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 Y algún día, la felicidad. Capítulo 8. Reuniendo a los amigos

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alisevv

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MensajeTema: Y algún día, la felicidad. Capítulo 8. Reuniendo a los amigos   Jue Mar 24, 2016 8:21 pm




—¿Así que tu eres el famoso Harry Potter?— comentó el doctor McCollunm mirando fijamente al joven moreno sentado frente a él. El muchacho era realmente hermoso, tal como le había contado Severus, y tenía una sonrisa franca y una mirada transparente, al hombre le simpatizó de inmediato.

Ante el comentario Harry hizo un pequeño gesto de desagrado, a pesar de los años, todavía le seguía molestando que la gente le identificara por su pasada fama.

—No me diga que hasta este recóndito lugar también llegaron las noticias de las proezas del grandioso Harry Potter— comentó Draco con simpatía no exenta de cierto sarcasmo. Harry era su amigo, pero después del ‘viajecito’ al que le había sometido, no estaba muy predispuesto a ser benévolo. Se quería desquitar y ¿con quién mejor que con Harry?

Harry le miró con furia, pero cuando buscaba desesperadamente una réplica adecuada, el anciano le interrumpió.

—Supongo que hasta en este pequeño fin de mundo se ha oído hablar del mago que derrotó al Señor Oscuro, pero no me refería a eso precisamente. Al mencionar que Harry era famoso, me refería a que era el tema de conversación preferido de mi amigo Severus— la cara de Harry se dulcificó al instante—. No tienes idea de cuánto te extrañó Severus, muchacho. Hablaba de ti a todas horas, desde que recordó su mayor anhelo fue volverte a ver— se volteó hacia Draco con una sonrisa—. Y también me habló de ti, jovencito, y de tu famoso sarcasmo.

Draco se limitó a hacer una mueca burlona.

—Severus me contó que usted lo convenció para que regresara conmigo— Harry observó al hombre mayor con los ojos plagados de gratitud—. Gracias, por eso y por todo lo que le ayudó, nunca tendré con que pagarle.

—Esa deuda está saldada hace mucho tiempo— comentó el medimago, moviendo la mano como restándole importancia—. La amistad de Severus compensó con creces mis esfuerzos. Pero díganme— preguntó el hombre con cierta preocupación reflejada en el rostro—. ¿Cómo está mi amigo? ¿Ustedes...—dudó ligeramente antes de continuar, mirando alternativamente a uno y a otro antes de fijar sus bondadosos ojos en Harry—... ustedes se reconciliaron?

Una amplia sonrisa iluminó el rostro del joven.

—La palabra exacta no sería reconciliación ya que nunca nos peleamos— comentó sin dejar de sonreír con ternura—. Digamos que nos reencontramos.

—De hecho— intervino Draco, sonriendo también—, Severus se encontró con una sorpresa muy especial.

Ante la mirada de desconcierto en el rostro del mago, Harry explicó.

—Severus y yo tenemos un hijo, un pequeño de cinco años y medio.

—¿Un niño?— el medimago ahora lucía atónito—. Pero cómo es posible— musitó casi para si mismo, antes de subir nuevamente el tono de voz—. Se han dado muy pocos casos de embarazo masculino en el mundo mágico, y en todos los casos hubo algún tipo de poción por medio. ¿Tomaste alguna poción para embarazarte?— ante la muda negativa del joven, continuó—. ¿Entonces?

—Yo tampoco me lo explico— comentó Harry mirándolo con seriedad—. Ni siquiera Albus Dumbledore, el Director de Hogwarts— acotó en beneficio del animago—, pudo explicarme la razón. Suponemos que tiene algo que ver con el hecho de que tanto Severus como yo éramos magos muy poderosos y nos amábamos demasiado.

—¿Un milagro?— musitó el anciano, sonriendo.

—Algo así— replicó Harry.

—Y entonces— preguntó el doctor McCollunm sin transición, su mente analítica negándose a aceptar la evidencia de un milagro, aunque su corazón le gritara que quizás fuera posible—, ¿a qué debo el placer de su visita? Aunque— miró con travesura a ambos jóvenes que estaban bastante desaliñados, especialmente Draco—, me parece que para ustedes no ha sido tan placentero.

