La Mazmorra del Snarry


 
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 Donum ab aeterno (One shot)

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MensajeTema: Donum ab aeterno (One shot)   Miér Ago 04, 2010 1:49 am

DONUM AB AETERNO I

Muchas veces la felicidad llega cuando menos se espera y en la persona que menos se imagina, eso es lo que me ha pasado a mi con Severus. Ahora, nueve años después de que terminara con la vida de Lord Voldemort, puedo afirmar que estoy enamorado de mi antiguo profesor de pociones y que actualmente es mi jefe, además de amigo.

Hoy 31 de julio, yo Harry Potter cumplo 26 años y como autorregalo de cumpleaños esta noche voy a liberar la carga que llevo varios meses guardando en mi interior. Esta noche voy a confesarle a Severus lo que siento por él, lo que despierta en mi al conocerlo realmente, al ver como día a día se deja la vida por cuidar de su bien más preciado, su hijo Lynx Prince.

— Harry— me llama Hermione, mi mejor amiga y compañera de piso— Felicidades

Antes de que pueda levantarme de la cama, la mujer a la que más quiero se tira encima de mi. Paso unos segundos abrazándola porque, junto con Severus y Lynx, ella es lo único que tengo de valor. Los Weasley al dejar a Ginny tras dos años de relación me dieron la espalda, como también hicieron con Herm cuando meses antes de su boda lo dejó con Ron. Ahora mi hermana vive una magnífica relación con Draco Malfoy, quien fue el que me informó hace un año de que su padrino estaba buscando a alguien para cuidar de su hijo.

— Herm, que ya no estoy para semejantes muestras de afecto— me quejo teatralmente con una sonrisa en los labios

— Mías no, pero si te las hiciera Severus estarías encantado— responde mi mejor amiga, la única que sabe lo que siento por nuestro antiguo profesor

Con indiferencia a lo que ha dicho la separo de mi y me levanto de la cama. No siento ningún tipo de pudor al dejar que Hermione me vea únicamente en boxers, ya me ha visto muchas otras veces. Despreocupadamente, me dirijo a la ducha porque dentro de media hora tengo que estar en casa de Severus. Al entrar enciendo la ducha y mientras espero a que el agua salga relativamente fría, me lavo los dientes para posteriormente mirarme al espejo. Mis ojos verdes son lo primero que observo, los ojos de mi madre, después mi pelo indomable, herencia esta vez de mi padre, y finalmente un par de cicatrices que nacen en mi hombro derecho y bajan por mi pectoral. Mi mente piensa en como sería si Severus me las lamiera, si les hiciera el amor con su boca, pero al darme cuenta de que eso es imposible lo olvido. La sola idea de que él pueda sentir lo mismo por mi es impensable, él no tiene tiempo para enamorarse. La carita de Lynx aparece en mi mente mientras me quito los boxers, y entro en la ducha de agua casi helada.

— Ojalá me aceptarais en vuestra vida— susurro con la cabeza agachada, aguantando las lágrimas de impotencia que están por brotar de mis ojos

Tras semejante momento de debilidad, e impotencia, intento serenarme pero no lo logro. Ahora únicamente puedo pensar en ése desgraciado que abandonó a Severus cuando Lynx nació, cuando se enteró de que su hijo tenía retraso mental. El odio creciendo dentro de mi hace que mis puños se aprieten fuertemente, hasta casi hacerme daño. Sin poder evitarlo, casi sin ser consciente de lo que hago, golpeo la pared para intentar que semejantes sentimientos desaparezcan.

— Harry— escucho que me llama mi amiga desde fuera del baño asustada— ¿estás bien?— pregunta— ¿qué ha sido ese golpe?— vuelve a cuestionar

Respiro profundamente, intentando que la llama del odio y del coraje se apague, que vuelva a ser el mismo gryffindor de siempre y no la serpiente venenosa en búsqueda de venganza. Al salir de la ducha me doy cuenta que los nudillos me están sangrando, que por ellos brota sangre libre y viva.

— Estoy bien, Herm— respondo ahora que estoy más tranquilo— El golpe no ha sido nada, no te preocupes

— No te creo Harry— me dice Hermione— ¡Sal aquí ahora mismo, Harry Potter!— me exige de una forma tan similar a la de mi ex suegra, Molly Weasley, que logra estremecerme

Se que si no salgo voy a tener problemas con mi compañera de piso, porque cuando pone ese tono es mejor hacerle caso. Me pongo el albornoz rojo, siempre gryffindor aunque mi corazón lata fuertemente por un slytherin, y abro la puerta. Fuera me encuentro con una muy seria Hermione, en la que en sus ojos se puede distinguir la mezcla de preocupación y furia.

— Como puedes comprobar estoy sano y salvo— digo ocultando mi mano sangrante

— Y por eso ocultas una mano que está goteando sangre— responde más seria de lo normal, con el ceño fruncido y con preocupación en su voz

Sin ningún tipo de miramientos me agarra la mano y la pone frente a sus ojos, observa con ojo clínico mis nudillos. Después de unos segundos lo que hace es indicarme con su mirada la cama, para que me siente en ella y me cure las heridas que me he causado yo. Odio cuando Hermione me trata como si fuera un niño, que me trata como si fuera mi madre y yo su hijo travieso.

— ¿Porqué has pensado que golpear la pared y destrozar los azulejos de nuestro baño era una buena idea?

La pregunta me hace sonreír levemente, aunque la tenue sonrisa desaparece cuando me desinfecta la herida con una poción

— Porque pensé que le iría bien un cambio de apariencia a nuestro baño— intento bromear, no tengo ganas de hablar con ella de porque me he puesto de semejante mal humor

Hermione sabe muchas cosas de Severus y de su hijo, pero jamás le he contado nada del otro padre. Odio pensar en ese desgraciado, en alguien que enamoró al duro Snape y después lo dejó abandonado cuando vio que su hijo iba a causarle problemas.

— No te hagas el gracioso conmigo, Harry Potter— ruge Herm como una leona que quiere proteger a sus pequeños de cualquier mal

— Se que eres demasiado inteligente como para aceptar mis bromas— respondo— pero también pensé que entenderías que no quiero contarte el porque— digo mortalmente serio, consiguiendo que Hermione se quede perpleja

Termina de curarme en silencio la mano, no vuelve a hablar ni cuando me está poniendo un leve vendaje. Al terminar se levanta de mi lado y se dirige a la puerta, sin decir nada y logrando que yo me sienta mal por la forma en que me he comportado con ella, quien no tiene nada de culpa.

— Herm— susurro con la cabeza agachada— Lo siento— me disculpo caminando hacia donde está ella

— No te preocupes, Harry— contesta ella suavemente— Tienes razón en que no puedo querer siempre saber todo lo que piensas o sino me volveré como Molly Weasley— termina de decir con tal desagrado que los dos nos reímos

Después de unos segundos riéndonos terminamos abrazándonos, demostrando que ambos somos un pilar del otro. Muchas veces he pensado como habría sido mi vida si no hubiera tenido a mi lado a Herm, y siempre llego a la conclusión de que habría sido un infierno. Durante los años de Hogwarts siempre estuvo a mi lado sin importarle nada, después cuando dejé a Ginny fue la única que no me dio la espalda, y ahora es la única que sabe lo de Severus. Hermione está completamente segura que nuestro antiguo profesor también siente algo por mi, que para él estará siendo incluso más difícil sobrellevarlo en soledad.

— Harry— escucho que susurra contra mi oído, dentro del abrazo— Será mejor que nos separemos y tú te vayas a vestir, no querrás pasar así todo el día y dejar plantado a Severus

Al darme cuenta de que ya se me está haciendo tarde me separo corriendo. Mi mirada se fija en el reloj-despertador que tengo en la mesita de noche, y me asusto al darme cuenta que quedan cinco minutos para que sea la hora en la que he quedado con Severus y Lynx. Corriendo vuelvo al baño, donde rápidamente me quito el albornoz y pongo unos boxers verdes, unos pantalones cortos tejanos, una camisa plateada de manga corta y unas sandalias. Me paro un segundo frente al espejo para ver que tal estoy y admito que no voy mal del todo, a pesar de que mi pelo parece un nido de pájaro.

— Estás muy bien, Harry— escucho decir a mi amiga desde la puerta del baño

Con su opinión de mujer heterosexual como garantía, salgo del baño para coger la cartera de encima de mi mesilla. Un beso en la mejilla a Herm, y una sonrisa, es lo último que hago en mi habitación.

— Disfruta de tu día

Esas son las últimas palabras que escucho antes de meterme en la chimenea para viajar por red flu. Durante los segundos que tarda el trayecto no soy consciente de nada, únicamente mi consciencia de la situación vuelve cuando salgo de la chimenea y aterrizo de culo en medio del salón de Severus. Antes de poder recobrarme del todo escucho las risas entusiasmadas de Lynx, mientras aplaude feliz. Eso hace que mi corazón se sienta contento, y más todavía porque captó un leve carcajeo de Severus.

— Mostrando su torpeza natural, Potter— escucho la voz grave y profunda de mi antiguo profesor cerca

— Podrías ayudar a un torpe gryffindor, ¿no te parece?— pregunto con un tono de sarcasmo— Severus, deberías de cuidarme mejor

— No soy tu niñera, Harry— contesta ahora más suavemente mientras coge mi mano y me ayuda a ponerme de pie— Te recuerdo que eres tú quien es el terapeuta y encargado de mi hijo, el otro adulto que pisa esta casa

Sus ojos negros como un pozo sin fondo se posan en los míos verdes, parece que deseando poder descubrir mis más profundos secretos, ésos en los que él es el acaparador de todos. Antes de que pueda quedar en evidencia decido romper el contacto visual, no quiero que él lea mis emociones y que mi alma quede desnuda frente a él.

— Harry— escucho su voz detrás de mi, logrando que mi corazón empiece a latir de una forma frenética— Felicidades

El leve apretón de su mano en mi hombro logra que mi garganta se cierre, que me sea imposible responder nada. Lo único que consigo hacer es mover una de mis manos hasta donde tiene posada la suya, lo único que consigo es apretar su mano y asentir con la cabeza.

Una risita infantil es la que me hace reaccionar, que me hace darme cuenta que aun no he saludado a Lynx. El niño está sentado pero deseando que vaya a saludarlo. Severus separa su mano de mi hombro, después de felicitarme con un gesto tan normal pero a la vez tan íntimo si lo hace él.

— Lynx tiene un pequeño regalo para ti— vuelve a decir de nuevo Severus— Es de parte de los dos

Camino un par de pasos hasta donde está el pequeño de ya casi 6 años, el niño por el que daría mi vida sin dudarlo. Me arrodillo frente a él en el suelo, sus ojos negros se posan en mi y me reconocen porque sus brazos se enganchan a mi cuello. Notar el cariño de Lynx me hace pensar en toda la gente que se mofa de las personas con deficiencias mentales como éste pequeño, quien cada día ilumina mi vida y la de su padre Severus. Con mucho cuidado rodeo con mis brazos su pequeño cuerpo y lo alzo en brazos, una acción que es casi diaria.

— Me voy a sentir celoso de ti, Potter— susurra la voz de Severus con sarcasmo y sorna

— Yo logro que la gente me quiera, Severus— respondo siguiéndole la broma y besando la frente de Lynx

— Hoy no te tendré en cuenta las impertinencias Harry— contesta— Como regalo de cumpleaños dejaré pasar todas tus formas de buscar pelea, por muy camorristas que sean— termina de decir con una media sonrisa ladeada, que me encanta y que la devoraría si tuviera la más mínima oportunidad

Dejo de mirar a Severus cuando me parece que ha pasado más tiempo del normal entre dos amigos, entre jefe y empleado. Mi atención al dejar de mirar a Severus vuelve exclusivamente al niño que cargo entre mis brazos, al pequeño que sigue agarrado a mi cuello como si su vida fuera a terminarse si se suelta. Sabiendo que cuando se agarra así puede tardar bastante tiempo en soltarse, me siento en el sofá y empiezo a acariciar su espalda gentilmente. Si algo he aprendido en éste año que llevo cuidando de Lynx, en este año que llevo viendo diariamente a Severus después de 8 años sin saber nada de él, es que le encantan las caricias que le doy en la espalda.

— Será mejor que te de yo el regalo porque Lynx está demasiado feliz con tus atenciones— comenta con un pequeño paquete en su mano

Se sienta a mi lado en el sofá, mirándome de frente y evitando que yo pueda mirar a otro lado. La taladrante mirada de mi antiguo profesor no deja que ni uno solo de mis movimientos se le escape, quiere saber si lo que ha comprado me agrada o no me agrada.

— Si no te gusta lo puedes cambiar por otra cosa— susurra mi ahora amigo, se nota que está nervioso aunque lo oculte muy bien

La única mano con la que estoy abriendo el pequeño regalo me tiembla, estoy muy nervioso y con el corazón martilleándome con fuerza contra el pecho. El papel, que envuelve le regalo, cae al suelo. Frente a mi tengo una pequeña cajita, una pequeña cajita de joyería que logra acelerarme todavía más el corazón. Con leves temblores abro la cajita y veo que dentro hay un colgante con tres figuras

— Nos representa a los tres— oigo la voz de Severus muy cerca de mi oído— El león de gryffindor, la serpiente de slytherin y el lince de la constelación de Lynx

— Es precioso Severus— logro articular— Muchas gracias

Él asiente con la cabeza suavemente y yo no puedo evitar abrazarlo, logrando de esta forma que Lynx quede entre los dos y que yo apoye mi frente contra su hombro. Su olor varonil nubla mis sentidos, huele a una mezcla de menta y eucalipto.

— Será mejor que nos separemos y preparemos a mi pequeño para pasar el día fuera, en la feria que ha comenzado a pocas manzanas de aquí

Asiento y me separo de él, observando en mi retirada la cicatriz que le hizo Nagini en el cuello. No se que reflejará mi mirada porque Severus desvía sus ojos negros para evitar que pueda seguir mirando la cicatriz

— Entiendo que te de asco la marca de mi cuello— comenta levantándose y dirigiéndose a la habitación de Lynx, para coger su silla

Me gustaría poder decirle que nada de él me da asco, que le lamería encantado esa cicatriz que casi le provocó la muerte. Desearía decirle, y hacerle, tantas cosas que no están permitidas en una amistad, que seguramente él se horrorizaría al escucharlas salir de mi boca. Porque a pesar de que Severus sea homosexual estoy convencido de que no siente nada por mi, nada aparte de una amistad que hemos ido fortificando durante este año que me he colado en su vida.

