La Mazmorra del Snarry


 
ÍndicePortalRegistrarseConectarseFacebook
Mejor posteadora de Enero: Nanndyta ¡¡Felicitaciones!!

Comparte | 
 

 Eye of the Beholder (one shot)

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo 
AutorMensaje
alisevv

avatar

Yo entré 2 (D.I.S. 2014) Bombardeo de chistes snarry D.I.S. 2014 Juego del verano 2 Juego del verano 1 Juego Yo entré-D.I.S 2015 Juego lechuza chismosa-D.I.S 2015 Yo entré-Mes del amor Yo traje mi regalo
Femenino Cantidad de envíos : 6668
Fecha de nacimiento : 15/01/1930
Edad : 87
Galeones Snarry : 233583
Fecha de inscripción : 08/01/2009

MensajeTema: Eye of the Beholder (one shot)   Lun Mayo 30, 2016 7:09 pm

Título: Eye of the Beholder

Autor: MontanaDan

Traductor: Alisevv

Resumen: Después de la batalla final, Harry abandona el mundo mágico. Severus es enviado a encontrarlo.

Género: Angustia, Romance

Disclaimer: Nada mío, todo de Rowling






—¿Sabes que no es saludable para nadie estar solo tan a menudo? ¿Alejarnos de la sociedad y de todos los que se preocupan por nosotros?

—Albus —suplicó Severus, sin estar dispuesto a sufrir este tipo de conversación una vez más. Podía querer al viejo tonto, pero eso no significaba que tenía que soportar todos sus sermones.

Albus continuó como si el otro no hubiera hablado.

—¿Leíste alguna vez a Donne?

—Ahórramelo, Albus. Yo ya estoy en el séptimo nivel del Infierno de Dante.

El Director rió entre dientes, sus ojos brillaron.

—Quizás, Severus, pero esta vez no me estaba refiriendo a ti.

—¿Oh? —estaba sorprendido. Albus seguía siendo el único que lograba hacer eso—. ¿A quién, entonces?

—Harry.

El hombre parpadeó. Y volvió a parpadear.

—¿Harry? ¿Cómo en Potter?

—Efectivamente.

—¿Cuál es el problema de Potter ahora? —Severus tenía la sensación de que iba a arrepentirse de haberse sentado en esa silla esa noche. Alcanzó su té en un gesto de defensa.

—Se aisló del mundo.

El Profesor no pudo evitar sonreír.

—¿Es eso tan malo?

Albus suspiró con paciencia.

—Severus, ¿me equivoco al decir que ustedes trabajaron muy bien juntos para derrotar a Voldemort? —el profesor de Pociones apartó la mirada—. Y que tú casi podías llamarlo amigo.

—¿Amigo? —casi se ahogó con la palabra.

—¿No confiabas en él?

—Absolutamente —murmuró Severus.

—¿No disfrutabas su compañía?

—Indudablemente.

—¿No se consolaron uno al otro en tiempos de necesid…?

Severus se levantó precipitadamente.

—Fue completamente consensual y ya no era un estudiante.

—Tranquilízate, Severus —musitó Albus—. Sé que no hubo nada ilícito en su relación.

El mago más joven casi resopló. Algunas veces había parecido ilícito. A veces, la pasión de ambos había excedido las fronteras de la necesidad física, llevándoles al límite de la lujuria animal. Pero otras veces, había sido tierno y sensual, ardiendo con sus deseos emocionales e hirviendo a fuego lento con la búsqueda de afecto mutuo. Simplemente era… había sido… tan malditamente perfecto.

—Hasta que derrotó al Señor Oscuro y me tiró como si fuera un saco vacío de judías —expresó, probablemente con tanta amargura como la que sentía ante el humillante romance.

—Sé lo que piensas, Severus, pero…

—No inventes excusas para ese engreído sinvergüenza —gruñó—. Sabía que después de derrotar al Señor Oscuro podría tener a quien quisiera. Por Merlín, ni siquiera tenía que derrotarlo. Potter era hermoso, con un rostro y una figura exquisitos.

Y debajo de la superficie también. O eso era lo que había pensado.

—Exactamente, Severus.

El hombre se giró hacia el sonriente anciano.

—¿Exactamente qué?

—Él podría haber tenido a cualquiera, incluso antes de matar a Voldemort —prosiguió Dumbledore—. Pero te quiso a ti.

—Por un tiempo —replicó, recuperando su compostura. Había luchado durante seis meses contra el rechazo de Harry y al fin lo había aceptado—. Comprendo que él deseaba avanzar —continuó, noblemente—. Supongo que no debería haberme sorprendido por su total carencia de modales, su completa falta de consideración —se derrumbó de nuevo en su asiento—. Me envió una nota, Albus. Una maldita nota. Ni siquiera vino a verme.

—Sabes que no desea ver a nadie.

—Eso he escuchado. Y no quiero insistir y perder mi tiempo intentando convencerle de que cambie su decisión.

Una risita salió de los labios del irritante anciano.

—Sí, él tiene una gran veta de obstinación.

—Precisamente —declaró con tranquilidad—. Entonces, si el muy tonto ha decidido mandar el mundo a la mierda, ¿qué te hace pensar que puedas lograr que cambie de opinión?

Albus simplemente sonrió.

—Yo no, Severus. Tú.

El maestro de Pociones suspiró pesadamente.

—Está bien, Albus. ¿Qué es, exactamente, lo que deseas que haga?

—Quiero que lo encuentres, Severus —contestó—. Encuéntralo y tráelo a casa.

Yendo de un lado a otro frente al escritorio, Severus se burló.

—¿Y cómo, te ruego que me lo digas, voy a encontrarlo si no desea ser localizado?

—Estoy seguro que encontrarás el modo.

—Al menos tendrás idea de algún lugar por donde pueda empezar, ¿cierto?

Dumbledore se enderezó, luciendo serio de nuevo.

—De hecho —comenzó a revolver algunos pergaminos hasta que localizó una tarjeta. Destellando de manera llamativa, las letras de vivos colores giraron alrededor de la cara de la tarjeta, formando palabras.


¿Está siendo acosado por maldiciones de familia?
¿Está su casa infestada con maleficios latentes o activos?
¿Espíritus burlones personales saquean su lugar de trabajo o su casa?

Certificados por el Ministerio. Especialistas en Artes Oscuras
Consulta Gratuita. Satisfacción garantizada
Completamente Confidencial

¡Llámenos Ahora!

