La Mazmorra del Snarry


 
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  Y algún día, la felicidad. Capítulo 6. Pasando tiempo con la familia

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alisevv

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MensajeTema: Y algún día, la felicidad. Capítulo 6. Pasando tiempo con la familia   Lun Mar 21, 2016 4:30 pm




Más tarde esa noche, Harry y Severus estaban en las antiguas habitaciones del profesor de Pociones, sentados en un sofá frente a la chimenea, con James jugando a sus pies. Dumbledore había insistido en que permanecieran en Hogwarts hasta que encontraran a Lucius Malfoy y Gustav Masden, aduciendo que era un lugar mucho más seguro y protegido que la casa de Harry. Ante la insistencia de Dumbledore, a cuya voz se habían unido las de Remus y Draco, no les había quedado más remedio que aceptar.

Así que entre todos habían rescatado las habitaciones de Severus, que hasta entonces habían permanecido cerradas, y las habían convertido en un lugar cómodo y cálido, con espacio suficiente para la pareja y su hijo.

Harry recostaba la cabeza sobre el hombro de Severus, mientras su pareja acariciaba su cabello con aire distraído, la mirada perdida en un punto indefinido frente a él. El joven de ojos verdes levantó ligeramente la cabeza, y dándole un pequeño beso en el mentón, preguntó quedamente:

—¿En qué piensas?

Severus salió de su introspección, y girando la cabeza, besó brevemente la roja boca tan cerca de la suya.

—En que hace unos días ni siquiera soñaba en volver a ser tan feliz como ahora— musitó sobre sus labios, para después profundizar el beso un poco más, mientras la caricia sobre el cabello se hacía más notoria.

Permanecieron un largo rato amándose dulcemente, con los ojos y los labios, hasta que un ligero suspiro proveniente de la alfombra a sus pies los sacó de su ensoñación. Bajaron la vista y encontraron a su hijo mirándolos fijamente, con una enorme sonrisa plasmada en su rostro infantil.

—A ver, jovencito— habló Severus, extendiendo los brazos y tomando a James para sentarlo sobre su regazo. El niño le pasó los bracitos por el cuello y hundió la cabeza en su pecho, con un gran suspiro de satisfacción—, creo que ya es hora de que usted se vaya a dormir.

—No, papá, por favor— suplicó el pequeño—. Déjame estar un ratito más aquí, con ustedes.

Severus levantó su mirada interrogante hacia Harry, y notando un asentimiento casi imperceptible, accedió.

—Está bien. Pero sólo un ratito.

James abrazó a su padre y le dio un enorme beso de agradecimiento. Luego se alejó brevemente, y abrazando a Harry, le dio otro beso.

—Gracias, gracias— dijo con tal sentimiento que a sus padres el corazón les dio un vuelco.

El niño volvió a acurrucarse en el regazo de Severus, y de repente mostró una expresión preocupada. Harry, que conocía bien sus cambios de humor tan parecidos a los de su pareja, puso un dedo bajo la barbilla de su hijo y levantó su cabeza.

—¿Qué ocurre, mi amor?— preguntó suavemente, acariciando su negro cabello—. ¿Por qué esa cara?

El niño pareció dudar un momento, hasta que al fin miró a Harry con fijeza y preguntó:

—Papá, ¿por fin voy a poder llamarme James Snape Potter?

A Harry se le encogió el corazón ante la inocente pregunta, recordando el día que, luego de una conversación con los gemelos de Hermione y Ron, le había preguntado por qué él sólo tenía un apellido.


El niño entró corriendo a la cocina de su casa, donde Harry estaba entretenido preparando la cena.

—Papá, papá— llamó impaciente. Cuando Harry se dio la vuelta, se arrojó sobre él y se aferró a sus piernas. El joven se agachó y se quedó mirando a su pequeño, quien lucía una expresión inusualmente seria y jadeaba visiblemente.

—¿Qué ocurre, mi amor? ¿Por qué estás tan agitado?— le preguntó suavemente, intentando serenarlo—. ¿No estabas jugando con los gemelos?

—Papá, ¿por qué no puedo llevar el apellido de mi papá Severus?

Harry se quedó desconcertado. ¿De dónde había salido todo aquello? Decidió que antes de responderle, debía conocer el porqué de su pregunta.

—¿Por qué preguntas, cariño?— inquirió, mientras alzaba al muchachito y, dirigiéndose con él en brazos hasta la sala, se sentaba en su sillón favorito.

—Estuve hablando con Rick y Sem y me dijeron que ellos tienen el apellido de su papá, que es Weasley, y el apellido de su mamá, que es Granger, y me dijeron que a sus demás amiguitos les pasaba lo mismo— lanzó una mirada de desconcierto—. ¿Por qué yo sólo soy James Potter?

—Verás, corazón— empezó mientras lo estrechaba contra sí y se preguntaba cómo podría explicarle todo el asunto de forma que lo entendiera—. Lo que ocurre es que como tu papá no está con nosotros, los señores del Ministerio no pudieron inscribirte con tu nombre completo, pero en cuanto él regrese podrás conseguir tu nombre completo, James Snape Potter.

—James Snape Potter— musitó el niño con una sonrisa—. Suena muy bien, ¿verdad?

—Claro que suena bien. Además, tu papá siempre lo ha llevado con dignidad. Es un gran apellido, debes estar muy orgulloso de él.

