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 La familia que siempre quise. Capítulo 24.

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Araleh Snape

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MensajeTema: La familia que siempre quise. Capítulo 24.   Sáb Jun 29, 2013 1:42 pm


CAPÍTULO 24



DEMONIO











Harry salió corriendo de la habitación de Adam, con las manos en los oídos, negándose tercamente a seguir escuchando. Vio a Severus esperando en el corredor y fue hacia él abrazándosele con fuerza, llorando aferrado a su túnica. El hombre sólo atinó a abrazarlo con preocupación mientras veía que su hijo salía tras de Harry.



— ¡Dígale que se calle, por favor! —suplicó Harry atormentado—. ¡No quiero oír más, no quiero que diga ni una sola palabra… por favor!

— ¿Adam? —preguntó Severus intrigado—. ¿Qué fue lo que le dijiste?

— Yo lo único que quería era confesarle lo que hablé con mamá antes de que ella muriera. —respondió con tristeza—. Lo siento, Harry, no sabía que reaccionarías así.

— ¿Le dijiste que hablaste con tu madre? —preguntó Severus con un nudo en la garganta.

— Sí… creí que necesitaba saberlo.

— Me gustaría saber exactamente cuanto le contaste. —pidió Severus.

— ¡Ya no, por favor! —imploró Harry queriendo casi desaparecer entre los pliegues de la vestimenta de Snape—. ¡No quiero oírlo otra vez!

— Dilo. —pidió Snape apretando más fuerte a Harry contra su pecho—. Repite una vez más lo que hablaste con tu madre, Adam.

— Tú ya lo sabes… mamá creía saber los sentimientos de Harry por ti. —respondió Adam con timidez—. Me dijo que quería que Harry supiera que no le guardaba rencor, que lo entendía y que si un día ustedes podían estar juntos ella sería feliz. Mamá no quiso morir sin asegurarse de que Harry estuviera enterado de que lo perdonaba de corazón.

— ¡Ella lo sabía! —exclamó Harry sollozando—. ¡Pero yo no quiero su perdón, yo quiero que me odie como yo la odio! —gritó desesperado sobre el pecho de Severus—. ¡Ya no puedo seguir negándomelo, la odié siempre, a cada momento deseé que no estuviera, que desapareciera, la quería lejos de mi vida!... ¡¿Porqué tuvo que perdonarme si yo la dejé morir?!... ¡Y no me arrepiento, no cambiaría nada de lo que hice, no lo haría!... ¡La odio, la detesto con todas mis fuerzas!



Severus y Adam se miraron en silencio. El profesor podía sentir la angustia desbordante de Harry, no lo soltó ni un segundo pese a sus crueles palabras. Adam no esperaba que hiciera lo contrario, y aunque le dolía lo que su amigo gritaba, no respondió nada. En ese momento, las piernas de Harry parecían debilitarse, Severus comprendió que estaba a punto del desmayo y lo sostuvo firmemente en sus brazos.



— Adam, por favor pide a Dumbledore que me sustituya en el resto de las clases. —le dijo a su hijo con profunda seriedad—. Y por favor, encárgate de tu hermanita en cuanto Tonks la traiga de la escuela… me parece que estaré ocupado un largo rato.

— Padre… —interrumpió Adam al ver que Severus se alejaba con Harry en brazos—… yo no sabía que podía suceder algo así, no ha sido mi intención lastimarlo.

— Lo sé, no te preocupes, todo estará bien… Al fin lo está sacando, Adam.



Adam asintió y pudo dejar que Severus se marchara con la tranquilidad de que su hijo no se había molestado por lo que Harry acababa de confesarles. El cuerpo del Gryffindor daba la impresión haberse encogido varios centímetros, lucía más pequeño de lo que era, casi no pesaba nada y se acurrucaba minimizándose aún más en los brazos del hombre. Al entrar a su habitación, Severus colocó al chico sobre su cama, pero ni bien estuvo un segundo ahí y Harry salió corriendo hacia el baño, sentado sobre el piso devolvió al retrete toda la comida ingerida aquel día.



