La Mazmorra del Snarry


 
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 Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 43-II. Bastardo malvado como juego, espía como trabajo II

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alisevv

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MensajeTema: Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 43-II. Bastardo malvado como juego, espía como trabajo II   Sáb Mar 13, 2010 6:11 pm


Death eater takes a holiday
Capítulo 43 - II

Bastardo malvado como juego,
espía como trabajo - II



Severus se sentía emocionado por compartir su experiencia con Harry. Reflejaba los sentimientos hacia el hombre que estaba abrezándole estrechamente. Tuvo conciencia de que el joven significaba mucho para él, y que sus sentimientos crecían más cada vez. Podía decir que Harry estaba emocionado; los brazos del Gryffindor rodeaban su cintura con firmeza mientras ascendían suavemente.

—Cuando seas un poco más fuerte, Hagrid probablemente dejará que cabalgues solo —comentó Sev, alzando la voz para que se pudiera escuchar por encima del ruido que hacían las inmensas alas a sus lados. Volaron alrededor de los terrenos, a prudente distancia de cualquier miembro del Sauce Boxeador.

—No creo que me vaya a interesar cabalgar solo —contestó, soplando su cálido aliento contra el fuerte cuello.

—¿Cómo no? Tener esta poderosa criatura debajo de ti, obedeciendo tus órdenes —replicó con convicción.

Harry se acurrucó más cerca.

—Me gusta cabalgar a tu espalda —afirmó, apretando sus muslos.

—¿Por qué? ¿No preferirías tener el control? ¿Decidir dónde ir, cuán lejos, cuán alto?

—No —hizo una pausa—. Disfruto cabalgar sabiendo que no tengo que llevar el mando. Confío en ti —volvió la vista hacia el árbol, ahora pequeño en la distancia—. Si no hubieras girado con bastante rapidez, el Sauce Boxeador podría habernos golpeado —palmeó la enorme anca del caballo volador que tenía el tamaño de un elefante—. Cuando vuelo en mi escoba, no dudo en zambullirme, pues sólo me arriesgo a mí mismo. No quiero ser responsable de la seguridad de otros; al menos, no en mi tiempo libre.

Severus comprendía, y sería más que feliz llevando a Harry a cabalgar cada vez que fuera posible. La pasaron bien, cabalgando y volando, hasta que pudieron ver a Ron y a Ginny a la distancia, en el campo de quidditch, esperando a su amigo. Hagrid les aguardaba en el establo cuando aterrizaron. Estaba alegre al ver que la amistad que ellos dos habían forjado en vacaciones todavía perduraba. El semi gigante habló al Pegaso con palabras tranquilizadoras, dándole como recompensa un cubo de azúcar, y luciendo adecuado al lado del inmenso palomino.

Harry robó un beso a Sev mientras pasaban al lado de un gran árbol que les ocultaba de la vista. Antes de ir a volar con Ron y Ginny, Severus le ayudó a lanzar un fuerte hechizo de almohadón sobre su escoba. El joven sonrió cuando la montó.

—Estoy seguro que pensaré en ti el resto de la tarde —gimió con humor.

El Maestro sonrió y le recordó que sus amigos estaban esperando. El Gryffindor le guiñó el ojo antes de patear el piso. De repente, se sobresaltó cuando la escoba no subió; el objeto vibró violentamente unos segundos hasta que se dio cuenta que Severus aferraba el mango. Era lo mismo que él le había hecho en vacaciones. Revancha.

—Bastardo malvado —se quejó, pero no pudo ocultar la sonrisa—. ¿Apenas puedo volar con mi trasero maltratado y encima quieres que también lo intente con dureza adicional? ¿Por qué no te limitas a maldecir la escoba para que me tire?

En realidad, entre la poción sanadora y el hechizo de almohadón no se sentía muy incómodo, pero disfrutaba bromeando con Severus.

