La Mazmorra del Snarry


 
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La Mazmorra del Snarry... El escondite favorito de la pareja más excitante de Hogwarts

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  Death Eater takes a Holiday. Capítulo 64. Primario Y 'Otros' Efectos

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 64. Primario Y 'Otros' Efectos    Dom Ago 05, 2018 5:20 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 64

Primario Y 'Otros' Efectos



Harry se acostó preguntándose cuándo su vida había dado un giro tan drástico. Su cabeza palpitaba de la misma forma que lo había hecho los últimos siete días. Ya no podía distinguir si el dolor era producto de una visión o una herida real. Las punzadas de hambre eran una distracción, pero no suficiente para olvidar el hueso roto que reiteradamente laceraba el músculo herido de su bícep.

—¿No quieres almorzar? —preguntó uno de sus torturadores con tono sarcástico.

Harry no podía alcanzar la bandeja de comida. Rehusaba pedir ayuda, aunque la verdad es que sabía que podría suplicar hasta que su cara se pusiera azul; eso no importaba, la ayuda no vendría. No dio señales de emoción cuando observó que su almuerzo era consumido.

—Necesito agua—.

Quizás no era demasiado orgulloso para suplicar.

Se ahogó cuando un vaso de agua fue vertido sobre su cara. Había conseguido humedecer la boca y, una vez que estuvo de nuevo solo, se encontró succionando el tejido bajo su cabeza para conseguir unas pocas gotas adicionales.

Unos días más tarde, un carnoso puño aferró su brazo roto para verificar si el monstruo había estado fingiendo. Gritó de dolor, y se enderezó sobre la cama en un intento de liberarse del fuerte agarre de Vernon.

Harry asía su brazo por instinto, jadeando. El sol había estado brillando a través de su ventana con barrotes, pero ahora todo estaba repentinamente oscuro. Todavía sosteniendo su brazo, libre de heridas, se sobresaltó al escuchar un aleteo. Hedwig aterrizó en su hombro, y ululó en tono alto varias veces antes de frotar sus suaves plumas contra la barbilla del joven. Él dejó escapar un suave gemido ante la plumosa caricia sobre su rostro.

La respiración de Harry comenzó a serenarse. Usó su miembro libre de dolor para acariciar a su cariñosa lechuza. Como si ella, mientras frotaba su ala contra el cuello de Harry, pudiera sentir el palpitar de su corazón regresando a un ritmo normal, le arrulló suavemente.

>> Fue sólo un sueño —le dijo el joven, aunque sentía que ella ya lo sabía.

Harry miró sus suaves sábanas y almohada. Habitualmente eran atrayentes, pero la idea de volver a dormir no le resultaba atractiva. Revisó la hora y observó que faltaba alrededor de una hora para amanecer. Decidió utilizar ese tiempo adecuadamente y salir a correr.

Cinco millas más tarde, llegó a la conclusión que sólo un loco correría un trecho tan largo con un tiempo tan frío. Reflexionando, no podía recordar haber visto un corredor sonriente. Había visto carreras en la tele y los ganadores que cruzaban la cinta de meta siempre lucían angustiados. Esto es una mierda, se dijo, al pensar en las cinco millas que tendría que correr para regresar. 'Al demonio', musitó, secando el sudor del rostro con la manga. Después de verificar que nadie le veía, se Apareció con rumbo a su casa.







A mitad de su entrenamiento diario, Harry se sentó sobre una paca de heno, exhausto. Un hilo de sudor bajaba por sus sienes, y se preguntaba por qué se había molestado en tomar una ducha después de correr. Kieran le pasó un plato de emparedados y una botella de agua fría. Se echó la mitad de la botella sobre la cabeza, sintiendo como el frío líquido bajaba por su pecho y espalda, antes de beber el resto.

—Pensaba que Snape estaba irritable cuando continué curando tus lesiones sin él después del final del verano. Eso no fue nada en comparación con su comportamiento desde que comenzamos con tu tratamiento —comentó Kieran, lanzando unos hechizos a su emparedado antes de empezar a comer. Harry sabía muy bien cuánto preocupaba a Severus que su tratamiento se realizara durante el horario escolar, pues no podía estar allí para apoyarle. Este día terminaría su cuarta semana, y sólo faltarían unas pocas sesiones antes de ir a Hogwarts, donde Albus ayudaría con tratamientos más complicados.

—Está preocupado porque esta semana he tenido algunas pesadillas. Entre mis parientes y Voldemort eso no es nada nuevo —no mencionó que las pesadillas habían ocurrido con más frecuencia de lo habitual, y que los sueños con Vernon le ganaban a los de Voldemort por tres a uno.

—¿Dices su nombre frente a Snape? —indago Kieran, refiriéndose al Señor Oscuro.

—¿Cuál, Vernon? —preguntó Harry con sarcasmo antes de encogerse de hombros. No había prestado demasiada atención a ese asunto—. ¿Crees que es coincidencia que los nombres de los villanos comiencen con V? —bromeó, esperando desviar la atención del tema de cómo estaba manejando el tratamiento. Había tenido pesadillas por años, y si unas pocas más significaban que tendría mayor poder mágico una vez que todo hubiera terminado, valía la pena el esfuerzo—. Ahora que lo pienso, Sev pone los ojos en blanco cuando digo Voldy—.

Kieran se echó a reír, y empezó a devorar un nuevo emparedado.

Le explicó que ya no tendría que hacerle sufrir al sanarle las heridas internas. Había hecho algunas investigaciones y encontrado un hechizo que le permitiría retirar el tejido cicatrizado y curar la zona abierta regenerando un tejido nuevo, sanada de cualquier tipo de daño que tuviera. Era algo similar al hechizo que Lockhart había utilizado para eliminar los huesos de su brazo. No sería una sensación dolorosa, aunque sí perturbadora, por decir lo menos.

Al principio, Harry pensó que sería genial no tener que sufrir al revivir algunos de sus inquietantes recuerdos, pero pronto se descubrió sintiendo un vacío en el lugar donde solía estar la cicatriz que pensaba se sentiría igual. Era algo que tenía sentido, si se pensaba que una parte de él ya no estaría allí, al menos durante un momento, hasta que Kieran pudiera sanarla. Decidieron enfocarse en tres áreas ese día. La primera había provocado una mueca de dolor, con la segunda sintió la saliva caliente acumulándose en su boca. Continuó tragando e intentó mantener un estado de meditación, pero para la tercera había expulsado su almuerzo.







Cuando Harry regresó a casa, la lechuza de Hermione estaba aguardándole. Leyó su nota habitual y escribió su respuesta, prometiéndole que la red flu estaría abierta para recibirla en su cita nocturna. Aún faltaban tres o cuatro horas, pero conociéndose, abrió la red flu en cuanto partió la lechuza.

Cambió la ropa de entrenamiento por una franela de manga larga y unos pantalones de un suave tejido escocés, los que Hermione llamaba su 'calentito pantalón de holgazanear', pero que Ron insistía en decir que eran unos bóxer que llegaban a los tobillos. Se escuchó el vidrio tintinear mientras rebuscaba en su suministro de pociones. Había muchos pequeños viales, y no pudo evitar pensar en Severus, dándose cuenta de que estaba sonriendo. 'Aquí estás', murmuró, encontrando la poción contra las náuseas. Pensando en la última vez que la había tomado, recordó que también tenía un efecto calmante.

