La Mazmorra del Snarry


 
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 La familia que siempre quise. Capítulo 26.

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Araleh Snape

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MensajeTema: La familia que siempre quise. Capítulo 26.   Sáb Jun 29, 2013 1:45 pm


CAPÍTULO 26




PACIENCIA… MUCHA PACIENCIA









Harry permaneció recostado sobre el pecho de Severus, subiendo y bajando al compás de su respiración, jugueteando con uno de los botones de su túnica, ansiando poder atreverse a desaparecerlo. Severus lo mantenía abrazado contra sí, una plena sonrisa dibujada en su rostro, consciente de que había disfrutado mucho y de que quería más, sentía los dedos de Harry dibujar líneas y círculos sobre su pecho, siempre terminando en el mismo lugar, algún botón de su túnica, supo lo que quería y aunque él ansiaba dárselo, prefería irse lento… hacía tan poco tiempo que empezara a sentirse atraído por el chico que no quería echarlo a perder sólo por actuar tan hormonalmente como él.



— Creo que debemos dormir, Harry.

— Sí… ¿Podría usar el pijama que me prestó ayer?

— En tu baúl deben estar las tuyas… te quedarán mejor.

— Quiero la de ayer… ¿me la regalaría, por favor? —suplicó mirándolo enamorado.

— Si me das algo a cambio. —propuso divertido.

— ¡Le regalo una de las mías!

— Jamás podría usarla, son demasiado pequeñas para mí.

— ¡Ah, ya sé! —exclamó poniéndose de pie para ir a revolver dentro de su baúl mientras el profesor se sentaba en la cama, esperando divertido la ocurrencia de Harry—. Estoy seguro que esto le gustará.



Harry regresó llevando algo en su espalda, y arrodillándose frente a Severus, colocó sobre las piernas del hombre una capa perfectamente doblada. Severus dejó de sonreír al descubrir de lo que se trataba.



— ¿Estás regalándome tu capa de invisibilidad?

— Sí. —afirmó emocionado pero al ver que el hombre no respondía y ni siquiera tocaba la capa, dejó de sonreír—. ¿No le gusta?... bueno, no importa, puedo regalarle otra cosa. —dijo regresando animado al baúl para regresar con un viejo pergamino.

— El mapa. —musitó Severus sin sujetarlo, dejando que Harry lo colocara en su regazo junto con la capa.

— Sí… sólo tiene que poner la varita y decir “juro solemnemente que mis intenciones no son buenas”… y vea, puede ver todo lo que pasa en Hogwarts.

— Vaya, es ingen… quiero decir, estúpido e infantil. Tu padre y sus amigotes realmente no tenían nada qué hacer, debieron ponerse a estudiar y dejar de andar entrometiéndose en las vidas ajenas.



Harry suspiró decepcionado, eran sus mayores tesoros y el hombre parecía no apreciarlos como él, ya no tenía mucho más que ofrecerle… ¿el espejo de Sirius?... lo rompería en cuanto lo viera. Notó como Severus dejaba sus objetos sobre la cama sin prestarles mucha atención, algo que en su habitación Adam y Ron hubieran agradecido mucho. Nuevamente los ojos de Harry se iluminaron y fue corriendo hacia donde había visto su escoba.



— Sé que no le agrada mucho volar, pero es útil de vez en cuando y…

— No quiero la escoba que te regaló el pulgoso de tu padrino. —respondió haciendo a un lado la mano de Harry sin siquiera tocar la escoba—. Deja ya de ofrecerme cosas que se relacionan con esa gente.

— Es que… no tengo nada más, nada que valga la pena. —dijo bajando la mirada derrotado—. Yo quería hacerle un regalo, profesor, no quería molestarlo.

— No me has ofrecido lo único que quiero.



Harry levantó los ojos, con la firme determinación de darle lo que quisiera, de ir a conseguirlo al fin del mundo si era preciso. Snape sólo lo sujetó de la cintura para levantarlo y colocarlo nuevamente sobre la cama antes de darle un suave beso en los labios.



— Lo único que quiero, Harry, es a ti.

— Mi alma es suya. —dijo mirándolo enamorado mientras acariciaba el rostro amado como si fuera una ilusión que desaparecería en cualquier momento—. Mi alma, mi cuerpo, mi vida… todo es suyo, no tiene porqué pedirlo porque puede disponer de todo cuando quiera

— ¿Y tu voluntad, Harry?

— También es suya… haré todo cuanto me pida. ¡Ni un día más de rebeldía, ni un día más de caprichos tontos, ni un día más de egoísmo… sólo dígame que tengo que hacer y lo haré, lo prometo!