Draco hizo una mueca de disgusto al recordar sus recientes peripecias y Harry lanzó un suspiro de anticipación.

—Iré directo al grano— dijo mirando los ojos del hombre con un atisbo de súplica en su verde mirada—. Severus me comentó que antes de irse usted le aseguró que si decidía quedarse en el mundo mágico, regresaría con él para ayudarle a recuperar su magia— sus ojos reflejaron la ansiedad y el temor que imperaba en su ánimo—. ¿Su propuesta sigue en pie?

El hombre estudió el rostro expectante de Harry y secretamente se alegró por su amigo. Severus estaría bien con este hombre a su lado, era evidente que lo amaba tanto como Severus lo amaba a él, y con su apoyo, lograría recuperar su magia completamente, de eso estaba seguro.

—Sí, sigue en pie— afirmó mirándole con una sonrisa y Harry respiró con alivio.

—¿Cuándo podría estar listo para viajar?

—En el momento que quieras, he estado traspasando mis casos a otros doctores en espera de que Severus me llamara.

—Entonces para luego es tarde— intervino Draco, levantándose con cierta molestia. Todavía le dolía la rabadilla y ansiaba estar en Hogwarts y en los brazos de Remus cuanto antes, él sabría cómo consolarle y hacerle sentir mejor. Claro, sin contar con que necesitaba un baño con urgencia.

—Todavía no— negó Harry y recibió dos flechas plateadas de furia como respuesta—. Tenemos que ir a buscar a Vlad y Rusca e invitarles a la boda.

—¿Boda?— inquirió McCollunm asombrado.

—Sí— el rostro de Harry se iluminó una vez más—. Severus y yo nos vamos a casar.

—Mi padrino le va a convertir en un hombre decente— comentó Draco burlón.

—Muy gracioso, Malfoy— replicó Harry.

—Pues a mi me parece fabuloso— dijo el anciano levantándose—. Entonces, chicos, ¿qué esperan?— preguntó mirándolos con picardía—. Vamos a buscar a esos dos. Una boda nos espera.






—¿Están seguros que era Lucius?— preguntó Albus Dumbledore con el rostro inusualmente serio.

Estaban reunidos en la oficina del Director de Hogwarts, contándole al anciano lo acontecido en Hogmeade. Sentados alrededor de una mesa ratona donde reposaba un hermoso juego de té en plata de ley se encontraban Tonks, Moody, Remus, Severus y Albus, todos luciendo semblantes preocupados.

—Sí— replicó Remus, mirando atentamente al anciano—. James lo confirmó.

—¿James?— inquirió el anciano sumamente extrañado.

—Sí— replicó el profesor de Defensa.

—Pero si James no conoce a Lucius.

—Dijo que tenía el cabello rubio y largo y los ojos de Draco— informó Severus, hablando por primera vez con un tono sin inflexión, aunque sus negros ojos refulgían con furia y, por qué no decirlo, con un poco de temor, temor que tenía dos nombres: Harry y James.

—Ese desgraciado está más cerca de lo que pensábamos— espetó Moody.

—Sí, así parece— comentó Albus mirando fijamente a Severus y agregando con intención—. Lo que ratifica la necesidad de que permanezcan protegidos al máximo.

El rostro de Severus no mostró cambio alguno pero hizo un casi imperceptible movimiento de cabeza en señal de aceptación. Sabía que Albus se refería a su última escapada para ver a Rita Skeeter y también sabía que el anciano tenía razón. Hasta que atraparan a Lucius debían ser muy precavidos.

—Bien— siguió el anciano, satisfecho de la muda respuesta de Severus—. Hablaré con los miembros de la Orden para que cierren el cerco por los alrededores e insistiré con el Ministerio de Magia para que un grupo grande de aurores continúe rastreando el paradero de Lucius. No se preocupen— terminó mirando comprensivamente a Severus—. Pronto los atraparemos.






