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  Death Eater takes a Holiday. Capítulo 57-II. Espontaneidad y consecuencias-Parte II

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 57-II. Espontaneidad y consecuencias-Parte II    Vie Jul 08, 2011 5:25 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 57-II

Espontaneidad y consecuencias - Parte II



—Hola, Albus, ¿sucede algo? —por la cálida sonrisa del anciano, rápidamente se dio cuenta que no pasaba nada malo—. No me estarás extrañando ya, ¿cierto? Regresaré al juego de quidditch de hoy —bromeó.

—Quería informarte que tu tía Petunia ya está bien y sería dada de alta hoy, tal como estaba planeado.

Harry asintió.

>>Cuando Remus vaya a recoger a Dudley, tu primo deberá llevarse todas sus pertenencias. Se irá directamente de San Mungo a casa de su madre.

—Bien, así este lugar volverá a la normalidad —se frotó la nuca con cansancio—. Me aseguraré de que esté listo para cuando Remus llegue

Harry decidió que el fin de semana cerraría sus puertas, desconectaría la red flu, y pasaría todo ese tiempo sin contacto con el exterior… con la excepción de su pareja. Rió entre dientes ante la repentina imagen de Severus encadenado a su cama durante todo el fin de semana.

Albus no indago sobre qué había sido tan gracioso. Harry se preguntó si su sonrisa de conocimiento era simplemente para sacar a la gente de balance, o si sabía tanto como ocultaba. Bueno, tampoco era como si el anciano no supiera que él pasó la noche en los aposentos de Severus. El Director podía sentir la magia de la red flu, y sabía cuando Harry iba y venía desde su habitación de la torre.




—Weasley lanza la quaffle a Clark. ¡Oh! ¡Eso fue un directo! ¡Clark anota, colocando a Gryffindor a la cabeza por cuarenta puntos!’— gritó el comentarista.

Harry y Ron vitorearon a Ginny y al equipo de Gryffindor. Al observar que la chica casi era derribada por una bludger ambos hicieron un gesto de dolor. Había sido muy emocionante verla hacer algunas impresionantes maniobras de vuelo, pero las ocasionales ‘salvada por los pelos’ lograban que Harry se diera cuenta de lo que Hermione había tenido que sufrir a lo largo de todos esos años. ¡No le extrañaba que su amiga se quedara sin uñas luego de cada partido!

Tenían un grito de ataque conocido como ‘Reglas Weasley’, para interrumpir a la oposición; Ron, por supuesto, era el más ruidoso. Cuando la snitch fue atrapada, Harry y Ron apenas mantuvieron el equilibrio, mientras un aluvión de estudiantes de Gryffindor saltaron de las gradas y les pasaron para dirigirse a felicitar a su equipo victorioso.

—¿Sintiéndote viejo? —preguntó Harry a su amigo, cuando un chico que apenas le llegaba al codo empujó para pasar. Ron sacudió la cabeza.

—Nop, sólo alto. Oh, lo siento, tú no sabes lo que es eso —bromeó el pelirrojo. Al ver que Harry miraba detrás de él con curiosidad, giró en redondo para divisar lo que había detrás de él, en lo alto de las gradas—. Me tienes nervioso —comentó, al ver una lechuza nevada volando sobre sus cabezas.

—Hola, guapo —arrulló Harry, alisando las plumas blancas.

—¿Guapo? ¿Acaso Hedwig no es hembra?

—Lo es. Las hembras pueden ser guapas, supongo, pero no es Hedwig. Éste es chico. Mira, sólo tiene dos bandas en la cola. Las hembras tienen entre cuatro y seis, creo.

La lechuza ululó hacia Ron como si se sintiera insultada porque había confundido su identidad. Harry apenas podía esperar para contarle a Hermione que no sólo había leído el libro ‘Hechos de Lechuzas’ que ella le había dado, sino que también hacía uso de esa información. Tomó el pergamino en miniatura de la pata del ave. Tan pronto como desató la carta, ésta se expandió a su tamaño completo. San Mungo siempre enviaba la información de sus pacientes con pergaminos hechizados que sólo se expandían ante el receptor previsto. Sus ojos se estrecharon mientras leía.