'Hoot'.

Hedwig entró volando en la cocina, se posó en el respaldo de una silla, y miró hacia el baño donde Harry levantaba varios viales de vidrio para verlos mejor. El joven la saludó y bajó la poción que había elegido.

—Tranquiliza el estómago y la mente —le habló, consiguiendo tan poca respuesta como esa mañana—. Hora de tomar una siesta —le guiñó un ojo a su nevada lechuza y se tomó un vaso de agua para eliminar el desagradable sabor de la poción que acababa de tomar.

Lanzó un hechizo de calor a su cama antes de acostarse. Pensó en Severus y algunas de sus memorables noches juntos. Le gustaba pensar que esas fantasías le ayudarían a tener sueños sexys con su Slytherin favorito. Incluso si eso no funcionaba, sabía que el efecto calmante de la poción contra las náuseas usualmente mantenía a raya sus sueños inducidos por la ansiedad.

Se las arregló para soñar con Severus, pero en lugar de una buena escena de sexo caliente, terminó soñando con la más reciente reunión de la Orden. Había sido una de esas raras ocasiones en las que realmente necesitaba estar en contacto cercano con Severus, pero debían continuar con su teatro de 'sigues sin gustarme demasiado'. Aunque la mayoría de los miembros de la Orden sabía que se habían hecho amigos luego de las desastrosas vacaciones, era mejor prevenir que lamentar.

****Sueño del Recuerdo****  

En una gran mesa estaban sentados ocho o más miembros de la Orden, cada uno sosteniendo una 'caja de cerebro'. Albus ya los había visto, pero el propósito de la reunión era discutir la información y escuchar las diversas opiniones sobre lo que Voldemort podría estar planeando. Luego de una tranquila sesión donde todos los presentes observaron las visiones de Harry, el anciano preguntó a cada uno cuales puntos les parecían más importantes de lo observado. La caja en la mano de Harry tenía muy poca información que parecía ser poco importante, dándole tiempo para analizar a los demás. Trató de adivinar que parte de sus visiones estaba mirando cada persona, a través de sus reacciones.

Minerva McGonagall comenzó a hablar y les dijo que había visto a un mago que conocían pero que ignoraban que fuera Mortífago. Ojo Loco Moody y varios más tomaban notas sobre puntos que consideraba importantes. Harry a veces se preguntaba qué hacía allí. Ocasionalmente podía apartar alguna información, pero no tenía la mentalidad estratégica de los demás. Flipaba con los feroces comentarios de Severus ante varias opiniones con las que el espía no estaba de acuerdo.

—Cretino sarcástico —le susurró Harry a Remus, sentado a su lado. Lo había dicho lo bastante alto como para que le escucharan varias personas que se sentaban cerca, incluyendo a Severus. Cuando el profesor de Pociones le miro, frunciendo el ceño, mantuvo el rostro impasible, como si el mundo le importara un rábano. Bajó la vista hacia el pedazo de pergamino que habían deslizado frente a él. Pagarás por eso, rezaba la nota. Contestó en su propio garabato desordenado. Lo esperaré con ansias, aunque sabía que no pensaría igual cuando se muriera por liberarse luego de una hora de tortura. Severus podía mantenerle al borde del clímax hasta convertirle en una masa temblorosa y suplicante de necesidad.

Los pensamientos sobre su sexy serpiente fueron interrumpidos cuando Albus le pidió que contara al grupo lo que Voldemort había dicho en la visión. Harry se había despistado a tal punto que apenas se daba cuenta que estaba dirigiéndose a él.

—¿En la visión que estás sosteniendo, qué dijo Voldemort? —repitió el anciano con paciencia. Severus bufó por su falta de atención. Harry asintió y volvió a observar su caja para repasar brevemente la visión.

—'Se que es un tonto, pero no puedes comértelo todavía'. Estaba hablando a Nagini sobre un Mortífago, pero no mencionó de quién se trataba, así que la visión no es de mucha ayuda —contestó con rapidez, y levantó la vista para observar unos cuantos rostros sobresaltados. Albus sonreía, con el siempre presente brillo en sus ojos azules. Harry pensó que el caramelo de limón que chupaba ayudaba a evitar que soltara una carcajada, pero no se le ocurría qué podía parecerle tan gracioso. Una rápida mirada hacia abajo confirmó que no se había derramado nada encima.

—Algunos de nosotros no tenemos tiempo que perder mientras usted trata de impresionarnos con sus habilidades —Severus miró con fiereza, pero Harry le conocía lo bastante como para saber que reprimía una sonrisa—. Por favor, repita eso en inglés, señor Potter —comentó divertido, pues Harry no se había dado cuenta que había hablado en pársel, justo como el Señor Oscuro en la visión.

Eventualmente, Harry cerró su boca abierta por la sorpresa y repitió las palabras en inglés. Además, había notado que Severus se removía en su silla; sabía el efecto que el lenguaje de las serpientes tenía sobre su amante.

En ese punto, el estudio de sus sueños se convirtió para él en lo menos importante de la reunión, que ahora involucraba serpientes, y empezó a sobar a Severus por debajo de la mesa mientras siseaba 'Severus, mi sexy serpiente Slytherin'.

****Fin del Sueño del Recuerdo****  








Mientras Harry dormía feliz, Severus asistía a una reunión de personal de la que se hubiera escaqueado de haber podido. Discutían sobre información importante, pero no era nada de lo que Dumbledore y él no hubieran conversado en múltiples ocasiones. Había intentado largarse en cuanto le fue posible, pero el profesor Flitwick había conseguido atajarle antes de que pudiera aferrar el picaporte.

—Severus, ¿podemos hablar un momento? —pidió Filius. Severus se acercó a una silla cercana y se sentó, para no tener que hablar por encima de la cabeza del pequeño maestro.

—¿Qué puedo hacer por ti? —.

—Estoy reestructurando mi calendario de curso para incluir algunos encantamientos que he agregado recientemente en el currículo. La idea vino por algunos comentarios que he escuchado sobre posibles cambios en los TIMOS y los EXTASIS. Reajustaré mis planes de clase durante unas semanas, y necesitaría que ajustes tu esquema para poder coordinar ambas materias —le entregó una hoja de pergamino y esperó su respuesta. Severus parecía estar analizando mentalmente los datos.

—Estos cambios involucran cuatro pociones, si no me equivoco —Severus levantó una ceja. Parecía incómodo por los cambios, aunque no implicaban demasiadas molestias.

—Correcto. Tres de ellas para las semanas en que se compararán pociones con encantamientos, y el líquido de memoria para el siguiente mes. Espero que no sea un inconveniente demasiado grave —Filius sabía que no tenían otra elección sobre este punto, pero su pregunta era un gesto de amabilidad.

Severus asintió mientras analizaba mentalmente el calendario.

—No veo problema en modificar mi plan de clases siempre y cuando los cambios no interfieran con las lecciones coordinadas que tengo con la profesora Sprout —había realizado su plan de clases en función de los ciclos de crecimiento de aquellas plantas que le surtían de ingredientes para pociones.

—Espléndido —canturreó Filius—. Lo chequearé con ella y te avisaré si hay algún problema.

Severus asintió.

—¿Algo más? —Severus se levantó en cuanto Filius dijo que no y le dio las gracias. Deteniéndose un momento, se giró de nuevo hacia el pequeño profesor—. ¿Weasley todavía no ha podido ganarte al ajedrez? —preguntó, sabiendo que Harry tendría su cita con Hermione y Weasley arribaría pronto a Hogwarts.

