La Mazmorra del Snarry


 
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 She is only my princess. Capitulo 4. Final

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Majo-san
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MensajeTema: She is only my princess. Capitulo 4. Final   Jue Ago 12, 2010 1:49 pm

She is only my princess




Resumen: Harry huyó del lugar que una vez llamó su hogar, por que ahora tenía algo más importante por lo que luchar. Algo que dejaba la guerra contra Voldemort en un plano completamente diferente.
Tuvieron que pasar ocho años para que un incidente lo hiciera volver y con él, su mas preciada misión. Salvar a su hija de las manos de todo el mundo.

Respuesta al reto: Ocho años sin ti. De la mazmorra Snarry


Disclaimers: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen, son propiedad de J. K. Rowling.

Pareja: Severus Snape y Harry Potter

Advertencias: AU (el 6° y 7° libro simplemente no existieron) / M-preg (embarazo masculino) Chan / Lemon.

Categoría: Angustia / Romance /Drama

Clasificación: NC-17

Simbología: Letras en cursiva: recuerdos


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Severus dejó a Harry en el sillón, para que pudiera tomar un poco de aire y luego acomodó a Alexandra a su lado. Casi corrió a su laboratorio, para traerle a Harry una poción revitalizarte. Sabrá Merlín que cosas tubo que pasar el chico antes de que lo atraparan los mortífagos y el estrés sumado a la salud de Alexandra le habían cobrado la cuenta.
— Tómala toda — le dijo pasándole el vial con el contenido en su interior.
Harry no preguntó nada, no estaba en condiciones de hacerlo, así que recibió el vial con manos temblorosas y lo llevó a sus labios para tomarlo de un solo trago.
Poco a poco fue sintiéndose mejor.
— ¿Te encuentras bien, papá? — Le preguntó la pequeña, en el único idioma que conocía.
— Mucho mejor, pequeña mía — le dijo besando la frente de la chiquitina, que estaba arrodillada a su lado — ¿El dolor sigue? — Le preguntó a Severus, al recordar que estaba siendo torturado por Voldemort, minutos antes de que descubrieran lo de Alex.
— Algo, pero es mas soportable — le dijo sentándose en el sillón para una persona que estaba frente al que ocupaban los otros dos.
— Lo lamento mucho — volvió a disculparse Harry.
— No quiero que te disculpes más, Harry
— Pero por mi culpa…
— Escúchame — le dijo caminando hacia ellos y sentándose al lado de Harry — si tú no hubieras vuelto, simplemente habría muerto sin conocer a Alexandra.
Harry miró hacia su hija, que no apartaba sus ojos de Severus.
Al parecer, el hombre había conquistado por completo a su hija, sin ser consiente de ello.
— La guerra se desatara ahora que volví.
— Ya estábamos en guerra cuando aun no nacías, Harry. No es como si esta hubiera amainado cuando no estuviste con nosotros.
— Pero Voldemort hará todo lo posible por atraparme y ahora te tiene en la mira a ti también.
— Aunque no lo creas. Pienso que siempre sospecho de mí. No al punto de saber lo que teníamos, pero ciertamente sabía que no le era fiel del todo.
— Y ahora quedó mas que demostrado.
— Pero soy feliz — tomó una de sus manos y las llevó a sus labios para besarlas — verte fue lo mejor que me pudo haber pasado.
Alexandra miraba lo que ese hombre que le hablaba bonito, hablaba con su padre como si lo conociera hace mucho tiempo. Ella era inteligente y sabía que su papá no hablaba con nadie y tampoco dejaba que nadie lo tocara, jamás. Ahora venía ese hombre, que le hablaba bajito y que le tomaba las manos y su papá sonreía un poquito, como solo lo hacía con ella.
— ¿Papá? — Lo llamó, sacando a ambos adultos de su propia nube en que se volvían a ver — ¿Por qué estamos aquí?
— Por que teníamos que salir de casa, princesa — le dijo sentándola en su regazo — además — le dijo acercándose a su odio sin dejar de mirar a Severus, al igual que la niña — tienes que conocer a tu otro papá, también.
— ¿Tengo otro papá? — Le preguntó mirándolo a la cara.
— Si — le dijo tomándola de la barbilla y haciéndola mirar al mayor — Severus es tu papá.