Seguridad Dragón Negro


Severus miró a Dumbledore y levantó una ceja.

—¿Y esto es?

—Draco Malfoy.

—¿En serio? —dijo con interés, mirando detenidamente la tarjeta—. No había escuchado de él desde hace un buen tiempo.

—En realidad, lo está haciendo bastante bien —comentó Albus—. Después de la guerra, incursionó en un campo bastante lucrativo y se está beneficiando ampliamente de él.

—Es un Slytherin.

—Se ha ganado una reputación y ha prosperado bastante.

—Muy bien, ahora dime por qué voy a empezar por ahí.

—Como sabes —comenzó Albus—, Draco fue quien localizó a Harry después de la batalla final.

Severus asintió, esperando cualquier información que el anciano no hubiera revelado todavía. No sabía si Albus en verdad desconocía los detalles de los momentos finales de la batalla o si simplemente no quería contárselos a él.

La batalla en sí no había sido nada especial o diferente al resto de las batallas. Los magos de la Luz y la Oscuridad se lanzaron maldiciones unos a otros, con diferentes grados de exactitud y potencia. Lo que la había hecho tan especial, convirtiéndola en La Batalla, había sido que Voldemort y Potter habían estado allí, y se habían encontrado en medio del campo de duelo.

Severus no recordaba mucho de lo ocurrido luego que su verdadera fidelidad había sido revelada a las fuerzas oscuras. Simplemente, había luchado con todas sus habilidades, al lado de otros miembros de la Orden del Fénix. Cuando su brazo estalló con el dolor, abrasándolo hasta el mismo centro, todo lo demás se había vuelto negro.

Más tarde, averiguó que todos los que portaban la Marca Oscura habían estado incoherentes por el dolor en la violenta reacción ante la desaparición de Voldemort.

>>Draco también fue la última persona en hablar con Harry antes que decidiera aislarse —prosiguió Dumbledore.

Severus consideró que sonaba lógico. Draco era un hombre muy atractivo. Nunca hubiera pensado que fuera el tipo de Harry, pero también, quién era Severus para decirlo. Él mismo había disfrutado del placer de la pasión de Potter, y nunca hubiera considerado ser su tipo tampoco.

—¿Así que piensas que Draco sabe dónde está? —aclaró.

—Sí.

Severus resopló.

—Entonces, ¿por qué, simplemente, no le preguntas?

—¿Crees que no lo intenté ya?

Avergonzado, Severus tuvo la cortesía de ruborizarse.

—¿Y piensas que yo tendré más suerte?

—Sí —afirmó Dumbledore, sus agudos ojos sin suficiente brillo, aunque tampoco apagados.

—Muy bien, Director —aceptó, resignado—. Lo intentaré.

—Gracias, Severus —Dumbledore le sonrió y le tendió una pequeña fuente—. ¿Un caramelo de limón?






Severus entró en la tienda, con todos sus instintos advirtiéndole que anduviera con cuidado. La Dirección estaba decorada para impresionar al cliente. Mobiliario de primera calidad posado sobre genuinas alfombras de Persia, mientras que antigüedades mágicas y libros raros daban elegancia a los estantes. La repisa de la chimenea lucía fotos de Draco con varios personajes sobresalientes: estrellas del quidditch, personal del Ministerio y otras figuras muy conocidas. No pudo evitar revisarlas buscando alguna de El Chico-Que-Vivió-Reiteradamente.

Una secretaria muy bien vestida hablaba con alguien a través de la chimenea.

—Le aseguro, señor Peterson, que el señor Malfoy atenderá su problema tan pronto como sea posible.

—Entonces, debo esperar —rugió el airado cliente—. Esto es inaguantable. La solución es peor que el maleficio original.

—Estoy segura que el señor Malfoy se pondrá en contacto con usted en cuanto llegue.

—Dígale que mande a ese especialista, cómo era su nombre… Evans. El buen mozo.

¿Evans? Qué poco original. Tenía que menospreciar a Potter por su completa falta de ingenio al crear un seudónimo.

—Si el señor Evans está disponible, estoy segura que el señor Malfoy lo enviará, o irá él mismo de ser necesario.

—Muy bien —contestó Peterson con arrogancia—. Esperaré que el señor Malfoy me llame por la chimenea.

La secretaria esperó hasta que el rostro hubo desaparecido del hogar, luego se giró hacia Severus.

—¿Puedo ayudarle?

—Deseo ver al señor Malfoy.

Ella desenrolló un pergamino.

—¿Tiene una cita?

—No —contestó—. Pero me atrevería a decir que me recibirá.

La mujer puso los ojos en blanco como si hubiera escuchado eso millones de veces.

—Bárbara —Draco Malfoy salió de la oficina interior y se detuvo abruptamente al ver a Severus—. Profesor —dijo, recobrándose rápidamente, su máscara de profesionalidad restituida.

—Hola, Draco —el hombre sonrió—. ¿Puedo tomar un minuto de tu tiempo?

—Por supuesto, por supuesto —aceptó rápidamente—. Bárbara, no me pases llamadas.

—¿Y el Señor Peterson?

—Manda a Evans a ocuparse de eso.

—¿Está seguro que no quiere pedírselo al Señor Slyder?

Los ojos de Draco se movieron hacia Severus.

—No. Peterson no permitiría la privacidad que Leo requiere.

—Muy bien.

Draco cerró la puerta tras ellos.

—Llegó la maldita hora —murmuró.

—¿Disculpa?

—Nada —negó Draco—. Venga, siéntese. ¿Qué puedo hacer por usted? ¿Puedo ofrecerle algo? ¿Té?

—Estoy buscando a Potter.

Su anfitrión parpadeó.

—Bueno, eso fue directo.

—No veo la razón para andar fingiendo con trivialidades innecesarias.

—Muy bien —el joven se sentó detrás de un escritorio, grande y un tanto opulento—. ¿Por qué debería decirle?

—Dumbledore me encargó la tarea de regresarle a Hogwarts —admitió Severus—. Haré lo que se requiera para cumplir sus deseos.

—Ya veo —Draco sacó un trozo de pergamino. Ceremoniosamente, sumergió una pluma en tinta—. Vive bajo un alias —reveló.

Severus puso los ojos en blanco.

—Sí, lo supuse —replicó—. ¿No será el anunciado y guapo señor Evans?