—Aún no, pero se ha acercado varias veces —comentó, sorprendiéndole al invitarlo a unírseles. Severus rechazó cortésmente pues quería pasar un rato en su laboratorio esa noche. Asintió en señal de agradecimiento antes de regresar a sus mazmorras.







—Ey, Harry! —gritó Hermione, sin obtener respuesta—. Ya estoy aquí —anunció su llegada, dejando una bolsa llena de artículos sobre la mesita de la sala antes de entrar en la cocina. Ninguna de las puertas estaban cerradas ni había otra luz que el resplandor proveniente del fuego de la chimenea de la salita—. Lumus.

La luz de la varita mostró que no había nadie en el baño. Un vistazo al interior de la habitación fue todo lo que necesitó. Harry yacía despatarrado sobre la cama con un edredón mitad sobre su cuerpo, mitad en el suelo. Una de sus piernas colgaba fuera de la cama y sus brazos rodeaban apretadamente su almohada.

>> Son las siete, ¿qué estás haciendo acostado? ¿Te sientes mal? —indagó con preocupación.

—Ya me levanto —gruñó Harry.

—¡Mas te vale, tengo hambre! —le gritó ya desde la cocina en tanto empezaba a sacar los recipientes de comida china.

>> Te conseguí una revista de quidditch... nueva —comenzó, pero calló al entrar nuevamente en la salita y mirar alrededor con atención por primera vez. Había escuchado sobre el contratiempo ocasionado por la nueva poción de los gemelos y pensaba que ya todo había sido limpiado, pero las salpicaduras en el techo contaban otra historia. Como Harry no salía, fue a ver qué le demoraba, todavía preocupada porque estuviera enfermo.

Harry se había incorporado, pero seguía sentado en un lado de su cama. Sus ojos estaban desenfocados y no parecía notar que estaba siendo observado. Con una mano alisaba el cabecero de la cama mientras con la otra se estaba rascando.

>> ¿Seguro que no te sientes mal? Vamos, es hora de comer —azuzó a su somnoliento amigo.

—Sí, tía Petunia —contestó suavemente.

—No tienes que insultarme. Tengo hambre, así que levántate. Serviré las bebidas y algo de picar —Hermione regresó a la cocina cuando vio que empezaba a levantarse. Tarareó una canción mientras colocaba platos, bebidas y el contenido de los recipientes de cartón en una gran bandeja—. Pensaba que habías dicho que la sala de estar estaba limpia —indagó con curiosidad y agarró cuatro palillos chinos y la bandeja.

—Limpiaré después de hacer el desayuno —se excusó Harry entrando en la cocina.

Hermione abrió los ojos de par en par; al escucharle, tuvo la desagradable sensación de que Harry no estaba siendo sarcástico cuando la llamó tía Petunia. No estaba segura de sí era algo grave o si estaba caminando dormido. Para peores males, él no parecía consciente de que ella portaba una enorme bandeja y caminaba directo hacia los palillos que sostenía en una de sus manos.

Todo lo que Hermione pudo hacer fue dejar la bandeja sobre la mesa en lugar de dejarla caer donde estaba parada cuando Harry retrocedió, cayendo al suelo y sosteniendo su estómago antes de acurrucarse formando una bola. Sabía que los palillos apenas le habían pinchado, pero le urgía verificar que la herida no fuera demasiado grande.

Harry continuaba apretando el área donde Kieran le había tratado ese día. Ni siquiera bajó la mirada para ver la sangre que estaba seguro goteaba de su barriga. Sabía que Petunia se enojaba cuando tenía que llamarle varias veces para que despertara, pero nunca le había atacado con un cuchillo. Aturdido y confundido, continuó apretando su tripa y se acurrucó lo máximo posible mientras Hermione intentaba convencerle de que todo estaba bien.

Después de un rato, Hermione tuvo que reconocer que no solo no estaba ayudando sino que, aparentemente, estaba empeorando la situación. Llamo a Hedwig para enviar una nota a Ron y lloró cuando Harry le suplicó que no dañara a su lechuza.

Cuando Ron llegó, Harry continuaba en posición fetal, pero ahora cubierto por una cobija. Hermione no estaba mucho mejor, acurrucada cerca de él. Continuaba llorando y luchaba contra la urgencia de abrazar a su amigo para consolarle, pues el joven empeoraba ante el mínimo toque.

Ron respiró profundamente y se preparó para la reacción de Harry cuando le levantó del suelo y le ubicó contra su pecho. Comenzó un suave movimiento acunándole y comenzó sus comentarios de quidditch, recitando cada jugada del gran partido de los Chudley Cannons contra Puddlemere United en 1988. Mientras Ron comentaba cada jugada, Hermione rememoraba lo que le había dicho a Harry al llegar y sintió vergüenza al pensar cómo podían haber sido malinterpretadas sus palabras.


Los ojos de Severus se desenfocaron mientras observaba el texto de un viejo tomo, leyendo el mismo párrafo por lo que parecía la centésima vez. Necesitaba una buena taza de té caliente y quizás un cambio de escenario para aclarar su cabeza. Después de varios tramos de escaleras y de quitar diez puntos a un par de Gryffindors que holgazaneaban en los pasillos, se encaminó a las cocinas. Allí le encontró Filius Flitwick treinta minutos más tarde, su nariz enterrada en un libro, un gran cuenco de fresas a su izquierda y una gran taza de té caliente a su derecha.

—Buenas noches, Severus —saludó Filius, obteniendo un rápido buenas noches y una mirada del maestro de Pociones—. ¿"Hechizos y Encantamientos"? Hubiera esperado que leyeras un texto de Pociones —comentó, notando el título del libro. Severus puso su dedo en el texto para señalar el punto que estaba leyendo y saludo apropiadamente a su colega.

—¿Tienes unos minutos? Me gustaría comentarte sobre un hechizo que he estado investigando mientras tomamos una taza de té—.

—¿Un hechizo? Se un par de cosas sobre el tema —Flitwick sonrió—. Dado que mi partida de ajedrez de esta noche fue cancelada, tengo todo el tiempo —agradeció al elfo que le había traído una taza de té y una caja para que el Profesor usara para trepar a su silla—.

—¿Weasley decidió quedarse en casa y trabajar en su estrategia? —.

—Ya conoces a los jóvenes enamorados de hoy en día. Hermione le envió una lechuza sobre algo relacionado con un flashback y salió corriendo. ¿Es una forma muggle de hablar, 'quiero que te vengas en un flash'?

—Me parece que no. Si me disculpas, necesito verificar algo—.

—Si quieres, puedo revisar ese hechizo del que me hablaste —mencionó Filius, animado. Severus le dejó el libro y se encaminó a casa de Harry. Maldijo a Kieran con cada paso que daba rumbo al punto de Aparición. Odiaba que esos tratamientos fueran durante las horas de clase. Sabía que estaban usando a su pareja de conejillo de indias, pero Harry no había admitido nada más fuerte que unas pocas pesadillas.

Apareciendo en una esquina del recinto para evitar a cualquier ocupante, lo primero que vio fue a Ron. Estaba sentado en el sofá con Hermione en su regazo. Los brazos de la chica rodeaban el cuello de su novio y lloraba. Ron musitaba palabras tranquilizadoras. No se había detenido ante la Aparición de Severus, pero señaló hacia la habitación.