—Y lo estoy— dijo el niño, abrazándolo—. Aunque esos señores del Ministerio no acepten, no importa. Esperaré a que llegue mi papá— y con eso se giró feliz y corrió fuera de la habitación, dispuesto a contarle a sus amigos que en cuanto su papá regresara el sería James Snape Potter.



Al regresar a la realidad, Harry encontró dos pares de ojos casi idénticos, que lo miraban interrogantes. Los de Severus le pedían que explicara de qué trataba todo aquello, mientras los de James esperaban ansiosos una respuesta. Luego de hacer un gesto a Severus para indicarle que luego le explicaría, fijó su verde mirada en los inocentes ojos de su hijo.

—Sí, James— confirmó, estaba seguro que Severus jamás renegaría de su niño—. Tú papá y yo vamos a arreglar las cosas en el Ministerio para que puedas usar tus dos apellidos.

La sonrisa que iluminó al pequeño caldeó con ternura los corazones de sus padres, y antes que pudieran pensarlo siquiera, los tres estaban fundidos en un estrecho abrazo que pareció no tener fin.

>>Bueno— dijo Harry separándose ligeramente—. Ahora si creo que es tiempo que vayas a la cama, jovencito.

Al ver que James hacía intentos por protestar, Severus intervino.

—Hazle caso a tu padre, James.

Viendo que estaba en desventaja, pero deseando pasar unos minutos más con su nuevo papá, alzó sus ojos suplicantes hacia Severus.

—¿Me contarías un cuento?

El hombre lució desconcertado. ¿Un cuento? ¡Por Merlín, él no había contado un cuento en su vida! ¡Él no sabía cuentos!

Notando el desconcierto de su pareja, Harry miró a su hijo y musitó:

—Hagamos algo, James. Ve al cuarto y ponte tu pijama que está sobre tu cama, y nosotros iremos en unos segundos, ¿vale?

El niño asintió con una gran sonrisa, y dando un salto, salió rumbo a su cuarto mientras exclamaba:

—¡Esta noche quiero La Isla del Tesoro! Quiero saber cómo se enfrentan a los piratas ¿vale?— y sin esperar respuesta, entró en su habitación.

—¿La Isla del Tesoro? ¿Qué es eso?— preguntó Severus, aturdido.

—Es una historia muggle. A James le fascina, creo que se la sabe de memoria. Muchas veces me decía que tú debías estar enfrentándote a los piratas y buscando un tesoro.

—¿Te decía que yo hacía eso?— preguntó emocionado—. ¿Hablaban de mí?

—Todo el tiempo, mi amor— dijo dándole un dulce beso en la mejilla—. Tu hijo te conoce casi tanto como yo mismo.

Severus lo miró con los ojos empañados por lágrimas de emoción.

—Gracias.

Harry sólo lo abrazó con fuerza.

—¡Anda! ¡Vamos, que nos está esperando!— le animó, tirando de su brazo. Al sentir que no se movía, le miró fijamente y preguntó—. ¿Qué pasa?

—No me sé ese cuento— reconoció con cara de frustración.

Harry no pudo evitar echarse a reír con alegría.

—¡Vamos, nuevo papá! No seas cobarde, yo te ayudaré— y sin más empujó a su pareja rumbo a la habitación de su hijo.






En un cuarto cercano, Remus Lupin trataba de hacer que su novio se desahogara. Harry les había contado someramente todas las vicisitudes por las que había atravesado Severus durante su ausencia, sin ocultar el papel desempeñado por Lucius Malfoy, y aunque Draco había escuchado sin expresión, Remus le conocía lo suficiente como para saber que por dentro estaba totalmente destruido.

Puso una suave mano sobre el hombro del rubio, quien estaba sentado mirando fijamente el piso, con el rostro oculto por sus manos y por el hermoso pelo que caía en cascada hacia el frente.

—¿Quieres hablar?— musitó el licántropo aumentando la presión sobre el hombro. Se moría por abrazarlo y consolarlo pero en ese momento debía esperar. Sabía que hasta que Draco no se derrumbara completamente, permitiéndose ser débil al fin, no aceptaría de buen grado su consuelo. Por los temblores que sentía en el esbelto cuerpo, ese momento estaba a punto de llegar.

Draco levantó lentamente la cabeza, dejando ver su infinita congoja mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Por muy indeseable que fuera Lucius, siempre había sido un buen padre para él. Tal vez no cariñoso ni amable, pero al menos siempre había sido justo y le había cuidado y apoyado mientras crecía. Era muy difícil aceptar que ese padre que recordaba, se había convertido en el monstruo que relataba Severus

—¿Por qué, Remus?— preguntó mientras las lágrimas corrían por sus mejillas sin poder detenerlas. El licántropo, al ver que ya era tiempo, se arrodilló y lo tomó en sus brazos— Hace seis años sufrí pensando... que había muerto, pero sentí cierto... alivio pensando que al fin su alma podría descansar— hablaba entre sollozos, con la cara enterrada en el hombro de Remus, quien no decía nada, sólo acariciaba los rubios mechones dejando que se liberara al fin—. Y ahora... no sólo descubro que está vivo, sino que... destrozó la vida de mi padrino.

—Ya mi amor, cálmate— susurró Remus en su oído.