— Quiero… quiero que me llames por mi nombre, quiero que me tutees, claro, fuera de clases. Pero cuando estemos juntos quiero que dejes de mirarme como si fuera un Dios y me mires como el hombre que está empezando a quererte con el alma entera.

— ¿De verdad? —preguntó emocionado.

— Sí, de verdad quiero que me llames por mi nombre, Harry, yo ya lo hago y…

— No, eso no… ¿De verdad me quiere… me quieres? —se corrigió feliz.

— Sí te quiero, Harry ¡mucho, muchísimo!

— ¡Ah, estoy tan feliz! —exclamó rodeándole por el cuello—. ¡Lo amo… te amo, Sev!

— Sev no…. Severus. —corrigió con suavidad.

— Severus es demasiado largo. —protestó simulando tristeza mientras delineaba los labios de Snape con sus dedos—. ¿No puedo llamarte sólo Sev?

— No, dijiste que me complacerías, Harry.

— Está bien… Severus. —respondió, ahora sí con un poquito de genuina tristeza—. Pero me gustaba como se oía “Sev”.

— ¡Por Merlín, es que contigo no hay quien gane! —exclamó bufando exasperado de no poder seguirse negando ante esos ojitos verdes acuosos—. Puedes llamarme Sev, pero ni se te ocurra ningún otro apodo cursi y ridículo de los que acostumbran los adolescentes.

— No, juro que sólo será “Sev” —afirmó levantando la mano con alegría.

— Bien, y sólo será cuando estemos solos, Harry. Te advierto que si Albus o cualquiera de tus inútiles amigos se entera, yo mismo me encargaré de colocarte un apelativo que hará que quieras vivir bajo tierra.



Harry rió divertido, mientras estuviera con Severus, es decir, Sev, no le importaba vivir en cuevas o debajo del mar, pero estaba dispuesto a obedecerlo, no le contrariaría nunca más. Y mientras ellos volvían a besarse, felices y despreocupados del mundo, Adam se encontraba sentado en una orilla de la cama, dándole la espalda a Ron, quien tampoco volteaba a mirarlo, sólo se reprendía mentalmente por haber arruinado el mejor momento de su vida.



“¡Si serás idiota, Weasley!” Exclamó Ron en su mente. “¿Cómo es posible que no pudieras controlar tu bocaza?, ¡lo has asustado, él no está preparado para eso!... ¡pero es que me gusta tanto, lo amo tanto!... no quiero que se vaya nunca de mi lado, no quiero perderlo… ¿qué hago ahora? ¿qué le digo?”



– Ron… —empezó Adam sin atreverse a mirarlo, su voz no podía disimular la tristeza que sentía—… tenemos que hablar.

— Adam, sé que es precipitado, pero…

— Te amo, tú lo sabes, pero… ¿casarnos?

— No tiene nada de malo, pero si no quieres pues no lo hacemos, yo puedo esperar a que estés preparado, entiendo que…

— Ron, yo sería el hombre más feliz del mundo casándome contigo, pero no sé si esté bien. —confesó confundido—. Tu familia es completamente de magos, no hay quien no lo sea, y mi padre no creo que sea feliz con la idea, además, te falta terminar Hogwarts, y luego quizá quieras terminar una carrera, una vez comentaste que debías ir a una academia para ser Auror, y…

— Hey, basta. —le pide suspendiendo su perorata de disculpas, enseguida se aproximó y sentándose a su lado, suspiró hondo—. Nada de eso importa, Adam. Mi familia te aprecia, mi madre creo que ya te quiere más que a mí, a ninguno de ellos le interesa que no puedas hacer magia… aunque me preocupo por los gemelos, ellos podrían aprovecharse de eso para sus asquerosas bromas, en fin, eso tampoco importa porque primero los mato. En cuanto a tu padre, pues ya me acostumbré a que no esté de acuerdo en nada conmigo, pero confío en que ahora se mantenga muy ocupado con Harry y se olvide un poco de nosotros, pero aunque no sea así, tampoco interesa porque yo le demostraré que no va a encontrar mejor yerno que yo. Y por último, puedo seguir estudiando aunque estemos casados, sé que mi padre podrá conseguirme un empleo en el Ministerio, de lo que sea, pero estoy dispuesto a hacer cualquier cosa para que podamos vivir juntos, mi amor.

— ¿Vivir juntos? —preguntó con una chispa de ilusión en sus ojos negros—. ¿Te gustaría vivir conmigo?

— Eso es lo que hacen los esposos. —sonríe enamorado—. Claro que tendremos que esperar a que termine Hogwarts, no creo tener la suerte de Harry para poder mudarme aquí contigo.

