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 Salvaje, valiente y dulce. Capítulo 32: Fin de la batalla ¿Y de su amor?

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Majo-san
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MensajeTema: Salvaje, valiente y dulce. Capítulo 32: Fin de la batalla ¿Y de su amor?   Jue Jun 09, 2016 2:34 pm

32º Capítulo: Fin de la batalla ¿Y de su amor?




Severus lo sintió en cuanto puso un pie en la casa de los gritos. La magia de Harry se estaba expandiendo por todo el lugar. Poderosa, estridente, pero por sobre todo maligna. No sabía que encontraría, pero estaba seguro, que fuera lo que fueran a encontrar, él tenía cierta culpa de ello.
-Ese no puede ser Harry –dijo Sirius en cuanto sintió como todo el lugar era rodeado por esa poderosa magia oscura.
-Lo es, Black, ¿No sientes como te eriza la piel?
-Claro que sí, pero es tan… malo.
-Lo es…
-Bienvenidos a nuestro refugio.
Snape, Black y Longbottom dirigieron la mirada a uno de los extremos de la casa de los gritos desde donde un hombre aparecía. Neville sintió la sangre hervir y no era para menos, el mismo maldito que secuestrara a su esposo hace más de un año estaba frente a ellos muy campante, como si nada pasara.
-Macnair –lo llamó con los dientes apretados.
-Veo que vinieron todos, pero falta gente aún… ¿Dónde está Damián?
-¡Cállate, bastardo!
-Tranquilo –le dijo Severus a Neville sosteniéndolo del brazo para que no se fuera contra el sujeto que había planeado todo eso-. Sólo está tratando de provocarte.
-Pues lo está logrando.-dijo soltando su brazo para que su suegro lo soltara también. Era un estúpido al caer ante las provocaciones de Macnair, pero no permitiría que nombrara a su esposo.
-¿Dónde está Harry? –preguntó Sirius, notando que las cosas estaban por salirse de control.
-Dentro de la casa, Black. Pueden entrar cuando gusten –dijo entrando él mismo, pero antes de desaparecer de la vista de los otros tres, volvió a hablar-… pero no prometo que les guste lo que van a encontrar –la risa maniaca del sujeto fue lo único que pudieron escuchar antes de que un grito aterrador se escuchara desde adentro y todos se pusieran en posición con sus baritas.
Un sonido hueco. Algo calló al piso. Poco después vieron como la cabeza de Mathew Macnair rodaba por el piso y caía fuera de la casa de los gritos.
La escena era escabrosa y repulsiva, como magos tenían otros métodos de asesinar, que no fuera la decapitación.
Severus se sintió enfermo, no quería que el mal presentimiento que pasaba por su mente fuera real, por lo que con paso presuroso se dirigió dentro de la casa seguido de los otros dos, que le cubrían las espaldas y las suyas propias. Lo que encontraron adentro era precisamente lo que no querían ver. Harry estaba a un par de metros de la entrada, en su mano derecha una espada ensangrentada y la vista perdida. El cuerpo decapitado de Macnair delante de él. A sus espaldas otras cuatro personas heridas suplicaban ayuda, Sirius los reconoció en el momento, Alexis Dolohov estaba en una esquina, se notaba en su cuerpo los estragos de la maldiciones cruciatus que aun la tenía temblando y con la mirada perdida. Petter Rookwood había padecido algo similar a lo de su líder, pero no tan letal, trataba infructuosamente de devolver a pegar el brazo que le fue cercenado de golpe y  en cuyos dedos amoratados estaba su varita. Catalina Crouch enterraba cuchillos en su cuerpo y gritaba de agonía, probablemente manipulada con un imperio lanzado por el mismo verdugo  que había sentenciado a sus secuaces. Y Jonathan Karkarov quien estaba en medio de un charco de sangre y el cual presentaba cientos y quizás miles de cortes en todo su cuerpo que lo estaban matando poco a poco y de manera dolorosa.
-Un mes, Severus –la voz de Harry era rasposa y escalofriante. Severus recordó de manera dolorosa la misma voz en su antiguo amo. Cada vez que Lord Voldemort ejecutaba a alguna víctima.
-Esto está mal, Harry…
-Un mes… un mes encerrado aquí y sin que nadie se preocupara de mi… ¡No creo merecer esto! –las cosas alrededor temblaban.
-Es mejor que saquemos a Harry de aquí –aconsejó Neville.
-¡Silencio! –las paredes del lugar poco a poco comenzaron a colapsar.
Severus sabía que tenía que llevarse a Harry, pero también le preocupaba la salud de su hija.
-Escucha, Black –habló con paciencia, viendo como Harry caminaba hacía Rookwood que le había disparado con su varita, pero falló en el blanco-. Me importa muy poco lo que pueda pasar con esos desgraciados, pero encuentren a Aurora y sáquenla de aquí.
-Snape…
-Ahora no, Black, tengo que llevarme a Harry, pero temo por la vida de mi hija.
Los otros dos asintieron, al mismo momento que Severus emprendía carrera, antes de que Harry atacara nuevamente al sujeto, lo tomaba de la cintura transportándolos a ambos.
Harry sentía todo el estómago revuelto, no se esperaba una transportación tan brusca y mucho menos llegar al lugar en el que estaban. Demasiado sol. Demasiada luz.