El hombre dejó ir el mango de la escoba y jaló la pechera de la túnica del muchacho para poder susurrar en su oído. Los ojos verdes se abrieron de par en par, y su rostro mostró una expresión de disgusto; Sev estaba seguro de haber resuelto el problema de la dureza de Harry. El Gryffindor balbuceó algo de no ser capaz de volver a mirar a la profesora McGonagall a los ojos y se alejó, mientras escuchaba la calurosa risa de Severus.

La práctica resultó bien para Ginny. Ron no hizo ningún comentario cuando Harry cambió su estilo de vuelo; si notó algo, no lo mencionó. Si uno buscara en un libro de expresiones, feliz ignorancia sería la apropiada para Ron; o eso pensaba Harry. Pero hacia el término de la práctica, su amigo estaba de pésimo humor. Antes de encaminarse a Las Tres Escobas, el joven de ojos verdes envió a Ginny a ver el Pegaso de Hagrid, para así poder hablar con el pelirrojo.

—¿Ron? —comenzó con cautela—. ¿Quieres hablar sobre algo?

—No.

—Pero lo vas a hacer, porque soy tu mejor amigo, y lo hemos prometido —afirmó, recordando el juramento que había hecho con sus dos mejores amigos.

Antes del ataque a Privet Drive, Ron y Harry habían tenido un desacuerdo en el tren de regreso a casa. Había sido por una tontería, y el pelirrojo le había enviado una carta pidiéndole disculpas, pero la lechuza nunca entregó el mensaje. No supieron qué había sucedido con la vieja lechuza de los Weasley. Dado que todo el correo de Harry había sido interceptado durante ese verano, lo más probable era que no hubiera sobrevivido o hubiera sido capturada, o que se hubiera confundido en medio de la batalla. Con la desaparición de Errol, Ron no tenía manera de saber si su amigo había recibido sus disculpas. Se había sentido devastado al saber que Harry había estado a punto de morir justo después de su pelea. Había sido una larga espera para ver si el joven de ojos verdes sobrevivía, y aún más hasta que despertó. Luego de que todo pasó, los tres amigos hicieron un pacto para no volver a separarse en desacuerdo. No siempre había sido práctico, pero Ron no permitió que algo así volviera a suceder. En realidad, no sabían cuándo podría pasar algo malo. Fue en ese momento que el pelirrojo se convirtió en el protector de su amigo.

Ron le miró, luciendo abatido. No quería ofender a Harry con sus preocupaciones.

—Er, ¿puedo preguntarte algo privado? ¿Bien, umm, Snape y tú, um, ya sabes… hoy? —tartamudeó. El otro se mordió el labio y asintió lentamente. El pelirrojo asintió, hundido en sus pensamientos—. ¿Y tú, um… —Ron cerró los ojos y respiró profundamente— …Snapeestuvoarriba?

Harry descifró las palabras de su amigo. No estaba listo para discutir sus posiciones sexuales. No quería que Ron pensara que él nunca dominaba, aunque fuera verdad que no lo había hecho hasta el momento, pues pensaba que su amigo asumiría que Severus no se lo permitiría nunca.

—Él lo hizo hoy —contestó, pensando que era una respuesta honesta, aunque ello pudiera conducir a Ron a conclusiones erróneas—. ¿Por qué tu repentino interés en mi vida sexual?

El otro se veía miserable.

—Perdona por preguntarte algo tan privado como eso. En realidad, no me gusta pensar sobre ese asunto, pero, ¿recuerdas el tipo que tenía en el póster de mi habitación? —preguntó. Harry sonrió; su amigo tenía toneladas de poster en su habitación—. Uno que tenía el cabello rojo y muy corto. Cuando era niño, solía decirle a mis hermanos que quería ser como él. Ellos acostumbraban burlarse de mí por eso, pero nunca explicaron porqué —hizo una pausa, recordando el pasado—. Salían algunas imágenes de él en Quidditch Semanal. De vez en cuando tenía un mal juego, y en esas imágenes él volaba de una manera algo ‘extraña’. El asunto es que nunca logre averiguar por qué Fred bromeaba sobre eso; al menos, hasta que te vi volar hoy —terminó, desalentado.