Alexis dejo caer su cabecita a un lado, mirando a Severus y detallando todas las partes de su cara. Sus ojos eran como los de ellas. Su piel era pálida igual a la que ella misma tenía.
— ¿Mi papá? V dijo estirando las manos para alcanzarlo y Severus la tomo por debajo de las axilas sentándola ahora sobre sus piernas — ¿Es mí papá?
— Si, Alexandra — le dijo besándola en la frente — eres hija de Harry y mía.
— ¿Cómo? — Preguntó con inocencia.
— Eso lo sabrás mas adelante, pero ahora quiero que duermas un poco — le dijo Harry, tratando de que el sonrojo por la pregunta de su hija no se notara demasiado — ¿Dónde puede dormir? — Le preguntó a Severus.
— Vamos — le dijo parándose con la niña y extendiendo la mano para que Harry la tomara — ¿Dónde vamos, papá? — Le preguntó Alex, logrando que ambos se quedaran quietos — ¿Qué pasa?
— Nada, hija — le dijo Severus, aun obnubilado por las palabras de la niña.
Harry caminaba al lado de ellos, sin poder creer que su hija hubiera llamado papá a Severus. No que le molestara, pero creyó que la niña demoraría un poco más en hacerle a la idea.
Llegaron a la habitación de Severus y Harry se quedó en la puerta. Cuantos recuerdos tenía de ese lugar. El mismo donde concebid a su hija. Las noches de pasión en brazos de Severus. Las palabras de amor que se dedicaban cuando decidían quedarse en la cama, simplemente abrazándose y besándose.
Vio como la niña era dejada en la cama y como luego de que Severus le besara en la cabeza, cerró los ojos y se fue quedando dormido poco a poco.
Severus caminó a la salida, donde Harry miraba embelezado a la niña que había quedado dormida inmediatamente.
— La conquistaste completamente — le dijo moviéndose para que Severus pasara, pero el hombre se quedo parado frente a el, en el umbral de la puerta — es una niña muy tierna.
— Es como tú — le dijo con suavidad. Lo miraba estupefacto. Su cuerpo mayor, sus ojos hermosos, sus labios rojos — me muero por besarte.
— Por favor… solo hazlo — le dijo acercándose a él.
Severus lo tomó por la cintura, para abrazarlo y tocó con su boca la del menor. La ola de placer que ambos sintieron, fue espectacular. Los ojos cerrados y las manos recorriendo el cuerpo del otro.
— Aun te amo, Harry — le dijo al terminar el beso — aun sueño con verte aparecer en la noche y acompañarme en la penumbra.
— Yo también, pero tenía mucho miedo — le dijo apoyando la cabeza en el hombro — cuando me fui… no se, era demasiado joven. Creía que no lo querrías.
— Yo nunca…
— Lo se. El problema es que en ese momento solo quise huir, no hubo nadie que me detuviera esa noche. Ni tú. Ni mis amigos. Ni el mundo. Solamente quería que Alexandra se alejara de todo. Que Voldemort no me la quitara.
— Te hubiera protegido — cerró la puerta de la habitación y llevó a Harry al salón, para sentarse con él frente a la chimenea — nadie los hubiera tocado.
— Te creo, pero ya es tarde.
— Tarde para volver, pero no para mantenerme a mi lado.
— ¿Estas seguro de que saldrá bien? — Le dijo mirándolo a los ojos — ¿De verdad piensas que podremos salir ilesos de todo esto?
— Si — le dijo con seguridad — tú y Alexandra me darán el poder para protegerlos. Ni siquiera el Lord se acercará a ustedes.
— Me encantaría tener tú seguridad — dejó caer su cuerpo sobre el de Severus, mientras él lo abrazaba y convocaba una manta para cubrirlos — solo te pido que no dejes que le pase nada a Alex. Me moriría si algo le pasa a mí princesa.
— No le pasará nada. Por que tú estarás con ella. No permitiré que se separen.
Harry lo miró y vio que no había duda en su mirada.
— Te amo. Nunca deje de hacerlo.
— Yo también, Harry — besó sus labios antes de ver como Harry sucumbía al cansancio. Con su varita abrió la puerta de la habitación de Alexis para poder verla desde ahí — mi princesa — dijo al ver como dormía placidamente —no dejare que nadie los toque. Son solo míos — miró a Harry y vio como ya dormía sobre su pecho — solo mi príncipe — luego miró a Alexandra, que suspiro entre sueños — solo mi princesa.
Ellos eran su familia y no permitiría que ni Voldemort ni la orden del fénix tocara a quienes eran su razón de ser.