Severus golpeó suavemente en la puerta de la habitación de Harry.

—Dame un segundo, me estoy vistiendo —replicó Harry, pensando que sería Hermione. Ni siquiera había sentido la Aparición de Severus en el punto que usaba habitualmente.

—Si eso es así, me gustaría entrar —la profunda voz de Severus tenía el tono insinuante que Harry conocía tan bien. Escucharle mientras sentía la magia del hombre tan cerca, hizo que se sintiera peor. La puerta se abrió. Harry estaba de pie vistiendo solo un par de jeans, la cabeza baja y los ojos cerrados. Su varita yacía olvidada en la mesita de noche, indicando que Harry había abierto utilizando magia sin varita.

—¿Cómo lo supiste? —indagó Harry, preguntándose si Ron le habría llamado o si las protecciones añadidas le habrían informado de alguna forma que había un problema. Odió cuan frágil sonó su pregunta.

—Ron faltó a su juego de ajedrez —contestó llanamente. Harry entendió—. ¿Tomaste alguna droga calmante? —.

—Hace unas horas, y también una poción contra las náuseas. Luego caí dormido como una roca, o al menos eso creo—.

—¿Quieres hablar sobre esto? —preguntó suavemente.

Harry denegó con la cabeza.

—Lo siento —susurró y se desmadejó entre los brazos que le rodearon.

—¿Por qué? ¿Porque no deseas hablar sobre lo que pasó? —no quería que Harry se preocupara por tener un flashback.

Harry quería gritar que se disculpaba porque Severus debía pensar que esto probaba que él no había sido honesto sobre sus reacciones a los tratamientos y que era demasiado débil para manejarlo. Se disculpaba por despertar en brazos de su amigo y no saber cómo llegó allí, o por que causa Ron le miraba con tanta tristeza. Se disculpaba por haber hecho llorar a Hermione. Su propio rostro se sentía arrugado con lágrimas secas; una lamida a sus secos labios le indicó que las lágrimas habían brotado después de caer dormido por agotamiento.

>> Harry, ¿por qué no me miras? —una suave mano de Severus intentó alzar su rostro pero el joven lo giró—. ¿Qué temes que vea? —.

—Nada —contestó Harry con rapidez.

—¿Entonces, que temes que tu verás? —insistió, y supo que había acertado cuando Harry hizo una mueca—. ¿Tan bajo piensas de mí que crees que me sentiría decepcionado de ti? —.

—No... —dijo, pero sin sonar muy convincente.

—¿Pero? —elevó una ceja, aunque Harry no podía verle.

—¿Cómo podrías no hacerlo? Llevas semanas diciéndoles que esto sería difícil para mí, pero yo quise hacerlo aunque no lo aprobabas—.

—Nunca dije que no lo aprobara —Severus retrocedió un paso para observarle con incredulidad.

—¿No es por eso por lo que has estado vigilándome como si fuera un niño incapaz de cuidar de mí mismo? —.

—He estado haciendo eso desde el día que te conocí, ¿esperabas que dejaría de hacerlo porque ahora somos pareja? —replicó Severus llanamente, pero a medida que hablaba iba subiendo la voz—. ¡Con excepción de un individuo temerario, toda la plantilla de sanadores del Instituto Wellingfield piensa que esto es una mala idea! ¡Te aseguro que si yo no lo aprobara, lo sabrías sin la menor duda! —presionó el puente de su nariz y se calmó lo bastante como para seguir sin gritar—. Sólo deseaba saber la verdad sobre tus tratamientos para poder apoyarte en todo lo que fuera posible—.

—Nunca seré tan fuerte como tu —la voz de Harry era apenas un susurro, al parecer inconsciente de que había cambiado completamente de asunto.

—¿Cuándo eso se convirtió en un tema de debate? —Severus recorrió con la punta de sus dedos los deltoides y luego bajó por sus costados donde su cuerpo se estrechaba en forma atractiva—. Antes eras más delgado —ahora sus pulgares viajaron tentadoramente hacia el sólido abdomen, deteniéndose solo cuando ambos toparon para luego deslizarse hacia las curvas de los huesos de la cadera—. Eres más delgado que yo, pero tu cuerpo se llenará y te volverás tan viejo como yo, preguntándote por qué alguna vez quisiste que eso ocurriera tan rápido —susurró, sosteniendo las caderas de Harry. Presionó sus labios contra las sienes del joven y disfrutó al observar como el joven hacía esfuerzos para no mostrar ninguna reacción, aunque abrió rápidamente los ojos al darse cuenta de que los había cerrado ante el suave beso.

—Sabes que no me refería a físicamente —dijo Harry, permitiendo que se acercara de nuevo.

—Ah, esto va sobre tu inestabilidad mental —comentó Severus como si no fuera gran cosa—. ¿Acaso no me dijiste que la doctora Erin había dicho que era perfectamente normal que todavía tuvieras esos flashbacks? ¿Y eso no fue antes que comenzaras los procedimientos para aliviar años de tormentos en un breve periodo de tiempo? Quizás si me hubieras confiado lo que estás soportando, hubiera podido ayudarte —Severus no pudo evitar volver a alzar la voz.

—¿Ayudar cómo? Se que armaste un alboroto por el hecho de que los tratamientos se administraran mientras tú estás dando clases. ¿Qué podrías haber hecho en todo caso? ¿Sostener mi mano? —.

—¡Mocoso insufrible! —espetó Severus, sin poder contener una risa frustrada. Sentía como si le estuviera gritando por una poción mal hecha—. Si hubiera sabido que lo estabas pasando mal, podría haberte ayudado a planificarlo de antemano. Podrías haber tomado una droga calmante antes de cada tratamiento... y después, de ser necesario. Por último, no hubiera permitido que vinieras solo a casa de haber sabido lo que esto estaba provocándote —por el estupor en la mirada de Harry, Severus podía asegurar que ni siquiera había pensado en todo eso. Principalmente, pudo ver que ahora el joven se daba cuenta que quería estar allí para él, y que en realidad no pensaba que estuviera pirado.

—La mayoría de la gente usa expresiones como dulzura, o querido, no 'mocoso' —Harry trató de sonar disgustado, pero no pudo decirlo sin una sonrisa.

—Es 'mocoso insufrible' de lo que recuerdo, y nunca has sido normal —el siguiente comentario de '¿dónde estaría la diversión sino?' fue amortiguado cuando presionó sus labios contra los de Harry. El joven intentó profundizar el beso pero Severus le mantuvo a raya—. Termina de vestirte. Creo que tus amigos necesitan ver que estás... mejor—.

—Pobre Hermione, detesto lo que le hice —buscó una camisa limpia—. Nunca había tenido que soportar esto—.

—¿En todo este tiempo? Me resulta difícil creer que nunca ha presenciado esto antes —Severus sabía que Harry había sufrido flashback con frecuencia.

—Lo ha hecho, pero siempre ha estado Ron presente. Hubo un tiempo que solía preguntarme sobre eso, pero eventualmente descubrí que cuando había varias personas cerca, el riesgo de que se disparara un problema era mayor. Cuando todavía estaba recuperándome, las pocas veces que Hermione se quedó a solas conmigo la atmósfera era muy diferente. Permanecía muy quieta y hablaba en voz baja. Nos sentíamos cómodos juntos y era altamente improbable que yo relacionara mi antigua vida en el mundo muggle con una chica acurrucada a mi lado, leyéndome un libro. Me siento terrible al escucharla llorando ahí afuera —sabía que su amiga necesitaba saber que todo estaba bien.