Alan McCollunm condujo a Harry y a Draco a una pequeña casa blanca, enclavada en medio de un amplio terreno, completa y prolijamente sembrado. Se acercaron a la verja de hierro que bordeaba la casa y caminaron por un camino de piedra con dirección a la puerta principal. Antes de poder subir los contados escalones que les separaba de la entrada principal, la puerta se abrió y por ella apareció el sonriente rostro de una mujer, envuelta en un amplio delantal.

—Doctor McCollunm— saludó la amable mujer con una sonrisa—, que alegría tenerlo por aquí. A que deb...— pero sin completar lo que estaba diciendo, Rusca se quedó mirando fijamente a los chicos, los ojos abiertos como platos—. ¿Harry?— preguntó con voz temblorosa de la emoción, antes de abalanzarse sobre el joven y lanzarle los brazos al cuello—. ¡Por Dios, es Harry! ¡Vlad, corre, vino Harry!— terminó, llorando abrazada a su cuello.

Harry la abrazó a su vez intentarlo confortarla, aunque no entendía nada. ¿De qué le conocía aquella mujer? Miró a Draco interrogante, pero éste estaba tan atónito como él.

—Harry, muchacho, que bueno verte— estalló un vozarrón y el aludido vio como el hombre llamado Vlad iba hacia él con la mano extendida, mientras Rusca se abrazaba a su vez a Draco, quien la miraba como diciendo ‘¿y ésta de dónde salió?’

—Perdone, ¿le conozco?— preguntó Harry, mientras el hombre estrechaba su mano efusivamente.

—Creo que Severus también les habló mucho de ti— intervino Alan, tratando de explicar.

—¡Oh, sí!— dijo Rusca, quien acababa de soltar a Draco—. Vatlad nos habló mucho de ustedes, pero especialmente de ti— dijo mirando a Harry con cariño.

Draco se inclinó disimuladamente hacia Harry.

—¿Vatlad?— preguntó, extrañado.

Harry se limitó a hacerle una seña, indicándole que luego le explicaría.

—¿Y cómo está Vatlad?— preguntó Rusca, definitivamente eufórica.

—Bien, muy bien— le aseguró Harry con una sonrisa.

—De hecho, más feliz de lo que él mismo pudo imaginar. Severus tiene un niño— comentó McCollunm.

—¿Un niño?— preguntó Rusca, extrañada. Severus les había hablado mucho de su relación con Harry y su amor por él. ¿Cómo era posible entonces que hubiera tenido un hijo? ¿Y con quién?

—Sí— confirmó Harry con una sonrisa—. James tiene cinco años y es muy guapo— los ojos del joven se iluminaron al recordar a su hijo—. Tiene los mismos ojos y el mismo endemoniado carácter de Sev— terminó, con cierto dejo de añoranza; apenas tenía un día sin ver a su familia y ya los extrañaba.

—¿Y...—la mujer dudó unos segundos, sabía que su pregunta podría parecer impertinente, pero no podía evitar hacerla—... quién es la mamá de James?— terminó la pobre, con el rostro contrito.

—Yo— contestó Harry, ampliando su sonrisa.

Los magos presentes tuvieron que hacer supremos esfuerzos para contener la risa al ver la cara de asombro y aturdimiento que pusieron sus anfitriones.

—En el mundo mágico— explicó al fin el doctor McCollunm, compadeciéndose de esos dos— algunos hombres pueden llegar a quedarse embarazados. Son casos muy poco frecuentes y el varón que va a transportar la criatura debe tomar una serie de pociones para poder concebir— miró los rostros de Vlad y Rusca y sonrió internamente. Parecía que les acabaran de decir que a la puerta de su casa estaban un par de marcianos pidiendo entrar—. El caso de Harry y Vatlad fue más especial aún. Harry quedó embarazado de forma natural, pero desconocemos la causa.

—Pero— balbuceó Vlad, quien continuaba con los ojos desorbitados—, no entiendo, como es posible que ocurriera que...

No pudo continuar porque se vio interrumpido intempestivamente por su esposa.