—¿Es que no entiendes?— preguntó revolviéndose entre los brazos de su novio, toda su tristeza transformada en rabia—. Torturó a Severus. Con saña. De manera inclemente— apenas lograba controlarse, y si Remus no le hubiera tenido aferrado, en ese momento probablemente estaría destrozando el lugar—. Y no conforme con eso, le quitó su magia y le borró la memoria— las lágrimas empezaban a caer nuevamente—. Remus, mi padrino es un mago orgulloso, profundamente orgulloso de sus orígenes, ¡y él le quitó su magia! ¡Le destruyó! Si no hubiera sido por Harry, por su necesidad de volver a verle, estoy seguro que Severus estaría muerto.

—Pero no lo está— murmuró el otro quedamente, mientras su mano trazaba círculos en su espalda para apaciguarle—. Y tiene a Harry, y a James, y nos tiene a nosotros— empezó a mecerle suavemente—. Le vamos a ayudar. Va a recuperar su magia, ya lo verás.

—¿Pero cómo?— preguntó el rubio, desconsolado y sintiéndose irracionalmente culpable por las acciones de su padre.

—Eso no lo sé todavía— musitó Remus—. Pero lo averiguaremos, ya lo verás.

Mientras seguía meciéndolo, adelante y atrás, y depositando ligeros besos en su cabello y sienes, Remus comenzó a sentir que Draco se iba relajando entre sus brazos, hasta caer finalmente en un sueño producto del desgaste emocional por el que acababa de pasar.






Luego de narrarle el cuento a James, no sin unos cuantos sofocones por parte de Severus, y quedarse con él hasta que se quedó dormido, regresaron al saloncito. Mientras el Slytherin se sentaba en el mismo lugar que había abandonado un rato antes, Harry se dirigió a un barcito disimulado en una esquina y sirvió dos generosas copas de brandy antes de ir a reunirse con su pareja.

El hombre recibió agradecido la copa que el joven le entregaba, y mientras empezaba a moverla entre sus manos para calentarla, se giró hacia Harry, que se acababa de sentar a su lado.

—¿Por qué no inscribiste a James con mi apellido?— le preguntó, sin poder ocultar el ligero tono de reproche en su voz.

—No me dejaron— explicó Harry.

—¿A qué te refieres?— preguntó Severus, frunciendo el ceño.

—Pues, cuando fui a presentar a James en el Ministerio...


—Buenos días, señor Potter— lo atendió un hombre de mediana edad de pelo entrecano—. ¿En qué puedo servirle?

—Pues me dijeron que usted es el responsable del registro de nacimientos, ¿es así?— contestó Harry en tono cordial.

—Bueno, de registros en general, nacimientos, matrimonios, defunciones. ¿Viene a registrar un bebé? ¿Su hijo acaso?

—Si, señor— admitió el chico.

—Vaya, comenzó joven por lo que veo— el hombre se rio de su supuesto chiste, aunque a Harry no le hizo la más mínima gracia. Abriendo un cajón, extrajo un formato legal—. ¿Y dónde está la feliz mamá?

—Soy yo.

El hombre perdió repentinamente la sonrisa y preguntó:

—¿Qué quiere decir?

—Yo di a luz al niño— explicó Harry, un tanto cohibido por la fría actitud del hombre, hasta hace poco tan amable.

—Ya veo— su tono de voz habría congelado el infierno—. ¿Y el nombre del otro padre?— preguntó en tono profesional mientras empezaba a escribir.

—Severus Snape.

—¿Por qué no vino con usted?— preguntó, dejando de escribir y mirándole con desprecio.

—No está en la ciudad— contestó Harry, cada vez más incómodo.

—En ese caso, no puedo incluirlo— replicó, luciendo ligeramente satisfecho—. Hasta que el... señor venga a presentarlo, tendrá que aparecer como bastardo.

—¿Qué dijo?— rugió Harry ante la forma insultante en que se refería a su hijo.

El hombre dudo levemente, consciente que había ido demasiado lejos; sin embargo, no se disculpó.

—Tendrá que registrarlo como hijo natural— explicó, terminando de llenar el pergamino y sellándolo.

—Pero Severus vendrá más tarde a ratificarlo— dijo Harry, conteniendo su furia y tratando de convencer a ese necio.

—Lo lamento, la ley es la ley— terminó, entregándole el pergamino—. Que tenga buenas tardes.



—Después me enteré que el hombre era homofóbico; detestaba a los homosexuales y trataba de lo peor a cualquier pareja gay que requería sus servicios.

—¡Maldito imbécil!— rugió Severus.

—Lo peor no es eso— ante la interrogante mirada de Severus, Harry explicó—: Días después recibí una citación para un juicio. El Departamento Social del Ministerio me disputaba la tenencia de mi niño, aduciendo que era muy joven y no podía proporcionarle aquello que requería— ahora el rostro de Severus era una mueca de furia—. Se necesitó toda la persuasión de Albus para evitar que me lo quitaran. De hecho, de no ser porque era Harry Potter y al Ministerio no le interesaba un escándalo público, con lo cual los amenacé, estoy seguro que me lo hubieran arrebatado— Harry quedó callado, angustiado por el recuerdo.

—Tranquilo, mi amor— dijo Severus, acariciándole la mejilla y besando sus labios con ternura—. Mañana mismo vamos a ir a arreglar los papeles de James y de paso voy a tener un par de palabritas con ese individuo.

