La Mazmorra del Snarry


 
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 Death Eater takes a Holiday. Capítulo 56. Un lobo en piel de lobo

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 56. Un lobo en piel de lobo    Vie Jul 08, 2011 5:11 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 56

Un lobo en piel de lobo



Severus Snape estaba convenientemente estacionado cerca del vestíbulo de entrada, conversando con Argus sobre los mejores detalles de las detenciones productivas. Argus volvía a hablar sobre los viejos tiempos, cuando una detención apropiada involucraba grilletes. Luego de cuarenta minutos, Severus deseaba estar en cualquier parte excepto allí. Ya no estaba seguro de que su propósito para estar en la entrada justificara esta tortura. Se sintió extremadamente agradecido cuando finalmente vio a Remus Lupin descender las escaleras que conducían al vestíbulo principal.

—Discúlpame, Argus —Severus sonrió con cortesía, girándose hacia Remus y revisando su atuendo—. ¿Me permite una palabra, Profesor? —preguntó, dirigiéndose al recién llegado.

—Estaba a punto de salir —intentó seguir sin ver los ojos del maestro de Pociones. Ya se sentía suficientemente avergonzado sin tener que hablar sobre el asunto.

—Sólo tomaré unos minutos de su tiempo —replicó con voz sedosa—. ¿Quizás podríamos ir a un lugar más privado?

Remus asintió e hizo amague de ascender nuevamente, pero se dio cuenta que Severus le pasaba con paso enérgico, precediéndole a las mazmorras y no a la oficina del licántropo. El hombre de cabello negro no dijo otra palabra hasta que estuvieron en el interior de su oficina.

>>¿Esto es lo mejor que pudiste hacer? —observó su ropa con desprecio—. Hubiera esperado, dado que te deshiciste de los harapos que vestías el año pasado, que tendrías algo apropiado para salir. Aparentemente, estaba en un error —hizo un gesto para que le siguiera.

—¿Qué hay de malo en lo que llevo puesto? —se quejó Remus, sintiéndose claramente insultado.

—Absolutamente nada si vas a cenar —Severus tomó el par de pantalones de cuero marrón que acostumbraba utilizar para cabalgar, frunciendo el ceño al ver que sobraban cuatro pulgadas de largo. El siguiente fue un par negro que era mucho más corto, pues se usaba metido en botas. Se los entregó a Remus, quien se los cambió, malhumorado, mientras Severus conjuraba un espejo de cuerpo entero.

Aunque ambos tenían una cintura similar, Severus era más largo de torso y los huesos de su cadera eran más anchos.

>>No, ése tampoco —le quitó los pantalones con un hechizo, tomando a Remus completamente por sorpresa.

—¿Eso era necesario? —se quejó, sintiéndose incómodo al estar ahí parado sólo con su camisa y bóxer.

Severus ignoró la pregunta, mirando largamente la figura de Remus. Frotando su barbilla, pensativo, buscaba una solución. Con velocidad inesperada, aferró a Remus por el cuello de la camisa y la cadera. Dando la vuelta y recuperando el equilibrio con facilidad, lanzó a su confiada víctima sobre su espalda, dejando que aterrizara sobre su cama.

—Lo que imaginaba, ellos tienen el mismo tamaño.

Un complacido Severus fue hacia la chimenea, sin prestar atención a su traumatizado invitado. Lanzando un puñado de polvos flu, mencionó el nombre de su buen amigo. El rostro sin afeitar de un mago de áspero cabello marrón apareció entre las llamas.

—¡Snape, huraño bastardo! —gritó Kieran, feliz—. ¿Cuántas veces voy a encontrar hombres extraños en tu cama? Sabes que él te está apuntando con la varita, ¿cierto?

Severus no se molestó en girarse para ver si Remus estaba a punto de maldecirle.

—Necesito algo de ropa. Lo que sea que uses cuando sales de fiesta con Jo servirá.

Un momento después, Kieran salía por la chimenea con una brazada de ropa.

—¿Hay algo que debería saber respecto a Fawkes? —le gustaba Harry, y esperaba que él y Severus no hubieran roto.

—Remus Lupin, te presento a Kieran Donnelly. Remus es un amigo de Fawkes, conoció a su familia hace mucho —explicó Severus. El recién llegado ofreció su mano a Remus, ayudándole a levantarse de la cama. Éste tuvo que admitir que el hombre parecía ser de su misma talla, aunque seguía sin apreciar el modo en que Severus le había ‘medido’.

—Ya había escuchado tu nombre —el escocés sonrió—. Perteneces a la Orden, ¿cierto? También yo —declaró, sorprendiendo al licántropo.

—¿Eres nuevo en la Orden? —le preguntó, confundido, aunque el nombre le sonaba familiar.

Severus, quien estaba revisando la ropa que su amigo había traído, explicó:

—Kieran es lo que podríamos llamar ‘un miembro detrás de escena’ —no ofreció mayor información.

—Llevo ya casi diez años en la Orden —agregó el otro, contando con los dedos—. No asisto a reuniones —añadió, sonriendo. Severus bufó.

