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 La familia que siempre quise. Capítulo 27.

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Araleh Snape

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MensajeTema: La familia que siempre quise. Capítulo 27.   Sáb Jun 29, 2013 1:49 pm

CAPÍTULO 27



PASIONES DESENCADENADAS












Habían pasado dos semanas, Ron finalmente empezaba a recuperarse y su color volvía a la normalidad aunque él se quejaba de continuar notándose demasiado amarillo. Pero por lo menos sus pies ya no eran de ese material gris tan horriblemente asqueroso y su voz volvía a sonar como humana.



Adam pasaba todo su tiempo libre cuidándolo en la enfermería, soportando estoicamente cada queja que el pelirrojo pronunciaba contra su padre, no podía más que darle la razón por estar enfadado, realmente no le había hecho nada que mereciera tanto hechizo.



— ¡Me odia! —se quejó Ron por enésima vez—. ¡Pero se va a tener que tragar su orgullo y aceptarme porque por más maleficios que me envíe no voy a dejarte, Adam!

— Me alegra escuchar eso, pero ya perdónalo. —pidió Adam—. Después de todo, el profesor Dumbledore ya le castigó por lo que hizo contigo ¿qué más quieres?

— Sí… fue genial. —dijo Ron sonriendo placenteramente—. Es una lástima que estas dos semanas las haya pasado en la enfermería y no disfrutara de su suspensión.



Adam suspiró hondo, desilusionado de que su novio y su padre no pudieran llevarse bien, pero ya no se le ocurría qué más podía hacer. Afortunadamente el profesor Dumbledore había hablado con Severus antes de obligarlo a pasar dos semanas fuera de Hogwarts por atacar a un alumno, hasta que finalmente le convenció de que era un error ir en contra del deseo de los jóvenes. Muy a su pesar, Snape tuvo que acceder y desde su exilio continuaba rumiando en contra de Ronald Weasley, sobre todo porque sabía que a su regreso tendría que darles su consentimiento para que comenzaran a planear una boda que a todas luces le parecía absurda y precipitada.



Pero sin duda, quien más se torturaba por todo aquello era Harry, ahora llorando a solas en su habitación, lamentándose por no haber conseguido convencer a Dumbledore de que lo dejase irse con Snape a su castigo… ¿qué pasaría si en ese tiempo lo olvidaba, si encontraba a alguien más?... ¿qué iba a ser de su vida si ahora lo perdía?... ¿y si Severus se había molestado con él por haber intentado defender a Ron?... ¿y si cuando regresara lo echaba de su habitación y ya no quisiera saber más de él?... ¿y si…?



Dejó de cuestionarse cuando escuchó ruidos tras de la puerta, rápidamente se incorporó sentándose sobre la cama, enjugándose las lágrimas, su corazón latía expectante… pronto sabría lo que iba a pasar y contuvo la respiración al momento de ver la perilla girar. La puerta se abrió y apareció Severus, se le veía cansado, fastidiado, tal vez enojado, pero en cuanto vio al chico sentado sobre la cama, todo aquello desapareció para dar paso a una bella sonrisa.



— ¿No piensas darme un abrazo de bienvenida?



Severus extendió los brazos y Harry corrió hacia él, saltando para quedar sujeto de su cintura y besarlo repetidamente por toda la cara mientras reía lleno de alegría.



— ¡Te extrañé mucho, Sev! —le dijo apretándolo con fuerza—. ¡Te amo!

— Yo también te extrañé, Harry… no tienes idea de cuanto.



Y era verdad, cada noche antes de dormir, Severus buscaba a su lado a un joven de ojos verdes y al no encontrarlo, la tristeza inundaba los suyos, el sueño se iba y sólo se compadecía por él ya entrada la madrugada, y aún así sólo dormía unos pocos minutos pues al volver a sentir la soledad a su lado, despertaba sobresaltado buscando desesperado una presencia que no estaba. Maldecía cada vez más a Ronald Weasley, era su culpa que lo hubieran suspendido y que tuviera que pasar días lejos de Harry. Pero ahora no quería pensar en eso, quiso dejar atrás ese tiempo eterno de dos semanas y disfrutar el presente.



Dejó su escaso equipaje en el suelo y llevando a Harry a cuestas lo condujo a la cama, el chico no soltaba ni un milímetro y era feliz sintiendo como sus lenguas se entrelazaban en una lucha amistosa, pero nada se comparó a lo que sintió cuando Severus empezó a desnudarlo con impaciencia.