Estimado señor Potter

Quisiera comenzar confirmando que su tía, Petunia Dursley,
está Totalmente recuperada y será dada de alta esta tarde.
Le agradecemos la confianza que depositó en nosotros al
hospitalizar a su familiar aquí para sus necesidades médicas.


Harry bufó. Como si hubiera sido él quien decidiera adónde mandarla. De hecho, ni siquiera había estado en conocimiento de que hubiera otro tipo de facilidad disponible para ello. ¿Acaso estaban de coña?

Con gran disgusto, me veo en la necesidad de pedirle que
venga a San Mungo a retirar a Dudley Dursley. Comprendemos
que es muy difícil para un muggle entender nuestras maneras,
y estoy seguro que está bajo una tensión terrible al haber
perdido a su padre en el mismo accidente en que perdió a su
madre, pero sus recientes arrebatos nos ha obligado a tomar
una difícil decisión. El personal que atiende a su tía considera
que sería mejor si el señor Dursley pasara el día en cualquier
otra parte. Al coincidir con su opinión, en mi papel de
Administrador, le pido que retire a su primo en cuanto sea
posible.

Agradeciendo su atención en este asunto.

Señor Randolph Consworth



—¿Qué sucede? —Ron estaba inclinado pero le resultaba difícil leer boca abajo.

—¡Me acompañas a San Mungo? Dudders ha agotado su cuota de ser bien recibido —suspiró.

—Claro, compañero. No olvides que sigo colgado a ti hasta que concluyan las exequias de tu tío —contestó alegre.

Respirando con fuerza en señal de resignación, Harry comenzó a descender las escaleras de las gradas de quidditch. Se abrieron paso entre los estudiantes para felicitar a Ginny. Ron le comentó los movimientos que debería haber hecho —en su opinión— y los pases que había ejecutado realmente bien, y mientras hablaba enderezaba las ramitas de la escoba de la chica.

>>Ese cazador —señaló a un compañero de equipo de Ginny—, es bueno, pero débil por la izquierda. Intenta hacerle los pases por la derecha, si puedes, o hacerle el pase a alguien más cuando él esté del otro lado…

—Gracias, Ron; ahora, me voy a dar una ducha —le cortó su hermana. Abrazó a él y a Harry, agradeciéndoles por asistir al juego—. Ahora sabes porqué no hice la prueba el año pasado, contigo por ahí —bromeó.

—Sí, vale… supongo que lo estás haciendo bien sin mis valiosas sugerencias, pero sería bueno que empezaras a cuidar mejor esta escoba. Harry y yo teníamos nuestras escobas bien atendidas, y tan pulidas que podías ver tu reflejo en ellas.

—Estoy segura que ustedes dos pasaban horas puliendo sus escobas —hizo un gesto obsceno—. De momento, yo he pasado algún tiempo estudiando —terminó, echándose a reír ante la horrorizada expresión en el rostro de su hermano.




Harry plasmó su falsa sonrisa amistosa para saludar al desagradable administrador mientras Ron se dirigía a la habitación asignada a los hijos de los pacientes. Dudley se veía ridículo entre los niños que jugaban en la habitación. Estaba sentado en una esquina, leyendo una revista. Ron pensó que era extraño ver a Dudley leyendo. Era como ver a Crabbe o Goyle en la biblioteca.

—No creas todo lo que leas —comentó, al ver la foto de Harry y él abrazados—. No soy su novio —agregó, observando la imagen. Aunque todo había sido un malentendido, encontraba difícil mirar la foto de Harry tan acongojado por su supuesta muerte y no sentirse mal.

—¿Las otras cosas que dicen sobre Harry son ciertas? —Dudley se sobresaltó cuando un juguete pasó volando rápidamente, para terminar posándose suavemente en la mano extendida de un pequeño que jugaba cerca.