Kieran y Severus conversaron de algunas trivialidades mientras Remus se vestía. Severus le echó un vistazo cuando se despojó de la camisa. No había esperado que tuviera esa figura, así que fue una sorpresa descubrir que tenía un cuerpo bastante decente. Personalmente, no le atraía un pecho lleno de vello, pero algunas personas si lo encontraban atrayente.

—Quizás deberías trabajar con tus puntos fuertes —sugirió, entregándole una franela apretada con cuello en V, que exponía su pecho cubierto de vello marrón veteado de gris. Vio la sorpresa en los ojos del lobo, pero no estaba seguro de si era a causa de su comentario lisonjero o por la transformación de su propia apariencia.

Remus fue sacado de balance ante este despreocupado Snape, y pudo comprender mejor lo que Harry quiso decir cuando mencionó que no conocía a Severus tan bien como pensaba. En ese momento, recordó el comentario de Kieran.

—¿Encuentras muchos extraños en su cama? —preguntó al escocés, pero sin apartar la vista de Severus.

—No conseguirás interiores al doblar la esquina. Sólo uno. Dos ahora, contándote —sonrió.

—Se refiere a Harry —aclaró Severus.

Kieran recogió el resto de su ropa y rió entre dientes ante el recuerdo.

—Ni siquiera le reconocí. Había hechizado su cabello para alargarlo, por un baile; sólo le ví de espaldas.

Severus cerró los ojos con fuerza, aguardando lo inevitable.

—¿METISTE A HARRY EN TU CAMA ANTES DE ACABAR LA ESCUELA? —gritó un furioso licántropo.

—Disculpa por eso, compañero —rió Kieran, aunque no se veía en absoluto arrepentido, y salió rápidamente por la red flu, dejando que Severus diera las explicaciones.




Hermione observó con curiosidad a un contento Dudley sentado en el sofá de Harry con los ojos cerrados.

—¿Qué está haciendo? —preguntó, a nadie en particular. Ron se encogió de hombros, sin apartar la mirada del tablero de ajedrez, analizando su próximo movimiento. Harry sabía, pero no estaba de humor para explicar. Bill estaba recostado contra la pared de la cocina, hablando suavemente al oído de su novia. Cuando nadie más habló, contestó:

—Remus hechizó el sofá para que cada vez que Dud cerrase los ojos, viese recuerdos de su padre.

—¿Remus hizo eso? —Hermione sabía que el licántropo era un hombre dulce, pero no imaginaba que hiciera algo así por alguien que había contribuido a hacer la vida de Harry miserable—. No parece demasiado acongojado por los recuerdos. Si mi padre acabara de morir, yo estaría observando con lágrimas en los ojos.

Harry miró cómo su rey vencido caía de su trono, ignorando las risitas de Ron.

—Él está observando los recuerdos de cómo su padre golpeaba, gritaba, y en general se comportaba como un salvaje con su sobrino favorito —dijo sin inflexión.

—¿Qué? —pasmada, Hermione esperaba una explicación adicional—. Pensé que Remus había ofrecido venir para ayudar a mantener la paz, no para incentivar una guerra —frunció el ceño al ver que la cara de Dudley se iluminaba ante un recuerdo especialmente vívido—. Eso es despreciable —terminó, tentada a sacar al intruso del sofá, pero pesaba el triple que ella.

Harry hizo una mueca.

—Remus mencionó que todo sucede por un propósito. Supongo que si no ayuda en nada más, es más fácil lidiar con él cuando está así. De este modo, cuando se enoja, en lugar de amenazarme se sienta en el sofá con una sonrisa depravada —echó un vistazo hacia su primo—. Ni siquiera sé cómo se puede hacer ese hechizo. ¿Magia oscura, quizás? —se encogió de hombros. Todavía se sentía un poco mal por haber hecho que Remus se estuviera incómodo, así que no quería cuestionar sus motivos… o su método.

Hermione continuó observando a Dudley subrepticiamente. Tenía sus sospechas, pero no estuvo completamente segura hasta tiempo más tarde, cuando divisó una pista diminuta. Él se había estremecido varias veces antes de levantarse a buscar un tentempié. Regresó con un recipiente de helado, y empezó a cerrar sus ojos entre cucharada y cucharada. La sonrisa del joven había abandonado su cara, pero una curiosidad morbosa le mantenía observando. Mientras le estudiaba como si fuera un documental, la chica calculó que se mantendría así por otros treinta minutos.

Una distracción bienvenida surgió cuando Fred apareció por la chimenea, seguido de cerca por George. Ambos transportaban paquetes, lo que nunca era una buena señal. Bill explicó rápidamente a su novia, Úrsula, que a partir de ese momento era oficialmente inseguro comer cualquier cosa.

—Eso explica porqué tú estás tan flaco —bromeó ella.

—Cuidado, Gred —advirtió Ron.

—¿Qué? —preguntó el gemelo con aire inocente—. Sólo recuerden que nosotros no hacemos bromas a mamá.

—Lo siento, Úrsula, ya no puedo seguir garantizando tu seguridad —se disculpó Harry con pesar, alzando sus manos en señal de derrota y tratando de no echarse a reír.