Severus lanzó un par de hechizos a la habitación, las horas que se aproximaban se vislumbraban muy largas y no quería ninguna interrupción, era hora de realmente hacer algo por salvar el alma de alguien que se había condenado a sí mismo. Pacientemente llegó junto a Harry sentándose tras de él para prodigarle un sitio donde recargarse cuando lograra erguirse entre sus arqueadas. Las gafas de Harry habían quedado rotas en un rincón, como si el chico las hubiera arrojado con furia al quitárselas. En silencio, le acarició la espalda, esperando serenamente a que hubiera un poco de descanso.



— Yo… me equivoqué. —murmuró Harry entrecortadamente, las náuseas no disminuían y el aire le faltaba—. Desde un principio todo lo hice mal… ¡todo!



Severus no respondió nada, sólo le hizo a un lado el flequillo humedecido por el sudor cuando el joven volvió a inclinarse sobre el baño. De vez en cuando soplaba suavemente sobre el rostro de Harry, intentando refrescarlo, le sentía temblar más a cada momento, sus ojos verdes estaban inyectados de sangre por el esfuerzo, y sabía que la lava de ese volcán estaba a punto de salir explotando con furia… su deber era y sería siempre controlarlo, que no se lastimara ni lastimara a nadie, ahora Severus tenía más claro que nunca que no tenía cabida en otro sitio en ese momento más que junto a Harry.



— ¡Nunca tuve nada que fuera mío, solamente mío! —exclamó Harry aferrándose con fuerza a la taza de baño mientras volvía a vomitar, ahora puro jugo gástrico casi tan amargo y quemante como el tormento que tenía en su corazón—. ¡Cuando supe que me había enamorado de usted yo no sabía que eso no podía ser, me juré que intentaría con todas mis fuerzas para que me quisiera, para que me pudiera amar como yo lo hacía!... ¡Creí que estaba tan solo como yo, que nos haríamos compañía mutuamente, creí que sería feliz por primera vez en mi vida!



Severus no respondió, aprovechó un momento en que el chico intentaba jalar aire a sus pulmones para recostarlo sobre su pecho colocándole una mano sobre la frente de manera tranquilizadora.



— Desde que la vi en ese jardín… —continuó Harry jadeando ante la falta de aire—… deseé con toda el alma que no fuera lo que pensaba porque estaba seguro de que la odiaría. Y lo hice… nunca me lo acepté hasta ahora.



Harry golpeó con fuerza la porcelana que tenía delante suyo, sin importarle lastimarse los nudillos de su mano, queriendo desquitar su coraje contra lo que tuviera enfrente, mientras lloraba más amargamente todavía.



— ¡En ningún momento lamenté su muerte por ella! —gritó antes de volver a arquearse por las náuseas—. ¡Lo único que pensé era en que usted me odiaría, sólo lo sentí por usted, porque sabía que le dolería, y también por mí, porque pensé que jamás obtendría su perdón por haberla dejado morir!... ¡La suerte de ella nunca me importó!



Severus alcanzó una toalla de un mueble cercano para no separarse de Harry y con suavidad le limpió la saliva que ensuciaba su rostro. Harry no se volteaba a mirarlo, pero aceptó volver a reposar su cabeza sobre el pecho de su profesor.



— Siempre fui egoísta… —continuó Harry cuando recuperó el aliento—… yo lo sabía y no me importó. La culpaba a ella de todo lo que me pasaba, la sentía la responsable de mi sufrimiento… para mí, ella siempre fue la intrusa. —aseguró con destellos de odio en su voz—. ¡Ella debió morir pidiéndome perdón... no dándomelo!... ¡Ella fue la que me robó el amor, ella fue la que impidió que lo tuviera sólo para mí, era la maldita mujer que se atrevió a conocerlo antes de que yo, la que consiguió que nuevamente me quedara con las manos vacías, la que se interpuso, la estúpida que jamás podría hacerlo tan feliz como yo lo haría, la infeliz que tenía lo que yo quería, la que me frustró mi sueño, la miserable muggle que no se merecía tenerlo a su lado!... ¡No era justo lo que me sucedía, no era justo que cuando finalmente había encontrado con quien quería pasar el resto de mi vida, ella estuviera en medio!... ¡No era justo que la familia que siempre quise fuera de ella!... ¡Y fui un hipócrita porque nunca me interesó reconocerlo, porque me sentía la víctima de todo, porque en el fondo claro que quería que muriera, claro que me alegré que ella se hubiera ido para siempre, que me dejara el camino libre, ese camino que yo sentía mío, que siempre me había pertenecido!