— Ron…

— ¿Qué?

— Que sí… ¡Sí quiero casarme contigo, y pronto, ya, mañana mismo!



Ron se quedó un par de segundos con la boca abierta, la algarabía de Adam dando rienda suelta le llegaron al corazón, y sonriéndole nuevamente le abrazó asintiendo, pero antes, tendría que dar el paso más temible de su vida: hablar con Severus Snape.









Los días pasaron y Ron cada vez vivía más ansioso, por más intentos que hacía no lograba nada, parecía que el profesor Snape sospechaba lo que tramaba pues jamás tenía tiempo para dirigirle ni una palabra, y lo mismo sucedía cuando Adam era quien buscaba la oportunidad de hablar con su padre, él siempre salía presuroso con cualquier pretexto. Ambos chicos se miraban casi empezando a resignarse a que tendrían que amarrarlo para poder conseguir que los escuchara, pero eso equivaldría a no llegar vivos el día de su boda.



Lo que ninguno de los dos imaginaba, era que el motivo por el que Severus pasaba mucho menos tiempo en su despacho luego de sus clases o en los momentos libres, era porque el deseo de ver a Harry crecía dentro de él como una hiedra que poco a poco iba cubriéndole por dentro sin dejarlo más espacio que un solo pensamiento… Harry Potter.



Aquella tarde, justo después de la comida, y mientras Harry se dirigía hacia su clase de Herbología, sintió como era jalado hacia un extremo sin que nadie se diera cuenta. Severus le cubrió de inmediato con la capa invisible para que ambos quedaran fuera de la vista de quienes iban pasando. Ninguno de los dos se movió ni pronunció palabra alguna hasta que comprobaron que el corredor había quedado desierto, entonces Harry saltó envolviendo a Severus con sus piernas al mismo tiempo que le daba un beso intensamente correspondido por el profesor.



Harry sabía que no debía dar ni un paso más que eso, que lo demás lo pautaba Snape, pero no le importaba, aunque el ex espía continuaba reacio a dar el siguiente paso, le hacía disfrutar como nunca. Con fuerza lo sintió chocar su pelvis contra la de él, podía percibir la dureza del pene de Severus, eso era suficiente para sentir que ya le estaba perteneciendo también en su cuerpo. Severus le sostenía por las piernas, con firmeza para que no cayera, y luego deslizó sus labios hacia el cuello de Harry, chupándolo, mordisqueándole, dejando marca sobre su piel blanca, era suyo, lo sabía y le enloquecía tenerlo siempre presente… empezaba a sentir que su corazón era feliz, que estaba bien, que al fin podría vivir un amor total, sin miedos, porque tenía que admitirlo, sus miedos estaban evaporándose como el humo, y aunque aún no sabía lo que le impedía tomar a Harry hasta morir, no tenía ninguna duda de que su mente y su corazón estaban cada vez menos confundidos… pero aún no lo decía.



— ¡Por todos los cielos, Sev, mi amor… más fuerte! —suplicó Harry en un gemido.

— ¿Eso quieres?... te complaceré, Potter.



Harry sonrió, le gustaba que Severus estuviera deseándolo tanto como él, y cuando sintió su espalda chocar fuertemente contra la pared, su mente voló a un tiempo atrás, cuando igual sintió sus huesos crujir, cuando fue retado a un duelo a muerte… ahora todo era tan diferente, ahora era solo felicidad en su vida, Severus lo quería y le deseaba, ya no se atrevía a pedir más. Harry sintió la mano de Severus deslizándose dentro de su pantalón, él ansiaba hacer lo mismo pero no lo tenía permitido. Muy pronto se sintió masajeado en su miembro, haciéndole sentir cosas maravillosas, hundió su rostro en el cuello del hombre y también lo marcó… Severus era suyo y esperaba que algún día el mundo entero lo supiera. El profesor sintió la profunda succión y gimió placenteramente, nunca nadie le había marcado, pero la sola idea de saberse, de sentirse propiedad de Harry Potter le excitaba todavía más y con fuertes empellones, consiguió que ambos llegaran al éxtasis al mismo tiempo.



— Ah, Sev… estuvo genial. —dijo Harry aún respirando agitado mientras volvía a colocar sus pies sobre el suelo y sentía que las rodillas le temblaban—. ¡Me encantas, te amo!

— Tú también me encantas. —responde sonriendo, Harry no se desilusionó de no escuchar un “también te amo”, después de todo no lo esperaba, y le correspondió a la sonrisa—. Ya no me pude aguantar hasta en la noche, estaba en plena clase con los de tercero y tu imagen se me venía a la mente a cada instante… ¿seguro que no me has puesto algún hechizo, Harry Potter?