—Probablemente no —Ron se encogió de hombros—. ¿Algo en particular? — preguntó.

—Aquí hay una biografía de Harry. ¿Es realmente un asunto tan importante? Y esto —señaló el periódico—. ¿En verdad esos dragones son reales? Esto dice que él sostuvo una batalla con uno con sólo catorce años. Yo no nací ayer. Recuerdo que era bastante escuálido por aquel entonces.

—Quizás no lo hubiera sido si hubieras compartido algo de comida con él —espetó Ron, señalando la barriga de Dudley, antes de suspirar; había estado conteniendo su genio por demasiados días. Después de unas cuantas y profundas respiraciones, comenzó de nuevo—. Esos periodicuchos siempre fabrican historias para que resulten más atractivas a los lectores. Harry estuvo en un torneo y tuvo que ser más astuto que un dragón y robarle un huevo. Tuvo la calificación más alta, creo. No sé si yo lo llamaría una ‘batalla’ ya que no se suponía que hiriera al dragón.

Dudley permaneció en silencio. No estaba seguro si debía creer toda esa ridícula historia. Ron tomó la revista cuando se dio cuenta que el muggle estaba perdido en sus pensamientos.

>>Veamos —reflexionó el pelirrojo, más para sí mismo que para Dudley—. Vale, la verdad es que ésta no es tan mala como algunas otras —comentó distraídamente, al tiempo que leía la biografía. Pronunció unas pocas palabras que hicieron que la punta de su varita brillara, y comenzó a marcar las oraciones en las páginas—. Cierto, falso, falso, cierto, falso, un completo invento. Verdadero, parcialmente cierto, y ha, me había olvidado de éste, en cierto modo es verdad; y este último es falso —terminó, con una carcajada, luego de resaltar todas las declaraciones verdaderas sobre Harry y sus ilustres años en Hogwarts.


Mientras tanto…


Harry tomó una profunda y tranquilizante aspiración, mientras escuchaba las opciones de viaje disponibles para él y su primo muggle; ninguna de ellas era particularmente atractiva.

—¿Está seguro que no hay otra forma? —podía sentir cómo se le empezaba a formarse un gran dolor de cabeza.

—Lo lamento, señor Potter. Si gusta, puedo verificar con nuestra especialista en relaciones muggles, pero estoy seguro que ella no le dirá nada que no le haya dicho yo ya —replicó el administrador, que estaba empezando a perder la compostura—. Julia, ¿podrías ayudarnos con una lista de los métodos de viaje disponibles para los invitados no mágicos? —se escuchó exasperado, y Harry no pudo ignorar el tono agitado.

—Enseguida estoy contigo —dijo una mujer que Harry supuso era Julia. Ella tenía su nariz metida en una carpeta y hacía anotaciones en un gráfico.

—¿No podría hacer una Aparición asistida? —preguntó Harry al hombre, pero fue Julia quien respondió, sin apartar la vista de la carpeta.

—Se denomina ‘asistida’ por una razón. Usted sería guiado más por la dirección que por el viaje en sí mismo. No funciona para los muggles; ellos no tienen magia innata —levantó la vista, pero no el tiempo suficiente como para reconocer a Harry.

—Comprendo eso, pero una Aparición forzada no utiliza la magia del viajero. ¿No funcionaría también para los muggles? —los labios de Harry se apretaron cuando la bruja puso los ojos en blanco. Ella dejó los documentos que estaba revisando con la intención de dedicarle toda su atención.

—Usted tendría que ser un mago extremadamente poderoso. ¿En qué está? ¿Sexto, séptimo año en Hogwarts? —mencionó con condescendencia antes de congelarse, cuando levantó finalmente la vista y vio quién era el mago que estaba tras el mostrador.

—Déjeme adivinar. ¿Usted es especialista en relaciones muggles porque no le va muy bien con las relaciones mágicas?

La boca de Julia se abrió aún más cuando le reconoció.

