La Mazmorra del Snarry


 
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 Enfermo de amor. Capítulo 4 *El Castigo*

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Araleh Snape

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MensajeTema: Enfermo de amor. Capítulo 4 *El Castigo*   Dom Mar 08, 2009 2:51 pm



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El Castigo



- ¡¿Pretende que laves su ropa?! –exclamó Ron indignado cuando Harry le contó lo sucedido después de clase.

- Bueno… supongo que forma parte del castigo. –murmuró Harry sin ánimo de discutir.

- Podrías decirle a Dobby que…

- Me advirtió que no lo involucrara, y la verdad es que prefiero evitarme el riesgo de que me descubra… ¡total, la lavo y ya! No me va a pasar nada porque lo haga, con mis tíos es cosa de todos los días.

- Me alegra ver que hayas decidido madurar, Harry. –intervino Hermione levantando la vista de su libro de Aritmancia-. No es correcto discutir con las decisiones de los profesores.

- Pero da la casualidad que Dumbledore ya le había dado su castigo –protestó Ron-. Así que Snape no tenía porqué imponerle más tareas, y menos algo tan asqueroso como lavarle la ropa… deberías quejarte con el director, Harry.


Harry sólo dejó caer la cabeza hacia atrás, no le preocupaba en lo absoluto tener que lavar la túnica de Snape, lo que no lo dejaba tranquilo era que en menos de diez minutos debían prepararse para acudir a clase con Ángelo.


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Al entrar al aula, Harry fue directamente a uno de los pupitres del fondo, ni siquiera volteó a mirar si su profesor estaba ahí, tan sólo de saber que tendría que tomar clases con él sentía un fuerte nudo en el estómago. Ron pensó en seguirlo, pero una suave sonrisa de Hermione provocó que se olvidara momentáneamente de su amigo, quizá era hora de tomar una nueva compañera, después de todo, Harry siempre era el mejor en Defensa y no era divertido ser siempre el vencido, por lo menos ese fue el pretexto que él mismo se dio.


A Harry no le importó quedarse solo, así tenía más tiempo de rumiar contra su profesor sin que nadie le interrumpiera. Ángelo impartió la clase de una manera muy amena, y consiguió que la mayoría le pusieran atención olvidándose de su condición de Veela, el único que no pudo hacerlo fue Harry, quien lo único que escuchaba era el zumbido de coraje que hacían sus oídos al pensar que tenía que pasar un fin de semana con ese fantoche presumido de gustos envilecidos.


Esa noche, aprovechando que se encontraba solo en su habitación, cogió la túnica de Snape y la llevó hacia el baño, pero al ver que no habían las condiciones adecuadas para lavarla, bajó a la sala común y le pidió a su amigo la contraseña del baño de los prefectos, así podría terminar con su labor de una vez por todas. En cuanto estuvo solo, empezó a llenar la tina con agua tibia, y mientras esperaba, se recostó en el suelo suspirando cansado. De pronto, un aroma llegó hasta su nariz, era tan sofisticado como hipnotizante, pensó que quizá era uno de los jabones, pero recordó que no había abierto más que el grifo del agua, entonces abrió los ojos y se incorporó mirando a todos lados pero sin encontrar la fuente de aquel olor que traspasaba sus sentidos… entonces la vio, al sacar la túnica de Snape de su envoltorio estaba emanando esa fragancia, suavemente la tomó para acercarla a su rostro y aspirar profundo. Una agradable sensación le llenó por completo y sonrió tenuemente.


- Huele muy bien… ¿Qué será? –se preguntó a sí mismo-. Tal vez sea la mezcla de las pociones… o los restos del café… o del pastel, o ambas cosas. Tal vez Snape esté experimentando con perfumes… no, eso lo dudo- se rió divertido-. Mejor dejo de olerlo, puede ser peligroso… ¡pero cómo me gustaría saber qué es!