— Sólo el de mis encantos. —respondió Harry riendo divertido—. Y no hay nada que me gustaría más que continuar contigo, Sev, pero debo ir a mi clase, amor.

— Lo sé. —acepta, pero sin soltarlo, apoyando su frente en la del muchacho y suspirando lentamente—. ¿Sabes?... recuerdo que un día le dije a Albus que no lo haría contigo en los pasillos.

— ¡¿Hablas con el Profesor Dumbledore de esto?! —preguntó sorprendido.

— ¡Claro que no, tonto! —negó sonriente—. El viejecito se muere por saber pero no le he dicho nada, y creo que le duele no tener idea por primera vez de lo que sucede con nosotros. En esa ocasión le dije eso porque quería que respetara nuestra relación de profesor-alumno y no hubiera intimidad.

— ¿Y por eso es que…?

— No, no es por eso. —dijo con seriedad—. Mejor vuelve a tus clases, si tienes algún problema con Sprout le dices que estuviste detenido conmigo.

— Prefiero decirle que me aburre su clase y por eso llegué tarde. —respondió Harry con susto—. Desde que saben todos que no duermo en mis habitaciones se han volcado miles de rumores, y no sé porqué, porque hemos tenido cuidado, pero tu nombre se menciona mucho.

— ¿Y tú qué les dices?

— Nada. —responde encogiéndose de hombros—. Por mí pueden pensar lo que quieran, yo tengo la mejor vida de todos ellos y sé que mueren de envidia porque estás conmigo.

— Creo, jovencito, que es al revés… ¿quién puede envidiar que estés a mi lado?

— ¡Todo el mundo! —sonrió con marcada convicción—. Yo lo sé, pero espero que tú jamás llegues a darte cuenta que podrías tener a quien quisieras… y así no me dejarás nunca.

— Yo no te dejaría ni aunque…

— ¿Ni aunque qué?

— Nada. Ve a tu clase, es demasiado tarde.


Harry tenía curiosidad de saber lo que Severus le quiso decir, pero cada día se acostumbraba más a obedecerlo, a recordarse a cada instante que no quería contradecirlo, esperaba que con paciencia el hombre finalmente se enamorara de él. Además, tampoco debía faltar a su clase, arriesgarse a un castigo y perder sagradas horas junto al hombre que amaba. Al quedarse solo, Severus salió de la capa invisible, su expresión era en extremo seria, se sentó abatido sobre el primer escalón que encontrara, aún pálido recordando lo que había estado a punto de decir “No te dejaría ni aunque Darina regresara y me lo pidiera”.









Esa noche, Harry notó preocupado como Severus permanecía en silencio mientras revisaba los exámenes de quinto año. No es que nunca hiciera eso, el hombre cuando se concentraba se olvidaba del mundo, pero algo le decía que aquello no era normal. Ahora Severus acostumbraba hacer ese trabajo en su escritorio de la habitación en lugar del despacho, así podía pasar más tiempo con Harry mientras él hacía sus deberes. Pero ahora, Harry estaba sobre la cama, recostado sobre la cabecera y abrazando la almohada, no dejaba de mirar hacia donde trabajaba el profesor, tampoco se atrevía a interrumpirlo, pero se sentía inquieto y no tenía idea de porqué.



Severus tenía casi dos minutos sin avanzar de página, continuaba con el mismo examen… aquello debía demostrar otra cosa que no era dificultad para calificar, él generalmente lo hacía muy veloz, se sabía de memoria cada una de las posibles respuestas… ¿entonces qué era? Harry le observó suspirar discretamente y abrazó más fuerte a la almohada, tenía miedo, su corazón le decía que debía tener miedo.



— ¿Porqué me miras así? —preguntó Severus de repente volviéndose a mirarlo con una sonrisa y sorprendiendo al chico por su habilidad—. Te conozco y siento tu mirada, Harry… ¿pasa algo?

— No… nada. —respondió bajando la mirada—. Todo está bien, sigue trabajando.

— En realidad, ya me cansé. —respondió estirando sus músculos de una manera que a Harry le pareció excesivamente sensual—. Creo que ahora tengo ganas de otra cosa… si es que no tienes deberes.

— No, ya los terminé.

— Mmm, te has vuelto muy trabajador, Harry, ¿pretendes impresionarme?