—¿A quién le importa cómo pasó?— grito exaltada, apachurrando entre sus brazos a Harry una vez más—. Vatlad y Harry tienen un pequeño, y yo estoy feliz— se apartó de nuevo y lo miró, pero esta vez con algo de tristeza—. ¿Y por qué no vino con ustedes?

—No le fue posible— explicó Harry, mirándola con ternura—. Está todavía algo agotado porque su viaje de regreso fue muy duro, y por otra parte James no le deja ni a sol ni a sombra. Decidimos que era preferible que se quedara disfrutando de nuestro pequeño.

—Lástima, me hubiera gustado tanto volverle a ver.

—De hecho, le verán— afirmó Harry—. Una de las razones de nuestra visita es que vengo a hacerles una invitación.

—¿Una invitación?— preguntó Vlad, intrigado.

—Sí, quiero que me acompañen a Inglaterra. Sev y yo nos vamos a casar y queremos que estén con nosotros ese día. Sería muy importante para Severus, y también para mí.

—No sé, Inglaterra está muy lejos y nosotros...—comenzó Rusca antes que el significado completo de lo que acababa de decir Harry se abriera paso en su mente—...¿una boda? ¿Vatlad se va a casar?— ante el mudo asentimiento de Harry, la mujer se lanzó a sus brazos por milésima vez en el día—. Claro que los vamos a acompañar, eso no me lo perdería por nada del mundo.

—¿Y cómo viajaremos?— preguntó Vlad

—A través de la red de polvos flu— intervino Draco.

—¿La red qué?

—Es un medio de transporte mágico muy rápido, no se preocupen— los tranquilizo Alan McCollunm—. Todo va a salir bien.

—Bien— dijo Draco parándose y dirigiéndose a la salida. Había sido un día muy largo y él ya estaba harto de tanta sensiblería muggle—. Si estamos todos de acuerdo, andando.

—Espera, Draco— el rubio le dirigió una mirada muy poco agradable y Harry se dio cuenta que estaba llegando al límite de su paciencia, y no pudo evitar lanzar una media sonrisa—. Sólo una cosa más— se giró hacia Vlad que todavía no salía completamente de su estupor—. ¿Crees que podrías arreglar que alguien se hiciera cargo de tu siembra?

—Claro que puede— contesto Rusca, rotunda—. Vlad, ve a hablar con tu primo mientras yo voy a empacar— se giró hacia los chicos con una enorme sonrisa—. En unos minutos estaremos listos para partir.

“Ya era hora” pensó Draco, desesperado. “Un minuto más de esto y hubiera lanzado una maldición a esos dos. Y aún tenemos que regresar al Ministerio y... un momento” a la memoria de Draco llegaron vívidos los recuerdos de su frustrante viaje de llegada. “¿Cómo se supone que vamos a llegar al Ministerio?”

—¡Harry!— gritó para que le oyera el moreno, quien acababa de salir en compañía de Vlad—. ¡Ven acá al instante, tú y yo tenemos que hablar!






—¡Maldición!— Lucius Malfoy entró intempestivamente en el estudio de Stronge Place lanzando imprecaciones a diestra y siniestra. Gustav, quien ya conocía el carácter del rubio, bajó tranquilamente el libro que estaba leyendo y se le quedó observando con mirada burlona.

—¿Qué pasó ahora, Lucius?

El otro fue hacia un mullido sofá y se lanzó sobre él. Escondió el rostro entre sus manos, antes de moverlas y apartar el cabello de su rostro. El vampiro pudo notar que los ojos grises relampagueaban de ira entremezclada con frustración.

—Me vieron en Hogsmeade.

—¿Cómo?— Gustav se tensó y la expresión de su rostro cambió a una de intensa preocupación. Sabía que no era buena idea que hubiera ido a ese pueblo, los caprichos del rubio los iban a meter en un buen lío cualquier día—. ¿Estás seguro?

—Me lo confirmó mi contacto.

—¿Y quién te detectó? ¿Y si te descubrieron, cómo es posible que no hicieran nada?

—Eso es lo peor— gritó el rubio, levantándose de nuevo y pateando el sillón con rabia—. Fue el mocoso, el maldito mocoso de Severus. Es tan odioso y entrometido como su estúpido padre Gryffindor.