Harry casi lamentó el tener que hundir la prenda en el agua, eso podría quitarle aquel olor tan particular, pero no podía quitar las manchas de otra manera. Por más que experimentó con todos los grifos de lociones y fragancias, no encontró ninguna que se asemejara a la que tenía previamente la túnica. Al terminar, la colgó para que se secara, y ahí la dejó, debía regresar a la Torre y terminar sus deberes. A la mañana siguiente, en cuanto amaneció, corrió hacia el baño de los prefectos, no quería arriesgarse a que nadie se topara con la túnica de su profesor. Afortunadamente ya estaba seca, y al no poder resistirse, volvió a olfatearla y descubrió con agrado que aquel aroma que lo había impresionado tanto aún podía sentirse, con un poco menos de intensidad, pero seguía predominando a pesar de los jabones.


Con mucho cuidado la dobló y regresó a su habitación, ahora tenía otro problema ¿cómo iba a plancharla si no tenía el aparato muggle necesario y tenía prohibido usar magia?... pasó el resto de la mañana pensando en eso, ni siquiera podía poner atención a lo que decían sus profesores en clases, hasta que se le ocurrió preguntar a los alumnos provenientes de familia muggle, afortunadamente se encontró con una chica de Ravenclaw muy previsora que había hechizado el aparato para que funcionara en el castillo, y por la noche, extendía la túnica sobre su cama, para enseguida ir deslizando la superficie metálica por toda su extensión con sumo cuidado y dedicación.


Ron y sus demás compañeros de habitación lo observaban en silencio, prácticamente asustados de verlo tan concentrado en una labor que debía resultarle demasiado desagradable. Pero para Harry era todo lo contrario, el vapor de la plancha provocaba que el aroma que tanto le gustaba se desprendiera con más fuerza… no entendía como sus amigos no podían percibirlo, era embriagador.


Por la noche, el Gryffindor se dirigía hacia las mazmorras, llevaba la túnica perfectamente lavada y planchada, además protegida por una especie de portatraje. Tocó a la puerta del despacho de Snape pero no obtuvo respuesta, de inmediato su ceño se frunció y volvió su rostro en dirección hacia donde sabía se encontraba la habitación de Ángelo, seguramente estaban juntos. Iba a ir hacia allá cuando escuchó unos pasos que se acercaban, sin saber bien porqué lo hizo, se escondió en las penumbras en espera de ver de quien se trataba.


Unos pocos segundos después vio a Snape llegar acompañado por Dumbledore, y en completo silencio entraron al despacho del profesor. Harry volvió a aproximarse, y arriesgándose a ser descubierto, entreabrió la puerta del despacho, a través de la rendija descubrió que no había nadie ahí, entonces entró, notó luz bajo la puerta del otro extremo y dejando la túnica en uno de los sillones, pegó su oreja a la puerta para intentar saber lo que se hablaba allí.


- No puedo creer que sigas pensando en esa tontería, Severus.

- Y yo no puedo creer que sigas insistiendo en que no lo haga, Albus… sabes mejor que nadie que es la única forma en evitar que te quedes sin espía.

- Prefiero quedarme sin espía que sin amigo.

- Es muy noble de tu parte querer protegerme pero no tienes porqué hacerlo… no lo necesito, sé cuidarme perfectamente y no desconozco los riesgos.

- Y dime… ¿no has recibido noticias?

- No, no me ha llamado, pero como sabes, este fin de semana debemos de reunirnos… aprovecharé ese momento para empezar con mi plan.

- ¿Y… Ángelo? –preguntó estudiando las reacciones de su amigo.

- ¿Qué tiene que ver él en esta conversación?

- Tú lo sabes mejor que nadie, no creo que te haya pasado desapercibido que le gustas y mucho.

- ¡¿Estás tratando de hacer de celestina, Albus?! –cuestionó Severus comprendiendo.

- No precisamente… pero Ángelo es un buen muchacho, de buenos sentimientos, muy inteligente y poderoso… sólo que no creo que le agrade tu idea.

- ¡Me vale un cacahuate si le agrada o no!... y te suplico que no estropees las cosas, Albus, deja que todo siga su cauce tal como va.


Harry escuchó como los hombres se disponían a regresar al despacho y entonces salió corriendo llevándose consigo la túnica para no dejar huellas de su presencia, pero no recordó que a quien trataba de engañar era un espía sumamente inteligente y habilidoso, así que para Severus no pasó desapercibido que alguien había estado en su despacho y podría decirse que no tenía ninguna duda con respecto a su identidad.


