La Mazmorra del Snarry


 
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 Un Mes Para El Recuerdo, por Lizie CoBlack, 2 de Mayo.

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Lizie CoBlack
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MensajeTema: Un Mes Para El Recuerdo, por Lizie CoBlack, 2 de Mayo.   Jue Mayo 02, 2013 11:41 pm

Título del fanfic: La Historia de Bastet

Autora: SnapesSnake

Link a la historia:
http://www.potterfics.com/historias/99634/capitulo-1

Fragmento:

“…—Ah… Y a nosotros, ¿nos quieres?

Los dulces ojos acaramelados de la niña se centraron en la negra figura frente a ella. En esta ocasión, los azules de Roger, con una evidente mirada de ansiedad en ellos, también le observaron con fijeza. Severus se sintió muy incómodo ante la pregunta, sin saber qué responder exactamente.

—Os lo explicaré de otro modo —dijo—. ¿Vosotros creéis que yo le haría daño a Bastet, o a alguno de sus gatitos?

Cuando ambos niños hubieron negado con la cabeza, Severus acercó una de sus grandes manos, inclinándose hacia adelante, al cesto de los gatos, con la evidente intención de tocar a alguno de ellos. La gata tricolor, en un rápido movimiento, se levantó, colocándose frente a su camada, bufó y lanzó un zarpazo a la mano intrusa, pero el hombre la retiró antes de que llegara a arañarle.

—¿Habéis visto lo que ha hecho? —Los dos niños asintieron, sorprendidos por la reacción del animalillo—. Ha protegido a sus hijos de mí. Y lo haría de cualquiera, poniéndose en peligro si fuera necesario, dando su vida por ellos. Eso es lo que haríamos Harry y yo por vosotros. Nos enfrentaríamos a cualquiera por defenderos. A cualquiera. Amigo o enemigo.

—Ya —gruñó Roger, con la mirada encendida—. ¿Y al chico nuevo? ¿A él también vais a defenderle?

Severus se reclinó de nuevo en el respaldo de su silla.

—Michael formará parte de nuestra familia también —y tras una pequeña pausa, aclaró—, si él quiere.

De pronto, una cabeza de cabellos negros despeinados se asomó por la puerta.

—Niños. Hora de irse a la cama —dijo, con voz animada.

Los tres dirigieron sus rostros hacia el joven de ojos verdes, que les miraba sonriente…”




“…Lo último que pudo escuchar Severus fue el soñoliento “de acuerdo” que salió de boca de la niña en mitad de otro bostezo. Se giró hacia la gata tricolor, que seguía en su cesto, con los ojos cerrados y su camada descansando a su alrededor.

—Bueno, no todo lo hago mal. He conseguido convencer a Harry para que te quedaras con tus pequeños.

Como si el animal comprendiera que hablaban con él, abrió los ojos, de un profundo color verde, y los clavó en el rostro del hombre para, acto seguido, soltar un largo maullido.

—De nada, Bastet —le contestó Severus—. Aunque no sé si podré evitar que tus gatitos tengan nombres tan ridículos como Poopo.

La respuesta fue un maullido más corto y quedo que el anterior y la gata volvió a cerrar los ojos
y a recostarse para dormir…”




“…Desde fuera de la habitación Severus escuchó el beso que el joven le plantó a Roger en la mejilla, o quizás en la frente, y el sonido de los muelles de la cama, probablemente al bajarse Harry de ella. Estaba a punto de marcharse para no ser descubierto cuando Roger volvió a hablar:

—Nunca me lo ha dicho.

—¿Qué?

La voz de Harry sonó demasiado cerca de la puerta, pero Severus tenía el corazón en un puño, y no se movió del sitio.

—Si me quiere, ¿por qué no me lo ha dicho nunca?

El hombre cerró los ojos, maldiciéndose a sí mismo por no ser capaz de decirle a un niño lo que deseaba oír. No, lo que era evidente que necesitaba oír. Los muelles del colchón crujieron de nuevo.