Al pensar en su vida, la imagen de él con Lynx aparece en mi mente. El bastardo profesor de pociones es el padre más magnífico que jamás hubiera imaginado, el que trabaja día y noche para intentar mejorar la calidad de vida de su pequeño aunque sea imposible, el que se ha cerrado completamente al amor de nuevo por todo lo que sufrió con el otro padre de Lynx.

— Gracias por el regalo, cielo— susurro contra el pelo del pequeño que ya no está rodeando mi cuello con sus bracitos

Parece que a Lynx le gusta el colgante porque lo está toqueteando dentro de la caja mientras se ríe. En este tiempo que llevo cuidando de él he llegado a comprenderlo casi a la perfección, no me han hecho falta las palabras que no puede decir pero si puede entender. Recuerdo como el primer día, a pesar de lo que Draco me había advertido, el impacto visual de ver a Severus con Lynx acomodado en sus rodillas y haciendo ruiditos para intentar hacerse entender, fue muy fuerte. La imagen que tenía yo era la del desgraciado profesor de pociones que resultó ser un hombre valiente; la que tengo ahora es la del hombre que ha logrado que mis sentimientos vayan dirigidos a alguien de mi mismo sexo por primera vez en mis 26 años.

— Cuando salgas de tus mundos imaginarios, en los que todos besan el suelo que pisas, podemos irnos a celebrar tu cumpleaños

Con cuidado coloco a Lynx en su silla de ruedas, la cual utilizamos al salir a la calle. Severus coloca bien a su pequeño, lo asegura con el cinturón y empieza a empujarlo. Mi mirada no deja de observar cada uno de sus movimientos, a los cuales le imprime más calor y delicadeza de lo que le dedica a sus pociones, y eso decirlo de alguien como Severus es mucho.

— Pues ahora que este pequeñajo ya está bien sentadito en su silla podemos irnos a la feria, a disfrutar de mi cumpleaños

Salimos de la nueva casa de los Prince, la de la calle de las Hilanderas fue vendida por Severus cuando tuvo a Lynx y se dio cuenta que necesitaba un lugar funcional de solo una planta, sin escaleras.

El barrio muggle en el que vive Severus está tranquilo, gente caminando de forma cívica y sin molestar a nadie. Cada pocos pasos giro mi mirada hacia donde están mis dos acompañantes, Severus controlando siempre a su hijo y Lynx moviendo sus manos en dirección a un quiosco. El pequeño sabe que allí dentro hay el hombre que le regala cromos de Bob Esponja, su serie favorita, de la que tiene los dvds y que ve cada día. Tengo que reconocer que a mi también me ha acabado gustando la serie de dibujos, después de pasarme todo un año viéndolos sentado en el sofá junto con Lynx.

— Creo que será mejor entrar para que el señor Priest le regale unos cromos— comento divertido al ver como el pequeño casi está tirándose de la silla

Severus parece querer negarse, aunque al ver el frenetismo con el que su pequeño mueve las manos decide aceptar. Con cuidado gira la silla y la adentra en el quiosco. Al vernos, el señor Priest sonríe ampliamente y se aproxima rápido. En su mano veo que lleva unos cuantos cromos para dárselos a su cliente más apreciado, al pequeño que también a él le ha robado el corazón.

— Hoy estás muy guapo Lynx, parece que tu padre y Harry te llevan a disfrutar del magnífico día que hace— dice el señor Priest sonriendo y despeinando al pequeño, sabiendo que él no le va a poder decir ni una palabra

— Vamos a celebrar mi cumpleaños a la feria y Lynx va a pasárselo en grande— respondo yo con una sonrisa— Y ahora, después de que este pequeño lo haya saludado, nosotros nos vamos

El señor Priest asiente con la cabeza levemente y nos deja marchar, aunque antes me da la revista que le compro cada semana. Severus al ver que me ha regalado la revista ESPN frunce el ceño, parece que su poco agrado por el quidditch se extiende a los demás deportes muggles.

— Gracias— agradezco levantando la revista y moviéndola

De nuevo en la calle recorremos las pocas manzanas que nos separan de la feria. La música alegre que suena, el ruido de los caballitos, el sonido de los puestos de comida ambulantes, y la cantidad de tenderetes, logran que el ambiente se vuelva encantador.

— Va a ser un cumpleaños genial, Severus— digo realmente entusiasmado por poder celebrar mi cumpleaños con él en un lugar como ése— De pequeño mis tíos nunca me llevaron a ninguna feria, nada de nubes de azúcar o olor a perritos calientes en el ambiente

— No hace falta que le diga que yo tampoco había pisado jamás un lugar así, y menos rodeado de muggles— contesta Severus susurrando la última palabra, la cual dice seriamente pero no con desprecio

Caminamos tranquilamente por entre los tenderetes, en algunos momentos es complicado para Severus mover la silla de su hijo por la cantidad de gente que hay. La mueca de desagrado de mi antiguo profesor va en aumento, las aglomeraciones de gente no son para él. En un momento del trayecto me meto en el desvío hacia donde están las tómbolas.

— Voy a conseguirle un peluche a Lynx con la escopeta— informo a Severus dirigiéndome con paso decidido a conseguir algo para ese pequeño que extiende sus brazos en mi dirección

Le pago 5 libras al tendero y él me da 10 balines para la escopeta. Mi mirada vaga por todos los peluches que hay, localizo uno de Bob Esponja y otro de Pocoyó. Esos son los dos peluches que conseguiré para Lynx. El primer tiro lo fallo, el segundo también, y no es hasta el cuarto que logro hacer blanco en el palillo que mantiene el peluche de Pocoyó.

— Parece que tiene buena puntería, Potter— escucho susurrar a Severus en mi oído

Mi cuerpo se estremece al notar su presencia, ésa que me trasmite protección y seguridad. Intento volver a centrarme, volver a pensar en que debo ganar el Bob Esponja para dárselo a Lynx, para sentirme feliz al ver su sonrisita. Al llegar al noveno tiro respiro profundamente, se me acaban las oportunidades. En el décimo tiro decido hacer un poco de trampa, un poco de magia sin varita para que el proyectil de en el blanco.

— Aquí tiene sus dos peluches joven— dice el tendero dándome los dos que he conseguido

Con una sonrisa de oreja a oreja me giro y me acuclillo frente a Lynx, el pequeño está palmeando animado al ver esos dos peluches.

— Te regalo a Bob Esponja y a Pocoyó pero solo si los cuidas bien— comento encomendándole la misión de no romperlos aunque se que en cinco minutos estarán cubiertos de babas

Una vez que él tiene los dos peluches emprendemos de nuevo la marcha por la feria. Al terminar las tómbolas llegan las atracciones, en las que hay autos de choque, una cosa de esas que suben y bajan, una especie de olla que se mueve para todos los lados, unas barquitas para familias que consiste en tirar de cuerdas para subir y bajar, un tren de la bruja y algunas cosas más.

— Si Salazar Slytherin levantara la cabeza y viera lo que estoy apunto de hacer, seguro que volvía al infierno en el que estaba descansando por toda la eternidad— gruñe con sarcasmo Severus interiorizando progresivamente que va a tener que subirse con nosotros en algunas atracciones

— No es para tanto Severus, ya verás como lo pasamos bien— digo palmeando su espalda en un intento de animarlo— Además, piensa que no lo haces solo por Lynx sino también por mi, porque hoy es mi cumpleaños y merezco pasarlo bien contigo, no solo con tu hijo

— Está bien Harry, por mi pequeño y por ti aguantaré el subirme a atracciones muggles— responde con la mandíbula muy tensa, mostrando que por vernos contentos a ambos lo hará

Lo primero en lo que nos subimos es en las barquitas, Severus sienta a su lado a Lynx y yo frente a ellos. Cada vez que sube la barquita de mi parte está mi amigo estirando de una cuerda, cada vez que sube de su parte soy yo el que estira. Reconozco que si hiciéramos esto cada día ambos tendríamos unos bíceps envidiables, unos bíceps de Severus entre los que me encantaría acurrucar cada noche.

— Mañana voy a tener los brazos que no me voy a poder ni mover, me tendrás que dar la baja— acabo bromeando

— Ni lo sueñes, Potter— contesta con una sonrisilla maligna— No pienso concederte ni medio día de baja, menos aun porque ha sido idea tuya la de subirse en esas barcas del demonio

— Si tú te has divertido tanto como yo, no lo niegues— contesto para picarlo, cosa que logro por la forma en que frunce el ceño

La siguiente atracción es en la que nos encontramos los tres subidos es el tren de la bruja, en la que me siento al lado de Severus que tiene a Lynx sentado sobre sus rodillas. Es entretenido ver como un pobre desgraciado se descuelga de una ventana, como para ganarse un sueldo tiene que ponerse una peluca y hacer peripecias para lograr que los niños griten. Una risita se escapa de mis labios cuando a unas niñas de un par asientos más atrás les estiran del pelo, y ellas gritan entre gimoteos. Parece que el slytherin que hay dentro de Severus hacer levitar unas figuras de cartón piedra de brujas y brujos. El poder de mi antiguo profesor de pociones queda patente al hacer magia sin varita, somos muy pocos magos los que logramos dominarla.

— Eso no se hace— susurro contra su oído para que me escuche entre los chillidos de miedo de los niños y los padres

— No se de que me estás hablando, Harry— responde haciéndose el inocente

— Te estaba hablando del tiempo por supuesto— ironizo y logrando arrancarle una sonrisa ladeada

Al ver como las figuras de cartón piedra se han puesto a flotar paran la atracción. Los responsables no se explican como ha podido suceder, tanto ellos como las demás personas están en una especie de ataque de pánico por lo que piensan que es una alucinación.

— Creo que deberíamos ir a comer ya— comento al ver como Lynx mueve sus manos de la forma característica en que lo suele hacer para reclamar comida

— Tienes razón, ya hace su típico gesto de hambre— contesta Severus volviendo a poner el cinturón en la silla a su hijo

Paseamos por entre toda la gente, mirando a ver que lugar puede ser el adecuado para que los tres nos sentemos a comer. Tras unos cinco minutos voy cargado con patatas fritas, perritos calientes y un algodón de azúcar para Lynx. La feria está llena, el único lugar que encontramos para sentarnos a comer es la hierba de los pequeños jardines que la rodean.

El día cálido, tan anormal en Londres, logra que el comer en el césped sea realmente placentero. Notar la hierba húmeda mojar las palmas de mis manos me cosquillea todo y me hace sentir vivo. Salgo de mi estupor para ayudar a Severus con Lynx, al cual hay que prepararlo para ayudarlo a comer

— Toma— digo pasándole un babero a Severus y metiendo en la silla mi revista ESPN

— Harry— escucho que dice mi nombre al coger lo que yo le estoy ofreciendo— Siento que en tu cumpleaños te tenga trabajando también— se disculpa de una forma que jamás lo hubiera pensado

— Cuidar de Lynx no es ningún trabajo para mi Severus, y además hoy estoy compartiendo mis 26, recién estrenados años, con un amigo— respondo sonriéndole contento, mostrándole que no habría mejor forma de pasar un día tan especial como hoy que con él y con su hijo

Ver comer al intimidante Severus Snape un perrito caliente es algo bastante cómico, sobretodo si a la vez intenta dar de comer poco a poco a su pequeño. Las manos se le empiezan a embadurnar de mostaza y ketchup, por no hablar de que Lynx tiene rastros de ambas por la barbilla, la nariz y un moflete. No puedo contenerme y empiezo a carcajearme, al final un ataque de risa me embarga y río como hace tiempo que no lo hago. La mirada del hombre que amo va entre el enfado y la incredulidad.

— No es gracioso, Potter— gruñe mientras intenta que Lynx muerda otro pequeño trozo del perrito caliente— Sabes perfectamente lo que cuesta que coma

— El verte así es lo gracioso, con ketchup y mostaza por tus manos mientras tienes a tu hijo sentado en tus piernas— empiezo a decir— Tienes que admitir que si algún mago te viera ahora se desmayaría, el serio y odioso profesor Snape es como los demás mortales

— Todos tenemos un lado oculto Harry, ¿cuál es el tuyo?— pregunta interesado mi antiguo profesor maliciosamente, aunque también intrigado

La opción de “mi lado oculto es que deseo más que cualquier otra cosa que me la metas hasta el fondo” queda completamente descartada en el mismo momento que la pienso. Seguro que mis mejillas se han coloreado furiosamente, que ni el pelo de los Weasley, porque la ceja alzada de Severus en señal de no comprensión indican eso. El tener desconcertado al hombre más valiente e inteligente que he conocido me gusta, es una sensación de tenerlo bajo control y sentirlo como mío.

— ¿Y que te ha pasado en la mano?

— Un incidente en la ducha— contesto sin dar más explicaciones, no me apetece nada volver a pensar en el tema y recordar al hijo de puta que abandonó a los dos regalos que tengo delante

— Siempre has sido un descerebrado gryffindor— responde para después terminarse su perrito caliente

Me tengo que morder la lengua para no responderle que por eso le gusto, porque se que esa es una frase fuera de lugar. Al no tener nada que decirle hago lo mismo que él, terminar de comer lo que me quedaba para después tumbarme sobre el césped. Escucho como Lynx hace ruiditos y como Severus lo deja suelto, momento en el que él camina de forma frágil hasta donde estoy yo. Al llegar a donde estoy le cojo la mano y lo tumbo a mi lado. A tientas, porque estoy con los ojos cerrados, intento localizar el algodón de azúcar y al final lo que siento sobre mi mano es otra más grande y más madura. El solo contacto con la mano de Severus logra que en mi estómago, y mi corazón, salten mientras sienten mariposas.

— Creo que estás buscando esto

Dejo de sentir el contacto con su mano para sentir el palo de la nube de azúcar. Con resignación afirmo con la cabeza, no estoy seguro de que si hablo mi tono no vaya a trasmitir pena y decepción.

— Severus— lo llamo

— ¿Qué quieres Harry?— pregunta viendo como me incorporo tras terminar el algodón de azúcar

— Creo que deberíamos volver a casa, Lynx parece cansado— apunto aunque de verdad me hubiera gustado decirle otra cosa, una que no se puede hacer en lugares públicos y con un niño delante

Mi slytherin más querido mira a su hijo y se da cuenta que tengo razón, que parece cansado y que necesita descansar. A pesar de que Severus quiere volver a ponerlo en la silla de ruedas al final le convenzo para que le deje caminar un poco, que le irá bien. Con una mueca de desagrado al final me hace caso y de este modo los tres empezamos a caminar tranquilamente hacia casa de nuevo. La pequeña manita de Lynx apretando la mía me llena de calidez, la que siempre he deseado tener con una familia de verdad.