La bruja soltó una risita y se acurrucó más cerca de Bill, buscando protección. Ella era una linda joven de cabello rubio con un tono rojizo, y vestía una túnica en tonos rosa a juego con su sombrero, que lucía ladeado en el punto justo que estaba de moda.

—Tengo unas galletas de jengibre, Harry, te van a encantar —ofreció George con una sonrisa encantadora.

—Ésa es nuestra señal de partir. Harry, fue bueno verte de nuevo —Bill hizo una reverencia a todos los presentes.

—No eres divertido. ¿Dónde está tu sentido de la aventura? —bromeó Harry.

La respuesta fue abruptamente interrumpida por Dudley, quien se paró y corrió al baño.

—¡Veintiocho minutos! —gritó Hermione, triunfante—. Lo sabía —sonrió, observando a Dudley salir como un rayo. Ella había sido la primera en darse cuenta de lo que había pretendido Remus al hechizar esas visiones para él. Había observado cómo se había mostrado cada vez más nervioso. Después de varias muecas de desagrado y su tercer estremecimiento, supo que sólo era cuestión de tiempo para que el regalo de Remus dejara de ser entretenido para el muggle. Ron y Harry se mostraron confundidos al tiempo que escucharon la puerta del baño cerrarse de golpe. La sonrisa en el rostro de Hermione sólo aumentó.

—¿Sería algo que comió? —aventuró Ron, sin que pareciera importarle en modo alguno lo que sucedía al primo de Harry.

—Piénsalo, Ron. Cuánto tiempo… —empezó Hermione, pero fue interrumpida.

—Nunca es buena señal cuando ella empieza así —comentó el pelirrojo, ganándose un tortazo.

Ella reprimió un comentario sarcástico y continuó donde había quedado:

—¿Cuánto tiempo creen que él podría observar a su padre tratando a Harry brutalmente? Seguro, le resultó entretenido por un rato, pero, eventualmente, ni siquiera su odio sería suficiente para disculpar un tratamiento tan injusto. Menos de la mitad de lo que Harry nos ha contado sería suficiente para aterrar a la mayoría de la gente —Hermione miró a su amigo—. Y lo más probable es que no nos haya contado ni la cuarta parte de todo.

A Ron le tomó un momento clarificar lo que la chica acababa de decir, pero Harry sí lo supo. No hubo razón para contarles todo lo que fue su vida con los Dursley. Lo que les había dicho era suficiente. Algo más sería redundante y sólo le ganaría más lástima. Hermione era una bruja lo bastante inteligente como para comprenderlo, y él estaba agradecido por su compasión y porqué entendiera que no necesitaba narrarle cada detalle de su vida. Ella miró los brillantes ojos verdes, no con pena, sino con orgullo ante la resistencia de su amigo.

Harry le guiñó un ojo.

—¿Así que tú eres la lista aquí? —bromeó.

El fuego de la chimenea destelló en verde, anunciando a Arthur y Molly. Harry se levantó a saludarles, tendiendo sus brazos para el inevitable abrazo de Molly. Pudo sentir la mano de Arthur sobra su espalda.

—No estarás pensando irte ya, ¿verdad, Bill? — preguntó su madre, decepcionada, al ver que se dirigía hacia la caja de polvos flu.

—Estoy segura que podemos quedarnos unos minutos —dijo Úrsula con dulzura. Molly la abrazó y miró furiosa a Ron, que parecía haber emitido un sonido que sonaba sospechosamente igual a ‘jala mecate’.*

—Oh, claro que nos podemos quedar más —replicó Bill con sarcasmo, mirando a su novia—. Tú solo llevas aquí cuarenta y cinco minutos. Yo llevo toda la mañana con Uric y Albert.

Al haber crecido entre muggles, ni Harry ni Hermione comprendieron el chiste. Ellos todavía no estaban muy acostumbrados a escuchar sobre el dúo mágico Uric y Albert, cuyas desventuras habían sido contadas muchas veces en la Madriguera, antes de dormir.

—Yo tuve una figura de acción de Albert hasta que Forge* aquí presente —comentó Ron señalando a un gemelo— descubrió cómo hechizarla para hacer cosas obscenas con mi figura de Joscelind Wadcock, la mejor cazadora que ha tenido el equipo de los Puddlemore United. ¡Se suponía que la escoba de Joscelind no debería estar ahí! —protestó, en tanto los gemelos comentaban acerca de los magos maduros que debían olvidar las bromas que habían sucedido una década antes.

Molly y Úrsula entraron en la cocina, conversando, seguidas de cerca por los gemelos, que esperaban conseguir algo del pudín que su madre había traído.

Arthur empezó a interrogar a Hermione sobre un extraño y pequeño artículo muggle llamado sacapuntas. Harry y Ron estaban sentados cómodamente en el sofá, observando la animada conversación sobre los instrumentos de escritura muggle. Ron amaba que después de tantos años Hermione todavía estuviera feliz de sentarse con su padre a charlar sobre las cosas del mundo muggle. Suspiró feliz, notando como la luz iluminaba el rostro de su novia. Apenas si logró escuchar la pregunta que le hacía Harry.