—Severus, no...

—Oh, sí. Claro que si.

—Pues no quisiera estar en su pellejo— confesó Harry con un mohín, sabiendo que cuando quería, Severus podía ser verdaderamente intimidante.

—Imagino que no, señor Potter— habló con el mismo tono que empleaba cuando era profesor de Pociones. Y fue tan vívido el recuerdo para ambos, que estallaron en incontrolables carcajadas.

—¿Tienes sueño?— preguntó Harry acurrucándose contra su pareja.

—No mucho, ¿y tú?

—Tampoco— replicó, mirándolo a los ojos—. ¿Por qué no me terminas de contar lo que hiciste estos años.

Asintiendo en aceptación, el hombre dio un sorbo a la bebida antes de retomar su narración.

—Como te contaba, me fui a vivir con Vlad y Rusca, y comencé a trabajar con ellos en el campo. Era una vida dura pero tranquila, y ellos me acogieron como uno más de la familia. Pero sin poderlo evitar, me seguía deprimiendo la falta de memoria y tenía un vacío en el corazón que no comprendía, como si me faltara algo sin lo cual estaba incompleto. Ahora sé que me faltabas tú.

Un nuevo beso y otra caricia, y Harry se acurrucó aún más cerca.

>>Luego, hace un año más o menos, empezaron las pesadillas. Eran cada vez más claras pero también más angustiosas. Una de esas noches en que me desperté gritando, Rusca y Vlad me dijeron que no podía seguir así y que debía buscar ayuda.

>>Volví a ir al hospital muggle en que me habían atendido la primera vez, y allí me refirieron al Departamento de Psiquiatría. Me atendió un hombre mayor, casi de la edad de Albus, el doctor Alan McCollunm. Pero éste no era un psiquiatra común y corriente, era un mago.

Harry no pudo evitar emitir una exclamación de sorpresa.

—Sí— continuó Severus con tono pausado—. Era un mago que ejercía en el mundo muggle— aferró la mano de Harry como necesitando un mayor contacto.

>>Ya no tenía nada de magia, pero al examinarme descubrió mi huella mágica, esa que va con nosotros desde el nacimiento y sólo perdemos con la muerte. Al darse cuenta que no tenía magia, ni idea de que era mago, empezó a hacerme diversas pruebas y detectó los dos maleficios que me había lanzado Malfoy.

>>Sin decirme nada sobre mi ascendencia mágica, me informó que íbamos a empezar a trabajar en mi memoria. Era un hombre muy estudioso y había descubierto cosas que no creerías, entre ellas un hechizo sanador capaz de reparar los daños del obliviate, muy efectivo aunque también muy lento. Luego de casi un año, había logrado recuperar mi memoria casi por completo. Sólo faltaba mi magia.


—Severus, pasa, hombre, pasa— invitó el doctor McCollunm al mago que en ese momento se encontraba parado en la puerta de su consultorio—. ¿Cómo te has sentido?— le preguntó, señalando una silla.

Severus se dejó caer con un suspiro y miró fijamente al medimago.

—Inquieto... y triste— confesó sin tapujos.

Aquel anciano bondadoso se había convertido en un gran amigo y confidente. A medida que fue recordando, le había ido contando su historia, y el hombre le había apoyado y sostenido en los momentos más difíciles. A la sazón, ayudado por Alan, estaba en el duro proceso de recuperar su magia, algo que era absolutamente agotador.

—Le extrañas, ¿verdad?— preguntó el medimago, comprendiendo.

—Muchísimo— hasta ese momento Severus no lo había admitido ni ante si mismo, era demasiado doloroso pensar en ello.

—¿Por qué no le buscas?— sugirió su amigo y benefactor.

—¿Así como estoy?— preguntó Severus, casi en agonía—. Si le conocieras, Alan— una mirada de añoranza inundo los negros ojos—. Es tan hermoso... por dentro y por fuera. Tiene un alma clara como el sol, y su corazón es incapaz de albergar maldad. Además, es joven, con unos preciosos ojos verdes y una sonrisa que ilumina la vida... que iluminaba mi vida.

—¿Y entonces?— insistió el otro hombre, pensando que jamás había visto a alguien tan enamorado.

—Mírame, Alan. Soy un despojo, un remedo de hombre que ni siquiera es capaz de hacer magia— la voz de Severus reflejaba una tristeza infinita—. ¿Cómo llegar ahora ante él y decir simplemente ‘hola, regrese’? Lo más probable a estas alturas es que ya esté con otra persona.

—Te escucho y te desconozco— replicó Alan con fuerza, con el ánimo de hacerlo reaccionar—. Has pasado por sufrimientos que soy incapaz de imaginar siquiera y has sobrevivido. Te levantas cada día a pelear contra la vida, haciendo impresionantes esfuerzos por recuperar tu magia y tu destino, sin importar el esfuerzo que ello te requiera, ¿y tienes miedo a enfrentarte con el hombre que amas?

Severus levantó la vista y miró a Alan con los ojos relampagueando de ira, pero al ver la honesta expresión de su amigo se calmó de inmediato. Él tenía razón. No tenía miedo, tenía terror. Terror de regresar y descubrir que Harry ya no le amaba, que le había olvidado y alguien más ocupaba su corazón. Sabía que eso sería más de lo que podría soportar.