>>Ahora que ya resolvimos lo de mi inadecuada estatura, ¿le gustaría discutir sobre mi ingobernable cabello también?

Antes que la bruja pudiera contestar, el administrador le dio un codazo.

—Lo siento, señor Potter. Con toda seguridad, Julia no quiso ser irrespetuosa. Ella ha estado, umm, muy ocupada, preocupada más bien —se humilló. Harry estaba esperando a ver si el hombre se postraría y besaría sus botas—. En San Mungo nos sentimos orgullosos de proporcionar el mejor servicio y cuidado. Espero que usted no considere este incidente como una muestra típica del cuidado y ayudas que se reciben de nosotros.

—Sí, lo que sea —Harry se dio vuelta y se alejó. No quería ser grosero, pero no confiaba en que sus siguientes palabras fueran amables. Ya había dicho más de lo que había planeado a esa mujer Julia. Reflexionó; quizás su relación con Severus estaba influenciando sobre él.

—Si hay algo que podamos hacer por usted, señor Potter, no dude en pedirlo —ofreció el hombre, obsequioso. Harry agradeció cuando Ron y Dudley entraron finalmente en la oficina.

—Ey, compañero, ¿todo listo para partir? —preguntó un animado pelirrojo.

—Puedes apostarlo —Harry se dispuso a marchar y fue retenido por un desesperado hombre.

—Por favor, señor Potter, si puedo… —el mago tartamudeó. Era evidente que estaba tratando de salvar la cara y no permitir que una celebridad se fuera en malos términos, pero el joven le cortó:

—Permítame facilitar esto para ambos —hizo una pausa y el hombre asintió, ansioso—. Si alguien pregunta, me aseguraré de decirles que he recibido la mejor atención disponible. Usted, a cambio, no contará a la prensa que tuve que retirar a mi insoportable primo de su hospital.

—Oh, le aseguro, señor Potter, que los historiales de nuestros pacientes son privados. La prensa no conseguirá una historia de nosotros —declaró con seguridad.

—Créame, señor Consworth, la prensa nunca pierde la oportunidad de obtener una historia. Si no pueden encontrar una, la inventan. Lo mejor para usted es asegurarse de que la historia que impriman sea una ‘halagüeña’.

—Sí, por supuesto. Comprendo su punto, pero una vez más le aseguro que nadie del personal traicionará su privacidad.

—Mira, mami —gritó un pequeño desde el pasillo—. Míralo, ése es Dudley. Estaba en la sala de juegos conmigo, y solía vivir con Harry Potter —exclamó a todo lo que daban sus pulmones. Mirando más allá de Dudley, el niño divisó a Harry y chilló—. ¡Mamá! ¿Puedo pedirle un autógrafo a Harry Potter? ¡No! No me quiero ir… —las protestas del infante, cada vez más sonoras, pudieron ser escuchadas por todo el pasillo en tanto la avergonzada madre le arrastraba, alejándole.

Harry no pudo evitar una mirada engreída, y empezó a reír suavemente.

—Y eso confirma mi caso. Le sugeriría fervientemente que hiciera una llamada telefónica. Alguien va a hacerla, y muy bien puede ser usted. De ese modo, controlará la historia que será impresa. Ron —se giró hacia su amigo—. ¿Cuál es la tarifa para una exclusiva?

—¿Veinticinco galeones? —sugirió el pelirrojo, encogiéndose de hombros.

—Buen día, señor Consworth. ¿Dónde dijo que queda la sala de Apariciones?

—Derecho por este camino, señor Potter —contestó Julia, guiándoles hasta el área segura que no estaba protegida contra Apariciones. Normalmente, hubiera dejado a los viajeros en la sala y se hubiera marchado, pero deseaba ver esto por sí misma. Era un evento lo bastante extraño como para que lo presenciara personalmente; ciertamente, nunca había escuchado nada sobre movilizar a un muggle de esa forma.

—¿Estás seguro de esto, compañero? —preguntó Ron, nervioso, la vista fija en el voluminoso Dudley—. No haría daño si te echo una mano.