Desde aquella vez que habían dado el siguiente paso no tuvieron oportunidad de verse a solas, y Harry temía que todo regresara a como antes, si es que Severus no lo echaba de su vida. Ahora que lo sentía tan ansioso como él de repetir la experiencia no iba a desaprovechar la oportunidad, rápidamente le ayudó a desvestirse y desvestirlo, ambos sonriendo presurosos, ansiosos por volver a tener sus pieles en contacto. Severus tomó la iniciativa, y acomodó a Harry sobre la cama pues en su prisa habían quedado casi con medio cuerpo afuera.



El mago mayor no podía disimular su ansiedad, pero tampoco su nerviosismo, sin embargo no se detuvo, y hundió su rostro en el cuello de Harry cuando pensó que era tiempo de saborear otra cosa que no fueran los labios del menor. Poco a poco fue descendiendo, en esta ocasión sí se detuvo en el ombligo de Harry, sonriendo al ver como la piel se le erizaba al acariciarlo con su lengua. Trabajaba con ella metiéndola y sacándola como si se imaginara estar en otro sitio del cuerpo. Y cuando por fin terminó de conocerlo, levantó la mirada encontrándose con las anhelantes esmeraldas de Harry, sonriéndole con picardía se mordió un labio antes de bajar de nuevo la vista y volver a deleitarse con el miembro de Harry en su boca… ¡cuantas veces había repetido aquella acción en sus sueños durante las previas dos semanas!



— Sev… te amo. —murmuró Harry sintiéndose elevar a la gloria—. Tenía tanto miedo que ya no me quisieras… ¡te extrañaba mucho!



Severus no respondió, ocultó una sonrisa mientras continuaba besando y lamiendo lo que se había convertido en su dulce favorito. Quería volver a drenarlo hasta la última gota, quería volver a saborear el semen caliente de Harry, así que alternaba movimientos lentos con rápidos, enloqueciendo aún más al chico que cuando creía que iba a explotar volvía a detenerse esa desquiciante tortura y luego reiniciarse.



— Sev, ya no puedo más… te amo, pero…



Severus entendió y comprimiendo los músculos faciales y los de su garganta, succionó tan fuerte que Harry gritó al momento de arquearse en un fabuloso orgasmo, derramando todo el semen en la boca de Severus, éste ya no sintió ninguna molestia, al contrario, chupaba y lamía intentando no perder ni una sola gota que para él resultaba la formula mágica de la mejor ambrosía.



— Yo te extrañé más, Harry. —le dijo regresando a besarlo, dándole a probar un poco de su delicioso sabor—. Extrañé todo de ti, tu compañía, tus abrazos, tu amor terco y eterno, tus besos exquisitos… extrañé tu cuerpo, tu olor, tu presencia… todo, Harry, todo lo extrañé de ti.

— Yo también, Sev, pero… déjame amarte. —le pidió tocando el pene todavía lleno de Severus—. Vamos a solucionar esto.

— Sí… pero de otra forma.

— ¿Qué quieres decir? —preguntó sin comprender.

— Quiero tomarte, Harry, quiero poseerte hasta lo más hondo… quiero que seas mío.

— ¡Oh, Dios! —exclamó incrédulo ante lo que escuchaba—. ¿No me estás mintiendo?

— Nunca lo haría, quiero estar dentro de ti, mi niño egoísta. —le dijo y Harry sonrió divertido—. He estado leyendo, ¿sabes?... lo cual a veces creía que era un error porque me ponía como loco en celo con sólo pensar que podía hacer eso contigo, y casi tuve que amarrarme a la cama para no buscar una chimenea y venir por ti. Ahora que volvemos a estar juntos no quiero esperar más… ¡te necesito, Harry, te deseo con cada fibra de mi ser!

— Hazlo, Severus. Toma mi cuerpo como tienes ya todo lo demás de mí, mi amor.



Severus asintió, y luego de darle un suave beso en los labios, se colocó de rodillas entre las piernas de Harry, éste sonrió comprobando que realmente debió haber estado leyendo y más le valía no haber tenido práctica hasta ese momento.



