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 Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 44. Efectivo subterfugio al estilo Mortífago

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 44. Efectivo subterfugio al estilo Mortífago   Mar Mar 30, 2010 3:28 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 44

Efectivo subterfugio al estilo Mortífago



Severus entró en la habitación donde sabía que se encontraba el Señor Oscuro. Tenía que aclarar su mente, pues había estado pensando demasiado en Harry y sus amigos. En su tránsito hacia los límites de Hogwarts, desde los que podía aparecerse, había estado atento por si veía a Ron en algún punto dentro de los terrenos de la escuela. No había visto señales de él, pero cabía la posibilidad de que se hubiera ocultado más lejos de lo que había hecho su hermana. Sabía que los demás se darían cuenta que el pelirrojo también estaba perdido, y registrarían los terrenos buscándole en cuanto Hagrid llegara con su hermana menor.

Se inclinó ante la criatura de ojos rojos sentada en el centro de la habitación. La reunión era pequeña, apenas un selecto grupo de asistentes. Ninguno portaba mascara.

—A tu servicio, mi Señor —dijo Severus, obediente.

—Severus —expresó Voldemort, pero no continuo.

Se levantó de su silla, caminando alrededor de su maestro de Pociones. El hombre continuo postrado, con la nariz en el piso, esperando lo que vendría, pues era difícil juzgar el humor del hombre con cara de serpiente cuando permanecía en silencio. Se preparó, por si acaso la siguiente palabra que escuchara fuera ‘crucio’. Con su visión periférica, podía ver al Mortífago que había dejado en los arbustos, lo que aseguraba que Voldemort estaba al tanto de lo que había ocurrido en los terrenos de Hogwarts aquella tarde. El hombre no se veía demasiado bien; obviamente, había sido castigado por fallar en la captura, o asesinato, de Potter. Severus sólo podía esperar que su versión de la historia fuera a su favor. En el mejor de los casos, había sido un patético intento de apoderarse de ‘el salvador’, y el Slytherin ni siquiera había sido informado de lo que iba a suceder. Él no podía ser culpado realmente por el fallo, pero cuando Voldemort estaba de malas, no le importaba nada más. Pronto, fue sacado de sus reflexiones por la voz del malvado, que empezó a hablar nuevamente.

>>Ocasionalmente, alguien viene con un plan para capturar a Potter. No siempre son los mejores planes, pero invariablemente escucharé si alguno de mis seguidores hace un esfuerzo adicional por nuestra causa. Después de todo, tengo una mente abierta. De hecho, tengo varios pequeños planes que pueden ser viables. Nunca se sabe cuando alguno de ellos cristalizará —hizo una pausa y ordenó a Severus que se levantara. Éste podía ver que su aprendiz de Pociones estaba presente, lo que habitualmente no era algo bueno. De verdad, odiaba a ese mago, quién una vez había sido uno de sus mejores estudiantes. Tanto potencial desperdiciado en esto.


>>Esta tarde, me sentí muy sorprendido y complacido al ver que uno de los planes funcionaba mejor de lo que había esperado —sacó un pequeño saco del bolsillo de su túnica; unas pequeñas taleguillas de dinero. Entregó una a Malfoy—. Lucius, expresarás mi gratitud a tu hijo, por su ayuda el día de hoy —declaró.

El rubio inclinó la cabeza, agradecido de no tener que continuar pagando por la decisión de su hijo, de ayudar al Señor Oscuro desde una posición exterior. Habían sido cuatro semanas muy largas, soportando la maldición Cruciatus al menos cinco veces por semana, pagando ante su Señor la deuda por la decisión de su hijo; así que se apresuró a encontrar la manera de que su hijo pudiera ser voluntario, en un intento por aplacar al Señor Oscuro.

Pasando la segunda bolsita de galeones al aprendiz de Pociones, Voldemort continuó:

>>Debo admitir que no esperaba que esto funcionara tan bien como lo hizo. Potter podía haberle dado la poción contra el dolor de cabeza a otra persona, o haberla tomado en la seguridad de las protecciones que rodean su casa —mientras Voldemort le premiaba, el joven le sonrió a Severus con suficiencia. Había preparado una poción que funcionaba perfectamente, complaciendo a su Maestro, y había sido premiado con oro. Severus permaneció impasible; el joven tonto no tenía idea. Era práctica común que el Señor Oscuro premiara a sus nuevos seguidores, pues eran individuos muy motivados que atraerían nuevos reclutas, con promesas de poder y riqueza, llevando oro en sus pequeñas manos calientes para probarlo. El chico nunca vería otra knut de su maestro. Severus sabía que la poción no era tan difícil, y el plan no hubiera funcionado si él no hubiera instruido a Harry para que mantuviera la poción todo el tiempo con él.

