La Mazmorra del Snarry


 
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 Corazón en penumbras

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Araleh Snape

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MensajeTema: Corazón en penumbras   Vie Jun 13, 2014 10:20 pm

Resumen:La guerra terminó con un resultado inesperado que provocó que el mundo mágico se sintiera por fin a salvo y feliz… pero no sucede lo mismo para Harry, a él nada ni nadie lo convence que su odio está de más.

Él aún tiene que concretar su propia venganza.

Género: Romance, Drama.
Capítulos: 1
Completo: Sí
Palabras: 5130






Corazón en penumbras






— Me voy a vengar. —amenazó Harry con los dientes apretados mientras miraba su propio reflejo en el espejo, una imagen que lo enfurecía aún más, odiaba ver esas lágrimas de rabia humedeciendo su rostro, quería que dejaran de derramarse pero éstas parecían tener voluntad propia.


Rabioso, golpeó el espejo con sus puños, acto del que enseguida se arrepintió. Ser agresivo dolía, y mucho.


— ¡Tonto, tonto, tonto! —se regañó a sí mismo al tiempo que tomaba una toalla para detener la hemorragia, pero ni loco que acudiría a revisión médica. No quería ver a nadie, odiaba a toda persona que habitaba la faz de la tierra.


Incluso desde hacía un tiempo rompió con toda relación con el mundo entero, y ni siquiera sus mejores amigos se salvaron de su ira. El mundo parecía haberse vuelto loco y Harry no lo comprendía, y tampoco quería entenderlo. ¿Cómo era posible que de repente se les olvidaran años de terror y violencia y dejaran en el olvido su derecho a la justicia?


Toda su vida temió tener que lanzar el Avada que le quitaría la vida a otro ser, pero ahora que le decían que no podía hacerlo, que era una locura, ahora claro que quería blandir su varita y destrozar a ese ser inmundo que la comunidad mágica había perdonado.


Sí, Voldemort había sido exonerado de todos sus crímenes por la simple y sencilla razón de que un hechizo no planeado le había convertido en un inocente y angelical niño de seis años que no recordaba nada de lo que hizo en su vida como hechicero oscuro. Ahora ya no era el Señor Tenebroso, era el Niño luminoso.


Un niño que además, gracias a ese hechizo accidental y en el que se vio involucrada la magia de un dementor, ahora sufría de un peculiar efecto contrario y todo aquel que mantenía un contacto cercano con él podría vivir un brote de gracia que les facilitaba la solución a sus conflictos. El niño emitía una especie de embrujo que ayudaba a encontrar lo perdido, a congraciarse con la adversidad, resolver dilemas y hasta desafiar las maldiciones. Gracias a él decenas de hechiceros recuperaron sus bienes perdidos en la guerra, curaron sus heridas o encontraron a sus seres queridos.


Al principio todo parecía ir bien, pero las personas lo buscaban cada día más hasta el punto de hacer que la vida del pequeño sufriera el agobio de quienes lo necesitaban. Fue por eso que se tuvo que recurrir a una medida extrema: esconderlo.


Pero era tan joven que necesitaba de un guardián que velara por su seguridad, y el actual Ministro Shakelbolt nombró a Severus Snape como tal. Desde hacía seis meses que nadie tenía conocimiento de su causa. Gran parte de los hechiceros terminó por resignarse a que no volverían a ver al niño luminoso.


Pero Harry Potter no era uno de ellos. Él pensaba encontrarlo así fuera lo último que hiciera, y lo mataría. Harry era inmune a su encanto, él era el único que no se lograba convencer por la sinceridad de la inocencia y vivía jurando que en cuanto lo viera, acabaría con Lord Voldemort de inmediato antes de que esa estupidez de tratar al mocoso como una especie de prodigio de ángel terminara y volviera a surgir una nueva época de oscuridad.




———ooo———ooo———ooo———




Una noche, en los límites de un pequeño y escondido pueblo de Suecia, Severus Snape desvió los ojos de su lectura para vigilar al pequeño niño de cabello oscuro que jugaba a sus pies junto a la chimenea.


