La Mazmorra del Snarry


 
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 La Magia De Tus Ojos

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PlumaLunar



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MensajeTema: La Magia De Tus Ojos   Dom Dic 18, 2016 11:56 am

Notas del capítulo:
Aconsejado leer antes del fanfic.

En este fanfic algunos sucesos están alterados. Aunque muy pocos.

1. Harry consiguió matar a Voldemort al final de El Cáliz De Fuego.

2. La marca de los mortífagos desapareció de los brazos.

3. No esta Dolores Umbridg como profesora de DCAO, si no qué Remus Lupin.

Y eso es todo, disfrutad del fanfic. ^^


En este mundo siempre han existido tres tipos de magia y aunque una sea algo mas sencilla de encontrar y su vejez sea innegable , los otros dos son tan peculiares y efímeras como el paso de una estrella fugaz en la penumbra de la medianoche. Aun así todos somos conocedores de las tres, y soñamos con llegar a vislumbrarlas y en un ápice milagroso de lo imposible llegar a poseerlas y hasta llegando al mas extravagante delirio, anhelamos poder llegar a dominarlas, aprenderlas, disfrutarlas.

Tan peculiares y únicos que cuando Severus logró ver un destello de una de estas en la oscuridad de su visión, en sus ojos aparecieron chispas de la emoción, todo se paró y por un momento olvidó hasta de su nombre y del apellido del dueño de ese pergamino. Por su suerte para el esos segundos en el que se quedó paralizado fueron inadvertidos por toda la clase, y el volvió a mirar al creador de lo primero que le había emocionado en mucho tiempo, ese mismo que era su alumno y uno de los mas desastrosos.


-¡Potter, tiene usted detención por escribir materias ajenas a la clase! -vociferó el profesor, doblando con sumo cuidado el pergamino y guardándoselo para el- Le quiero a las 21:30 en mi despacho ¡y si llega un minuto más tarde pasará toda la semana limpiando calderos!

Harry abrió y cerró la boca sin conseguir emitir sonido para contestar a su profesor, sintiendo una rabia impotente que decidió acallar y fingir que atendía la clase que acababa de retomarse, pensando que debía portarse bien si quería arañar alguna posibilidad de recuperar su pergamino.

Después de esa clase el joven león, que cursaba quinto año en Hogwarts,pasó el día realizando sus acciones y manteniendo escuetas conversaciones de manera mecánica, sumido en sus pensamientos y revisando a cada rato la hora que marcaba el reloj. Finalmente,después de un duro tormento marcado por las pacientes manecillas sonaron las 21:25 y el bajó a las mazmorras velozmente, para nada más llegar tocar la puerta del despacho del murciélago, la cual no estuvo mucho a abrirse.

-Así que por primera vez llega puntual señor Potter... pase.

El ojiverde entró en el despacho y se sentó en la silla que le indicó el profesor Snape, que se situaba delante de su escritorio. Su acompañante se sentó en la silla de detrás de la mesa y le miró con seriedad, mas no enfado o represalia.

-¿Podría devolverme mi pergamino? -pidió Harry, rompiendo el silencio.

-De eso mismo quería hablarle señor Potter. -Murmuró sacando el pergamino de uno de sus cajones y mirándolo por encima antes de clavar la mirada en los ojos del menos- ¿Lo ha escrito usted?

Silencio. El nombrado retorció sus manos sobre su regazo, con nerviosismo. Porprimera vez en el día, a pesar de haber estado muy ausente en su mente, le llegó el pensamiento de que su escrito había encontrado un lector. Sus mejillas se sintieron arder, jamás había dejado que nadie leyera sus escritos, para el, alguien que dejaba un trocito de su alma en cada gota de tinta que imprimía en el papel, eran algo íntimo, como si acabaran de verle desnudo, sin nada más que su alma descubierta.

-Y-yo... esto...

-Deje de balbucear y escúpalo ¿Lo has escrito tu? -repitió con dureza.

-S-s-si... - Harry sentía que moriría de la vergüenza, estaba seguro de que ese pergamino estaba muy mal escrito y era vulgar, como el resto de sus escritos, pero aún así sentía que seguían siendo algo muy personal.

-Quiero leer todos sus escritos. -Exigió el profesor- Hagalos aparecer.

-P-pero...

-¿Pero que, Potter?

-N-nunca he dejado que nadie los lea, me da vergüenza...