>>Lo que me decepcionó fue que… —continuó Voldemort—… ¡el segmento menos plausible de este plan no fue la parte que falló! ¿Cómo es posible que cinco Mortífagos se manejaran tan penosamente contra un adolescente?

Severus consideró eso por un momento. ¿Había dicho cinco? Él solo había contado cuatro. ¿Dónde estaba el otro, y por qué no le había visto durante el ataque?

Los seguidores que le rodeaban permanecieron callados durante la diatriba de Voldemort, aunque muchos estaban pensando que el adolescente en cuestión había superado a su Señor en más de una ocasión; no estaban demasiado asombrados por el resultado de esa tarde. La mayoría siguieron callados. Un mago ignorante sintió la necesidad de hablar; el muy tonto.

—Pero, mi Señor, Dumbledore…

Era el mago que había escapado de Hogwarts esa tarde. Fue rápidamente silenciado.

—¡Crucio! —Voldemort mantuvo el maleficio mientras seguía hablando—. Dumbledore puso fuera de combate a uno de los cuatro. Eso deja a las otras tres pobres excusas de magos, siendo superados por Potter. Hmm… —reflexionó—. Potter mató hoy; ya no estamos hablando de un niño.

Eso era quedarse absolutamente corto, si le preguntaban a Severus. Se estaba preguntando cuándo la conversación giraría en su dirección. Voldemort se dio cuenta que todavía estaba lanzando la imperdonable cuando los gritos se detuvieron y el pobre mago comenzó a balbucear. Era discutible si el hombre conservaría su plena función mental a este punto.

>>Severusss —siseó, más sibilante de lo necesario—. ¿Por qué ataste a este patético tonto, dejándole incapaz de ayudar en la lucha contra Potter?

—Mi Señor, él fue lanzado de su escoba y no podía Aparecerse debido a las protecciones de Hogwarts. Potter volaba demasiado alto para ser alcanzado desde el suelo. Sólo los que todavía tenían sus escobas eran capaces de mantener su distancia de Dumbledore, mientras pudieran. Pensé que era la forma de salvar al menos a uno de nosotros sin levantar sospechas. No lancé ningún hechizo a los demás, mi Señor —musitó, la cabeza baja en señal de reverencia. De una forma bastante extraña, esto era verdad, pero no con las intenciones que se esperaban de parte de Severus, el Mortífago. Todavía no estaba seguro de si sería castigado o no.

—¿Es cierto que desarmaste a Potter mientras caía de gran altura? ¿Por qué no permitiste que cayera?

—Los demás nunca hubieran permitido que cayeran lo bastante rápido como para que resultara gravemente dañado. Pero esto… le dolerá un buen tiempo, y yo me excusé diciendo que estaba salvándole. Cuando les dejé, la enfermera estaba buscando sangre para hacerle una transfusión. Te lo aseguro, Potter sufrirá excesivamente esta noche.

—¡Crucio! ¡Yo sufro esta noche! ¡Sufro de decepción por sus fallas! —gritó Voldemort—. Esto, mi querido Severus, es por arriesgar tu posición en Hogwarts. Sabes que te necesito cerca de Dumbledore, y actuaste de manera imprudente, arriesgándote a exponerte ante el viejo tonto —levantó la maldición, para alivio de Severus—. Arrodíllate ante mí, Severus —musitó dulcemente, como si hablara a un amante—. No estoy completamente insatisfecho de tus acciones. Aseguraste la vida de uno de mis seguidores; estoy seguro que, si todavía vive mañana, también apreciará tus esfuerzos.

Ante el rápido cambio de humor, el maestro de Pociones se preguntó si el malvado bastardo sería lo bastante racional. No; el hombre estaba completamente loco.