—¿Cuál soy yo, Uric o Albert? —Harry todavía estaba pensando en las historias mágicas que eran tan comunes para su amigo.

—Uric, por supuesto —respondió el pelirrojo con descaro—. Yo soy Albert, que es el ingenioso. Uric es el que mete a todos en problemas.



Luego de dos tragos, Remus dejó su asiento en la barra y caminó airosamente hacia la mesa cercana a la esquina de la habitación. Había cinco hombres en la mesa cuando él llegó, pero sólo permanecieron tres. Esperaba que Seth no fuera uno de los que se habían marchado juntos. Un mago musculoso en la esquina izquierda estaba escudriñando por el recinto, buscando alguien vestido de cuero con un gusto parecido al suyo. Aunque tenía buen cuerpo y era atractivo, Remus esperaba secretamente que no fuera el hombre con quien Severus quería que se reuniera. Estaba cerca la luna llena, y necesitaba estar con alguien con quien se sintiera cómodo cuando el lobo emergiera y tomara el control. Aunque estaba fuera de práctica en las salidas nocturnas, confiaba en sus habilidades. Los otros dos magos allí sentados charlaban animadamente entre sí. Ambos parecían accesibles, al menos esa noche. De repente, se preguntó cuándo había decidido que no sería una visita de una sola vez.

El mago sentado en el medio vestía una túnica cuyo corte era diferente a cualquiera que Remus hubiera visto recientemente. Era ajustada, y con un cuello bastante bajo, revelando gran parte de su piel oscura. Remus estaba seguro de que si el hombre se parara, se podría ver cada línea y cada curva de su cuerpo. El tercer mago era el primero que había notado que él se acercaba. Tenía un largo cabello marrón con reflejos rojizos y piel blanca, pero sus mejillas y nariz estaban rosadas, como si hubiera estado al sol mucho tiempo, o quizás ante el azote del viento. Sonrió a Remus, dando palmaditas en el asiento junto a él. El mago de la túnica ajustada se presentó a sí mismo, adelantándose a su amigo para estrechar la mano del licántropo.

—Soy Basil, ¿y tú eres? —esbozó una sonrisa deslumbrante.

—Delicioso —contestó el otro mago al mismo tiempo que Remus decía su nombre.

—Encantado de conocerte, Remus —dijo Basil con una hambrienta mirada—. Éste es mi amigo Willie.

—Mi nombre es Will, no hagas caso a este capullo —replicó el mago, divertido—. No creo haberte visto antes. ¿Qué te trajo por aquí?

—Un amigo —comenzó a contestar con nerviosismo, y se reprendió internamente por ello—. Severus sugirió que viniera —rezó por no dejar mal a su reacio compañero de trabajo.

El hombre vestido de cuero no había prestado demasiada atención, pero al escuchar el nombre de Severus se giró con rapidez. Basil se movió para sentarse al otro lado, dejando a Remus entre Will y él.

—Hace mucho que no vemos a Severus —acentuó su comentario con un apretón en la pierna del hombre lobo. Will asintió, conviniendo, y sorprendiendo a Remus con su siguiente comentario.

—¿Así que eres amigo e Severus? ¿No tiene una polla gloriosa?

Remus se atragantó con su bebida, farfullando sus disculpas.

—No esa clase de amigo, ¿eh? —Will le entregó una servilleta, sonriendo.

—No, no somos para nada tan cercanos —admitió.

Basil tomó un largo sorbo de su bebida mientras analizaba a Remus.

—Aún así, debes ser especial. Severus nunca había enviado a un amigo ni a nadie más.

—Nos conocemos desde hace mucho tiempo —realmente mucho, pensó Remus—. ¿Dices que hace tiempo que no viene por aquí? —pensó que no había caso en perder la oportunidad de chequear y asegurarse. Se sintió aliviado cuando le confirmaron su decepción de que el verano hubiera venido e se hubiera ido sin saber nada de él—. Mencionó que yo podría reunirme con Seth. ¿Le conocen?

Los rostros de Basil y Will se iluminaron, mientras el mago vestido de cuero, que aún no se había presentado, perdió todo interés en lo que Remus estaba diciendo.



El señor Weasley confirmó que Petunia sería dada de alta en San Mungo al día siguiente. Harry se sintió aliviado porque pronto se desharía de su primo. Dudley había estado anormalmente quieto por un rato, luego de su viaje al baño, pero pronto regresó a sus habituales maneras desagradables. Harry no se preocupó en intervenir cuando vio que los gemelos estaban charlando con él. Estaba feliz sólo con encontrarse en una habitación distinta. En su pequeña casa, eso significaba la cocina.

—Mamá, te superaste a ti misma, todo está genial —elogió Bill. Molly estaba encantada al ver que Ron, Harry y Bill estaban despachándose en grande de la comida que había traído—. La tarta de queso con arándano es la mejor que has hecho jamás —terminó, con la cabeza dentro de la nevera.