—Mira, Roger, te contaré un secreto: a mí tampoco suele decírmelo muy a menudo. A no ser que yo se lo sonsaque, claro, pero, ¿sabes qué? Severus tiene muchos modos de demostrarme que me quiere: todas las mañanas, me levante a la hora que me levante, tengo preparado un tazón de leche bien fría y con los cereales muy crujientes, como sabe que a mí me gusta; a veces, cuando discutimos, levanta su ceja izquierda con gesto escéptico, ¿sabes lo que quiero decir? Bien, pues entonces sé que, aparte de quererme, se siente orgulloso de mí; y las noches en que llego muy tarde después del trabajo, puedo verlo en cómo relaja sus dedos al sujetar el periódico. Y hay un millón de cosas más. Tú también tendrás algunas, ¿qué me dices?

La casa quedó sumida en el silencio, y Severus esperó la respuesta del niño con el corazón acelerado.

—Bueno… —abrió sus ojos negros al escuchar la voz de Roger— mis… mis tostadas del desayuno siempre parecen recién hechas. Y tienen muchísima mantequilla.

—¿Y eso te gusta?

—Me encanta —dijo con verdadero entusiasmo.

—¿Lo ves? Y seguro que si lo piensas, encuentras un montón de cosas más que Severus hace por ti. Ese es su modo de expresarlo. Me temo que así son los Slytherins. Ahora duérmete, ¿de acuerdo? Buenas noches, cielo.

—¿Puedes quedarte conmigo hasta que me duerma, Harry?

—Claro que sí, cariño.

Severus se alejó de la puerta y se dirigió hacia su dormitorio donde cogió un libro en espera de que llegara Harry…”




“…Unas grandes y finas manos dieron la vuelta a la página y apareció la imagen móvil de un hombre recostado en una cama que tenía sobre su pecho una gata tricolor y cinco pequeños gatitos que abrían sus boquitas en mudos maullidos. A ambos lados del hombre, un Severus con diez años menos, y también sobre la cama, había dos niños, una niña de cabellos rizados y despeinados que mostraba su mellada sonrisa, y un niño que miraba hacia el objetivo de la cámara, haciendo verdaderos esfuerzos por aguantarse la risa.

—¡Eh, Roger! —dijo el muchacho, de ondulado cabello castaño y ojos profundamente verdes, alzando la cabeza del álbum de fotografías—. ¿De cuándo es ésta?

Un joven de unos 17 años, con la diáfana mirada azul se acercó a él y observó la foto que el otro le mostraba.

—Oh, ésta —rió por lo bajo, con la misma expresión de intentar ocultar su risa que lucía en la fotografía—. Ésa fue tomada por Harry la mañana en que llegaste. Severus se despertó sin poder respirar, con toda la camada de Bastet encima. Harry le hechizó para que no pudiera moverse y vino a despertarnos a Amanda y a mí para que nos pusiéramos junto a él en la cama y hacer la foto. Nunca supimos cómo Bastet se lo montó para poder abrir la puerta de la habitación de Harry y Severus. Pobrecilla, se llevó un rapapolvo tremendo, aunque ella lo aceptó muy estoica. Pero Severus la perdonó enseguida, ya sabes lo mucho que la quiere, a ella se lo consiente y se lo perdona todo.

—Cumple con lo que se espera de ella y yo la respeto, si es lo que quieres decir con ese comentario —respondió Severus desde detrás de su periódico.

—Ya, por eso cuando se puso enferma estuviste toda aquella noche despierto acompañándola, ¿no?

—Procuré evitarle el máximo de dolor, que es lo que se espera de un experto pocionista como yo —contestó, bajando el periódico y encarándose con los dos adolescentes que le miraban. Sobre su hombro derecho, en el respaldo del sillón que ocupaba, estaba acurrucada Bastet. Era el lugar donde solía colocarse a aquella hora de la tarde—. Y eso también lo he hecho por vosotros, ¿qué te piensas?

—Bueno, mejor me lo pones: no es sólo que la quieras muchísimo, sino que es evidente que Bastet fue tu primera “hija”, por así decirlo.

—¡Qué memez, Roger! —dijo Severus, que alzó el periódico de nuevo para esconder su sonrisa tras él.

Roger se giró hacia el otro muchacho, sonriente, esperando hacerle participar de la diversión de su ocurrencia, pero le encontró con la mirada perdida en la fotografía, que acariciaba por los bordes.

—Yo no me levanté de demasiado buen humor aquella mañana —comentó con voz apenas audible, obligando a Severus y Roger a abrir bien los oídos—. Estaba aterrorizado. Apenas había dormido y no tenía ni idea de si me gustaría vivir aquí. Ni de si yo os gustaría a vosotros.