Severus le hizo la cabeza hacia atrás para volver a intentar refrescarle el rostro con su aliento. Harry cerró los ojos un momento, pero no había paz en su expresión, la calidez de ese vientecito dulce que secaba su sudor le hacía sentirse todavía más ruin.



— Durante el ataque a Hogsmeade… —prosiguió Harry sin abrir los ojos—… me dediqué a proteger sólo a Adam y a Sally… a ella la hice a un lado, y en secreto, sin que ni yo mismo lo pensara, deseé que aquel rayo que le pegara hubiera sido mortal… reprimí mi coraje cuando el Auror dijo que estaba herida solamente…. ¡La odié más que nunca! ¡¿Porqué demonios tenía que seguir viva?!



La respiración de Harry era cada vez más agitada y Severus podía escuchar los latidos tan fuertes del corazón del muchacho mientras que algunos objetos colocados en una repisa cercana empezaron a temblar. Entonces lo abrazó, suavemente, apoyando su barbilla en el hombro de Harry, casi de inmediato el temblor cesó, pero Harry volvió a inclinarse sobre la taza de baño, ya no tenía nada en el estómago, pero las náuseas no se iban.



— Estoy seguro que la intención que tuve de ir a ese hospital era sólo para ser testigo de su muerte, para asegurarme que ya no me molestaría más. —dijo con el corazón comprimido—. Y la odié más cuando vi que usted tuvo que ir con Voldemort arriesgando su vida, la odié cuando lo vi regresar tan lastimado sólo por intentar proteger su existencia… Si en ese entonces hubiera aceptado lo que hoy hago, nada me hubiera detenido para entrar a esa habitación de hospital y acabar con ella yo mismo.



Severus respiró hondo al escuchar eso, pero no respondió, solo rodeó al chico por la cintura estrechándolo contra su propio cuerpo. Harry tampoco reaccionó ante ese contacto, pero pudo notar que su corazón latía con irregularidad como un motor a punto de detenerse en cualquier momento, así que debía continuar y confesar todo lo que sintió hacia esa mujer, como él insistía en llamarla despreciativamente.



— Cuando finalmente murió, sólo me sentí mal por nosotros, eso ya se lo he dicho. Pero usted fue a buscarme y me hizo ver que no me culpaba… entonces todo estaba perfecto, ella por fin se había marchado y yo podía luchar por mi oportunidad… nunca tuve verdaderos remordimientos por ella, jamás. —confesó con gruesas lágrimas rodando hasta su sudoroso cuello—. Siempre había tenido fe en que algo así tenía que suceder, sólo era cuestión de esperar… pude engañar al propio Dumbledore diciéndole que me mantendría siempre apartado en cuando la guerra terminara, yo jamás dejé de creer en que ella no sobreviviría.



Lo que Severus sentía al escuchar aquellas palabras solamente él podía saberlo, su rostro no mostraba más expresión que paciencia, esforzándose por no hablar, por no preguntar ni querer saber más de lo que Harry le decía. Dándole todo el tiempo necesario hasta sacar de su interior todo lo que había estado ocultando y ocultándose desde hacía meses. Esperando sólo conseguir que la explosión de Harry no saliera de aquella habitación, el daño sería solamente para ellos dos, nadie más tendría porqué resultar herido.