—¿El niño?— el rubio asintió con la cabeza—.¿Cómo pudo hacerlo si no te conoce? Además, ibas disfrazado.

—Una estúpida bruja me tropezó en una de las tiendas. Mi capucha cayó un segundo, pero el chiquillo me vio. Le dijo a Severus que había visto alguien parecido a su tío Draco— el rostro del hombre se oscureció aún más, si es que ello era posible—. Tío Draco— escupió con desprecio—. Ese es otro maldito traidor que no merece el apellido que lleva.

Gustav lo miró con resignación, al parecer ese iba a ser uno de esos días de ‘soy malo y odio a todo el mundo’. Mientras no la emprendiera contra él.

>>¿Y tú que haces?— preguntó con desprecio—. Todavía es de día, ¿no deberías estar encerrado en tu ataúd, durmiendo como buen vampiro?

Claro, mucho se había tardado.

—Te he dicho varias veces que esta casa es como un inmenso ataúd— comentó Gustav, con paciencia—. Un mago oscuro la hechizó como regalo para uno de mis antepasados, así que puedo andar libremente por ella sin temor al sol.

—Sí, es cierto— murmuró Lucius pensativo—. Y eso va a ser de gran utilidad para mis planes. No me podrías ayudar si sólo puedes salir de la caja de noche.

El vampiro ignoró el sarcasmo en la voz del rubio, tenía otras cosas en la mente.

—¿Y qué piensas hacer ahora?— preguntó dudoso, todo aquello le gustaba menos cada vez.

—Esperar— dijo el rubio, enfureciendo nuevamente—. El maldito mocoso ha retardado mis planes una vez más. Dumblendore ha sellado el colegio a cal y canto y tiene a la Orden y a los aurores del Ministerio buscando sin descanso nuevamente. ¡Maldición!

Lucius había tomado una valiosa figura con la intención de estrellarla contra la pared pero Gustav lo detuvo a tiempo.

—Esta figura tiene por lo menos 500 años, así que si vas a deshacerte de ella es mejor que la vendas— sugirió con ironía—. Vamos a necesitar mucho dinero para mantenernos mientras esperamos, y para ser sincero, tú eres de gustos muy caros— se quedó pensativo unos minutos antes de agregar—: ¿Estás seguro que deseas seguir con esto?

—¿Qué quieres decir?— preguntó Lucius, taladrándole con los ojos.

El otro dudo brevemente, pero ya que había empezado, debía seguir.

—Llevamos mucho tiempo en persecución de esta venganza y me pregunto si en verdad vale la pena. ¿No sería mejor quedarme aquí tranquilo hasta que pasara el temporal y luego vivir en paz?

El rubio se abalanzó sobre el vampiro y, cerrando la mano sobre su cuello lo estampó contra la pared. Gustav sabía que no le podía matar así, pero al ver el destello de los ojos de Lucius, un escalofrío recorrió su espina dorsal. Allí sólo se podía distinguir el brillo de la locura.

—Óyeme bien, Gustav— habló Lucius, arrastrando las palabras—. Tú estás conmigo en esto y vas a estar hasta el final. Y no vamos a descansar hasta que no quede el más mínimo vestigio de los Snape o los Potter sobre la faz de la tierra— apretó un poco más la férrea mano sobre el cuello del vampiro—. Y no te atrevas a traicionarme. Recuerda que un Malfoy nunca olvida... ni perdona.

Y sin decir más, lo soltó y dando media vuelta abandonó la habitación.






—No puedo creer que les haya pasado todo eso— comentó Severus riendo, observando a Harry y a su hijo jugar snap explosivo sobre la alfombra de la sala de profesores.

—Pues créelo— dijo Draco, que estaba acurrucado en los brazos de Remus en un sillón cercano—. Fue un viaje aterrador.


—Pobrecito mío— musitó Remus burlón, acariciando el cabello rubio y besando suavemente la boca fruncida en un pequeño puchero de disgusto.

—Pues a mí me pareció divertido— comentó James, quien luego de ganarle la partida a su padre, fue a refugiarse en brazos de Severus.