Finalmente, Harry se dio cuenta de lo que preocupaba a su amigo; Ron había descubierto que uno de sus ídolos de quidditch era gay. Se mordió el labio, evitando con éxito lanzar una carcajada. Recordó una revista que le había mostrado uno de sus ‘amigos con derecho a roce’. Le habían impresionado las imágenes; fotos con movimiento de hombres besándose, entre otras cosas. Había una pequeña sección de la revista que publicaba entrevistas de jugadores gay de quidditch. Recordaba hacer visto el conocido pelirrojo de los poster de Ron en una pose sexy, volando con la túnica abierta. Nunca se lo hubiera dicho a su amigo, no quería desilusionarle. Después de todo, el hombre era un gran atleta, ¿qué más daba que fuera gay? Pobre Ron homófobo, no podía evitar quererle.

—Difícilmente puedes saber nada sobre la vida personal de cualquiera de esos tipos. Te gustan porque son buenos volando, pero eso no significa que te tenga que gustar toda su vida, ¿no? No dejes que eso te fastidie o tus hermanos van a encontrar otro motivo para burlarse de ti.

Las palabras fueron poco consuelo para Ron, pero parecieron bastar de momento. Harry simplemente se sentía aliviado de que todo el asunto no hubiera estado relacionado con él, personalmente. De verdad deseaba que su amigo estuviera bien con sus elecciones. Era bastante difícil para el pelirrojo aceptar que él se había enamorado de Snape.

Cuando estaban llegando a Las Tres Escobas, Harry y Ron sujetaron la túnica de Ginny casi simultáneamente. ‘¿Qué?, protestó ella cuando los otros dos le impidieron entrar al bar. Los ahora entrenados hombres habían reconocido a Crabbe y a Goyle, que caminaban en su dirección.

—Hay mucha distancia entre ellos, ¿no crees? —preguntó Ron, notando la inusual cantidad de espacio que les separaba.

Ron y Hermione se habían visto así la primera vez que habían ido a Hogsmeade con Harry llevando su capa de invisibilidad. Después de eso, ellos se habían adelantado mientras el chico de ojos verdes caminaba unos pasos atrás.

—¿Malfoy? —musitó Harry. Pensaba que si alguien invisible estaba caminando entre ellos, ése tenía que ser Draco Malfoy—. Sé que al menos uno de ellos tiene La Marca. No tiene sentido buscar problemas. Podemos volar hasta mi casa y que Ginny se vaya de allí por la red flu —propuso Harry, poniéndose en camino.

Sabía que Malfoy no había tomado La Marca, pero eso no significaba que no apoyara al Señor Oscuro. Apenas habían andado unos pasos cuando su cabeza empezó a doler. Su primer instinto fue pensar en Voldemort, pero pronto se dio cuenta que no era su cicatriz sino sólo dolor de cabeza.

“Oh, mierda”, pensó de repente.

>>Me duele la cabeza —dijo en voz alta, recordando lo que Severus le había dicho acerca de que ‘no sería difícil provocarle un dolor de cabeza’. Si tomaba la medicina que había comprador en la boticario Mortífago, ellos y Severus serían alertados, y la poción le daría algo de energía además de librarle del dolor de cabeza.

“Demonios, Malfoy hizo un buen trabajo”, pensó, pues la cabeza le seguía punzando severamente.

>>¡Ron, lleva a Ginny a Howarts! ¡Ahora!

Tanto Ron como él se podían Aparecer con facilidad lejos de allí, pero no podían dejar sola a Ginny. El pelirrojo dio un tirón al brazo de su hermana, empujándola hacia su escoba, y ambos partieron. Harry retiró la tapa del vial y se tomó la poción de un trago. Sintió sus efectos inmediatamente, mientras la punzada de su cabeza remitía. También sintió más energía, aunque no estaba completamente seguro de si era por la poción o por la adrenalina en su sistema. Con la mejor escoba de carreras que el dinero de Sirius podía comprar, salió a todo tren, alcanzando rápidamente a los dos pelirrojos.