—Tienes que enfrentarlo, Severus— continuó su amigo con voz pausada—. Por lo que me has contado, Harry es un hombre muy especial, tal vez te de una sorpresa— levantó una mano, deteniendo la protesta del mago—. Además, recuerda que tienes que ponerle sobre aviso de las intenciones de Lucius.

Ante esa última advertencia, la expresión de Severus se oscureció profundamente. Conocía a Lucius Malfoy, y sabía que sin importar el tiempo que transcurriera, mantendría los juramentos de venganza. Alan tenía razón; debía regresar, aunque sólo fuera para alertar a Harry.



—Sigue pareciéndome increíble que dudaras de mi amor por ti— este pensamiento ya no enfurecía a Harry, pero continuaba sin comprenderlo—. ¿Acaso nunca llegaste a conocerme en verdad?

Severus se quedó mirando el rostro serio de su compañero, comprendiendo el doloroso reproche escondido tras esas palabras.

—Lo lamento— le dijo con sinceridad—. Mi única excusa es que estaba tan angustiado que no era capaz de entender. Había sufrido tanto, estaba tan marcado física y emocionalmente, que pensaba que ya no había esperanza para mí— abrazó a su pareja con fuerza y enterró el rostro en el hueco de su cuello—. Gracias a Merlín que no fue así— luego levantó la vista, los ojos llenos de arrepentimiento—. ¿Podrás perdonarme alguna vez?

—Ya te perdoné— le contestó mirándole con amor y apartando un negro mechón de su rostro—. Ya no pensemos en eso. Sígueme contando.

—Luego de aquella conversación, empecé a analizar la mejor forma de presentarme. Al principio pensé comunicarme con Albus y preguntarle, pero no me convencía demasiado. Luego recordé nuestra promesa, que si algo pasaba nos reuniríamos en Escocia el día de tu cumpleaños, y me pareció la mejor opción. Si no acudías a la cita, hablaría con Albus y le advertiría para que te avisara, pero no me presentaría ante ti, pero si ibas, tal vez...

—Pero Severus, y si hubiera tenido un inconveniente y no...

—Sí, se que fue un pensamiento tonto— le interrumpió Severus apresuradamente—. Pero en aquellos tiempos no reaccionaba con mucha objetividad. Además— se inclinó y le dio un profundo beso que le dejó sin aliento. Luego se apartó y sonrió dulcemente, antes de continuar—, no estaba tan equivocado. Tú estabas allí.

Harry besó brevemente el cuello del mago y Severus continuó.

>>En ese momento me encontraba en Ucrania y la cantidad de magia que había recuperado era mínima, por lo que era incapaz de Aparecerme, así que decidí utilizar los medios de trasporte muggle.

—¿Desde Ucrania hasta Escocia? Debió ser un viaje pesado.

—Y que lo digas— resopló el hombre—. Algún día te contaré mis peripecias en el mundo muggle, al que Merlín quiera que no tenga que volver a ir, pero fue un viaje realmente difícil. Por eso llegué como lo hice, cansado y hambriento. Sin contar con que todo el tiempo pensé que no podría llegar a tiempo.

—¿Pero por qué no te ayudó Alan? ¿No sé, llevándote a una red flu tal vez?

—Lo que ocurre es que Alan tuvo serias ‘desavenencias’ con el mundo mágico, de hecho todo el mundo le tachó de loco a consecuencia de sus investigaciones, demasiado progresistas para las cerradas mentes de los burócratas que manejan el Ministerio de Magia. Por eso huyó al mundo muggle, jurando que jamás volvería a tener nada que ver con nosotros, así que no tenía idea de dónde conseguir una red flu, y como sabes, no todo el mundo tiene factibilidad de preparar un traslador. Lamentablemente, él no me pudo ayudar en eso.

—Bueno, lo importante es que ya estás aquí— la sonrisa de Harry hizo que su rostro resplandeciera— Aunque hay algo que sigo sin entender. ¿Por qué tenías aquellas pesadillas con flashes de recuerdos?

—Según me contó Alan, aunque él tampoco lo entendía muy bien, parece que la fuerza de mi amor por ti me hizo luchar contra el maleficio. Según sus propias palabras “tu mente olvidó, Severus, pero tu corazón y tu alma no”. Supongo que el ser humano no es capaz de entender todavía la magnitud de la fuerza del amor.

—Bueno— dijo Harry, carraspeando para quitar el nudo de emoción que se había formado en su garganta—. Ahora tenemos que ver qué podemos hacer para que recuperes tu magia. ¿Crees que el doctor McCollunm estaría dispuesto a regresar al mundo mágico y seguir trabajando en tu recuperación?

—Sí— declaró Severus con una sonrisa—. Se lo pedí antes de abandonar Ucrania y dijo que si te recuperaba y deseaba regresar al mundo mágico, él también lo haría.

—Bendito sea— murmuró Harry—. Lo primero que vamos a hacer mañana temprano es ir a buscarlo y traerlo a Hogwarts.

—No, señor— negó Severus, con una expresión que indicaba a las claras que no aceptaba discusión—. Lo primero que vamos a hacer mañana es ir al Ministerio y presentar a nuestro hijo. James es lo más importante. Ya habrá tiempo para buscar a Alan.

—Está bien, papá, está bien— concedió Harry—. Primero iremos al Ministerio y luego marcharemos a Ucrania a buscar a Alan McCollunm. Pero ahora— agregó, levantándose y jalando a Severus—, es mejor que vayamos a la cama.