La mañana llegó de golpe. Despertando a todos los que habitaban en el castillo.
Harry y Severus estaban despiertos desde hace mucho rato. Buscaron en una gran cantidad de libros para encontrar un hechizo para ayudar a Alexandra a entender lo que hablaban en ingles y que lo que ella dijera se tradujera automáticamente a los oídos de los demás.
— ¿Estas seguro que el hechizo existe? — Le preguntó Harry, dejando un nuevo libro sobre el escritorio.
— Si — le dijo dejando su libro y tomando uno nuevo — es el que ocupa el Lord cuando viaja a otros lugares para reclutar a nuevos mortífagos.
— Entonces puede que este en uno de magia negra.
— Eso — dijo parándose — iré a la biblioteca, quédate con Alexandra y vendré en un momento — se paró y se acercó para darle un beso fugas antes de meterse en la chimenea y desaparecer del salón.
— ¿Papi? — Llamó la niña desde la puerta, mientras se restregaba el ojito derecho — ¿Dónde esta papá?
— Fue a buscar unos libros — le dijo caminando a su encuentro — será mejor que te ayude a bañarte. No quieres que papá vea que aun no estas lista ¿Verdad?
La niña negó con la cabeza y tomó la mano de papá para caminar al baño.
Harry sacó los bolsos que tenía en el bolsillo, mientras la niña se sacaba la ropa. No esta seguro de contarle aun de la magia, por lo menos hasta que supiera que iban a hacer para mantenerla a salvo. Sacó del interior uno de los vestidos hermosos que Alexis tenía, ropa interior y un chalequito. Las mazmorras eran muy frías para la niña y no quería que se resfriara por los cambios de temperatura.
Cuando termino de arreglarla volvió a la sala con ella y vio que Severus ya se encontraba allí.
Severus levantó la cabeza y vio quienes llegaron. Sonrió al ver a la pequeña, vestida como… ¿Blanca nieves? Según recordaba, el perdonare de un cuento de hadas muggle. Solo pudo negar, su hija era una verdadera princesa.
Alexandra vio a quien estaba sentado tras el escritorio y se soltó de la mano de Harry para ir a donde estaba el mayor.
Severus corrió su silla para tomar a la niña y sentarla en su regazo para volver a su lugar.
— No se realmente si estoy feliz del como te trata — le dijo Harry, con tono divertido.
— Soy irresistible para los Potter — le dijo en ingles, para que la niña no entendiera — según recuerdo, tú también llegabas y te sentabas en mi regazo.
Harry se puso completamente rojo y prefirió no decirle nada al respecto, logrando que Severus sonriera de lado.
— ¿Lo encontraste? — Preguntó llegando a su lado y mirando sobre su hombro.
— Si, pero no puedo hacer el hechizo — dijo un poco desilusionado — solo se puede hacer con una gran cantidad de magia y para no arriesgar a Alexandra, lo mejor es que lo haga alguien que lo haya realizado antes.
— O sea que no se puede — dijo soltando el aire.
— Nosotros no, pero quizás… quizás Albus pueda hacerlo.
Harry caminó por el despacho mordiendo su labio inferior. No había pensado en que en algún momento tendría que hablar con el viejo. Ahora necesitaba de su ayuda e indudablemente tendría que pedir al hombre que le hiciera el enorme favor de hechizar a su hija para que pudiera entender lo que hablaban los demás.
— ¿No tenemos otra opción, verdad? — Le preguntó mirándolo a los ojos, pero solo vio que negaba — bien.
Severus se puso de pie y le dio la mano a la niña, mientras con la otra mano sostenía el libro donde aparecía el hechizo que les podía servir.
Harry los siguió en silencio, mirando todos los cambios que había tenido el colegio mientras él no estaba.
Las escaleras que subían estaban iguales a como recordaba. Los pasillos que comunicaban con el pasillo principal, se veía idéntico. Nada había cambiado, nada, ni siquiera los cuadros.
— ¿Qué pasa, papi? — Le preguntó Alexandra, al ver como su papá se comportaba de manera diferente.
— Nada, cariño — le dijo sonriendo — solo estaba mirando como las cosas están iguales.
— ¿Ya habías estado aquí?
— Tu papá estudiaba aquí, Alexandra — le dijo Severus — y yo era su profesor.
— ¿De verdad? — Dijo emocionada.
— Si — le dijo tomándola en brazos — y lo que más le enseñe, es como amar.
Harry sonrió ante esas palabras y se adelantó para caminar a la par de ellos.
La idea principal era ir al despacho del director, pero al parecer sus planes se verían truncados por la aparición del profesor de defensa contra las artes oscuras. William Weasley.
El mayor de los hermanos se quedó prendado en su lugar cuando vio aparecer a Harry por el corredor. Solo había incrementado su belleza con el paso de los años. Y estaba dispuesto a desírveselo, pero entonces vio que venía con Snape a su lado y que el mayor traía a la mocosita en brazos.
— Que gusto que hayas vuelto, Harry — le dijo con su mejor sonrisa.
— No he vuelto, William. Solo estoy de paso — no es que le cayera mal, pero le incomodaba terriblemente el recordar que el hombre tenía sentimientos para él y que al parecer el tiempo no había borrado — ahora si nos disculpas, necesitamos hablar con el director.
— Oh, pero él se encuentra en el gran comedor — le dijo. Sin siquiera tomar atención en Severus y Alexandra. Un grave error a los ojos de Harry.
— Gracias por la información, ahora si nos disculpas…
— Me gustaría hablar contigo, Harry — le dijo con seriedad.
— No creo que haya nada que tengamos que hablar, pero si es algo que tenga que ver con Voldemort o algo de la guerra, se hablara mas adelante.
— Pero…
— Ya oíste, Weasley — dijo acercando a Harry a su cuerpo, pasando una mano por su cintura — si es de la guerra se hablara… Si es que Harry participa de ella.
William ardió de coraje al ver como se alejaban. No se iba a dar por vencido. Conseguiría que Harry se alejara de ese cretino que tanto lo hizo sufrir y él estaría ahí, para consolarlo.