>>Dado que infligiste cierta cantidad de daño a Potter, y conseguiste enviar a éste de vuelta a mi servicio —pateó al Mortífago que aún yacía a sus pies —, manteniéndole lejos de las manos de Dumbledore, tengo un premio para ti —comenzó a caminar hacia una puerta ubicada a un lado—. No has tenido oportunidad de jugar desde hace algún tiempo, Severusss —siseó con un brillo en los ojos—. Me di cuenta que tienes ciertas incapacidades. Al principio pensé que quizás fueran tus preferencias sexuales las que te mantenían lejos de la diversión, pero no te preocupes. Tú aprendiz me ha asegurado que esto resolverá el problema —le tendió un vial, que Severus tomó en su mano. De algún modo, logró mostrarse agradecido. De pronto, se dio cuenta que, en medio de todo el problema, no había tomado la poción para evitar una erección.

Severus había tenido un mal presentimiento en cuanto escuchó la palabra ‘premio’. Sintió instintos homicidas cuando el Señor Oscuro mencionó sus preferencias sexuales, y a su aprendiz de Pociones le cayó la mandíbula. No todos los días uno descubre que su profesor es gay, ni tiene la oportunidad de ayudar a resolver el problema de impotencia de dicho profesor, preparando una poción que incentive su erección, con un resultado doloroso si la persona que ingiere dicha poción no eyacula en un periodo de tiempo específico.

La pregunta acerca de qué estaba haciendo el quinto Mortífago estaba siendo respondida ahora, mientras el miedo que había estado latiendo en el fondo de la mente de Severus tomaba ahora la delantera. A través de la puerta abierta de la salita lateral, vio a un muy golpeado Ronald Weasley. Éste era su premio. Ron yacía en el piso, con la túnica sucia y rasgada. Tenía múltiples moretones a lo largo de su cuerpo, y una herida en alguna parte de su cabeza, que había hecho que su cabello estuviera cubierto de pegajosa sangre apelmazada. A todo ello se unían las incontables maldiciones que había soportado desde su llegada.

El mago que había estado de guardia en la puerta entró, lo que significaba que iba a ser testigo de la diversión. Con todo lo malo que resultaba tener un testigo tan cerca, era mucho mejor que si hubiera tenido que ejecutarlo en el salón principal, a la vista de todos. Aunque era un grupo pequeño, eso le hubiera dejado sin opciones. También sintió alivio al ver que el hombre que habían dejado de guardia era uno de los más odiosos y prejuiciosos magos que hubiera tenido la desdicha de conocer. Aunque, habitualmente desdeñaba estar en la misma vecindad que ese fanático, era mejor tener a este hombre por testigo —a quién le desagradaría el acto— que a alguien como Lucius, que querría la mejor de las vistas. Ahora, tenía un plan.

Agradeció a su maestro por el premio y se bebió la poción, antes de ponerse la máscara y entrar. Notó que la puerta permaneció apenas ligeramente abierta, dejando que desde fuera se pudiera ver muy poco de la habitación, pero lo bastante como para dejar salir el sonido. El guardia, tal como había esperado, estaba parado contra la pared, los brazos cruzados, y mirando casi a cualquier sitio ‘excepto’ directamente a Severus y su premio.

Su entrada había sido tranquila, y sus túnicas habían girado a su alrededor igual que el viento hace girar las hojas caídas. El hombre sabía cómo hacer una entrada.

—Snape —gruñó Ron, al darse cuenta de quién había entrado en la habitación. Los viejos sentimientos del pasado estaban fuertemente arraigados.

La primera reacción del pelirrojo había sido desconfiar. Para cuando recuperó su sensatez, pensó que quizás el hombre le auxiliaría, pero no iba a hacerlo en frente del Mortífago que había ayudado a convertirle en pulpa, y quién en ese momento estaba estudiando el piso. Severus no dijo una palabra. Sostuvo su varita cerca del rostro de Ron, y luego la elevó, apuntando hacia arriba antes de lanzar un hechizo que ató sus manos y las elevó por encima de su cabeza.

>>¿Qué está haciendo? —preguntó el pelirrojo, deseando que el pánico en su voz no delatara sus emociones como lo hacía.

Con un hechizo casi silencioso, los pantalones de Ron llegaron a las manos de Snape.

>>¡Que mierda! —gritó el muchacho. Severus lanzó los boxers blancos al piso, asegurándose de que cayeran a la vista del ‘testigo’. El mago miraba ahora al piso, con los ojos muy abiertos, haciendo todo lo posible por mantener la vista alejada de la desagradable ejecución de los otros dos hombres.