—Yo no hice la tarta de queso, querido —Molly vio el impresionante postre que Bill acababa de sacar—. No pongas esa cara —dijo, al ver que su hijo mayor hacía un gesto de arrepentimiento—. No soy tan sensible como para sentirme insultada por algo así —sonrió a Harry con aprobación—. Tienes que darme la receta. No sabía que tenías esas habilidades para la cocina.

—En realidad —Harry revisó para asegurarse que Úrsula había abandonado la habitación—, lo hizo Severus.

Ron rió entre dientes.

—Mamá, como siempre dices, si encuentras a alguien que cocina mejor que tú, por un anillo en el dedo de ella… o de él.

—Es bueno que Dudley vaya a marcharse, Ronald; parece que vas a necesitar un lugar donde quedarte —le amenazó Molly, agitando una cuchara de madera frente a su cara. Ron se echo a reír y trató de lamer la cuchara, pero su madre era demasiado rápida para él.

Un rato más tarde, Molly y Arthur se despidieron. Bill y su novia habían partido una hora antes, dejando a Harry con Ron, los gemelos, Hermione y el querido primo Dudders. Molly busco para despedirse de Dudley, pero le encontró desmayado en el sofá. Miró a los gemelos, pero no hizo comentario alguno antes de partir.

—¿Qué le hicieron? —preguntó Harry, con indiferencia. En realidad, no le importaba lo más mínimo, pero estaba sacando conversación. Los gemelos se apresuraron a proclamar su inocencia. Sin embargo, un tazón de Siestas de Jengibre sobre la mesita de centro explicó todo. Harry había permitido a los gemelos usar su cocina para cocinar algunos productos. El invitado había sido usado para probar su producción.

—Pensaba que habían conseguido hacer que su víctima durmiera sólo unos minutos.

—Lo hicimos, pero el muy cerdo agarró un gran puñado y se lo metió en la boca de una vez. La verdad es que no sabemos cuánto tiempo estará desconectado del mundo. Resultó un gran conejillo de indias —los gemelos nunca sabrían qué otros productos podrían haber probado en él.

El trío transformó una silla en un sofá pequeño y se relajaron. Llenaron a Hermione de los detalles que ella no había escuchado sobre el ataque en la casa en construcción de Harry, y decidieron colocar unas protecciones en el hogar de los Granger. Ron y Hermione siempre habían sido blancos potenciales, pero ahora que Ron era Auror y se involucraba con frecuencia en los ataques a Harry, ambos estaban preocupados por la seguridad de la chica.

Hermione fue repentinamente interrumpida por un gemido procedente del sofá más grande. Dudley parecía estar teniendo una pesadilla. Ellos hicieron todo lo posible para despertarle, pero fue inútil. Harry estaba más que feliz ante la idea de intentarlo arrojando un tobo de agua helada sobre su primo, pero ni siquiera eso sería suficiente para romper el hechizo de un gran puñado de Siestas de Jengibre.

Después de intentar todo lo que se les ocurrió, Harry y Ron se dieron por vencidos, y estaban a punto de lanzar un hechizo de silencio sobre el ruidoso durmiente cuando Hermione tuvo una idea.

—Ron, aparta la mesita de centro. Harry, ¿podrías levitar el sofá por mí?

Teniendo un largo aprendizaje en que era sabio confiar en Hermione, ellos hicieron lo que les pedía. Cuando ella estuvo satisfecha de que el mueble estaba lo bastante alto, parándose en la orilla jaló una de las patas traseras del sofá, inclinándolo hacia adelante. Dudley cayó al piso con un satisfactorio ruido sordo. Luego de gruñir y gemir sonoramente, el muggle se calmó y durmió tranquilamente.

—¿Qué hiciste para noquearle? —rió Ron. Hermione sonrió, disfrutando tanto por haber dejado caer a Dudley al suelo como por haber tenido razón en sus suposiciones.

—El hechizo por el que Dudley ve a Harry siendo tratado con tan poca amabilidad es activado cuando cierra los ojos, pero sólo funciona mientras esté en el sofá. Supongo que también se activa mientras duerme. Puedo imaginar que las pocas horas observando esas escenas, hicieron que abriera un poco los ojos a lo que sucedió.

—¿Quizás deberíamos asegurarnos? —inquirió Harry con un brillo malvado en sus ojos. Ron sonrió ampliamente, ansiaba tal experimento. Harry, agradeciendo a la magia, le lanzó un Wingardium Leviosa, regresando el voluminoso chico al sofá. Tomó algunos minutos, pero pronto fue evidente que estaba teniendo sueños perturbadores, o como quiera que se quisiera llamar a las visiones del abuso.

Hermione se sintió algo culpable por disfrutar cuando Dudley fue a parar al suelo de nuevo, pero no hubiera dado a Ron oportunidad de hacerlo. No había tenido ese tipo de diversión desde que abofeteara a Malfoy. Satisfechos con los resultados de su experimento, el trío continuó con su conversación previa sobre las protecciones del hogar de los Granger.

Eventualmente agotada su conversación, Ron y Hermione se quedaron acurrucados en el sofá, sin prestar atención al programa que estaban pasando. Ron descansaba sus pies en la mesita de centro por encima del cuerpo de Dudley, pero las piernas de Hermione eran demasiado cortas así que optó por utilizar a la bestia inconsciente como reposapiés.