Sin embargo, no les igualó por mucho tiempo; su escoba empezó a ralentizarse mientras podía escuchar los hechizos que eran lanzados en su dirección. Maniobró para esquivar uno de los maleficios enviados contra él. Cuatro figuras vestidas de negro volaban en carrera tras sus pasosl.

En un intento por desviar la atención de Ron y Ginny, voló en dirección opuesta. Circundó las torrecillas del castillo, eludiendo las maldiciones, y lanzando diversos hechizos contra los Mortífagos que iban a su zaga.



Severus se había deshecho de sus ropas de cuero para reemplazarlas por la túnica que había vestido antes. Se había reunido en el pasillo con madam Pomfrey, quien le había hecho unas cuantas preguntas. Se estaba dirigiendo a su laboratorio, para preparar unas pociones que le había pedido la medibruja, cuando fue alertado de que Harry, o alguien, había abierto el vial. Corrió hacia las escaleras a toda velocidad. Se debatía entre detenerse a informar a Albus, perdiendo un tiempo precioso, o ir directamente con Harry. Su decisión fue hecha cuando las alarmas del castillo comenzaron a atronar, anunciando que se estaba ejecutando magia oscura en los terrenos. Se alegró, sabiendo que eso significaba que Harry estaba cerca y no tendría que ir a buscarle. El joven podría haber estado en cualquier lugar al abrir el vial. Sí, de una extraña manera, era bueno escuchar las alarmas. Mientras corría hacia las enormes puertas de roble de la entrada principal del castillo, se encontró con Albus y Minerva, y no muy lejos de ellos, Filius.

Alto en el aire, Harry había estado esquivando los maleficios con bastante eficacia, pero se estaba cansando con rapidez. Usaba bien sus escudos y lograba lanzar una buena cantidad de hechizos a sus atacantes. En su último vistazo hacia atrás notó que sólo quedaban tres Mortífagos persiguiéndole. Pensó que podía haberse deshecho de uno de los magos oscuros, pero pronto fue enfrentado a su realidad cuando le llegó una maldición desde el terreno. Aparentemente, el hombre había caído de la escoba, pero no significaba que estuviera incapacitado.

Dio una vuelta en derredor, evitando los hechizos que venían de tierra; se encontró casi frente a frente con un rostro enmascarado, y aturdió al sorprendido Mortífago. Se retiró con rapidez, intentando desprenderse de los otros dos. No tuvo que voltear hacia atrás para saber que el hombre aturdido estaba cayendo hacia su muerte, puesto que estaban volando muy alto. Desde su altura, no pudo ver a los profesores corriendo por los terrenos hasta que empezaron a lanzar hechizos hacia los magos oscuros que le estaban atacando. El hombre que le agredía desde tierra estaba fuera de combate, o había sido dominado por los profesores, pues no había continuado maldiciéndole.

Mientras volaba por su vida, Harry trató de bajar más, para dar a Severus y a los demás una mejor posibilidad de disparo. Había sido impactado por varios hechizos dolorosos, pero volaba como si no le hubieran tocado. Continuó ignorando todo dolor, y voló por todo lo que era valioso para él. Brevemente, esperó que Sev estuviera viendo cuán bien lo estaba haciendo; pero entonces, su escoba se sacudió con fuerza. Estaba más alto de lo que había pensado, y estaba siendo fuertemente atacado por los dos Mortífagos restantes. Cuando estos se dieron cuenta que no lograban abatirlo con magia, decidieron intentar golpear su escoba a esa inmensa altura.