El nerviosismo de Severus era evidente pero intentaba no mostrarlo demasiado, así procurando verse firme, colocó una almohada bajo las caderas de Harry. Le miró sintiendo su corazón desbocado pero el chico le hizo una señal de que todo estaba bien, Severus entonces bajó la mirada, acarició lentamente los genitales de Harry que volvían a endurecerse con rapidez, y poco a poco fue deslizando su mano atrás, pero aún era algo incómodo y pensó que la teoría no lo había ayudado mucho. Harry comprendió y giró sobre sí mismo ante la sonrisa de Severus, de esa manera sería más fácil.



Severus volvió a inclinarse, ver la espalda de Harry terminando en esos montes sensuales le impulsó a volver a besarlo y lentamente fue cubriéndolo de caricias desde su nuca, siguiendo la curvatura de la columna, descubriendo divertido que a Harry le provocaban cosquillas sus besos en los flancos, pero se estremecía cuando sus labios llegaron hasta la línea de división de sus glúteos.



A esa altura, Severus ya se sentía más que nervioso, pero su deseo no disminuía y con sumo cuidado separó las nalgas de Harry acariciando toda la hendidura con su nariz. Harry gimió extasiado, apretaba con desesperación la almohada bajo su rostro, Severus le sorprendía brindándole cada vez más placer a su cuerpo y a su alma. Casi sintió que moría cuando la lengua del mago se adentró en su cavidad, girando lenta pero firmemente, lubricándole con su saliva al mismo tiempo que le estimulaba cada poro de su cuerpo. Cuando sintió el primer dedo de Severus dentro de él temió venirse sin control, pero logró mantenerse, no quería echar a perder el gran día. En unos segundos, tres dedos de Severus jugueteaban en su interior, dilatando su entrada con suavidad.



Cuando Severus pensó que ya no hacía falta más estimulación pues podría provocar que todo terminara antes de tiempo, volvió a incorporarse y girando otra vez a Harry decidió que lo mejor sería hacerle el amor mirándole a los ojos, aunque fuera más complicado que en la posición en la que estaban.



Cuando lo vio exhalar profundamente, Harry comprendió que Severus necesitaría ayuda. Él no era un experto, realmente sólo había besado a unos cuantos chicos en su vida, pero con ninguno había llegado a nada más que eso, sin embargo no tenía miedo, y eso era lo que a Severus le sobraba, miedo de lastimarlo al no tener los conocimientos, miedo a ser tan torpe como siempre había sido, miedo a no poder encontrar el modo de llegar hasta donde quería llegar. Harry se incorporó para besarlo, y durante unos momentos sólo hicieron eso, hasta que el Gryffindor colocó a Severus de espaldas sobre la cama, se miraron a los ojos en silencio y Harry adivinó la pregunta que bailoteaba en la oscuridad de esas profundas ónices.



— Todo estará bien, amor… enseguida tomarás de nuevo el control.



La voz de Harry era extremadamente dulce y eso confortó a Severus, sabiendo que Harry jamás pensaría que estaba quedándole como un tonto. Harry se inclinó para besarlo al mismo tiempo que levantaba sus caderas. No negaba que lo que iba a hacer le inquietaba, pero también lo deseaba intensamente. Con lentitud fue descendiendo, Severus colocó sus manos en la cadera del chico para ayudarle y obtuvo de él una sonrisa enamorada. Muy pronto, Harry sintió la punta del pene de Severus tocando su entrada, miró a los ojos a Severus, no iba a demostrarle que justo en ese momento lo invadió un temor hacia el dolor que vendría, y sin dejar de sonreírle, decidió que lo mejor era hacerlo rápido y de un solo movimiento se empaló.



Harry ocultó el dolor que lo invadió tras de un grito ahogado que simuló placer. Pero Severus no pudo ser engañado, aquello debió haber sido especialmente doloroso y sentándose asustado, lo abrazó con fuerza, procurando no moverse demasiado, intuyendo que si se salía bruscamente iba a provocar aún más dolor.



— Harry, mi amor… ¿estás bien? —preguntó preocupado, más que eso, aterrado por él—. Tranquilo, mi amor, pronto pasará.

— ¿Amor? —repitió Harry débilmente.

— Sí, Harry, te amo… ¡Te amo!




Harry se quebró en un fuerte sollozo y empezó a llorar, el dolor no se iba pero ya lo había olvidado, ahora era inmensamente feliz, y sobre el cuello de Severus se desahogó durante un largo rato, olvidando todo lo demás, recordando solamente esas dos palabras que cambiaban su vida para siempre. Severus le acariciaba la cabeza tranquilizador, esperando pacientemente a que Harry se sobrepusiera, y cuando finalmente sintió que su llanto aminoraba, le sujetó por la cara para mirarlo a los ojos y sonreírle.