—No haría daño —confirmó Harry. Dio instrucciones a Dudley para que cruzara los brazos sobre el pecho, mientras él y Ron le tomaban una mano cada uno. Vio que el pelirrojo sonreía, pues sus dedos podían rodear toda la muñeca del muggle mientras los de Harry no alcanzaban—. Cállate.

—No dije nada —se quejó Dudley, y Ron se rió entre dientes.

—Adiós, Jules —se despidió Harry con humor. Ella se mostró sorprendida, sin estar segura si había sido insultada o no.

—¿A la de tres? —preguntó Ron.

—A la de tres —confirmó Harry, sabiendo muy bien que significaba dos—. Uno.

—Dos…

Desaparecieron.



Severus Snape, sentado frente al escritorio de Albus, rechazó un caramelo de limón.

—Si estás seguro —el anciano bajó el plato de caramelos y tomó uno para sí mismo—. ¿Disfrutaste del juego de hoy?

—Fue ligeramente entretenido —se encogió de hombros.

—No acostumbras asistir a los juegos en que no compite Slytherin. ¿Té?

—Por favor —aceptó, tomando la taza ofrecida—. ¿Vas hacia algún punto, Albus? —levantó una ceja, sorbiendo su té. Era un líquido humeante. Perfecto.

—Sólo estoy haciendo conversación, Severus —comentó con tono casual, pero el brillo de sus ojos decía otra cosa—. Pensaba que posiblemente fuera porque Harry iba a estar allí, pero parecías bastante absorto por el juego, más de lo habitual —sonrió y se agenció una galleta.

—Igual que un perro con un hueso, insistes hasta llegar al tuétano, justo en el centro —Severus no quería explicar su reciente interés por el deporte. Sabía que era inútil esquivar a Albus, pero daría una buena pelea para mantener toda la dignidad que pudiera.

—Si sientes de ese modo, quizás no deberías resistir —bromeó Albus—. Humor de anciano. Era mucho más fácil cuando podía observarles a ustedes dos en el Gran Comedor. Ahora, con Harry fuera del castillo, no logro verles juntos. Incluso antes que ustedes salieran juntos, era entretenido observarles, por decir lo menos. Siempre molestándose uno al otro, acicateando —rememoró el anciano. Ahora, todo lo que conseguía era sentir la magia de Harry atravesando la red flu.

—Que rompan los violines por el pobre Director que sufre del síndrome del nido vacío —comentó con una sonrisa. No había olvidado que había besado a Harry contra la puerta de Albus poco antes—. Pensaba que lo de esta mañana había sido suficiente entretenimiento para ti. Yo mismo lo encontré hilarante —asombró a Albus cuando tomó una galleta de la bandeja.

—No tengo ni la más remota idea de a lo que te refieres —el Director se ocultó detrás de su taza de té y negó cualquier conocimiento sobre las travesuras de la pareja esa mañana tras su puerta, pero a Severus no le pasó desapercibida la forma en que se tiñeron las mejillas y brillaron los ojos del anciano mago; estaba sonriendo ampliamente detrás de su fina taza de porcelana china—. ¿Si admitiera que vi el espectáculo que se produjo tras mi puerta, me explicarías tu fascinación por el juego de hoy?

—Difícilmente —rió Severus—. Eso ya lo sabía. Quiero algo mejor si voy a ponerme en vergüenza —el retó estaba hecho.

—¿Umm?

—Sí. La respuesta a una sencilla pregunta, en realidad —Severus regresó su taza de té vacía a la bandeja, se reclinó y cruzó las piernas—. ¿Qué sucedió en las vacaciones de Dippit? —preguntó, notando la confusión de Albus; ¿o se había congelado en el sitio? —cuando explicaste al profesorado tu idea de las ‘vacaciones como adolescentes’, Minerva hizo un comentario acerca de la vez en que el Director Dippet lo había intentado. Algo pasó; ¿qué fue? —sonrió con satisfacción cuando Albus apretó la galleta hasta convertirla migajas que se desperdigaron sobre la bandeja de té.