Severus caminaba furioso por el pasillo.
¿Qué se creía ese inepto?
Harry lo miraba y sonreía negando. Severus seguía igual o peor de celoso que hace años.
— Severus — le llamó deteniendo sus pasos — no quiero que estés alterado.
— No lo estoy — dijo sin dejar de fruncir el ceño.
— Pues no parece ser así — se acercó y le dio un beso en la mejilla — solo a ti te amo. Recuerda eso.
— Lo se — dijo mas relajado, empezando a caminar hacia el gran comedor — pero me molesta que ese tipo no conozca su lugar.
— Quizás aun no lo tiene claro — dijo divertido.
— Harry… tenemos una hija.
— Y lo se, solo que es divertido ver que no has cambiado.
— Mocoso.
— Inseguro.
— Arrogante.
— Cretino.
— Te amo.
— Yo también.
Ambos sonrieron tontamente. Sin notar que habían estado hablando en el idioma de su hija y que ella miraba divertida las palabras de sus padres.
Cuando llegaron al gran comedor. Severus bajó a la niña, que tomó inmediatamente la mano de Harry
— ¿Estas listo? — Le preguntó Severus, al ver como Harry tomaba más aire del necesario en sus pulmones.
— No, pero tenemos que hacerlo — le dijo sonriendo.
Severus abrió la puerta del gran comedor e hizo pasar a Harry con la niña primero.
La pequeña miraba a todos lados, viendo cosas flotar, platos de comida aparecer y desaparecer y estaba segura que vio un enanito en algún momento, pero desapareció rápidamente.
— Harry, hijo, que alegría verte — le dijo Dumbledore llegando a su lado, seguido de cerca por algunos miembros de la orden.
Harry retiene en ese momento pudo ver a quienes había dejado atrás.
Remus lo miraba con una sonrisa calida, que lo hizo sentir terriblemente mal. Ni siquiera había hablado con el licántropo cuando se fue y sabía muy bien cuanto lo quería.
Llevaba de la mano a un niño de unos seis años, con el cabello castaño y los ojos de un celeste increíble, casi blanco.
¿Dónde había visto ese color de ojos antes?
Además de ellos esta la profesora McGonagall y madame Pomfrey, el profesor Flint y los demás profesores que le enseñaron.
— Director, necesitamos que nos ayude — dijo Severus, llamando la atención de los que estaban en el lugar.
— ¿En que puedo serles útil, hijo mío? — le dijo ofreciéndole un caramelo a la niña, que se escondió tras las piernas de su papá.
— Hay un hechizo que puede ayudar a Alexandra a entender lo que se le dice, es como un traductor…
— ¡Oh, pero como no se me ocurrió antes! — dijo el anciano, deteniendo las palabras de Severus — Plurilingüe — dijo el viejo — un hechizo bastante eficiente.
— No podemos hacerlos nosotros — dijo Harry, hablando por primera vez.
— No tengo problemas en lanzarlo — dijo sacando su varita y agachándose a la altura de la niña — que alguno le diga que cierra los ojos y no los abra hasta que terminemos.
— Alexandra. je veux que tu fermes les yeux et sois tranquille : entendu ? — Le dijo Severus y la pequeña asintió.
— Falscher Polyglotter — Murmuró el director, logrando que un pequeño alo de luz plateada saliera de su varita para abrazar a la niña — Hola, Alexandra. Mi nombre es Albus Dumbledore.
— Hola — dijo la peque, sin notar la diferencia.
Las puertas del comedor se abrieron nuevamente y por ella entró casi la totalidad de los Weasley. Seguramente William les fue a decir que Harry ya había salido de su enclaustro en las mazmorras del colegio.
— ¡Harry! — Hermione llegó casi corriendo a donde su amigo y lo abrazó con fuerza.
El chico respondió al abrazo. No había nada que tuviera que reprocharle a su amiga. De la conversación que escucho hace años, fue la única que defendió su amor por Severus.
— Hermano — dijo una voz a su lado — que bueno que volvieras.
Ron estaba parado a su lado, con una niña de la mano, de unos tres años, con el cabello rojo igual que Ron y los ojitos castaños.
— Hijo, es una alegría que estés bien, pero ¿Dónde esta esa hermosa niña que venía contigo ayer? — Pregunto la matriarca de los pelirrojos, buscando a su alrededor, asta que la vio en brazos de Severus — Oh, ya veo que la tienes tú — dijo con desprecio.