— Tom, no olvides terminar tu merienda. —le dijo suavemente al ver un plato con cereal olvidado sobre la mesa de centro.

— Ya no tengo hambre ¿puedo dársela a Rayito?


Severus asintió sabiendo que no ganaba nada negándose, vio al niño correr alegremente escaleras arriba a buscar a su juguete preferido, el muñeco de un payaso de trapo. Él mismo se lo había regalado cuando fueron a vivir a ese lugar para compensarlo por la situación en la que vivían. Al pequeño Tom le encantó el muñeco que lucía grandes ropajes con parches que simulaban un traje viejo que parecía unas tallas más grandes del que necesitaba el payasito cuyo cabello estaba hecho de estambre en forma de rizos mal acomodados, y en su rostro relucían unos ojos grandes y verdes.


Antes de que el niño volviera, Severus se levantó de improviso de su asiento. Su expresión se modificó tensándose de inmediato, las alarmas silenciosas se habían activado notificando la presencia de un intruso. Varita en mano fue hacia la puerta que se abrió justo en ese momento. Apretó los labios al identificar al recién llegado, no le sorprendía verlo, si alguien podía localizarlo era él… no precisamente por astucia, pero el destino siempre parecía ayudarle a salirse con la suya.


— Es inútil, Potter. —le advirtió sin bajar su varita—. No le voy a permitir que le ponga una mano encima.

— Es mi derecho, Snape. —dijo caminando hacia el interior de la casa, miró a su alrededor observando el ambiente con desprecio—. Él no merece nada de esto, no merece que le proteja ¿es que se ha olvidado de todas las torturas que sufrió en su propia mano?

— Fue otra mano, Potter, y si yo lo he entendido esperaría que usted también debería hacerlo.

— Usted no se da cuenta que se encuentra bajo el poder de su hechizo, pero yo no soy tan imbécil para caer en su engaño.


Snape sonrió a medias, guardó su arma relajándose de un modo que sorprendió a Harry. Creyó que el enfrentamiento empezaría de inmediato pero por lo que veía, Snape no se mostraba asustado.


— Le reto, Potter. —dijo el ex Profesor—. Le reto a pasar 24 horas con Tom y si después de ese tiempo sigue pensando lo mismo, yo personalmente se lo pondré en bandeja de plata para que haga con él lo que quiera. Pero si no, entonces usted tendrá que dejarle en paz para siempre.

— ¿Qué pretende con eso? ¿Acaso intenta convertirme en una más de sus víctimas y termine adorando a ese pedazo de demonio?

— ¿No dice que es inmune a su magia? Bien, entonces no debería temer nada

— ¡No le temo! —gritó enfurecido—. ¡LO ODIO! 

— Como sea. Tom tiene un hechizo de protección, no puede tocarlo mientras yo viva, así que tendría que matarme primero para poder acceder a él.

— ¿Cree que eso me detendría?

— Dígamelo usted… ¿Aún siente deseo de matarme, Potter? Porque la conversación ha durado demasiado para no haber hecho siquiera ni un intento.


Harry apretó los dientes, quiso mantener su mirada en la de Snape pero le fue imposible. No podía ni quería hacerle daño. Al contrario. El mayor odio que Harry sentía por Voldemort era precisamente haber conseguido embaucar a Snape, volverlo contra él justo cuando podían tener una oportunidad de cambiar las cosas entre ellos. 


Asintió aceptando el reto. Destruiría a Voldemort y rompería su encanto sobre Severus Snape.




———ooo———ooo———ooo———




El Profesor aceptó anular el hechizo de protección permitiendo el contacto entre Harry y el niño, tenía la esperanza de que el joven Gryffindor fuera más listo de lo que se esforzaba por aparentar, aunque realmente no hacía falta hacer mucho para conseguirlo.


Cuando Tom bajó de su habitación y vio al recién llegado detuvo su descenso por la escalera abruptamente. Se abrazó a su payasito de trapo escondiéndose tras de él. No le era desconocida la existencia de Harry Potter, en un par de ocasiones tuvieron que detenerlo para evitar que se le acercara. No tenía duda cuál era la intención del joven de ojos verdes.


Unos ojos que no disimularon su odio. Seguía indiferente al encanto del pequeño Tom, no sentía por él más que un torturante deseo de apretarle el cuello hasta quebrarle su médula, ver su rostro amoratándose suplicando piedad. Una piedad que no estaba dispuesto a conceder.


— Acércate, Tom. —le invitó Severus—. El Señor Potter no te hará daño.

— ¿Puede matarme sin dañarme? —cuestionó indeciso.

— Sé que no tuvieron un buen inicio pero él ha venido a solucionar los problemas entre ustedes.

— Yo no dije eso. —susurró Harry esforzándose por contener su odio—. Por mí que se cuide sus espaldas.

— Potter. —le advirtió serenamente.


Harry frunció los labios, tenía su mano derecha cerrada con fuerza, quizá para obligarse a no buscar su varita y pronunciar la imperdonable tan anhelada ahora. Pero había prometido esperar un día… sólo un día y ese monstruo sería suyo.


Sin molestarse en ocultar lo fingido de una sonrisa, que más bien pareció mueca de desprecio, Harry dio un paso hacia Tom. Sin embargo el niño retrocedió y corrió de regreso a encerrarse en su alcoba.


— Está asustado. —aseguró Snape caminando hacia Harry—. Mañana se sentirá más tranquilo y podrán hablar durante el desayuno.

— No me importa lo que sienta ese engendro, Snape, no le creo absolutamente nada.

— Mi incredulidad es hacia ti. —comentó el Profesor sujetando inconsciente la mano de Harry—. No eres un canalla, Harry Potter, esa resistencia a verlo como sólo un niño debe ser tu deseo a no ser nuevamente herido.


Harry no pudo responder, apenas había logrado prestarle atención, todos sus sentidos estaban centrados en la sensación de la mano de Snape envolviendo la suya. El corazón se le había detenido, el alma entera se le petrificó, su cerebro giraba palpitando como una bomba, y lo único que podía pensar era en que Snape tenía más influjo en sus emociones que mil guarderías atiborradas de Voldemorts en pañales.




———ooo———ooo———ooo———




Esa noche, a Harry se le dificultó conciliar el sueño, miraba su mano sintiéndose una colegiala bobalicona suspirando por su Profesor. Le avergonzaba un poco, pero de cualquier manera también se sentía más vivo que nunca, estaría dispuesto a intentar un acercamiento más íntimo con Snape si no fuera porque ahora debía concentrarse en su principal objetivo. Si no lograba deshacerse del mocoso entrometido Snape jamás se libraría de su hechizo.


Giró sobre sí mismo acomodándose mejor en la cama. Daría cualquier cosa por tenerlo ahí a su lado, dormir abrazado a él, sintiendo su calor acariciando su cuerpo y…


Splash!


Harry no supo qué pasó, pero de repente su cama se transformó en un colchón de agua. Lo terrible del caso es que él apareció atrapado dentro de él. Quiso romperlo pero le fue imposible, por más que empujaba no lograba romper el resistente material, el aire empezaba a faltarle invadiéndole de terror. Ni siquiera funcionó su intento de Desaparecerse, simplemente estaba ahogándose sin remedio.


De pronto la puerta de su cuarto se abrió, y la figura de Snape apareció en el umbral quien al ver lo que sucedía corrió de inmediato a auxiliarlo. 


Harry ya casi no tenía fuerza, salían burbujas de aire de su boca y nariz mientras que usaba su último intento en arañar el colchón sin causarle ningún daño. Justo cuando pensó que todo estaba perdido, que lo último que vería en su vida eran los ojos alarmados de Snape, entonces todo terminó.


El Profesor logró romper el hule que envolvía el colchón y una cascada de agua se desparramó por toda la habitación. Se apresuró a sujetar a Harry entre sus brazos, para ponerlo a salvo lejos de la cama.


El chico tosía desesperado por sacar el agua de sus pulmones mientras que sus manos se aferraban a la túnica mojada de Severus quien también le estrechaba asustado contra su pecho.


Fue entonces que a Harry le pareció ver una sombra abandonar su habitación pero estaba demasiado débil para mencionarlo.




———ooo———ooo———ooo———




Unos minutos más tarde, Harry apenas podía creer lo sucedido, sin embargo, tampoco tenía deseos de recordarlo demasiado. Snape les había secado con un hechizo y aún en brazos le llevó hasta su habitación recostándole en su cama sin dejar de cobijarlo con su abrazo.


— ¿Te sientes mejor, Potter? —preguntó Severus, su voz sonó tan íntima que Harry se estremeció y en su intento de disimularlo se aferró instintivamente más a él.

— Creo que sí.

— ¿Se puede saber qué fue lo que sucedió?


En ese momento Harry recordó la sombra deslizándose fuera de su habitación y muy a su pesar, el odio que sentía le frustró el placer de continuar enredado a Snape.


— Fue ese monstruo. —aseguró rechinando los dientes—. Te lo dije, Snape, los está engañando a todos.

— Te equivocas, Potter, es sólo un niño y está totalmente comprobado, no solamente Kingsley hizo cuanta prueba necesaria, yo me aseguré también.

— No me importan esas pruebas, y no sé cómo es que precisamente tú te has dejado convencer sabiendo como es Voldemort.

— El Señor Tenebroso ha muerto, no es el mismo que ven tus ojos y no seas tú quien quiera ocupar su lugar. Pero prefiero que no hablemos más de eso, has pasado por una experiencia complicada y será mejor que descanses, te dejaré solo.

— No. —se negó armándose de valor—. Quédate conmigo esta noche.




———ooo———ooo———ooo———




Cuando Harry despertó al día siguiente se desilusionó al no ver a Snape a su lado, sin embargo aún podía oler su aroma impregnado en las sábanas. Abrazó la almohada pensando que sería feliz si despertara cada mañana aspirando la huella de su ex Profesor.


No quiso regresar a su habitación y comprendió que Snape intuyó su deseo pues su ropa estaba en una silla próxima a la cama. Se cambió para bajar a buscarlo, seguramente estaría en la planta baja. Apenas iba en la escalera cuando escuchó una suave risa infantil que le retorció los intestinos. Casi se había olvidado de la presencia de su jurado enemigo.


Lo odió más al descubrir la escena que presenciaban sus ojos. Snape estaba en su sillón junto a la chimenea y el niño estaba en su regazo peinándole el largo cabello oscuro con sus infantiles dedos.


— Me dejaré crecer el pelo como tú. —comentó el niño ilusionado—. Así pareceremos más como padre e hijo ¿verdad?

— ¿Y eso te gustaría?

— Mucho, eres lo único que tengo, Severus. —dijo tomando una falsa tiara de diamantes que colocó sobre la cabeza del pocionista que no parecía ofendido por el adorno, al contrario, sonrió en respuesta a la pequeña travesura.


Desde su lugar en la escalera, Harry no pudo evitar pensar que realmente parecerían padre e hijo. Ambos de cabello y ojos oscuros, piel pálida y complexión delgada… aunque las facciones del niño eran más delicadas, casi como si fuera realmente un ser frágil. Pero no se dejaría convencer por las apariencias. Carraspeó para llamar su atención y de inmediato Snape se quitó la tiara mientras que el niño dejaba de reír y corría a ocultarse detrás del sillón.


— Buen día, Potter, el desayuno está listo ¿cómo amaneciste?

— Vivo, para contrariedad de cierta persona, si es que se le puede llamar así.

— Veo que no has perdido tu gran distintivo. Me asombraría menos verte bajar en tanga de leopardo que desnudo de obstinación.

— Siempre he admirado tu sutileza, Snape, es mucho mayor que tu afamada inteligencia, me asombra que hayas podido pasar años engañando a ese engendro y ahora sea él quien se burla de tu ingenuidad.

— En pocas horas serás tú quien comprenda lo equivocado que está… ¿se te hace conocida la anécdota?

— Pareces muy seguro, que pena.


Harry bajó lentamente la escalera. A pesar de la discusión con Snape no se sentía enfadado cuando le veía directamente a los ojos y el ex Profesor tampoco parecía molesto. A pesar de que su conversación giraba en torno al pequeño Tom, ambos tenían en mente una noche en los cálidos brazos del otro.




———ooo———ooo———ooo———




Durante la cena el estómago de Harry sufría de una gama de sacudidas que le quitaron el apetito. Veía a Snape y sentía calor y un fuerte deseo de regresar a sus brazos, pero no solamente quedarse quieto, soñaba con unir sus labios a los suyos y succionarlos hasta el cansancio. Casi estaba seguro que la mirada de Snape interesado también en su boca era una señal de que el hombre deseaba lo mismo.


Sin embargo, cada que escuchaba la voz del niño o recordaba su presencia, toda sensación agradable desaparecía para dar cabida al desprecio más profundo. Hubo incluso un momento en que se sorprendió sujetando fuertemente un tenedor e imaginándose clavándolo en el pecho de la criatura.


— ¿Tom, puedes ir un rato a jugar en la estancia? —preguntó Snape al notar el ambiente tenso entre el niño y Harry.


Tom asintió y sin decir nada más tomó su payasito y salió de la cocina con pasos suaves, como si no quisiera hacer el menor ruido.


— ¿Puedes dejar de mirarlo de esa manera? —le recriminó cuando se quedaron a solas.

— ¡Quiso matarme, Snape!

— ¡Él no pudo hacerlo! Tom es sólo un niño, Potter.

— Es su apariencia, pero su alma… no, me retracto, esa cosa no tiene alma, su interior es un demonio, el más peligroso de todos si ha sido capaz de hacerte creer que es tan inocente como un niño.

— Sólo habla con él y te darás cuenta que es imposible que finja tan bien. ¿Has visto su payaso de trapo? Lo adora, se llama Rayito, y si lo miras bien sabrás porqué.

— ¿Quieres que hable con él? te daré gusto. —dijo poniéndose de pie—. Lo único que quiero es demostrarte que el equivocado eres tú. 


Harry salió de la cocina tras del niño, iba a ser difícil enfrentarlo sin hacer ningún intento por matarlo, pero no pensaba perder la confianza de Snape.




———ooo———ooo———ooo———




Tom jugaba en la alfombra con su inseparable juguete y cuando vio a Harry se quedó quieto y expectante.


Harry respiró hondo, aquello no sería fácil. Fue a sentarse junto a él pero ni por error logró asomar una sonrisa en su rostro, casi le satisfacía ver al niño mirándole con temor.


— Snape dice que eres un niño inofensivo, me reiría pero sé que él no acostumbra hacer chistes. Tú y yo sabemos que no eres más que una pantomima.

— Me odias porque lo quieres ¿verdad?

— No, te odio desde antes de amarlo. —le confesó sin importarle expresar sus sentimientos, por el contrario, quería que lo supiera, quería verlo explotar hasta el punto en que le resultara imposible continuar con la farsa.

— ¿No te gustaría ser mi papá también? 

— Primero prefiero esterilizarme.

— Eso ha sido hiriente, Potter. —dijo el niño, y Harry entrecerró los ojos ante la manera en que pronunciaba su apellido.

— He de felicitarte, pocos son los niños de seis años que sabrían entender esa ofensa… ¿qué pensarías si te digo: Jódete, pequeño bastardo?

— Pensaría que estás desesperado. No sé porqué nos has seguido, podrías quedarte alejado de nosotros y rehacer tu vida, pero no lo hiciste, creo que más que a mí, es a Severus a quien buscabas ¿estás celoso, acaso?

— ¿Sabes, Tom? A suerte de que suene a cliché, no te saldrás con la tuya.


Tom hizo un puchero típico de un niño herido, sus tiernos ojos brillaron de lágrimas que resbalaron por sus blancas mejillas.


