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 Un mes para el recuerdo... Juno Snape...13 de mayo

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Juno Snape
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MensajeTema: Un mes para el recuerdo... Juno Snape...13 de mayo   Lun Mayo 13, 2013 7:47 am

a) Título del fanfic: Una eternidad de caída
b) Autor (a): Dacro
traductora: Solmar
c) Link a la historia: http://www.slashzine.com/Fucked_003/Fucked_3_Una_eternidad_de_caida.htm
d) Fragmento que deseen recordar del fanfic en cuestión.
—De todo lo absurdo, imprudente… —rugió Severus, rociando gotas de saliva sobre el blanco de su ira.

Harry estaba intentando, en vano, pasar del suelo a una postura reclinada contra la húmeda pared. Su cuerpo respondía lentamente después de la ronda final de Cruciatus, pero sus ojos estaban llenos de urgencia, recuperando el foco con admirable velocidad.

—¡Coja a Kingsley y váyase, deprisa! —insistió Harry, terminando con una húmeda tos. Se secó la boca con el dorso de su mano.

Snape se agachó hasta el nivel de los ojos de Harry.

—¿Su estupidez no tiene fin?

Harry se levantó un poco más, pero le falló su codo. Entrecerró los ojos hacia Snape, deseando que el hombre se callara y escapara mientras tuviera la oportunidad.

—Voldemort estuvo de acuerdo con el canje, usted y Shacklebolt por mí. Váyanse, por favor. Estaré bien.

Snape armó una sonrisa torcida.

—Encerrado en una celda y tosiendo sangre, sí, ya veo cómo podría confundirlo con unas agradables vacaciones.

Los ojos de Harry recorrieron la mancha roja en el dorso de su mano, y le arrastró una nueva oleada de náuseas.

—Gríteme cuando vuelva con ayuda.

Snape soltó palabrotas y cruzó con rapidez al otro lado de la celda. Volvió a aparecer arrastrando algo grande y oscuro por el suelo.

—Potter, le presento a Shacklebolt.

El cuerpo sin vida de Kingsley se desplomó sobre el suelo y Harry se atragantó con el polvo que subía en espiral alrededor de él. Caminó arrastrando los pies y apretó dos dedos debajo de la mandíbula del auror
(...)

—¡No se acerque, Potter!

—Vale —dijo Harry sombríamente, y se sentó con fuerza sobre su catre. La armazón de madera gruñó en protesta—. Siento tanto interrumpir su sufrimiento privado —gruñó él también, y volvió a acomodarse contra su colchón. Apestaba a numerosas cosas a las que Harry no quería darles nombre.

Snape soltó una sarta de maldiciones y se dio la vuelta para encararse a Harry. Sus ojos estaban brillando, abriendo camino directamente hacia Harry a través de la negrura de la habitación.

Harry aspiró bruscamente.

Había una insinuación de algo peligroso en el tono de Snape cuando por fin habló.

—¿No se ha preguntado por qué no se le ha dado audiencia con el Señor Tenebroso desde su llegada hace una semana?

—P… pensaba que debía estar esperando hasta que mis fuerzas… —lentamente se sentó otra vez. El brillo plateado de los ojos de Snape se convirtió en un rojo profundo—. Sus ojos…

—Sí, según Kingsley, se vuelven brillantes sin cesar, volviéndose de un vívido rojo justo antes…

Harry no pudo detener el escalofrío que se deslizaba lentamente sobre sus hombros y por su cuello como dedos de hielo, ni pudo apartar su mirada fija de los brillantes ojos que estaban fijos en los suyos. Tartamudeó de forma involuntaria.

—Es… es un…

—Sí, Potter, lo soy —le ofreció Snape, sin emoción—. Debe ser por eso por lo que no como, por qué fue estúpido por su parte ser engañado por aquella carta, por qué maté a Shacklebolt el día antes de su intento de rescate, y por qué ahora estoy muerto de hambre… otra vez.

Harry se sentó en silencio durante un rato, digiriendo la información a través del pánico que le subía lentamente por el pecho, apretándolo mientras ascendía. Su comprensión se reveló en voz baja, como si hablara consigo mismo.

—Voldemort hizo que le convirtieran, y luego le volvió a arrojar a la misma celda con Kingsley porque… Quiere que me mate usted —concluyó, levantando su cabeza a tiempo para ver a Snape apartar la suya.

—Cinco puntos. Ahora, déjeme morir en paz.

(...)Uno de los beneficios del terror compartido era el tambaleante puente construido en terreno común. Se hablaban bruscamente menos a menudo, pasaban más tiempo en conversación civilizada, e incluso encontraron el momento esporádico para risas compartidas. Lo que más sorprendía a Harry era lo sutilmente que el terreno común se convirtió en beneficio mutuo. Empezó a desear las alimentaciones, notando apenas cuando su debilitado miedo era reemplazado con el ansia de roce, de los momentos demasiado breves de contacto físico.

Era casi finales de la segunda semana cuando sus manos abandonaron el colchón.

