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 Death Eater takes a Holiday. Capítulo 50-II. Placeres de la carne II

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 50-II. Placeres de la carne II   Mar Sep 14, 2010 2:14 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 50 - II

Placeres de la carne II


Más tarde

Hermione estaba sentada en la cocina y leía cuidadosamente los planes que tenía Harry para su casa mientras esperaba que su amigo se vistiera.

—¿Te sientes mejor? —preguntó cuando él salió con su pantalón de deportes y su franela más cómodos.

—Sí. Todavía pica, pero no es insoportable —le entregó una cerveza de mantequilla fría y se sentó.

—Sabes, humedecer siempre me ayuda cuando tengo picazón por resequedad en la piel —comentó ella, buscando su bolso y sacando un pequeño tubo—. Inténtalo con esto —vertió una pequeña porción en las manos de Harry. Murmuró un simple hechizo de agrandamiento, y él se encontró con una enorme bloque de loción en sus manos—. Cierra los ojos. Circumtero —musitó con un movimiento de varita, y la loción se extendió de manera uniforme por toda la piel del chico—. Se siente bien, ¿verdad? Ni siquiera tienes que quitarte la ropa. Mi mamá tiene la piel seca y le encanta cuando le hago este hechizo —divagó, y Harry soltó una risita.

—¿A Ron también le gusta ese hechizo? ¿Puedes hacerlo con aceite? —preguntó, alzando las cejas sugerentemente.

—Harry Potter, eres un cerdo —declaró indignada—. Tendré que intentarlo —agregó con un brillo en los ojos.

Luego de una de esas películas de chicas, Harry empezó a hurgar en un pote de comida china a medio comer, verificando si había quedado algún camarón.

—Estuvo bien, aunque un poco ñoña —comentó, refiriéndose a la película, mientras revolvía con los palillos, dejando caer un camarón en el frente de su franela—. Demonios —gruñó, limpiando la salsa con los dedos y comiéndose el camarón.

—Encantador —Hermione comentó sobre sus modales, mientras su amigo se lamía los dedos—. Eres tan cerdo como Ron, y eso ya es decir —levantó el control remoto y empezó a pasar canales—. Yo pienso que fue una gran película. Muy romántica —terminó, con un suspiro.

Harry levantó su servilleta y limpió las esquinas de su boca con el dedo meñique levantado.

—¿Mejor? —preguntó, consiguiendo una mirada remilgada como respuesta—. La chica se la pasó desnuda la mitad de la película, y el tipo rubio, ¿cómo se llamaba? Bueno, él a duras penas mostró el trasero, sólo en la escena de la ducha —protestó—. Un fastidio.

—Cierto. Hmm… él tenía un lindo culo —Hermione bajó la mirada hasta su blusa, comparando sus senos con los de la mujer del film—. Ainss —suspiró, y no hizo otro comentario.

Harry se entretuvo buscando otro camarón, no deseando entrar en una conversación acerca de insuficiencias con una chica. Sabía que ése nunca era un tema seguro, así que lo ignoró. Si se comparaba con Sev, éste tenía mucho más cuerpo. Aún así, él estaba muy contento con su delgada figura, aunque no tenía los hombros tan anchos como tendría algún día. O eso esperaba.

>>Casi lo olvido, ¿no dijiste que querías contarme sobre la reunión que tuviste con el profesor Dumbledore? —preguntó la chica, mientras metía los pies bajo su cuerpo, poniéndose cómoda.

—Todo el día he estado tratando de no pensar en ello, pero se desliza insistentemente en mi cabeza —comentó, exasperado—. ¿Quieres otra? —ofreció, alzando una cerveza de mantequilla.

—No, gracias. ¿Puedes darme una pista? Me estoy muriendo por saber —pidió, desesperada, ansiando averiguar las nuevas noticias, aunque no parecía que fueran a ser buenas.

—Mi familia —replicó con desdén. Se tiró en el sofá y rasgó un paquete de crujientes fideos chinos para abrirlo—. Albus dice que las protecciones tienen que ser restauradas, y ellos no dan permiso para hacerlo.