—¿A la cama?— preguntó el hombre con tono insinuante.

—A dormir— contestó Harry con una carcajada—. Ha sido un día largo y estamos agotados.

—Está bien— aceptó Severus a regañadientes—. Vayamos a dormir. Pero cuando despertemos...

Harry rio aún más fuerte y empujó a su pareja rumbo al dormitorio... a dormir.






Esa mañana, Harry había despertado con la insistente presión de una boca contra la suya y la suave caricia de una mano en su costado. Sin esperar a que la bruma del sueño se despejara por completo, abrió los labios y acercó su cálido cuerpo desnudo a la piel ardiente que lo recibía gustosa. Unos dedos largos y finos hicieron su recorrido hasta reposar en las redondas nalgas, en busca del paraíso. Harry empezaba a frotar su erección mañanera contra la de Severus, cuando unos apresurados golpes en su puerta los trajo de regreso a la tierra.

—Papá Harry, papá Severus, abran.

Al oír la voz de su pequeño, ambos hombres se separaron y respiraron profundamente para recuperar el control. Harry sonrió a su pareja cálidamente mientras Severus ponía un mohín de frustración.

—Bienvenido al mundo de la paternidad responsable— murmuró Harry, mientras los toques en la puerta seguían.

Ambos se echaron a reír francamente, antes de separarse y mirar a la puerta. Con un último suspiró, Harry tomó su varita y luego de lanzar un hechizo poniéndose unos pantalones de pijama a él y otros a Severus, murmuró:

—Alohomora.

La puerta se abrió y una pequeña tromba de cinco años, enfundado en un pijama verde y rojo, se lanzó sobre la cama de sus padres, abrazándolos y besándolos.

—¿Por qué tenían la habitación cerrada? Traté de abrir pero no pude— preguntó el niño con un gesto de disgusto.

—Porque estábamos durmiendo— explicó Harry—. Además, no puedes entrar en nuestra habitación sin llamar primero.

—¿Por qué?— preguntó el niño, desconcertado—. Yo siempre entro en tu habitación sin tocar.

—Pero ahora está papá Severus conmigo, y a veces podemos estar ocupados.

—¿Ocupados en qué?— insistió James.

Al ver que Harry se había quedado sin respuestas, Severus decidió intervenir.

—Ven aquí, campeón— dijo, cobijándolo entre sus brazos—. Son cosas de adultos que sabrás cuando seas un poquito más grande, te lo prometo— al ver que el niño iba a protestar de nuevo, se le adelantó—. Y para que sea justo, nosotros también tendremos que tocar en tu habitación y pedir permiso para entrar. ¿Estás de acuerdo?

¿Sus papás tendrían que pedirle permiso para entrar en su habitación? Por supuesto que estaba de acuerdo.

La sonrisa en el rostro de James era respuesta más que evidente, pero recordando que su niño era hijo de Harry y nieto de James Potter, se apresuró a agregar:

>>Pero eso es un privilegio— advirtió, mirando a su hijo con el rostro serio—. A la primera travesura queda derogado. ¿Está claro?

—Sí, papá— aceptó James abrazando a Severus, aunque ninguno de los dos hombres se hacía demasiadas ilusiones al respecto.

—Bueno, ahora vamos a cambiarnos y a desayunar— propuso Harry mirando a sus dos amores—. Luego dejaremos a este jovencito con tío Remus y tío Draco y nosotros iremos al Ministerio para que se convierta en James Snape Potter.

—¡Yupiiii!— gritó el niño, alborozado.

—Sí, yupiii— siguió Harry—. Pero antes que nada... ¡cosquillas!!— y diciendo esto, comenzó a atacar la cintura de su hijo, en un juego al que pronto se les unió Severus, mientras James se revolvía y reía frenéticamente.






Una hora más tarde, los tres estaban frente a la puerta de los aposentos que compartían Remus y Draco. Luego de tocar y esperar un momento, la imagen preocupada del licántropo se perfiló en el marco de la puerta.

—Remus, ¿qué ocurre?— preguntó Harry de inmediato, visiblemente preocupado.

Remus no respondió, sólo se hizo a un lado para dejarles el paso libre. Una vez que hubo cerrado la puesta, se escuchó la voz también preocupada de James.

—¿Tío Remus, te sientes mal?

—No, mi niño— se agachó a su altura y le dio un abrazo—. Es que tengo un pequeño dolor de cabeza. En la cocina tengo chocolate recién hecho, ¿te gustaría?— preguntó, sabiendo que su ahijado era un fanático del preciado dulce.

—Siii— afirmó James, corriendo hacia la puerta de la cocina.

—James— se escuchó la voz de Severus, llamándolo. El niño se detuvo y se giró hacia su padre, interrogante—. ¿Qué se dice?

El pequeño lució ligeramente avergonzado, y sin una palabra fue hacia Remus y se abrazó a sus piernas.

—Gracias, padrino.

—De nada, mi niño— contestó el licántropo. Luego James se giró hacia su padre una vez más y al ver que sonreía, sonrió a su vez y salió pitando hacia la cocina

—No crees que exageras— preguntó Remus mirando a Severus, divertido—. Sólo tiene cinco años.