—Pero nos gustaste.

Los tres hombres y la gata alzaron sus rostros hacia la puerta, donde una preciosa joven de quince años, vestida con una túnica azul, se apoyaba contra el marco. Sonreía con una sonrisa luminosa, mostrando una dentadura casi perfecta y sin las mellas de antaño.

—Claro que nos gustó —añadió Severus, haciendo que las miradas convergieran en él esta vez—, y si crees que no estábamos nerviosos nosotros también, te equivocas.

—Yo volví a dormir con mi muñequito Poopo —confesó Amanda—. Por cierto, ¿dónde fue a parar, Severus?

—Con ese nombre tan horrible, probablemente se tiró por la ventana —se mofó Roger.

Michael rió y Severus fingió no hacerlo.

—El caso es que todos estábamos algo inquietos aquella noche.

—Cierto, y ¿sabes, Michael? —dijo Roger, levantándose del sofá y dejándose caer en el brazo del sillón donde estaba Severus—. Creo que hasta que no llegaste tú, no empezamos a ser una verdadera familia. Todos nosotros, incluida Bastet.

—Sí, parece que la pobrecilla se dio cuenta y por eso se encargó de que nos riéramos a la mañana siguiente —añadió Amanda.

—A costa de Severus —añadió Roger.

—Creía haber dejado claro que nunca debíais reíros de mí, sino de Harry.

—A mí me quedó muy claro cuando llegué —admitió Michael—. Jamás se me hubiera ocurrido reírme de ti.

—Gracias, hijo, eres el único que me respeta.

—Eso no es cierto, Sevy —dijo Amanda.

—Vuelve a llamarme así y estarás castigada sin salir dos semanas, jovencita irreverente —la amenazó Severus con su mirada más torva, pero para su gran desconsuelo los tres muchachos se pusieron a reír.

La gata Bastet, notando la tensión del hombre, decidió que era el momento de hacer mutis por el foro, así que saltó al suelo, donde se desperezó, para luego dirigirse con paso elegante al resguardo de su cesto. Allí se apretujó contra uno de sus vástagos, Anpu, que maulló a modo de protesta pero que no se movió del sitio.

Harry apareció en el umbral en ese instante y puso una mano sobre el hombro de la muchacha.

—¿No te había dicho que les avisaras de que la cena estaba lista?

—Ay, sí. Perdóname, Harry —y, alzándose sobre las puntas de sus pies, le plantó un beso en la mejilla.

Él sonrió mirando a su alrededor y, al darse cuenta de que los chicos reían por lo bajo y que Severus ponía cara de consternación, preguntó:

—Pero, ¿qué pasa aquí?

—Tus hijos se ríen de mí —admitió Severus desde su sillón—. Eso pasa.

—No nos reímos de ti —terció Roger—, nos reímos contigo.

—Ya. Si fuera veinte años más joven no osaríais mirarme a la cara sin echaros a temblar.

—Doy fe de ello —aportó Harry—. Era terrorífico en el colegio. Sus clases de Pociones eran aburridísimas, pero teníamos tanto miedo de lo que podría hacernos que no nos atrevíamos ni a bostezar.

—Un muermo, vaya.

—Exacto, Amanda. Un muermo. Suerte que nunca quiso volver a Hogwarts, las generaciones venideras pueden estar agradecidas.

—Eso, tú ve metiendo cizaña —Severus se alzó del sillón, se atusó la túnica, dejó caer el periódico en el asiento y se dirigió con paso decidido a la puerta—. Como buen Gryffindor. ¿Cenamos?

—Vamos, no os enfadéis —rogó Michael.

—No nos enfadamos —dijo Harry—. ¿A qué no, cariño? Sólo discutimos un poquito. Es la sal de nuestras vidas.

Retuvo con una mano al hombre, que pasaba junto a él, y le hizo voltearse mientras se abrazaba a su cuello. Antes de que Severus pudiera negarse, se encontró en mitad de un beso en los labios, que para su vergüenza, Harry se encargó inmediatamente de profundizar.

—Arggg, por Merlín. Dejadlo ya —se quejó Roger pasando junto a ellos en dirección a la cocina—. ¡Iros a un hotel!

—Sí —corroboró Michael—, ¿es necesario que os beséis tan a menudo?

—¿No eras tú quien pedía que no se enfadaran? —le chinchó Amanda, siguiendo el camino de sus hermanos.