Harry se sentó, nervioso. No que estuviera incómodo mirando a sus amigos abrazados, pero no podía apartar su mente de Severus y la retrasada necesidad que tenían de hablar. Demonios, simplemente deseaba estar en los brazos del hombre. Ron y Hermione notaron su intranquilidad, y se sentían bastante felices de seguir ahí abrazados y vigilando a Dudley. Ron le hizo un guiño a su amigo, sugiriéndole que tuviera una tranquila noche de sueño en su habitación de la torre de Albus. Harry sonrió, sabiendo que los otros dos querían quedarse el lugar para sí mismos. Ciertamente, Dudley no sería una molestia.


—Diez puntos cada uno por estar fuera después del toque de queda —regañó Snape—. Y quince adicionales por obligarme a ser testigo de tan deplorable demostración —sus labios se curvaron al ver a los dos alumnos de quinto alejarse disparados, todavía abotonando sus desaliñadas túnicas.

Sus agudos sentidos le hicieron consciente del sonido de pisadas, no de los Hufflepuffs en huida sino de alguien más. No esperaba que el lobo regresara tan pronto, y se sorprendió al ver a Harry a la distancia, caminando por el pasillo.

—Señor Potter, los magos respetables no realizan visitas sociales a estas horas. ¿Le ruego me diga qué le trajo a Hogwarts? —preguntó, sabiendo que nunca era seguro asumir que no había nadie escuchando.

—No sabía que me consideraba un mago respetable, profesor Snape —sonrió—. Sólo voy a mi habitación en la torre.

—¿Necesita hablar con el Director? —indagó, pensando que quizás había tenido una visión, aunque no parecía afligido—. Puedo escoltarle, si lo necesita; no quiero verle vagabundeando por los pasillos. Puede que ya no estudie aquí, pero aún así debe dar el ejemplo a los demás.

Extrañaba esto. Era difícil de explicar, pero seguía siendo divertido hostigar a Harry Potter cuando le atrapaba después del toque de queda, incluso si era un punto discutible.

El joven sacudió la cabeza.

—Creo que puedo encontrar el camino yo solo. Dígame, Profesor —sonrió de nuevo—, ¿le jode saber que no puede quitarme puntos?

—Es más que compensado por el hecho de saber que este año usted no estará consiguiendo alguna alocada aventura que le ganará puntos de última hora por parte de Albus Dumbledore. Ahora, Slytherin tiene una oportunidad real de alcanzar la copa.

—Queda mucho año académico todavía, Profesor. Yo no estaría tan seguro —bromeó.



Harry no se sorprendió al encontrar a Albus en su oficina, esperando para saludarle.

—Nunca vas a decirme cómo sabes quién está en la puerta, ¿verdad? —su guardián sonrió inocentemente. El joven continuaría intentando obtener una respuesta, aunque no la esperara.

—¿Cómo te está yendo con tu invitado, Harry? —Albus no hubiera esperado que dejara a su primo solo.

—Bien. Sigue siendo un cretino, pero, afortunadamente, su necesidad de dormir ha aliviado la tensión de la visita —lanzó una sonrisa torcida, sin explicar su comentario.

Albus le observó críticamente.

>>¿Qué? —preguntó Harry a la defensiva—. Nadie pasa un tiempo en mi casa sin ser posible receptor de una broma de los Weasley. No pude evitar que él ingiriera una sobredosis del todavía no patentado Sueño de Jengibre. Eso le pasó por ser glotón —estaba divertido al sentirse como un niño explicándose ante Albus.

El anciano hizo su mejor intento por lucir un aire reprobador, pero no era fácil.

—Entonces, ¿no le lanzaste un hechizo para dormirle?

—Bueno… no hoy. Antes de que preguntes, no le dejé solo; Ron y Hermione están allí. Están jugando a la casita —sonrió al pensar en sus amigos.

Conversaron sobre las dificultades de Ron para pedir matrimonio a su novia, y luego, sobre la posibilidad de que Harry asistiera al funeral de su tío. Después de mucho debate y consideración de los pro y los contra, Harry decidió que no asistiría al servicio religioso, pues su familia nunca le había incluido en sus rituales de los domingos y no tenía intención de rezar por la partida de Vernon. Iría al cementerio para el entierro y eso sería todo. La prensa elegiría el cementerio para conseguir una historia. La mayoría no eran tan groseros como para ir al lugar de culto durante los servicios. Bueno, eso y que las escenas en el cementerio harían que el fotógrafo vendiera más copias.

Generalmente, le importaría muy poco lo que escribieran de él, pero no quería dar chance a que alguien preguntara porqué no había asistido al funeral de su tío. No era imposible que alguien descubriera que él había sido abusado; difícil, pero no imposible. Además, no podía olvidar lo que Remus había dicho acerca del cierre. Se alegraría de saber que esa parte de su vida había quedado definitivamente cerrada.

Cuando llegó a su habitación, lo primero que hizo fue abrir la red flu. Después de quitarse zapatos y medias, lanzó un puñado de polvos al fuego.