—Oh —exclamó ella, mordiéndose el labio—. ¿No se dan cuenta del riesgo?

—Son demasiado estúpidos. Vernon odia la magia a tal punto que no permite las protecciones, ni siquiera para su propia seguridad. No es como si la magia no hubiera estado allí todos estos años. Yo les odio, y odio haber estado estresado por… su seguridad. Esto me coloca en medio de su enredo. Cuando me fui, pensé que había terminado con toda esa mierda.

—Ellos probablemente se sienten igual —expresó ella, siempre la voz de la razón—. Supongo que una vez que te fuiste pensaron que no tendrían que seguir preocupándose por la magia, y tampoco quieren pensar sobre todo esto.

—Bien, no siempre obtenemos lo que deseamos —replicó bruscamente—. Ellos no contestan los correos, y ahora Albus quiere que yo le acompañe para hacerles entrar en razón —hundió uno de los fideos en salsa y crujió con más fuerza de la necesaria.

—¿Acaso se volvió loco? ¿Dumbledore espera realmente que vayas a verles? Harry, ellos casi te mataron. ¿Cómo puede pedirte algo así?

—Ya conoces a Albus, yo siempre puedo ‘elegir’ —replicó con un bufido, como si alguien tuviera posibilidad de elección con el anciano—. No creo que esté realmente preocupado por ellos, sino por el modo en que me afectaría si fueran dañados. Piensa que si son atacados, yo me culparía, y esa es su principal preocupación. Quizás cree que yo seré capaz de razonar con ellos. Son unos objetivos iguales que tú y Ron, dado que la mayoría del mundo mágico desconoce los aspectos de mi vida familiar —terminó con desprecio.

—¿Por qué ahora, después de todo este tiempo? ¿No ha pasado más de un año desde que las protecciones cayeron?

Harry asintió.

—Sí, debe haber sido una brecha temporal. Allí no se alzan las protecciones cada año como en Horwarts, que es una fortaleza. Las protecciones de Privet Drive eran renovadas cada cuatro años —explicó, calculando mentalmente—. Según Albus, las primeras protecciones de la casa fueron colocadas la noche que Voldemort asesino a mis padres. Dado que yo fui dejado allí justo después de Halloween, supongo que ya es hora.

—¿Y vas a hacerlo? —preguntó, inquieta por él.

—Supongo —se encogió de hombros—. Francamente, estaba pensando negarme, pero si algo sucediera sin que yo al menos lo haya intentado, probablemente me sentiría mal. No puedo imaginar llegar a convencerles, pero pienso que cualquier ‘obligación’ que yo pueda sentir hacia ellos en algún nivel, será más que compensada. Voy a advertirles para que se protejan, a pesar de lo que me hicieron, porque creo que así sentiré que estoy actuando con más preocupación y responsabilidad de la que ellos jamás demostraron hacia mí. He recorrido un largo camino desde que abandoné su casa. La consejera me enseñó a liberarme de mi rabia hacia ellos, y de cualquier sentimiento de responsabilidad por cualquier cosa que a Voldemort se le ocurriera hacer. Ellos hacen sus propias elecciones, y cargarán con la responsabilidad por ellas. Enfrentarles es la parte más difícil para mí, pero no creo que vaya a tener ningún problema real con eso. Además, tendré a Albus Dumbledore a mi lado. No podría pedir más, así estuviera enfrentándome al mismísimo Voldemort —terminó, intentando aligerar la situación. Hermione todavía lucía preocupada.

—No sé si yo hubiera estado demasiado dispuesta a regresar, pero ellos están en peligro. Sería lo correcto por hacer —declaró, no muy segura de si estaba tratando de convencer a Harry o a ella misma.

—Remus ofreció ir también, pero creo que más magos en la casa les aterrorizaría más aún. Apenas puedo imaginar cómo van a reaccionar ante Albus en toda su gloria —Harry sonrió.

—No había pensado en eso —comentó Hermione, recordando que él le había contado que Albus nunca usaba ropa muggle—. Con su cabello y barba tan largos, no luciría como muggle sin importar que ropa usara —comentó, divertida—. ¿Y qué dijo Severus?