-¿Cómo te atreves a tocarme? –le dijo estirando su mano contra su pareja y expulsando una gran cantidad de magia que estaba haciendo retorcerse a Severus.
-Debes volver en ti… Harry…
-¡¿Para qué?! ¡Todo seguirá igual que siempre!
La magia de Harry estaba completamente fuera de control. Las palabras de Macnair se repetían una y otra vez en su cabeza.
-Eres la persona a quien amo, Harry, pero también me diste más responsabilidades de las que hacerme cargo –dijo desde el suelo, pero ya repuesto del ataque de su pareja-. Has eliminado a quienes ponían la vida de nuestros hijos en peligro. Ya no hay más por qué temer, no hay razón para estar separados…
-Mientes… siempre habrá una razón para dejarme de lado, siempre hubo un motivo para nunca estar en lo alto de las prioridades de la gente.
-Es probable… quizás tú mismo lo has provocado.
Harry sintió la furia hacer mella en su cuerpo nuevamente.
-¿Por qué haría eso? –preguntó acercándose y sentándose a horacadas sobre el estómago de Severus mientras ponía la espada ensangrentada contra su cuello. –Te pedí que me amaras y nos alejaron ¿Acaso fue mi culpa? –preguntó al tiempo en que apretaba aún más el filo- Mi embarazo lo viví solo por el temor de que me arrebataran tu único recuerdo… ¡¿Fue acaso también mi culpa?!
-Harry, estas lastimándome… -dijo al sentir como el filo comenzaba a dañarlo.
-La única persona que me apoyó murió por mi culpa ¡Eso si es mi culpa! –levantó la mano para dar el golpe final.
-Estar embarazado de mí nuevamente, creo que eso es culpa es mía –dijo poniendo su mano sobre el vientre de Harry que ya era notable por su avanzado estado. La mano de Harry se detuvo en el aire.
-¿Un bebé? –dijo de pronto, dejando caer la espada a un costado.
-Olvidaste al niño que crece en tus entrañas. Pero encontré los exámenes en nuestra casa -se sentó con Harry aun sobre él. Notando como la magia oscura se extinguía poco a poco y lo abrazó-. Lamento tanto el haberte dejado por tanto tiempo, mi amor.
-Estaba solo… tan solo…
-Lo sé y lo lamento, pero ya no hay razón para que lo estés. Ya nunca más podrás estar lejos de mi Harry. Te seguiré donde vayas, donde tu mente este, donde sea que tu alma duerma… ahí estaré.
Harry se relajó en los brazos de su pareja. Las palabras de este le sanaban como el bálsamo e iban calmando su dolor. Pero entonces toda la neblina que cubría sus recuerdos se fue disipando. Los que había hecho hace un par de minutos volvió a su mente como una película de terror.
-Soy… ¡Merlín, maté y torturé a todos ellos!
-Lo merecían…
-¡Nadie merece eso, Severus! –su mirada era casi demente nuevamente, pero esta vez el dolor estaba saturando sus sentidos- Maté a ese sujeto y casi mato a los demás… deben estar muertos ahora.
-Harry, detente, te hará mal –dijo tratando de razonar con su pareja, tratando de sacarlo de la locura en que se estaba sumiendo.
-Soy un criminal… tal como lo era Voldem…
-¡No permitiré que digas eso! –Severus sostuvo los brazos de Harry con fuerza, imprimiendo toda esa pasión que su pareja le inspiraba-. Eres mi pareja, pretendo hacerte mi esposo, el padre de mis cinco hijos, no voy a permitir que te compares con ese criminal sin corazón…
-Pero me comporté de la misma manera.
-Estabas fuera de ti, mi amor, probablemente has tenido que pasar por más cosas que la mayoría de  las personas no tendrán que vivir en mil vidas. No puedes dejar que un suceso, sólo un momento de debilidad te marque para siempre. No te lo voy a permitir -las lagrimas caían del rostro de Harry, un llanto angustioso que duro por largos minutos.
Harry se abrazó con fuerza al cuello de Severus, quería creer en sus palabras, en cada una de ellas. En todas.
-¿Te quieres casar conmigo? –le preguntó abriendo los ojos y mirándolo de frente.
Severus sonrió de lado, al parecer es lo que Harry estaba esperando escuchar hace mucho, porque fue lo que más retuvo de su anterior discurso.
-Claro que quiero casarme contigo, Harry Potter. Eres a quien amo, quien me dio la oportunidad de tener una gran familia y no voy a dejarte ir tan fácilmente. Así que no te sumas en la locura.
El de ojos verdes no sabía que pensar en ese momento, por un lado se torturaba con el hecho de que había matado, por primera vez en su vida y esperaba que nunca más tuviera que levantar su varita contra nadie con el propósito de hacer daño. Estaba seguro que esto acarrearía cientos de miles de noches en vela o sumido en el terror de las pesadillas, pero también tenía en mente el hecho de que siempre tuvo un trozo de Voldemort dentro de su cuerpo ¿Seria ese fragmento el que le llenó de maldad en ese momento? ¿Y si era así, podía volver a transformarse en ese monstruo?
Severus trataba de leer en la mente de Harry, era tan fácil como ver en la mente de un infante, pero él estaría ahí en las noches interminables, ya no lo necesitaban en Hogwarts, ahora lo necesitaba su esposo  y sus hijos menores. Los grandes estarían en su mente siempre, pero no eran tan frágiles como lo era Harry ahora.
-Vayamos a casa, con los niños, necesito verlos –dijo apoyando su mejilla en el pecho amplio de Severus.