-No haber estado escribiendo en mis clases. Este será su castigo. Hará sus deberes mientras yo leo sus pergaminos.

-  ¿N-no podría limpiar calderos? -importó Potter en un intento de evitarlo.

- No me cabree Potter y acate mis ordenes, maldito mocoso... - dijo dando un golpe en la mesa con la mano.

Después de unos titubeos más al final el menor hizo aparecer sus deberes y junto a estos lo que hizo chispear una vez más los ojos del profesor. Una preciosa y mediana maleta de viaje, vieja y desgastada pero a su parecer era bastante hermosa. La tomó con cuidado y la abrió, descubriendo algunos diarios y pergaminos cosidos a tinta y palabras. No lo pensó mucho antes de tomar uno y contemplar la letra de su alumno.

- Empiece su tarea, Potter.

El nombrado tardó unos segundos en acatar la orden, sabía que no conseguiría impedir que su profesor lo leyese y aunque intentase centrarse en los deberes que tenía delante no lo conseguía.

Una hora y media pasó cuando el silencio fue roto por segunda vez por Harry.

- Ya he terminado todo profesor Snape.

- Pues váyase -contestó aun sin despegar mirada de uno de los diarios, parecía negado a soltarlo.

Harry se dio por vencido. Decidió no luchar más y dejarlo hacer, creía que jamás los recuperaría, así que resignado, humillado y dolido salió del despacho del pocionista, sin darse cuenta de que en la habitación que acababa de dejar en apenas dos horas había cambiado algo. Algo que quizás en un futuro daría un vuelco a su mundo y que lo haría en menos de un minuto.



Continuará...
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MensajeTema: Re: La Magia De Tus Ojos   Dom Dic 18, 2016 11:58 am

Había pasado una semana desde que descubrí los escritos de Potter y me habían cambiado a una velocidad aterrante. Me había vuelto adicto a sus escritos, las historias que confesaba al papel en intimidad al papel, a como describía casi con admiración a sus vivos personajes, que parecían hablarte de su historia y de ellos mismos como si fueran un amigo tuyo sentado a tu lado.

Ese mocoso escribía de una manera tan diferente y fantástica que contrastaba a la perfección con la narración tan realista que era hasta dolorosa.

Ese muchacho había conseguido que me quedara despierto en las noches, estando completamente atrapado en la historia. Por suerte estas estaban todas acabadas, unas duraban más, otras menos pero todas contaban con un punto final, algunos felices, otros abiertos, otros tristes.
Estos últimos, por primera vez en mucho más de lo que alcanzo a recordar habían conseguido que me emocionara.

Y aunque me negaba a admitirlo en voz alta me habían devuelto los sueños, sueños hermosos en los mundos de esas páginas, sueños que finalizaban siempre de la misma manera; con unas bellas esmeraldas osadas a llamar ojos.

Ahora mismo estaba leyendo el más reciente pergamino y este a diferencia de todos no tenía final. Era una historia completa en abstinencia de nombres y más descripciones a parte de las sensaciones y dos colores: Azul y miel. Y ahora me había quedado en el punto cercano al final:
-Mi nomb...
¡Y ahí acababa! ¡Necesitaba más, necesitaba saber como se llamaban!

Me levanté del sillón de mi habitación y salí en busca de Potter, le necesitaba para saber el final. Me olvidé completamente de que eran las diez de la noche y de que iba vestido con mi pijama verde oscuro, mi bata negra y con mis pantuflas a juego con esta y me dirigí a la sala común de Gryffindor, rezando de que el chico estuviera despierto.

Cuando llegué tuve suerte de encontrar a un joven Gryffindor que accedió a ayudarme a entrar y cuando lo hice le vi. Vi al chico que estaba buscando sentado en un sillón, mirando a sus amigos jugar al ajedrez, mientras el estaba en silencio con la actitud que tenía últimamente, cabizbaja y decaida. Me acerqué a el a grandes zancadas, mientras la duda me corría por dentro e ignoré a sus amigos.

- ¡Dígame como se llaman! -exigí.

Vi como Potter se encogía y después de unos momentos sus mejillas se tornaron en un color rojizo intenso.

- N-no se de que me está hablando...

- ¡No mienta Potter! ¡Necesito saberlo!

- ¡No! ¡no tengo ni idea de que habla! -gritó mientras corría hacia sus habitaciones.