Ron estaba respirando pesadamente y hacía todo lo posible por mantener la calma. Lentamente, tomó consciencia de que Snape todavía no le había puesto una mano encima, pero estaba en mala condición luego de su tortura previa, y perdería su serenidad rápidamente si la situación empeoraba. Severus sabía que Ron se pondría histérico, y contaba con eso. Murmuró un nuevo hechizo, aterrando al pelirrojo cuando sintió que sus rodillas eran separadas y empujadas contra su pecho, exponiéndole.

>>¡No, no lo hagas! —chilló Ron, el pánico retratado en su rostro—. ¡Ni siquiera lo pienses, bastardo!

Severus se colocó de forma tal que su túnica bloqueaba la mayor parte de la visión, si alguien quisiera observar. Había contado con que Ron voceara su disgusto, y el chico lo estaba haciendo muy bien. Rezaba a cualquier deidad que le estuviera escuchando para que Ron no mencionara a Harry en modo alguno mientras durara esto. Era crítico que nadie oyera nada sobre su relación. La poción estaba funcionando, y él estaba sumamente dolorido. Como las cosas se habían calmado, el observador se atrevió a levantar la vista. Severus estaba abriendo su túnica y desabrochando su pantalón, por lo que el otro apartó rápidamente los ojos.

El aflojar los pantalones había aliviado ligeramente el dolor que estaba sintiendo, pero Severus sabía que tenía poco tiempo. Apuntó su varita entre las piernas de Ron, y lanzó un hechizo con voz apenas perceptible. El pelirrojo gritó al tiempo que el hechizo surtía efecto. Empezó como una picazón, que luego se fue intensificando.

—¿Qué estás haciendo? Qué case de enfermo… ¡OW! ¡—Ron gritaba mientras sus hemorroides se formaban y se inflamaban hasta tres veces su tamaño normal—. ¡Detente! ¡Jodido enfermo! ¡Demonios, aléjate de mí! —continuo gritando y chillando hasta quedarse sin palabras, quedándose con apenas unos gemidos de protesta. Severus redobló el hechizo, intensificando el dolor. Mientras más se quejaba Ron, menos miraba el guardia. El pelirrojo se veía como una completa víctima. Ahora, la sangre de sus hemorroides fluía entre sus piernas.

Cuando el dolor del pene de Severus fue demasiado para él, supo que tendría que liberarse pronto. Se inclinó muy cerca de Ron, lo suficiente como para susurrar a su oído.

—Perdone por esto —pidió, y le dio un puñetazo en la mandíbula, dejándole inconsciente.

El otro hombre, que seguía mirando el piso, levantó brevemente el rostro cuando escuchó el sonido del puño impactando sonoramente. Vio la cabeza de Ron, ahora colgando, y a Severus, que supuestamente embestía contra él. Retiró nuevamente la vista, tan rápido como le fue humanamente posible.

Severus se aseguró de que la túnica continuara bloqueando la vista mientras embestía contra su propia mano, cerrada alrededor de su pene, tratando de liberarse lo antes posible. El dolor comenzó a remitir, al tiempo que se sentía cerca de su terminación. Gruñó mientras se corría, mezclando su semen con la sangre que brotada del pelirrojo. Definitivamente, deseaba estrangular al aprendiz que le había ‘ayudado’ con su ‘problema’.

Notó que Ron comenzaba a despertar, así que una vez más se inclinó sobre él para susurrar a su oído:

>>Voy a encontrar la forma de sacarle de aquí. Sólo trate de resistir —dijo, esperando sonar alentador. No estaba seguro de cómo demonios iba a hacer eso sin dañar su tapadera. Continuó sus movimientos de embestida, por si el guardia andaba cerca.

—Tengo un traslador —susurró Ron.

Severus sabía que en ese momento debía verse francamente asombrado. Ron casi lució complacido con esa reacción, pero era difícil decirlo; podía ser sólo una mueca, pues todavía tenía mucho dolor—. Tienen a Harry aquí, en algún sitio, y no me voy a ir a menos que le lleve conmigo —continuó el pelirrojo, indignado.

Estaba decidido a no dejar a Harry, aunque no estaba seguro de cómo podría pasar a todos los magos oscuros que estaban en su camino, por no mencionar sus fuertes heridas. Severus se sobresaltó por un momento, pensando lo peor, pero reaccionó; él sabía que Harry estaba seguro. Ron estaba engañado al creer que su amigo seguía allí, aunque Severus no estaba seguro del porqué lo creía. Tal vez había sido algo que le habían dicho para agregar angustia mental a su tortura física. Sacudió la cabeza y gruñó varias veces —consciente de que había estado demasiado tranquilo— antes de volver a susurrar al oído del joven.

