La Mazmorra del Snarry


 
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 Un mes para el recuerdo... Juno Snape...30 de mayo

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Juno Snape
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MensajeTema: Un mes para el recuerdo... Juno Snape...30 de mayo   Jue Mayo 30, 2013 7:09 pm

a) Título del fanfic: Jefe y auror

b) Autor (a): Martila

c) Link a la historia: http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=38151&chapter=1

d) Fragmento que deseen recordar del fanfic en cuestión.

Severus Snape era un hombre de costumbres. Le gustaba la monotonía. Odiaba las sorpresas, las cosas inesperadas, que sus planes no salieran como es debido, que su horario no se cumpliera. Por eso cuando más de la mitad de sus alumnos de tercero se levantaron de sus sillas para correr hacia la ventana a mirar lo que ocurría fuera no pudo reprimir un gruñido de fastidio.

(...) Después del almuerzo Severus se dirigió a la sala de profesores a terminar de corregir algunos trabajos que tenía pendientes, cosa en la que le fue realmente difícil concentrarse con todo el ajetreo que el grupo de aurores estaba montando. Iba a girarse para gritarles cuando vio como todos, al fondo de la habitación, se silenciaban en un momento y se ponían de pie en formación. Podía oírlos tragando con dificultad.

Estaba sentado en uno de los lados de la sala, de cara a la pared, por lo que tan solo vio un poco del perfil y la espalda de la figura que avanzaba con firmeza hacia los hombres, así que lo único que atisbó fue una capa ancha y larga ondeando mientras, el que supuso seria el jefe de aquel escuadrón, caminaba a grandes pasos hacia los cada vez más asustados aurores.

Todos se pusieron firmes y saludaron a su superior con una reverencia, este se puso las manos a la espalda y comenzó a caminar entre sus hombres.

—Exijo una explicación — dijo en un tono de voz que Severus tuvo que admitir, daba más que respeto.

—Señor — se adelantó uno de los chicos — las órdenes eran aparecer en el bosque prohibido dentro de las lindes del colegio Hogwarts de magia y hechicería, pero al utilizar los trasladores aparecimos en medio del jardín principal, señor — el auror volvió a la formación en cuanto hubo acabado.

—Claro — dijo con evidente aire teatral — y a ninguno de ustedes se les pasó por la cabeza, que si esto había pasado era por algo. No. — Añadió elevando aun más el tono de voz — A nadie se le ocurrió que la mejor opción era intentar llegar al objetivo con el máximo sigilo posible. ¿Esa es su idea de discreción? Se esperaba mucho más de ustedes, se les ha explicado que en algunas misiones no siempre las cosas salen según lo estipulado. En este caso, el plan a seguir habría sido llegar al bosque intentando no llamar la atención, camuflándose, con hechizos de ilusión. No llamando la atención de quinientas personas. No pueden llegar a un sitio — ahora ya sí gritaba y algunos aurores retrocedieron imperceptiblemente — que se encuentra lleno de civiles y armar el escándalo que hicieron y mucho menos — dijo ahora señalándolos con el dedo — en un colegio donde la mayoría son niños.

Severus levantó una ceja. Y decían que él tenía mal humor…

—Ahora — volvió a oírse, y el profesor Snape, que no había despegado los ojos de sus responsabilidades, volvió a prestar atención a lo que oía — hablaré con la directora y quiero que todos se vayan directamente a la sala de entrenamiento número cinco y que cuando yo vuelva estén todos más que artos de entrenar, serán sancionados, de eso pueden estar seguros. Y den gracias porque hoy estoy de muy buen humor.

Severus escuchó como el sonido uniforme de pasos iba descendiendo, cuando también oyó la voz de la directora dirigiéndose al jefe de aquellos aurores.

—Potter — dijo McGonagall — ¿no cree que ha sido muy duro con sus pupilos?

El profesor en cuanto oyó aquel nombre se volvió inmediatamente haciendo ruido al arrastrar su silla, cosa de la que se sintió más que avergonzado en seguida, ya que ambos voltearon a observarlo.

—Profesor Snape — saludo su ex alumno con una solemne inclinación de cabeza, inmediatamente después se dirigió la profesora — creo que no, Minerva, se suponía que estos chicos ya estaban más que curtidos, y no pueden llegar a un colegio y formar tal alboroto. Parecía que había venido el camión de los helados. Ha sido un total desastre, y ni siquiera hemos entrado aun al bosque… — vio como Potter, se tallaba las sienes — hemos perdido un día entero de entrenamiento. Esos estarán días sin descansar hasta que sepan lo que es el sigilo.