—Severus —escudriñó a través del fuego, buscándole.

—Que sorpresa —dijo un Severus inexpresivo.

—¿Ocupado? —su tono era tentativamente esperanzado.

—Sí, tengo un gran montón de papeles que corregir, pero supongo que pueden esperar —contestó vagamente.

Harry estaba a punto de indicar que había pasado muchos fines de semana con él y la corrección de tareas no había sido un problema, pero recordó que Severus había estado muy ocupado la pasada semana, sin contar la escapada con los Mortífagos el miércoles en la noche.

—¿Necesitas estar disponible para tus estudiantes o te gustaría reunirte conmigo en mi habitación? —odiaba la expresión ‘tu cuarto o el mío’.

Severus retrocedió un paso, invitándole a entrar. Prefería la privacidad que ofrecían sus propias habitaciones.

>>Te extrañé —declaró Harry con voz cansada, y notó la pequeña muestra de alivio que Severus permitió a su rostro—. Han pasado tantas cosas; odio que estemos alejados cuando todo lo que quiero es sentirte cerca de mí —cerró los ojos cuando fue recompensado con la amada sensación de los fuertes brazos de Severus estrechándole apretadamente.

>>Se que reaccioné excesivamente respecto a todo esto. Al parecer, todos los que me rodean se sienten aliviados de que Vernon esté fuera del cuadro; algunos más que otros —agregó, pensando en la conversación que había sostenido con Ron y Bill. Bendita familia Weasley.

—Para ser sincero, fue tu posible reacción lo que me contuvo de matarle —admitió el hombre—. No quería perderte; pensé que podía hacerlo —musitó tales palabras sobre el cabello de su pareja, antes de descansar su barbilla allí. No recordaba tal diferencia de altura, y bajó la vista para observar que Harry estaba descalzo, la punta de sus dedos acurrucadas contra el borde de sus botas.

—Hubiera sido un tonto de dejarte ir por causa de Vernon —las palabras fueron atenuadas contra la túnica de Severus, pero éste las escuchó.

—Bien, no sería la primera vez que yo intentara convencerte de tu estupidez.

Harry casi pudo sentir la sonrisa contra su cabeza.

—Sí, sí, un tonto, lo mencionaste una o dos veces durante mi tiempo en Hogwarts. Pero han pasado meses desde la última vez que me llamaste Mocoso Insufrible.

—Que tú hayas escuchado —murmuró el Profesor, y Harry se dio cuenta de que en muchas ocasiones no había escuchado realmente las palabras de Sev, cuando esa voz de seda le lanzaba en la inconsciencia. Reflexionó que probablemente debería escuchar ahora, cuando el profundo y sexy sonido resonó a través de él—. ¿Por qué, después de todas sus amenazas y de que casi te mata, estarías disgustado por su deceso?

—Estaba asustado de mí mismo. Mi primera reacción ante la muerte de Vernon fue de indiferencia. Yo había estado muy preocupado por Ron. Sentí tanto alivio cuando vi el cadáver y supe que no era Ron que no me importó que Vernon estuviera yaciendo muerto, justo ahí. No es que esperara sentir tristeza, fue que traté de no pensar demasiado en el alivio que sentía, en lo que eso significaba para mí. Supongo que me sentí algo culpable por mi reacción. Una de las razones por las que nunca hablé a nadie sobre Vernon fue que temía terminar en un orfanato, como Tom. Su familia odiaba la magia y le apartó de ellos. Él les mató por eso —explicó con tono quedo—. Temía admitir ante mí mismo que me alegraba de que Vernon estuviera muerto, luego de la forma en que me había tratado.

—Tú no hubieras sido apartado —afirmó Severus llanamente— y no deberías compararte con el Señor Oscuro.

—Dile eso a un niño de doce años —murmuró—. Él y yo tenemos demasiado en común para mi gusto. Quería que tú me vieras como soy realmente, por eso te conté tantas cosas que no acostumbro decir a la gente. Quizás, subconscientemente, dejé que descubrieras hechos como lo sucedido en mi décimo cumpleaños porque deseaba que me protegieras de ellos.

—Es oficial, has tenido demasiadas citas con la psicóloga. Estás analizando demasiado las cosas —comentó Severus, alegre. Al darse cuenta de lo que Harry había dicho sobre su décimo cumpleaños, agregó—: ¿Me dejaste descubrir sobre tu décimo cumpleaños? Pensé que había sido yo —fingió sentirse resentido—. ¿Preparaste todo ese asunto para que yo viera tu cumpleaños en la despensa en tu proyecto de pensadero?

—No podía dejar que siguieras pensando que era un mocoso engreído, ¿verdad? —Harry rió, antes de escuchar a su pareja mascullando sobre sus tendencias Slytherin.

—¿Esto significa que ya estamos bien? —preguntó Severus, sabiendo la respuesta. Harry asintió, pero a pesar del regocijo espiritual de su conversación, el hombre podía ver que el joven todavía estaba pensando sobre ello—. ¿Recuerdas durante las vacaciones, cuando te pregunté si pensabas que cambiarías tanto que serías una persona diferente luego de veinte años?