— Si — dijo Harry sacando la voz. No permitiría que nadie, absolutamente nadie, importunara a su familia — desde que sabe que es su padre no se a apartado de su lado.
— Así que sabe es su hija — dijo William cruzándose de brazos.
— Obviamente — dijo molesto por el tonó que el mayor le estaba dando a las cosas — como le negaría a mi hija a su padre.
— Disculpa, querido — le dijo la mujer, con un tono fingido — pero como te fuiste por tanto tiempo…
— Y quizás me vaya por mas — dijo molesto — solo aparecí por los accidentes de Alex, de no ser así…
— ¿Es que acaso no hubieras vuelto con nosotros, hermanos? — Le preguntó Ron, mientras arrugaba el entrecejo.
— No — dijo tajante.
— ¿Ni siquiera por Snape? — Preguntó William, destilando malicia.
— Ni siquiera por mí, Weasley — dijo Severus — lo primordial es la seguridad de Alexandra y con un padre espía y el otro en el ojo del huracán, no estaría para nada segura.
Harry sonrió ante las palabras de Severus. Francamente era un hombre excepcional.
— Yo diría con un padre mortífago…
— ¿Disculpa, Ronald? — Preguntó Harry con rabia, había sido casi un murmullo, pero aun así lo alcanzó a escuchar — todos estos no has aprendido a madurar — le dijo encarándolo — todo el mundo quiere saber por que me fui y quizás sea hora de arreglar las cosas…
— Amor…
— No, Severus — le dijo cortándolo también — me canse de que todos crean que pueden decidir en lo que tenga que hacer.
>>El día que supe que estaba esperando a Alexandra, fue el más feliz de mi vida. Iba a darle un hijo al hombre que amo y tendría por fin la familia que siempre quise. Así que me fui a la sala común, tenía ganas de compartir con ustedes mi felicidad, pero algo me detuvo.
Caminó hasta ubicarse al lado de Severus y este le pasó a la niña, para luego poner una mano sobre su hombro.
>>Hermione, Ron y el profesor Weasley estaban hablando ahí. No saben cuanto me dolió que ninguno me apoyara en mi relación con Severus, solo Hermione, pero poco podía hacer contra las palabras de su novio.
>>Nunca William — dijo mirándolo — nunca me fijaría en otra persona que no fuera Severus. Por que a él lo amo — luego miró a Ron — y es una pena que pienses que estando con tu hermano podría ser parte de la familia. Creí que desde antes ya lo era, pero ante tus palabras veo que no era así.
Todos estaban callados en el lugar, escuchando las palabras de Harry.
>>Me fui por mi hija, por Severus y por mí. No iba a permitir que la guerra me quitara lo que mas amo. Protegería a Alexandra a costa de mi soledad, mientras condenaba a Severus a lo mismo, pero sé que él lo entiendo — dijo mirándolo — ahora lo sé.
— Que emotivo discurso, Potter — dijo una voz des de la puerta.
— ¡Papi! — Gritó el niño que estaba de la mano de Remus, para luego soltarse y correr a los brazos de su papá.
— ¿Malfoy? — Preguntó impresionado.
— ¿Qué quieres que te diga, cara rajada? — Le dijo caminando con el niño — muchas cosas pasaron mientras tú no estabas — llegó a donde estaba Remus y este lo recibió con un beso en la boca.
— Cierra la boca, amor — le susurró Severus — se que es impresionante, pero…
— Es que esto no es impresionante — dijo de repente, volviendo a letanía — es… raro.
— ¡Oh por Merlín! — Dijo Draco — ¿Crees que solo tu puede conquistar a un hombre mayor que tú?
— Draco, deja a Harry en paz — le dijo Remus, sonriendo al ver la cara del oji verde — esta un poco impresionado.
— ¡¿Un poco impresionado?! — Casi chilló Harry — ¡Estas con Draco Malfoy!
— Es mi marido, Potter — le dijo el rubio, mientras le mostraba su anillo, divertido por el show que estaba dando Harry — pero eso no es lo importante — dijo retomando una postura seria — supongo que si hubiera estado en tu lugar, también lo hubiera hecho. Teddy es lo más importante para mí. Supongo que ni Remus me hubiera detenido.
— Draco tiene razón — le dijo Remus acercándose y abrazándolo — y aunque fue doloroso perderte, Harry. Sé que un hijo es lo más importante.
Harry disfrutó del abrazo de su padrino putativo, teniendo cuidado de no aplastar a la pecunia que seguía en sus brazos, pero un quejido lo hizo desembarazarse del abrazo para ver a su lado.