— Eres un bruto. —le reprendió cariñoso—. Hasta yo hubiera tenido más cuidado, mi niño… ¿cómo te sientes?

— No sé como me siento, porque ahora la palabra felicidad se me hace tan cortita para lo que has provocado en mí, Severus.

— Te entiendo, supongo que debe ser igual a como me siento yo… ¡Te amo!

— ¡Se oye tan especial en tus labios!



Severus besó amorosamente el mentón de Harry, y con paciencia consiguió irlo relajando, para entonces la excitación había aminorado un poco ante el susto recibido, pero conforme Severus volvía a acariciarlo y ahora repitiéndole palabras de amor, Harry no tardó en volver a sentirse seguro y con la respiración agitada de deseo. Hizo un pequeño movimiento circular con su cadera y comprobó que el dolor era realmente mínimo a comparación del primer momento, entonces se animó a subir y bajar con suavidad, pero para entonces Severus ya no quería que él hiciera todo, así que volvió a girarlo colocándose sobre él. Harry no protestó, realmente aquella posición le excitaba tanto como la primera, y rodeando a su profesor con sus piernas, consiguió que Severus comprendiera su ansiedad de movimiento.



Severus embestía suavemente en un principio, sintiendo que tenía bajo él lo más frágil que había tocado en su vida, no quería lastimarlo más, lo único que ansiaba era que Harry gozara como nadie. Así que, cuando el muchacho empezó a mover sus caderas en busca de mayor profundidad, Severus le complació, y sin olvidarse de no lastimarlo, hizo de ese vaivén algo con más intensidad. Harry hundía sus dedos en la piel de la espalda de Severus, cada vez que él conseguía rozar su próstata sentía que todo su cuerpo se estremecía casi con violencia, y para el profesor, sentirse invadido por las paredes tibias del chico resultó mucho mejor de lo que esperaba, casi hasta lamentaba haber esperado tanto tiempo para decidirse… pero no era tanto… no, no debía ponerse a pensar justo en ese momento y cerró su mente a todo.



Harry tensó cada uno de los músculos de su cuerpo y mordió con suavidad el hombro de Severus en el momento en que sintió que éste explotaba en su interior inundándolo con su semilla, él también se descargó, no había sido necesario más que el roce del vientre de su amante sobre su pene para que éste se hinchara como nunca antes.



Agotado, Severus se dejó caer suavemente sobre Harry, procurando no aplastarlo con su peso. Iba a salir de dentro de él pero Harry lo retuvo apretando más sus piernas alrededor de la cadera del profesor.



— Aún no… me gusta esta sensación. —le dijo sonriéndole mientras le besaba la punta de la nariz—. Es hermoso pensarte dentro de mí, saber que eres mío y que soy tuyo… que somos uno mismo, Severus.

— Eres tan ocurrente, mi amor. —exclamó mirándole enamorado—. Pero vamos a estar juntos muchas más veces, puedes apostarlo.

— De todos modos, no te retires todavía… te amo.



Severus le sonrió y volvió a girarlo una vez más para que fuera Harry quien estuviera recostado sobre él, así estarían más cómodos. Unos minutos más tarde, ambos se encontraban en la bañera, enjabonándose mutuamente, jugando con la espuma, intercambiando miradas de enamorados. La segunda vez que hicieron el amor resultó aún más excitante, ya no hubo dolor y Harry disfrutó aún más, ambos estaban convencidos de que jamás se cansarían de hacerlo y que cada vez sería mejor, mucho mejor.









Al día siguiente Severus debía reintegrarse a sus ocupaciones cotidianas, y si no fuera porque Harry estaba en la misma clase que Ronald Weasley estaba seguro que terminaría dándole un puñetazo y echarlo a patadas de su salón. Ron parecía adivinarlo porque permanecía casi hundido en su asiento, mirando ocasionalmente a su amigo en busca de ayuda y Harry realmente no sabía qué hacer ni como conseguir que terminara esa fricción entre ellos.