Cuando se quedaron solos en el salón, Harry liberó la boca de Severus pero siguió abrazado a él, alzado de puntillas y mirando fijamente al negro abismo que eran sus ojos.

—¿Sabes una cosa, cariño?

—No —contestó el hombre en un susurro—. Dime, ¿qué cosa?

—Estoy muy satisfecho de cómo han crecido nuestros hijos. ¿Lo estás tú?

Severus alzó la ceja izquierda, posó un beso en los labios carnosos y enrojecidos de su pareja y, agarrándole de la cintura, le acercó más hacia sí y le susurró al oído:

—Si estuviera más orgulloso de esta familia, explotaría —hizo una pausa para reforzar el abrazo y continuó—: Y si se te ocurre decírselo a ellos, serás tú quien explote. ¿Me explico?

Una risotada escapó de la garganta de Harry.

—Te has explicado muy bien.

—¿¡Qué?! —gritó Roger desde la cocina—. ¡¿Lo dejáis por ahora y venís a cenar?!

—¡Sí! ¡Os estamos esperando! —añadió Michael.

Como para corroborar la urgencia de la llamada, Bastet maulló desde su cesto, se levantó y se marchó del salón. Anpu aprovechó el momento para estirar todo el cuerpo y ponerse más cómodo.

—¡Sí, ya vamos! —contestó Harry.

Se dieron un último beso y se soltaron del abrazo. Severus salió primero, con la dignidad que siempre imponía a su andar, y tras él Harry, que le dio una palmada en el culo y le adelantó.

—Quiero que me demuestres ese orgullo tuyo esta noche, ¿te apetece? —preguntó mirándole de reojo al pasar junto a él.

—Nah, no mucho —contestó Severus mientras él también le palmeaba el culo—. Me apetece más darte una azotaina por haberme llamado muermo. ¡Habrase visto!

—Mmmmm… ¡qué buen plan! —dijo Harry guiñándole un ojo justo antes de abrir la puerta de la cocina y desaparecer de la vista del hombre.

Severus sonrió de lado, negó con la cabeza pensando en el descaro de su pareja y miró hacia el suelo, donde Bastet, sentada con su cola rodeando las patas delanteras, le miraba con su rostro siempre serio.

—¿Qué voy a hacer con este hombre?

Bastet maulló con fuerza y miró hacia la puerta de la cocina.

—A ti también te vuelve loca, ¿verdad?

Otro fuerte maullido fue la respuesta. El antiguo profesor sonrió ampliamente y abrió la puerta para franquearle el paso a la gata, que se apresuró a entrar en la cocina con la larga cola en alto. Cuando entró tras ella, Severus volvía a lucir su habitual rostro adusto, como si su corazón no rebosara de amor por todos los que estaban allí, esperándole sentados a la mesa. Su familia. Su única y verdadera familia.”


¿Por qué recuerdo esto?

Fácil. Fue la primera historia Snarry que me leí, fue un tanto distinta de las otras parejas del fandom en su momento, pero no se me cautivo y me enseñó esta lindísima pareja, tanta curiosidad me dio que seguí buscando de ellos y aquí estoy enamorada de esta pareja hasta mas no poder ;D. Me encanto la manera en que la autora reflejo el carácter de Severus y su posición frente a su familia, aprendí a verlo de otra forma y amarlo. Pero quiero decirles que me encanto su amor hacia la gatita Bastet. Recuerdo que me quede con cara de What!? Cuando leí el beso que le dio Harry y que era su pareja, me sorprendió pero me gusto, mucho, mucho muchísimo.

Gracias a SnapesSnake por abrir me las puertas de tan linda pareja mi favorita, la principal ;D
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alisevv

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MensajeTema: Re: Un Mes Para El Recuerdo, por Lizie CoBlack, 2 de Mayo.   Lun Mayo 06, 2013 9:21 am

Lizie, los fragmentos del evento Un mes para el recuerdo no debes colocarlos en tu carpeta, sino en el panel general de fanfics Snarry, justo como se suben las recomendaciones. Ya moví lo que tienes hasta ahora.

Edito: Además, no se puede poner color en el título del mensaje, para garantizar la homogeneidad del foro. Sólo lo hacemos en Administración para plantear los retos y eventos

Saludos






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Un Mes Para El Recuerdo, por Lizie CoBlack, 2 de Mayo.
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