Mientras el chico, bueno, el hombre ya, ¿Cuántos años podría tener ahora? ¿Treinta y dos? ¿Treinta y cinco? Arrastraba su mano entre su alborotado pelo intentando peinarlo un poco, Severus observo algo: ya no llevaba aquellas ridículas gafas redondas. Cosa que la verdad, le hacía ganar muchos puntos. Además, también tenía que admitir en su fuero interno que aquel uniforme le hacía parecer respetable e impresionante. Si no fuera porque era Potter, y a él jamás podría causarle otra cosa que risa, le habría impactado. La verdad, ese uniforme hacía milagros.

(...)—Potter — dijo mirándolo incrédulo — ¿me permite el atrevimiento de preguntarle cómo demonios ha hecho eso?

—Ya lo ha hecho — añadió mirándolo a los ojos, después notó como con sus ojos verdes lo miraba de arriba abajo — no es ningún misterio. Lo hice con esto — añadió sacando de su bolsillo una moneda parecida a un galeón pero evidentemente falsa — tan solo tengo que apretarla, y ellos reciben una señal en una que llevan en sus bolsillos, saben que cuando la sienten les toca ir a entrenar.

—Una vez más me asombra la capacidad de mando que ha desarrollado con esos chicos, me complacería a mi mismo tener tan solo la mitad de poder en mis alumnos.

—Bueno, sé de buena tinta que sigue impartiendo el mismo respeto que cuando yo era estudiante.

Potter siguió hablándole y Severus pensó por un momento que habían cogido a su antiguo alumno y lo habían transformado por completo. No podía reconocer nada de lo que había sido en el pasado. Era totalmente diferente; decidido, poderoso, seguro de sí mismo y lo peor de todo era que su aura de superioridad atraía como un potente imán.

Era curioso el respeto y la ambición que se ve se veía en un chico de apariencia tan joven, si, tenia treinta y pocos, pero en el mundo mágico se llegaban a edades entre los ciento treinta y los ciento sesenta años, lo que hacía que con su treintena pasada, Potter tuviese el cuerpo vigoroso de un muchacho de no más de veinte, lo mismo que hacía que el suyo no pareciese el de un maduro de cincuenta. Bendito fuese el mundo mágico, sus abuelos muggles con su edad, parecían al menos diez años mayores que él.

Siguió caminando y charlando con él, aun cuando el almuerzo hubo acabado. Cuando llegaron a la sala de profesores, el muchacho se despidió alegando que tenía que vigilar a sus chicos, no fuese que a alguno se le ocurriera alguna otra barbaridad.

(...) —Potter — lo llamó una noche en que no pudo contener más a sus alumnos — me gustaría hablar con usted; en privado — añadió al ver que se paraba junto él.

—Voy a darme una ducha y nos reuniremos en su despacho — dijo mientras se secaba el sudor de la frente con el bajo de la camiseta, dando a Severus la certeza de que aquel vientre no podría ser más perfecto.

Si creía que la idea de un Potter sudoroso y jadeante era caliente, uno con el pelo mojado y su uniforme imponente de auror no lo era mucho menos. Y más teniendo en cuenta que era casi de madrugada y estaban en su despacho.

—¿Y bien? — preguntó tomando asiento justo enfrente del profesor.

—Se trata de a lo que dedica sus noches en el castillo — vio como Potter que en ese momento bebía lo que le había servido, se atragantaba — me refiero, a su manía de salir a correr de noche al jardín principal… — aclaró.

—Por supuesto que sé a qué se refiere — se justificó, tan solo, había sonado algo mal… eso era todo — ¿y qué hay de malo con eso?

—Nada, solo que tiene a medio colegio despierto, pendiente a usted. Desde que lo hace, los puntos de las casas han bajado considerablemente. No sé si me entiende.

—Pues no mucho. No veo que hay dre malo en salir a hacer lago de ejercicio por la noche, además ¿no se supone que deberían estar durmiendo a esa hora? — añadió desafiante.

—¿Qué insinúa? Qué sepa controlar a veinte muchachos no quiere decir que sepa de disciplina — dijo elevando el tono de voz — ya me gustaría a mí verlo con todo un colegio.

—Lo único que digo, es que qué esos alumnos estén fuera de sus camas, no es mi responsabilidad — odiaba que lo cabreara en esos momentos, ¿porque no se comportaba todo el rato como cuando estaban charlando a solas?.

—Si usted no fuera por ahí, corriendo, todo sudoroso y enseñando su cuerpo, no tendría todo el jardín lleno de quinceañeras hormonales.

—Parece que no solo las quinceañeras hormonales me observan… — añadió victorioso.

—En ningún momento me he ocultado, como hacen sus jóvenes admiradoras — dijo siguiéndole el juego y dejando sorprendido a Harry.

—Bien, supongo que dejaré mis ejercicios nocturnos y los reservaré para el amanecer — dijo mientras se levantaba y se iba del despacho regalándole una mirada que no supo descifrar antes de marcharse.