Harry sonrió con dulzura, y haciendo a un lado la almohada que abrazaba, estiró los brazos invitándolo a acercarse. Severus abandonó entonces su lugar y fue a recostarse con el chico, más bien, sobre él, besándole prolongadamente, jugueteando con sus lenguas y saboreando cada milímetro de su boca. El corazón del Gryffindor latía desbocado, no sólo por la emoción de su amor por Severus, sino porque estaba decidido a que esa noche no podía ser como las otras, anhelaba tanto tocar al profesor, hacerle sentir lo que día con día él le prodigaba con sus caricias.



En un discreto movimiento, Harry desabrochó el primer botón de la túnica de Severus, éste lo notó y se dejó caer a un lado suspendiendo aquel hermoso beso.



— Sev, sé que te prometí obedecer… pero, te necesito, mi amor, me muero por estar contigo, por hacerte y porque me hagas el amor por completo. —le dijo colocándose a horcajadas sobre el hombre mayor e inclinándose para besarlo—. Quiero tocarte, quiero acariciarte, sentir tu piel… quiero que me tomes… por favor.

— Harry… espera. —le pide al sentir que el chico insistía y deslizaba sus labios al cuello de Severus y sus manos nuevamente a la odiosa botonadura—. Aún no.

— ¿Qué esperamos, Severus?

— Harry, te he dicho muchas veces que te deseo, que también quisiera tomarte y hacerte mío… pero eso todavía me cuesta trabajo intentarlo, no creo poder.

— Déjame hacerlo a mí, entonces. Te prometo que me detendré cuando lo digas… ¡te lo juro, mi amor, sólo déjame intentarlo!



Severus estuvo a punto de levantarse e irse, pero justo en ese instante Harry le miró a los ojos y no pudo, vio en ellos tanto deseo y tanta ilusión que no se atrevió a hacer nada más que asentir. El brillo en la mirada de Harry fue deslumbrante al obtener el permiso, y se propuso hacer de aquella noche la mejor noche en la vida de Severus Snape.



Las manos de Harry temblaban mientras iba desabotonando la túnica de Severus y cada pedacito de piel que iba surgiendo le incrementaba el deseo. Severus cerró los ojos, no sabía como estaba haciendo eso, pero rechazarlo sería hipócrita, él también le deseaba.



— No pienses, Severus. —le pidió Harry inclinándose para volver a hablarle al oído—. Sólo siénteme, siente el amor que siento por ti sin pensar si soy un hombre o una mujer… concéntrate en mi cariño, en mi deseo… en nuestro deseo, mi amor, y no abras los ojos, no digas nada que yo ya no hablaré, sólo guardemos silencio y concéntrate en lo que vas a sentir.



Severus asintió, no abrió los ojos, no dijo ni una palabra y Harry se dispuso a quedarse en silencio también. Continuó con su tarea de irle quitando la ropa, de disfrutar mirando aquella piel magníficamente blanca. Con sus labios fue besando cada rincón que descubría, a veces con besos suaves, a veces acariciándole con la lengua, otras… un poco más salvaje y mordisqueando la superficie. De reojo miraba la expresión de Severus, veía que sonreía tenuemente aunque su ceño se mantenía fruncido, eran como dos personas en el mismo cuerpo luchando por ganar la una a la otra. Pero Harry ya no pensaba darse por vencido y lograría vencer al intruso que no lo dejaba hacerlo feliz.



Severus sentía las manos de Harry recorrerle por el cuerpo. Luchó contra la ansiedad de abrir los ojos, sobre todo cuando sintió que el chico lograba desnudarle el torso por completo y succionaba delicadamente uno de sus pezones. No quería pensar, pero le era imposible no hacerlo, su mente y su corazón se debatían con furia y él quería hacerle caso a uno, pero aún no sabía en cual de ellos estaba Harry, si en su mente o en su corazón… No dejaba de admitir que los dedos de Harry le acariciaban con una ternura y admiración jamás sentidos en su vida, y eso dolía, dolía saberlo y dolía aún más admitirlo. Los sentía temblar con una emoción tan grande que le era imposible mantenerlos firmes.




Harry se detuvo momentáneamente en el ombligo de Severus, y éste recordó uno de los sueños de Harry, de su garganta surgió un ronco gemido de placer, no quería tener sólo las imágenes obtenidas en la oclumancia, quería tener las suyas propias, y eso, instintivamente fue relajando los músculos de su cara. El muchacho hundía su lengua acariciándole en círculos, mientras sus dedos nerviosos se deshacían del botón del pantalón del profesor, y al ir bajando la cremallera, una fuerte mano aprisionó su muñeca. Harry sintió un pinchazo en el corazón, pero no insistió, sólo que no pudo contenerse y lentamente fue a sentarse al otro lado de la cama, esforzándose como nunca en contener las lágrimas.