Al pensar en mi vida la imagen de tío Vernon y tía Petunia aparece, como también aparece la de mi primo Dudley. A los tres los he perdonado, los perdoné hace mucho tiempo, pero lo que no he podido olvidar es la falta de cariño que tuve en mi infancia. Realmente tengo que admitir que durante toda mi vida hay pocas personas que me hayan querido por ser quien soy, no por ser lo que mi fama dice que soy. Mis tíos, mi primo, Albus Dumbledore, los Weasley, la mayoría de mis compañeros de Hogwarts, y por supuesto Voldemort. Todos excepto Hermione y Severus me han tratado como un bicho raro, además de cómo un héroe, sin tener en cuenta que soy tan normal como ellos.

— Harry— me llama Severus— ¿estás bien?

— Sí, no es nada— respondo con una sonrisa para paliar la preocupación con la que ha sido formulada la pregunta

Un par de manzanas antes de llegar a casa de Severus tengo que coger a Lynx en brazos, se nota que el pequeño está cansado y con demasiado sueño. Un vez ya con mi valiosa carga entre los brazos emprendemos de nuevo el retorno al hogar. En diez minutos llegamos de nuevo a los dominios de Severus Prince, porque desde que volvió a la vida tras lo de Nagini se quitó el apellido de su bastardo padre para utilizar el de su fallecida madre.

— Voy a acostarlo en la cama— informo partiendo hacia la habitación de Lynx

Al llegar a la habitación del pequeño me encuentro con las paredes verde claro que ya conozco tan bien, con los peluches conocidos y con los cuentos que le solemos leer diariamente. Con mucho cuidado lo poso en la cama, intento que al apartar sus manos de alrededor del cuello no se despierte. Sigilosamente, una vez comprobado que él está bien, salgo de la habitación y me dirijo al salón donde está Severus.

— Ha sido un día genial, el cumpleaños perfecto— comento sentándome en el sofá cansado

— Se nota que tienes pocos amigos, Potter— dice con sarcasmo— Al final resultarás ser tan antisocial como el ogro de las mazmorras

Me río ante la gran verdad que acaba de decir Severus, la que me equipara a él de una forma asombrosa. Los dos somos tan iguales que es raro no haberse dado cuenta antes, ambos con una infancia para olvidar y una vida difícil en la que casi todo el mundo ha terminado dándonos la espalda.

— ¿El ogro de las mazmorras puede ponerme el colgante que me ha regalado?— pregunto mientras saco la cajita del bolsillo

Él la coge de entre mis manos y saca el colgante. Me giro para quedar de espaldas al hombre que dispara mis nervios. El sentir su respiración tranquila cerca mi oreja izquierda, y sus dedos rozar suavemente mi cuello, consiguen excitarme. En el peor momento posible mi amiguito decide despertarse y excitarse, en el peor lugar y frente a la persona que menos deseo quedar en evidencia. Tan centrado estoy en intentar que desaparezca la incipiente erección que estoy teniendo que no me doy cuenta de que Severus ha terminado, no me doy cuenta hasta que giro mi cara sobre mi hombro. Sus ojos, sus labios y su señorial nariz están a escasos centímetros de mi rostro, ahora si que estoy perdido porque me empiezan a pitar los oídos y a temblar todo el cuerpo. No me da tiempo a desmayarme porque los labios de Severus se posan en los míos, logrando que me olvide de todo y que cierre los ojos para disfrutar.

— Harry... — escucho el susurro contra mis labios

Abro los labios y mi lengua entra en contacto con la de él, mi cordura al sentir la lengua de Severus jugar con la mía desaparece completamente. No se durante cuanto tiempo estoy perdido en la boca de Severus, solamente reacciono cuando él gentilmente coloca una mano en mi cuello. Me doy cuenta que me he girado, que estoy frente a frente con él con una erección horriblemente delatadora. Si ahora él abriera los ojos se daría cuenta que estoy a pocos segundos de querer violarlo aquí mismo, nunca antes había sentido lo mismo dentro de mi por un simple beso. Me doy cuenta de que estoy en un grave problema por lo que decido hacer lo que creo mejor, separarme de él e irme antes de que se de cuenta el estado en el que me está dejando.

— Lo siento, Harry— se disculpa al ver que me he separado tan bruscamente— Comprendo que te de asco besarte con un hombre como yo

— Besarte solo ha mejorado mi cumpleaños— susurro— puedo garantizarte que lo que he sentido es algo muy diferente al asco— termino de decir aproximándome de nuevo a él

Su negrísima mirada refleja que su portentosa mente intenta procesar lo que es estoy diciendo. Para que logre asimilar de una forma más práctica que no me da asco, que solamente me da placer, vuelvo a sentarme a su lado y a besarlo. Esta vez soy yo quien pasa las manos por su cuello, esta vez soy yo quien arriesgo para disfrutar todavía más del día de mi cumpleaños.

— Harry... — gime cuando dejo su lengua para mordisquearle el labio y jugueteo con él

Escuchar a Severus gemir mi nombre con su voz varonil, y ronca, logra que mi erección palpite dentro de mis boxers verdes. Mis manos actúan solas, se mueven por su cuello, sus fuertes hombros y su ancha espalda. Las manos maduras de mi hombre van directamente a mi camisa, al primer botón que empieza a ser desabrochado.

— Sev... — suspiro placenteramente al notar como de un segundo a otro he pasado de estar sentado a estar tumbado en el sofá

Mis verdes ojos se abren para observar como ése hombre con el que llevo teniendo sueños húmedos varios meses, los está haciendo realidad. Sus labios besando mi cuello, mordisqueándolo y lamiéndolo, arrancándome suaves gemidos y creando olas de excitación en cada centímetro de nuestro cuerpo. Al abandonar mi cuello empieza a lamer y besar mi pectoral, ahora que sus manos ya han desabrochado los botones de mi camisa.

— ¿Y esto?— pregunta roncamente al ver mis dos cicatrices que empiezan en el hombro derecho y bajan por el pectoral

— Heridas de guerra— respondo besando suavemente sus labios y acariciando su profunda herida de guerra

Es tan completamente irreal que tenga lo que tanto he soñado, que justamente en el día de mi cumpleaños vaya a hacer el amor con Severus. La excitación al imaginármelo detrás de mi, jadeando en mi oído mientras entra y sale de mi hace escapar otro gemido de mis labios.

— Hazme el amor, Severus— ruego casi sin voz y entre gemidos

Sus dedos estimulando uno de mis pezones, sus labios mordisqueando y lamiendo el otro. Descargas eléctricas traspasando mi pecho, activando todos mis sensibles sentidos. Al notar su mano intentando desabrochar los tejanos creo que ya he tenido suficiente de ser el pasivo completo, necesito desnudarlo y sentir su piel contra la mía.

— Harry... — vuelve a gemir cuando nota como yo me incorporo y me siento sobre él

El notar su durísima erección me da a entender de que los dos deseamos exactamente lo mismo, que ambos necesitamos sentirnos del otro más de lo que necesitamos el aire para respirar. Sentado a horcajadas sobre él me froto una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces, en las que cada vez los dos gemimos son más altos.

— Por Merlín— exclamo extasiado hasta un punto que no pensé que fuera posible

Su mano acariciando, por encima de mis boxers, mi durísima erección hace que necesite besarlo para no correrme vergonzosamente pronto. Mi mente nublada por el deseo logra desabrochar la camisa de Severus y acariciar su torso, el que tiene cubierto de pequeñas cicatrices, aunque una en el vientre sea bastante grande y aparatosa.

— De cuando...nació...Lynx— logra coordinar al romper el beso y notar mi mano recorriéndola

La morbosa fascinación que me producen sus heridas de guerra, y la de la cesárea de su hijo, no puede ser normal. Si antes de verlo así lo deseaba, ahora lo deseo hasta límites insospechados por su peculiar varonil belleza

— Eres perfecto...Severus— murmullo casi con adoración, acariciando sus cicatrices

Mis labios vuelven a ser atrapados por los suyos, nuestras manos siguen tanteando nuestros cuerpos para conocerse mejor. La vergüenza de la primera vez se mezcla con las ganas de conocimiento, las ganas de demostrarnos el uno al otro que realmente esto no es solamente un calentón. Y como a Harry Potter y Severus Prince nada nos puede salir bien toda la magia del momento se pierde, se evapora cuando escuchamos los lloros de Lynx.

— Harry...

— Ya voy yo— respondo levantándome y subiéndome la cremallera de los tejanos, aunque me resulta bastante complicado porque la tienda de campaña que tengo es muy considerable

Por primera vez desde que me reencontré con Severus maldigo internamente la presencia de Lynx, aunque nada más darme cuenta de lo que acabo de pensar me insulto mentalmente. Al llegar a la habitación encuentro al pequeño temblando en la cama, de repente olvido todo lo que he sentido hace unos segundos y corro hasta su lado. Lo abrazo entre mis brazos, lo cargo y me lo llevo para el comedor donde está Severus, todavía con la camisa abierta.

— ¿Qué te pasa?— pregunta lleno de preocupación a su hijo, intentando entender por los gestos que hace lo que le pasa— ¿Tienes que ir al baño o tienes hambre?— vuelve a cuestionar— ¿Te duele algo?

Me coge a Lynx de los brazos para poder acunarlo él, para abrazarlo entre sus protectores brazos. Miro como Severus intenta tranquilizar el llanto de su hijo, como le besa suavemente la frente para terminar calmándolo. Una vez lo ha logrado camina en dirección al pasillo, en dirección al baño. Camino detrás de él, veo como enciende la bañera con agua templada y como empieza a desvestir a su pequeño.

— Será mejor que vayas a hacer algo de cenar mientras yo le doy un relajante baño a mi hijo

Antes de ir a la cocina me aproximo donde está Severus y le doy un suave beso en el cuello. Salgo de allí con una sonrisa radiante en los labios, disfrutando de poder en mi cumpleaños disfrutar de algo tan familiar como hacer la cena mientras mi hombre baña con delicadeza al pequeño que nos alegra los días.

— Voy a cocinaros unos magníficos macarrones a la carbonara— susurro como si Severus y Lynx estuvieran delante mío

Primero pongo a calentar el agua, cojo la cantidad de macarrones precisa para tres personas, y empiezo a hacer la salsa carbonara para añadírsela al final. Tranquilamente preparo una cena que va a ser la antesala de una gran noche, de la noche en que dejaré de ser virgen, homosexualmente hablando. Se que debería de tener miedo pero en mi mente he visto tantas veces la imagen que es como si no fuera a ser la primera.

— Harry— escucho que me llama Severus desde el baño— ¿puedes venir?

No hace falta que me lo repita dos veces, antes casi de que haya terminado de preguntar si puedo ir, ya estoy allí. En el baño la imagen que me encuentro es realmente cómica, agua por todas partes y Severus empapado completamente. Lynx está palmoteando el agua tibia de la bañera, riendo y consiguiendo de esta forma que su padre no se enfade por estar empapado, porque el agua le resbale por toda su cara y su trozo de pecho descubierto.

— ¿Necesitas ayuda?— cuestiono con una sonrisa apoyado contra el marco de la puerta y los brazos cruzados frente a mi torso

— ¿Has llegado a ese punto tú solo?— pregunta con sarcasmo y pasándose una mano por la cara toda mojada

Paso por alto su sarcasmo y me dirijo a donde están ambos con una toalla en mis manos. Cargo a Lynx entre mis brazos y empiezo a secarlo, evitando mirar a Severus, porque no quiero volver a excitarme en estos momentos. Salgo del baño para dirigirme a la habitación del pequeño, para ponerle el pijama.

— Quiero a tu padre, pero guárdame el secreto— le susurro confidentemente mientras le estoy terminando de poner la camiseta del pijama

Sus manitas me estiran del pelo y de la oreja, me lo cargo a la espalda y salgo de la habitación. Voy a la habitación de Severus pero no está, vuelvo al salón y después a la cocina. El magnífico pocionista domina de igual manera el arte culinario, el mismo cuidado con que removía una poción lo hace ahora para terminar de mover los macarrones ya listos.

— ¿La cocina también es un sutil arte como lo es la sutil ciencia de hacer pociones?— pregunto con sarcasmo ante el recuerdo de lo que dijo el primer día de mi primer año en Hogwarts— Todavía no recuerdo que aprendiera a embotellar la fama, preparar la gloria o hasta detener la muerte

— Siempre fuiste un zoquete para las pociones, imposible lograr que en tu cabeza entrara ni una simple poción para el resfriado— responde girándose para que compruebe que va con un albornoz y que debajo no lleva nada— Suerte que tenías a Granger para que os hiciera los deberes, a ti y al cenutrio de Weasley

— Suerte que estaba Hermione para pensar por los tres— afirmo aproximándome a donde está Severus— Para evitar los castigos en las frías y tétricas mazmorras, donde un desgraciado murciélago— susurro con un tono provocativo colocándome a escasos centímetros de él, mirándolo directamente a los ojos— disfrutaría al comportarse como un sádico conmigo

Me muerdo levemente el labio inferior y siento como los suyos se posan suavemente sobre los míos, aunque solamente sea durante un solo segundo. Su mano se posa en mi cuello, acariciando con sus pulgar mi nuez, logrando que me tiemblen las piernas y que me aleje un paso. Respiro profundamente y salgo de la cocina, si no fuera porque llevo a Lynx cargado a la espalda hubiera querido ser empotrado contra la encimera.

— Será mejor que vayas a quitarte la ropa, estás empapado— escucho que dice Severus al entrar en el comedor levitando los tres platos con los macarrones carbonara

Dejo a Lynx sentado en el sofá y me dirijo a la habitación de Severus, en la que una cama de matrimonio con sábana de satén negro. Con calma me saco la camisa y los tejanos, también los boxers y los zapatos. Desnudo en la habitación me dirijo al armario, lo abro y miro que tiene dentro: camisas negras, pantalones negros, zapatos negros, y una bata negra de seda. No me lo pienso, cojo esa bata y me la anudo. Parte de mi torso queda al descubierto, de la misma forma que lo hacen mis piernas desde las rodillas a los pies.

De nuevo en el salón me encuentro con la imagen de Severus intentando que Lynx cene. La paciencia que tiene es sorprendente, si hubiera tenido la misma con Neville en pociones ahora sería un pocionista reconocido. Me acaricio una mano con la otra, me doy cuenta de que todavía sigo llevando el leve vendaje que Hermione me ha puesto esta mañana en los nudillos.