— ¿Sabe? —preguntó Harry sonriendo con ironía—. Yo me sentía un héroe, me creí mejor que todos, y como héroe típico no podía morir y mi final no debía ser trágico, y como en mi cuento la bruja mala era ella, entonces ella era la que finalmente tendría que desaparecer para que yo pudiera ser feliz… así que tomé su muerte como una página más de un libreto, sin ningún sentimiento más que la alegría de saber que todo estaba sucediendo como sentía que debía suceder… Voldemort muerto, ella muerta, y yo vivo y con toda una vida por delante a su lado. Era feliz, y más lo fui cuando usted me brindó la oportunidad que yo ansiaba con toda el alma, estaba decidido a luchar con mi vida por cumplir el destino que creía merecer… ella ya era historia, ya no podía entrometerse jamás… pero no fue así, me ha perdonado, se enteró que yo amaba al mismo hombre que ella y generosamente me perdonó. —rió sarcástico—. ¡No sé quien demonios le puso en la cabeza que yo necesitaba su perdón, no lo quiero!... ¡Me repugna!

— Harry… —murmuró Severus suavemente a su oído, intentando calmarlo al ver que ahora las llaves se abrían sacando un fuerte chorro de agua a presión—… todo está bien.

— ¡No, no está bien! —gritó Harry desesperado—. ¡Yo me repugno más, y usted también debe sentirse asqueado por mí, por saber quien soy realmente!



Severus no respondió nada y Harry tomó su silencio como una afirmación, pero no podía culparlo, él mismo sentía que olía mal, que lo putrefacto de su alma corrompida le brotaba por los poros de su piel. Al poco rato todo regresó a la quietud, durante un tiempo lo único que hubo fue silencio… Severus había jalado a Harry hacia un extremo para poder descansar sobre la pared, para poder continuar abrazándolo sin prisas, ninguno tenía fuerza para ponerse en pie. Harry continuaba sudando copiosamente como si estuviera saliendo de una fuerte fiebre, sus ropas se habían humedecido tanto que se pegaban a su cuerpo, su cabello igual, daba la impresión de haber sido sumergido en una profunda fosa de agua.



Sin decir nada, cuando Severus creyó que Harry ya no volvería a descontrolarse, se puso de pie para acercarse a un armario, de ahí sacó un par de toallas que dejó junto al chico. Harry no levantó la mirada, continuó en el mismo lugar sin mover ni un músculo.



— Date un baño, Harry… estás asqueroso. —le dijo bromeando, pero sin sonreírle mientras reparaba mágicamente la regadera estropeada—. Te espero afuera, toma todo el tiempo que necesites… ah, y puedes usar mi cepillo de dientes, supongo que lo necesitarás.

— ¿No dijo que estaba asqueroso? —respondió intentando también bromear, aunque le estaba costando demasiado poder siquiera pronunciar cada palabra.

— Los cepillos no son caros, puedo comprar otro.



Harry bufó en un fracasado intento de risa, agradecía que el profesor estuviera bromeando con él después de todo lo que le había dicho, aún no entendía porqué estaba a su lado, pero aceptaba su compañía como lo único que podía evitar que enloqueciera. Cuando Severus salió del baño, Harry se deshizo de sus ropas sudorosas y con restos de vómito en ella. Abrió la llave del agua fría y dejó que ésta le quitara toda la suciedad del cuerpo mientras que sus nuevas lágrimas se encargaban de quitar la que tenía en el alma.



Severus escuchaba sus sollozos amortiguados por la corriente de agua, pero no regresó con él, confiando en que ese llanto era mucho más resignado y no provocaría destrozos. Dejó que se desahogara cuanto quisiera mientras él mismo se aseaba antes de disponerse a esperar a que Harry estuviera listo para salir de ese baño.



Luego de terminar de bañarse, Harry intentó secarse los ojos pero parecía que éstos se empecinaban en permanecer húmedos. Vio un pijama de seda azul oscuro doblada sobre una silla con ropa interior nueva sobre ella, sonrió con tristeza al continuar percibiendo la inesperada actitud de su profesor. El pijama le quedaba grande, seguro era de él y eso fue maravilloso y atormentador al mismo tiempo.