Harry se sostenía con su vida, pero podía sentir que las sacudidas de su escoba empeoraban, y pensó que sería derribado en cualquier momento. Lanzó unas cuantas maldiciones por encima del hombro y empezó a buscar un lugar para aterrizar. La Torre de Astronomía se encontraba demasiado lejos; tendría que encontrar otro buen lugar. Siendo mejor estratega que los dos Mortífagos, logró bajar un poco, permitiéndole a Albus y los demás una mejor oportunidad de tiro. Esto ayudó un poco, pero fue rápidamente atacado por un maleficio que no pudo esquivar con éxito. Su escoba quedó fuera de control, y en lugar de lanzarle fuera, subió disparada en el cielo, por encima de las altas torres. Intentó sostenerse y esquivar los hechizos, pero no pudo. Entonces, la escoba corcoveó, tirándole, y él comenzó a caer. A pesar de su predicamento, no perdió la oportunidad de maldecir al bastardo que se estaba riendo mientras la escoba volaba sin él, enviándole al suelo en picada. Con su propia vida en peligro, Harry no podía gastar ni un segundo pensamiento en el hombre que ahora estaba cayendo igual que él.

Abruptamente, golpeó contra una alta sección de la azotea. Giró sobre sí mismo en un intento por encontrar algo, cualquier cosa a la que aferrarse en su caída. Era un milagro que no hubiera perdido la varita. En un instante, la estaba sujetando con los dientes; ahora, con ambas manos libres, las estiró, en un intento desesperado por encontrar en el tejado algo a lo que aferrarse. Sus manos arañaron la rugosa superficie sin encontrar nada. Seguía cayendo muy rápido, aunque él sentía que se movía a cámara lenta.

Abajo, Severus sentía el corazón en la garganta. Apenas podía ver a Harry en lo alto. Cuando el joven maldijo a uno de los Mortífagos, en su descenso luego de haber sido lanzado de la escoba, el Maestro se mostró muy impresionado. Harry no iba a caer sin luchar. No quiso pensar en el hecho de que le había tomado unos segundos asegurarse de quién estaba cayendo; estaba agradecido por las máscaras, que le facilitaba el identificar quién era quién. Filius había ralentizado la caída del Mortífago, permitiéndole a Minerva lanzarle un Desmaius; luego le interrogarían, antes de entregarle a las autoridades. Albus consiguió mantener controlado al Mortífago restante, pero el malvado mago era lo bastante inteligente como para mantener su distancia sin alejarse demasiado. Esperaba a que Harry cayera, para poder dar al Señor Oscuro la confirmación de la muerte de Potter, o lanzarle un último disparo al Niño Que Vivió. Sabía que los profesores ralentizarían su caída, en un intento por salvarle.

—Si Harry cae, nosotros tres debemos ser capaces de bajar su velocidad lo suficiente como para evitar que se golpee demasiado fuerte —gritó McGonagall.

—¡No! —espetó Severus—. Si se hace sin haber eliminado al otro Mortífago primero, podrá dispararle con facilidad.

Ahora, Severus estaba congelado en su lugar mientras veía caer a Harry por una zona muy escarpada de la azotea, con sólo un giro de túnica negra. Cuando sus piernas pasaron el borde, pensó que el chico caería, pero le impactó ver sus piernas girando en el aire, mientras él se sostenía del alféizar. Había un ribeteado de pinchos de metal alrededor del tejado, para evitar que grandes cantidades de nieve y hielo se deslizaran hacia abajo en invierno. Era una pequeña pieza de arquitectura que Harry nunca había tomado en cuenta, pero que ahora agradecía.

Severus buscó una idea en las hendiduras de su cerebro, algo que pudiera hacer para ayudar a su pareja. A pesar de sus protestas, Minerva y los demás se estaban preparando para ralentizar al chico, pues era lo único que podría garantizarle la supervivencia de una caída desde esa altura. En un momento de inspiración, se giró hacia Albus y los otros dos profesores y les lanzó un hechizo aturdidor. Fue apenas una version débil del Petríficus. Sabía que Albus se desharía rápidamente del hechizo, pero ese tiempo le daría una oportunidad.