El mal humor de Severus se reflejaba a cualquier hora, con excepción de cuando estaba Harry cerca, pero los alumnos de otros grados tuvieron que soportar la pérdida de incontable cantidad de puntos y muchos de ellos terminaban pagando castigos con Filch que estaban seguros de no merecer, por ese motivo, ahora todos le huían al verlo caminar por los pasillos mucho más que antes. La razón, aparte de que había tenido que aceptar una tonta boda, era que debía reunirse ese mismo fin de semana con toda la parentela de los Weasley y así poder fijar la fecha.



— Ya, mi amor, relájate. —le pidió Harry mientras le ayudaba a acomodarse la corbata bajo la túnica—. Será sólo una cena, no tendrás que hacer nada más que decir que sí apruebas que se casen y ya.

— ¿Seguro que no me corresponde decir esa tontería de “quiero solicitar la mano de su hijo para mi Adam”? —preguntó con una voz aniñada.

— No, mi amor, claro que no. —aseguró Harry divertido—. Eso lo harán los Weasley.

— O sea que vengo siendo el padre de la novia. —manifestó con molestia.

— Aquí no hay novia, pero lo harán ellos. —explicó pacientemente—. Así lo consideraron mejor, ya no te angusties más

— ¿Te he dicho que odio mi vida? —preguntó con amargura—. Mi hijo un squib, que además se casará con un Weasley que es un imbécil, mi hija que finalmente resultó maga, irá a una escuela de niñas tontas y todo su poder se desaprovechará, y…

— ¿Y yo? —preguntó con un triste puchero.

— Tú eres lo que más alegra mi vida en este momento. —afirmó sonriéndole—. ¿Quién lo diría, verdad?... hasta hace poco lo único que quería hacer contigo era matarte.

— Tal vez era pura tensión sexual reprimida hacia mí. —propuso con coquetería.

— Aja, sí, claro, Harry, era eso. —respondió sarcástico.

— ¡Eres un malvado!



Severus abrazó a Harry, ambos riendo felices de que su vida hubiera cambiado tanto, pero antes de que empezaran a sentir deseos de quedarse y hacer el amor hasta el amanecer, decidieron dejar los juegos para su regreso. Ahora Adam y Sally los esperaban en el despacho para poder ir de allí por medio de la chimenea hasta la madriguera.



Cuando llegaron, Albus Dumbledore ya se encontraba en la casa, fue idea suya y de Harry que sirviera de mediador por si las cosas se ponían feas, después de todo tampoco los Weasley sentían mucho aprecio por Severus Snape. Sin embargo, en cuanto estuvieron todos juntos, la atención de los pelirrojos se centró en algo totalmente diferente a los novios que corrieron a abrazarse. Eran las manos unidas de Severus Snape y Harry Potter, eso debía ser producto de algún delirio general… ¿qué era lo que había ocurrido para que algo así sucediera?... lo último que sabían de ellos era que se odiaban a muerte y ahora llegaban tomados de la mano… ¿qué pasaba ahí?



Harry se dio cuenta de eso e intentó soltar a Severus, apenado por su descuido, pero el hombre lo sujetó con más firmeza, no le importaba lo que aquella familia pudiera decir al respecto. Harry sonrió con timidez al tiempo que se acercaba a su pareja abrazándolo de una manera que no dejaba lugar a dudas de lo que sentían.



— El profesor Snape y yo… estamos juntos. —informó Harry sonriendo nervioso.

— ¡¡¿¿Qué??!! —explotó Molly—. ¡Pero si eres un niño para él, Harry! ¡No puedo creerlo de usted, profesor!

— Ejem. —se aclaró Ron la garganta—. ¿Podemos dejar el regaño a Harry para después?... me interesa fijar la fecha de mi boda con Adam.

— Claro. —aceptó Molly olvidándose de todo en cuanto vio al novio de su hijo sonriéndole afectuoso—. Adam, cariño, perdona mi descortesía, no te he ofrecido nada… he preparado la comida que tanto te gusta y aquel jugo de fresa que me contaste era tu favorito.



Todos a su alrededor entornaron los ojos al ver a Molly casi enamorada de Adam, y dedicarse a partir de ese momento a atender a su carismático próximo hijo adoptivo. Harry y Severus se alegraron al dejar de ser centro de atención, aunque aún recibían miraditas curiosas del resto de la familia, pero nadie se atrevió a decir nada ante la amenazante mirada del profesor.



Luego de la cena, en la que los únicos que hablaban eran Molly, Albus y Adam, fueron invitados a pasar hacia la sala. Severus no ocultaba su molestia y en ningún momento dijo ninguna palabra de más, sólo se encogió de hombros cuando le preguntaron si estaba de acuerdo con la boda.