Draco sonrió.

—No, ni siquiera Potter es tan predeciblemente sentimental.

Severus bajó la vista hacia el pergamino que Draco le había entregado.

—¿Leo Slyder?

La sorpresa del hombre consiguió otra sonrisa.

—Vaya con la pequeña serpiente Gryffindor, ¿cierto?

El otro movió nerviosamente el labio.

—Cierto —suspiró—. Entonces, ¿dónde puedo encontrar al pequeño león resbaladizo? —miró el dorso del pergamino mientras una dirección de Londres se materializaba en el papel—. Ah, ya veo.

—Vive en un edificio muggle pero el casero es un squib y está consciente que Leo es un mago —le informó Draco con generosidad.

—¿Debo suponer que no sabe que el señor Slyder es el favorito del mundo mágico? —Severus no pudo disimular su amargura y ni siquiera se preocupó por tratar de ocultar el desprecio.

—No tiene ni la menor idea.

—¿Qué está utilizando? —indagó—. ¿Un hechizo de glamour? ¿Multijugos?

Draco casi se atragantó.

—Um, no —contestó con seriedad—. No teme que le reconozcan allí.

—Ah, sólo civiles idiotas entonces —conjeturó, y se levantó—. Gracias, señor Malfoy —se dirigió hacia la puerta y se giró—. Felicitaciones por tu éxito.

Draco asintió en agradecimiento.

>>¿Y qué hace Potter por ti? —Severus no pudo evitar la pregunta. Si se quedaba mucho tiempo más, una gran cantidad de preguntas adicionales saldrían a la superficie.

—Es un exterminador de Magia Oscura —le explicó, con expresión triste—. El mejor. Él únicamente trabaja solo, y aún entonces, solamente después de que yo hago el contacto para ello.

Severus sonrió.

—Ya veo.

—Lo verá —musitó detrás de él mientras abandonaba la habitación.






Severus levantó la vista hacia el edificio y luego la bajó hasta la dirección escrita en el pergamino. Tenía que ser un chiste, y uno malo. ¿Por qué viviría Potter en un lugar tan lúgubre? Tenía riquezas y era aclamado. ¿Por qué habría elegido tal… vertedero?

Entró al edificio y echó un vistazo a los ruinosos pasillos. Una serie de desvencijadas escaleras se elevaban ante él. Echó un nuevo vistazo al papel, notando que no ponía el número del apartamento.

En ese momento, un niño apareció al final del pasillo y se dirigió hacia Severus a una velocidad alarmante. Receloso de sacar su varita, le llamó. El joven se deslizó hasta detenerse frente a él, respirando pesadamente.

—Wow —exclamó el chico—. ¿Es usted un mago también?

Severus dibujó su ceño más feroz.

—¿Y tú?

El muchacho se mostró impertérrito.

—Aún no —sonrió—. ¿Puedo ayudarle?

—Estoy buscando a Po… al señor Slyder.

Un obvio estremecimiento recorrió al chico.

—¿Por qué? —sonaba incrédulo.

—Eso es asunto mío, señor…— Severus alzó una ceja.

—Flannery —contestó—. Él ocupa el piso superior completo. Aunque rara vez tiene visitantes. ¿Es usted doctor?

Parpadeó ante la pregunta. ¿Doctor? Oh, sí, el término muggle para medimago.

—No, no lo soy. Soy… er, un amigo —dijo con cautela, preguntándose brevemente por qué Potter necesitaría un medimago.

El chico rió.

—No pensé que él tuviera algún amigo —murmuró.

—Gracias —dijo al señor Flannery y procedió a subir las escaleras.

Eran solamente tres pisos, pero Severus se encontró retrasando la subida. Estaba a punto de confrontar a Potter. Por primera vez en seis meses, vería a Harry. El hombre que le había hecho sentir ciertas cosas por primera vez en su vida. Quien le había llevado a nuevas alturas en sensualidad y afecto. Ellos incluso se habían acurrucado, por Merlín.

Y luego Potter le había tirado.

Ahora, a pesar de su promesa de no tener ninguna clase de relación con él nunca más, se encontraba en el umbral de su puerta.

Resueltamente, se movió veloz hacia la puerta, cuya pintura se desconchaba producto del desgaste, y tocó.

—Adelante —llegó la llana y lenta respuesta.

Todavía el mismo idiota confiado.

Entró en la habitación e inmediatamente notó el escaso mobiliario y la desgastada moqueta. Además, todo estaba muy oscuro.

>>Sólo deja la bolsa sobre la mesa. Ya le dije a Sam que lo cargara a mi cuenta.

Severus localizó la voz en una figura que estaba en el otro extremo de la sala, al lado de una ventana. Harry daba la cara hacia los sucios cristales y no se molestó en dar la vuelta. Así que, había estado esperando a alguien. Eso explicaba su descuido al pedir que entrara.

Avanzó un nuevo paso en el interior de la habitación, notando que el dueño todavía no se había movido.

>>Deja la bolsa y vete —pidió Potter bruscamente.

Sorprendido, el hombre sonrió.

—Me doy cuenta que está rodeado por la peor clase de personas imaginable, Potter —pronunció secamente—. Pero se acostumbra decir ‘quién es’ cuando alguien llama a tu puerta.

El cuerpo entero del joven se tensó y luego comenzó a temblar.

—¿Severus? —la pregunta fue un susurro impactado.

—Tus aptitudes de observación continúan asombrándome —replicó el hombre.

—Por favor, vete —pidió suavemente.

—Oh, un magnífico recibimiento para un viejo amigo —gruñó Severus—. Gracias por nada, Potter, pero no me iré hasta que entregue el mensaje del Director.

—Bien —la respuesta también fue un gruñido—. Déjalo y márchate.

—En serio, Potter —comentó, despectivo—. ¿Ni té ni panecillos? Sé que no tienes modales para hablar pero…

—Por favor —repitió.

Dado que Harry seguía temblando miserablemente y aferraba el alféizar de la ventana al punto que sus nudillos se veían blancos, Severus empezó a preocuparse. ¿No había preguntado el chiquillo allá abajo si él era un medimago?

—¿Necesitas asistencia médica? —preguntó, acercándose.

—No —contestó al instante—. Por favor, vete, Severus. Te lo… Te lo suplico.

Ahora confundido, el hombre aferró su brazo.