—Él está en Hogwarts, se lo prometo.

Ron se relajó con alivio. Asintió, antes de mirarle con repentino desagrado, al darse cuenta que su antiguo profesor de Pociones estaba sobre él, embistiendo en su dirección. Esa visión, y el dolor que sentía, fueron demasiado para él y se engrifó. Había comprendido la maniobra previa del profesor, pero estaba demasiado aturdido por la paliza como para soportarlo. Ahora que empezaba a sentirse más alerta, no resistía la vista de Snape embistiendo encima de él.

—¡Maldición, aléjese de mí! —gritó su protesta, aunque sonó muy débil.

—Con placer —replicó, con un tono profundo y sedoso, mientras se levantaba y abotonaba sus pantalones.

Había estado esperando que el habitual dramatismo de Ron hiciera su trabajo, pero nunca soñó que el chico tuviera un traslador. El joven Weasley había soportado golpes, maldiciones, y dolor; incluso una fingida violación, todo por tener la oportunidad de encontrar a su amigo y rescatarle. El Slytherin estaba muy impresionado, pero no lo admitiría ante el muchacho. Mientras se dirigía de regreso a la cámara principal, la pequeña sonrisa en su rostro fue rápidamente enmascarada por su impasibilidad habitual, aunque en realidad no había tratado de ocultarla, consciente de que tenía un papel que jugar. Escuchó cuando el guardia retiró el hechizo de atadura del prisionero antes de disponerse a salir detrás de Severus.

Lucius, quien estaba parado muy cerca, lanzó una mirada a la pequeña habitación mientras Severus salía. Le hubiera gustado tener el honor de tomar al mocoso; perder la oportunidad de quebrar a un Weasley le había decepcionado profundamente.

El Señor Oscuro podía haberlo llamado premio, pero Severus sabía que estaba siendo probado. Estaba forzando a su suerte al fingir la violación, en un esfuerzo por ahorrar al amigo de su pareja la indignidad de tal tortura. Mientras una parte de su mente le estaba recriminando ser tan blando, la otra se daba cuenta que el pelirrojo se hubiera ido con el traslador si él hubiera intentado violarle, y hubiera sido el que cargara con el mochuelo de que el rehén se hubiera escapado de sus manos. Ansiaba averiguar cuándo, y cómo, regresaría el chico a casa. Ron había resultado una sorpresa, y aunque detestaba admitirlo, sabía que tendría que declararlo en voz alta, eventualmente; al menos, ante Harry. Realmente, odiaba dar un elogio.



Harry seguía en la enfermería, frío e inmóvil. Ahora, su estado casi inconsciente se debía más al agotamiento que a las heridas. Antes de sucumbir a la oscuridad, pensó que, para el futuro, sería preferible no enfrentar a los Mortífagos después de una follada realmente fuerte y unas cuantas horas de vuelo.

Su cuerpo había sido colocado en una especie de inactividad, para prevenir que su salud se deteriorara mientras madam Pomfrey continuaba buscando un donante. Su tipo de sangre no era demasiado rara, pero debían asegurarse de que el donante fuera digno de confianza, ya que necesitaban que estuviera muy cerca de un Harry que se encontraba en un estado muy vulnerable.

Mientras Poppy aguardaba a que Albus regresara con el donante, atendió a Ginny Weasley, quién había sido traída por Hagrid minutos antes. Relativamente, tenía pocas heridas, pero estaba en shock y necesitaba que se le mantuviera caliente y se le diera una buena dosis de Poción para Dormir sin Sueños. Ella no había dicho ni una palabra, pero ahora todos estaban conscientes de que Ron había sido secuestrado. Harry había tenido un ataque, mostrando muy claramente su preocupación, luego de que Severus fuera convocado. Albus había posado una cálida mano en su frente, hablando con suavidad, serenándole. Ni siquiera Poppy estaba muy segura de lo que había hecho el anciano, pero Harry se tranquilizó de inmediato y ya no pareció disgustado por lo de su amigo, sumergiéndose en una especie de sopor. Poco después, con Ginny estable y varios profesores registrando el terreno en busca de Ron, la enfermera comenzó su cuidadosa exploración del golpeado y herido joven.