Severus le condujo fuera de la habitación. Hermione ya no lloraba, pero continuaba hipando. Permanecía en el regazo de Ron, cuyos largos brazos la rodeaban, ofreciéndole consuelo. Harry quería disculparse, pero sabía que a ellos no les gustaba que lo hiciera por algo que no podía controlar.

Harry levantó los pies de Hermione, que colgaban fuera del regazo de Ron, y se sentó a su lado, colocando los pies de la chica sobre sus rodillas. La cabeza femenina descansaba sobre el hombro de su novio, y cuando levantó la vista, sus ojos estaban rojos e hinchados. Sus rostros estaban a unos pocos centímetros de distancia y para Harry fue evidente que ella se culpaba de lo que había sucedido.

Inclinó la cabeza sobre el hombro de Ron, hasta reunirse con la de la joven. Hermione hipó de nuevo. Sabiendo que ya podía tocarle sin problema, ella abrazó a Harry y comenzó a llorar otra vez, expresando cuan apenada estaba por no haber sido más sensata a la hora de hablar.

—Mione, por favor, no hagas esto —le suplicó—. Si yo no voy a permitirme sentirme apenado, entonces tampoco tu —secó las lágrimas de su amiga con la manga de su camisa—. Odiaría pensar que vas a tener cuidado de lo que dices en mi presencia. ¿Qué clase de vida sería si mis mejores amigos tuvieran que andar como pisando huevos cerca de mí? —.

—Pero me porté terrible, regañándote, justo como tu horrible tía Petunia—.

La joven se interrumpió cuando Harry le recordó que les había estado regañando durante siete años y no esperaba que eso cambiara. Además, la calidad y razones para su regaño eran muy diferentes que las de Petunia. Ella intento mostrarse ofendida ante la declaración de que les había estado regañando y criticando, pero no pudo evitar sentirse un poco mejor. El sonido de una garganta carraspeando llamó la atención de ambos.

—Si el sentimentalismo ha terminado —Severus colocó la bandeja del té. Nadie había notado cuando abandonó la sala. Hermione enrojeció y se levantó del regazo de Ron, disculpándose por el desastre en que había convertido la túnica de su novio.

—Harry —Ron habló finalmente—, ¿quieres contarnos algo sobre esto? —.

El aludido se mostró incómodo y levantó la mirada hacia Severus, quien aparentemente no iba a ayudar, pues no tenía idea de lo que Ron estaba preguntando.

—Bueno, sí —admitió Harry—. Supongo que escucharon que Sev y yo hablamos sobre unos tratamientos —agradeció la taza de té que su pareja le entregaba.

—¿No les has contado sobre los tratamientos? —preguntó Severus con incredulidad.

Ron y Hermione miraron ora a Harry, ora a Severus.

—En realidad, no hemos sabido mucho sobre eso. Fred y George han estado instándome a pasar tiempo contigo. No me dijeron por qué, solo que quizás nuestro compromiso ha hecho que tú te sientas apartado. Eso no es cierto, ¿verdad? —indagó Ron, aunque no pensaba que lo fuera. Harry negó con la cabeza. Era evidente que Severus estaba sorprendido de que no hubiera dicho una palabra de esto a sus mejores amigos.

—Los gemelos estaban aquí cuando recibí un correo de Frances, una sanadora de Instituto Wellingfield —Harry ignoró el jadeo de Hermione y continuó—: Se preocuparon y quisieron saber de qué se trataba, pero yo aún no estaba listo para hablar del tema. Les dije que no estaba herido ni nada parecido y no quería contarles antes de hablar con ustedes —había estado tratando de ganar tiempo, pero ya había pasado un mes o más.

—Pero nosotros nos hemos visto un montón de veces —argumentó Ron—. Fred me lleva insistiendo hace semanas, y no fui capaz de imaginar cuál era el problema, dado que nos habíamos reunido contigo—.

—Lo sé, y no planeé esperar tanto—.

Empezó desde el principio, regresando al momento en que Dudley había dicho a Albus que Harry se curaba a sí mismo. Luego habló de los escáneres y el instituto, la reunión con los sanadores y, eventualmente, el plan de tratamiento.

Por su gesto, a Hermione aquello no le parecía buena idea en absoluto.

—Si ellos creen que has estado acumulando magia a causa de que eras dañado por la gente que se suponía debía protegerte, pero eso no te hace sentir mejor, ¿cómo va a ayudar que Kieran esté repitiendo todo ese daño otra vez? —preguntó, pensando que todo ese asunto estropeaba el propósito inicial.

—Él está curando todo lo que puede. Lo deja como si la herida nunca hubiera sucedido. Me he estado entrenando con fuerza y me he sentido genial. Sólo las pesadillas han presentado un pequeño problema, y... hoy —admitió Harry—. No es tan malo y al final valdrá la pena. He pasado por cosas peores —murmuró para terminar, aunque no sonaba muy convincente.

—¿Y esto funciona cuando es el Sanador la persona que te está hiriendo? —era evidente que Hermione tenía un montón de interrogantes.

—¿Quién más lo haría? Además, él solo vuelve a dañar zonas pequeñas. Kieran utiliza un hechizo sin dolor que remueve todas las cicatrices y cualquier señal de la herida y te deja como nuevo.

—Si el hechizo retira la cicatriz, ¿no dejaría un espacio, un hueco donde había estado? —Hermione hizo una mueca reflexionando—. ¿Qué es eso si no es herir? —.

—Sí, pero luego que Kieran sana la zona queda perfecta, sin daño. Incluso puedo estirarme mejor y todo eso —para demostrárselos, giro su cuello, ya libre de la vieja cicatriz ocasionada por la grave quemadura.

—¿Y cómo se siente? —insistió la chica, sin dejar que se escabullera con tanta facilidad. Severus también quería saber la respuesta, pues no había tenido oportunidad de discutir los detalles con su pareja. Además, había notado que la respiración de Harry se había acelerado y tomaba más té, pero en pequeños sorbos.

—Es, umm... —tomó otro sorbo de té—. Es una sensación extraña —sus amigos le conocían muy bien y Harry sabía que esa respuesta debía ser ampliada. Severus se levantó y salió un momento de la habitación, y estaba de regreso antes que el joven empezara a aclararlo—. Es perturbador —musitó mirando su taza de té. Severus le entregó un vial que Harry reconoció como una poción que ayudaría a asentar su estómago y a su vez a tranquilizarle.

—¿Perturbadora cómo? —preguntó Ron, consiguiendo un codazo en sus costillas—. ¿Cómo cuando te quitaron los huesos del brazo? Eso fue bestial —no pareció demasiado afectado por el codazo. Harry asintió e ignoró la mirada de disculpa de Hermione.

—Es como sentir que una parte que debería estar ahí de repente no está. Se reemplaza muy rápido, pero siento náuseas —hizo una mueca.

—¿Por qué no nos contaste? —indagó Hermione, viendo que Harry agradecía el cambio de tema.

Él explicó que cuando todo ocurrió ellos acababan de comprometerse. No quería enturbiar sus buenas noticias, especialmente en vista de que aún no tenía una respuesta definitiva de cómo iban a proceder. Después de eso, simplemente no había encontrado el momento adecuado.