—Está furioso con todo el tema. Le dijo a McGonagall que pensaba que Albus nunca debería haberme involucrado.

Los ojos de la chica se abrieron con asombro.

—¿Él te dijo eso?

—No, escuché cuando ella se lo decía a Albus —se interrumpió al ver la mirada incriminatoria en la cara de su amiga—. Ni siquiera empieces. Yo estaba en mi habitación de Hogwarts, buscando algo, cuando empezaron a hablar un poco más allá. McGonagall no sabía que yo estaba allí, pero Albus sí, y él no deja que tú escuches ‘accidentalmente’ cosas que no quiere que sepas.

—¿Severus y tú hablaron sobre eso? —preguntó Hermione, esperando que hubiera más que un montón de sexo entre ellos—. ¿El está al tanto de… ya sabes? ¿Le contaste sobre los Dursley?

—Sí, hablamos sobre eso. Le conté sobre mi pasado, y más específicamente sobre cómo Albus terminó siendo mi guardián. Creo que nos comunicamos muy bien. No siempre estamos de acuerdo, pero al menos podemos dialogar e intercambiar opiniones sin maldecirnos uno al otro —esto último lo dijo de forma despreocupada.

—¿Todavía no han tenido una pelea? Quiero decir, desde que están juntos —sostuvo la cerveza de mantequilla entre sus manos, jugueteando con la etiqueta. Sabía que estaba hurgando en terreno personal, pero también sabía que Harry no se ofendería ni tendría problema alguno en advertirle si algo era demasiado privado.

—No estamos de acuerdo con que Remus sea profesor, pero no, supongo que todavía no hemos tenido una pelea.

—¿Él todavía quiere el puesto de Defensa?

—Si recuerdas, fue Percy quien nos dijo que él deseaba ese trabajo —comentó, pensando que debería ser suficiente, pero agregó—: No, oficialmente no está interesado en el puesto. Quizás lo estuvo en algún momento, pero ahora no. El problema para él es que Remus permanezca en el castillo durante la luna llena. Personalmente, no creo que ése sea un verdadero problema. Argumenté que aquella noche en nuestro tercer año hubieron circunstancias atenuantes y eso debería disculparlo. Él no está de acuerdo. Como dijo, y cito: Recuerdo a cierto Gryffindor teniendo alguna clase de circunstancias atenuantes al menos una vez al año. No hay buenas posibilidades, en mi opinion.

—Afortunadamente, no es su decisión —comentó Hermione, ofendida por lo que Sev había dicho.

—No exactamente, pero él puede hacer exigencias a cambio de preparar una poción compleja que le consume bastante tiempo una vez al mes.

—¡Eso es extorsión! Él es el único que puede hacer la poción —la voz de la chica se elevaba con cada palabra.

—No puede ser el único. ¿No lo venden en la tienda de pociones?

—Ellos venden una versión del original que apenas reúne los estándares exigidos por el Ministerio. Lo investigué cuando tuvimos que hacer el ensayo sobre los hombres lobo. Ésa es la única poción en el mercado, y no es ni la mitad de buena sin los avances que Severus ha hecho. Si quisiera distribuirla en el mercado, haría una fortuna.

—Da miedo cuán meticulosa eres cuando investigas. ¿Podemos dejar de discutir sobre esto? Veré si puedo lograr que sea más razonable. Todavía tengo dolor de cabeza de pensar en el asunto de los Dursley. No necesito agregar una discusión sobre Remus, especialmente porque estoy de acuerdo contigo —Harry, que había estado sentado en el borde del sofá, se derrumbó sobre el con un suspiro.

—Me irrito un tanto cuando algo se relaciona con los derechos de las personas. Ya sabes, todo ese asunto de los elfos domésticos. Lo siento —se disculpó, no queriendo disgustar a Harry, que ya tenía bastante con tener que lidiar con la perspectiva de volver a ver a sus parientes. Colocó una mano confortante sobre el hombro del joven, y no pudo resistir la tentación de frotar sus dedos contra su corto, suave y recién adquirido cabello—. ¿Sabes cuándo debes ir?