— Harry… —murmuró Severus abrazándole—… lo siento.

— Estoy bien, no hay problema. —respondió sonriendo, pero sin atreverse a mirarlo para que no viera sus ojos anegados—. Esperaré, soy paciente, amor.

— No, no esperes más. Siento haberte detenido, pero no quiero que me obedezcas en esta ocasión. Harry, quiero que continúes, me muero porque lo hagas.

— No quiero forzarte, así no quiero, Severus, no lo hagas por lástima.

— ¿No te das cuenta que deseo esto tanto o más que tú?... sólo entiéndeme, es la primera vez, pero ya no quiero esperar más, sólo que…

— Entiendo, no te preocupes, sé que pedirlo todo ahora sería demasiado.

— Sí… continúa, Harry, por favor.



Harry asintió y volvió a colocarse a horcajadas sobre Severus, besándole cariñoso y tierno en los labios, era imprescindible volver a empezar pero eso no le importaba, su paciencia era tan grande como el amor y el deseo que sentía. Severus volvió a cerrar los ojos siguiendo el consejo de Harry, volviendo a disfrutar de cada caricia, de cada beso dado en cada rincón de su cuerpo. Respiró hondo al sentir que Harry se retiraba un poco, no quería abrir los ojos porque intuía a que se debía, podía escuchar el ruido de su ropa y sus movimientos delatando que se desnudaba.



Cuando las manos de Harry descendieron hasta sujetar la cintura de su pantalón, el corazón se le aceleró como nunca, pero no protestó, al contrario, suavemente levantó la cadera para ayudarlo a quitárselo. El Gryffindor lo hizo y al mismo tiempo se deshizo de su ropa interior. Por unos segundos no sucedió nada, y el rostro de Severus se encendió al comprender que Harry le miraba, que por primera vez se mostraba desnudo ante él.



Enseguida sintió al muchacho regresar a su cuerpo, y toda su piel vibró al sentir que en el momento en que Harry besaba su cuello, sus mejillas se sentían húmedas… estaba llorando y el corazón se le estremeció de ternura, porque sabía que sus lágrimas eran de felicidad, que el abrazo que le daba en ese momento contenía un amor tan grande que debía hacerlo sentirse afortunado de ser el elegido de ese corazón.



Harry sintió como los dedos de Severus se hundían en su pelo, y giró su cara para besarle la palma de su mano tal como alguna vez lo había hecho él. Luego, regresó a continuar besándole el cuello, descendiendo lentamente por los bordes de sus músculos hasta llegar a las clavículas, ahí las recorrió, sin ninguna prisa, hasta que cada milímetro de la piel de Severus había sido besada y adorada. El profesor gimió cuando la lengua de Harry volvió a acariciar sus pezones, inconscientemente le rodeó por la cintura para que se recostara sobre él, Harry no lo había hecho hasta ese momento, temeroso de que su cuerpo le mostrara su masculinidad y se asustara, pero no sucedió así, Severus se arqueó un poco haciéndole notar lo excitado que ya estaba para entonces.



Animado, Harry fue bajando más, en esta ocasión no se detuvo tanto tiempo en el ombligo de Severus, estaba ansioso por conocer otro sabor y su corazón ya no podía latir más aprisa ante el deseo que lo agobiaba. Un gutural sonido brotó de la garganta de Severus Snape al sentir un beso en la punta de su erecto pene, era tan estimulante ir sintiendo los suaves besos de Harry recorriéndole en toda su extensión mientras sus dedos jugueteaban amorosamente con sus testículos hinchados de placer.



Y cuando sintió que todo su miembro era humedecido dentro de la ardiente boca de Harry, Severus apretó los labios mientras luchaba por no pensar, por sólo sentir, pero aún le costaba trabajo, se odió por haber nacido un ser pensante porque en ese momento no quería serlo.



“Disfruta, Severus” Se dijo dentro de su mente. “Sabes que te gusta, que… ¡Merlín, esa lengua, tan ardiente!... ¿Cómo hace esto?... ¿Cómo logra que todo el mundo me importe un pepino si lo tengo a mi lado?.... ¡oh, cielos, no sé qué hiciste, Harry, pero eso fue francamente excitante!... Me gustas, Harry… te quiero. Y es tu boca la que me está preparando para un orgasmo como no he tenido en mi vida… es la boca de un hombre la que rodea mi pene… es una lengua masculina la que me hace gozar como nunca creí hacerlo… eres tú, Harry Potter… ¡eres tú!”.