—Por el amor de…

Harry, desdichado, se alejó, tambaleándose torpemente por el piso vacío.

—Lo digo en serio —tropezó con un lado de la mesa y buscó a tientas por su superficie hasta que su mano encontró su varita—. No me obligues a herirte.

Severus frunció el ceño y casi gritó:

—Ya lo hiciste —se calmó rápidamente, no quería hacer esto—. Sólo extiéndeme la cortesía de escuchar lo que tengo que decir.

—Estoy escuchando —replicó, bruscamente—. Soy todo oídos. Es todo lo que me queda.

La última parte fue susurrada pero Severus pudo escucharlo.

—Albus desea que te lleve de regreso a Hogwarts —le dijo claramente.

—No —contestó directamente—. Ya está, no necesitas seguir.

—Maldición, Potter. Mírame.

Años al servicio del Señor Oscuro, y muchos más de supervisar a estudiantes distraídos, le habían vuelto rápido. De un tirón, giró el rostro de Harry.

Si hubiera sido un hombre de constitución débil, hubiera gritado. Pero sólo un pequeño jadeo escapó de sus labios cuando liberó la barbilla del muchacho.

>>En el nombre de Merlín, ¿qué ocurrió? —se le escapó. Una vez más dio vuelta al rostro de Harry, estudiando lo que era, obviamente, el resultado de una maldición muy oscura. De hecho, el único que podía haber ocasionado tal cantidad de daño a Potter era…

El Señor Oscuro.

>>¿Ésta es la razón de que rehusaras verme? —estaba furioso—. ¿Es por esto que ni siquiera pudiste decirme en mi cara que no querías seguir conmigo?

Incluso mientras hablaba, la verdad llegó a ser evidente en la expresión de Harry, tan retorcida como era. Y, además, fue claro en la mente de Severus, tan cínica como era.

Probablemente, Harry ni siquiera hubiera terminado la relación si…

—Nadie merece estar conmigo —declaró Potter, liberando su rostro del agarre de Severus—. Nadie merece vivir con un monstruo —apartó su rostro y se sentó con cansancio.

—¿No estamos siendo el desinteresado mártir Gryffindor? —su voz destilaba sarcasmo—. ¿No se te ocurrió preguntarme lo que yo pensaba? ¿Acaso consideraste darme la posibilidad de elegir? ¿Tan bajo piensas de mí que creíste que dejaría que esta… maldición interfiriera en mi opinión?

—No seré una carga para nadie.

—¿Y crees que vivir así es mejor que, quizás, pedir ayuda?

—No quiero compasión.

—Sí, esto es todo sobre ti, después de todo —despotricó Severus—. Siempre es sobre ti. Sigues siendo el mocoso arrogante y egoísta que siempre has sido, Potter. Es lamentable.

Dicho eso, salió de la habitación a grandes zancadas y cerró de un portazo.

Todo ese tiempo, había pensado que Harry lo había desechado. Y sólo había sido este ridículo asunto de falta de confianza. Sencillamente, no podía soportar ser rechazado, abandonado.

Justo lo que él acababa de hacer.

Las pisadas que retumbaban en la escalera evitaron que Severus se moviera. Desde un lado de la ventana del pasillo, observó cómo un hombre alto y larguirucho tocaba varias veces a la puerta.

—Leo —llamó—. Leo, es Lawrence.

—Entra —la voz era áspera.

Lawrence abrió la puerta y entró.

—Sólo dejaré la bolsa aquí.

—Gracias.

—Sam quiere saber si el nuevo medicamento está ayudando.

Hubo un sonido estrangulado.

—Sí —contestó Harry, ásperamente—. Dile a Sam que ayuda.

—Vale.

Lawrence salió tan rápido como pudo, sin siquiera dirigir una mirada a Severus, que seguía parado en el pequeño pasillo, un poco más allá.

Miró fijamente la puerta. Notó que la pintura era de un tono verde oscuro, que se desconchaba en delgadas hojas. Parecía irónicamente similar al tejido de la cicatriz que abultaba en forma horrorosa en el rostro de Harry.

Su Harry tenía dolor, era víctima de una maldición oscura.

Regresó, irrumpiendo a través de la entrada.

—¿Ni siquiera pensaste que podías pedirme ayuda? —estaba rugiendo nuevamente—. ¿Qué quizás un experto en Artes Oscuras y Pociones podría ayudarte a encontrar una cura?

Con tristeza, Harry levantó la mirada desde la mesa donde estaba sentado.

—No tiene cura —musitó.

Severus cruzó los brazos.

—No hay tal cosa como ‘no tiene cura’.

Levantó a Harry, pasó un brazo alrededor de su cintura para evitar que se alejara y sostuvo su barbilla para inspeccionar el daño en su rostro. La cicatriz era horrible, torcía sus rasgos y deformaba sus ojos. Los claros ojos verdes estaban brillantes por el contraste con las venas rojas que atravesaban el globo ocular, pero estaban vacíos. Sus labios, todavía perfectamente rosados, estaban torcidos en un fruncido desesperado, pero Severus no podía decir si era a causa de la cicatriz o de su tristeza.

Trató de evaluar los sentimientos del joven, mirando profundamente en sus ojos, pero no vio nada. Incluso sin lentes…

Miró alrededor notando la falta de desorden en el piso. Nada con que tropezarse. ¿Por eso estaba todo oscuro? ¿Por eso Harry no le enfrentaba mientras estaban hablando? No podía ver.

Frunció el ceño. Qué maldita clase de maldición…

—Cuéntamelo todo, Harry —le pidió.

El joven, todavía atrapado entre sus brazos, sacudió la cabeza.

—Es inútil.

—Yo decidiré si es útil o no —declaró Severus, apretando su agarre sobre la mandíbula del muchacho; aflojó un poco cuando el otro jadeó—. Por favor, Harry, cuéntame.

El joven suspiró.

—¿Por qué querrías ayudarme? —preguntó, sorprendido y dudoso—. Puedo estar ciego, pero sé cómo me veo. Puedo sentirlo.

Finalmente, se soltó y se inclinó sobre la mesa.

>>No es solamente mi rostro, Severus —continuó—. Es algo malvado; magia oscura, y me está corroyendo.

—Entonces, déjame ayudarte.

—¿Por qué? —inquirió con burla—. ¿Si finalmente tienes tu venganza observándome morir?