— ¡Severus! — corrió a su lado y bajó a la niña que estaba mirando a su padre con miedo.
— Llévate a la niña… salgan todos de aquí… me encontró — dijo agarrando su brazo.
Una fuerte explosión hizo mirar a la puerta, por donde aparecían una docena de mortífagos.
Draco tomó en brazos a su hijo y se aterró de repente.
— Remus, dejé a Scorpius en la recamara.
El licantropo sintio que la sangre se le iba a los pies. Su pequeño hijo de un año estaba a unos metros, solo y con asesinos potenciales en el castillo.
Harry escuchó lo que Draco dijo y vio a Alexis abrazada a Severus. De repente todo se hizo mas claro.
Tomó a Alexandra en brazos, corrió a donde Ron que tenía a la niña y se la quitó y fue donde Draco, entregándole a las dos niñas.
— Solo pudieron llegar aquí mediante las apariciones — le dijo mirándolo a los ojos — precotéjelos.
Draco se demoró una milésima de segundo en entender todo. Se agachó y abrazó a los tres niños para desaparecer del lugar. Cuando apareció en la habitación donde esta el bebé, se dio cuenta que la puertaza estaba siendo forzada. Tomó a las niñas y a Ted y los subió a la cuna. Sujetó la cunita con todas sus fuerzas y se aprecio con todos, segundos antes de que la puerta fuera reventada y por ella aparecieran los mortífagos que lo seguían.
En el comedor, todos estaban peleando contra algún mortífago. Nadie paraba en ver a nadie, solamente Severus que mantenía a Harry pegado a su espalda, para protegerse entre ambos mientras eliminaban mortífagos uno a uno.
— ¡Potter! — Gritó una voz desde la entrada, una voz que le congeló la sangre a muchos de los que estaban ahí — este será tu último día de vida, mocoso del demonio.
— Voldemort — dijo con desprecio — maldito desgraciado — apretó los dientes y casi corrió a enfrentarse con ese demonio — haz causado demasiado daño, enfermo.
— Pues no haz sido muy bueno con tus amigos, Potter — le dijo apuntándolo — ¿Crees que tus amigos se escondieron igual que tú, por todos estos años?
— Seguramente no, ellos seguramente lucharon y te enfrentaron, pero ahora estoy aquí y te destruiré.
— No es como si pudieras — le dijo con sus ojos rojos puestos en un punto a su espalda — ~ Nagiri despedaza a SSSnape ~
Harry miró aterrado a sus espaldas y vio como la maldita víbora se acercaba a paso silencioso hacía su amante.
— ¡Severus! — Gritó advirtiéndole del peligro, pero fue otra persona quien lo empujo.
Dividido entre el agradecimiento y la sorpresa, vio como William ayudaba a pararse a su pareja y como apuntaba a la viperina.
— Estas acabado, Potter — dijeron en su oído.
Harry no alcanzó a voltearse siquiera, cuando sintió el hechizo de Voldemort darle en un costado.
Severus vio con horror como el cuerpo de Harry caía al suelo y como el desquiciado de Voldemort reía ante su asesinato.
Los rayos pasaban a su alrededor, pero para él ya no existía nada.
Fue acercándose casi como un zombi hasta llegar a su lado y se dejó caer de rodillas.
— Así que esta es la razón por la que me traicionaste, Severus — dijo una voz tras él — el maldito mocoso que vivió, fue el responsable de tu ingratitud.
— Mi lealtad siempre fue para él — dijo sosteniendo el cuerpo entre sus brazos — todo lo mío es suyo, todo lo suyo es mío.
— ¿Incluso la mocosa que venía con él? — Le dijo con una retorcida sonrisa — por eso te fijo que te arrepentirías si la matabas. Por que se tu hija.
Comenzó a reírse sin ver lo que pasaba a su alrededor. Sin ver como los dedos del niño que vivo empezaban a moverse, sin ver como Nagiri era destruida por Dumbledore que tenía la espada de Gryffindor en las manos, sin ver como Severus miraba impresionado como su amante volvía a la vida.
— Av… — se volteo al escuchar la maldita voz que tanto conocía — ¡Avada Kedabra!
El rayo de color verde impactó e el pecho del Lord oscuro y su vida se iba en el proceso. Mientras Severus recibía entre sus brazos el cuerpo inconsciente de Harry, que después de lanzar la maldición asesina, caía nuevamente en la inconciencia.