Me fijé por un momento en la incertidumbre de la comadreja y la sabelotodo, pero en ese momento no me importaban. Así que fui detrás de Potter y cuando estabamos en delante de las escaleras de su dormitorio le tomé del brazo para obligarle a que me mirase.

- Necesito saberlo. Dígame el final de una vez.

- N-no tiene final, la historia acaba ahí -respondió finalmente.

- No puede ser ¡Tiene que haber un final! ¿¡que fue de ellos!?

- ¡Ahh! ¡Suelteme el brazo! -se quejó con una mueca de dolor antes de que soltara su brazo y empezara a sobarse la zona dolida- S-si la historia pudo ser escrita sin nombres, sin descripción de personajes y con solo dos colores no necesita un final...

Me quedé estático y observé como el chico corría a su habitación. Quizás ese final era la verdadera intención de el escritor, que acabara sin revelarse y en medio de una palabra.

Pero no podía ser, sabía que debía tener un nombre para los protagonistas, debía haber pensado un final. Pero hoy no lo descubriría después de haberle ido a interrogar de tal manera, así que decidí volver a mi habitación y pensar como hacerlo con detenimiento.

◇b28;◇

A la mañana siguiente, mientras el estaba en clases y yo tenía una hora libre, subí a sus habitaciones y, aunque tenia el vago pensamiento de fuera algo excesivo y descabellado, fuí a su baúl y busqué un diario, un trozo de papel, algo que me dijera el final.
Pero no lo encontré, no había absolutamente nada. Lo cual significaba que debería recurrir a mi plan B. Hoy tenía pociones con su grupo Nada iba a impedir que le impusiera una detención a Potter.

Parecía que estaba en racha, ese día Potter explotó un caldero. Y ahora le estaba esperando en mi despacho, impaciente. Sonaron las 20:45 y tocaron a la puerta y abrí, encontrandome con ese joven de pelo alborotado.

- Segunda vez puntual, toda una rareza. Adelante.

- ¿Cuál será mi castigo está vez señor? -preguntó con cierto cansancio mientras entraba a mi despacho.

- Que me diga el final de "Los Fantasmas Del Vals" - exigí mientras cerraba la puerta.

- ¿Le pusiste nombre a mi historia? -note su voz extrañada.

- Y también le he puesto nombre a todas las demas ¿que tienes en contra de poner títulos?

- No tengo porque contestar a eso, profesor.

- Si, es verdad. Lo que ahora quiero saber con urgencia es como acaban. ¿Como se llaman?

- ¿Otra vez lo mismo? Ya se lo dije... no hay final en para esa historia. Tampoco hay nombres...

- Te estoy dando la oportunidad de colaborar... -dejé la severidad

- ¡Es la verdad! ¡Ni siquiera tengo un nombre pensado!

- Que no se diga que no he avisado -murmuré frustrado- ¡Legermens!

Nunca esperaba ver lo que vi...

Continuará...
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MensajeTema: Re: La Magia De Tus Ojos   Dom Dic 18, 2016 12:00 pm

Nunca esperaba ver lo que vi...

Busqué en su mente el final de esa historia, pero parecía que decía la verdad y realmente no había ningún nombre ni final. Y al no encontrar nada caí directamente en los recuerdos de su niñez.

Aparecí en recuerdos en los que el no contaría con más de 6 años y en ellos no había la vida de lujos y caprichos como creía, sino una vida de esclavitud. Vi como el pequeño niño era tratado como un elfo domestico, siendo castigado con palizas brutales si cometia un mínimo error en cualquier tarea. Vi como era obligado a trabajar en la casa, en la cocina, en la limpieza, ser sirviente de todos los caprichos de sus tios.

Vi como era alimentado con las sobras de la basura, como en el colegio lloraba de felicidad si alguien le daba un poco de su merienda. Fui consciente de como el mismo llegaba a creer que no valia mas que un trapo sucio.

Vi con repulsión como cada año sus cicatrices aumentaban, como cada vez estaba menos vivo, como en sus cumpleaños el trato mas bonito que había recibido en su vida fue una onza de chocolate que cayó al suelo y le permitieron probarla.

Oí sus constantes gritos agonicos y su desgarrador llanto, el que me dolió en el corazón.

Pensaba que nada podía superar los autocastigos y todas las noches de llantos. Pero empeoró en el verano que cumpliría 12. El señor Dudley le violó, y no fue una única vez. El pobre chico se rompió totalmente ahí, nada volvió a ser lo mismo. Su cuerpo era destrozado al igual que su mente. Asi toda su infancia y todos sus veranos.
No aguanté más.