— Parece que no tiene demasiada hambre— apunto sentándome en la mesa

— Por una vez en tu vida creo que tienes razón, Potter— comenta con sarcasmo y una sonrisa— Parece que mi hijo no tiene más hambre, además de que parece que ya tiene sueño

— Será mejor que vayas a acostarlo

Antes de que se lo lleve le doy un beso en la frente y en la mejilla. En el tiempo que tarda Severus en acostar a Lynx, en leerle un cuento y dejarlo durmiendo tranquilo, retiro nuestra cena. Camino descalzo por el piso hasta fuera de la habitación del pequeño, desde el marco de la puerta observo como el hombre por el que late mi corazón es un padre entregado. Sonrío al pensar que hasta los 26 años no he recibido un regalo que deseo realmente, que me hace completamente feliz, porque una familia es lo que desde que tengo conciencia siempre he querido.

— No te pega nada Los tres cerditos— susurro viendo como termina de leer el cuento a un Lynx ya placidamente dormido

— Me pega mucho más el lobo— comenta— ¿verdad, caperucita?— pregunta socarrón, arrancándome una amplia sonrisa

Lentamente se levanta de la cama de su hijo, le acaricia suavemente el pelo y llega a donde estoy yo. Sus ojos miran directamente a los míos, una media sonrisa gobierna sus labios. Mis manos suben por su albornoz hasta posarse en su cuello, rodeándolo y acercándolo más a mi. Las grandes, y varoniles, manos de Severus se posan en mi cintura, sus brazos me rodean. Doy un par de pasos hacia atrás, tanteando el terreno y alejándome de la habitación de Lynx, buscando de forma inconsciente intimidad.

— No voy a poder contenerme Harry, quiero que lo sepas ahora— susurra Severus contra mi oreja, mordiendo el lóbulo

Sin darme cuenta me dirige hacía su habitación, pasando de morder el lóbulo a besar y lamer el cuello. Su cabeza ladeada para poder dedicarse a mimarme, para mordisquear la nuez y bajar por el inicio del pecho. Antes de pasar a mayores su mano izquierda abre la puerta.

— No quiero que te contengas— respondo con una sonrisa— Detenerte es lo último que deseo en este mundo

Lo arrastro hasta la cama, los dos nos tumbamos. Mis manos bajan desde su cuello por su torso hasta el nudo del cinturón del albornoz, lo desanudo y veo por primera vez el miembro de Severus. Mis ojos se fijan en él, en el tamaño y la medida que tiene. Mi traviesa mano no se lo piensa y de forma tímida palpa la incipiente erección de mi hombre, del único hombre que me atrae y me atraerá jamás. La mirada de Severus es de completa expectación al ver lo que voy a hacer, al ver como voy a palpar esa piel sobre el miembro caliente que empieza a endurecerse. Primero rozo un dedo con cuidado, después con un par lo presiono levemente y al final con la mano lo rodeo.

— Arriba y abajo— me indica Severus mientras rodea mi mano con la suya y la mueve por su miembro— Arriba y abajo, así— vuelve a decir mientras me enseña a como masturbarlo, a que ritmo

Es tan fascinante ver como suben y bajan nuestras manos entrelazadas, como la respiración de Severus van en aumento a medida que su miembro se endurece. Un par de gotas de sudor empiezan a perlar la frente del hombre que tengo delante, ése que está controlándose para no correrse antes de tiempo.

— Puedo acostumbrarme a esto, te aseguro que soy mejor que en pociones— le digo mientras le aprieto el glande y le arranco un profundo, y ronco, gemido

Después de eso aparta mi mano de su durísimo miembro, a pesar de que no es algo que a mi me apetezca en lo más mínimo. Ahora es su turno de explorarme, de palpar lo que yo le ofrezco para disfrutar durante largas noches de amor y pasión.

— Te voy a enseñar— susurra contra mi oído antes de girarme para dejarme boca arriba en la cama

Severus se sitúa sobre mi, sus manos desatan el nudo del cinturón de la bata que llevo, de su bata negra. Los dos estamos en las mismas condiciones ahora que seguimos con las prendas puestas pero abiertas, ahora que nuestros miembros se rozan y los gemidos se agolpan en nuestras gargantas. Mis manos se agarran a las sábanas negras de satén, mi cuerpo se contorsiona en dirección al de Severus para sentir su torso contra el mío.

— Te voy a regalar algo que seguro te va a gustar

Tras esa declaración de intenciones, Severus besa y mordisquea mi nuez. Sus labios abandonan mi cuello para volver a besar y lamer las dos cicatrices que tengo en mi hombro, y que me cruzan el pecho. Los expertos dedos ya están estimulando mis pezones, los que están erectos y hipersensibles. Cuando parece que ya se ha cansado de desatender el resto de mi cuerpo por atender las dos cicatrices las deja atrás, ahora su experta boca se ensaña con uno de mis hipersensibles pezones.

— Más...más— pido empezando a sentirme extasiado y loco de placer

— Tendrás más, hoy tendrás todo lo que pidas

Intento enroscar mis piernas con las suyas pero él me lo impide, me inmoviliza para evitar que pueda tomar el control de la situación. La faceta de Severus como dominante me excita todavía más, que él decida cuando no puedo y como puedo darle placer, que saque su faceta de profesor más ejemplar.

Pasa su boca de un pezón al otro y después baja hasta que todas las alarmas de mi cerebro se encienden. Al sentir como su nariz se hunde en mi vello púbico, se lo que va a seguir y lo que estoy deseando que sus labios me hagan. Primero comienza con suaves besos por todo mi miembro, casi imperceptibles pero que logran que salte ante todos ellos, tras los suaves besos llegan los mordiscos juguetones que estiran un poco la tensa piel. Sus manos se entretienen jugando con mis testículos, los cuales están deseando soltar todo el semen que estoy intentando contener ante semejante placer. Las lamidas y las succiones son lo que me vuelven completamente loco, la calidez y la humedad que me embargan son increíbles.

— No...voy a aguantar...mucho— logro coordinar— Me voy...a...correr

Los ojos negros se me clavan en el alma, parece que él no desea que yo vaya a vaciar mi esencia tan rápido. Para evitar que me corra deja de succionar mi miembro, con dos dedos presiona la base y con sus labios besa la punta del pene orgullosamente erguido.

— Solo te correrás...dentro de mi

Y sin darme tiempo a lograr entender lo que me está diciendo se coloca sobre mi, coloca mi miembro ensalivado sobre su entrada y se penetra de una sola embestida. El grito de placer que nace en mi garganta y escapa de entre mis labios rompe salvajemente el silencio de la noche, lo rompe junto con la respiración agitada de Severus. Mis ojos logran enfocarse en la figura de mi antiguo profesor, de ése que odié y ahora amo, quien ahora tiene los ojos cerrados y una mueca que combina el placer y el dolor. Espero unos segundos, los que sean necesarios para que él se recupere y empiece a cabalgarme, para que definitivamente me lleve al cielo del placer y al primer orgasmo de muchos. Lentamente empieza el vaivén, entra y sale impulsándose en sus rodillas flexionadas sobre su cama. Mis manos repasan la cicatriz del nacimiento de Lynx, la que me hace verlo completamente bello.

— Arriba...abajo— gime

Entiendo lo que quiere decir, lo que desea y lo que yo le voy a dar. Mis manos dejan de venerar la aparatosa cicatriz para prestarle atención a la dura erección, ésa que tengo rozando contra mi vientre. Lo hago como él me ha enseñado hace unos minutos, arriba y abajo lentamente, extremadamente lento. La velocidad de la masturbación acelera cuando las embestidas también lo hacen, porque los dos debemos terminar a la vez. Las manos de Severus vuelven a posarse sobre las mías, quieren sentir su semilla recorriendo sus dedos y los míos.

— Incorpórate— me pide con la poca cordura que le queda

Le obedezco, me incorporo y le beso. Las lenguas se encuentran como se han encontrado las manos, y por supuesto los corazones. Y así es como nos encuentra nuestro primer orgasmo juntos, yo siendo cabalgado por Severus y él siendo masturbado por mi. Con mucho cuidado me retiro de su interior, él se tumba a mi lado deshaciéndose del albornoz e intentando recuperar la respiración.

— ¿Por qué...?— pregunto quitándome la bata e intentando saber porque ha sido él quien ha sido penetrado y no yo, como suponía que iba a pasar

— Porque es tu cumpleaños Harry, porque todavía no estás preparado para ser penetrado aunque creas que si lo estás— responde mirándome fijamente a los ojos y agarrando con su mano el colgante que me ha regalado y que llevo en el cuello— Porque necesitaba sentirte y que tú me sintieras, porque ya tendremos mucho tiempo por delante para que yo pueda poseer tu cuerpo y tu vuelvas a poseer el mío, porque quiero hacer las cosas bien y para eso se necesita más tiempo, porque este ha sido el primer regalo de los muchos que vendrán al pasar los cumpleaños los tres juntos

Cada palabra que dice, cada caricia que me da al decir su discurso consigue que mi corazón se estremezca y que al final no lo soporte más, que tras su última palabra yo rompa a llorar. Severus me cubre con la manchada sábana de satén, me cubre y me abraza contra su pecho. Sus brazos, con la marca de mortífago en uno de ellos, me acunan protectoramente y me acarician la espalda para que me calme, para que me desahogue y acabe siendo feliz tras recibir el mejor regalo de cumpleaños de mi vida: una verdadera familia, mi familia.

TBC...

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MensajeTema: Re: Donum ab aeterno (One shot)   Miér Ago 04, 2010 1:50 am

DONUM AB AETERNO II

Otro día empieza, otro día en que ese maldito cacharro muggle llamado despertador me hace salir del ligero sueño que tengo. Antes de abrir los ojos pienso en el día que es hoy, en que él cumple 26 años porque es 31 de julio. Un suspiro resignado sale de mis labios, uno que significa “Severus, él nunca se fijaría en un hombre y menos en uno como tu, un asesino”.

— Venga, levántate Severus Prince que debes ducharte antes de hacer el desayuno y preparar a tu hijo— me digo, obligándome a olvidar esa mirada verde esmeralda

Sin demasiadas ganas aparto de mi cuerpo la sábana de satén negro y coloco mis pies descalzos sobre el suelo. Camino hasta el cuarto de baño, enciendo el agua de la bañera y me comienzo a desnudar sin prisa. Primero me desabotono la camisa negra del pijama de manga corto, después me quito los pantalones y finalmente los boxers. Antes de entrar en la bañera para darme una ducha rápida me miro al espejo y sonrío de forma amarga, imposible que alguien como yo pueda tener algo con alguien como él. Sus ojos verdes, su pelo desordenado que le da un aspecto de inocente sensualidad, esa sonrisa que suele arrancar levemente la mía y ese cuerpo que desearía poder venerar con mis labios. Ahora observo mis ojos y mi pelo negros, mi cara con algunas arrugas por toda la vida de preocupaciones, mi horrible cicatriz en el cuello, mi brazo con la marca tenebrosa, mi torso lleno de pequeñas cicatrices y mi vientre con una grande de cuando nació Lynx. Definitivamente tengo que quitarme a Harry de la cabeza, como me quité al desgraciado padre de mi hijo.

La ducha resulta relajante, el agua templada me ayuda a aclarar mi mente, a que deje de comportarme como un estúpido gryffindor. Severus Snape era una serpiente y Severus Prince también lo es, una que sabe ocultar muy bien sus sentimientos amorosos para disfrutar de la amistad sincera que le es ofrecida.

Una vez seco y vestido, con una camisa negra y unos pantalones del mismo color, me dirijo a la cocina. Hoy es un día especial y por eso me he tomado el día libre, porque lo quiero pasar con mi pequeño y con Harry. Pienso en mi trabajo, hacer pociones para diversas tiendas y para San Mungo, pienso en las horas que paso lejos de mi hijo y en que es por su bien, para poder tener más comodidades.

— Suerte que tenemos a Harry— susurro mientras hago unas tortitas

Recuerdo al decir esa corta frase como entró Harry en mi vida, como casi le lanzo un Crucio a Draco cuando me dijo a quien le había contado mi problema. Todavía hoy, un año más tarde, pienso en la cara que puso Harry al verme con Lynx en brazos, como su rostro se quedó perplejo. Comprendo que para cualquier persona normal la imagen sea sorpresiva, nadie en su sano juicio se imaginaría al odioso profesor Snape así, pero yo soy un ser humano con sentimientos como cualquier otro, a pesar de todas las atrocidades que he cometido a lo largo de mi oscura vida.

Sacudo mi cabeza al darme cuenta que debo de seguir cocinando las tortitas, las cuales podría cocinar con magia pero no sería lo mismo. He aprendido a lo largo de estos nueve años que si preparas algo con tus propias manos al comerlo sabe mejor, sobretodo si es para compartir con tu hijo.

Lynx es lo mejor que nunca podría haber soñado, a pesar de que es duro ver como un hijo no puede hablar y solo lo entiendes mediante los gestos que hace. Es muy duro tener un hijo con deficiencia mental, mucho más de lo que cualquiera pueda llegar a pensar, pero también logra que tus días tengan sentido desde que te levantas hasta que te acuestas. Al pensar en mi mayor tesoro, ése que me hace querer vivir para protegerlo de todo, pienso en el hijo de puta de su otro padre. Mis puños al acordarme de él se cierran fuertemente, evitando dejar que mi magia se desborde y haga un destrozo.

— Deja de pensar en ese desgraciado— me reprocho en voz alta— Olvida ya que te abandonó cuando nació Lynx y vio que iba a darle problemas, olvídalo ya y piensa en Harry— termino de reprocharme con un gruñido, porque a pesar del tiempo que ha pasado, casi seis años, no puedo olvidarme de todo lo que pasé

Mi mente intenta olvidar desde entonces, intenta centrarse únicamente en mi pequeño, en disfrutar de la compañía de Harry, de las visitas de Draco y de las pociones, pero en determinados momentos me es imposible y vuelvo a rememorar el pasado. Recuerdo como mi padre nos pegaba a mi madre y a mi, como mi mejor amiga se casó con el imbécil de James Potter, como por mi culpa los mataron, como durante casi 20 años el manipulador de Dumbledore me manejó a su antojo debido a la culpa que sentía por la muerte de Lily, como esa maldita serpiente me clavó sus colmillos en el cuello y sentí que llegaba mi hora, como desperté en San Mungo casi un mes más tarde sin saber la forma de mi salvación, como conocí al padre de Lynx, como ese pocionista estadounidense logró enamorarme, y como cuando se enteró tras el parto que nuestro hijo tenía una deficiencia mental se fue sin dejar rastro.

Una vez con las tortitas puestas en un plato, preparado un café y un tazón de leche, levito todo hasta el salón. Desde hace unos pocos años he aprendido a controlar mi magia sin necesidad de un canalizador como la varita.