Cuando finalmente Harry salió del baño, Severus le miró en silencio por unos segundos, le enternecía mirarlo tan pequeño, aún más dentro de ese pijama con las mangas y lo bajo de los pantalones doblados un poco, fue impactante ver esos chispeantes ojos verdes ahora sólo brillando por las lágrimas aún cuando sólo pudo verlos por un segundo antes de que el chico se encorvara avergonzado. Harry se abrazaba a sí mismo y caminó hacia el centro de la habitación donde se quedó sin atreverse a levantar la mirada.



— No te detengas, Harry. —le dijo al ver que su alumno se detenía abruptamente—. Ven a sentarte a mi lado… necesitamos hablar.

— Yo no debería estar aquí. —respondió Harry con una voz que no parecía la de él, ni Adam jamás se hubiera escuchado tan tímido y asustado, miraba a su alrededor como si temiera que la habitación fuera a atacarlo de un momento a otro—. Debería irme… sí, desaparecer… no merezco estar aquí, no es mi lugar.

— Sí es tu lugar, yo te lo he dado, Harry… es tuyo.



Harry se atrevió a levantar la mirada, vio a Snape sentado frente a él, en espera de que se reuniera a su lado. Se veía tan hermoso, lo amaba como nunca, no llevaba puesta su túnica de mago, sólo un sencillo pantalón negro con un suéter del mismo color… no merecía la mirada que Severus le enviaba, era demasiado dulce… tal vez no había entendido lo que le dijo. Harry negó con la cabeza ante la nueva invitación de Severus para acercarse, quiso huir, pero al dar el primer paso hacia la puerta, sus pies entorpecidos lo hicieron perder el equilibrio y caer de rodillas, apenas alcanzó a sujetarse interponiendo las manos, pero ya no intentó levantarse, el llanto volvió a acudir a él de forma automática y compulsiva.



— ¡Perdón! —exclamó con todo el dolor que sentía—. ¡Perdón por haberme entrometido en su vida, perdón por haberla estropeado, por haber lastimado tantas veces a su familia, por no obedecerlo, por no pensar en nadie más que en mí… perdón por haber sido tan estúpidamente egoísta! ¡Perdón, Perdón!



Severus se levantó lentamente de su sillón y fue hacia él intentando levantarlo pero Harry se resistía.



— Harry, no es necesario que hagas esto.

— Yo sé que no, y que tampoco sirve de nada, que ya no hay remedio, que por mi absoluta carencia de sentido común destrocé una familia. —dijo limpiándose inútilmente las lágrimas—. Pero quiero que sepa que hay algo que no fue cierto de todo lo que dije… sí me arrepiento por lo que hice, y jamás me perdonaré por mi comportamiento en los últimos meses. Y aunque ya no pueda solucionar nada, por lo menos no seguiré lastimándolos… me iré pronto de aquí.

— Si haces eso, volverás a lastimarme. —respondió sinceramente—. Harry, ven conmigo, tengo algo que contarte.



Harry volvió a resistirse, miró hacia la puerta como su único medio de salvación, pero Snape lo sostuvo en brazos aprovechando ese momento de distracción y lo llevó al sillón sentándolo sobre su regazo, abrazándolo de tal modo que al chico se le quitaron absolutamente todas las ganas de irse jamás de ahí… era el único lugar en el mundo que lo hacía sentirse a salvo.



— Harry, Adam ya me había dicho lo de Darina… fue cuando se enteró que salíamos juntos, para él era difícil decírselo a alguien, era como si aceptara que su madre ya no regresaría, así que por eso guardó silencio, tanto contigo como conmigo… además, pensó que Darina se había equivocado, que tú no podías estar enamorado de mí, así que no iba a llegar y decirte algo así sin ningún motivo ¿verdad?

— No… supongo que no.

— Él te lo dijo porque te quiere, porque ha aceptado que lo estemos intentando.