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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 4 *El Castigo*   Dom Mar 08, 2009 2:53 pm

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Los días que siguieron Harry se olvidó de entregarle la túnica, o mejor dicho se resistía a hacerlo, no quería enfrentarse a su profesor todavía, en su mente revoloteaban miles de preguntas acerca de la conversación que había escuchado, ansiaba saber cuál era el plan de Snape que a Dumbledore le estaba preocupando tanto.


Más rápido de lo que le hubiera gustado llegó el viernes por la noche, y Harry se dirigió hacia el despacho del profesor Abbatelli, tuvo que respirar hondo en varias ocasiones antes de decidirse a tocar a la puerta, algo aturdido todavía de sentir esa repulsión por un hombre que le había provocado en un principio descubrir que se sentía sumamente atraído por los de su mismo sexo.


Un poco más tarde, se encontraba limpiando las jaulas de unas criaturas llamadas Fwooper, una especie de pájaro que cuando Ángelo se los mostró a sus grupos causó una exclamación de asombro por sus llamativos colores y aspecto inofensivo, algunas chicas incluso llegaron a pensarlo como mascotas, pero Ángelo les informó que el canto de esas aves podría llegar a volver loco a las personas, así que debían aprender un hechizo para silenciarlo y protegerse. A Harry toda esa explicación le parecía intrascendente, dudaba mucho que Voldemort quisiera usar pájaros para enloquecerlos y vencer por default, así que ahora fregaba frenéticamente los pisos de las jaulas retirando los restos de excremento mientras refunfuñaba para sí mismo sobre lo inepto que aparentaba ser otra vez el nuevo profesor de Defensa… ¡hasta cuando pondrían a alguien que realmente supiera lo que eran las Artes Oscuras!.


Tan metido estaba en su disgusto personal que no se dio cuenta cuando su profesor dejó los deberes que se encargaba de corregir y se le acercó sonriéndole amablemente.


- No tienes porqué hacerlo tan concienzudamente, Harry.

- Es mi castigo, no debería decirme eso. –respondió con arrogancia-. Cuando el profesor Snape me pone a lavar sus calderos no queda conforme hasta que no haya una partícula de suciedad en ellos.

- Bueno, no soy el profesor Snape, pero ya que estamos hablando de él… ¿Porqué hiciste eso en el comedor? ¿Tanto te desagrada?

- No sé porqué dice eso… yo no hice nada.

- Todos sabemos que sí, pero si quieres negarlo aún, por mí no hay problema. –respondió con tanta suavidad que a Harry le dieron náuseas-. Pero creo que tienes una idea errónea de Severus…

- ¿Severus? –repitió con una forzada sonrisa.

- Así se llama ¿no lo sabías? –preguntó con real inocencia-. Es un bonito nombre ¿no te parece?

- No, es horrible. –aseguró sonriéndole sarcástico-. Pero a usted todo parece agradarle del profesor Snape.

- Pues si he de serte sincero… sí. –respondió sin poder evitar ruborizarse-. Me parece un hombre muy interesante, y en el poco tiempo que llevo de conocerlo me he dado cuenta que tiene un gran corazón, por eso no entiendo tu aversión por él, me han contado que…

- ¡Pues no sé que le han contado, pero si no entiende es porque no le han dicho la verdad! –gritó arrojando furioso la jaula al lavabo-. ¡El profesor Snape es muy ruin conmigo, siempre criticándome, siempre burlándose de mí, nunca le agrada lo que hago, nunca está contento por nada si está relacionado con mi persona, él me odia, se pasa su vida fastidiando la mía… es malo conmigo! ¡Lo odio yo también!

- ¿De verdad lo odias? –preguntó con seriedad.

- ¡Sí, lo odio!

- Es raro.

- ¡¿Qué es raro?! –preguntó exasperado.

- Los Veelas tenemos una gran sensibilidad para detectar cierto tipo de hormonas, la gente las despide constantemente, Harry, no es raro, siempre hay alguien cerca que les gusta… pero ahora estoy detectando una cantidad muy considerable de ellas… y provienen de ti.