—No tengo ningún inconveniente en contarte sobre mis vacaciones, pero no considero correcto airear los trapos sucios de alguien más, ¿no crees?

—Ciertamente, estoy de acuerdo. No deseo que me reveles los secretos de otro miembro del plantel de profesores, anteriores o no —replicó, divertido, completamente consciente de que estaba refiriéndose a Minerva—. ¿Por qué no me cuentas sobre tus propias vacaciones como adolescente? No necesitas mencionar por su nombre a nadie mas —Severus había visto el tinte rosado en las mejillas del anciano cuando Minerva había hecho el comentario; el tener una memoria excepcional tenía sus riesgos, pero también sus recompensas. Así, estaba disfrutando de tener a Albus contra las cuerdas. Si el anciano quería saber el porqué de su interés por el quidditch, tendría que pagar el precio. Decidiendo que ya era hora de que se divirtiera un rato, se sirvió un pequeño plato de galletas y se arrellanó en el asiento, cruzando nuevamente las piernas, y acomodándose para una larga historia.

Dumbledore sonrió como si hubiera sido su idea contar la historia desde el primer momento. Pero nada iba a lograr que la expresión de satisfacción superior en el rostro de Severus desapareciera.

—El Director Dippet —Albus hizo una pausa para mirar el retrato del mencionado, que en ese momento fingía dormir—. Dado que no había sido hecho antes, al menos en lo que sabíamos, se reflexionó un tanto sobre las posibles consecuencias de dejar el grupo a su libre albedrío. Fueron dos semanas durante las vacaciones de verano; no había estudiantes presentes. Parece que a Armando nunca se le ocurrió vigilarnos de cerca.

El Director hizo una pausa para tomar más té. Juraría haber escuchado a Severus murmurar ‘rodeos’ desde detrás de su humeante taza de té.

>>Igual que Harry y tú se descubrieron uno al otro, yo me encontré con una encantadora joven que me enamoró —dejó a Albus traer a colación lo suyo con Harry—. Desafortunadamente, la joven pescó una gripe. En realidad, no sabíamos si se trataba de gripe; la pobre chica se sentía mal solamente en las mañanas. No fue sino hasta después que —pese a tomar la poción contra la gripe— siguió presentando los mismos síntomas, cuando pensamos que era posible que estuviera embarazada.

Severus no pudo evitar abrir los ojos de par en par. Esto era mejor que lo que había pensado. Se mordió los labios para evitar estallar en carcajadas ante el pensamiento de Albus embarazando a una de sus colegas mientras estaba en la bruma mental de ‘Las Vacaciones’, como él la llamaba.

>>Luego de ser medicada para las complicaciones de la influenza, tomó una poción adicional para determinar si el embarazo estaba fuera del asunto. El hechizo de concepción produjo extraños resultados, como un efecto colateral de la poción que nos había sido dada para convertirnos en adolescentes.

Severus ya no pudo contener la risa.

—Merlín, Albus —se sacudió—. Por favor, no me digas que tienes un encantador niño de mediana correteando por ahí en alguna parte —se ahogó de la risa. Tuvo que dejar la taza de té para evitar que se derramara.

—Si ya terminaste —le regañó el anciano, tratando de no mostrar su propia diversión—. Se decidió que lo más seguro era dejar que la joven permaneciera como adolescente hasta que su condición pudiera ser establecida. Ella recuperó sus recuerdos como el resto de los profesores, pero tuvo que permanecer en su cuerpo juvenil durante otras tres semanas, cuando su periodo confirmó que era seguro que regresara a su edad adulta.

—Así, ¿nunca fue un bebé? —indagó Severus. Albus denegó con la cabeza—. ¿Fue a comienzos del verano? —de nuevo una negación—. Vale; entonces, ¿podrías continuar con la historia, por favor? —pidió, alegre.