Molly se ofreció enseguida a organizar todo, se casarían en el mes de junio, un día después de la graduación. Ron y Adam no disimulaban su alegría, y mucho más cuando Arthur les aseguró que podía conseguirles un departamentito modesto pero muy cómodo cerca del ministerio y que Ron podría trabajar y estudiar para Auror al mismo tiempo. Adam también se ofreció a emplearse aunque no tenía idea de qué podía hacer, en ese momento Harry dio un discreto codazo a Severus y éste tuvo que tragarse su orgullo para ayudar, ofreció a Adam continuar pagándole los estudios que eligiera y le ofrecía un empleo de medio tiempo ayudándole a preparar sus pociones durante los fines de semana. Adam no pudo contenerse y corrió a abrazar a su padre, feliz de saber que aunque no estaba de acuerdo, iba a apoyarlo hasta el final.



El resto de la velada transcurrió con tranquilidad, aunque Severus podría definirla como aburrida. No le emocionaba escuchar a Molly hablando sobre flores, sobre padrinos, música, en fin, cuanta cursilería se le ocurría. Además, era frustrante ver que su hijo adoraba a esa mujer y a toda la familia Weasley en general y que hasta los gemelos parecían divertirse sanamente con Sally, sin jugarle bromas y enseñándole varios trucos. Sí, aquello era una pesadilla, seguramente el pago que le cobraba la vida por haber sido tan duro con Harry, bueno, con todos esos pelirrojos que fueron sus alumnos.









Al regresar al colegio, Severus se dejó caer pesadamente sobre su cama, sintiendo que ya quería que aquel amargo trago pasara, aunque seguramente eso no solucionaría nada, a menos que Adam recapacitara a tiempo y encontrara a alguien mejor que Ron, pero no, mejor no se ilusionaba porque luego el golpe era peor.



— Harry… —le llamó gimiendo angustiado—… Ven a darme un abrazo, esta noche ha sido la peor de mi vida, hasta me echaron a perder la graduación, por primera vez iría a una con emoción y ahora mi hijo estará a punto de casarse con uno de los graduados, precisamente con quien representa el peor error que jamás pudiera cometer… ¡es horrible!

— Sev, no seas exagerado. —respondió Harry obedeciéndolo y recostándose a su lado para abrazarlo—. Ron adora a Adam, van a ser muy felices juntos, eso es lo único en lo que debes pensar, amor.

— Espero que mi Sally escoja a alguien que sí valga la pena. —suplicó al aire.

— ¿De verdad odias tanto a Ron? —preguntó preocupado.

— Ya no hablemos de ese tonto pelirrojo, mejor bésame.



Harry sonrió complaciéndolo aunque aún se quedó con la duda de esa respuesta que no había obtenido. Pasaron las semanas y con el tiempo, la boda se aproximaba. Harry veía a Severus muy callado y a veces le costaba trabajo conseguir su atención. Quiso pensar que era producto de los nervios o de la contrariedad que sentía por el enlace de su hijo con Ron. Se negaba a pensar en algo más, aunque el temor en su corazón era algo que no podía evitar. Por días se tranquilizaba pues Severus volvía a sonreírle y a repetirle innumerables ocasiones que lo amaba, y le hacía el amor como desesperado, pero luego regresaba el silencio y eso le angustiaba.









Por fin llegó el gran día, la noche de la graduación, y Harry estaba feliz de que a partir de ahí ya nada le detendría de gritar a los cuatro vientos algo que ya era un secreto a voces. Nada le emocionó tanto como recibir su diploma con honores e ir a abrazar a Severus sin importarle prologarlo más que al dado a los demás profesores. Luego de la ceremonia hubo una cena baile en la que Harry ya no se separó de Severus ni éste del muchacho, cenaron juntos en la misma mesa, alejados del resto de los asistentes, sin fijarse en que medio salón comentaba el intercambio de sonrisas cariñosas y expresando su sorpresa cuando el profesor Snape sujetó de la mano a Harry para acariciarla con suavidad, mucho menos se dieron cuenta cuando la orquesta tuvo aquel pequeño silencio ante la imagen de un salvador del mundo mágico inclinándose hacia su profesor para darle un beso en los labios y que él recibía con alegría.