Camino en dirección a la habitación de Lynx, preparado para despertarlo y vestirlo, para que disfrute del día en la feria. Se que aunque no me lo pueda decir con palabras hoy va a ser un gran día para él, porque nunca antes ha ido a un lugar semejante y con tantos muggles a su alrededor. Al entrar en su habitación lo observo dormir tranquilamente, me encantaría que estuviera así de tranquilo siempre. Me siento con cuidado en su cama, le acaricio con suavidad el pelo y la mejilla. Antes de despertarlo le beso la frente suavemente, demostrando que por él el amargado Snape ha dejado de serlo, que por él intento ser un padre ejemplar.

— Lynx, despierta— digo moviendo levemente su hombro, se que él reaccionará porque siempre lo hace— Despierta que hay que vestirse y desayunar, hay que estar preparados para cuando venga Harry

Al escuchar el nombre del hombre por el que late mi corazón, los ojos de mi hijo se iluminan a pesar de que todavía los tiene medio cerrados. Se que él también quiere mucho a mi antiguo alumno, lo noto en como lo abraza y en como se queda dormido en el sofá con él viendo los dibujos animados de Bob Esponja, los cuales tienen su punto gracioso aunque no lo vaya a admitir jamás.

— Hoy es su cumpleaños— le sigo explicando— Vamos a ir a la feria, estará llena de muggles pero eso da igual. Lo importante es que te lo vas a pasar muy bien y que Harry también, en mi caso es complicado porque ya sabes lo gruñón que soy la mayoría de veces

Una leve carcajada escapa de mis labios, pensar en que he aceptado ante otro ser humano que soy gruñón y malhumorado tiene su punto de gracia. Parece que Lynx comprende también cual es la broma porque se ríe y se abraza a mi. Este pequeño ha sido una bendición, el que logra que el sonreír ya no sea algo prohibido para el ogro de Severus Snape. Ahora gracias a la alegría con la que mi hijo llena la casa, Severus Prince ha aprendido a sonreír y reír.

— Creo que con la edad me estoy volviendo un tonto león, eso es lo peor que me podría pasar— sigo diciendo mientras le quito la camisa del pijama a mi hijo— Bueno en verdad lo peor que me podría pasar ya me ha pasado, me he enamorado de la persona más gryffindor del planeta, ¿te lo puedes creer?. Supongo que sí, porque tú me has conocido como un padre que te quiere, pero yo antes era mala persona— confieso quitándole los pantalones del pijama y dejándolo solo con la ropa interior de perritos

Voy al armario a buscar la ropa con la que le vestiré en el día de hoy, uno de los más importantes para los dos aunque él no lo sepa. Una camiseta y unos pantalones cortos, ambas prendas de colores oscuros. Con la ropa en mis manos me giro y lo vuelvo a mirar, de nuevo lo veo con esa sonrisa que me alegra los días. En escasos dos minutos ya lo tengo vestido y calzado, listo para que vaya al baño. Con pasos frágiles se levanta y camina fuera de su habitación al cuarto de baño, le cuesta demasiado caminar pero va bien que haga estas pequeñas cosas por si mismo.

— Cada día estás más alto— susurro viendo como llega hasta el baño— Estoy tan orgulloso de ser tu padre

Desde la puerta del baño observo como se lava la cara abriendo el grifo con cuidado, notándose que le cuesta demasiado. Para peinarse le ayudo yo, lo siento en la taza del water y le peino, voy con mucho cuidado de no hacerle daño porque no quiero ver en sus ojos lágrimas a derramar, demasiadas he derramado yo por los dos.

— Ya estás preparado, ahora a desayunar

Tras eso lo cargo en mi espalda y lo llevo al salón, lugar en el que está esperando nuestro desayuno todavía caliente gracias a un hechizo para mantener la temperatura. Lo siento en su silla y empiezo a cortar la tortita para dársela tranquilamente, porque con él he aprendido que las prisas no son buenas a la hora de comer los alimentos. Poco a poco termina la tortita, poco a poco también se va tomando su vaso de leche y yo mi café.

— Ahora a esperar a que llegue el chico del cumpleaños, que seguro saldrá mal de la chimenea y deberé ayudarlo a levantarse


A veces pienso que la guerra del mundo mágico me dejó secuelas y que hablo solo, después cuando mi hijo hace un ruido al yo terminar de hablar me doy cuenta que no, que realmente él me entiende aunque no me pueda contestar.

— ¿Crees que le gustará nuestro regalo?

Mi hijo empieza a reír y a aplaudir cuando termino la pregunta, eso significa que sí le gustará. Pienso que quizás sea algo demasiado personal, cuando lo vi me gustó pero ahora empiezo a tener mis dudas. Imaginarme la cara de Harry horrorizada porque se de cuenta que siento algo por él es demasiado doloroso, porque aunque él sepa que soy homosexual no es lo mismo, no es igual saber que a un hombre le gustan otros hombres que saber que le gustas tú.

Un ruido me saca de mis pensamientos, ese ruido ha sido hecho por Harry. Como le suele pasar la gran mayoría de veces, ha salido de la chimenea de forma incorrecta, cayendo sentado sobre ese trasero que me encantaría que fuera mío. Las risas de mi hijo ante la imagen logran que yo me carcajee suavemente de la torpeza del tonto león valiente, del que daría su vida por salvar la de mi hijo.

— Mostrando su torpeza natural, Potter— digo aproximándome a él para poder ayudarlo a ponerse en pie

— Podrías ayudar a un torpe gryffindor, ¿no te parece?— pregunta con un toque de sarcasmo que lo hace más apetecible, a mis ojos, todavía— Severus, deberías de cuidarme mejor

— No soy tu niñera, Harry— le respondo cogiendo su mano y ayudándole a ponerse de pie— Te recuerdo que eres tú quien es el terapeuta, y encargado, de mi hijo, el otro adulto que pisa esta casa

Mis ojos buscan los suyos, se que es una locura pero quizás pueda encontrar alguna mínima parte de él que sienta algo por mi. Mi rostro está levemente inclinado para abajo, debido a que soy unos centímetros más alto que él, como ya lo era en Hogwarts. Su pelo indomable, sus ojos esmeralda, su nariz pequeña y esa sonrisa cálida e inocente, todo eso es lo que mis ojos observan y lo que mis labios desearían besar. Todo el momento se termina cuando él aparta su mirada de la mía, cuando empieza a sentirse incómodo por mi escrutinio.
— Harry— susurro, intentando que mi voz no falle y deje al descubierto mi corazón enamorado— Felicidades

No dice nada a mi felicitación, lo único que hace es apretar con su mano la mía, la que tengo posada en su hombro. El apretón en mi mano es suficiente para mi, para que mi traicionero podrido corazón lata más deprisa. Nunca antes le había dado importancia a pequeñas cosas como un apretón en la mano o un asentimiento con la cabeza, pero ahora que eso es lo único que tengo y lo que logra acelerar mi respiración.

El momento termina de romperse cuando mi hijo se ríe, cuando escuchamos el inocente sonido de su risa. Separo mi mano de su hombro, rompo el contacto para que él pueda ir a saludar a Lynx. Se que mi pequeño quiere abrazarlo y felicitarlo a su estilo, que me está reclamando que lo deje ir para poder tenerlo él.

— Lynx tiene un pequeño regalo para ti— digo observando como Harry se aproxima a mi hijo— Es de parte de los dos

El silencio que se instaura después de mi frase es casi completo, y no lo es completamente por la risa que brota de los labios de mi pequeño. La imagen de ver a Harry arrodillándose lentamente frente a Lynx es realmente asombrosa. Disfruto de ver como los ojos negros de mi pequeño, heredados de mi, se centran en Harry durante unos segundos, está reconociéndolo como siempre hace. Una vez ya sabe quien es, ya se ha dado cuenta de que ha vuelto, alarga sus brazitos y rodea su cuello. Los brazos de Harry no tardan en rodear, y alzar a Lynx, es una acción que hace diariamente cuando llega por las mañanas, con la que me despido antes de ir al trabajo.

— Me voy a sentir celoso de ti, Potter— susurro con sarcasmo y con una pequeña sonrisa ladeada en los labios

— Yo logro que la gente me quiera, Severus— responde siguiéndome la broma, sin saber la razón que lleva, y besando la frente de Lynx en un gesto de cariño

— Hoy no te tendré en cuenta las impertinencias Harry— contesto— Como regalo de cumpleaños dejaré pasar todas tus formas de buscar pelea, por muy camorristas que sean— termino de decir sin apartar la vista de una imagen tan sumamente familiar, mi hijo abrazado como si su vida dependiera de ello al hombre que desearía fuera su verdadero padre

De nuevo noto como su mirada y la mía se vuelven a encontrar, ésta vez es él quien ha establecido el contacto. No se cuanto tiempo pasa, supongo que escasos segundos, pero de nuevo Harry vuelve a desviar sus ojos verdes de los míos negros sin fondo. Su atención deja de estar puesta en mi para centrarse en Lynx, que sigue abrazado a él como si fuera lo más interesante del mundo. Pienso que si yo estuviera abrazando a mi antiguo alumno tampoco me soltaría de él, que mi hijo puede hacer lo que yo nunca lograré. Harry al conocer tan bien a mi pequeño sabe que cuando se abraza así tarda un tiempo en soltarse, lo sabe porque ya le ha sucedido más veces. Una vez sentado tranquilamente en el sofá empieza a acariciarle la espalda, es un buen método para relajarle y conseguir ser soltado de entre sus brazos. Como veo que la situación está demasiado tranquila decido aprovechar para darle el regalo, para esperar que le guste y no le parezca demasiado personal.

— Será mejor que te de yo el regalo porque Lynx está demasiado feliz con tus atenciones— comento sentándome a su lado en el sofá

En la palma de mi mano tengo su regalo envuelto, ése que deseo que le guste y que intentaré descubrir si lo hace mediante sus movimientos. Mi mirada no deja de inspeccionar cada uno de sus gestos, incluso los más débiles e imperceptibles.

— Si no te gusta lo puedes cambiar por otra cosa— susurro nervioso, deseando que él no lo note

Con cuidado empieza a abrirlo, se nota que está demasiado alterado por como le tiembla la mano. Una horrible idea cruza mi mente, quizás tenga miedo de lo que puede encontrar dentro, a lo mejor piensa que dentro hay algún tipo de veneno. Su mano tiembla todavía más cuando el papel que envuelve la cajita cae al suelo, cuando va a abrirlo y descubrir lo que le he comprado. Noto como traga saliva con dificultad, como su nuez sube y baja costosamente, al abrir la caja y ver lo que hay dentro.

— Nos representa a los tres— digo muy cerca de su oído— El león de gryffindor, la serpiente de slytherin y el lince de la constelación de Lynx

— Es precioso Severus— responde casi sin voz, mostrando lo emocionado que ha quedado— Muchas gracias

Lo único correcto que se me ocurre hacer es asentir con la cabeza, porque besarlo queda descartado antes casi de pensarlo. Lo que yo no me he atrevido a hacer él si lo hace, Harry me abraza y yo intento controlar todos mis sentidos para que no se disparen y creen una situación embarazosa. Lynx queda en medio de nuestros cuerpos, mi hijo es lo que no me hace perder la razón. El instante en que noto como la cabeza de Harry se posa en mi hombro me hace respirar profundamente.

— Será mejor que nos separemos y preparemos a mi pequeño para pasar el día fuera, en la feria que ha comenzado a pocas manzanas de aquí— digo intentando volver a la realidad, a la que él no me abraza

Harry se separa lentamente, como si le costara lo mismo que a mi. A medio camino de la retirada se detiene, se queda mirando ésa asquerosa cicatriz que me recuerda como la serpiente de un loco quiso quitarme la vida. Los ojos verdes de mi antiguo alumno dejan ver lo que le provoca, la repulsión que le causa algo tan sumamente asqueroso.

— Entiendo que te de asco la marca de mi cuello— susurro levantándome del sofá

No le doy tiempo a que diga nada, no quiero escuchar salir de sus labios lo que ya ha salido de los míos. Para intentar que todo vuelva a la normalidad de antes de esa mirada, salgo del salón. Camino hasta la habitación de mi hijo, lugar donde guardo su silla de ruedas. Para un niño como Lynx el caminar unos pasos es casi un milagro, uno que es imposible que suceda durante todo un día fuera de casa.

— Ojalá no existieras— digo casi sin voz maldiciendo a esa silla que arrastro fuera de la habitación

Al llegar a la puerta del salón me detengo, dejo de maldecir a la silla para guardar en mi mente la imagen que tengo delante. Harry besando el pelo de mi hijo, Harry agradeciéndole el regalo que ahora está toqueteando con sus pequeñas manos. No se que estará pensando mi antiguo alumno, lo único que se es lo que estoy pensando yo, en el deseo de poder parar el tiempo por toda la eternidad. Al ver que si no intervengo la escena no se romperá, y por lo tanto no saldremos de casa, decido hablar mostrando mi faceta más slytherin

— Cuando salgas de tus mundos imaginarios, en los que todos besan el suelo que pisas, podemos irnos a celebrar tu cumpleaños

Me acerco con la silla hasta el sofá, la dejo frente a Harry que coloca a Lynx. Una vez sentado a mi hijo deja que yo me coloque donde estaba él, que sea yo quien asegure a mi pequeño en la silla con el cinturón de seguridad que tiene. En cada movimiento que hago noto la mirada ojiverde, si no fuera porque fui un doble espía mostraría el nerviosismo que empieza a nacer en mi cuerpo.

— Pues ahora que este pequeñajo ya está bien sentadito en su silla podemos irnos a la feria, a disfrutar de mi cumpleaños— escucho decir a Harry justo cuando termino de asegurar a Lynx en la silla

Tranquilamente emprendemos el camino de salida, el que nos lleva a disfrutar los tres juntos del cumpleaños del jovencito que llevo al lado. Al salir cierro la puerta con llave, la puerta de la casa que compré tras vender la de la calle de las Hilanderas. Al nacer Lynx decidí que no podía criarlo en un lugar tan sumamente odioso, un lugar en el que habían estado mortífagos como la desequilibrada de Bellatrix, la frágil Narcissa al pedir que intercediera por Draco, o el vomitivo de Pettigrew. Decido olvidarme de esos pensamientos cuando empezamos a caminar, cuando noto como el cálido clima acaricia mi piel.