—Albus dice que es preferible el fin de semana; de ese modo, si les convencemos, podremos levantar las protecciones de inmediato y tener el resto del fin de semana para relajarnos. Supongo que tiene unas cuantas personas en alerta, pero nosotros deberíamos poder hacerlo —musitó, abatido—. Para ser honesto contigo, no creo que pase nada. Todo esto es una pérdida de tiempo y una sobrecarga de stress.

—Tengo tendencia a estar de acuerdo contigo, pero como dijiste, tienes que intentarlo —seguía frotando perezosamente la cabeza de su amigo—. Disculpa —dijo, al darse cuenta que su mano seguía en ese lugar—. ¿Alguna vez te cortaste el vello? ¿Ya sabes, ahí? —preguntó, bajando la mirada.

—No tengo pelo ahí justo ahora —replicó, echándose a reír—. Demonios, ni siquiera tengo cejas —rió más fuerte, con un bramido, mientras ella le palmeaba el brazo.

—¡Sabes lo que quise decir! —exclamó ella, ruborizándose—. ¿Crees que a Ron le gustaría si yo lo hiciera?

—Puede que sí. Sería algo distinto. Es divertido cuando puedes sorprenderles con algo nuevo —comentó, recordando la noche que había abierto los pantalones de Severus con los dientes. Lo había visto hacer en una película y pensó que era excitante. No había sido tan fácil como parecía en la televisión—. Tal vez si le gusta más corto, o afeitado, pase más tiempo por allá bajo; pero mejor es que consigas algo para la picazón cuando empiece a crecer —aconsejó, alzando sus inexistentes cejas.

—Te ves ridículo, como si tu frente estuviera intentándolo pero no funcionara —comentó Hermione, divertida—. Recuerdo algo que quería preguntarte. Ginny dice que si tarareas mientras das sexo oral se siente bien, pero cuando he intentado hacerlo con Ron no creo que haya hecho mucha diferencia. ¿Qué piensas tú?

—Pienso que no quiero pensar en Ginny dándole sexo oral a nadie —replicó, poniendo los ojos en blanco—. ¿Ron sabe que ella hace eso?

—Eres un hipócrita tan grande como Ron. Y él no se quejaba cuando yo a la edad de Ginny hacía eso mismo.

—Regla del manual, la mayoría de los hombres no se quejan cuando su polla está en tu boca. A menos que haya un problema de dientes —dijo casualmente, haciéndola reír—. Es buena cosa que tengas los dientes más cortos en el camino de regreso. ¡Ouch! —exclamó, al conseguir otra palmada en su brazo por sus comentarios.

El resto de la noche la pasaron hablando sobre sexo y otros placeres.




Severus estaba parado frente al escritorio de Albus con los brazos cruzados sobre el pecho. El ceño fruncido en su rostro no le estaba llevando a ninguna parte.

—Puedo apreciar tu preocupación, Severus, pero la presencia de otro mago no ayudará a nuestra causa —razonó Albus, explicándole que era preferible que él no les acompañara a discutir sobre las protecciones con la familia de Harry.

—Se aterraron ante la vista de Arthur Weasley, ¿cómo crees que reaccionarían ante tu imponente presencia? —preguntó Harry, casi cómicamente. Podía ver que Sev sería muy intimidante para los Dursley—. No es cómo si tú me hubieras presentado a tu familia, ¿verdad? —siguió, sabiendo que el hombre no tenía parientes vivos.

—Te mostraré sus tumbas si gustas. Incluso tengo unos cuantos retratos almacenados si deseas compartir unas palabras con ellos —contestó secamente.

—Bueno, al menos a algunos de ellos debes hacerles gustado —replicó.

—Lo dudo —sentenció, pero Harry no pensó que él estaba siendo completamente honesto.

Mientras Harry argumentaba que no creía que esto importara, pues estaba seguro que Vernon diría que no, Albus, el optimista, pensaba que deberían hacer todo lo posible. Aceptó que Severus les acompañara, pero sin ser visto por los muggles. Harry le ofreció su capa de invisibilidad, pero su pareja, convenientemente, tenía una poción que hacía el mismo trabajo. El joven se echo a reír, consciente que Severus había sabido todo el tiempo que iría con ellos, de una forma o de otra.