—A ti todo te parece divertido— rio Harry, acurrucándose en el pequeño espació de sofá que dejaban libre sus dos hombres. Automáticamente, Severus le pasó un brazo sobre los hombros y lo atrajo contra él.

—Pero lo es, papá— argumentó James, con una risa contagiosa—. Me hubiera gustado verte a ti y al tío Draco corriendo delante del toro.

—Y a mí también, especialmente a Draco cojeando— musitó Severus en voz baja, luego de lo cual todos estallaron en carcajadas. Bueno, todos menos el aludido.

—Pues yo no le veo el chiste— gimió Draco, desde los brazos de Remus.

James se desprendió de los brazos de su padre y corrió hacia el rubio.

—Vamos, tío Draco, ya no nos burlamos. Y para que no te enfades, te cuento que cuando salí a pasear con papá vi a un señor igualito a ti.

Ante las inocentes palabras de James, todos los ocupantes de la habitación dejaron de reír. Draco se enderezó, desprendiéndose de los brazos de Remus, y dos pares de ojos, unos grises y otros verdes, taladraron a Severus.

—¿De qué habla James, Severus?— preguntó Harry con tono preocupado, mirando los negros ojos de su compañero.

—Verás— comenzó Severus, removiéndose en su asiento, sabía que Harry se iba a enfadar—. Esta mañana fuimos a Hogsmeade a comprar unas cosas.

—¿Fuimos? ¿Quiénes?

—James y yo— previniendo la enorme protesta que sabía seguiría a sus palabras, el hombre levantó la mano—. No íbamos solos. Nos acompañaron Remus, Tonks y Moody.

—Fue muy divertido, papá— intervino James, contento—. Fuimos a comprar dulces y helados y lo pasamos muy bien.

Harry tomó a James en sus brazos y lo apretó con fuerza contra sí, tratando de controlar el repentino temor que le había asaltado.

—¿Y dónde vieron a mi padre?— intervino Draco, mirando a Severus y Remus alternativamente.

—¿Tu papá, tío Draco?— preguntó James, contento—. ¿Ese señor era tu papa?

La pregunta del niño se quedó sin respuesta ya que justo en ese momento irrumpió en el salón una tromba de cabezas pelirrojas.

—¡James!— gritaron a viva voz una pareja de gemelos idénticos de la edad de James.

El niño de pelo oscuro se escapó de los brazos de Harry y se abalanzó hacia sus amigos.

—¡Rick! ¡Sem!

Los muchachos se abrazaron alborozados en medio de la sala mientras los adultos se fijaban en el resto de la comitiva.

—¡Vaya! ¡Qué alegría estar de regreso en casa!— exclamó Ron con satisfacción, dando un abrazo a Harry.

—Nunca imaginé que pensara en Hogwarts como su casa, señor Weasley— comentó Severus, uniéndose a la pareja.

—Ni yo que llegaría a extrañarle, profesor Snape— comentó Ron, lanzándole una radiante sonrisa mientras le tendía la mano franca—. Es un gusto volverte a ver, Severus.

—Para mí también, Ron, te lo aseguro— replico estrechando su mano con fuerza, antes de dirigir la vista hacia Hermione, quien llevaba en brazos a una pequeña de unos dos años, que miraba a todos lados con curiosidad—. Es un placer volverla a ver, señora Weasley.

—Espero que no se siga mostrando tan formal en el futuro, Profesor— dijo la chica, dirigiéndose hacia Severus y besándole la mejilla—. Al fin y al cabo, pronto me van a tener que soportar a diario.

—¿Aceptaste la propuesta de Albus?— preguntó Harry, besando a su amiga y tomando a la pequeña en brazos—. ¿Y cómo ha estado mi princesa?— le preguntó, mientras la pequeña trataba en vano de alcanzarle los lentes.

—Terrible— comentó Ron, quien estaba conversando con Remus y Draco—. Es peor que Rick y Sem juntos. Y sí, Albus convenció a Hermione, así que vamos a vivir todos en el castillo

—Qué bueno, así James no se sentirá tan solo.