Severus se atrevió a abrir los ojos un segundo, quería comprobar que era Harry quien estaba con él… ¿pero quien más podría ser si jamás nadie hizo algo así con él?... la imagen que se reflejó en sus cristalinos ojos negros fue lo más erótico que hubiera visto antes, un hombre, y no cualquier hombre, sino uno hermoso, y total y plenamente enamorado rodeaba su miembro con sus labios, subiendo y bajando armoniosamente, concentrado en dar más que en recibir placer. Supo que ya no podría contenerse más tiempo, y rodeándolo con sus piernas, hundió sus dedos en la cabellera negra de Harry antes de arquearse voluptuosamente llenado la boca del muchacho de todo su contenido.



Pensó en disculparse por no haber avisado, pero Harry no parecía en lo absoluto molesto, recordó la vez que lamiera su mano pues ahora hacía lo mismo con su pene y los alrededores, saboreando como si se tratara de un elixir de dioses. Severus se dejó caer nuevamente sobre la cama, aún con la respiración agitada, dejando que Harry continuara todo el tiempo que quisiera, después de todo, aquello también era delicioso para él.



Al cabo de unos minutos, Harry reptó hasta colocarse sobre Severus y depositar un dulce beso sobre su frente antes de dejarse recostar en su pecho.



— Gracias. —dijo sintiéndose el hombre más feliz—. Te amo.

— No me agradezcas, y… no creo haberte detenido aún.



Harry se incorporó mirándole con sorpresa, pero de inmediato, en un inesperado giro, Severus colocó a Harry de espaldas sobre la cama y empezó a besarlo por el cuello mientras sus manos descendían hacia sus caderas.



— Sev… amor, no es necesario, de verdad. —dijo Harry conteniendo un gemido de placer, creyendo saber el motivo de la reacción de su pareja—. No tienes porqué hacerlo.

— Puede ser que no… pero yo también quiero probarte, Harry.



Harry miró a Severus y vio en sus ojos que no mentía, que había dejado el agradecimiento en el pasado y realmente lo deseaba. Asintió con la plena convicción de que su vida era mejor de lo que merecía. Su pene aún seguía erecto, pero Severus quería experimentar todo lo que Harry, así que le imitó sus movimientos, y realizó algunos que provenían de un instinto que no sabía que tenía. Comprendió lo diferente que era hacer el amor con un hombre que con una mujer, y sobre todo cuando se aunaba al hecho de que eran de personalidades tan distintas, con deseos y necesidades incomparables los unos con los otros.



“¡Merlín!” Exclamó Severus en sus inquietos pensamientos cuando se atrevió finalmente a probar el miembro de Harry con la punta de la lengua. “¡Esto es… es… no sé que es, pero me encanta!... No, definitivamente acabo de hacer el descubrimiento del siglo… ¡pero que suave, que dulce… quiero más!”



Severus no fue tan delicado como Harry y luego de ese primer sabor, atrapó todo el pene de Harry en su boca, consiguiendo que el chico abriera los ojos sorprendido, mientras sentía como la punta de su miembro llegaba hasta la garganta de Severus, nunca se imaginó que terminara siendo tan atrevido, pero ni por un segundo se atrevió a quejarse, era sensacional que aquello finalmente estuviera ocurriendo. Por momentos casi hasta fue doloroso como Severus succionaba con fiereza, pero era mucho más intenso el placer que lo único que pudo hacer fue arquear la cintura para ayudarlo a entender que necesitaba más movimiento que fuerza. El profesor captó convirtiéndose en un excelente alumno, recordando los movimientos que había hecho Harry, los que él mismo le hacía cuando lo masturbaba, sólo que ahora era con sus labios y lengua. Y en pocos segundos podía escuchar los gemidos de deleite del joven Gryffindor, aquello lo impulsó a ir más rápido, a darle lo que pedía.



Cuando sintió la mano de Harry sobre su cabeza, advirtiéndole que debía retirarse, lo único que hizo fue sujetarlo con firmeza de sus caderas y aumentar la fuerza de succión. A pesar de la incertidumbre de lo que sentiría con la eyaculación de Harry, no se retiró. Y aunque en un principio sintió ahogarse, pronto se adaptó a la sensual experiencia y saboreó de cada gota que parecía una mezcla de miel y almizcle… sintió convencido que Harry era lo más erótico y lo más sensual conocido en la faz de la tierra… no era una mujer, pero era lo ideal para él, era lo que la gente común podría llamar su otra mitad, para Severus era algo más que eso, pero aún no podía describirlo.