Harry asintió comprendiendo los motivos de Adam, él no podía adivinar que sus demonios internos lo harían reaccionar como lo hizo. Severus sacó todo el aire de sus pulmones antes de proseguir hablando, todavía le dolía recordar a Darina.



— ¿Quieres que te cuente cómo conocí a Darina?

— No, no por favor. —suplicó Harry ante el suplicio que sabía se aproximaba nuevamente—. Ya no quiero saber más… es demasiado.

— Espero que esto te ayude. Escúchame, Harry, y no me interrumpas. —ordenó el profesor acomodando a Harry de tal forma que podía hablarle cerca de su oído para hacer de aquel momento algo en lo que los dos estuvieran perfectamente conectados—. Conocí a Darina cuando la primera guerra estaba en su apogeo, yo ya había entrado en las filas de los mortífagos, y una noche nos dieron una misión, teníamos que atacar una villa cercana al valle de Godric, en ese momento no sabía porqué pero después me enteré que ya buscaban a tus padres… aunque eso es otra historia. En fin, nos dirigimos a una pequeña población con la instrucción de no dejar a nadie con vida, era un modo que El Lord usaba para advertir a algo o a alguien sobre su poderío. Darina se encontraba de visita en ese pueblo, ahí vivían sus mejores amigos de toda la vida. A mí me tocó entrar precisamente a esa casa, estaba con Lucius, él de inmediato asesinó a todos los que encontró en la planta baja, estaban incluidos los tíos de Darina, sus mejores amigos y una prima. Yo me dirigí hacia arriba y la vi saliendo de uno de los cuartos, se asustó al verme. No le di tiempo de nada antes de atacarla con un cruciatus, la veía retorcerse de dolor e impotencia, llorar de miedo, pero no paré, la torturé por varios minutos. Luego me detuve y estaba a punto de enviarle un Avada cuando llegó Lucius, quien miró mi trabajo con satisfacción, pero dijo que tenía que darme prisa o no terminaríamos nunca y él quería marcharse temprano a casa. Cuando Lucius se fue, volví a apuntar a Darina, ella me sonrió y me dijo “Si tienes que obedecerlo, hazlo… yo te perdono”.



Harry, quien había estado tenso todo ese momento, sintió un peso en el estómago al percibir la tristeza en la voz del profesor, pero éste respiró hondo para continuar antes de que pudiera ser interrumpido.



— No debe atormentarte el perdón de Darina, Harry. —dijo cariñosamente—. Yo acepté su perdón. Cuando la miré, sorprendido por sus palabras, me sorprendí todavía más de no poder lanzar el Avada. Lucius me apuró desde abajo y lo que hice fue enviar un hechizo desilusionador, así nadie la encontraría, le prometí que regresaría a ayudarla. Y lo hice, en cuanto pude volví a esa casa, por un momento temí no hallarla jamás si se hubiese movido de su lugar, pero entonces sentí que alguien me abrazaba, era ella, y… bueno, el resto no tiene caso que lo sepas, por lo menos no ahora. Lo que quiero que entiendas es que Darina no sabía de rencores, perdonaba aunque nadie se lo pidiera… me perdonó por recluirla en esa casa, Harry, por haberla separado de su familia y amigos, por no haber estado a su lado viendo crecer a nuestros hijos, por dejarla sola por semanas, a veces meses enteros… todo lo aceptó porque me quería y yo la quería igual, siempre me recibió con un beso, jamás con un reclamo por no haber acudido a algún cumpleaños de Adam, o por permanecer lejos cuando alguno de ellos enfermaba. Ni siquiera me reprochó nunca que viviera siempre en peligro de muerte… ella siempre lo perdonaba todo.



Harry no sabía qué debía responder a eso, aún estaba inseguro de no estarse equivocando nuevamente al permanecer junto a Snape, pero ese abrazo que él le daba le aliviaba tanto el alma que le era tan difícil poder tener la voluntad de zafarse.