—Detente en este instante —gruñó, tirando de su brazo para darle la vuelta. Lo sacudió una vez—. ¡No hables así! Te lo prohíbo.

Entonces, Harry jadeó.

—Lo siento, Sev. Está fuera de tus manos.

Se erizó ante el apodo que siempre había odiado. Pero a Harry le gustaba y había fingido no escuchar sus objeciones.

El Gryffindor se alejó de nuevo, moviéndose para cruzar la espaciosa habitación con dirección a la chimenea. La magia zumbaba a su alrededor, como si estuviera sintiendo el camino con su poder.

—Empaca rápidamente, Potter —ordenó Severus—. Nos marchamos de inmediato.

El otro se giró para enfrentarlo.

—¿Qué?

—¿No me escuchaste? —replicó con indiferencia—. Dijiste que tu oído estaba intacto.

—¿Huh?

—Justamente. El Director te quiere en Hogwarts y, ahora que sé la verdad, definitivamente no te dejaré… er… aquí.

—Pero…

Atravesando con rapidez la distancia que les separaba, Severus aferró a la testaruda criatura una vez más y le besó profundamente. La dulce boca de Harry todavía sabía igual, la lengua sedosa enrollándose instintivamente alrededor de la propia, para probarlo a su vez. La respuesta fue instantánea, mientras se fundían juntos, perteneciéndose. La cicatriz podía sentirse a lo largo del cuero cabelludo, mientras Severus cubría su cabeza, pero los mechones negro azabache seguían siendo suavemente satinados, y el cuerpo que se acurrucaba entre sus brazos era un poco más delgado, pero todavía era perfecto.

—Severus —la voz sonaba rasposa mientras el hombre levantaba la cabeza.

—¿No comprendes todavía, Potter? —preguntó, su tono perdiendo su dureza.

Harry sacudió la cabeza.

>>Te amo. A ti, increíblemente testarudo, irritantemente noble, fastidiosamente sacrificado e infinitamente irresistible mocoso.

El dueño de casa parpadeó.

—¿Qué? —preguntó.

Severus sonrió.

—Estoy muy seguro que me escuchó, señor Potter —replicó—. Ahora, muévete. No quiero escuchar nada más de esa deliciosa boca hasta que estés listo para partir de esta horrenda morada.

Al ver que quedaba boquiabierto, Severus hizo un sonido de advertencia.

>>Te hechizaré.

Harry simplemente suspiró y asintió.






Severus se sentó en su escritorio, revisando concienzudamente uno de sus libros más antiguos. Había sentado al Gryffindor y, finalmente, le había arrancado toda la historia. Harry había estado bien preparado para su encuentro con Voldemort en la batalla. El hechizo que habían creado era difícil, pero estaba tan familiarizado con él que podría haberlo lanzado hasta dormido. Éste habría… había atado el alma del Señor Oscuro a su cuerpo, de forma que no pudiera escapar por medio de posesión u otros trucos oscuros, cuando el cuerpo fuera destruido.

El único problema consistía en que era un encantamiento largo. Una vez empezado, tenía que ser terminado o quien lo lanzaba tendría que empezar nuevamente. Y en ese momento fue cuando el Señor Oscuro había aprovechado la oportunidad para maldecir a Harry con esa terrible pesadilla viviente.

La maldición oscura era, de hecho, casi como un parásito. Viviría como una parte de él, tanto física como espiritualmente, de ahí la melodramáticamente correcta expresión de Harry al decir que le estaba corroyendo.

Sólo tenía que encontrar la manera de matar esa cosa. Maleficios que lo contraatacaran, pociones, encantamientos y rituales, todos habían resultado ineficaces. Casi estaba al borde de la desesperación, casi tanto como para llamar —y frunció el ceño ante el sólo pensamiento— a Granger.

Harry entró a la recámara proveniente del baño, tan cuidadosamente como lo había hecho durante las últimas dos semanas. Aterrado ante la posibilidad de chocar contra algo, siempre se movía por los aposentos de Severus con decidida duda y torpe cuidado.

Todavía no había abandonado las mazmorras tampoco. No había disfraces que pudieran ocultar una maldición oscura. Glamours, encantamientos y pociones eran ineficaces para ocultar su desfiguración. Pasaba la mayor parte del tiempo escribiendo sus memorias, de forma que cuando se hubiera ido, la gente pudiera conocer al Harry real. Para ello se ayudaba de un Dicta-pluma o escuchando los libros de auto-lectura, que Severus había conseguido de la biblioteca a través de Irma Pince.

Compartían la cama, pero aparte del primer doloroso examen del cuerpo de Harry, no compartían ningún otro tipo de intimidad más que los besos. Severus estaba furioso al pensar que a Harry le dolía constantemente. Pociones contra el dolor eran cuidadosamente administradas, pero todavía eran insuficientes.

El estudio del cuerpo de Harry había sido una experiencia terrible. Se había horrorizado y enfurecido a partes iguales, ante la vista de los resultados de la maldición. Había examinado cada pulgada del una vez glorioso cuerpo. Los efectos del desfiguramiento parecían estar trabajando lentamente en su ruta hacia la cabeza. Los hombros y el torso estaban violentamente salpicados con el duro tejido negro de la cicatriz, y el lado derecho de su cadera y pierna también estaban afectados. La muy ligera cojera del joven había cesado, pero Severus no sabía a qué atribuirlo.

Le había cuidado suavemente, bañándole y aplicándole ungüentos para el dolor. Harry había estado vergonzosamente agradecido los primeros días, hasta que Severus le puso fin con comentarios mordaces y observaciones irritantes.

En cierta forma, habían regresado a una confortable normalidad. Con excepción de la aflicción de Harry y la falta de sexo, era como si hubieran vivido juntos por años.

—Deberías haberme llamado —le reprendió Severus al tiempo que se levantaba.

El más joven bufó, mientras sacaba un par de boxers de una gaveta.

—No soy un completo inválido —murmuró.

El Profesor se movió hasta él, que estaba sentado en la cama.

—Quizás es que, simplemente, yo disfruto mimándote —sugirió.

Harry levantó la vista y sonrió. El corazón de Severus se detuvo. Por Merlín, no se había dado cuenta de cuánto había extrañado esa sonrisa. Incluso dañada, iluminaba la habitación. Alargó la mano y tocó la querida mejilla. Con un suspiró, Harry presionó el rostro contra la cálida palma.

—Eres demasiado bueno conmigo —susurró.