La ‘vacación’ fue muy cerca del fin del verano —el anciano hizo una pausa, cerrando los ojos—. Ella se vio obligada a enseñar las dos primeras semanas con su cuerpo de adolescente —rió entre dientes ante el recuerdo—. En su favor hay que decir que tomo todo con mucha calma, y soportó risas de parte de algunos estudiantes que eran mayores que ella en ese tiempo. Algunos de ellos fueron bastante insolentes. Creo que Gryffindor se quedó de último en los puntos de ese año. Si la memoria no me engaña, creo que les tomó varios meses salir del puntaje negativo.

—¿Qué edad tenías entonces? —indagó el más joven, divertido.

—Hmm, déjame ver —comenzó como si no recordara perfectamente—. Todavía no había cumplido años… quiere decir que tenía ciento cinco años en mil novecientos cuarenta y seis.

—En mil novecientos cuarenta y seis eras profesor de Transformaciones, ¿no?

Albus estaba impresionado de que Severus recordara las fechas tan bien, y decidió aclararlo.

—Ella no era profesora; había pasado ese verano en Hogwarts como candidata para aprendiz y apenas regresó cinco o seis años en edad —Albus recordó que por aquel entonces sus padres decidieron que ella necesitaba hacer un largo viaje para celebrar sus excelentes calificaciones en la universidad y su reciente registro como animaga.

Como su hubiera sido convocada por la historia, Minerva tocó la puerta de la oficina.

—Excúsame, Severus. Albus, me pediste que te informara cuando llegaran Harry y su primo. Están en los terrenos.



Harry y Ron sonrieron con satisfacción, habiendo completado con éxito el reto que se habían propuesto.

—¡Lo hicimos!

—Guau, compañero, pude sentir tu magia fluyendo a través de mí —Ron se estremeció—. Eso no me convierte en gay, ¿verdad?

—Sí, lo hace.

—¿Crees que podría tener una oportunidad con Malfoy?

—Sinceramente, espero que no.

—Supongo que tienes razón. Parece que tendré que seguir con Hermione.

—Hazlo —contestó Harry llanamente—. Enervate —despertó al desmayado Dudley, ofreciéndole una mano para ayudarle a levantarse, y continuó la broma con Ron—. ¿Cuándo vas a mover tu trasero y pedirle que se case contigo?

—Te dije que el grabado estaba casi pagado —se defendió.

—¿Cuánto puede costar grabar sus nombres en oro? ¿Un galeón, dos tal vez?

—Vaya que sabes mucho —se enfurruñó el pelirrojo—. El grabado consiste en una serie de runas antiguas grabadas en agua fuerte sobre los anillos, para proteger a la pareja de las desgracias y promover la armonía familiar y ese tipo de cosas. ¿No te lo enseñaron en tus clases de cultura mágica? —terminó sarcásticamente.

—Debo haber faltado ese día —Harry se detuvo para permitir que Dudley les alcanzara—. Supongo que tus padres tuvieron las runas que promueven la fertilidad.

—Cretino.

—¿A dónde me están llevando? —les interrumpió Dudley—. ¡Este lugar es un estercolero!

Sus comentarios le recordaron a Harry que debía lanzar un hechizo para que su primo pudiera ver Hogwarts como lo hacía la gente mágica. Dudley estaba viendo las viejas ruinas y despotricando sobre los olores del ‘elegante’ lugar cuando Harry le lanzó el hechizo. Dejó de hablar a favor de abrir la boca a todo lo ancho cuando logró ver el castillo en toda su gloria.

>>¿Est… ésta es tu escuela? —sus ojos continuaron viajando por las torrecillas, gárgolas y estatuas que decoraban el exterior del castillo.

Harry permaneció en silencio con una expresión muy satisfecha mientras Ron tomaba la tarea de guía turístico.

—Oh, a la derecha se encuentra el estadio de quidditch, donde el equipo de mi hermana pateó traseros esta mañana —señaló—. Arriba, en la torre, quedan los dormitorios de Gryffindor, donde vivimos por siete años. Mi compañero de cuarto, Harry —aferró al moreno por los hombros—. Ésa es la torre de Astronomía; ahí es donde…

—¿Aprenden Astronomía? —finalizó Dudley, rodando los ojos.