(....) El profesor rodó los ojos y le indicó que volviera a sentarse en la mesa. Harry sin rechistar lo más mínimo, lo hizo. Snape, volvió a tomar asiento frente a él y colocó el pie de Harry sobre su propio muslo para después comenzar a tantear el del joven que seguía lanzando pequeños gruñidos de dolor.

—Creo que tan solo necesita un poco de reposo ¿nota algo de mejoría? — le preguntó mientras masajeaba la zona afectada a conciencia.

—Sí, si — dijo aun con los ojos cerrados — ahora está mucho mejor.

Harry comenzó a sentir que el dolor desaparecía bajo las manos expertas del su ex profesor. Parecía que sabía bien lo que hacía. Apoyó las palmas de sus manos en la mesa y echó el cuerpo un poco hacía atrás para acomodarse algo mejor, ante esto Snape levantó una ceja.

—Parece que ya no le duele tanto, hasta diría que lo está disfrutando — dijo sin dejar de deslizar sus manos por el fuerte muslo de Harry.

—¿Para qué engañarle? — Dijo con la voz más taimada que supo — eso que hace es increíble.

Severus se permitió dejar escapar una pequeña risa.

—Bueno, es algo que aprendí hace mucho, pero a decir verdad, no lo hago a menudo.

—Pues debería, lo hace realmente bien — Harry seguía con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, y el profesor se permitió el lujo de aprovechar el estado de relajación para acariciar más de lo debido. Podía sentir la respiración algo alterada del joven.

—Supongo — añadió a los pocos minutos — pero para eso necesitaría alguien con quien practicarlo.

—Pues creo que durante varias semanas más tendré que adentrarme en el bosque y enfrentarme a los centauros — dijo con tono sugerente.

—¿Se está ofreciendo, auror Potter? — preguntó mientras sus manos seguían ascendiendo en el muslo que tenia entre ellas.

Harry intentó no jadear cuando sintió las caricias tan cerca de su entrepierna, no quería que notase que aquello le estaba gustando más de lo debido. Aunque si no se paraba ya, habría otra forma en que no podría ocultarlo, teniendo en cuenta que no llevaba pantalones.

Severus seguía subiendo cuando sintió la mano del chico sobre la suya parando sus movimientos.

—Creía que lo estaba haciendo bien — dijo levantando la vista para mirarlo a los ojos.

—Lo estaba haciendo perfectamente bien — y después añadió — demasiado.

Pero ninguno de los dos se movió, ambos se quedaron ahí parados, Harry aun sentía la mano sobre su pierna a la vez que la suya propia la sostenía por arriba.

—O me suelta para que siga haciendo eso, o lo hace para que pueda retirarme — dijo viendo la intención de Harry de quedarse así por más tiempo.

Pero Harry no hizo nada de eso, si no que con su mano encima de la del profesor, la guió hacia otros lugares. Guió la mano de Snape por su pierna y se acaricio con ella, sintiendo el calor que iba dejando en su piel.

—Si lo hace por aquí, no me dolerá — añadió viendo la cara confundida de su profesor.

Severus sin despegar la vista de aquellos maravillosos ojos verdes, se fue levantando con una lentitud apabullante, haciendo que Harry ni se percatara. Cuando estuvo a la altura de él, su mano ya estaba posesivamente atrapando su cadera, y la otra que acababa de entrar en acción se deslizaba por el muslo sano.

Durante todo ese juego ninguno despegó la mirada del otro.

—¿Y por aquí? — Preguntó el más mayor — ¿si sigo por aquí le duele?

Dijo llevando la mano que tenía en la cadera más arriba por debajo de la fina camiseta.

—En absoluto, de hecho, así me siento mucho mejor.

Viendo que el joven no ofrecía ninguna resistencia, acarició todo su vientre y la baja espalda a su gusto, con total libertad, observando como de vez en cuando la piel bajo su mano se erizaba o los pálidos labios frente a él, dejaban escapar algún que otro suspiro.

(...) Sentía con fuerza cada vez que Snape le empujaba, cada vez que hundía sus fuertes manos sobre sus caderas, cada vez que su pelo le rozaba la nuca, también podía notar las gotas de sudor golpeando en su espalda, sus jadeos y su respiración caliente en sus hombros. Su piel, húmeda, friccionando con la suya. Y cuando lo sintió temblar sobre él, también supo que iba a correrse, y con tan solo ese pensamiento, se vino él también.

—¡Dios bendito! — gritó Harry en última estancia.

Cuando se pudo recuperar un poco y se separó de la mesa, vio como Snape volvía a repetir lo de la noche pasada. Y se vestía con premura mientras lo miraba impaciente, suponiendo, para que abandonase su estancia.