Intento centrar la atención en mi hijo, en controlar a Lynx, pero el sentir de vez en cuando las miradas poco disimuladas de Harry me hace complicada la tarea. No comprendo porque el tonto gryffindor me está mirando cuando piensa que no me doy cuenta, parece que no se fíe de mi capacidad para ocuparme de mi hijo. Dejo de pensar en las miradas furtivas de Harry cuando Lynx empieza a mover sus manos, las mueve en dirección al quiosco en el que siempre le regalan cromos de Bob Esponja.

— Creo que será mejor entrar para que el señor Priest le regale unos cromos— comenta divertido mi antiguo alumno, al ver como mi pequeño está moviendo sus manos de forma frenética

No tengo ningunas ganas de entrar en el pequeño quiosco, aunque se que va a ser imposible no hacerlo porque sino mi hijo se tirará de la silla. Con mucho cuidado giro, y entro acompañado de Harry al pequeño lugar, donde el quiosquero ya nos está sonriendo. El señor Priest se aproxima a nosotros con unos cromos de Bob Esponja ya preparados en la mano, ya listos para ser dados a mi entusiasmado hijo.

— Hoy estás muy guapo Lynx, parece que tu padre y Harry te llevan a disfrutar del magnífico día que hace— comenta el hombre despeinando a mi pequeño

— Vamos a celebrar mi cumpleaños a la feria, y Lynx va a pasárselo en grande— responde Harry de forma cálida, con una sonrisa— Y ahora, después de que este pequeño lo haya saludado, nosotros nos vamos

Parece que esa explicación es suficiente para él por la sonrisa que nos ofrece. Cuando ya estamos girando para salir, veo como le da una revista a Harry, la ESPN de deportes. Mi ceño se frunce al notar como al antiguo gryffindor le siguen encantado los deportes, sin hacer distinción entre si son muggles o mágicos.

— Gracias— contesta Harry educadamente moviendo la revista

Una vez en la calle seguimos caminando, recorremos las escasas manzanas que quedan hasta la feria en silencio. Cada metro que recorremos escuchamos con más claridad las diversas músicas que hay en el ambiente, las voces de la gente, los ruidos de las atracciones y los chirridos de los puestos ambulantes de comida. Además del ruido también empiezo a captar diversos olores: cosas azucaradas y saladas, además de olor a comidas fritas.

— Va a ser un cumpleaños genial, Severus— dice entusiasmado el chico por el que mi corazón ha vuelto a latir— De pequeño mis tíos nunca me llevaron a ninguna feria, nada de nubes de azúcar o olor a perritos calientes en el ambiente

— No hace falta que le diga que yo tampoco había pisado jamás un lugar así, y menos rodeado de muggles— respondo susurrando la última palabra de forma seria, porque aunque no los odie tampoco me gustan demasiado

El paseo por la feria es complicado, la gran cantidad de gente que hay dificulta que pueda mover la silla de mi hijo. Mi paciencia empieza a agotarse, en mi mente empiezo a contar Voldemorts aniquilados, y mutilados, para no hechizar a la marea de muggles que nos rodea. En un punto del trayecto pierdo de vista a Harry, solamente es por unos instantes hasta que me doy cuenta que se ha desviado, que se dirige a la zona de las tómbolas y juegos diversos.

— Voy a conseguirle un peluche a Lynx con la escopeta— me informa Harry mientras se dirige con paso decidido al puesto donde conseguirá un peluche para mi hijo

Observo toda la situación desde unos metros más atrás, sin perder ni un solo instante de lo que ocurre. Harry le da 5 libras al tendero, por ese dinero puede disparar 10 balines. Mientras abre la escopeta para colocar el balín pasea su mirada por los peluches que hay, noto como sus ojos verdes se detienen un momento más de lo normal cuando llega al peluche de Bob Esponja y de ese cabezón de Pocoyó. Pensar en que alguien como yo, que ha hecho las atrocidades máximas, pueda ver semejantes dibujos parece una utopía aunque por mi hijo hago eso o lo que haga falta.

— Parece que tiene buena puntería, Potter— susurro en el oído de Harry al comprobar como en su cuarto tiro consigue el peluche de Pocoyó

La proximidad de mi presencia parece que lo descentra en los siguientes tiros, ni una de las siguientes cinco balas llega a dar en el blanco. En la décima, la que es la última, noto como Harry desprende de su interior magia y como la utiliza para que la bala de en el blanco. Una sonrisa ladeada se instaura en mis labios durante un instante, el legal gryffindor ha hecho trampas como una vil serpiente, trampas para conseguir un peluche de Bob Esponja, lo nunca visto.

— Aquí tiene sus dos peluches joven— le dice el tendero a Harry ofreciéndole al Pocoyó y Bob Esponja que ha ganado

Una vez con los peluches en sus manos, uno en cada, se gira y se acuclilla frente a mi hijo que está palmeando feliz.

— Te regalo a Bob Esponja y a Pocoyó, pero solo si los cuidas bien— explica con una gran sonrisa porque sabe tan bien como yo que no los romperá pero si que terminarán cubiertos de su saliva

Emprendemos el camino de nuevo y pasamos de las tómbolas al espacio de las atracciones, lugar donde hay una especie de coches muggles, unas barcas pequeñas que parece que se vayan a caer de viejas, una cosa redonda que debe dejar más confundido que un buen Confundus ejecutado, y lo más patético una especie de tren con un pobre desgraciado al que han vestido de esperpento para hacerlo pasar por brujo. La imagen general es demasiado decadente, estos aparatos serían apreciados por los pobretones de los Weasley y despreciados por los ricachones Malfoy.

— Si Salazar Slytherin levantara la cabeza y viera lo que estoy apunto de hacer, seguro que volvía al infierno en el que estaba descansando por toda la eternidad— escupo con asco al saber que voy a tener que subirme en esas cosas, que lo voy a hacer para ver feliz a Harry y a mi hijo

— No es para tanto Severus, ya verás como lo pasamos bien— comenta Harry tocando mi espalda en un gesto de amigos, ÚNICAMENTE de amigos —Además, piensa que no lo haces solo por Lynx sino también por mi, porque hoy es mi cumpleaños y merezco pasarlo bien contigo, no solo con tu hijo

Sentir de nuevo esa mano me hace perder la cabeza, hace que no logre conseguir pensar lo que voy a decir y que después quiera pegarme cabezazos por idiota, porque parezco un imbécil gryffindor.

— Está bien Harry, por mi pequeño y por ti aguantaré el subirme a atracciones muggles— contesto muy tenso porque al terminar de decir la frase me he dado cuenta lo que acabo de decir, acabo de aceptar que por ÉL aceptaría cualquier cosa

Resignado, a que tengo estupidez transitoria por la cercanía de Harry, acepto subirme a lo que él quiera. Primero vamos a esas barcas que logran arrancar de mi una mueca de asco, seguro que no aguantan nuestro peso y se desprenden cuando nos subamos. Antes de empezar el balanceo sitúo bien a Lynx, a mi lado para que esté seguro. El balanceo empieza, ambos estiramos de la cuerda cuando nos toca, puedo notar como cuando le toca a Harry sus bíceps se tensan y demuestra que ya no es un niño enclenque.

— Mañana voy a tener los brazos que no me voy a poder ni mover, me tendrás que dar la baja— bromea Harry al bajar de las endiabladas barcas

— Ni lo sueñes, Potter— le contesto con una sonrisa al estilo slytherin— No pienso concederte ni medio día de baja, menos aun porque ha sido idea tuya la de subirse en esas barcas del demonio

— Si tú te has divertido tanto como yo, no lo niegues— responde de una forma peculiar, una forma en que me hace fruncir el ceño porque no se si se ha dado cuenta de la forma en que lo he devorado con los ojos

Al no responder nada, Harry decide que tenemos que ir a ese tren de la “bruja”. Empujando la silla de Lynx compro tres entradas y subimos rodeados de niños. El tren se pone en marcha, mi mente lo único que puede pensar es en que tengo a Harry a mi lado, a que mi pierna roza la suya y en que nuestros hombros están pegados. Lo único bueno de tener que soportar algo así es la cercanía de mi antiguo alumno y la ilusión en los ojos de mi pequeño. El momento en que el pobre desgraciado, que tiene que vestirse de “bruja” para cobrar un sueldo, se descuelga de una ventana secreta es de vergüenza ajena. Nunca en mi vida había pensado que algo pudiera superar la escena de Longbottom llorando por la muerte de su torpe rana, pero ahora se que si hay algo más penoso. Salgo de mis pensamientos al escuchar los gritos agudos de dos niñas, a las que les han estirado del pelo y están llorando del miedo. Mi vena slytherin fluye sin que lo pueda evitar, es demasiada estupidez como para no demostrar que los verdaderos magos si existen. Cierro los ojos y me concentro, hago que la magia fluya a través de mi cuerpo y que se dirija a los muñecos de cartón que adornan el lugar. Mi sonrisa se hace más amplia cuando escucho los gritos de la gente, ya no solo de las dos niñas asustadizas, parece que ahora todos van a necesitar terapia para asumir que han visto muñecos levitar.

— Eso no se hace— escucho la voz de Harry contra mi oído, turbándome hasta el extremo aunque él no lo sepa

— No se de que me estás hablando, Harry— intento contestar de la forma más inocente posible, todo para evitar que se de cuenta del estado en que su cercanía me deja

— Te estaba hablando del tiempo por supuesto— responde con sorna, tan al estilo slytherin que logra arrancarme una sincera sonrisa

La respuesta que tengo preparada no puedo darla, y no puedo hacerlo porque el dueño del vergonzoso tren nos evacua. El miedo en la mirada de los muggles me hace sonreír, se que soy demasiado oscuro y que no debería de alegrarme por el mal ajeno. Una vez fuera del tren, y con Lynx ya sentado de nuevo en su silla, Harry propone ir a comer

— Creo que deberíamos ir a comer ya

— Tienes razón, ya hace su típico gesto de hambre— respondo mirando como mi pequeño hace el gesto con las manos para decir “tengo hambre”

Con un nuevo objetivo, el de encontrar algo para comer, emprendemos la marcha rodeados de gente. Cinco minutos más tarde el problema que tenemos es buscar sitio para comer lo que hemos comprado, lo que Harry lleva en sus manos y que son perritos calientes, patatas fritas y un algodón de azúcar para mi pequeño. Al final, al no encontrar ni un lugar libre, terminamos sentándonos en la hierba de unos pequeños jardines que rodean la feria.

El cálido clima del día londinense, demasiado para alguien como yo que adora las heladas mazmorras, me hace suspirar. Mi mirada se posa en Harry, quien parece encantado por el calor y por el tacto de la hierba contra las palmas de sus manos. Mi mente vuelve a la cordura cuando me doy cuenta de que estoy pensando como sería ser tocado por ésas manos, cuando pienso que como no cambie el camino de mis pensamientos voy a empezar a tener algo embarazoso creciendo entre las piernas. El mejor remedio para dejar de fantasear como si tuviera 15 años es preparar a Lynx para comer, a pesar de que Harry se me adelanta y me pasa el babero de uno de los bolsillos de la silla de ruedas, en el cual mete su revista ESPN.

— Toma

— Harry— digo al coger el babero que me ofrece— Siento que en tu cumpleaños te tenga trabajando también— susurro de forma sincera, sabiendo que para mi él no es un empleado pero que para él, yo si soy su jefe

— Cuidar de Lynx no es ningún trabajo para mi Severus, y además hoy estoy compartiendo mis 26, recién estrenados años, con un amigo— contesta con una sonrisa que calienta mi frío corazón, ése que pertenece solamente a un antiguo mortífago

Para evitar que la emoción me convierta, aun más, en un estúpido gryffindor enamorado empiezo a dar de comer a Lynx. Mi hijo sentado sobre mis rodillas, yo intentándole que muerda un poco de su perrito caliente rebosante de ketchup y mostaza. El resultado de dar de comer a mi pequeño es que él termina con los mofletes, la barbilla y la nariz manchadas, y que mis dedos están repletos de mostaza y ketchup. La estampa que debemos ofrecer tiene que ser peculiar por la forma en que se está riendo Harry, quien parece que no puede parar de carcajearse.

— No es gracioso, Potter— gruño intentando que mi hijo de otro mordisco al perrito caliente, el que está a punto de terminar— Sabes perfectamente lo que cuesta que coma

— El verte así es lo gracioso, con ketchup y mostaza por tus manos mientras tienes a tu hijo sentado en tus piernas— empieza a decir— Tienes que admitir que si algún mago te viera ahora se desmayaría, el serio y odioso profesor Snape es como los demás mortales

— Todos tenemos un lado oculto Harry, ¿cuál es el tuyo?— pregunto interesado e intrigado, deseando que su lado oculto sea el de atarme a una cama y hacerme llegar al éxtasis

Espero a que conteste, a que ese tonto e inocente león responda algo. Pasan unos segundos y no dice ni media palabra, mi mirada negra no deja de mirarlo y estudiarlo. Las mejillas de Harry se pintan de un color rojo incandescente, uno que no tiene nada que envidiarle al pelirrojo del pelo del clan Weasley. Al observar el enrojecimiento de sus mejillas me doy cuenta que está todavía más apetecible que normalmente, y también que desearía matar a la mujer que logra conseguir ponerlo en ese estado. Mi mente vuela a mi antigua alumna Hermione Granger, la chica más pesada y sabelotodo que he conocido jamás, también la más valiente y que más quiere a Harry y ama a Draco, la que espero que no sea el deseo oculto de mi ojiverde. Alzo mi ceja para intentar comprender el porque del rubor que lo ha embargado de repente, aunque como no voy a ser capaz de preguntárselo le pregunto que le ha pasado en la mano que lleva vendada.

— ¿Y que te ha pasado en la mano?

— Un incidente en la ducha— responde sin aportar nada más, logrando que en mi mente se deje llevar durante unos instantes

— Siempre has sido un descerebrado gryffindor— le contesto mordiendo mi perrito caliente, para evitar preguntarle nada más

El silencio se instaura entre los dos, ambos comemos sin dirigirnos ni una sola palabra. Cuando Harry termina su perrito caliente, ése que come de una forma que yo veo tan sensual aunque solamente sea a mis ojos, se tumba sobre la hierba con los ojos cerrados. Lynx empieza a hacer ruiditos y a extender las manos en dirección a Harry, parece que mi hijo desea ir a tumbarse con él. Con mucho cuidado dejo que mi pequeño camine hasta donde está el salvador del mundo mágico, el que al escuchar los ruidos ya tiene los ojos abiertos. Al llegar a su destino, Harry lo tumba a su lado y vuelve a cerrar los ojos. Pocos segundos después, sin darme tiempo de gozar de la imagen que tengo delante, la mano del cuidador de mi pequeño empieza a buscar algo por el suelo. Mi hábil, y portentosa, mente llega a la conclusión en pocos segundos de que lo que quiere es el algodón de azúcar. Mis manos hacen lo que mi corazón ordena, no lo que indica mi mente, mis manos cogen ese algodón rosa y lo colocan entre la mano de Harry que está tanteando el terreno.