- ¡Usted no me gusta! –gritó Harry a la defensiva.

- Bueno, lo que quise decir es que…


Ángelo no terminó su frase, su rostro palideció de repente y tuvo que sostenerse de una silla cercana ante el mareo que sufrió. Harry le miró preocupado, su profesor parecía haber visto la muerte cerca y su corazón dio un vuelco cuando lo escuchó pronunciar al nombre del profesor de pociones.


Como si el mismo diablo le persiguiera, Ángelo salió corriendo de su salón y Harry fue tras de él, sin comprender lo que le pasaba. No sabía qué hacer cuando lo vio salir hacia fuera del colegio, una pertinaz lluvia caía en ese momento y a lo lejos se vislumbraban los relámpagos cercenando la oscuridad de la noche. Pero nada detuvo a Ángelo, parecía que no se daba cuenta de que llovía, él corría como si de eso dependiera su vida. Harry dudó, tal vez debería avisar a Dumbledore, algo no estaba bien y podría ser peligroso salir en esas condiciones, y más cuando alcanzó a divisar una figura perfilándose en la lejanía, hacia allá se dirigía Ángelo, y entonces no lo pensó más, corrió tras él lo más rápido que le permitían sus piernas.


- ¡Severus! –exclamó Ángelo abrazando a un aturdido profesor que se cubría de la lluvia con su capa de viaje-. ¿Estás bien?

- ¿Qué haces aquí, Abbatelli? –le preguntó confundido-.¿Me estabas vigilando?

- No, es que… sentí algo raro. –respondió aferrándosele cada vez con más fuerza ante la incomodidad de Severus-. Me preocupé por ti.

- Estoy bien y… ¿Potter? –preguntó mirando a la otra persona que se acercaba, le vio totalmente empapado, respirando agitado por la carrera y no supo qué pensar-. ¿Porqué está aquí, Potter?

- Yo… sólo seguía al profesor Abbatelli.

- Potter…


Harry miró asombrado como el profesor Snape bajaba la mirada, era la primera vez que le veía haciéndolo, y algo en su interior se estremeció… ¿qué podía haber pasado para que ese altivo hombre no pudiera sostener sus ojos en los de él?.


- Tengo que ir a mi habitación… suéltame, Abbatelli.

- Te acompaño.


Harry pensó que el profesor se negaría pero lo vio asintiendo en conformidad y nuevamente su ceño se frunció. En silencio caminó tras de ellos, sin saber porqué no quería dejarlos solos, además, necesitaba enterarse de lo que había pasado con Snape, aún recordaba la conversación que había escuchado entre él y el Director, aquel día debía reunirse con Voldemort, así que algo había sucedido y quería saberlo.


Llegaron hasta las habitaciones del profesor, Ángelo le ayudó a quitarse la capa de viaje y encendió el fuego de la chimenea mientras el otro profesor secaba su ropa con un hechizo. Harry veía aquello con el corazón retumbándole… ¿qué seguía? ¿sacarían un par de copas y una botella de vino y se pondrían a charlar frente al fuego?... Ninguno de los dos parecía acordarse de que él seguía ahí, no le prestaban atención en lo absoluto y los odió.


- Harry, creo que ya puedes retirarte. –le dijo Ángelo con suavidad-. El profesor Snape estará bien, no te preocupes.

- No me preocupo… en lo absoluto.


Harry salió dando un portazo, Severus ni siquiera protestó, se dejó caer en un sillón frente al fuego y se sirvió un vaso de whiskey de fuego que apuró de un solo trago.


- ¿Qué sucedió, Severus? –preguntó Ángelo sentándose a su lado.

- Nada, ¿qué habría de suceder?

- Sé que algo pasó… Puedes confiar en mí.

- Abbatelli… ¿cómo supiste que acababa de llegar? ¿De verdad no me espiabas?

- No, puedes preguntarle a Harry si quieres. Estaba con él cuando supe que habías llegado. Fue algo extraño, Severus, nunca en mi vida me había pasado… pero me sentí muy mal, lo único que pensaba era que quería verte y saber que estabas bien, sólo eso.