°o0o°o0o°o0o

-¡Papá!
Los trillizos corrieron al encuentro de Harry en cuanto lo vieron aparecer en la sala de los Malfoy en compañía de Severus.
Harry se dejó abrazar nuevamente y los acercó a los tres como puedo, sus bebés, que ya eran tan grandes y no lo necesitaban, tan diferente a él, que sin lugar a duda necesitaba de todos sus hijos.
-Papi, estas embarazado –dijo Levi abriendo los ojos y apoyando la palma sobre el vientre de Harry.
-Sí… –trató de decir algo más, pero nada salió de su garganta, no podía, sentía que tenía que pedir perdón por lo que hizo, por haberse manchado las manos.
-No es necesario que digas nada, somos nosotros quienes te dejamos a ti –le dijo Severus poniendo su mano sobre su hombro mientras sostenía su cuerpo abrazándolo por la espalda.
-Nunca nos imaginamos que no estarías en casa, creo que dimos por sentado que siempre estarías ahí y no nos preocupamos por ti.
-Niños, no es necesario…
-Sí lo es, papá, te abandonamos, ni una carta, ni una visita, nada.
-Damián. Estabas al otro lado del mundo por lo que a mí respecta.
-Somos magos, siempre hay una forma –dijo Rudy bajando la cabeza.
-Deténganse, no soy quien para juzgarlos, no ahora.
-Ya sabemos lo que pasó, Harry –dijo Remus que escuchaba a una prudente distancia, pero que podía sentir la magia descontrolada de Harry rondando por todos lados. Dura y lastimera-, no has cambiado en nada, esta vez fuiste solo a la guerra, esta vez nadie estuvo a tu lado apoyándote, tuviste que hacerlo, no te quedó otra salida.
-Remus…
-Eres poderoso, Harry –le alabó Sirius que estaba junto a Draco abrazándolo y con el otro brazo en el hombro de Scorpius.
Harry vio entonces al rededor, todos lo apoyaban. Todos los querían, era amado.
Fue como un cristal rompiéndose. Las lágrimas cayeron de sus ojos y el llanto de Aurora lo llevó a Lucius que tenía a la niña en brazos. Se acercó y la tomó para abrazarla  y dejar correr sus lágrimas. Era una persona querida.


Continuará...

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