Al salir de su mente estaba sudando frío. Había visto a algunos compañeros mortifagos ser mas suaves con sus torturas que los tratos que recibió el chico. Y por muy Potter que fuera, no se lo merecía.

Me fijé en que Harry estaba arrodillado en el suelo, llorando con el rostro hundido entre sus temblorosas manos. Unas manos libres de cicatrices y por los castigos que le fueron impuestos sabía que allí debian haber cicatrices.

Con un hechizo retiré su glamour, produciendo un respingo por parte de Potter y noté los cambios del cuerpo del chico. Era mucho mas pequeño y sus manos se revistieron de cicatrices de quemaduras y cortes. Y sabía que eso solo era la punta del iceberg, así que con otro hechizo le despojé de la ropa de su parte superior, arrancando de su boca otro gimoteo.
Su cuerpo estaba cubierto de cicatrices superpuestas, algunas mas grandes que otras pero igual de escalofriantes.

- ¿P-por qué me humilla otra vez? -sollozó- ¿N-no le valía con mis escritos?

No quería contestar, sabía que si hablaba notaría que mi voz estaba rota. Pero le tomé de brazo, le levanté y le abracé con fuerza mientras sollozaba intentando aguantar derrumbarse totalmente.

- Puede desahogarse, Potter.

No necesitó mas palabras, pasó las manos por mi espalda y se aferró a mi túnica, rompiendo en llanto. Ahora sabía porque sus escritos eran tan dolorosamente realistas. Había vivido cosas que ningún niño debería haber vivido. Y ahora no podía hacer nada más por el que abrazarte y permitir que sus lágrimas mojaran mi hombro.

No se cuanto tiempo pasamos así, ni tampoco cuando me senté en un sillón y menos cuando le acomodé sentandolo a horcajadas sobre mi regazo para que siguiera llorando en mi hombro.

Estuvimos así hasta que su llanto empezó a cesar, al igual que sus sollozos. No me atreví a decir nada hasta que el silencio fue absoluto.

- ¿Alguien lo sabe? -pregunté en voz baja mientras seguía acariciando su espalda.

Negó mientras se escondía más en mis brazos.

- ¿Por qué no dijo nada, Potter?

- S-si me quejaba y llegaba a oídos de mi tío... -noté como se estremecía.

- Ya entiendo. -silencio.

Después de eso se levantó y se limpio las lágrimas y al fin conseguí ver su rostro. Sus ojos estaban rojizos por el llanto pero uno se veía diferente, algo mas claro y sin luz. Ese ojo estaba ciego. Su mejilla derecha, la contraria a la del ojo ciego y una ceja con una cicatriz, tenía una marca de una quemadura. Era escalofriante. Mi corazón no pudo hacer mas que encojerse ante esa visión.

- Lamento haber montado esta escena.

- No pasa nada Potter - contesté aún dudando sobre que actitud debería tomar con el a partir de ahora.

- No se lo diga a nadie por favor - dijo mientras se dirigía a la puerta y se cubría con el glamour - se lo suplico...
- No lo haré, se lo prometo.

- Gracias...

Después de ese ultimo susurro se fue, y me dejó con una maraña de pensamientos. ¿Como debería tratar ahora con el? Sabía cosas que sus amigos no y ahora me daba cuenta de que su actitud no era más que una máscara, una coraza para ocultar su fragilidad. Y yo entendía mucho de corazas.

Seguí un buen rato con todo ese lío que me turbaba un buen rato, pensando en si romper la promesa y hablar con Dumbledor. Pero yo jamás rompía promesas. Así que no podría hacer mas que dejar que llorara en mi hombro en mi hombro si lo necesitaba y guardarle el secreto.

Me dirigí a la cama aún con todo ese lío en la cabeza.

Esa noche soñé una vez más con ojos verdes, más esta vez algo era diferente, sólo que no me fije lo suficiente en descubrir el que.
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MensajeTema: Re: La Magia De Tus Ojos   Dom Dic 18, 2016 12:01 pm

Durante dos días no supe nada de Harry, y tuve tiempo de pensar. Decidí tratarle de otra manera, ya no había odio y olvidaría su apellido, aunque me costara lo intentaría.