— Creo que estás buscando esto

Al terminar la frase retiro mi mano, porque se que sino lo hiciera empezaría a acariciarle las yemas de sus dedos, esos que eran realmente torpes haciendo pociones pero que seguramente serán excelentes dando placer.

— Severus

— ¿Qué quieres Harry?— pregunto mirando como termina de darle algodón de azúcar a mi hijo, aunque él también ha comido parte

— Creo que deberíamos volver a casa, Lynx parece cansado— comenta tranquilamente

Mis ojos negros se posan en la figura de mi hijo, el que noto que como bien dice Harry está cansado. Cuando quiero cogerlo para sentarlo en la silla me veo impedido, Harry está evitando que yo sobreproteja a Lynx. Después de unos instantes me doy por vencido y cedo a la voluntad de mi antiguo alumno, a dejar que mi pequeño camine y no vaya sentado. Emprendemos la vuelta a casa con mi persona empujando una silla de ruedas únicamente con los peluches de Bob Esponja y Pocoyó, y con el hombre que deseo agarrando la mano de mi hijo.

— Harry— lo llamo— ¿estás bien?— pregunto preocupado por como en pocos minutos su rostro ha pasado de reflejar felicidad a tristeza

— Sí, no es nada— contesta suavemente, intentándose convencer más a él mismo que a mi

Seguimos caminando lentamente, a un par de manzanas de llegar a casa Harry tiene que cargar en brazos a Lynx. Mi hijo, el tesoro más grande que he tenido y que tendré jamás, está completamente extenuado por todo lo que ha caminado y disfrutado.

— Voy a acostarlo en la cama— me informa Harry al llegar a casa y ver que Lynx se está quedando dormido entre sus brazos

Al llegar a casa me dirijo al salón, a sentarme en el sofá y esperar que Harry vuelva de la habitación de mi hijo. Durante el tiempo que disfruto de soledad recuerdo como es el tacto de la mano de Harry, como sus ojos verdes son más potentes que cualquier Imperius posible, y como su sonrisa junto a su sonrojo acelera de una forma casi irreal mi corazón. Pensando en él, en todas las sensaciones que me provoca, es como me encuentra el mocoso de 26 años que en un año me ha enamorado.

— Ha sido un día genial, el cumpleaños perfecto— dice sentándose a mi lado en el sofá, cansado

— Se nota que tienes pocos amigos, Potter— comento un tono slytherin muy estudiado— Al final resultarás ser tan antisocial como el ogro de las mazmorras— bromeo con sarcasmo

La leve risa de Harry hace que me de cuenta que él ha comprendido la broma, que poco a poco va entendiendo el complicado carácter que tengo.

— ¿El ogro de las mazmorras puede ponerme el colgante que me ha regalado?— me pregunta mientras saca de su bolsillo la cajita con el colgante que le he comprado por su cumpleaños

Con cuidado cojo el colgante que le he regalado, lo cojo intentando no rozar sus manos con las mías. Harry, al ver como yo me dispongo a ponerle mi regalo, se gira y yo puedo disfrutar de esa deseable espalda que está cubierta por una camisa plateada. Aproximo mi rostro a su cuello, el que tiene un aspecto tan deseable para ser besado, y aspiro su adictivo olor. Mis manos rozan levemente el besable cuello, ése que estoy deseando succionar y lamer. Tengo que evitar excitarme, tengo que evitar sacar la lengua y lamer lentamente ese cuello, tengo que terminar de abrocharle el colgante y alejarme lo antes posible. Parece que Harry tiene la mente demasiado lejos de mi casa, no se en lo que estará pensando pero lo que si tengo claro es que no es en mi. De un momento a otro me encuentro con los ojos esmeraldas a escasos centímetros, y con sus labios pecadores demasiado cerca como para poder pensar con claridad. La cordura desaparece y actúa mi deseo, el que me quema por dentro cuando cada vez que lo tengo cerca.

— Harry... — susurro contra sus labios extasiado

Al escuchar mi susurro, casi gemido, él abre los labios de forma mecánica y hace que su lengua entre en contacto con la mía. Las olas de placer que noto al sentir mi lengua jugar con la de Harry son enormes, demasiado para un simple beso y nada más. Una de mis expertas manos en pociones decide que quiere acariciar el cuello del hombre que deseo, el que me está haciendo perder la razón de una forma tan brutal. Acariciando su cuello, y jugando con su lengua, me olvido de todo lo que me rodea, mi mente solamente está pendiente de disfrutar el máximo tiempo posible de algo que llevo deseando tantos meses. La magia del momento llega a su fin cuando él se separa, cuando toma consciencia de que se está besando con el bastardo que fue su profesor de pociones.

— Lo siento, Harry— me disculpo deseando que mis profundas ansias por probar sus labios no estropeen la amistad que tenemos— Comprendo que te de asco besarte con un hombre como yo

— Besarte solo ha mejorado mi cumpleaños— susurra— puedo garantizarte que lo que he sentido es algo muy diferente al asco

Mi mente intenta encontrarle sentido a las palabras que acabo de escuchar pero no lo logra, es demasiado incoherente para que realmente él esté admitiendo que le ha gustado besarme. Solamente acepto que mi mente no me está engañando, que realmente a él le ha gustado el beso, cuando se vuelve a sentar a mi lado y vuelve a juntar sus labios con los míos.

— Harry... — gimo cuando él deja de jugar con mi lengua y se dedica a morderme suavemente el labio, jugando de una forma terriblemente excitante

Mi gemido parece haberlo excitado, parece que sus manos han tomado vida propia y que desean tocar sin ningún pudor mi cuello, mis hombros y mi espalda. Si él toca, yo también voy a hacerlo. Mis manos no dudan en subir por su torso y dirigirse al primer botón de su camisa, ése que empiezo a desabrochar sin ninguna prisa, a pesar de que mi interior esté en plena incandescencia.

— Sev... — suspira placenteramente cuando se da cuenta que ya no está sentado en el sofá, que ahora está tumbado y que yo estoy posicionado encima

Ese placentero suspiro me da coraje para continuar con lo que llevo tanto tiempo deseando, con una exploración del cuerpo que estoy deseando venerar centímetro a centímetro. Mis labios empiezan a besar tranquilamente su cuello, ése que no puedo evitar lamer y succionar. Los gemidos que empiezan a salir de los labios de Harry logran que tenga una dolorosa erección entre mis piernas, una que crece todavía más cuando mis labios dejan su cuello y empiezan a besar sus pectorales.

— ¿Y esto?— pregunto al ver dos cicatrices cruzando su pectoral derecho

— Heridas de guerra— responde besando suavemente mis labios para después acariciarse sus dos cicatrices

Al terminar de tocarse esas dos heridas, de la guerra que ambos vivimos, yo sigo con mi tarea de besar, y lamer, sus pectorales y su torso entero. La piel de Harry es suave y tersa, se nota que es un joven de 26 años y no un viejo de 46 como yo. Mis labios se acaban de volver adictos a la piel del salvador del mundo mágico, a esa piel que se acaba de convertir en mi perdición.

— Hazme el amor, Severus— me pide Harry entre gemidos

Semejante petición, semejantes palabras, me hacen perder la cabeza. Demasiados meses soñando con poder sentirlo mío, demasiado tiempo manteniendo mis manos lejos de su cuerpo. Después de su explicita petición, mis manos y mis labios se centran en sus pezones. La intención de estimular mediante caricias uno, y lamidas junto con mordiscos el otro, es la que tengo desde el principio para lograr que él goce. Cuando mi instinto me dice que los pezones ya están lo bastante sensibles bajo mi mano hasta sus pantalones. Al llegar a la cremallera, y notar su erección tan dura como la mía, mi mente todavía entra en un estado de más excitación.

— Harry... — gimo al notar como él de un momento a otro pasa de estar tumbado en el sofá a estar sentado sobre mi

Tener a mi mayor deseo encima, a horcajadas, pone aun más dura mi erección. El contacto con la piel de Harry es exquisito, mi pecho rozándose contra el suyo desnudo y nuestras bocas jugando a encontrarse. Los dos estamos disfrutando, jugando a excitarnos antes de que llegue el momento de pasar a poseernos y sentirnos uno.

— Por Merlín— gime ahora mi compañero de diversión, tras la quinta fricción entre nuestras erecciones cubiertas por nuestros pantalones y nuestros boxers

Mis manos, ansiosas por darle placer, comienzan acariciar su erección con más ritmo. Una sonrisa aparece en mis labios al notar como las manos de Harry desabrochan mi camisa, a pesar de que los tengo ocupados en un beso con mucha lengua; la sonrisa desaparece en el momento en que él acaricia mi cicatriz, la del parto de mi hijo

— De cuando...nació...Lynx— logro decir, temblando tras romper el beso

Mis ojos negros evalúan la expresión de los verdes esmeraldas, en los que espero ver asco o pena, pero en los que solamente veo morbosa fascinación. Al notar ese sentimiento pienso que realmente la última batalla le tuvo que dejar alguna secuela, no es normal que me vea apetecible.

— Eres perfecto...Severus— susurra acariciando todas las cicatrices con adoración, casi reverenciándolas

Volviendo a besarlo es la única forma con la que logro expresar lo que siento por él, agradeciéndole que no se haya apartado con asco al ver mi lastimoso cuerpo. Sus labios están encantados por el contacto que he vuelto a iniciar, como también lo están sus manos que están conociendo todo mi torso. Ambos estamos haciendo una tarea de reconocimiento del otro, deseando que ésta sea la primera vez de las muchas que vendrán y que nos mostrarán centímetros nuevos de piel. La tarea de reconocimiento termina cuando el llanto de mi pequeño entra en nuestra burbuja de pasión

— Harry... — susurro sin poder pronunciar más palabras, esperando que entienda que ante todo está Lynx

— Ya voy yo— contesta

Lo veo salir del salón intentando abrocharse la cremallera de los pantalones, y sonrío. El pensamiento de que él está así por mi es terriblemente delicioso, un pensamiento que a cualquier slytherin le subiría el ego, esté o no enamorado. Mi sonrisa se evapora al volver a tomar consciencia de que mi hijo está llorando, que a lo mejor se encuentra mal, o tiene hambre.

— ¿Qué te pasa?— pregunto cuando Harry se sienta a mi lado y trae a mi hijo cargado en brazos— ¿Tienes que ir al baño o tienes hambre?— vuelvo a preguntar intentando que él me conteste aunque se que eso no va a ser posible— ¿Te duele algo?

En mi preocupación por no saber que le sucede a Lynx, se lo arrebato de los brazos a Harry. Me levanto y camino unos pasos por el salón con él, intento calmarlo pero no surge efecto. El besar su frente al principio tampoco calma su llanto, uno que me está desgarrando más de lo que lo ha hecho nunca un Cruciatus, pero poco a poco logra erradicarlo. Al calmarlo por completo lo que decido hacer, en un segundo, es llevarlo al baño para darle un baño con agua templada, para que se relaje y duerma tranquilo. Una vez en el cuarto de baño, enciendo la bañera y dejo que corra el agua tibia.

— Será mejor que vayas a hacer algo de cenar mientras yo le doy un relajante baño— le pido a Harry mientras desnudo a mi pequeño

Espero escuchar los pasos alejarse por el pasillo pero lo que escucho es que se aproximan a mi, lo que noto son sus labios suavemente sobre mi cuello. Tras el suave beso se va y yo me quedo durante unos segundos sin moverme, volviendo de nuevo a sentirme como un estúpido gryffindor. Agito la cabeza, para quitarme la sensación de aleteos en el estómago, y meto a Lynx en la ducha. Mi pequeño al notar como su piel empieza a mojarse decide ponerse a palmear el agua, de un momento a otro ha pasado de estar triste a feliz.

— Lynx, ¡compórtate!— pido sonando serio pero se que no dará resultado

En vez de hacerme caso, en vez de dejar de chapotear, hace todo lo contrario y logra empezar a empaparme. En un par de minutos el suelo está lleno de agua, mi ropa está empapada, igual que lo están la piel de mi torso y mi rostro. La situación para alguien que no fuera Severus Prince sería cómica, para una persona como yo comienza a ser exasperante. Cuando ya estoy a punto de dejar salir mi magia decido llamar al cumpleañero, que venga y me ayude.

— Harry, ¿puedes venir?— voceo a la vez que intento no ser de nuevo mojado de forma inmisericorde

Escucho aproximarse pasos acelerados por el pasillo, seguramente que mi actual acompañante corre como si el señor Oscuro le viniera persiguiendo. El notar la presencia de Harry en el mismo espacio que yo logra que me relaje, que disfrute de ver a mi hijo reír.

— ¿Necesitas ayuda?— pregunta intentando aguantar una carcajada

— ¿Has llegado a ese punto tú solo?— le respondo con sarcasmo y sorna, a la vez que me paso una mano mojada por mi empapada cara

No contesta nada, lo que hace es aproximarse con una toalla y secar a Lynx entre sus brazos. Él también se moja al cargar con mi hijo aunque parece que no le importa en absoluto. Sin decir ni una palabra sale del baño, se lleva a mi hijo a su habitación para ponerle el pijama. Decido que yo también voy a ponerme cómodo, que voy a secarme y a arreglar la inundación que ha creado mi pequeño.

Con un simple hechizo no verbal logro que no haya agua, que todo el baño esté seco, y con otro simple hechizo me quedo desnudo. Estoy tentado a salir así del cuarto de baño, pero mi mente racional me dice que espere hasta que mi hijo esté en los brazos de Morfeo para mostrarme así ante Harry. Una vez vestido, únicamente, con mi albornoz me dirijo a la cocina, a ver que es lo que ha estado preparando para cenar el tonto león que me vuelve loco.

— Siempre tan olvidadizo, Potter— susurro para mi mismo, pensando un segundo en cuando era su profesor y él jamás le logró que le saliera bien una poción

Negando con la cabeza me aproximo al fuego, al lugar donde está una olla con macarrones. Con tranquilidad empiezo a moverlos de la misma forma que muevo la salsa que ha preparado Harry. Cocinar es algo que me relaja, que ejerce sobre mi el mismo efecto que el elaborar una poción. Tan centrado estoy en remover los macarrones, casi hechos, que no me doy cuenta de que estoy siendo observado.