—Eso no quiere decir que no tenga que ser educado— replicó Severus, y sin transición, preguntó—: ¿Por qué estás tan preocupado?

Al ver que tanto Severus como Harry esperaban ansiosos su respuesta, señaló hacia unos cómodos sillones, invitándoles a sentarse

—Draco está muy deprimido— comenzó Remus mirándoles fijamente—. Le pegó muy duro saber lo que sufrió Severus a manos de su padre. Se siente culpable.

—¿Culpable?— repitió Harry—. ¿Por qué culpable? Él no es responsable de nada.

—Lo sabe en su nivel racional, pero su corazón sufre, siente vergüenza de que su padre sea un monstruo y aun así ser incapaz de odiarlo— siguió explicando el hombre de ojos dorados—. Él te quiere mucho, Severus, y aprendió a querer a Harry y a James, y se siente de alguna manera responsable por el daño que les hizo Lucius y por la amenaza que aún representa para ustedes.

—Quiero hablar con él— pidió Severus, que hasta ese momento no había dicho palabra alguna.

Remus se le quedó mirando fijamente y asintió. Si alguien podía animar a Draco en este momento, ése era Severus.

—Está en el dormitorio— le indicó—. La segunda puerta a la izquierda.

Mientras Severus caminaba pausadamente su compasión por su ahijado crecía a pasos agigantados. Debía ser muy difícil sobrellevar la cruz de tener un padre tan miserable como Lucius Malfoy.

Tocó suavemente la puerta y, al ver que no respondía, giró el picaporte de manera tentativa. Al ver que la cerradura cedía, abrió la puerta lentamente. La visión que le recibió le encogió el corazón. Draco estaba tendido sobre la cama, mirando el techo fijamente, un rictus de dolor en los labios. Pareció no notar su presencia, pues no hizo ninguna señal que así lo evidenciara.

Severus caminó lentamente y se sentó al borde de la cama.

—Remus te contó, ¿verdad?— las palabras salieron de la boca del rubio pero no hizo ningún gesto por moverse y su expresión se mantuvo intacta.

—Sí— fue la escueta respuesta.

—¿Cómo fue capaz de hacerte eso, padrino?— preguntó con voz dolorida—. ¿Cómo pudo ser tan cruel?

—¿Quién puede saber lo que pasa por su alma atormentada, Draco?— musitó el hombre con igual tono—. Él ha cambiado, Draco, Voldemort le destruyó. Ya no es el muchacho que yo conocí.

—Tienes razón— aceptó Daco mientras una lágrima solitaria resbalaba por su mejilla—. Tampoco es el padre que yo conocí.

Severus enjugó la lágrima y dijo suavemente.

—No es tu culpa, Draco

—Pero es mi padre— más lagrimas empezaron a caer sin control

—Sí, pero no eres tú— se inclinó y tomándolo entre sus brazos lo arrulló contra su pecho.

—Pero él te destruyó— murmuró Draco con la cara enterrada en el amplio pecho—. Y no puedo odiarlo.

—Y gracias a Merlín por eso— replicó Severus—. Lucius es tu padre y hubo un tiempo en que le quisiste y él a ti. No te sientas culpable por seguir queriéndole. Eso sólo quiere decir que eres un hombre con hermosos sentimientos, cosa que yo ya sabía.

El joven rubio se separó de su padrino y se quedó mirando sus negros ojos.

—¿Entonces no me odias?

—Jamás podría odiarte, pues te amo desde el día que Lucius te puso en mis brazos recién nacido y me preguntó si quería ser tu padrino— abrazó una vez más a su ahijado—. Perdóname por no haberlo dicho antes, pero mi coraza personal me lo impidió. Además, tus sentimientos te honran, hijo; nunca dejes de ser como eres, porque así es como te queremos.

—¿Tío Draco, estás llorando?— preguntó una vocecita desde la puerta, antes que un mini huracán corriera hacia ellos y se lanzará sobre el rubio—. ¿Por qué lloras tío? ¿Papá te hizo llorar?

—No, campeón— respondió Draco mientras lo abrazaba—. Es que estábamos recordando y nos pusimos algo tristes.

—Pues para que estés contento, te cuento que mis papás me van a dejar contigo y con tío Remus mientras van a Ministerio. ¿A que es genial?

—Genial— murmuró Draco besándole el tope de su cabecita, mientras miraba a Severus frente a él y a Remus y Harry sonriendo desde el umbral de la puerta. Tenía una hermosa familia, no había motivos para llorar—. ¿Y qué quieres hacer mientras ellos están fuera?

—¿Podemos ir a volar?

—Por mí no hay problema, campeón, pero debes preguntarles a tus papas.

La carita se giró hacia sus padres y estos asintieron, así que el niño, feliz, empezó a trazar planes de vuelo, sentado sobre las rodillas de su tío Draco.






Harry y Severus, con las manos enlazadas, se hallaban parados frente al almacén abandonado que disimulaba el Ministerio de Magia. Harry estaba muy nervioso ante la perspectiva de encontrarse nuevamente con Ben Jonson, el mago de Servicios Sociales que tanto le había mortificado años atrás.

—Entremos— le animó Severus, y al observar sus dudas, murmuró tirando de él en dirección a la cabina de teléfonos—. No te preocupes, amor. Esta vez yo me encargaré de todo.