En ese momento intentaba no pensar mucho en eso ya que estaba en mi despacho corrigiendo unos ensayos, cuando unos golpes sonaron en la puerta. ¿Quien podía ser? Aún eran horas de clases vesperinas. Me levanté y cuando abrí sólo alcancé a ver una maraña de pelo negro antes de ser abrazado.

Tardé unos segundos en corresponder el abrazo y cerrar la puerta con magia no verbal. Por como se movían los hombros de Potter podía saber que estaba llorando.

Y a pesar de que tenía al chico llorando entre mis brazos me di cuenta de que sentía una peculiar paz y calma que hacía mucho que no sentía. Era una paz extraña, sentía que ya la había vivido. Y así era, la primera vez fue hace 2 días, cuando abracé a Potter, aunque no me di cuenta por la por la confusión y lio de sucesos e informaciones. Entonces me di cuenta de que mis brazos le habían añorado en silencio.

Me permití olvidarlo todo, quien eran sus padres, la edad, cual debía ser nuestra postura de respeto y le abracé con fuerza. No estuvo mucho en relajarse un poco, quedando momentaneos sollozos. Besé su pelo y acaricié su espalda.

- ¿Que ha pasado? -pregunté con voz neutra.

- M-me han dicho que soy inútil, que si hubiera muerto en esa maldición todo sería mejor... -sollozó. Era más frágil de lo que pensaba- Y-y es verdad... si no fuera por que ser "el-niño-que-vivió-y-venció" no valdría absolutamente nada... ¡y no valgo ahora! Solo estorbo... debería morir y dejar de molestar.

Ese niño jamás quiso ocupar su nombre, jamás quiso ser quien era. Fue llamado heroe cuando solo era un niño, y la esperanza de un pueblo fue cargada en su magullada espalda. Ahora por suerte ya había acabado con su condena y debería poder disfrutar, no sufir cada vez más. Así que me separé de el y puse las manos en sus hombros, dispuesto a decirle la verdad.

- ¿Que usted no sirve para nada? -exclamé- ¿¡Es que no ha leído sus escritos!?

- S-son borradores y muy malos... solo tinta gastada... -contestó secandose las lágrimas con el dorso de la manga.

- ¿Malos? ¿tinta gastada? -estaba furioso, estaba insultando las historias que me habían devuelto las emociones. Me separé y di vueltas por el despacho- ¡¡Por las bragas de Morgana, Potter!! ¡¡Son geniales!!

- N-no hace falta que mienta profesor...

- Yo no miento. ¡¡Esas historias, todas y cada una de ellas son la puta maravilla!! ¡¡Las he leído más de tres veces cada una!! ¡Por el amor de Merlin, Potter! Tienes un maldito don. Pero no uno cualquiera -dije acercandome a el- tu tienes alma de artista. ¡Eres poseedor de la segunda magia!

- ¿S-segunda magia? -parecia confundido, obviamente, eso salía en su próximo curso.

- En este mundo hay tres magias. Una es la que nos diferencia de los muggles, la segunda es el arte. El arte que te roba el aliento, el que emociona, el que eriza tu vello, ¡El que hace que cuando lo acabas de disfrutar te sientas como si en pleno desierto solo te hubieran dado una única gota de agua! ¡¡Y tu!! -declaré tomando sus hombros nuevamente mientras sus mejillas se tornaban carmesí- Tu tienes esa magia.

- ¿De verdad cree eso? -qüestionó débilmente.

- Pues claro que si Potter, yo no miento.

Entonces presencié como sus ojos empezaban a brillar y llenaban la habitación de luz, como el sol de invierno, que calienta sin quemar, que se presenta con belleza, ese que enamora.

- M-muchas gracias, profesor. Nunca nadie me había dicho algo asi... -sonrió.

- Porque nunca expusiste esas joyas.

- Me da vergüenza... ¿podría guardar este secreto también?

- Si, pero con una condición.

- ¿Cual?

- Quiero leer todos tus escritos. Al fin y al cabo, ya los conozco ¿no?

- S-si... Esta bien. Trato hecho.

 ◇b28;◇

El día siguiente era sábado y pensaba quedarme en mis habitaciones con tranquilidad hasta que sonó la puerta. Por como estaba yendo esta semana estaba seguro de quien era. Me levanté y al abrir la puerta tuve que contener la sonrisa de ver a ese chico de ojos esmeraldas. Ese que con el traía una paz y una dulce calma a mi corazón. Me fijé en que tenía un pergamino en la mano y una amplia sonrisa.
 