Harry estaba ansioso, aquel sería el primer baile que tendría con Severus y cuando por fin despertó de su ensoñación, le invitó a ir a la pista. Severus dudó un segundo, jamás bailaba, pero no se negó y poco rato después comprobaba que bailar con Harry le hacía sentirse más enamorado, la música que tocaban no la olvidaría nunca y ese recuerdo permanecería en su mente hasta que la muerte viniera por él.



— Lamento interrumpir. —se disculpó Dumbledore al acercarse luego de terminar la melodía—. Adam me pidió que te dijera que llevaría a Sally a dormir, así que no te preocupes por ninguno de los dos, puedes seguir bailando tranquilamente.

— ¿Y Weasley? —preguntó Severus buscando al pelirrojo por todos lados—. Claro, ya me imagino lo que planean.

— Mañana se casan, Severus, deja de ser tan infantil. —le reprendió Dumbledore antes de marcharse murmurando algo de “tal para cual”.

— Harry, voy a asegurarme que Sally se haya dormido. —le dijo cuando volvieron a quedarse solos—. ¿Vienes conmigo? Te prometo que cuando vea que esté bien y que ese Weasley no esté metido en la recámara de Adam, volvemos a la fiesta.

— De acuerdo, vamos.



Harry sabía que no podía hacer nada para convencer al profesor de quedarse, así que prefirió acompañarlo y no quedarse solo. Pero apenas habían dado unos pasos cuando Hermione se acercó a su amigo solicitándole que la acompañara, quería presentarle a los padres de Víckor, con quien empezaba a salir. Harry aceptó y tuvo que dejar que Severus se adelantara.



Mientras tanto, Ron regresaba de la habitación de Sally y refunfuñaba de mal humor, pateando el suelo con las manos en los bolsillos. “¡Que tontería eso de que es mala suerte pasar juntos la ultima noche antes de la boda!... Ay, Adam, me traes como idiota, sólo espero que estas horas pasen rápido… ¡Y pensar que creí que eso de llevar a acostar a su hermanita era un mero pretexto! ¡Si seré tonto!”.



Al dar vuelta a un pasillo, Ron gruñó con su suerte, es que nada podía ser peor que encontrarse cara a cara con ese odioso Slytherin.



— ¿A dónde vas tan de prisa, Weasley?

— ¡A donde no te importa! —respondió pasando a su lado sin ningún deseo de ponerse a discutir con quien no entiende razones.



Lo siguiente que sintió Ron fue un fuerte apretón en su brazo que lo jaló hacia atrás, y luego unos labios apoderándose de los suyos introduciéndole la lengua hasta el fondo aprovechándose de la sorpresa dada al pelirrojo, quien no se detuvo hasta conseguir separarse.


— ¡Odio verte con Adam, tú debes ser mío, Weasley, te deseo demasiado! ¡No voy a dejar que esa estúpida boda se realice, jamás!

— ¡Muérete, yo amo a mi novio y claro que me casaré con él!



Con un puntapié Ron logró deshacerse de Blaise, apresuró el paso para poder alejarse de ese absurdo chico que no comprendía que no sentía nada por él. Sin embargo, el Slytherin no iba a darse por vencido, su amor propio estaba herido, y si Ron no era de él, no iba a ser de nadie. Le apuntó con su varita y con un feroz odio en su mirada pronunció el hechizo mortal.



Justo en ese instante, Severus salía por un pasillo perpendicular a donde pasaba Ron, bufó exasperado al encontrárselo, pero al mirar hacia el otro lado, el corazón le dio un vuelco. No tuvo más que un segundo, un largo segundo en el que sacó su varita e invocando un hechizo protector saltó a interponerse en el trayecto del rayo verde.



Ron volteó al escuchar un ruido y pudo ver la escena como si fuera cámara lenta. Vio a Snape advirtiéndole del peligro mientras se interponía en el camino de la maldición, y a pesar del Protego invocado, el profesor salió volando por los aires cayendo justo sobre el pelirrojo, quien ante el impacto perdió el equilibrio y cayó también al suelo, con el cuerpo sin fuerza de Severus Snape sobre él.










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Yuki Fer
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MensajeTema: Re: La familia que siempre quise. Capítulo 27.   Jue Ago 01, 2013 5:06 pm

seneiii pero que has hechoooooooooooooooo noooooooooooooooooooooooooooooooooooo No No No No No No No No No 
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http://yukif.livejournal.com/
 
La familia que siempre quise. Capítulo 27.
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