— Ya amé a alguien que era un ángel, Harry… no necesito a otro, y no cambiaría a mi pequeño demonio por nada del mundo. —afirmó Severus abrazando a Harry tan fuerte que casi le hacía daño—. No te alejes de mí luego de haber conseguido que me volviera a ilusionar, no lo hagas, Harry.

— Profesor… —murmuró Harry dificultosamente ante la fuerza del abrazo—… no quiero lastimarlo más de lo que ya lo he hecho… de lo que le hice a ella.

— Darina, Harry, su nombre era Darina… puedes decirlo, no te lastimará ni la lastimarás por eso.

— Siento que no tengo derecho… antes no lo hacía por celos, por rabia, ahora porque me siento avergonzado.

— Harry, tus demonios los tuviste siempre adentro, no voy a decirte que no cometiste ningún error porque sería mentir, pero no lastimaste a nadie.

— La lastimé a ella… cuando el ataque a Hogsmeade, por atacarme la hirieron.

— No, eso no fue tu culpa… fue mía. —afirmó con profundo pesar ante el desconcierto de Harry—. Yo estaba temiendo ese ataque, sospechaba por algunas cosas que pude averiguar, sin embargo no había nada en concreto, se decidió no suspender el paseo pero sí impedir que fueras, así podríamos evitar que algo sucediera. Había agentes de la Orden por el pueblo ese día, cuidando de los alumnos. Me olvidé por completo de avisarle a Darina, nunca pensé que planeara ir al pueblo, sólo me concentré en avisar a Dumbledore y acudir a la reunión con los otros miembros de la Orden para organizarnos por si se tenía que intervenir… Siento mucho no habértelo dicho, creo que ni yo mismo quise aceptar mi responsabilidad y fue más fácil culparte a ti de todo.



Harry le abrazó procurando hacerle sentir su amor, notaba la culpabilidad en la voz de Severus y eso era lo último que quería para él, conocía muy bien el sentimiento de impotencia y frustración como para soportarlo en el corazón del ser que amaba.



— ¿Y a Adam? —preguntó cambiando de tema, apretando fuertemente los párpados para no volver a llorar—. Por mi culpa le pasó lo que le pasó con Draco… usted lo dijo, si yo jamás le hubiera llevado a Hogwarts nada habría sucedido.

— Ahí yo también me equivoqué, tanta prohibición le tentó finalmente a desobedecer. Siento que debí acercarme más a él, explicarle bien lo que sucedía, no sé, si me hubiera visto como su amigo jamás habría ido a escondidas. Afortunadamente Adam resultó ser más fuerte de lo que creía, muchos otros hubieran perdido su sonrisa para siempre, no volverían a confiar en nadie, y míralo, enamorado como un idiota de ese pelirrojo insípido.

— Sí, los dos están muy enamorados. —respondió Harry con una tímida risita—. Jamás me imaginé ver a Ron así por nadie.

— Creo que me pasó lo mismo contigo… nunca me imaginé que un día estaríamos así, y que me sentiría tan contento de tenerte a mi lado.

— ¿De verdad?... ¿A pesar de todo lo que he hecho?

— A pesar de todo, Harry. —le dijo besándole la sien—. Es más, creo que me gustas más como te conozco ahora.

— ¿Qué? —cuestionó sorprendido—. Pero…

— Siempre odié al niño de oro. —respondió con la mayor sinceridad—. Me fastidiaba que resultara un ser perfecto y me empeñaba en encontrarle todo tipo de error, pero siempre salía ganando… eres un maldito suertudo, Harry Potter.

— Sí, creo que sí. —aceptó sonriéndole cariñoso.

— Pero me gusta verte tan imperfecto como yo, me gusta saber que tienes demonios en tu interior y que sé controlarlos, me gusta ver humanidad en ti… me gustas así, Harry, así como eres, sonriendo como angelito, portándote como diablo, pero sintiendo como humano… a ese Harry sí lo quiero a mi lado, para siempre. Al que reconoce errores, al que está dispuesto a cambiar aunque seguramente seguirá equivocándose. No importa, nos equivocaremos juntos, nos perdonaremos juntos.