Severus se sorprendió cuando el hombre le abrazó recargándose sobre su pecho, manifestándole de esa manera la alegría que le daba tenerlo de regreso. No recordaba cuando había sido la última vez que alguien lo abrazara con tanto cariño, quizá había sido su madre, sí, eso debía ser ¿Quién más si no?... pero, a pesar de reconocer que era gratificante, no pudo corresponderle y le apartó con suavidad.


- Será mejor que te vayas a tu habitación, Abbatelli.

- ¿Seguro estarás bien?

- Sí… no te preocupes por mí. Estoy bien.


Ángelo volvió a inclinarse sobre él para darle un beso en la mejilla. Severus lo recibió sin saber cómo reaccionar, aunque lo que más le impactaba era la tentación de pedirle que no se fuera, que se quedara a su lado y volviera a abrazarlo, pero no lo hizo, dejó que se marchara y suspiró aliviado cuando finalmente se quedó a solas. “Esto es lo mejor, Severus” se dijo a sí mismo. “No te dejes influenciar por su encanto Veela, él pronto se dará cuenta que pierde el tiempo contigo y se alejara, además, tú tienes una misión que no podría ser si te enredas en asuntos sentimentaloides y… bueno, simplemente no puede ser, por muy romántico que suene, tu corazón no podrá ser nunca de alguien como Ángelo Abbatelli”.


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Harry daba vueltas en su cama, se resistía a cerrar los ojos, cada vez que lo hacía recordaba la imagen de Ángelo retirando la capa de Severus… ya parecían una pareja, ¿ya lo serían?... No, se resistía a creerlo, un Veela no podría fijarse seriamente en un grasiento profesor con apariencia de un tétrico murciélago.


Al girar sobre sí mismo intentando despejarse de tales pensamientos, un olor que comenzaba a obsesionarlo llegó a su nariz, se acercó a un lado de la cama y tomando el portatraje lo colocó a su lado, extendiéndolo a todo lo largo. Aspiró hondamente antes de recostarse a su lado y acariciar inconcientemente la tela de la túnica luego de correr un poco la cremallera de la cubierta.


“Seguro Snape está experimentando con algo oscuro… este olor es hechizante, eso es probablemente lo que tiene a ese tonto de Ángelo persiguiéndolo por todo el colegio” pensó intentando encontrar un motivo de esa extraña relación. “¿Qué pasaría? –se preguntó recordando el incidente de esa noche-. ¿Cómo sabría Ángelo que Snape estaba de regreso?... por lo que me dijo creo que tal vez su sentido del olfato es más desarrollado que el nuestro y entonces pudo oler la presencia de Snape… y si siempre huele así, es obvio que lo reconocería enseguida”. Harry pensaba que ya no debía seguir oliendo ese traje o terminaría desquiciado, pero le era imposible, era mucho mejor que percibir el relajante aroma a tierra húmeda, más relajante que el calor de una chimenea en invierno… ¡chimenea!, eso le recordaba que probablemente aquellos dos seguían juntos y seguramente pasando una noche muy placentera. El sueño empezó a invadirlo, no fue conciente del momento en que envidió no ser quien estuviera en las mazmorras en ese instante, disfrutando del calor de esas llamas y del sabor de esos labios.


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A la mañana siguiente Harry no recordaba sus últimos pensamientos, miró el traje a su lado y volvió a colocarlo colgado a un lado de su cama antes de irse a bañar. A pesar de que era sábado, no quiso quedarse en cama mucho tiempo, sentía la urgencia de bajar al comedor y observar. Entró buscando algo que no sabía que era, pero en cuanto los vió, ahí sentados juntos, sonriéndose… ¿desde cuándo Snape sonreía tanto? Era un concepto aborrecible que le estremeció. Fue a sentarse en su lugar de siempre fingiendo no haberlos visto, pero ni bien acababa de sentarse cuando los dos hombres se pusieron de pie dispuestos a salir, rápidamente llevó una tostada a su boca simulando comer.


- Buen día, Harry. –le saludó Ángelo al pasar cerca de él-. Que disfrutes tu desayuno.