Harry sabía que la alimentación estaba casi terminada por la oleada de agotamiento, y la poderosa necesidad de conectar, que sólo estaba haciéndose más fuerte y más dolorosa con el tiempo. Con la fuerza que le quedaba, su mano se movió para cubrir una de las de Snape que estaba apretada contra la piel por encima de la ro

dilla. La otra mano aterrizó torpemente en el grasiento pelo del hombre que pasaba su lengua sobre la irritada herida.

Snape levantó su cabeza ante el contacto y Harry vio, por primera vez, su propia sangre embadurnando los delgados labios y la pálida barbilla de Snape. No sentía la repulsión que su mente le decía que debería sentir. De hecho, encontró la imagen extrañamente hermosa.

Se miraron fijamente el uno al otro durante un largo momento, y entonces Harry, con su mente y cuerpo débiles por el agotamiento y falta de sangre, tiró débilmente de la piel y pelo debajo de sus manos y empezó un lento descenso de lado para poder tumbarse bien sobre el catre. Snape siseó y siguió la invitación, arrastrándose sobre el tembloroso cuerpo de Harry con la velocidad y habilidad de un hombre mucho más joven. Harry murmuró su satisfacción mientras el delicioso peso de Snape se asentaba encima de él.

Giró su cabeza hacia su lado de la habitación, cerrando sus ojos y exponiendo su sucio cuello, permitiendo que la gravedad le ayudara a tirar del grasiento pelo débilmente agarrado hasta que la cabeza dejó de resistirse y bajó lentamente. Ambos gimieron ante el contacto mientras la boca de Snape encontró el ofrecimiento, pero el esperado mordisco nunca llegó, sólo la presión de labios y lengua en la base de la garganta de Harry, y luego un gruñido frustrado, maldiciones apagadas y una rápida retirada.

Harry estaba de repente helado y más cansado de lo que recordaba alguna vez. Levantó sus manos una fracción, pero no quedaba nada que sujetar, ni nadie ahí que tocar.

(...) Aquella alimentación era diferente de todas las demás. Sabía que lo sería, y aún así el tirón familiar para conectar físicamente con el vampiro que estaba preparándose para salvarle, matarle, se había convertido en una mano de hierro alrededor del corazón y pulmones de Harry, distrayéndole de su apremiante hambre, e incluso su miedo. Su cuerpo estaba llamando al de Snape, y no importaba qué partes se tocaban, mientras Snape no le soltara.

Con su cuello expuesto con ansiedad e impaciencia, Harry susurró su permiso hasta que su aliento fue cortado por el dolor del mordisco y el subidón de adrenalina dándole una falsa sensación de calidez. Aquella alimentación también era más larga que las demás. Más íntima. Urgente. Snape estaba demasiado consumido por su hambre y su naturaleza para contenerse, o para ser gentil.

La calidez abandonó la piel de Harry mientras su corazón luchaba por mantenerse despierto con la pérdida de sangre. El sonido de ella latiendo en sus oídos fue casi suficiente para ahogar los lametones y sorbidos que provenían de Snape.

El apresurado latido del corazón flaqueó y sus pulmones se detuvieron. Su cuerpo se convulsionó, luchando por aire y libertad, pero sus fuerzas le estaban fallando mientras las de Snape se estaban acrecentando. Era una lucha fútil. Intentó soltarse… confiar, pero sentía que la rendición era tan innatural como nadar contracorriente. De repente entendió el miedo cegador que a menudo convertía a los hombres más valientes en niños gimoteantes, momentos antes del final de su vida.

En un mundo lejano, Snape siguió chupando, lamiendo y gruñendo.

El pecho de Harry se estremeció violentamente cuando por fin le fallaron los pulmones, y su corazón perdió la fuerza para continuar con la lucha. Unas luces brillantes explotaron detrás de sus párpados en diseños al azar, y por alguna razón empezaron a zumbarle los oídos, como si la última de sus alarmas estuviera siendo activada. Había un agudo dolor insoportable mientras su corazón se apretujaba, seco, producía un último ruido sordo y apagado en protesta por el injusto tratamiento, y luego se paró.

Su cuerpo estaba muerto.

No obstante, en un cruel giro del destino, su mente se negó a seguirle.

Una luz cegadora y gritos angustiados llenaron el universo atrapado detrás de la cicatriz de Harry.

La cara de Voldemort apareció de repente con aterradora claridad. Harry lo observó durante un momento, una vida, mientras la pálida cara se contorsionaba y cambiaba de lugar. Los inquietantes ojos rojos se distanciaron progresivamente y la barbilla y orejas desaparecieron en su cuello y hombros, creando una apariencia como de gusano. Abrió su boca, pero aquella vez el grito helador fue reemplazado por una sola palabra siseada que salió de su lengua bífida.

—¡No!

La visión se disolvió, y una sensación de paz se asentó sobre Harry. Liberó su sujeción en el mundo que conocía y permitió que la oscuridad le llevara.

(...)Snape se puso de pie, se quitó el polvo de su túnica, y le ofreció a Harry su mano.

—Probablemente. Cuéntemelo.