— Suena tan bonito… —dijo dolorosamente—… pero ya no sé si pueda.

— Podemos intentarlo, yo quiero intentarlo, Harry.

— Lo que dije…

— Me lo imaginaba ya. —aceptó con suavidad—. No sabía si estaba en lo cierto o no, pero me alegro de que lo hayas aceptado. Nunca pretendí que quisieras a Darina, ni que honraras su memoria, nunca la conociste bien, no era nadie para ti… podías sentir lo que querías, y yo también, yo la quiero y la querré siempre, honraré su memoria hasta el último día de mi vida, y no creo que el hecho de que tú y yo estemos juntos llegue a afectar eso en ningún sentido.

— No me gusta. —aceptó Harry con un nudo en la garganta—. No me gusta no ser el único en su vida. No me gusta compartir su corazón ni sus pensamientos… no me gusta haber llegado tan tarde a su vida.

— Es lo único que puedo ofrecerte.

— Lo sé… pero duele. Nunca me querrá como a ella.

— No, en eso tienes razón… los dos muy diferentes, pero me gustaría que te quedaras conmigo, que aún así me aceptes, aunque no tengas mi corazón por completo.

— ¿Me tendrá paciencia?

— La misma que me tendrás tú a mí.

— Tengo miedo, profesor… a pesar de reconocer mis errores, sigo sintiendo celos, y no quiero hacer algo de lo que me arrepienta tanto como de odiarla a ella.

— Dile Darina, por favor… hazlo por mí.

— Es doloroso. —se quejó apesadumbrado—. Me hace sentir mal.

— Ese dolor irá aumentando si no lo atajas de inmediato, Harry. Debes aprender a llamarla por su nombre.

— Quisiera poder superar esto… de verdad quisiera.

— Si tienes la voluntad, lo harás.

— Si lo tengo a usted, lo haré.

— Pues me tienes, Harry. Hazlo.

— Bien, pues ella… Darina… —empezó Harry luego de respirar profundamente—… fue afortunada, porque aunque hubiera sido encerrado a piedra y lodo, hubiera cambiado con gusto mi vida por la de ella… por la de Darina. Tener su familia, tener el amor del hombre que amo, tener sus noches a su lado, por pocas que fueran, habrían hecho de mi vida otra cosa… me habrían hecho feliz, tan feliz como seguramente fue Darina.

— Yo también espero que Darina haya sido feliz.

— No lo dude… si lo amaba, lo fue. Y sé que lo amaba, aunque no me di la oportunidad de conocerla bien, sus ojos no mentían y estaba profundamente enamorada.

— ¿Y mis ojos qué te dicen Harry?

— Que me aceptó por lástima. —respondió con lágrimas resbalando por sus mejillas—. Por el agradecimiento que sentía por haber salvado a Adam y a Sally.

— Parece que no has vuelto a ver mis ojos desde hace tiempo.

— No sé… no quiero ver algo peor que eso.

— Quizá si los ves descubras que ya no es por eso por lo que estoy contigo ahora.



Harry no respondió, pero Severus le hizo girar la cabeza para hacerlo mirarle directamente a los ojos. El chico se resistió un segundo, pero finalmente lo hizo.



— Se ve miedo. —aseguró con la voz quebrada—. Tiene miedo de mí.

— ¿Qué más? —preguntó sin inquietarse.

— No sé que más… el miedo es muy grande. —dijo bajando la mirada para volver a apoyarse en el pecho del hombre—. No me deja ver otra cosa que no sea miedo.

— Sí tengo miedo, Harry, porque jamás amé a ningún hombre, porque no me sentí atraído por ninguno hasta que puse mis ojos en ti… porque no sé como actuar, porque no sé como estar contigo a pesar de que lo deseo intensamente.

— Yo tampoco, pero no tengo miedo.

— Pero tú has reconocido que eres gay… sabes lo que quieres de mí… yo no sé lo que quiero de ti, Harry, lo único que tengo claro es que sufriría mucho si te pierdo, si llego a perder a mi pequeño demonio.














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