Harry agradeció con una forzada sonrisa mientras inclinaba su cabeza. Agradecía tener el pan en la boca para así no tener que hablar. Pero, lo que no esperaba era que Snape pasara sin ignorarlo, y cuando el hombre volteó a verlo, su estómago se encogió.


- No coma tanto, Potter, creo que debería ponerse a dieta o se caerá de la escoba… bueno, mejor para el equipo de Slytherin.


Harry escuchó cuando Ángelo reprendía dulcemente a Severus por su broma, y los odió más. Cuando desaparecieron tras la puerta, Harry escupió el pan y ya no probó bocado. Por la tarde, durante la comida, tanto Ron como Hermione miraban a su amigo con preocupación, apenas sí había probado un poco de lechuga y rábanos, nada más, ni siquiera quiso un poco de su favorito pastel de riñones e hizo un gesto de repulsión cuando le ofrecieron postre. Dejó toda la comida casi intacta y prefirió marcharse a dar un paseo por el lago, eso era mucho más productivo que comer.


- Harry… ¿te sientes mal? –preguntó Hermione sentándose a su lado luego de darle alcance junto con Ron quien hizo lo mismo del otro lado de su amigo.

- No, estoy bien, aunque… chicos, ¿ustedes creen que estoy gordo?

- ¿De qué hablas, Harry? –preguntó Ron riéndose-. ¡No me digas que por eso no comiste nada!

- Creo que debería hacer más ejercicio. –comentó Harry como si no lo hubiera escuchado.

- Harry, tú haces el suficiente ejercicio. –aseguró Hermione-. Y no estás gordo, para nada.

- Snape dice que sí.

- ¡¡¿¿Snape te dijo gordo??!! –repitió Hermione incrédula-. No, debiste malentenderlo, él siempre ha sido muy respetuoso con los alumnos y… sí, Ron, a su manera pero lo es. –agregó al ver la cara de inconformidad de su amigo-. Como te decía, Harry, seguro entendiste mal, ¿puedes repetir sus palabras?

- Sólo dijo que si seguía comiendo me caería de la escoba y debería ponerme a dieta… ¿eso es malentenderle?

- No, sí te dijo gordo. –exclamó Ron partiéndose de la risa-. Pero no debe preocuparte eso, después de todo a él no le incumbe, ni que te anduviera cargando por la vida.

- ¿Recuerdas cuando le caí encima la vez que tropezamos en el corredor?... ¡dijo que no era una ligera pluma! –exclamó con dolor-. ¡Realmente debo pesar mucho!

- ¿Cuándo sucedió eso? –cuestionó Hermione con interés.

- No tiene importancia… mejor me voy, iré a hacer unas prácticas de quidditch ¿vienes, Ron?

- No, es que… tengo que preguntar unas cosas a Hermi sobre Transformaciones.


Harry se encogió de hombros sin darle importancia a las orejas enrojecidas de su amigo y se fue al campo dispuesto a no regresar sin un par de kilos menos.




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Susy Snape
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 4 *El Castigo*   Sáb Mar 28, 2009 8:12 pm

Que malo Sev va a traumar al pobre de Harry con eso de que está gordo jejeje

Very Happy
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 4 *El Castigo*   Sáb Mar 28, 2009 8:34 pm

Y Harryto que se lo toma bien en serio, jeje, ahí se ve clarito que la opinión de Severus sí le importa. Aunque el Profe tan sólo se lo decía para molestarlo, creo que estaría bien gustoso de que esos kilitos estuvieran en sus manos, muahahaha.

sunny













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kakarotta
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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 4 *El Castigo*   Vie Jun 26, 2009 6:37 pm

pobrecito harry solo esperemos que no se vuelva anorexico, hay con ese sev que no ve lo que provoca
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Araleh Snape

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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 4 *El Castigo*   Sáb Jun 27, 2009 12:53 pm

jajaja, pues realmente estuvo a punto, y eso que según él, Severus no le interesaba para nada ¡sí como no! jiji Smile













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MensajeTema: Re: Enfermo de amor. Capítulo 4 *El Castigo*   

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Enfermo de amor. Capítulo 4 *El Castigo*
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