Harry y Albus pudieron Aparecerse directamente en la propiedad. Severus les alcanzó muy pronto, proveniente de un lugar que conocía y al que podía llegar con la seguridad de no ser detectado. Lo primero que Harry notó al arribar al patio de los Dursley fue el descuidado parterre que solía estar repleto de flores. Sonrió, sabiendo que ‘sus amigas’ estaban manteniendo a Petunia fuera de su propio jardín. Siseó en voz alta como saludo, pero en ese momento no había serpientes cerca. Albus sonrió, animándole, e hizo un gesto hacia la puerta. Había llegado la hora. Harry se tomó un momento para asegurarse que su camisa estuviera bien metida en su pantalón. Llevaba los jeans más apretados que tenía, y sonrió al darse cuenta que había crecido, pues ahora podía ver mejor sobre la cerca. Se veía bien; se sentía bien. Inconscientemente, comenzó a domar su cabello, pero al darse cuenta se detuvo, sabiendo cuánto odiaba Vernon su despeinado. Él deseaba que ellos le vieran con ropa apropiada. El cabello despeinado era un bono.

Albus estiró el brazo y se lo alborotó un poco más antes de tocar en la puerta mosquitera. Harry se había alegrado al escuchar que su primo no estaría en la casa durante la reunión con sus tíos. Dejó escapar un pequeño jadeo, esperando que no hubiera sido notado, pero no tuvo suerte. Albus giró la cabeza y sonrió.

—Oh, bien, Severus llegó, justo a tiempo —comentó el viejo mago.

Harry mantuvo el rostro impávido, ignorando la mano invisible que había encontrado su trasero.

—¿Recuerdas tu argumento sobre querer ser una presencia tranquilizadora para mí? —preguntó suavemente a través de sus dientes apretados, girando la cabeza hacia donde sabía que debía estar Severus—. Yo parecería tranquilo si manos manoseadoras no me sobresaltaran.

La puerta se abrió en el momento que terminaba su oración. Pudo escuchar la voz de Vernon en la cocina, ordenando a su esposa que les dejara entrar antes que les vieran los vecinos. Harry no podía culparle, dado que Albus había decidido vestir una túnica de colores chillones, amarillo y azul, con… interesantes diseños.

Severus se deslizó detrás de Harry, rodeando la cocina, conservando su distancia de los otros. Albus mantenía su habitual actitud cordial. Severus no despegaba los ojos de su pareja. Harry se detuvo erguido, las manos en sus costados sin moverse inquietas. En lo posible, se mantendría calmado y orgulloso, pero Sev sabía que eso era una máscara. Él le había enseñado cómo hacerlo. Pudo ver esto cuando el joven se sentó a la mesa para discutir sobre la necesidad de las protecciones. Severus también observó al enorme patán. Se quedó en su lugar mientras el hombre hacía gestos exagerados, intentando provocar una reacción en su sobrino. Harry permaneció sereno, sin retroceder lo más mínimo cuando una rolliza mano arremetió hacia él, sólo para cambiar de dirección en el último instante, mientras Vernon pareció ajustar las persianas de la ventana ubicada detrás de Harry, explicando que no quería que los entrometidos vecinos les vieran.

Ignorando las negociaciones de momento, Severus observó a su alrededor. Se veía como una casa ordinaria, muy limpia. Desde el umbral echó una mirada a la salita de estar, notando que allí no había nada inusual, excepto que el televisor era más grande que el que él había visto. Casi sin darse cuenta, algo atrajo su mirada. Una pequeña puerta bajo las escaleras. La despensa. Fue atrapado por las pequeñas ranuras que recordaba haber visto en el proyecto de pensadero de Harry de su décimo cumpleaños. Se veían mucho más grandes en el recuerdo de Harry, pero por aquel entonces el joven era mucho más pequeño. Nadie en la cocina notó cuando la puerta de la despensa se abrió silenciosamente, apenas un poco. En su interior había una escoba, una aspiradora, y varios implementos de limpieza, colocados en unos estantes que estaba seguro no había visto en el recuerdo. No lograba imaginar cómo una cama podía caber en un espacio tan pequeño. La puerta se cerró tan suavemente como se abrió.