Después de contestar tantas inquietudes como pudo, Harry ofreció tratar de salvar la cena. Era fácil recalentar la comida, pero el pollo frito no volvería a ser tan crujiente como al principio. Además, solo había suficiente para dos personas. Al final, se deshicieron de todo y decidieron calendar una comida que Molly había dejado en el congelador para él.

Cuando la cena terminó, ninguno se sentía inclinado a partir. Hermione pensaba que Severus y Harry querrían pasar un tiempo a solas, pero le resultaba difícil irse. Todavía temblaba y necesitaba asegurarse de que su amigo se encontraba completamente bien. Las reflexiones de Severus iban en la misma línea. Le hubiera encantado tener a Harry para él solo, sostenerle en la seguridad de sus brazos y acurrucarse contra él en total calidez. Pero sabía que tendrían muchas noches para eso en el futuro, y no quería excluir a los amigos de su pareja. Ron y Hermione se habían esforzado por mantener a Harry en su círculo cercano, no distanciarse por el hecho de que estaban comprometidos y pronto serían esposos.

No esperaba que Harry alejara a sus amigos por su causa de la misma manera que no permitiría que tomara todo su tiempo, alejándole de sus investigaciones y sus otros intereses. Así, para sorpresa de Ron, Severus le preguntó sobre su trabajo de Auror para el Ministerio, indicándole con eso que no esperaba que se fueran pronto. Ron se sintió demasiado feliz por poder contarles historias de rígidos supervisores que le mantenían a raya.

—Iba a decirlo mañana en la noche, pero bien puedo hacerlo ahora —miró ansiosamente a Hermione—. Tengo buenas y malas noticias —sonrió y Harry pensó que probablemente las malas noticias no eran tan malas, considerando la expresión de su amigo y el modo en que movía su rodilla cuando estaba excitado o muy nervioso.

—¿Qué creen que va a contar primero, las buenas o las malas? —preguntó, dirigiéndose a Severus y a Harry.

—La mala —respondió Ron por ellos y empezó a contar—. No es tan mala en realidad, ya que... —.

—¿Será que piensa comenzar antes que sea lo bastante viejo como para retirarme, Weasley? —interrumpió Severus.

—Ignóralo —Harry animó a su amigo a proseguir. Ron dudó, podría jurar que su amigo murmuró 'cretino' en voz baja, pero finalmente continuó:

—No lo sabía, pero cuando un auror utiliza medidas de emergencia cuando no está en una misión, esto va a sus antecedentes. Aparentemente, hay tipos que no han tenido que utilizar el traslador que usamos nosotros por una década —terminó la oración girando la lengua sobre el objeto ubicado tras su diente—. Por lo que me dijo mi padre, es algo así como una desgracia utilizarlo, porque ellos lo ven como que huiste en lugar de quedarte a pelear como debería hacer un auror —puso los ojos en blanco al terminar su explicación.

—¡Eso es absurdo! —saltó Hermione, pero controló su protesta cuando Ron le recordó cuanto detestaba ser interrumpida. Harry casi entró en shock, nunca había visto a Hermione lucir avergonzada por nada que su novio hubiera dicho.

—En todo caso, ya que todo lo que tiene que ver con Quien-Ustedes-Saben es marcado automáticamente como confidencial, nadie notó que yo tenía el récord de más usos de TOEs hasta que se hizo el reporte trimestral. Mi jefe se puso histérico cuando le dijeron que me iban a suspender e investigar por 'excesivo uso de TOE'.

—¿TOE? —preguntó Harry. Severus no mostró que él tampoco estaba seguro de lo que era.

—Traslador Oral de Emergencia —explicó Ron y miró ceñudo a Harry cuando éste estalló en carcajadas.

—Suena como un juguete sexual para ninfomaníacos con una repentina urgencia —Harry continuó riendo hasta que tuvo una nueva idea—. ¡Espera! ¿Y si estás dando una mamada profunda y terminas en el edificio del Ministerio, luego de ser trasladado por accidente por esa cosa? —rió tan fuerte que comenzó a toser. Pese a que Ron se indignó con la risita de su prometida ante el comentario, estaba demasiado distraído al ver a su mejor amigo intentando volver a respirar al ver la sonrisa de Severus.

—¡LOS AURORES NO CHUPAN POLLAS! —gritó el pelirrojo, tomándoles por sorpresa. Aparentemente, Harry había cruzado la línea del nivel de aceptación de su amigo ante el comportamiento homosexual—. ¡Los aurores son hombres de verdad! ¡No tienen ningún...! —se calló, consciente que también había cruzado una línea—. No quise... —calló de nuevo, mirando a Severus y esperando su explosión. Pero no era al hombre a quien debería haber mirado esperando una reacción. Snape había soportado estas actitudes por muchos más años que Harry. Y Ron consiguió el enojo de este último.

—¿Hombres de verdad? —preguntó Harry con tono amenazador—. No, el maldito Ministerio de Magia nunca emplearía a alguien 'cuestionable'. Estoy seguro de que tienes razón, sólo los hombres 'de verdad' son aurores. Todos los maricas estás trabajando en otras cosas, como espiando al Señor Oscuro, o enseñando Defensa Contra las Artes Oscuras y trabajando en la Orden de Albus. Algunos son entrenadores de dragones, como tu hermano Charlie. Pero claro, supongo que tienes razón, los aurores no chupan pollas —terminó con un gruñido, su enfado apenas mitigado por la avergonzada expresión de Ron.

—A decir verdad —Severus tomó un sorbo de vino, captando la atención de todos— conocí un auror en particular que era bastante competente en esa área —dejó que sus palabras calaran antes de continuar—. Como ya no es auror, ni está vivo, imagino que no cuenta —tomó otro sorbo de su bebida, disfrutando dos rostros impactados y uno horrorizado. Hubiera seguido disfrutando la situación si la actitud de Harry no hubiera cambiado en un parpadeo.

—Estabas contándonos algo importante, no debí interrumpirte con un comentario grosero —las palabras de Harry eran bajas y con un tono de disculpa. Severus estaba indignado de que el joven hubiera dado un paso atrás cuando era claro que tenía la razón. En su opinión, era el intolerante Weasley quien debería disculparse, no al revés.

Ante su sorpresa, Ron lució más triste, en lugar de satisfecho como Severus hubiera esperado. Hermione puso el brazo sobre los hombros de Harry, susurrándole algo al oído. Severus tuvo la sensación de que se estaba perdiendo de algo importante.

—¿Por qué no recogemos los desechos de la cena y Ron puede terminar de contarnos más tarde? —sugirió Hermione.

—Ey, compañero —Ron se acercó un poco a Harry—. Se supone que deberías gritar a tus amigos cuando se comportan como capullos —le entregó una cerveza de mantequilla fría en ofrenda de paz—. Hermione diría que los amigos no deberían actuar así, pero ambos sabemos que continuaré siendo un idiota y meteré la pata de vez en cuando, y tu continuarás gritándome, y... me siento como la mierda y lo lamento —dijo esto último un poco más alto, mirando los ojos de Severus por primera vez desde que terminó la cena.

—Tienes razón —musitó Harry mirando sus zapatos, para luego levantar la cabeza con una sonrisa y una mueca—. Eres un capullo—.

—Cretino —contraatacó Ron, aceptando la bandeja que Hermione había traído con pudín.