—Sí, eso fue cuando estabas tratando de convencerme de que Sev era Severus Snape aunque no pudiera verlo todavía. Pero tienes que admitirlo; eres mucho más complejo de lo que tu yo joven pensaba que serías.

—Sí, yo estaba desorientado, por decir lo menos, pero mi punto es: tú crecerás y habrá cambios, pero seguirás siendo el hombre que conozco y amo. Puede que veas un montón de similitudes entre tú y ‘Tom’ —Severus no podía creer que se acabara de referir al Señor Oscuro como Tom—. Confía en mí cuando te digo que hay muchas más diferencias que similitudes —miró profundamente los ojos verdes y añadió algo con la intención de llevar la conversación al cierre—. Durante sus años en Hogwarts, él estudió en secreto Artes Oscuras, y en su sexto año, procedió a instalar un basilisco en la escuela con el objetivo de matar estudiantes con padres muggles. ¿Estoy mostrando mi punto? —el hombre sonaba como si estuviera en clase.

Harry asintió. Su débil sonrisa se hizo más brillante antes de atraer a Severus para besarle.




Remus terminó otra bebida. No sentía ningún dolor, pero no estaba borracho. El metabolismo de licántropo trabajaba en su ventaja.

—¿Eres amigo de Severus? ¿Dónde ha estado, enganchado con una follada estable? —preguntó el mago que prácticamente le había ignorado desde que había preguntado por Seth.

—¿Eres Carl? —Remus sonrió, el hombre asintió—. Si mis suposiciones son correctas, creo que esto explica dónde está. Severus me dijo que te diera esto. ¿Algo relacionado con una apuesta?

La expresión impactada de Carl no concordaba con el tipo de persona que representaba. Tomó la moneda de oro y, mirándola fijamente, la dejó sobre la mesa antes de tomarse su bebida de un trago.

—¡No me lo puedo creer! —exclamó Basil es un susurro teatral—. Carl, esa es una apuesta que yo nunca pensé que ganarías —agregó con incredulidad.

—Supongo que están hablando de que él está en una relación estable —Remus quería confirmar sus sospechas. Fue Basil quien contestó.

—Carl le dijo que había alguien para todo el mundo. Severus insistió en que si él estuviera interesado, que no lo estaba, probablemente podría encontrar alguien que fuera digno de entablar una relación, pero que el amor era para los imbéciles que eran lo suficientemente tontos como para creer que existía.

—Yo sólo hice la apuesta para molestarle. Es muy divertido cuando se le provoca —explicó Carl sugestivamente.

—A Carl le gusta la rudeza —terció Will, pero Remus no le escuchó porque todavía estaba pensando en lo que Basil acababa de decir. Severus nunca cedería para decirle directamente que amaba a Harry, pero se lo había revelado al darle la moneda para Carl, sabiendo que le sería explicado.

Su mente siguió con eso por un rato, pero pronto fue distraído por Basil y Will, quienes trataban de decidir cuál de ellos le presentaría a Seth. Aparentemente, se encontraba en una habitación cruzando la calle.



—Es un gran conjunto de ropa de quidditch el que Snape regaló a Harry —comentó Ron, revisando la túnica negra en el guardarropa de su mejor amigo. Hermione lanzó un hechizo para poner sábanas limpias en la cama y se sentó en lo que esperaba fuera una pose sensual.

—Mejor amigo o no, no deberías registrar las cosas de Harry —se enfurruñó la chica cuando Ron no hizo caso de su pose.

—¡Qué el… Oh! Ey, esto es casi soez —Ron torció el rostro, cerrando rápidamente la mesilla de la cabecera de la cama.

—Eso te ganas por ser tan metiche —le regañó Hermione, pero no pudo resistir echar un vistazo y decidió que tenía que descubrir dónde compraba Harry sus juguetes.




La expresión de Remus no tenía precio cuando Will le dijo que ‘Seth’ era el código de ‘consígueme un polvo’, aunque le aclaró que podía ser parafraseado un poco. Se sintió igualmente avergonzado cuando Will ofreció hechizarle y él no tuvo idea de lo que estaba hablando. Había sido monógamo con Sirius, y había pasado mucho tiempo desde la última vez que había tenido una cita. El otro sonrió y lanzó el hechizo para protegerles de enfermedades.

—Esto explica porqué estabas tan ansioso de presentarme a Seth —la voz de Remus fue amortiguada cuando su camisa fue jalada sobre su cabeza y su hombro mordisqueado.

—Oh, sí —ronroneó Will contra su cuello. Un zumbido indicando estar de acuerdo provino de Basil, cuya boca estaba rodeando la entusiasta polla de Remus.








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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 56. Un lobo en piel de lobo    Vie Dic 16, 2016 8:36 pm

Ohhhhh Remus se la va a pasar en grande jajajaja me gusto la aclaración que le hizo Severus a REmus indirectamente muy Slytherin, de su parte jajjaja

Me agrada saber que Harry y Severus están en buenos términos y Vernon muerto jajajjaja

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Death Eater takes a Holiday. Capítulo 56. Un lobo en piel de lobo
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