—Y en cuanto a esta pequeña traviesa, a mí me parece muy hermosa— comentó Severus sonriendo a la niña, quien le sonrió al instante y le tendió los bracitos.

—Parece que le caíste bien— se rio Harry entregándole la niña. Severus la tomó y la apoyó en el pliegue de su brazo, sonriéndole.

—Es que es una chica de buen gusto— contestó Severus, y ante el bufido que dejó escapar Ron sin poderlo evitar todos se echaron reír.

—Rick, Sem— dijo James, arrastrando a sus amigos de los brazos y plantándose frente a su padre, mirándolo con orgullo—. Éste es mi papá Severus.

Severus se quedó mirando a los pequeños, tan idénticos entre sí y tan parecidos a su padre.

—Hola, chicos— saludó con aire severo, recordando al antiguo profesor de Pociones—. Y veamos, ¿quién es quién?

—Yo soy Sem, señor— balbuceó el niño a la derecha, mirándole asustado.

—Y yo Rick— dijo el otro igual de nervioso.

—Vamos, chicos, dejen la formalidad— dijo James, sonriendo—. Miren que también es su tío, igual que papá Harry. Y tú, papá, deja de bromear y no los mires así. Los estás asustando.

—Vale— aceptó Severus, cambiando su expresión por una sonrisa—. A ver, vengan acá.

Los gemelos se acercaron cautelosamente, bajo la mirada divertida de todos los presentes. Cuando estuvieron frente al hombre, bajaron la cabecita, de forma que sólo se podía ver su roja coronilla. Severus le entregó la pequeña a Hermione, y poniendo una mano bajo cada barbilla, levantó sus rostros y se quedó mirando los cristalinos ojos marrones.

>>Entonces— preguntó abriendo los brazos de par en par—. ¿No hay un abrazo para tío Severus?

Los niños se vieron entre sí y luego a James, antes de sonreír ampliamente y lanzarse en el abrazo que estaba presto a recibirlos.






—Realmente ha sido un largo día— comentó Harry, sumergiéndose en la bañera llena de agua perfumada y recostándose contra el pecho de Severus con completo abandono.

—Y que lo digas— comentó el hombre, tomando una esponja y comenzando a frotar a su pareja con movimientos lánguidos y acariciadores—. Esos chicos Weasley son un verdadero terremoto, dignos herederos de los hermanos de Ron.

—Sí— convino Harry, mientras se estremecía al notar los dedos de Severus sobre su masculinidad, que empezaba a despertar como consecuencia de las caricias—. Pobre Rusca, le hicieron una cuantas bromas.

—Bueno, ellos y tu hijo— Severus empezó a dejar caer levísimos besos en el cuello de Harry, mientras sus dedos continuaban jugueteando atrevidamente—. Porque James también se las trae.

—Aja— musitó el más joven cada vez más excitado—. La verdad es que... — jadeó ante un toque especialmente sensual—... tus amigos son encantadores...y...— más jadeos mientras Severus frotaba su dureza contra el—... y Alan y Albus parece que se cayeron muy bien.

—Sí— replicó Severus sin saber con qué convenía y la verdad tampoco le importaba, mientras su boca mordisqueaba el lóbulo de la amada oreja con excitación y los roces se volvían mas voluptuosos e insistentes—. Harry...

—¿Sí?

—Cállate y bésame.

Sin una palabra más, Harry se giró dentro de los brazos que le abrazaban amorosamente, y juntó su excitado cuerpo con el otro igualmente ardiente que lo recibía, mientras su boca clamaba por la de Severus, sumergiéndose en la cálida y conocida cavidad. A partir de ahí, sólo se escucharon suspiros y jadeos, y promesas de amor y felicidad repetidas con voz entrecortada una y otra vez.




sev harry







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MensajeTema: Re: Y algún día, la felicidad. Capítulo 8. Reuniendo a los amigos   Sáb Ago 13, 2016 9:52 pm

Ahh que final de capítulo me deja babeando *.* y todo sería perfecto si lucius estuviera en el más allá T_T
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Y algún día, la felicidad. Capítulo 8. Reuniendo a los amigos
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