Sintió como sus ojos le clavaban y se dio cuenta que era por el sol que se colaba por algún lado y le daba de golpe.
— Harry — le dijo una voz conocida — amor, despierta — le decían con dulzura.
— Severus — dijo con la garganta adolorida — Alex…
— No te preocupes. Esta con Draco en Grimmauld Place.
Harry sintió que la inconciencia lo reclamaba nuevamente.

Severus llegó a la cede principal de la Orden. Después de que los Aurores llegaran y hubieran arrestado a los mortífagos que aun quedaban en el lugar y destruyeran finalmente el cuerpo de Voldemort con un Fiendfire.
Por fin la amenaza del Lord había desaparecido para siempre.
— ¡Papá! — Solo sintió que alguien se estrellaba contra su pierna y por fin, bajando la cabeza, se dio cuenta de que su hermosa hija estaba aferrada a él como una tabla de salvación — ¿Dónde esta mi papi? — Preguntó con sus ojitos llorosos.
— Ven aquí, princesa — le dijo tomándola en brazos — papi esta en el colegio, para que madame Pomfrey lo ayude a recuperarse.
— Pero va a venir con nosotros ¿Verdad? — Le preguntó haciendo un puchero.
— Claro que si, mi niña — la llevó al comedor donde estaban Draco, Remus y los niños — ¿Ya vino Weasley por la niña?
— Si. Hace solo unos momentos — le respondió Remus — ¿Cómo esta Harry?
— Estoy bien — dijo desde la puerta, llamando la atención de todos.
— ¡Papi! — Gritó Alexis de nuevo y logró que Severus la bajara para correr a los brazos de si papá.
— ¿Cómo es que lograste salir de la enfermería? — Le preguntó Severus.
— Bien — dijo tomando a la niña y caminando hacia él — Digamos que la enfermera se esta divirtiendo atendiendo a mas de una docena de heridos y me descuido por un rato.
— Te escapaste — le dijo abrazándolo por la cintura y pegándolo a su cuerpo — ¿Nunca cambiaras, verdad?
— No si es lo que quieres — le dijo sonriendo.
— Feliz cumpleaños, mi amor — le dijo besándolo en los labios — bienvenido a casa.
Harry no pudo más que sonreír. Hace años que no pasaba un cumpleaños en el mundo mágico y sabía que no sería el último.