Severus estaba furioso. Necesitó de todo su auto control para no estrangular al hombre con la cuerda de las persianas que había ajustado varias veces mientras trataba de provocar el miedo en su sobrino. Harry mantuvo la compostura, logrando que Sev se sintiera orgulloso. No había perdido el hecho de que Petunia había retrocedido ante el segundo giro del grueso puño en el aire. Al ver a la mujer con cara de caballo, se preguntó cómo era posible que tuviera alguna relación con la madre de su pareja. Lily Evans tenía el cabello rojo y había sido muy atractiva. No parecía haber ninguna similitud entre las hermanas.

Severus fue regresado al presente por el sonido de una silla arañando el piso. Harry se estaba levantando. Miró a su alrededor con abatimiento.

—Dejé algunas cosas aquí. No me había preocupado por rescatarlas, pero dado que estoy aquí… —se calló y se encaminó hacia las escaleras.

—¡No vas a andar por mi casa! —protestó Vernon con voz sonora—. Después que te fuiste, alguien vino y se llevó tus porquerías.

Harry no le prestó atención y continuó subiendo las escaleras con Vernon a su zaga. Severus deseaba seguirlos desesperadamente, pero se había movido hacia la cocina y ahora esa perra —como quiera que se llamara… como una maldita flor— estaba bloqueando el paso. La furia irradiaba de él mientras miraba a la mujer con ferocidad.

Harry llegó al final de las escaleras para ver que la vieja puerta había sido reemplazada. Ya no había grandes cerrojos en ella. Ninguna trampilla de gatos para entregar la comida. Entró en la habitación, todavía ignorando las protestas de su tío. Ciertamente, Dudley volvía a tener su segunda habitación, si es que se le podía llamar así. Habían quitado la cama. Había un televisor enorme en una esquina, varios sillones y un sofá de dos plazas. En la pared, un armario exhibía con orgullo varios trofeos de boxeo, junto a una asquerosa foto de Dudley alzando sus manos enfundadas en guantes, declarándose ganador de la pelea.

Harry alzó su varita, notando apenas que su tío se había detenido. Levitó un gran sillón reclinable lejos de una de las esquinas antes de levantar la alfombra.

>>¿Qué te crees que estás haciendo? —bramó Vernon, mientras Harry continuaba buscando el entarimado flojo en el piso.

—Relájate. Sólo estoy rescatando algo que dejé aquí —levantó la tabla y sonrió al ver que sus posesiones todavía seguían allí. No era mucho y, ciertamente, nada por lo que valiera la pena regresar, pero ya que estaba allí no iba a irse sin ellos. Luego de guardar los objetos en su bolsillo, volvió a colocar la alfombra y movió la silla a su sitio, para luego guardar su varita. No confiaba en sí mismo.

Al ver que la varita había regresado al bolsillo de Harry, Vernon se le enfrentó una vez más.

—No te quiero en mi casa —rugió, cada vez más rojo.

—Ni yo quiero estar en tu casa. Sólo déjame levantar las protecciones para que nadie resulte herido —dijo con tono plano a través de sus dientes apretados.

—¿Estás amenazando a mi familia? ¡No te tengo miedo!

—Quizás deberías —declaró con tono siniestro—. Para tu conocimiento, ahora, soy un mago completamente entrenado —frotó su varita por encima de la tela de su ropa—. Estás tan ocupado en luchar contra la magia, que no te das cuenta que esto puede salvar sus vidas. Hay gente malvada allí afuera que podría herirles para llegar hasta mí. Gente que tiene la impresión de que yo me sentiría mal si algo te pasara.

Harry se sintió orgulloso de sí mismo por mantener la calma mientras trataba de explicarse. Pero las palabras cayeron en oídos sordos. Vernon sólo escuchaba lo que quería, que en ese momento no era nada de lo que Harry estaba diciendo.