—Soy un bastardo egoísta que tomará ventaja tan pronto como pueda —replicó Severus.

—Mm —convino, la pequeña sonrisa prolongándose—. Me gustas así.

—Conveniente, ya que no tengo inclinación al cambio —sacó un pijama y empezó a ayudarle a vestirse. Harry consintió, dejándole que manipulara sus miembros dentro de la ropa de dormir.

Severus corrió una mano sobre la pantorrilla mientras empujaba la pierna dentro del material. No pudo evitar notar que el grupo de feroces marcas alrededor de su rodilla se había decolorado hasta apenas nada. Frunciendo el ceño ante el pensamiento, continuó vistiendo a su Harry. El haz de cicatrices de su tetilla izquierda también parecía diferente. Prefirió no llamar la atención del muchacho sobre esto; en cambio, pasó lo que restaba de la velada frotando aceites relajantes sobre la arrugada piel de su cuerpo.

Harry se quedó dormido bajo su hábil toque, una sonrisa satisfecha todavía cruzando sus labios.

El día siguiente, Severus encontró que más cicatrices se había difuminado, o desaparecido completamente.

Tan pronto como se vio libre, fue a consultar con Dumbledore, que comentó que pensaba que era posible que hubiera tropezado con algo que podría ayudar.

Fue por esa tenue luz de esperanza que Severus aceptó la invitación al banquete del Ministerio en honor de los muchos héroes caídos en la guerra. Para conseguir la aceptación de Harry, omitió el pedir y suplicar, y fue directo a informar y exigir que le acompañara.




Severus se detuvo cuando se dio cuenta que Harry ya no se encontraba a su lado. Se giró para enfrentar al joven, cuyos ojos estaban fijos, sin ver, en las puertas dobles. Era indudable que el muchacho podía sentir la magia de todos aquellos que asistían a la función.

Se acercó un paso, posando una mano sobre su mejilla, y habría podido llorar ante su temerosa expresión. Ahí estaba el defensor de la Luz, el conquistador del Señor Oscuro, aterrado por asistir a una fiesta.

Él personalmente lanzaría a la basura a cualquiera que, aunque fuera remotamente, mirara horrorizado a su Harry. Al menos, el joven no podría presenciar las primeras reacciones cuando la gente viera su rostro.

Este primer paso sería el más difícil.

—Harry —musitó. Alargó una mano y enlazó sus dedos con los del otro en un fiero agarre. Harry elevó la barbilla un poco más y respiró profundamente. Un momento después, Severus supo que un decidido Gryffindor estaba parado frente a él.

La puerta se abrió ante ellos y fueron anunciados.






Severus abrió el periódico. Realmente, no le tenía mucha fe a los medios pero, por el bien de su chico, esperaba que hubieran sido amables.

—¿Bien? —Harry se deslizó en la silla, al otro lado de la mesa. Severus no pudo dejar de notar que su ojo izquierdo parecía menos torcido.

La primera foto que vio casi le sacó un sonido de aprensión. Era una imagen de la escuela, donde Harry lucía saludable, alegre y dolorosamente hermoso. La siguiente era una foto de ambos la noche anterior. El pie de fotografía, rezaba:

¿Harry Potter regresa a la vida con… un Mortífago?

Severus bufó. Idiotas.

>>—¿Qué?

El hombre le lanzó una mirada antes de analizar la fotografía.

—La verdad es que me veo bastante bien —comentó—. Pero tú luces terrible.

El muchacho se ahogó pero había una sonrisa en sus labios.

>>La iluminación es horrible —siguió Severus—. La mitad de tu rostro está en sombras. Y, por supuesto, tu cabello es un desastre.

—¿Qué dicen? —indagó.

Con un suspiro, el mayor desplegó el diario y leyó:

“Harry Potter, el Niño-Que-Vivió, regresó a la esfera pública después de seis meses de aislamiento, luego que Quien-No-Debe-Ser-Nombrado fuera finalmente destruido por el Bien. Asistió al banquete que ofreció el Ministerio con motivo de la entrega de la Condecoración de la Orden de Merlín, para sorpresa y alegría de los allí reunidos.

Según dijo el señor Potter, fue retornado al mundo mágico por el hombre de la foto superior, antiguo Mortífago, espía para Albus Dumbledore y maestro de Pociones en la Escuela de Magia y Hechicería Hogwarts, Severus Snape.

Fuentes informaron que la causa de la forzada reclusión del héroe yace en la maldición que le fue infligida durante la batalla final. El Señor Oscuro dejó otra marca duradera en Harry Potter. Aunque el joven Gryffindor no se ha encontrado disponible para comentar, el director Dumbledore ha expresado su esperanza de que el público pueda ver más allá del desfigurado rostro al inocente joven a quien fue confiado el papel de salvador y que llevó sobre sus hombros la responsabilidad de nuestra supervivencia y salvación.

‘El joven Harry merece nuestra gratitud y admiración’, dijo Dumbledore. ‘Él es el pequeño héroe que esperamos’.

Luego de observar la humildad con que el señor Potter aceptó su condecoración y su tímida incomodidad ante las multitudes, este reportero se siente inclinado a estar de acuerdo.

Otros honores incluyeron…”


La voz de Severus se fue apagando; de todas formas, no había nada realmente interesante en el resto de los nombres que había escuchado justo la noche anterior.

Harry aclaró la garganta torpemente.

—Bueno, no parece demasiado malo —murmuró.

—De hecho —concordó Severus, en cierta forma, sorprendido de que no hubieran arrastrado su nombre por el arroyo—. Lo cual es prometedor, dado que hay otra recepción el fin de semana a la que se espera que asistamos.

Harry casi dejó caer su taza de té.

—¿Qué?

—Ya me escuchaste, Potter —replicó, disfrutando la sorpresa y el pavor que cruzaron por el rostro del joven—. Y en ésta habrá baile.

—¿Baile? —tragó con fuerza.

Severus volvió a doblar el periódico.

—Sí —informó—. Yo soy un bailarín bastante bueno —se levantó y comenzó su rutina habitual previa a las clases.

—Sev…

Un toque en la puerta le interrumpió y el mayor se dirigió a abrir.

—Ah, Señorita Granger, justo a tiempo —hizo pasar a la bruja, notando la bolsa que llevaba—. Por favor, entretenga al señor Potter por un rato.