—Patán cerrado de mente —Harry le dio un codazo en las costillas, intentando dificultar que su amigo transportara la bandeja.

—Maldito jodido—.

Hermione y Severus apenas pudieron escuchar la respuesta de Ron desde la cocina, así que no alcanzaron a escuchar la respuesta de Harry, pero tuvieron una idea de ella al oír la explosión de carcajadas y el grito de Ron negando estar celoso de que a Harry le gustara más Severus.

El ambiente en la cocina era tranquilo con Severus preparando café y Hermione lavando los platos. De lo poco que podían captar de la salita, Harry y Ron habían empezado a intercambiar novedades del quidditch.

—¿Podrías decirme de que trató todo eso? —preguntó Severus con tono plano mientras medía los granos de café cuidadosamente como si estuviera elaborando una poción crucial.

Ella sabía que la pregunta vendría, y había estado desarrollando mentalmente la explicación mientras lavaba los platos.

—Cuando Harry se estaba... recuperando, Ron estuvo ahí para él constantemente. Es un amigo leal, aunque no siempre piense antes de hablar —su tono evidenciaba que aún seguía molesta por los comentarios previos de su prometido.

>> Hubieron roces entre Percy Weasley y el resto de la familia. En ese tiempo a Harry le aterraba la idea de perder a Ron. Supongo que pensaba que si podían cortar lazos con un hermano verdadero, entonces estaría en riesgo si se enojaban con él—.

—¿Entonces haría lo que fuera para evitar poner en peligro su amistad? —Severus comenzaba a entender. La chica asintió.

—Ron no notó nada al principio. Nunca se preguntó por qué siempre ganaba las discusiones. Hace mucho tiempo que Harry superó eso, por eso hoy me impresionó tanto. Me preocupó. El tratamiento que él explica suena terrible y es evidente que le está afectando bastante —Hermione tragó con fuerza, decidida a no volver a llorar.

Era aparente que Severus no iba a ofrecer su opinión ni consuelo a Hermione limitándose a terminar de elaborar el café en silencio. Su Harry era fuerte y seguro de sí mismo, y estaba motivado. Un contratiempo ocasional era una cosa, pero esto era completamente inaceptable.

—Tendré un par de palabras con Kieran antes del próximo tratamiento —declaró, rotundo, y llevó la bandeja de café al saloncito.

—Irlanda va a necesitar un buscador de reserva si pretenden vapulear a Bulgaria —Ron se interrumpió al percibir el aroma del café de Severus.

—Dos de azúcar —declaró Severus colocando una taza frente a Harry y una segunda taza para Hermione y otra para sí mismo—. Té —dijo a Ron, entregándole otra taza de café. Severus mantuvo la sonrisa mientras el rostro de Ron mostraba su decepción. Una miríada de emociones cruzó por el rostro del pelirrojo. Obviamente pensaba que estaba siendo castigado por sus anteriores comentarios. Al parecer, había aceptado las consecuencias cuando sorbió su 'té' sin quejarse.

Harry y Severus sonrieron cuando Ron exclamó ¡epa! al darse cuenta de que era café.

—Capullo, ¿acaso creías que él no se dio cuenta que te encantó su café la última vez y repetiste tres veces? —se burló Harry—. ¿O creíste que era una venganza? —.

—Supuse que lo merecía —murmuró Ron, aliviado.

—Como poco —agregó Hermione.

—Créeme, si hubiera elegido vengarme, no lo hubiera anunciado. Nunca lo verías venir —comentó Severus. Su sonrisa decía que estaba bromeando, pero el tono letal era una advertencia. Harry le dio un codazo y le pidió que dejara de bromear.

—Severus, me estaba preguntando cómo fue que supiste que tenías que venir esta noche —preguntó Hermione.

"Lo que haría una buena esposa, ayudar a su marido con un sutil cambio de tema", pensó Severus.

—Filius Flitwick se quedó sin compañero de ajedrez y me explicó que Ron había sido llamado en la 'noche de cita' sin razón que lo justificara. Tenían que agradecer a Filch por eso—.

Había sido necesario informar a los profesores de la condición de Harry cuando regresó a clase. No había sido una visión agradable la primera vez que Harry había sido atrapado regresando de cocinar con Dobby un miércoles en la noche. El agarre sobre su hombro mientras Filch le reprendía por robar comida había sido suficiente para que el aterrado joven se tirara al piso alejándose de su 'atacante'.

Severus estuvo a punto de estallar ante el recuerdo. En ese tiempo, había encontrado particularmente cómico que el muchacho se hubiera escurrido hasta la pared, arrastrándose hasta el borde de las escaleras. Por supuesto, Filch había tratado de detenerlo, y solo consiguió caer junto con él por todos los escalones. Harry no había regresado a sus clases por tres días, y Severus se había alegrado.

Entonces encontraba muy irritante que todo el personal fuera instado a ser cuidadosos con el 'delicado' Niño Que Vivió De Nuevo. En algún ridículo intento de mantener la privacidad de Harry, nunca le habían explicado que tenía flashbacks. Aunque debía reconocer que, probablemente, no le hubiera importado en esa época.

—¿Todo bien, Sev? —Harry había notado su tensión. Ron lucía nervioso al ver el ceño fruncido de su antiguo maestro de Pociones.

Severus asintió, relajando el ceño. Recordaba cómo se alegraba del infortunio de Harry. Ahora, tendría que agregar eso a su siempre creciente lista de cosas por expiar. Muchas de ellas estaban relacionadas con su pareja.

>> Ron, dinos que pasó cuando se dieron cuenta que habías utilizado ese traslador de tu diente tantas veces —Harry, al igual que Hermione, sabía cuándo cambiar de tema.

—Oh, sí —saltó Ron, contento—. Me llamaron a una reunión y me hicieron un montón de preguntas. No podían culparme por haber escapado del Señor Oscuro, y también estaba el hecho de que me había traído un mortífago conmigo. Envié a Seamus, tu tía y primo a casa de los Dursley, así que tampoco podían quejarse por eso, dado que no fui yo. Y estaba la vez que nos encontramos con los mortífagos en Godric's Hollow mientras me enseñabas la construcción de tu casa. En vista de que, técnicamente, yo estaba en servicio, ellos reprodujeron la escena y declararon que tomé la mejor decisión, considerando que estábamos enterrados bajo un montón de materiales de construcción—.

—¿Reprodujeron la escena? ¿Cómo? ¿Pueden hacer eso sin el permiso de todos los involucrados? ¿Harry, sabías que habían hecho eso? —las preguntas de Hermione se sucedieron sin que tomara un respiro.

—Cuando está involucrado Quien Ya Saben las reglas cambian —explicó Ron—. Mione, deberías haberlo visto. Hay un hechizo genial que puede proyectar en el aire una escena tal como la recuerdas como si la estuvieras viendo en una pantalla gigante—.

—Ella está familiarizada con ese hechizo —comentó Severus, recordando la noche que encontró a Harry mostrándole a su amiga una gran proyección de Severus sonriendo. Hermione enrojeció, apartando la mirada.

—¿Qué? —preguntó Ron, pero decidió terminar su narración—. En todo caso, usualmente prestan atención a estas cosas cuando un auror tiene una revisión, pero yo no debería haber tenido una hasta el año que viene, en mi calidad de novato. No creo que mis superiores estén contentos, pero dado que me llamaron para una investigación, no podían decir que yo no estaba en problemas y ya. Tenían que justificar la investigación ante sus propios jefes. Así... para evitar problemas, decidieron convertir este asunto en una Revisión del Consejo de Administración ¡y conseguí un ascenso! —declaró con orgullo.