- Buenos días profesor Snape.

- Buenos días señor Potter, pase por favor.

Le invité a entrar y le hice pasar a mi habitación por primera vez, hoy no me apetecía estar en mi lugar de trabajo. Observé como escudriñaba con la mirada toda mi habitación antes de acercarse a la zona frente a mi chimenea, que calentaba un sofá y dos sillones color verde bosque y una mesita rectangular de madera oscura.

- Puede sentarse donde quiera, Potter.

Dije mientras me sentaba cerca de un extremo del sofá y el en el otro.

- He venido a darle las gracias por haberme aguantado los últimos días...

- No fue nada.

- Y como agradecimiento tengo dos presentes... Uno es un microrelato que escribí esta última semana. -dijo algo avergonzado dejando el pergamino en la mesa.

- Muchas gracias -no pensaba rechazarlo, quería saber de su nueva obra.

- Y el segundo... -hizo aparecer en la mesa una pequeña tarta de melaza, que emanaba un aroma embriagante- Es hecho totalmente por mi, me tuve que pelear un poco con los elfos pero al final me dejaron hacerlo en sus cocinas.

- Usted lo que quiere no es agradecerme... ¡quiere sobornarme para aprobar mi asignatura!

- ¿Que? ¡no! Lo de agradecerle va en serio...

- Esta bien, esta bien... Le creeré, ahora deme un trozo de esa tarta, pero que sepa que su nota quedará intacta.

El sonrió negando con la cabeza y cortó un trozo y me lo sirvió en un platito junto a un pequeño tenedor. Tomé un pequeño trozo y lo introduje en mi boca. ¡Era delicioso! Sabía genial, como ese pastel que me hacía mi madre de pequeño, pero era diferente. Tenía un toque que le daria mil vueltas a cualquier chef. Vale, con esto y haciendo recuento, Potter tenía dos virtudes.

- ¿Está buena?

- Demasiado buena. -Normalmente jamás lo admitiría, pero el Harry que tenía delante lo necesitaba. Necesitaba saber que era algo mas que un nombre en una profecía.

- Gracias -sonrió tímidamente con un leve sonrojo en sus mejillas.

Tomó un trozo y se lo sirvió, para empezar a comer el también. Hablamos sobre cosas trivales y después se fue, haciendo que sintiera otra vez como si me acabaran de quitar un trocito de mi alma.
Era extraño. Mi corazón parecía añorar su simple presencia. Pero intentaba convencerme de que solo sentía eso porque era el escritor de esas historias que tanto adoraba. Que lo que sentía eran cosas de las fabulas que leía y ansiaba por saber más. Si, sólo era eso.

◇b28;◇

Para cuando nos quisimos dar cuenta ya habían pasado tres semanas y nuestra amistad se había estrechado con gran velocidad, y solo en esa habitación nos llamabamos por nuestros nombres. En ese tiempo se había hecho costumbre que por las tardes viniera a mis habitaciones y conversar sobre cualquier tema, después me daba para leer lo que hubiera escrito en el día y lo leía mientras el cocinaba algún postre en una pequeña cocina que había en mi mazmorra (hasta el momento inutilizada).

Era muy extraño tener compañía en mi tiempo libre. Aunque contra todo pronóstico me sentía muy a gusto con nuestra rutina, pero eso si que no iba a admitirlo. Ya había hablado más de lo que me gustaría.

En cuanto a Potter me contó que sus amigos estaban muy melosos con su reciente noviazgo y como últimamente tenía algo mas propenso el derrumbarse prefería estar en la tranquilidad de mi mazmorra y contar con alguien que supiera la verdad. También iba sin glamour por aquí, dijo que era algo cansado llevarlo y que prefería no traerlo encima. Me costó algo acostumbrarme a no quedarme mirando sus cicatrices, pero ahora ya estaba acostumbrado y las obviaba.

Ahora eran las 21:00h y después de cenar en el Gran Comedor estaba esperando mi postre en mis habitaciones, mientras leía la continuación de una preciosa historia de fantasía.
Esta vez era capítulo estaba escrita la locura de un dios, el delirio de ver cada nueva creación, y los retortijones de su estómago al ver como cada vez perdía más poder, e intentaba acercarse más y más y lo único que conseguía era crear catástrofes. Toda una maravilla.