Pero esta vez las cosas iban a ser diferentes. Se cruzó de brazos y alzó una ceja, esperando a que lo echara.

—Vamos, Potter, no tengo toda la noche — dijo mirándolo desafiante.

—No pienso irme a ningún lado — sentenció sin moverse ni un ápice.

—¿Qué quiere decir? — preguntó acercándose al auror.

—Muchas cosas; la primera: esto no se va a repetir cuando usted quiera — Snape hizo ademan de responder, pero alzo la mano para callarlo — sino cada noche, o cada día, depende de los ánimos. La segunda: ahora, lo haremos a mi manera…

—¿A su manera? ¿Cuál es su manera? — Se acercó ante la suave insinuación del joven — yo tan solo conozco una manera — añadió creyendo entender que quería cambiar las tornas.

—No me refiero a eso… ¿Sabe?, todo el mundo ve como soy cuando estoy frente a mis chicos — Severus lo miraba acercarse a él, también observó con cuidado cuando comenzó a acariciar su mandíbula y su cuello — pero, que me guste ser duro y mandatario en mi trabajo, no quiere decir que en otros ámbitos sea siempre igual.

—Yo creí que… — Snape había comenzado a perder la seguridad en sí mismo, ¿no le había gustado? ¿Había fingido?

—Ha estado bien, como dijiste, para una vez — Severus lo miró interrogante cuando dejó de referirse de usted hacia él — pero por lo que veo, esto seguirá repitiéndose. Quiero que siga repitiéndose. No sé si me entiende…

—Pero tú… no puedes estar diciéndome eso… ¿quieres repetirlo? ¿Más de una vez? ¿Conmigo? — él creía haber aprovechado su cupo de ese cuerpo joven y esbelto. Creía que lo tendría, el chico se arrepentiría y no volvería a pasar, que se daría cuenta de quién era el hombre que lo poseía y no quedría volver a mirarlo siquiera. Creía haber tenido suerte al haberlo disfrutado dos veces.

—Pues, no, parece que no lo entiende — Harry sonrió. Y le cortó momentáneamente la respiración a Severus, que en ese momento notó como algo caliente le inundaba por dentro, y no era el mismo calor que hubo sentido momentos antes. Era diferente, era algo cálido, era eso que no había dejado expandir durante sus charlas en el gran comedor, o cuando se habían encontrado cubriendo turnos por los pasillos, cuando lo había invitado a tomar el té en sus aposentos o cuando lo había oído reírse por primera vez — quizás, entiendas esto algo mejor.

Y sin esperar a que el profesor atase cabos, lo acercó posando sus manos en las mejillas de este y le dio un beso suave y lento. Mordió sus labios con devoción y lamió despacio mientras intentaba sortear la dificultad de introducir su lengua. Poco a poco, sus manos fueron resbalando por su cuello y su pecho, quedando relegadas a su cintura, dando pie a que el profesor alzara las suyas, dormidas hasta entonces, y lo abrazaran fuerte.

—¿Estás seguro? — preguntó mientras lo despegaba con dificultad.

—Muy seguro — volvió a decirle con aquella sonrisa. ¿Cómo podía adorarla sin tan solo llevaba viéndola apenas unas semanas? — ¿Tú lo estás?

—Totalmente — añadió mientras volvía a besarlo con cariño, por primera vez, con cariño — y ahora, quiero que me enseñes eso que has dicho antes, Harry.

El chico cerró los ojos disfrutando del sonido que se escaba de los labios de Severus al pronunciar su nombre.

—Bien, el mecanismo es básicamente el mismo, tan solo que ahora quiero verte, mirarte mientras me haces el amor, cómodamente sobre una cama a poder ser — añadió algo juguetón.

—Está bien, creo que lo voy cogiendo — dijo mientras lo arrastraba suavemente de la cintura hacia su habitación — ojos verdes, cama… creo que no lo olvidaré — de repente se paró brusco — aunque antes, quiero dejar una cosa clara.

—¿Cuál, Severus? — dijo iniciando el juego besando su cuello.

—Quiero al auror Finch-Fletchley, fuera de tu cuerpo — Harry alzo una ceja divertido — de ambos, quiero decir… ya me entiendes…

—Si — dijo arrastrando las palabras — y ahora, ¿podrías seguir con lo que estabas haciendo?


e) Razones por las que recuerdan ese fragmento en especial. Recuerdo esta historia por lo viril de Harry, siendo jefe al mando un auror temido y respetado totalmente sexy que atrae a Severus, la pasion que estalla como pólvora en cada encuentro. Ni siquiera Snape queda ciego a sus encantos. Me gusta la imagen de un Harry poderoso y dominante y a pesar de todo con Sev quiera ser un tierno gatito a pesar de que con la imagen que le dan es para aventuras sexys y salvajes ^.^
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