—Hola, Harry —saludó la chica, descargando una gran cantidad de pergaminos y cartas sobre la mesa.

Su amigo tanteó sobre la superficie.

—¿Qué es todo esto? —preguntó.

—Correos de admiradores —explicó la chica—. La verdad es que algunos son bastante divertidos —continuó—. Pero todos se alegran de tu regreso.

—¿En serio?

Severus les dejó, sonriendo mientras escuchaba a Granger exponiendo las cartas. Muchas de ellas ofrecían ayuda, prometiendo investigar y brindando sus habilidades personales deshaciendo hechizos y/o sus destrezas elaborando pociones. La mayoría, simplemente mostraban su aprecio a Harry.

Para el momento en que Severus regresó a sus habitaciones, tarde en la noche, los resultados eran evidentes. Harry era todo sonrisas y revoloteaba alrededor de la habitación con la fácil despreocupación del pasado. Una charla feliz llenó sus oídos durante la cena, que ellos siempre tomaban en privado, y a lo largo del baño del chico.

Esa noche, al frotar el aceite relajante sobre la piel, Severus notó el claro en otra zona del tejido retorcido de la cicatriz. Piel lisa se encontró con sus dedos mientras recorría el estómago de Harry. Besó su frente mientras el joven se iba quedando dormido.

—Buenas noches, Harry.

—Mm, noches, Sev —respondió en un murmullo—. Te amo.

—Y yo a ti —susurró en su oído, antes de dejarle para ir a compartir sus sospechas con el Director.






—¡Te digo que esto le está curando! —declaró, parado ante el escritorio de Albus—. Su piel está comenzando a despejarse.

—Por favor, sé más específico, Severus —pidió el anciano—. ¿Qué le está curando?

Frunció el ceño. ¿Cómo no podía verlo?

—La aceptación —espetó—. La maldición es derrotada cuando los demás miran más allá de los efectos físicos, y no sólo aceptan a la persona aquejada sino que le muestran abiertamente su cariño. Al principio, yo fui el único que hizo eso por Harry. Ahora, el resto del mundo se ha unido, y ese afecto acumulado ha traído como consecuencia un aumento en la velocidad de curación.

Dumbledore sonrió.

—Sí, pensé que podría —admitió.

¿Era eso una sonrisa de suficiencia? Severus le mataría.

—¿Lo sabías?

Albus sacudió la cabeza.

—Oh, no. No hay garantías con las maldiciones oscuras. Pero dado que el mismo Voldemort fue incapaz de soportar la posesión de Harry por mucho tiempo debido a su gran capacidad de amor, yo presumiría que cualquier maldición que le hubiera infligido tendría el mismo problema.

Severus reflexionó en ese punto. Amor. Por supuesto. El Señor Oscuro siempre subestimó ese poder.

—Entonces, ¿qué sugieres que haga? —preguntó.

—Sólo continúa con tu actual forma de actuar —sugirió Dumbledore—. Y espero que sea lo mejor. Además, no sabemos cuánto tiempo durará. La maldición es progresiva, después de todo.

El Profesor asintió y regresó a sus habitaciones. Después de prepararse para dormir, se deslizó en la cama al lado de su amado. Harry rodó hacia él y se acurrucó más cerca de la recién llegada fuente de calor. Enroscando sus brazos apretadamente alrededor del joven, Severus deslizó sus dedos a través del oscuro cabello despeinado.

Si no la detenían, la maldición comenzaría a corroer el interior de Harry. Él no iba a permitirlo. No perdería a su Harry por el Señor Oscuro. No cuando eran finalmente libres. Simplemente, se aseguraría de que recibiera todo el amor que merecía.






Potter y Snape… ¿Una pareja?

“Harry Potter, nuevamente llegó al último baile del Ministerio de Magia, en celebración de la derrota de Ya-Saben-Quien, del brazo de Severus Snape. Snape atendió todas las necesidades de Potter; nuevos hechos revelan que el Niño-Que-Vivió no sólo está desfigurado sino también ciego, y nos aseguraron que su copa siempre estuvo llena y en ningún momento le faltó la compañía del hombre.


Severus casi bufó. ¿Acaso la retórica de El Profeta no tenía límites? Aunque era cierto que él se había comportado más atento de lo que sería normalmente, no había sido el único.

Había observado cómo la gente se había acercado a Harry durante toda la noche, agradeciéndole por lo que había hecho.

—De no haber sido por usted, señor Potter —había dicho una mujer—, mi esposo no viviría hoy día.

Un anciano le había agradecido por proporcionar un futuro para sus nietos.

—Sé que ellos pueden ir a Hogwarts. Caminar por las calles sin temor a que su herencia muggle los convierta en objetivos.

Harry había resplandecido en respuesta.

—¿Qué más dice? —le apuró el joven.

El hombre revisó la página.

—Mas paparruchadas sobre mi encanto y de cómo el héroe del mundo mágico ya no está disponible —replicó, desganado.

—Así que, nos estamos dando a conocer—comentó Harry, frotando una palma sobre su mejilla. Severus no sabía si el chico lo había notado, pero esa mejilla en particular estaba notoriamente más despejada de imperfecciones.

—Así parece —contestó. Se detuvo detrás de Harry, dejando caer el diario sobre la mesa y abrazando al hombre sentado—. ¿Tienes algún problema con eso?

—No. Siempre y cuando tú tampoco.

Severus gruñó.

—Tengo serias reservas respecto a esto, Potter —rezongó—. Sólo te he acompañado a cada recepción de esta semana porque disfruto siendo tu perro guía.

Harry se echó a reír.

—Eres tan extraño, Severus.






Y así continuaron. Cinco fiestas de celebración y doce sacos de correo más tarde, la piel de Harry estaba casi tan suave como el día de la batalla. La mañana que el joven despertó con su primera erección en meses, había conducido a un interludio que dejó a Harry alegando haber visto estrellas. También hizo que Severus llegara tarde a clase por primera vez en veinte años.

Y la mañana después que Severus propusiera que hicieran una ceremonia pública de enlace, Harry había alegado haber visto más que estrellas

Al final de la ceremonia, que fue el evento del siglo e incluyó una lista de invitados que sólo pudieron ser acomodados en el Gran Comedor de Hogwarts, los ojos de Harry se anegaron con lágrimas. Otro acontecimiento por sí solo, puesto que Harry nunca lloraba. Pero sus lágrimas fueron negras.