Harry aceptó el gesto y fue puesto en pie. Antes de que Snape pudiera protestar, Harry se apretó contra el pecho de Snape, en un movimiento que reflejaba la primera vez que había suplicado contacto.

—No sé qué hacer ahora.

La voz de Snape permaneció firme, pero sus manos traicionaron su tono frío mientras se enroscaban alrededor de los hombros de Harry y se posaban sobre su espalda.

—Pediremos ayuda.

—No, quiero decir, nosotros —susurró Harry, levantando la mirada.

—Yo también. Necesitaremos investigar nuestros nuevos atributos.

—Tiene razón. Esto le dará a Hermione un nuevo motivo para vivir en la biblioteca del Ministerio.

—¿Por qué ella…? —empezó Snape, pero Harry le interrumpió.

—Porque a ella le gusta eso de salvar a Harry, siempre.

—Ah. ¿Qué sabe usted de la política del ministerio en lo que se refiere a los vampiros?

—Bajo la ley, los vampiros registrados… —fue dejando de hablar, pero después de unos segundos, levantó la mirada—. Casi no tendremos derechos.

—Ambos hemos vivido bajo restricciones antes.

—Esto es diferente.

—Estoy seguro de que el ministerio será indulgente una vez más con su salvador.

Harry hizo una mueca.

—No quiero otra celda, incluso si está cubierta de oro y terciopelo. Además, usted hizo tanto como… Sin usted, estaría muerto.

—No, Potter, por mi causa, usted está no muerto.

—Usted sabe lo que quiero decir. Podría haberme dejado morir… sin ninguno de los beneficios añadidos que estoy disfrutando ahora —terminó con una ligera risa entre dientes—. ¿No puede dejarme que se lo agradezca?

—No —respondió Snape sin emoción, pero Harry casi podía sentir la semisonrisa en los labios, por encima. Decidió dejar esa conversación para otra ocasión.

—Sólo he visto alguna vez a un vampiro en el ministerio… hace más o menos un año. Había sido detenido por su conexión con unos asesinatos muggles el año anterior.

—Imagino que seremos estrechamente observados hasta que todas sus preguntas estén contestadas, y su curiosidad haya sido satisfecha… posiblemente separados para asegurarse de que nuestras versiones se ajustan detalladamente.

Un gruñido bajo empezó en alguna parte del pecho de Harry, y se aferró a la tela bajo sus dedos, acercándola una fracción. Sintió el suave desliz de una mano contra su pelo, y su gruñido se desvaneció en un breve murmullo de satisfacción.

—Ésa tampoco sería mi primera elección —admitió Snape, enredando sus dedos alrededor del oscuro pelo.

Harry hizo una pausa antes de hablar otra vez. Sabía qué estaba sintiendo, pero luchó por organizar correctamente las palabras.

—No quiero lastimar a nadie, pero algo… —suspiró, y lo intentó otra vez, empujando sus palabras contra la ropa oscura bajo sus labios—. Si alguien, incluso los demás aurores, intentaran alejarle de…

Aquella vez el posesivo gruñido pertenecía a Snape, poniendo sonido al tirón brusco al pelo de Harry que resultó en instantáneo contacto visual. Sin pensárselo dos veces, Harry se alzó sobre los dedos de los pies hasta que su boca encontró su objetivo.

Era un mundo aparte comparado con los lametones a ciegas en medio de una bruma de sangre que Harry había buscado torpemente durante los primeros momentos de su nueva vida. No sabía cómo llamarlo, pero cuando Snape respondió con igual hambre, no le importó si tenía siquiera un nombre; sólo rezó porque no parara.

Su mente le recordó brevemente dónde estaba, y le empujó a poner su libido a un lado hasta que los aurores tuvieran al antiguo Tom Riddle encerrado, pero la criatura recién liberada en su interior quería unos últimos momentos de libertad que llenar con mucho más de aquella actividad primaria.

La mano en su pelo se tensó y tiró de él, pero Harry estaba más que dispuesto a dar cualquier cosa que tuviera para ofrecer, y la hábil lengua que se apretaba contra sus marcas de mordedura recientemente curadas parecía ansiosa por ser tomada. Dejó salir un gemido que llenó la habitación.

Demasiado pronto, en opinión de Harry, Snape se apartó lentamente, sus ojos brillando con motas rojas.

—¿Y eso qué ha sido exactamente, Potter?

Harry intentó imaginar lo que veía Snape mientras le miraba, e imaginó alguna clase de desconcertante sonrisa enamorada para reflejar los sentimientos que se agitaban en su interior. En su corazón sabía que cualquier golpe que lo estuviera esperando, no lo encontraría solo.

Harry sonrió hacia unos impacientes ojos.

—Caerme.


e) Razones por las que recuerdan ese fragmento en especial. Es una historia de Snape vampiro bastante buena aunque sucede en circunstancias desesperanzadoras, me gusta lo sexy que es un vampiro alimentándose, como crean su vinculo, y el final donde ya no pueden ver un futuro separados, es bastante bueno Very Happy
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