—¡Eso es maravilloso! —Hermione le abrazó para felicitarle.

—Bien hecho, compañero —vitoreó Harry.

—Permíteme premiarte —dijo Severus, y rellenó la taza de café de Ron, impactando al pobre pelirrojo al regalarle una sonrisa.

Recordando un comentario anterior, Hermione preguntó a Harry sobre los progresos en la construcción de su casa. Éste le explicó que como Godric's Hollow no demostró ser un sitio seguro, había decidido esperar hasta terminar los tratamientos con Kieran para continuar. Su decepción era evidente; no había regresado ni una vez a remover los escombros que habían quedado de sus primeros esfuerzos de construcción.

No paso mucho tiempo antes que Ron y Harry retomaran su charla sobre quidditch. Severus había estado últimamente demasiado ocupado con sus investigaciones y poco tenía que ofrecer al tema de conversación. Hermione se mostraba cortésmente interesada, pero no intervino tampoco.

—¿Una partida de ajedrez? —ofreció Hermione. Severus estaba más que feliz de hacer algo más que asistir a una charla sobre la velocidad de las escobas—. Personalmente, me alegra que la escoba de Ginny no sea tan rápida. Odiaría verla intentar un movimiento de fantasía como un 'Wonky Fate' —comentó al tiempo que preparaba el tablero. Ron hizo una mueca y la corrigió en su horrible intento de pronunciar el movimiento de quidditch.

—¿Puedes creerla? —Ron murmuró a Harry antes de continuar su charla.

Hermione sonrió con aire de conspiración y Severus tuvo que maravillarse ante su manipulación.

—Cierto —Hermione habló apenas lo bastante alto como para que Severus escuchara—. Incluso con un modelo más lento, como las escobas de la escuela, Ginny puede hacer un 'Wronski Feint' decente, pero no tendería conducir al buscador contrario a estrellarse contra el suelo cuando puede ganarle de otra forma. Por supuesto, hubo una vez en que el buscador de Slytherin la codaceaba sin que le cantaran penalti y ella logró devolvérselo sir verse pillada —era claro que estaba muy versada en el mundo del quidditch pero no había mostrado su conocimiento con anterioridad.

Severus la observó con incredulidad. Tuvo que reflexionar unos momentos para recordar que codacear significaba excesivo uso de codazos.

—No había notado que eras tan competente en el tema —comentó.

—Oh, por favor, como si alguien pudiera estar cerca de esos dos desde que entró al mundo mágico y no aprender cada pequeño detalle sobre el juego. Harry no tanto como Ron, pero ambos están obsesionados con ese deporte. Afortunadamente, se han calmado. Nunca pensé que Ron dejaría de usar bóxers de los Chudley Cannon —comentó mientras movía su rey blanco y enrojeciendo al darse cuenta de lo que había dicho.

—¿Cómo es que nunca has mostrado interés por el quidditch? —Severus decidió ser amable y no profundizar la incomodidad de la chica, aunque no ocultó su sonrisa.

—Bueno —miró sobre su hombro para verificar si Ron estaba prestándoles atención. El pelirrojo le sonrió y regresó a su charla con Harry, disfrutando su café—. Ron es un gran tipo, lo amo —explicó—, pero debo admitir que, si yo mostrara tal interés, nunca hablaríamos de nada más. Ahora que estamos saliendo, o, mejor dicho, comprometidos —sonrió mirando su anillo—, él se esfuerza por conversar de cosas interesantes para mí —Severus asintió, moviendo su peón dos espacios.

—Yo imaginaría que fingirías interés para mantenerle feliz, y mostrarías tus verdaderas cartas después de la boda. Yo al menos puedo echar la culpa de mi conocimiento sobre el juego al tener que investigar para mi papel como 'Charlie' el día del funeral —admitió con una sonrisa.

—Revise el calendario de los Cannons y compre dos entradas para un juego la semana de nuestra luna de miel. Voy a sorprenderle. Ahora solo tengo que sacar mi licencia de Aparición —comentó ella excitada, pero tan bajo como pudo.

—Ah... mujer inteligente, vestido blanco, entradas de los Cannons dentro de su liga: la boda perfecta —Severus no pudo evitar sonreír cuando Hermione soltó la carcajada. Debería tener cuidado con sus sonrisas o gastaría su cuota semanal.

Varios movimientos de ajedrez más tarde, Hermione se acomodó en el espaldar con un suspiro.

—¿Quién ganó? —indagó Ron.

—¿Tienes que preguntar? —contestó alegre mientras su rey recogía su espada y la arrastraba de regreso a su posición inicial—. Harry, ¿ya viste la última edición de 'Quidditch Weekly'?

—¿La trajiste? —Harry sonrió ampliamente con anticipación.

—Puedes quedarte con mi copia —gruñó Ron en referencia a la edición especial—. Esta revista se vende gracias a un puñado de chicas que no pueden pronunciar 'Wronski Feint' apropiadamente —bromeó Ron. Severus se mostró indiferente al intercambio, pero no pudo evitar notar la sonrisa de Harry mientras hojeaba la revista.

—Es un calendario. Puedo colgarlo en mi habitación —aclaró Hermione.

—Agosto es muy salvaje —comentó Harry, al parecer a nadie en particular—. ¡Oh, septiembre es muy caliente! —.

Severus lanzó una risita, pero el sonido se perdió el ruido del pasar de páginas.

—Si no consigues quitárselo de las manos, te enviaré una copia —ofreció Hermione Al Profesor.

—No es seguro que le mandes una lechuza a Severus —intervino Harry.

Al aludido le agradó saber que su pareja estaba atento a la conversación a pesar de su distracción con los sexy jugadores de quidditch de todo el mundo.

—Dame algo de crédito —se burló Hermione—. Soy lo bastante lista como para encontrar el modo —su expresión confiada indicaba que ya sabía cuál era ese modo.







Mañana del día siguiente...  

Severus estaba de mal humor. Había tenido que madrugar para corregir tareas pues se había quedado hasta tarde en casa de Harry. Era viernes y las mentes de los estudiantes estaban ya en el fin de semana y prestaban poca atención a su lección.

—...el acónito, también conocido como Aconitum napellus, es comúnmente —se detuvo en medio de la oración, al escuchar una risita al fondo del salón—. Diez puntos menos para Gryffindor. ¡Presten atención! —espetó levantando la vista para ver quién era.

>> ¿Quién puede decirme...? —se detuvo de nuevo. La risa era más alta esta vez. En tres zancadas llegó al fondo del salón, mirando con furia—. Me quedaré con esto —gruñó a través de sus dientes, levantando el ofensivo artículo. Ginny Weasley cruzó los brazos sobre su pecho con aire desafiante pero no dijo ni una palabra.

Cuando la clase terminó se sentó ante su escritorio y sacó la revista confiscada del cajón de su escritorio. En el centro de la primera página había una nota de Hermione.



Como si pudiera haber alguna duda.



sev Capítulo 65 . harry






“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
y la esperanza de seguir adelante”
Anónimo
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Death Eater takes a Holiday. Capítulo 64. Primario Y 'Otros' Efectos
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