Cuando los años pasaron, pudieron por fin decir que su familia estaba completa, que no les faltaba nada.
Alexandra había aprendido el idota de sus padres y cuando tuvo once años, ya era una experta en pociones y por fin, le habían contado gran parte de la historia (evitando la parte en que ambos eran parte importante de la guerra, para eso, estaban los libros de Historia de la magia) su nombre por fin pudo ser conocido como era, Alexandra Snape Potter.
Luego de unos años, Severus logró que Harry aceptara ser su esposo, no que el chico no quisiera antes, pero no se había animado a pedírselo.
Cuando Alexandra entró a su cuarto año en Hogwarts, Ted ya estaba en tercero. Scorpius iba a un colegio muggle en el que le enseñaban de todo, pero mas que nada, las cosas que no vería cuando fuera a Hogwarts y viviera en el mundo mágico. La hija de Hermione y Ron, iba con Scorpius en el mismo grado y Mateo (el segundo y último hijo que tuvieron Harry y Severus) iba a entrar en un jardín de infantes. Solo tenía cuatro años, pero la inteligencia que tenía era gratamente superior.
Severus y Harry vivían con Mateo en la casa que tenía Harry a las faldas de los Alpes Suizos, y Mateo iría al colegio en que estudio Alexandra cuando vivieron ahí.
Ya cuando los años pasaron y cuando Alexandra tenía veinte años, les llego con la sorpresita de que se casaba con su novio desde hace seis años.
La alegría de Severus era innegable. Nunca se imaginó que Ted y Alexandra llegarían a llevarse tan bien, que terminarían casado.
Draco estaba bastante satisfecho. Evidentemente sus nietos iban a ser sumamente poderosos. No por nada Alexandra Snape Potter era la nuera ideal. Hermosa, atenta, inteligente, poderosa… toda una princesa.


.:¨Fin¨:.


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MensajeTema: Re: She is only my princess. Capitulo 4. Final   Lun Oct 08, 2012 5:25 pm

ahhh el final digno de una princesa .......XD excelente sensei...N_n
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She is only my princess. Capitulo 4. Final
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