— ¿La cocina también es un sutil arte como lo es la sutil ciencia de hacer pociones?— cuestiona de una forma muy slytherin, recordando las palabras que dije en su primera clase de pociones— Todavía no recuerdo que aprendiera a embotellar la fama, preparar la gloria o hasta detener la muerte

— Siempre fuiste un zoquete para las pociones, imposible lograr que en tu cabeza entrara ni una simple poción para el resfriado— le contesto girándome, me gusta mirar sus verdes esmeraldas al hablar con él— Suerte que tenías a Granger para que os hiciera los deberes, a ti y al cenutrio de Weasley

— Suerte que estaba Hermione para pensar por los tres— declara aproximándose de una forma muy sugerente, por lo menos a mis ojos— Para evitar los castigos en las frías y tétricas mazmorras, donde un desgraciado murciélago— susurra parando muy cerca de mi cuerpo, que se está empezando a excitar de nuevo— disfrutaría al comportarse como un sádico conmigo

Empiezo a pensar que este chico no es tan inocente como pensaba, tan puro como siempre me había imaginado a San Potter. El tono en que ha dicho lo que ha dicho, me indica la perversión que puedo ver en su verde mirada, la que está deseando que terminemos lo que no hemos podido terminar en el sofá. Ver como se muerde su labio levemente logra que no pueda abstenerme de rozarlos levemente, de volver a sentirlos. Al romper el roce de nuestros labios, antes de separarme, rozo su nuez con mi pulgar. El roce parece que enciende todavía más a Harry porque se separa como si quemara, como si fuera a evaporarlo. Casi corriendo sale de la cocina, casi huyendo para lograr mantenerse en pie y con mi hijo a la espalda.

— Le atraigo— digo para autoconvencerme— Realmente es raro— me vuelvo a decir con una sonrisa, una inclinación de labios divertida porque el chico se haya fijado en un asesino como yo

Sin demorarme más, levito los platos hasta el salón, en el que está Lynx ya sentado en su silla y Harry de pie con la ropa mojada.

— Será mejor que vayas a quitarte la ropa, estás empapado— le aconsejo, no quiero que ahora se resfríe por mi culpa

Al darme cuenta de lo que acabo de pensar me maldigo mentalmente, me he convertido en una especie de pesada Molly Weasley protectora. Pensar en esa mujer sobreprotectora me hace enfadar, ésa familia que dejó de lado a Harry cuando se rompió la relación que tenía con la menor de la prole. Decido que malgastar un segundo más pensando en esa familia es una perdida de tiempo absoluta, así que camino hasta sentarme en una silla al lado de la de mi hijo para darle de cenar. Al primer intento ya compruebo que no va a ser fácil que vaya a probar bocado, pero necesita alimentarse.

— Parece que no tiene demasiada hambre— escucho decir a Harry mientras noto como se sienta en otra silla

— Por una vez en tu vida creo que tienes razón, Potter— respondo intentando inútilmente que Lynx pruebe bocado— Parece que mi hijo no tiene más hambre, además de que parece que ya tiene sueño

— Será mejor que vayas a acostarlo— aconseja para después besarle la mejilla y la frente

Tras esa demostración de cariño por parte de Harry, cargo a mi pequeño hasta su habitación. Al llegar lo tumbo en la cama y lo arropo, los párpados se le están cerrando y se le terminarán de cerrar del todo si le leo algún cuento. El primero que encuentro es el de Los tres cerditos, un cuento muggle realmente idiota pero que es uno de los que más le gusta a Lynx. Con tranquilidad, sentado a un lado de la cama, empiezo a leérselo. Al cabo de un par de minutos tiene los ojos cerrados, Morfeo ya lo ha acogido en sus brazos para velar su sueño durante unas horas. Mi atención se reparte cuando el olor de Harry aparece en mi señorial nariz, ese olor que me indica que acaba de llegar al mismo cuarto que yo.

— No te pega nada Los tres cerditos— susurra para no despertar a mi hijo

— Me pega mucho más el lobo— comento— ¿verdad, caperucita?— cuestiono con sorna, girándome para mirarlo a los ojos

Me giro de nuevo para mirar a mi pequeño, durmiendo en la cama y pareciendo tan indefenso. Mi mente no me deja estar mucho tiempo distraído, disfrutando de mi hijo, mi mente me recuerda que en la puerta está Harry únicamente con mi bata y deseando que le haga el amor. Acaricio con mucho cuidado el pelo de mi hijo y me levanto de la cama, aproximándome al que va a ser mi acompañante esta noche por primera vez. Cada paso que doy hacia el pasillo, hacía Harry, logra que mis labios se vayan curvando en una sonrisa mayor. Al llegar frente a él, a escasos centímetros de su cuerpo, me detengo y observo como sus manos suben por mi albornoz para terminar rodeando mi cuello. Su agarre me hace aproximarme más a su cuerpo, algo que mis avariciosas manos no pueden dejar pasar.

— No voy a poder contenerme Harry, quiero que lo sepas ahora— susurro, mordiéndole el lóbulo, al ver como él da dos pasos para atrás para intentar tener más intimidad

Espero unos segundos a que me pida que pare, que no siga, pero no lo hace porque él no quiere que haya vuelta atrás. Harry quiere llegar hasta el final, lo desea tanto como yo. Una vez esta realidad se filtra en mi mente, y en mi corazón, lo único que logro hacer es dirigirlo hasta mi habitación de forma suave. Mis labios pasan de morder su lóbulo a besar su cuello, ése que marcaré como mío en otro momento. El recorrido de mis labios baja del excitante cuello al inicio de sus pectorales.

— No quiero que te contengas— responde con una sonrisa encantadora mientras abro la puerta de mi habitación— Detenerte es lo último que deseo en este mundo— vuelve a decir cuando ya estamos dentro

Me encantaría contestarle algo pero el ver su ropa, tirada por el suelo, y mi cama hace que cambie de opinión, que decida arrastrarlo hasta ella y para empezar a disfrutar. Una vez estamos ambos tumbados, frente a frente, las manos del cumpleañero bajan por mi albornoz para buscar su regalo. El cinturón del albornoz es desanudado para dejar al descubierto el cada vez más duro “joystick del placer” que tanto le gustaba lamer al desgraciado padre de Lynx. Mis ojos suben para mirar los de Harry, para comprobar que no se haya asustado y desee parar. Sus brillantes esmeraldas junto con su mano traviesa me indican que no se ha asustado, que lo que le ha provocado ver mi incipiente erección es curiosidad y morbo. El casi imperceptible roce de uno de sus dedos me transmite olas de placer, la presión con dos de sus dedos logra que electricidad me recorra entero, y cuando siento su palma rodeando su ahora juguete, mi cuerpo eleva su temperatura.

— Arriba y abajo— le indico rodeando mi mano sobre la suya— Arriba y abajo, así— repito de forma relajada, intentando controlar mi respiración

El pensamiento de que él me está masturbando, que realmente está haciéndolo y no es un sueño, es sumamente excitante. Demasiados días, semanas y meses, he esperado por estar en esta situación, muchas noches soñando con lo que ésta por fin va a pasar. Mi respiración se empieza a entrecortar cada vez más, cada segundo que pasa y que mi erección se pone más, y más, dura.

— Puedo acostumbrarme a esto, te aseguro que soy mejor que en pociones— dice el muy descarado a la vez que me aprieta el glande y me arranca un profundo, y ronco, gemido

Con semejante acto casi logra que me corra en su mano, en ésa que para las pociones era un desastre pero que creo va a ser una bendición para el sexo. Si no llega a ser porque ha dejado de tocarme tengo claro que me hubiera vaciado vergonzosamente pronto, pero gracias a Merlín que el descarado no ha vuelto a apretármelo otra vez.

— Te voy a enseñar— susurro tumbándolo para que quede mirando al techo, para que pueda adorarlo entero en el día de su cumpleaños

Con mucho cuidado de no rozarlo con mi erección, que está soportando a duras penas llena, me sitúo sobre él. Mis manos vuelan hacia el mismo lugar que han volado las suyas antes, el cinturón de mi bata negra. Al dejar su miembro al descubierto sonrío, tiene una pinta realmente apetitosa. Tan ensimismado me he quedado observando lo que más adelante voy a lamer, y que voy hacer que me penetre, que no me doy cuenta hasta que noto el roce. Al notar mi erección contra la suya no puedo evitar gemir, él tampoco puede evitarlo. Sus manos agarrando las sábanas negras de satén y contorsionando su cuerpo para sentir el mío, la imagen que estoy teniendo el privilegio de observar es completamente memorable.

— Te voy a regalar algo que seguro te va a gustar— le digo una vez me he recuperado del roce de nuestras erecciones, evitando comentarle que a mi también me va a encantar

No pierdo ni un segundo en algo que no sea Harry, en besarlo y en demostrarle lo que le puedo ofrecer. Primero mordisqueo su nuez, lugar clave para empezar lo que terminará mucho más abajo. Una vez ya creo que ha tenido suficiente esa parte de su cuerpo me pongo en marcha para entretenerme con otra, sus dos cicatrices. A la vez que mi boca mima esas dos heridas de guerra, mis manos hacen lo propio con los pezones que preparo para luego estimularlos con mis, ahora, ocupados labios.

— Más...más— pide

— Tendrás más, hoy tendrás todo lo que pidas— le prometo mientras lo inmovilizo

Una vez ya tengo inmovilizado a Harry, evitando que pueda enroscar sus piernas en mis caderas, me dedico a mordisquear de forma alternativa sus dos sensibles pezones. Poco a poco voy deslizando mis labios por su estómago, abandonando los deliciosos pezones para ir en busca de algo mucho más sabroso. Puedo notar cuanta razón llevo al hundir mi nariz en ese pelo moreno que rodea a la dureza de Harry, ésa que me está pidiendo a gritos “cómeme, devórame, lámeme y vacíame”. Mis labios, siempre obedientes empiezan a prodigarle atenciones a semejante obelisco. Primero besos muy suaves, después mordiscos juguetones y finalmente las lamidas junto con las succiones. Mi boca estimula su duro miembro y mis manos juguetean con sus testículos llenos de un esperma que desea salir, de ése líquido blanquecino que en pocos minutos me estará llenando.

— No...voy a aguantar...mucho— consigue decir— Me voy...a...correr

No se va a correr ahora, no hasta que yo opine que es oportuno que suelte su semilla. Para evitarlo presiono su base, con dos dedos de una forma que va a mantenerlo a punto pero sin vaciarse, y beso suavemente su punta. Mis ojos al hacer estas acciones no se separan de los verdes esmeraldas, esos que brillan como nunca antes los había visto.

— Solo te correrás...dentro de mi— logro contestar

No le doy tiempo a que pueda procesar mis palabras porque no pierdo ni un segundo en empalarme, en penetrarme de una sola embestida. El dolor que me atraviesa es enorme, hace demasiado tiempo que nadie me poseía. Tras los primeros momentos el dolor empieza a remitir, el ensalivado miembro de Harry comienza a emitir punzadas de placer. Cuando me veo preparado para seguir abro los ojos, empiezo un vaivén que mi amante sigue al comprobar que estoy bien. Mis rodillas se impulsan en la cama para subir y frenan la bajada al volver a empalarme. Únicamente salgo del delirio que estoy viviendo cuando noto sus manos acariciando la cicatriz de la cesárea de Lynx.

— Arriba...abajo— gimo queriendo que me masturbe

Las manos de Harry abandonan la sábana y se aferran a mi dura erección, la que en un par o tres de sube-baja se vaciará. La capacidad de aprendizaje para masturbarme es realmente satisfactoria, un 9 que espero que en unas pocas veces pueda subir al 10. Vuelvo a empezar con las embestidas, acelerando hasta que Harry se vacía dentro de mi y yo entre los dos, logrando que mi semilla acaricie nuestras manos unidas.

— Incorpórate— pido

Me hace caso y eleva su torso desnudo, además de sudado, hasta que choca contra el mío. Nuestras bocas no pueden evitar chocar y abrirse, ellas dan vía libre a nuestras lenguas para encontrarse y jugar. No hay mejor forma que ésta para haber tenido nuestro primer orgasmo juntos.

— ¿Por qué...?— pregunta imitándome y quitándose la bata, una vez que ya he salido de él y estoy tumbado a su lado

— Porque es tu cumpleaños Harry, porque todavía no estás preparado para ser penetrado aunque creas que si lo estás— respondo sinceramente, mirándolo fijamente a los ojos y agarrando con mi mano el colgante que le he regalado, y que lleva puesto en el cuello— Porque necesitaba sentirte y que tú me sintieras, porque ya tendremos mucho tiempo por delante para que yo pueda poseer tu cuerpo y tu vuelvas a poseer el mío, porque quiero hacer las cosas bien y para eso se necesita más tiempo, porque este ha sido el primer regalo de los muchos que vendrán al pasar los cumpleaños los tres juntos

Al terminar mi leve discurso Harry rompe a llorar como un niño pequeño. Cubrirlo con las sábanas es lo que primero hago, una vez ya estamos los dos bajo las sábanas lo abrazo. Su llanto me estremece, esas lágrimas que está derramando entre mis protectores brazos me encogen el corazón, ése que no es digno de amar a alguien como Harry. Con suaves caricias en su espalda deseo que cesen sus lágrimas, ésas que recorren su rostro y dejan ríos de agua salada por sus masculinas mejillas. Poco a poco logro mi cometido y él se va calmando, Harry se logra serenar y aceptar que desde este mismo instante ya no estará más solo. Desde el momento que me he entregado a él le pertenezco, tanto como le pertenece mi pequeño Lynx, y le pertenecemos de una forma tan incondicional porque a los dos nos ha robado el corazón. Harry Potter me ha hecho en su cumpleaños el mejor regalo: una verdadera familia, mi familia.

THE END
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MensajeTema: Re: Donum ab aeterno (One shot)   Dom Dic 04, 2011 9:49 pm

Es una de las mejores historias que he leido.
Me encantó. El Hurt/Confort es uno de los mejores géneros que hay. Te dejan con ese calorcillo en el pecho y ganas de llorar de la felicidad.
Espero que sigas escribiendo consas tan lindas como estas.

Saludos!
KUre
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Yuki Fer
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MensajeTema: Re: Donum ab aeterno (One shot)   Dom Dic 04, 2011 10:02 pm

mmmm has la parte en que severus toma a harry please.........*o* si lo se soy pervertida pero kayyyyyyyyyyyy seria tan bonitooooooooooooo..>.<...muy bonita la historia..n_n...y dime aki entre dos kien es el desgraciado ke abandono a severus..¬¬...maldito hombre como se a treve a dejar a severus..u_u
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MensajeTema: Re: Donum ab aeterno (One shot)   

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Donum ab aeterno (One shot)
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