A la mañana siguiente, ninguno de los dos tenía muchas ganas de levantarse, y contra la costumbre de ser Harry quien reposaba en el pecho de Severus, en esta ocasión era él quien descansaba sobre el regazo del joven quien tenía que inclinarse para besarlo por el rostro. Severus recibía esas caricias en silencio, con sus ojos cerrados pero una feliz sonrisa en sus labios.



— Te amo, te amo, te amo. —repetía Harry en voz baja—. Lo de anoche fue maravilloso… te amo, te amo, te amo.

— Te cansarás de tanto repetirlo, Harry.

— Nunca me cansaré de repetirlo… te amo, te amo, te amo… mucho menos de sentirlo… te amo, te amo, te amo.

— Basta, eres demasiado cursi para mí. —protestó bromeando y su sonrisa lo confirmaba—. Entiendo que esa tonta varita te eligiera, pero no sé porqué la mía lo hizo conmigo.

— Porque tienes un corazón muy dulce, Sev, aunque lo niegues.

— ¿Y que pasó con mi “te amo, te amo, te amo”?

— ¡Te amo, te amo, te amo!



Severus rió, realmente era divertido soportar las abrumadoras exhibiciones de empalague de Harry, que no tenían nada que envidiarle a las de Adam. Pero su risa se vio cortada de repente cuando se escucharon unos tímidos golpes en la puerta. Bufando contrariado de abandonar su cómodo sitio en las piernas de su pareja, Severus se levantó a atender el llamado, y gruñó sin disimular su contrariedad al encontrarse con Ronald Weasley acompañado de Adam, y no solamente acompañándolo, sino tomados de la mano con fuerza, manteniendo el cuello en alto como si estuvieran enfrentándose al reto de su vida.



— Esperamos no interrumpir, pero nos hemos dado cuenta que no podremos hablar con usted si no es aquí y ahora. —dijo Ron entrando a la habitación sin esperar a ser invitado, y llevando con él a un también decidido Adam—. Así que, profesor Snape, más le vale que me ponga atención a lo que le diré.

— ¡¿Pero qué te has creído muchachito engreído?! —volvió a gruñir Severus y ante el peligro para su amigo, Harry se apresuró a levantarse para abrazarlo y contenerlo—. ¡Nadie te dijo que podías pasar, estas son mis habitaciones privadas!

— Eso lo sé. —respondió Ron con Valentía aunque su rostro se había tornado de un intenso color escarlata—. Por eso lo hemos buscado aquí, porque Adam y yo tenemos algo importante que decirle.

— ¿Adam? —cuestionó Severus mirando a su hijo mientras Harry, suavemente conducía a Severus a sentarse sobre la cama—. ¿Qué pretende este inútil?

— Padre… —respondió Adam armándose de valor—… Ron me ha pedido que me case con él.

— ¡¡¿¿Queeeé??!! —gritó Severus poniéndose de pie, y Harry nuevamente le colocó una mano en el pecho para evitar que diera un paso más.

— Me pidió que me casara con él. —repitió Adam—. Y yo le he dicho que sí.

— ¡¡¿¿Queeeé??!!

— ¡Lo amo, Padre, y él también me quiere, así que queremos casarnos!

— ¡De ninguna manera… primero lo mato! —aseguró Severus tomando su varita del buró—. ¡Nunca dejaré que un hijo mío termine viviendo como un Weasley!

— Severus… tranquilo, por favor. —pidió Harry incrementando su temor por Ron—. Debes calmarte y hablar civilizadamente, a mí me parece una buena idea.

— ¡Nunca! ¡Fuera de aquí, Weasley… ahora!

— ¡No! —Negó Ron, y Harry se sobrecogió cerrando los ojos, esa no había sido una buena idea—. ¡No me iré hasta hablar con usted, profesor y me va a escuchar!

— ¡¿Pero cómo se atreve…?! —gritó dando un paso hacia delante consiguiendo que Ron retrocediera finalmente—. ¡Ahora mismo sabrá que no puede hablarme en ese tono y seguir vivo!

— Severus, por favor… —suplicó Harry.


Pero la súplica de Harry se evaporó en el aire, Severus echaba fuego por la mirada, y Ron comprendió su imprudencia, así que cuando el profesor dio un paso más, él salió corriendo olvidándose de su valor Gryffindor, tras de él un padre furioso, y enseguida un novio preocupado. Harry sólo suspiró resignado a que iba a costarle mucho salvar a su amigo de alguna maldición, y con algo de cansancio fue tras de ellos esperando que aquella situación no durara mucho.









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Capítulo 25
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La familia que siempre quise. Capítulo 26.
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