Comenzó cuidadosamente. Sabía que Harry tenía más cortes en su cuerpo, pero también estaba atenta al reloj, consciente de que era mejor terminan su examen en paz, antes que llegaran los Aurores y otros miembros del Ministerio. Molly también estaba siendo alertada, y a Poppy le hubiera gustado poder mantenerla lejos por un rato.

Ella usó magia, agregando delicadeza a sus manos para retirar las tiras de tela de la túnica de quidditch que Harry estaba vistiendo. El hechizo utilizado para que dejara de sangrar había funcionado mayormente, pero el retirar los pedazos de ropa que quedaban había hecho que varias heridas sangraran nuevamente. Con toda su ropa retirada y descartada en un montón sanguinolento, Harry tembló de frío. Todavía era un cálido día de verano, pero con la fuerte pérdida de sangre, sintió frío a pesar del hechizo de calor que le había lanzado la medibruja.

Con un paño húmedo y cálido, la mujer le limpió cuidadosamente los restos de sangre, y retiró todo resto de vidrios. Un hechizo posterior, confirmaría que no había quedado vidrio alguno. Luego de terminar con las extremidades superiores, comenzó con el torso. Ocasionalmente, un parche de sangre seca jalaba de la piel, haciendo que Harry gimiera entre sueños. Poppy frunció el ceño al encontrar un problema. En ese momento, Albus entraba en la habitación, acompañado de un mago al que pidió que se sentara en la oficina de la enfermería por un momento. El hombre hizo una mueca ante la vista del desastre que era Harry Potter, tendido en la cama y lleno de cortes.

—¿Qué sucede, Poppy? —interrogó Albus, al ver el ceño fruncido en el rostro de la bruja. El ceño de ella aumentó, mientras miraba a Harry atentamente, volviendo a secar sus heridas.

—Pensé que esto era sangre, pero no puedo quitarlo —se quejó con frustración.

Albus se acercó, examinando el área, suspirando ante la vista del hombre. Harry ya era un hombre, pero Albus, siendo su guardián, todavía le veía como un niño, tal como hacía con Severus. Le curarían, y en vista del poco tiempo transcurrido, se asegurarían de que no quedara ni una pequeña cicatriz del episodio, pero aún así odiaba ver a Harry en ese estado. Se acercó aún más para ver lo que preocupaba a la mujer. Apuntó su varita, usando un hechizo revelador. Curioso, repitió el hechizo, obteniendo la misma respuesta.

Tomó el paño caliente que le tendía Poppy, y continuó donde ella se había quedado. Sonrió cuando la medibruja suspiró audiblemente.

—Parece ser tinta roja —comentó Albus, tranquilamente, y si alguien le hubiera visto de cerca, hubiera notado que estaba sonriendo.

Poppy, por su parte, no imaginaba lo que podía haber sucedido, y se preguntaba si sería alguna especie de maldición de marca, pero Albus la tranquilizó, negándolo. Una vez que Harry estuvo limpió, ella le cubrió con una cálida manta, ocultando la gran F roja de su abdomen. Podía parecer inexperta, pero quizás hubiera un maleficio líquido, o en espray, que hiciera eso. Albus nunca había escuchado algo así, pero al utilizar un hechizo que mostrara cualquier hechizo mágico que quedara, no se sintió demasiado sorprendido al detectar la firma mágica de Severus Snape.

Poppy no sabía qué hombre había traído el Director, pero estaba feliz de tener un donante que daría a Harry la sangre que tanto necesitaba. Había curado sus múltiples cortes, pero requería hacerle una transfusión antes de poder continuar. Nada que hiciera peligrar su vida, pero todavía le quedaban algunos esguinces, uno de los cuales, muy bien podía ser un hueso roto. No importaba, ella le curaría bastante rápido. Una vez le quitó la inmovilidad, Harry recuperó su coherencia, y miró atentamente al hombre que ocupaba una cama a su lado. No sabía por qué le parecía familiar, y estaba demasiado cansado para pensar mucho en ello.

—No puedo expresar todo lo que aprecio su ayuda de hoy —expresó Albus con sinceridad—. Harry, éste es el señor Finnigan. Señor Finnigan, Harry Potter —el más joven pensó que ahora todo tenía sentido. El hombre era el padre de Seamus; tenían cierto parecido—. Harry —siguió el anciano—. Cuando contactamos a tu antiguo compañero de dormitorio no estaba disponible, pero su padre fue lo suficientemente amable como para ofrecerse voluntario. Tiene el mismo tipo de sangre que su padre, y por tanto, que tú.

—Gracias —logró musitar débilmente el herido, con una cálida sonrisa.

Aunque las cortadas y grandes heridas estaban siendo sanadas, todavía estaba muy golpeado, y lucía apaleado. El señor Finnigan hizo amague de hablar, pero se interrumpió cuando madam Pomfrey se acercó y comenzó a explicarle lo que iba a suceder durante la transfusión. El padre de Seamus era muggle. Llevaba veinte años casado con una bruja y estaba acostumbrado a la magia, pero todavía se fascinaba por lo estaba viendo, pues la medicina muggle era diferente en muchas maneras. La transfusión sanguínea, sin embargo, no era tan diferente del método muggle, con excepción de los hechizos que se utilizaron para prevenir la infección y purificar la sangre antes de que Harry la recibiera. Una vez que el proceso hubo comenzado, Poppy regresó a revisar a Ginny y hablar con Albus.

—Seamus habla muy bien de ti —dijo el señor Finnigan quedamente. Harry abrió los ojos, que no se había dado cuenta de haber cerrado. Sonrió, esperando que el hombre se sintiera cómodo diciendo lo que pensaba. Seamus era un buen amigo—. Eres su héroe —continuó el mayor—. No le gusta lo que la mayoría de la gente piensa de ti. Quiero decir… bien, cuando Seamus empezó la escuela, nos escribió contándonos sobre ti y cuánto le emocionaba el que fueran compañeros de dormitorio; pero, luego, no hablaba de las cosas que te hicieron famoso al principio, sino de tus acciones a través de tu vida, de las cosas que realmente cuentan. No necesito tener magia para saber cuán importante eres para el mundo mágico —hizo una pausa, mientras la confusión se mostraba en sus facciones—. Supongo que puedo ver el porqué él experimentaría. Desearía haber reaccionado mejor cuando leí el artículo del periódico que reseñaba tu relación con mi hijo.

Harry mantuvo su rostro impasible. Sev hubiera estado orgulloso de él, se dijo a sí mismo. Ni remotamente había pensado en el día que Seamus había acudido a su rescate, cuando él había sido expuesto. Aquí, el padre de su amigo estaba pensando que ellos habían sido pareja. Harry no había esperado nada de lo que el hombre acababa de decir. Los chicos —o hombres, de hecho— rara vez compartían sus sentimientos, pero era agradable escuchar sobre esos sentimientos. El señor Finnigan había leído acerca de Seamus en el periódico. Vaya manera de enterarse sobre la sexualidad de su hijo, y ni siquiera era cierto. Recordó el reportaje que había dicho que él estaba devastado por la ruptura. ¡Que vergüenza!

—Lamento que algo tan personal saliera en el periódico. Espero que no ocasionara problemas en casa —se disculpó Harry, sintiéndose terrible por lo que había provocado entre Seamus y sus padres.

El señor Finnigan le había estado mirando a los ojos, pero a la sazón, encontraba fascinante el tubo conectado a su brazo.

—Yo no lo había esperado. Estaba seguro que el diario se refería a otra persona, y se lo dije a Seamus. Él se molestó por mi reacción, cuando le expresé cuán alegre me sentía de que no fuera él. Estaba haciéndome el tonto a mí mismo. ¿Cuántos chicos de un dormitorio de cinco podían ser irlandeses? Me temo que no fui muy comprensivo. Fue una gran pelea —siguió contando con tristeza. Estaba avergonzado de haberse comportado tan mal ante la noticia de que su hijo era gay—. Seamus y yo no hemos estado en los mejores términos, y he querido disculparme con él por mi comportamiento. Supongo que ésa es la razón para venir hoy como voluntario, una especie de oferta de paz. Espero que no te ofendas.

Harry quería decirle que su hijo no era gay, y probablemente se había desquiciado por la reacción de su padre, pero sabía que era mejor meterse en sus propios asuntos. El hombre estaba apenado y deseaba hacerlo bien. Cuando hicieran las paces y superaran sus agravios, Seamus tendría oportunidad de decirle a su padre que no era gay.

—Seamus y yo somos buenos amigos. Estoy seguro que él cederá cuando vea que usted está haciendo un esfuerzo —le consoló.

En ese momento, las puertas se abrieron de golpe y un grupo de magos entró, ocasionando un jaleo. Eran aurores. Al principio, Harry no estuvo seguro de qué estaba pasando, pero echó una mirada entre el caos y reconoció a su mejor amigo. Sintió que algo en su interior se apretaba al verle en tan mal estado. Estaba sangrando, y su maltrato no se veía muy diferente al de él; de hecho, seguramente estaba peor. Además, de él salpicaba un líquido plateado, que parecía ser el motive de discusión de los aurores. Para aumentar la excitación, los señores Weasley irrumpieron en el recinto. Harry se sintió muy aliviado al ver a su amigo. Sentía que se quitaba de encima un peso que no había notado que llevara, y cerró los ojos. No estaba seguro de haber estado conscientemente preocupado por Ron, e intuía que Albus tenía algo que ver con eso. Era demasiado a la vez, y sólo quería volver a dormir, o regresar a la inconsciencia.

Por un momento, Molly ralentizó su marcha ante la vista de Harry en la cama, conectado a otro hombre por un tubo en su brazo. Al ver que al menos estaba siendo atendido, continuó hacia el lugar en que estaba su hijo menor. Albus, demostrando una velocidad impresionante, evitó que ella y su esposo siguieran, así que ambos fueron a ver a Ginny primero, pues todavía no habían empezado a atender a Ron. Las camas de Harry y el señor Finnigan, una al lado de la otra, estaban ubicadas muy cerca de la oficina de madam Ponfrey. Ginny había sido colocada en el otro extremo de la habitación, que era un área más tranquila. Ahora, sus padres estaban sentados a su lado. El señor Weasley se giró para ver la cama de Ron, ubicada frente a la de Harry, pero su vista fue interrumpida por una cortina que puesta alrededor de la cama de Ginny.

—Weasley nos dijo que esto era un mensaje que ÉL estaba enviando a Harry Potter. Él no quiere que se muestre —arguyó uno de los hombres. ‘EL’ significaba Voldemort.

—¡Esto podría contener información valiosa, y debería ser visto por personal apropiado, sin importar la opinión de Weasley acerca de su importancia! —fue la respuesta de otro de los aurores.

Ahora, Harry se daba cuenta que estaban hablando de los pensamientos líquidos que habían brotado de su mejor amigo. Tendrían que verlo rápidamente antes que se secara en la ropa de Ron, o lo perderían completamente. El otro hombre siguió discutiendo, planteando que tenían al Mortífago que estaba vigilando a Ron, quién le había traído con él cuando uso el traslador, y podrían averiguar todo lo que quisieran interrogándole.

Repentinamente, la habitación quedó en silencio. Harry abrió nuevamente los ojos, para ver a qué se debía el silencio del detestable grupo. Tan pronto como levantó los ojos, alguien se acercó presuroso, colocando una cortina alrededor de su cama, obstruyéndole la vista. Su cabeza cayó contra la almohada, con la boca abierta. Apenas había tenido una breve visión de la solución del pensadero, pero fue suficiente para ver a un muy golpeado Ron, tirado en el piso de piedra. Sus piernas estaban abiertas, con sangre brotando de su entrada, mezclada con salpicaduras de semen, bajando por sus piernas. La imagen de su amigo fue momentáneamente bloqueada por un mago alejándose, abotonándose los pantalones.

Jadeó. Reconocía esas manos, de movimientos ágiles y rápidos. Los pasos grandes, felinos, y el giro de la túnica. Era Severus, sin lugar a dudas. A pesar de que casi no podía ver nada de su rostro debido a la máscara, Harry no perdió el hecho de que su pareja tenía una expresión engreída en la cara.

La algarabía había comenzado nuevamente, así que nadie notó cuando Harry vomitó.









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MensajeTema: Re: Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 44. Efectivo subterfugio al estilo Mortífago   Jue Dic 08, 2016 5:38 pm

oh por Dios que capitulo tan intenso, me tenia con los nervios de punta pensé que los descubririan y luego como Ron de verdad no si se estaba actuando o realmente se sentia asi pero lo hizo magnifico yo tambien me siento orgullosa de él, y como logro escapar es una lastima que Harry tuviera que ver ese recuerdo.
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Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 44. Efectivo subterfugio al estilo Mortífago
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