Una vez iniciadas, el espeso líquido fluyó por sus conductos, ardiendo en sus ojos y bajando por sus mejillas, en abrasadores caminos gemelos. El dolor del joven fue tan fuerte que Severus se vio obligado a alejarle del lugar de la celebración para atenderle.

Después de enjuagar sus ojos minuciosamente, Harry se paró delante de él, parpadeando y observando alrededor. Miró detenidamente a Severus y estiró los brazos para correr sus manos reverentemente sobre su rostro. Las líneas rojas se habían ido y los irises eran de un verde puro nuevamente.

—Puedo ver —susurró.

Eso fue la coronación del mejor día en la vida de Severus. Secando los restos de la maldición oscura del rostro de Harry, una oleada de amor y orgullo inundó al profesor de Pociones. Finalmente, estaban libres del Señor Oscuro y su influencia. Su Harry levantó la mirada, los claros ojos verdes se enfocaron en él por primera vez en casi diez meses.

—No puedo creer que no me abandonaras —musitó, rodeando con sus brazos el cuello del hombre.

Severus apartó unos mechones rebeldes de los ojos del joven.

—Se necesitaría mucho más que una maldición oscura y la ceguera para lograr que desistiera de vivir contigo, Harry.

Su pareja tuvo la cortesía de sonrojarse.

—Fui un idiota. Lo lamento, debí haber tenido más confianza en ti.

Severus asintió sabiamente.

—En mí, y en nosotros —contestó—. Y en el mundo en general.

—Ellos me habían dado la espalda antes —se defendió—. No quería empezar a ser conocido como El-Monstruo-Que-Vivió.

El mago mayor le abrazó estrechamente.

—Nadie vio al monstruo, Harry.






Los Potter-Snape Enseñan Juntos

Severus lanzó El Profeta de vuelta al escritorio. Levantó su taza y se reclinó en la silla, frente al escritorio del Director.

—Te lo dije, Severus —había tenido el valor de comentar Dumbledore—. Mientras te dedicabas a curar a Harry, tú también te estabas volviendo a relacionar con el resto del mundo mágico.

El fastidioso viejo bobo tenía razón. Ambos habían reafirmado su lugar en la sociedad. Tomó un sorbo de té.

—Tienes el molesto hábito de demostrar que tienes la razón —murmuró.

Dumbledore sonrió y lució radiante.

—Toma un caramelo de limón —ofreció, acomodándose en su sillón—. Y déjame contarte otra fascinante historia que he escuchado.

—Juro por todo lo que es mágico, Albus —gruñó el más joven—, que si mencionas la palabra niño, me veré obligado a herirte.

—Ah, así que Harry y tú han hablado sobre eso —comentó el Director, feliz—. Espléndido.

Severus pellizcó el puente de su nariz y gimió mientras Albus hablaba insistentemente acerca de pasar talentos y habilidades a la próxima generación.

Merlín le ayudara, tendría que hacer una poción de fertilidad masculina para finales de mes.





sevharry







“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
y la esperanza de seguir adelante”
Anónimo
Volver arriba Ir abajo
Octolord73



Femenino Cantidad de envíos : 12
Fecha de nacimiento : 07/03/1992
Edad : 25
Galeones Snarry : 1700
Fecha de inscripción : 26/05/2016

MensajeTema: Re: Eye of the Beholder (one shot)   Mar Mayo 31, 2016 12:04 am

hermoso *-* muchas gracias por traducirla Very Happy
Volver arriba Ir abajo
alisevv

avatar

Yo entré 2 (D.I.S. 2014) Bombardeo de chistes snarry D.I.S. 2014 Juego del verano 2 Juego del verano 1 Juego Yo entré-D.I.S 2015 Juego lechuza chismosa-D.I.S 2015 Yo entré-Mes del amor Yo traje mi regalo
Femenino Cantidad de envíos : 6668
Fecha de nacimiento : 15/01/1930
Edad : 87
Galeones Snarry : 233583
Fecha de inscripción : 08/01/2009

MensajeTema: Re: Eye of the Beholder (one shot)   Mar Mayo 31, 2016 7:27 am

Holas, me alegra que te gustara y gracias mil por tu comentario

Cierto que es una historia hermosa lol!

Te invito a visitar mi biblioteca, historias propias y traducciones, hay mucho snarry que leer

Saluditos






“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
y la esperanza de seguir adelante”
Anónimo
Volver arriba Ir abajo
angelsky
Explota calderos
Explota calderos
avatar

Yo entré Navidad 2016 No tienes logos aún.
Femenino Cantidad de envíos : 96
Fecha de nacimiento : 11/10/1981
Edad : 36
Galeones Snarry : 46239
Fecha de inscripción : 29/11/2012

MensajeTema: Re: Eye of the Beholder (one shot)   Sáb Jul 09, 2016 4:41 pm

Hola alisevv, que buen one shot gracias por compartirla.
Volver arriba Ir abajo
Yuki Fer
Buscador de Quidditch
Buscador de Quidditch
avatar

Mejor posteador del mes  (Mayo 2015) Yo entré-Mes del amor [Mejor posteador del mes] Enero 2015 [Mejor posteador del mes] Junio 2014 Yo entré-Vacaciones 2015 Juego lechuza chismosa-D.I.S 2015 Juego Yo entré-D.I.S 2015 Juego palabras hechizadas DIS 2015
Femenino Cantidad de envíos : 1498
Fecha de nacimiento : 07/04/1992
Edad : 25
Galeones Snarry : 100601
Fecha de inscripción : 30/07/2011

MensajeTema: Re: Eye of the Beholder (one shot)   Mar Ago 02, 2016 10:28 pm

Ohh ya tenía su rato que no me pasaba por estos rumbos excelente historia sensei....por un momento pensé que sev tendría que encontrar una cura difícil de hacer....esa forma de curar a harry fue inesperada
..bueno sensei hasta otra historia... ^^
Volver arriba Ir abajo
http://yukif.livejournal.com/
Contenido patrocinado




MensajeTema: Re: Eye of the Beholder (one shot)   

Volver arriba Ir abajo
 
Eye of the Beholder (one shot)
Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba 
Página 1 de 1.

Permisos de este foro:No puedes responder a temas en este foro.
La Mazmorra del Snarry :: Biblioteca de la Mazmorra :: Fanfics Snarry :: Fanfics de Alisevv-
Cambiar a: