La Mazmorra del Snarry


 
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La Mazmorra del Snarry... El escondite favorito de la pareja más excitante de Hogwarts

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 Logrando lo imposible capitulo 12

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IndraSnape
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MensajeTema: Logrando lo imposible capitulo 12   Mar Jun 10, 2014 1:25 pm

Sentí el suave piso de mármol sobre mis rodillas, el oyó de mi pecho se desgarro dolorosamente y las lágrimas salían a borbotones por mis ojos inundando mis mejillas y dejando un sabor salado al pasar por mi boca, tuve que apoyarme también con las manos porque sentía que en cualquier momento me iba a desmayar.

“Esto no puede estar pasándome… no por favor” me gritaba en mi fuero interno.

No podía estar en esa casa ni un minuto más, deje la “invitación” y todos los papeles que esta tenia tirados por el piso, me pare rápidamente y tome las llaves del Porche de Diana que estaban sobre la mesita. Salí pitando hacia el garaje.

Me subí al auto y salí a toda velocidad, sabía que tenía algunos minutos antes de que Diana me viera y me intentara detener, así que acelere un poco más.

Salí por el camino de terracería a 110 km/h y me dirigí hacia la ciudad. Ya empezaba a aclarar afuera, aunque la ciudad seguía vacía o eso era lo que yo veía, ya que gracias a la velocidad a la que iba todo se veía como manchones sin color, todo a blanco y negro, aparte de que las lágrimas eran otro factor por el cual no se veía nada con claridad.

“Harry James Potter eres la persona más estúpida que hay, ¿Cómo pudiste concebir esperanzas otra vez?” me gritaba mi conciencia. Y era la verdad, había concebido esperanzas inclusive antes de que sucediera algo de importancia. ¿Por qué Severus me había hecho esto? ¿Por qué ayer se había portado tan caballeroso y tierno conmigo y hoy me lastimaba de esa manera? Las lágrimas seguían cayendo mientras sentía que mi corazón se iba partiendo lentamente en mil pedazos, haciendo el dolor aún más fuerte.

El velocímetro estaba ya en 180 km/h y subiendo, los sollozos salían por mi boca privándome del aire para respirar, “¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué me sucedía esto?”.

Pase el letrero que decía “Bienvenido a Londres” a 200 km/h, no podía estar en este pueblo, ni tampoco en Golden, tenía que salir de aquí, de cualquier cosa que pudiese tener su esencia, aunque sabía perfectamente bien, que más que las cosas yo mismo era él que lo invocaba a cada minuto que pasaba, puesto que aunque el ya no me amara yo sí, con cada una de las células de mi cuerpo, con cada uno de los pedacitos que quedaban de mi corazón, con cada una de las lágrimas que salían por mis ojos adoloridos, con toda mi alma.

No sabía bien a donde me dirigía, ni era algo que realmente me importase demasiado, solo sabía que el auto tenia tanque lleno, así que podía ir a donde quisiera.

El dolor en mi pecho se agrando una vez más, impidiendo respirar por completo, pero aun así no me detuve, tenía que alejarme de ahí lo más pronto posible, sabía que Diana aun así no me podría ver, porque no había tomado ninguna decisión de a dónde irme. “Una decisión espontanea” murmure en mi fuero interno.

Las imágenes de todo lo que había sucedido desde que lo conocí me inundaron la cabeza, el primer día del claro, nuestro primer beso, la graduación, mi último cumpleaños, el día de su regreso, aquella noche en la que estuvo en mi cuarto, ayer que me tuvo entre sus brazos sin importarle el dolor que me estaba causando al darme otra vez esperanzas y luego tirarme a la basura como un muñeco de trapo.

El aire se me fue por completo y las lágrimas por fin me nublaron por completo mis ojos, me tenía que detener, así que me detuve en un mirador que daba hacia un sendero, todo era verde… todo igual que en Londres… un planeta alienígena.

Baje del auto sin siquiera importarme en cerrar la puerta, corrí hasta donde mis piernas pudieron y ahí me deje caer sobre mis rodillas.

-¡NO PORFAVOR!- grite con toda la fuerza que me quedaba en mis pulmones de por sí ya agitados, mientras los sollozos salían de nuevo por mi boca.

Cerré los ojos una vez más dejando que las lágrimas saliesen, levante mi cara para que diera al cielo, que por cierto estaba extrañamente limpio, sin rastros de nubes que amenazasen con dejar salir las gotas de lluvia.

Me deje caer en aquel abismo negro en el que ya me era demasiado familiar, deje que mi mente vagara en los más recónditos rincones de mi maldita existencia, dejándome caer así en un estado de estupor que calmo un poco el dolor que sentía.

Los rayos de sol me daban en la cara, sabía que Diana no podría acercarse aquí ya que no podía salir al sol sin causar un choque, “un lugar con sol, un lugar donde siempre haya sol” me dije en mi fuero interno, intentado pensar en todos los lugares que hubiese soleados para poder ir, no quería estar ni un momento más en Londres.

A mi mente regreso la imagen de aquella invitación color marfil con letras doradas y negras, aquel maldito papel… ¿Cómo algo tan simple podía causar tanto dolor?... “el ya no te ama… y nunca lo hará…” me dije en mi fuero interno.

-Se van a casar- Murmure suavemente mientras otras dos lagrimas gordas caían por mis mejillas.

Las oleadas de dolor que me habían llegado antes no eran nada comparadas con las que me llegaban en el momento en que pronuncie esas palabras, sentía como si por cada una de esas letras mi corazón recibiera una descarga eléctrica.

El amor, las esperanzas, la vida, su sentido en si ya no tenían ningún tipo de significado que realmente importara para mí. Sentía mi interior destrozado, sentía mi cuerpo sin vida.

No supe realmente cuanto tiempo estuve así, hincado y con la luz en la cara, tampoco era que me importase demasiado, solo fui consciente que el sol cada vez se iba poniendo más alto, hasta quedar casi sobre mí.

Por fin abrí mis ojos, ya sin lágrimas pero aun así rojos e irritados de tanto llorar, aun sentía que me faltaba aire pero sabía que tendría que salir de ahí antes de que fuera demasiado tarde.

Me levante lentamente y subí al auto, arranque a toda velocidad y tome la carretera, no me importaba a donde me dirigía pero tenía que ser en algún lugar donde pudiera estar alejado de los demás.

En sí, si Bellatrix me encontraba o no, si me mataba o me perdonaba ya no me interesaba en lo más mínimo, una vez más la vida había dejado de tener importancia para mí.

El velocímetro estaba de nuevo en 180 km/h y subiendo; nunca me había gustado demasiado la velocidad, pero hoy la necesitaba.

Seguí conduciendo con el acelerador hasta el fondo. Mientras conducía una imagen demasiado macabra me vino a la mente. Un arco lleno de flores blancas, debajo de este Severus con un smoking negro, mi sonrisa preferida de lado dibujada en su cara y sus ojos chispeantes de alegría… a su lado, Andre vestido de modo similar que Severus y su sonrisa burlona, este pensamiento hizo que me estremeciera lo sabía, o era idiota o era masoquista para poder imaginarme eso, pero ¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Lastimarme más? me parece que eso era física y mentalmente imposible.

Algo comenzó a vibrar en el bolsillo de mis pantalones sacándome así de mis pensamientos, era mi celular no recordaba el haberlo traído conmigo. Lo saque y vi que en la pantalla decía Diana, no conteste sabía que esto era un error, que lo más probable es que mi vida estuviese en peligro porque no tenía a nadie quien me protegiese de Bellatrix pero para mí eso ya no tenía importancia, así que avente mi celular al asiento del copiloto y deje de prestarle atención, aunque sabía que este no dejaría de vibrar en un buen rato.

Conduje a toda velocidad por la carretera, pensaba en ir a Inglaterra pero sabía bien que ahí se encontraba Lestat–Que lo más probable es que ya estuviese informado de mi huida -Me detendría.

Pase de largo Inglaterra a toda velocidad y seguí manejando, intentando sacar a mi mente del ensimismamiento y estado de sopor en el que se encontraba.

“se van a casar…. Se van a casar… y no hay nada que puedas hacer al respecto IDIOTA!!!” me repetía todo el tiempo en mi mente, aunque sabía lo que estas palabras significaban no las podía entender no me podía imaginar a Severus, mi Sev “no idiota ya no es tuyo”-Me susurre mentalmente- Casado con Andre.

Otra oleada de dolor me recorrió el cuerpo, aunque ya me comenzaba a acostumbrar a la extraña sensación de vacío con dolor que tenía en mi pecho.

Seguía conduciendo, la flechita del velocímetro ya tocaba el lado derecho, pero seguía sin importarme. El sol cada vez se ponía más alto, según mis dudosas cuentas ya eran pasadas del medio día. Pero eso aún seguía sin importarme.

A mi mente se vino la imagen de Louis en la cama de hospital, sabía bien que si Bellatrix acababa conmigo todo sería más fácil para todas las personas que me rodeaban, esa idea nadie me la podría sacar de la cabeza “todos estarían mejor… mucho mejor” me decía una y otra vez en mi fuero interno intentando memorizar aquellas palabras.

Conduje hacia el rumbo de Paris, no importándome que el viaje fuera de tres días, aunque la última vez que había ido solo había sido de uno, una sensación de Deja vu me lleno el cuerpo, esto era como la vez que iba huyendo de Tom y Bellatrix cuando iba con Diana y Albafica en el Mercedes de Lestat. Gracias a dios Clemence se había quedado con la casa después de mudarse a Jacksonville, según ella era una “excelente inversión”

Las palabras de Severus se me vinieron a la mente “ahora tu eres mi vida… mi vida… mi vida…” y ahí se quedaron flotando por un buen rato. Llego la tarde, y con ella el crepúsculo que se ponía frente a mí.

Sabía que podría quedarme en la casa de mi madre sin problema alguno, traía un juego de llaves así que podría llegar, estaría ahí uno o dos días hasta que estuviera lo suficientemente listo para regresar y enfrentarme a mi maldito destino, “si es que regresaba” murmure en mi fuero interno.

De haber podido hubiese acelerado más, pero la flecha ya estaba en el tope, jamás había ido a esta velocidad, pero sabía que entre más alejado de Londres estuviera más seguras estarían todas las personas a las que amo.

Deje que mi mente se metiera de nuevo en aquel estado de catatonia en el que me sentía un poco más seguro, pensé en mi vida antes y después de haber conocido a Severus Snape y en todo lo que esto me traería. ¿Cómo pude caer en esto? ¿La vida realmente me odiaba tanto?, el dolor del pecho se incrementó hasta casi dejarme sin aliento, mientras seguía perdido en los confines de mi existencia. Seguí conduciendo hasta que empecé a tener sueño pero para ese entonces como por arte de magia ya me encontraba en las afueras de Francia, al darme cuenta de esto me impresione, tendría que haber conducido a casi el triple del límite de velocidad para poder llegar en un solo día a Paris.

Dure veinte minutos más en cruzar la ciudad y llegar a mi casa, aparque el auto en el garaje, tome mi celular del asiento del copiloto y me baje a trompicones del auto, con la espalda dormida y los ojos casi cerrándose del sueño.

Abrí la puerta con la llave que estaba debajo del alero y la cerré detrás de mí, la casa estaba a obscuras, pero la luz de la luna se colaba por la ventana.

Subí casi dormido a mi habitación y me deje caer sobre mi cama, gire un poco mi cabeza para poder ver hacia la ventana. Luna Nueva. Temblé aunque no tuviera frio.

Y ahí fue cuando me deje ir en los brazos de Morfeo, esa noche no soñé con nada estaba demasiado cansado y demasiado adolorido como para poder tener pesadillas. Solo dormí con aquella extraña sensación que ya se hacía un poco más familiar, la sensación de que me faltaba algo en mi pecho, el dolor que sentía y el vacío que añoraba llenar.

Abrí mis ojos al día siguiente, la potente luz del sol entraba por mi ventana traspasando las cortinas, había dormido horas pero para mí parecían segundos, tenía miedo de despertar porque sabía que hoy me tendría que enfrentar con la realidad que gritaba mi nombre, el dolor en mi pecho aún no se iba y mis ojos ya no eran capaces de dejar salir las lágrimas, parecía como si estos se hubiesen secado por completo.

Me estire en mi cama, aun adolorido de la espalda, pero más dolor me causaba el agujero imaginario en mi pecho. Me levante intentando despabilarme así que fui al baño y me moje la cara para así salirme de mi estado de ensoñación.

Por primera vez desde hace algunos días me veía en el espejo, me veía realmente diferente. Mi cara ya no tenía ni una chispa de vida, parecía un zombi pero eso no me impresiono, es decir, ¿Cómo esperaba estar después de que mi vida había dejado de tener sentido? ¿Feliz, alegre y cantando canciones de un musical?.... no. Eso nunca iba a suceder, la alegría se había esfumado de mi vida.

Suspire dándome el último vistazo en el espejo antes de salir del baño y regresar a mi habitación. Tome mi celular y vi “¡¿432 LLAMAS PERDIDAS?!” grite en mi fuero interno. Diana realmente tendría que estar preocupada. Así que junte todo mi valor y marque su número, sabía que era lo que me esperaba al otro lado de la línea, así que respire profundamente. El teléfono no sonó ni dos veces cuando contesto.

-“Harry James Potter, ¿Dónde estás?”- grito literalmente por el teléfono.

-Calma Diana, estoy bien… no te preocupes- Murmure lo más suavemente posible.

-¿Qué no me preocupe? ¡¿Qué no me preocupe?! Harry si no fuera porque soy inmortal ya me hubiese dado un infarto, Eileen está casi muerta porque no sabe dónde estás, yo he intentado ver en tu futuro pero no había podido porque a ti no se te había ocurrido un lugar a donde ir, Albafica y Lucius han salido a buscar tu rastro desde ayer por la mañana, Severus esta como loco…- gritaba cada vez más alto, pero cuando pronuncio su nombre la tuve que parar.

-Basta Diana- Dije con mi tono de voz demandante- Discúlpame por haberlos preocupado de esa manera ¿De acuerdo?, pero estoy bien… así que ya basta- Chille.

-Harry- suspiro un poco más calmada -casi muero del susto, ¿Por qué te fuiste? ¿Qué sucedió? ¿Dónde estás?- si hubiese podido llorar, lo estaría haciendo.

-Lo siento Diana, estoy en Paris, en casa de mi madre pero por favor no le digas a nadie en donde me encuentro- “y mucho menos a tu hermano” grite en mi fuero interno -no quiero que nadie lo sepa.

-bien, por la tarde estaré por ahí- Musito con su voz de soprano.

-Está bien- Susurre.

-Por favor no te muevas de ahí hasta que yo llegue ¿De acuerdo?- su voz sonaba con un matiz de alivio y de enojo a la vez.

-De acuerdo- Murmure.

-Nos veremos en un rato, adiós Harry- Murmuro y colgó.

Di un largo suspiro después de colgar el teléfono, “perfecto ahora el duendecito va a venir por mi” gruñí en mi fuero interno.

De todos modos ¿Qué era lo peor que podía suceder?, Severus y Andre se iban a casar, yo saldría de sus vidas y todo volvería a ser como si él jamás hubiese existido, otra oleada de dolor me llego al pecho y me deje caer sobre la cama, cerrando mis ojos para volver a perderme en aquel abismo negro que tanto gritaba por mí, por desgracia, eso fue imposible.

Las oleadas de dolor seguían yendo y viniendo sin dejarme en paz ni un solo minuto. Cada vez me iba acostumbrando más al dolor que sentía, porque sabía que este no se iba a quitar en toda mi vida.

“será como si nunca hubiese existido”. La aterciopelada voz de Severus volvió a sonar en el fondo de mi cabeza, me tape con una almohada intentando desaparecer ese pensamiento. Sabía que tenía que encontrar alguna actividad para despejarme la mente de ese sufrimiento. Lo sabía.

Me pare de la cama y baje pitando a la cocina, rezando porque Clemence hubiese dejado alguna comida enlatada en la alacena, ya que yo no llevaba ni un solo centavo.

Para mi suerte había dejado algunas latas de Atún y galletas, las debió de haber dejado la última vez que estuvo ahí, porque no parecía que tuviesen mucho tiempo. Las abrí, saque un plato de los estantes, me lo serví y lo empecé a comer. Mi estómago me lo agradeció.

Mientras comía el atún me di cuenta de que esto que acababa de suceder ya lo sabía desde hace tiempo, solo que no quería aceptarlo. Sabía que Severus terminaría haciendo una vida sin mí, junto a Andre, pero la razón por la cual nunca me obligue a aceptarlo fue porque jamás lo había visto, ósea, jamás había estado tan cerca de esa situación, por lo cual no me había afectado tanto.

Muy en el fondo también sabía que a la larga lo terminaría aceptando, o más que aceptando terminaría por seguir viendo, aunque eso fuera el esfuerzo más grande que alguna vez tuve que hacer, lo tendría que hacer por Louis y por Arturus, por Ron, por Draco, por Sebastián y en fin por todas las personas que me rodeaban, tendría que sobrevivir con los lindos recuerdos que me quedaban de aquellos primeros días de marzo, de aquellos meses hasta septiembre, porque si eso era lo único lindo que me quedaba de él lo aceptaría sin chistar, era mejor tener algo a no tener nada y hacer como si nunca hubiese existido.

Lo único que esperaba era que Andre lo pudiese hacer realmente feliz, eso era lo único a lo que le ponía esperanzas.

Sabía que Severus se merecía lo mejor y sabía que yo no era la persona correcta para dárselo.

Termine de comer mi atún y lave mi plato, subí corriendo las escaleras y fui directo a mi cuarto, lo que más ansiaba en este momento era darme un baño, así que saque de mi closet la ropa que no me pude llevar a Londres ya que era demasiado abierta y casi no cubría nada. Saque unos shorts blancos y una camisa tipo polo color verde esmeralda, fui al baño donde gracias a dios estaba mi shampoo en el neceser y tome una agradable ducha con agua caliente.

Mientras las gotas de agua caliente golpeaban contra mi espalda y mi cuello recordé todos los momentos felices que había pasado con Severus, aunque sabía que esto era masoquista, era lo único que podía calmar mis nervios. Recordé mi primer beso con él, jamás pensé que un beso pudiese ser así, porque al fin y al cabo un beso es solo un beso, depende de la pasión que cada uno le ponga pero en ese beso hubo más que pura y simple pasión, fue como si para mí algo hubiese hecho clic en mi vida y de un momento a otro todo se hubiese puesto en el lugar correspondiente.
Recordé aquel día que desperté en el hospital y al primer rostro que vi fue el de aquel lindo ángel que estaba junto a mi cama. Deje escapar un suspiro bajo, todos esos recuerdos hicieron que una leve sonrisa se dibujara en mi cara. Eran los mejores recuerdos y las mejores experiencias que había tenido en mi vida y por mucha iban a ser las últimas.

Salí de bañarme y me vestí, aquí gracias a dios hacía calor, ni loco me hubiese puesto esto si aún siguiera en Londres.

Salí del baño y fui a mi cuarto, aún seguía como lo recordaba, mi cama pegada a la ventana, el escritorio y el closet de pino, las paredes pintadas de rojo. Era igual a como lo había dejado.

Me deje caer sobre la cama y me acurruque para poder dormir un poco más, el dolor en mi pecho se había vuelto más soportable, aunque no del todo, seguía estremeciéndome la manera en la que se había abierto.

Los ojos empezaron a entrecerrárseme y me deje caer en un estado de duermevela muy tranquilo, soñando con todas las cosas lindas que Severus y yo habíamos pasado.

Abrí los ojos algunas horas después, afuera el crepúsculo ya estaba poniéndose. Suspire. Diana no tardaría en llegar.

Me levante y fui al baño, al mirarme al espejo vi que mi pelo estaba hecho una maraña. Un recuerdo se me vino a la mente.

“Tu pelo es una maraña, pero me gusta” Dijo con aquella aterciopelada voz que tanto me gustaba.

“Humm… me darías otro minuto humano?” pregunte avergonzado.

“Claro” Sonrió y mostro su hilera de blancos dientes.

Sacudí la cabeza un par de veces para quitarme aquel recuerdo, de la primera noche que él se había quedado conmigo. Suspire una vez más, realmente era la persona más masoquista que existía.

Escuche el ronroneo de un auto afuera, el sonido me tomo desprevenido y salte del susto. Baje pitando las escaleras y abrí la puerta, lo más probable es que Diana hubiese venido en avión y aquí hubiese rentado un auto. Aun con Diana en el volante era humanamente imposible que hubiese llegado tan rápido.

Abrí la puerta y el auto que se estacionaba afuera de mi casa me dejo pasmado. Era un volvo, idéntico al de Severus pero en rojo obscuro, no se veía quien venía ya que los vidrios estaban completamente polarizados, pero era Diana, lo sabía, aunque mi corazón me daba la pequeña sensación de que podía ser otra persona. Sacudí la cabeza para quitarme esa idea.

Me quede ahí parado en la puerta de la casa esperando a que mi visita bajara del auto. Y así lo hizo, ahí con sus andares de bailarina estaba Diana bajando del auto pero su expresión tenía algo extraño.

¿Era tristeza? No.

¿Era enojo? Podría ser.

¿Diana estaba avergonzada? Sí.

En sus ojos se podía ver eso, si hubiese podido sonrojarse lo hubiese hecho, aunque no entendía el porqué.

Me saludo con un gesto de la mano mientras que cerraba la puerta. Pero de la puerta del copiloto salió otra persona. Toda la calma que tenía se vino abajo e hipsofacto me petrifique.

-Severus- Murmure y todo se me vino abajo.
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Yuki Fer
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MensajeTema: Re: Logrando lo imposible capitulo 12   Sáb Jul 05, 2014 10:04 pm

lloro1 lloro1  peroo que valor del sev de aparecer por ahi...T__T todabia que se casara con el baka de andre...viene hacerse el heroe...T_T y no entiendo por que diana tuvo que traerlo con sigo...T__T ahh me enoja harry se merece a alguien que luche por el ahhhhh senseiiiiiii  crash crash wall wall estoy enojada con sev....T___T
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Helen Black P
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MensajeTema: Re: Logrando lo imposible capitulo 12   Dom Jul 06, 2014 11:15 pm

Solo me toco respirar profundo, y no ponerme a gritar.

No entiendo para que fue Severus a verlo, si se va a casar con Andre, como que su presencia ya no importaba, solo va a lastimar mas y Harry no se lo merece.

Por favor deja de torturara a Harry u.u
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IndraSnape
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MensajeTema: Re: Logrando lo imposible capitulo 12   Miér Jul 09, 2014 12:03 am

No sufran Harry tendrá su venganza aun no se cuando pero la tendrá, se aceptan sugerencias para cuando llegue la venganza.
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MensajeTema: Re: Logrando lo imposible capitulo 12   

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Logrando lo imposible capitulo 12
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