—Yo iba a decir que nos besuqueábamos, pero sí, también teníamos clases allí. Arriba, en lo más alto de la torre —señaló dramáticamente con ambas manos—. Ahí es donde el director Dumbledore, el mago más poderoso de nuestro tiempo, tiene su oficina y sus aposentos personales. Harry también tiene una habitación allí —agregó.

Harry le dio un codazo en la barriga.

—Como digas Rapunzel, te vas a enterar —le advirtió. Ron rió entre dientes.




—Severus, me temo que voy a tener que pedirte que te esfumes por unas horas. Te enviaré la cena —le explicó que Dudley estaría en Hogwarts por una hora o poco más. El Director comenzaba a disculparse cuando Severus movió la mano, desestimándolo y mitigando cualquier sentimiento de culpa.

—Ni lo menciones. Tengo algo de investigación pendiente y me alegra tener una excusa. Además, el señor Flinn está metiendo sus narices por ahí. Necesito mantener el contacto público con Harry en el mínimo absoluto.

—Ya veo —Albus esperaba que algún día sus queridos muchachos pudieran hacer pública su relación—. ¿Tiene Harry algo que ver con tu reciente atracción hacia el juego de quidditch? —lo preguntó como si estuviera hablando del tiempo y no haciendo que Severus ‘confesara’ algo. Una por otra.

El maestro de Pociones suspiró como se hace cuando de repente recuerdas una desagradable tarea que tenía suspendida.

—Te aseguro que es algo trivial; difícilmente vale el cambio de una historia tan escandalosa —murmuró, obviamente complacido por haber conseguido el mejor negocio. El pensamiento de que Minerva hubiera sido tan irresponsable era alucinante. Desafortunadamente, fue difícil presumir cuando el brillo de los ojos del anciano se intensificó.

>>Bien. Acepté estar presente mientras Harry, Ron y Hermione preparan las protecciones del hogar de los Granger.

—Muy amable de tu parte el ayudar. Estoy seguro que apreciarán tu experiencia en la materia —contestó Albus, sin mencionar que eso no tenía nada que ver con el quidditch.

—Estimé que los hechizos que van a lanzar tomarán unos treinta y cinco minutos, noventa si consideramos las inevitables veinte preguntas de Granger. Esto deja el resto de la noche para ser… —hizo una pausa, cerrando los ojos— sociable —gruñó—. Dado que acaban de ver un partido de quidditch juntos, Harry y Ron irán directo a conversar sobre el juego, dejándonos a Granger y a mí arreglándonoslas entre nosotros —se dijo a si mismo que no sonaba como una vieja ama de casa.

>>Harry está haciendo un intento por compartir algunos de mis intereses; es lo menos que puedo hacer en retribución —recientemente, había encontrado una de sus revistas mensuales de pociones metida dentro de un ejemplar de Quidditch Semanal—. Creo que Ron disfrutará al saber que al menos hay un tema en el que siempre estará mejor informado que yo.

Albus rió entre dientes y notó que Severus ya no se refería al amigo de Harry como Weasley.

—¿Eso no los dejaría a ustedes tres hablando de quidditch y a Hermione fuera? —preguntó Albus, divertido.

—No es mi problema si Granger elige no participar —no iba a decir que pensaba que no era posible que hubiera un tema que Hermione no hubiera investigado a conciencia, no al menos uno que era ampliamente popular y muy estimado por su Ron.









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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 57-II. Espontaneidad y consecuencias-Parte II    Lun Dic 19, 2016 2:24 pm

Pero que pesada es a Julia lo bueno es que Harry cerro muy bien su bocota jajjajaja
Muy interesante la historia de Albus mira que Sev si que lo disfruto jajjaja esa
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Death Eater takes a Holiday. Capítulo 57-II. Espontaneidad y consecuencias-Parte II
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