— Mira. —dijo mientras hacía a un lado el enredado cabello de su payasito de trapo y Harry vio que en su frente estaba dibujado un rayo con un marcador negro—. Se llama Rayito por ti… Severus dijo que no debía tenerte miedo y que de esa forma podía familiarizarme contigo.

— Ah, una terapia de risa.

— Sí, me reí mucho de su ocurrencia.


Los labios de Harry se fruncieron de ira, pero en su mirada brilló el triunfo, Tom había decidido dejar de actuar y lo comprobó cuando el niño se limpió las falsas lágrimas mientras sonreía malicioso.


— A riesgo de continuar con los clichés, Potter… te mataré, así sea lo último que haga.




———ooo———ooo———ooo———




Esa tarde, Harry supo que no iba a ser tan fácil que Voldemort dejara de fingir frente a Snape. Los vio platicar sobre un libro infantil que leían juntos y ambos parecían estar disfrutando mucho de su compañía.


— ¿Entonces el dragón no se los comió? —preguntó el niño con tal curiosidad que Harry no pudo evitar bufar incrédulo.


Severus le envió una mirada de reproche pero prefirió ignorarlo y responderle al niño con toda su paciencia. Al verle así, Harry sintió más odio por Voldemort del que había sentido hasta ese momento, no creía perdonarle nunca tener a Snape tan sometido a su influjo.


Por su parte, el ex Profesor intentó en varias ocasiones integrar a Harry a la conversación pero siempre fracasó estrepitosamente, el joven Gryffindor no ponía nada de su parte. 


Durante la cena, Harry siguió desconfiado los movimientos del niño y estuvo casi seguro de haberlo visto mover los labios casi imperceptiblemente cuando pasó cerca de su plato. Eso fue suficiente para no querer probar bocado, y en cuanto tuvo la primera oportunidad se deshizo de la comida. No sabía si estaba quedándose sin cenar inútilmente pero no correría ningún riesgo.




———ooo———ooo———ooo———




Después de dormir a Tom, Severus bajó nuevamente a la estancia donde Harry esperaba tomando un poco de té. Llevaba consigo un par de mantas y una almohada que tendió sobre el sillón más largo.


— ¿Qué haces, Snape?

— Te cedo mi habitación para que duermas tranquilo. —respondió esquivándole la mirada, lucía más serio de lo habitual.

— ¿Estás molesto conmigo?


Severus respiró profundamente antes de girarse hacia el chico que había dejado la taza de té sobre la mesa para mirarle preocupado en espera de la respuesta.


— No estás poniendo nada de tu parte, Potter, y dijiste que lo harías.

— No, dije que permitiría que pasaran 24 horas sin intentar matarlo y así lo he hecho, ha sido él quien quiere acabar conmigo, si pudieras ver más allá de tus narizotas te darías cuenta que tengo razón.

— Como sea, creo que esto no está funcionando.

— Para mí sí lo está, pronto se cumplirá el plazo y tú tendrás que permitirme…

— No lo haré. —negó con determinación—. Y tú vas a tener que desistir de semejante locura si no quieres…

— ¿Qué? ¿Enfrentarme a ti por él?

— No, penosamente no me siento capaz de volver a levantar la varita en tu contra… sin embargo, esta vez no habrá modo alguno de que puedas volver a encontrarnos.


Harry se levantó palideciendo, la sola idea de dejar de verlo le apretujaba el corazón y más si la razón era ese sentimiento equivocado por quien no lo merecía.


— No lo elijas a él, Severus… por favor. —le pidió llamándolo por su nombre por primera vez, no pudo controlar la angustia que le embargaba y su voz reveló su ansiedad y tristeza.

— Harry…


Harry no dejó que terminara una frase que podía significar una elección perdida, se abalanzó a sus brazos besándolo ardientemente. Y para su placer, Snape le correspondió avorazado.


Dejó de pensar en todo, Voldemort desapareció de su vida para quedar solamente él y Snape besándose con locura, ambos con un sentimiento de ansiedad, no queriendo perderse y temiendo que no hubiera otro remedio. Cayeron sobre el sofá y la ropa fue desapareciendo de sus cuerpos.