De repente un embriagante aroma me distrajo de mi lectura y dejé el pergamino en la mesita mientras iba a la cocina. Me encontré con un pelinegro que tarareaba alguna melodía mientras sacaba del horno unos pastelitos en moldes de estrellas.
No pude evitar acercarme a el y abrazar su cintura, ya muy conocida por mis brazos. Me acerqué a su oído derecho, ya que odiaba que se pusieran en su lado ciego, y susurré;

- Y entonces jugué a serlo todo, jugué a ser brizna de hierba, a ser ataque de cobardía, una ciudad secreta. Jugué a ser nube, a ser ola y jugar a ser la arena que estaba a tus pies, a ser el sol que quemaba tus mejillas, el soplo de viento que quería deshacer tu trenza. Me divertí siendo tu inspiración, siendo el atardecer en el que te perdías. Solo me faltó ser una cosa, ser ese que pudiera probar tus labios, ese que pudiera entregarte su cordura, que al fin y al cabo, se resquebrajaba cada vez que te oía reir. Solo me faltó eso. Me faltó ese beso...

Entonces sentí un codazo en mis costillas.

- ¡Ey! Eso duele -le miré enojado.

- ¡Te he dicho varias veces que no recites las frases de mis escritos!

- Es tu culpa por hacerlos memorables.

- ¡Al final te vas a quedar sin postre! -noté sus mejillas rojas, esta vez con el carmesí llegando hasta sus orejas.

- ¡Tampoco hace falta pasarse, Potter!

- Fuiste tu el que desacató mis peticiones -contestó alzando su barbilla.

- Tienes toda la razón. -dije con humor, estos pequeños momentos son los que le faltaron por vivir a ese dios.

Miré sus ojos, aún por encima de su hombro, y el clavó sus desiguales esmeraldas en mi. No pude evitar sonreír al igual que el. La calma arropaba mi corazón y esperaba en secreto no ser el único que sintiera eso. Estreché suavemente su cintura contra mi, cuando algo me distrajo. Mas concretamente el sonido de una cámara.

Me giré cubriendome con mi habitual máscara mientras  notaba como Harry se cubría velozmente con un glamour.

- ¿Se puede saber que coño hace Lupin? -estaba molesto, había interrumpido mi ritual del postre.

- Es que se veían tan bien juntos... -divagó mientras se sentaba con cuidado en el sofá y acomodaba su chaqueta, cada vez su vientre estaba mas hinchado.

- ¿Y a que has venido si se puede saber? -me crucé de brazos- ¿Has conseguido dar esquinazo al pulgoso?

- ¡Si! Aunque me ha costado mucho... Está mucho más sobreprotector desde el 6° mes de embarazo...

- ¿Y cuanto queda para que salga el bicho?

- Teddy -me corrigió- Y un mes y algo más.

- Mi sobrinito será adorable -oí a  Harry a mi lado antes de acercarse el al sofá y dejar una bandeja con los pastelitos en la mesita- Ya quiero verle.

- ¡Y yo! Por suerte cada vez queda menos... -dijo Lupin antes de robar uno de mis pastelitos.

- ¿Y si dejáis el parloteo y nos dice para que ha venido? -dirigiendome a Lupin.

- Tan gruñón y amargo como siempre. He venido como favor a Dumbledor.

- ¿Y que dice el viejo? -me senté en el sillón y tomé un pastelito. Sabía a suavemente limón, pero era la gloria.

- Quería que os preguntase si habéis notado una alteración mágica por aquí.

- Yo no ¿Y usted Potter?

- No, no he notado nada.

- Ya veo... pues na-

La puerta se abrió de un portazo, habiendo detrás un alterado Black, ya estaba tardando.

- ¡¡Moony!! ¿Se puede saber que haces en el cuarto de Quejicus?

- Estaba dando un recado de parte de Albus.

- Bueno, supongo que ya has acabado -ayudó a levantarse a su marido- Vamos, que no debes hacer esfuerzos...

- Oh, vamos Sirius. Estoy embarazado no con una enfermedad terminal. -dijo mientras se iba fuera, llevandose al perro pulgoso y cerrando la puerta detrás de ellos.

Hubo un momento de silencio. Al menos no notó que estaba Harry. El parecía tenso como yo, pero ambos nos relajamos al oir como se alejaban. Decidí romper el silencio y recuperar nuestro ambiente anterior.

- Me ha robado dos pastelitos... -fingí estar muy afligido- mis pastelitoos...

Su risa llenó la habitación de luz, de vida, al igual que mi corazón.
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