está sufriendo, yo me sentí enternecida de que actuara así, infantil pero dulce, por lo menos así me lo pareció a mí XD
No te preocupes por el veela, aunque tenga a Sev a su lado, su corazoncito es de Harry y nada más love













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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 9 *Severus Mentiroso*   

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Enfermo de amor. Capítulo 9 *Severus Mentiroso*
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