Ante la seguridad de Severus, Harry emitió una leve sonrisa y se dejó llevar. De repente, se detuvo y se llevó una mano al cuello, sacudiéndolo.

—¿Qué ocurre?— inquirió Severus.

—No es nada, no te preocupes. Sólo era un bicho pero no me picó.

Hicieron su camino en silencio, pasando por todos los controles del Ministerio, y a los diez minutos estaban frente a una puerta con un cartel que decía “Ben Jonson. Servicios Sociales”. Cuando el hombre del interior les concedió el paso, entraron y se plantaron frente al funcionario con las manos entrelazadas.

—Señor Potter— dijo el hombre con el mismo tono desdeñoso de antes—. ¿A qué debo el ‘placer’ de su presencia?— preguntó con tono irónico.

—De hecho— replicó Severus sin dejar a Harry responder—, esta visita es todo menos placentera.

—¿Y quién es usted?— le preguntó ligeramente asombrado.

—Mi nombre es Severus Snape— contestó con el ceño profundamente fruncido—. Y vengo a presentar a mi hijo, James Snape Potter.

—Bueno, el joven Potter ya está presentado— señaló el hombre algo temeroso, la actitud de Severus era imponente—. El proceso de cambio de apellidos es muy complicado y...

—De hecho, ese no es mi problema ni me importa, lo hubiera hecho desde un principio en lugar de amargarle la vida al señor Potter.

—Pero yo...

—Ya le dije que no me importa lo que tenga que decir— espetó Severus, furioso—. Quiero que arregle el problema, y lo quiero ya.

La mano del hombre temblaba ligeramente mientras sacaba unos formatos y los llenaba rápidamente con los datos de Severus. Se los pasó a éste para que firmara y luego los selló.

—Ya está— mencionó guardando el documento y entregándole una copia—. En unos días se le llamará para darle los papeles.

—Más vale que sea rápido— le advirtió Severus. Luego se dirigió al hombre y lo tomó por la túnica, mirándolo con expresión fiera—. Y como se vuelva a meter con mi prometido— el tono se volvió aún más peligroso—, le aseguro que mi próxima visita no será tan cordial.

Empujando al mago sobre el asiento, se giró en redondo, aferró la mano de Harry, y salió de la habitación con paso digno y majestuoso.

—Vaya, si que impactaste al hombre allá adentro— se rio Harry cuando la puerta se cerró tras ellos, dejándolos solos en el pasillo—. Pero no debiste decirle que era tu prometido, puede difundir cosas que no son verdad.

—No creo que hable, está muy asustado— argumento Severus—. Y sobre lo otro— pareció dudar un minuto y susurró—, me gustaría que fuera verdad— al ver que su pareja no entendía, lo miró a los ojos y preguntó—: Harry, ¿te casarías conmigo?

Mientras Harry abrazaba a Severus en pura aceptación, un pequeño insecto que hasta ese momento había permanecido escondido en el cuello del joven, abrió las alas y emprendió vuelo.






—¡No, no, no! ¡No es posible, maldita sea!— gritaba Lucius Malfoy dos días después, mientras agitaba la edición de El Profeta que le acababa de mandar su contacto desde Hogwarts—. ¡Malditos sean, me la pagarán!

—¿Qué pasa ahora?— preguntó Gustav, levantando la vista del libro que estaba leyendo.

—Compruébalo por ti mismo— replicó, lanzándole el diario.

Gustav lo alcanzó al vuelo y, desplegándolo, empezó a leer


El Vencedor de Quien-Ya-Saben Se Casa.

“Si señores, como lo oyen. Después de profundas indagaciones, esta investigadora logró descubrir que Harry Potter, el conocido Salvador del Mundo Mágico, se va a casar próximamente con Severus Snape, antiguo profesor del señor Potter y reconocido ex -mortífago que apoyó al lado de la Luz en la batalla final.

Además, descubrimos que el señor Snape es el padre biológico del hijo del señor Potter, cuya identidad había permanecido oculta hasta el presente

¿Será esta la causa de que Severus Snape abandonara al Señor Oscuro?

Esperen nuevas noticias próximamente

Rita Skeeter.



—¿Se van a casar?— preguntó Gustav asombrado—. ¿Estás seguro que no son invenciones de esa reportera buscando publicidad?

—Es cierto— aseguró el rubio—. Mi contacto en Hogwarts me lo confirmó.

—¿Y ahora qué hacemos?— preguntó Gustav—. Vamos a evitar ese matrimonio, ¿verdad?

—No— replicó Lucius con mirada gélida. Al ver que el otro empezaba a protestar, le cortó bruscamente—. En este momento toda la Orden nos está buscando; si intentáramos algo, no lograríamos llegar a ellos y muy posiblemente nos atraparían— se sentó en un sillón y se quedó pensativo—. Déjalos que se casen y vivan el sueño de que son felices. Nosotros esperaremos pacientemente, y cuando sea el momento, convertiremos ese sueño en una horrible pesadilla.




sevharry






“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
y la esperanza de seguir adelante”
Anónimo


Última edición por alisevv el Sáb Oct 01, 2016 7:02 pm, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: Y algún día, la felicidad. Capítulo 6. Pasando tiempo con la familia   Lun Ago 08, 2016 9:54 pm

Ahhhh debí imaginar qué ese bicho era un espía T-T
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Y algún día, la felicidad. Capítulo 6. Pasando tiempo con la familia
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