—Mágico o no, no eres más que un despreciable fenómeno —su voz era amenazadora.

De repente, su mano se alzó y dio un rápido puñetazo en el rostro de Harry. Para darle crédito, había que decir que el joven ni siquiera retrocedió. Se mostró inmutable, aburrido incluso.

—Me largo de aquí —dijo, rotundo.

—¡Bien! ¡Ahora fuera de mi casa! ¡No eres bienvenido aquí! ¡Nunca lo fuiste! —chilló Vernon desde lo alto de las escaleras, moviendo su puño en el aire.

Harry sacó su varita y la pasó sobre su rostro de manera casual, ocultando el morado que se estaba formando en su ojo.

—Hice todo lo posible. Ésta es su casa; si él eligió no aceptar nuestra ayuda para proteger a su familia, es su decisión —declaró sin inflexión cuando entró en la cocina—. Vámonos —añadió, antes de dar vuelta en dirección a la puerta.

—Harry, quizás yo pueda convencer a tu tía —Albus hizo un último intento, pero el muchacho ya había abierto la puerta.

—Hazlo tú. Yo me voy —replicó sin emoción.

Albus no le detuvo, ni trató de convencer a Petunia de que necesitaban las protecciones. Harry debía estar allí mientras eran restauradas. Con un suspiro profundo, el anciano agradeció a ella por su tiempo y partió.

Severus había salido justo detrás de Harry. La puerta casi le había golpeado en el rostro, pero logró detenerla a tiempo y sonrió cuando Petunia jadeó al ver que se abría sola. Se aseguró de dar un portazo cuando salió.

Harry estaba en el patio, pateando una piedra. Con una patada final, la piedra aterrizó en el seco jardín. Una serpiente siseó en protesta cuando fue casi aporreada por la roca. Severus no lo notó, pero si escuchó a su pareja.

—Dissculpa, no vi que esstabass ahí —siseó Harry su disculpa—. Ess possible que quierass alejarte unoss díass de esste lugar, elloss esstán muy enojadoss —advirtió a su amiga de sangre fría.

—Graciasss por la advertencia —la serpiente sacó la lengua, probando el aire—. No puedo verlo, pero alguien esstá muy cerca de ti —le avisó la serpiente a su vez.

—Ess un amigo. No puedess verle ahora, pero puedesss confiar en él —Harry quería mantener a Severus a salvo de cualquier serpiente que tratara de defenderle por error. Se estremeció al sentir los confortantes brazos que se cerraban a su alrededor.

Albus encontró a Harry con los brazos rodeando apretadamente su propio cuerpo. Se balanceaba, parado con la cabeza baja. Si alguien hubiera estado lo bastante cerca, hubiera podido ver el lóbulo de su oreja siendo jalado a un lado antes de desaparecer en una cálida boca invisible.

—¿Caballeros? Creo que hay un ansioso elfo doméstico esperando para alimentarles con copiosas cantidades de comida —dijo Albus con una pequeña sonrisa, aunque el brillo de sus ojos había disminuido hacía rato—. No tenemos el apetito que tendríamos luego de levantar las protecciones, pero pienso que una comida tranquila nos hará bien. No he tenido una comida privada con mis dos jóvenes favoritos desde hace mucho tiempo.

Albus resistió la urgencia de llamarles niños. Se limitó a lanzar una risita cuando Severus le recordó que ellos tres solos nunca habían tenido una comida tranquila. A Albus le alegraba que Harry se mostrara ansioso por partir. Severus sabía que algo no marchaba bien, pero no estaba seguro de qué. Continuaría observando a su chico hasta que descubriera de qué se trataba.











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MensajeTema: Re: Death Eater takes a Holiday. Capítulo 50-II. Placeres de la carne II   Vie Dic 09, 2016 11:41 pm

Maldito viejo, como se atreve a pegarle a Harry, mira que se me rece que le arranquen pelo por pelo, pero porque se interpuso Petunia debió permitir que Severus pasar y que viera la escena y maldijera al bastardo desgraciado
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Death Eater takes a Holiday. Capítulo 50-II. Placeres de la carne II
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