No sabían que sucedería después, pero esa noche era suya y nada más.




———ooo———ooo———ooo———




Era de madrugada, y después de haber vivido la entrega más alucinante de sus vidas, Harry y Severus no podían dejar de mirarse y acariciarse recostados el uno sobre el otro en el sofá.


— No ha sido un sueño ¿verdad? —suspiró Harry mientras recibía otro beso, su cuerpo aún sufría estremecimientos de placer, no creyó que hacer el amor provocara tanta felicidad.

— Si lo ha sido fue el más hermoso que se puede tener.

— ¿Será muy intenso decir ahora que te amo?

— Quizá un poco, pero por lo menos la declaración no vino acompañada de un majestuoso ramo de flores. Me gusta tu intensidad casi tanto como tu sabor, Harry Potter.

— ¿Y… qué va a pasar ahora?


Severus sabía bien de lo que Harry preguntaba y era el cuestionamiento más complicado de su vida.


— Acéptalo en nuestras vidas, hazlo por mí. —le suplicó casi sin esperanza.

— Por ti haría cualquier cosa… menos eso. —respondió con dolor—. Perdóname, Severus, pero lo vas a entender cuando él esté muerto y desaparecido todo embrujo que te mantiene enceguecido.

— Quisiera creerte, pero sé que no es así. No puedo permitirte que lo mates, no solamente porque creo en su inocencia, sino porque creo en la tuya. La oscuridad no es para ti, Harry, no puedes manchar tu espíritu por el odio.

— ¿Y entonces? ¿Huirás con él? —cuestionó entristecido—. ¿Desaparecerás de mi vida, Severus?... ¿Lo eliges?

— No podría. —confesó hundiendo su rostro en el cuello de Harry—. Creí que eso es lo que tenía que hacer, creí que esta noche me ayudaría a sobrevivir una vida sin ti… pero no puedo. 


Una inmensa alegría fue invadiendo el corazón ya henchido de felicidad de Harry, pero duró solo un instante. Sus ojos descubrieron una figura infantil en lo alto de la escalera, y aún en la penumbra pudo notar la mirada escarlata de Voldemort. Quiso decir algo pero justo en ese momento el niño sacó una varita del interior de la ropa de su payaso de trapo y la colocó sobre la frente de éste, justo donde estaba el rayo dibujado con plumón.


Un dolor intenso invadió el cerebro de Harry, su grito de sufrimiento alertó a Severus quien se apartó asustado al verlo retorcerse con las manos en la cabeza.


— ¡Harry! ¡¿Qué sucede?!


Harry quería responderle pero no podía, su boca no podía emitir más que ese gemido de tortura, el dolor se iba intensificando a cada segundo, parecía que la cabeza le explotaría de un momento a otro. Intentó sacar su varita pero las fuerzas le abandonaban, muy lejanamente escuchó la voz de Severus pero no lograba entenderle nada.


Nuevamente sintió que moriría y quizá sería la solución perfecta, ya solamente quería dejar de sentir ese dolor. Pero no podía rendirse, su muerte significaba la esclavitud de Severus, así que hizo acopio a toda su fuerza y señaló hacia la escalera. No sabía si Severus sería capaz de ver lo mismo que él veía, pero rogaba que sí.




———ooo———ooo———ooo———




No supo cuánto tiempo había pasado, pero cuando Harry abrió los ojos aún dudaba si estaba vivo o no. Su cerebro tenía residuos de dolor pero nada comparado a lo que había sufrido en un principio. Su mirada borrosa lo primero que enfocó fue el rostro que amaba, pero eso no le dio demasiada felicidad, Severus tenía una expresión desolada, sus ojos lucían enrojecidos y las mejillas aún delataban huellas de llanto.


— No te muevas aún. —le dijo sosteniéndole en brazos, aún estaban en la estancia principal pero Harry no tenía idea de cómo había ido a caer al suelo.

— ¿Qué… pasó?

— Pasó… pasó que no podía perderte.


Harry notó un ligero quiebre de voz en Snape y sus ojos negros brillaron con intensidad, con un dolor que nunca imaginó ver en ellos de esa manera. Giró el rostro y vio el cuerpo inerte de un niño a muy poca distancia de ellos.


El rostro del joven Gryffindor se contrajo de horror. No por la muerte de quien odiaba con cada fibra de su ser, sino por comprender lo que significaba. El hechizo debió haber terminado, Severus no tenía porqué estar sufriendo y sin embargo aquel sentimiento en sus ojos no podía ser otro más que agonía.


— Severus…

— Tuve que hacerlo. —musitó entrecortadamente—. Será algo que no me perdonaré nunca, pero tampoco nunca podría arrepentirme. Entre él y tú, no pude dudarlo más.

— Lo siento, en verdad lo siento mucho.

— No lo sientas, no lleves este peso en el alma, mi niño, porque entonces nada habría valido la pena.


Harry asintió sin poder contener un par de lágrimas, en ese momento habría dado lo que fuera por aliviar el corazón de Severus, un corazón que vivió engañado en las penumbras pero que la luz tan solo logró herirlo más.







———ooo———ooo———ooo———





FIN





———ooo———ooo———ooo———















Última edición por Araleh Snape el Dom Jun 15, 2014 5:54 pm, editado 1 vez
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alisevv

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MensajeTema: Re: Corazón en penumbras   Sáb Jun 14, 2014 9:02 pm

Como te dije en SH, ese pequeño chuky me estaba empezando a caer bien hasta a mí, y resulta que Harry tenía razón. Pobre Sev, cuanto sufrió

Que bueno que tu muso se animara a escribir.

Besitos mil, preciosa






“No es el árbol, ni la chimenea.
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Anónimo
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Mahozahamy Arisugawa
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MensajeTema: Re: Corazón en penumbras   Lun Jun 16, 2014 1:23 pm


<--sm1 -- (Boba que se quedó enamorada del pequeño Tom al principio)

Me engañó totalmente.  gift  Hasta creí que su primer intento de asesinato había sido por que tenía miedo de Harry y quería que se fuera de su casa. Pobre Severus. Tuvo que sufrir mucho.

Increíble historia. Me encantó.
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meryneko
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MensajeTema: Re: Corazón en penumbras   Mar Jun 17, 2014 7:11 am

La historia es impresionante, me ha dado penita de Sev y el final ha sido muy triste y tierno.
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Yuki Fer
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MensajeTema: Re: Corazón en penumbras   Jue Jun 19, 2014 6:22 pm

oh no...realmente pense que harry estaba equivocada que solo estaba paranoico..pero veo que si tenia razón lastima que el unico que salio herido por asi decirlo fue sev...  Crying or Very sad  las heridas del corazón esas jamas se curan..u_u
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Helen Black P
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MensajeTema: Re: Corazón en penumbras   Miér Jul 02, 2014 12:32 pm

muy buena historia, sentí mucha lastima por Severus, creo que el fue el mas afectado en esta historia
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yatta
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MensajeTema: Re: Corazón en penumbras   Vie Jul 04, 2014 1:45 pm

oh! aqui tampoco deje review!
en un tiempo aca estoy con los Tomrry, y por unos segundos quise creer en la inocencia de Tom pero que le den! Sev hizo muy bien en proteger lo que ama y se que harry no lo culpara y lo ayudara a superar esa penumbra!
gracias por el fic!!
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lady_chibineko
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MensajeTema: Re: Corazón en penumbras   Jue Feb 12, 2015 8:50 pm

Tom si que supo jugar sus cartas, nos engañó a todos... menos a Harry. ¿Pero que quería? supongo que tenía todo el tiempo del mundo para ganarselos a todos y luego ser el dueño del mundo mágico... pero Harry, bueno. Harry es Harry y no lo pueden engañar fácilmente.

Me dio pena por Snape, eso si. El pobre.
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Gabriela Cruz
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MensajeTema: Re: Corazón en penumbras   Jue Feb 12, 2015 9:21 pm

Estuvo genial, te felicito.
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