Al ver que Severus había neutralizado a los otros defensores de La Luz, el Mortífago que quedaba voló más cerca.

—Vas a joder tu posición aquí —susurró el hombre ásperamente, aunque aliviado de tener una buena oportunidad con Potter, y un excelente reporte que dar al regresar con su Maestro.

Harry todavía colgaba del borde del tejado, por encima de ellos; sus manos estaban sangrando, lo que dificultaba su agarre. Ahora veía el propósito de las horribles flexiones que Sev y Kieran le obligaban a hacer en su entrenamiento seminal. La figura de negro estaba a su espalda, y estaba mandando maldiciones en su dirección. Él trataba de sostenerse, desesperadamente. Extrañamente, en lugar de pensar que moriría si se soltaba, lo que pensaba era que Severus estaría muy decepcionado de él. Luego de otra maldición bien apuntada, vio que el borde del tejado se alejaba al tiempo que él se soltaba y comenzaba a caer.

Severus mantenía su varita con firmeza, apuntando a Harry, mientras observaba que caía como plomo. No se distrajo ni un momento cuando Albus abatió al Mortífago que aún quedaba en el cielo.

—¡Severus! ¿Qué haces? —preguntó el Director con firmeza—. Podemos ralentizarle.


—No sería suficiente —replicó, apenas lo bastante alto como para que el anciano le escuchara—. No desde esa altura —guió su varita hacia Harry, contando mentalmente. Albus observó sus labios moverse, haciendo cálculos—. ¡Expelliarmus! —gritó Severus con cuidadosa sincronización y todo su poder. Cuando el hechizo golpeó a Harry, fue lanzado unos diez pies en el aire, logrando que entrara a través de la ventana de un aula de clase.

Filius y Minerva, ahora libres del hechizo lanzado por Severus previamente, comenzaron a correr hacia el castillo para ayudar al muchacho. Albus se giró hacia el maestro de Pociones.

—Hablaremos de esto en mi oficina. No es la forma de manejar esta clase de situaciones.

—Está vivo —contestó el otro, rotundo.

—¡Ése difícilmente es el punto —gruñó Albus, muy enfadado, pero Severus sabía lo que hacía. El Mortífago que había sacado a Harry de su escoba no estaba fuera de combate. Severus le había salvado al evitar que impactara contra el suelo con demasiada velocidad, y le había dejado en unos arbustos próximos, completamente atado. Si las cosas salían bien, él reportaría a Voldemort lo que había sucedido, si no, el mago oscuro sería convenientemente encontrado y llevado con el resto de los Mortífagos capturados. Ahora, esperaba haber hecho lo suficiente como para mantener las apariencias. Sólo el tiempo y la próxima reunión lo diría. Ahora, penas podía aguardar para ver cuán herido estaba Harry.

Albus sabía del Mortífago que estaba en los arbustos. Esperaba que la posición de Severus como espía no resultara comprometida. Tomaron al otro mago, al que habían aturdido, le lanzaron un enérvate y le interrogaron profundamente antes de mandarle un obliviate y enviarle al Ministerio. Cuando finalmente Severus pudo ir a ver a Harry, no estaba seguro de dónde revisar primero. Probablemente estaría en la enfermería, pero si estaba demasiado herido, era posible que todavía se encontraran en el aula, estabilizándole antes de moverle. Al ver que el salón de clases estaba mucho más cerca, decidió ir allí primero. En principio, las luces y la gran agitación le indicaron que su pareja se encontraba allí, pero se equivocó. Al abrir la puerta, se topó con un grupo de elfos domésticos que limpiaban una gran cantidad de vidrios rotos mezclados con sangre. Gran cantidad de sangre.

Oh, Harry —pensó cuando vio el desastre. Ante la reacción de los elfos, se dio cuenta que lo había dicho en voz alta.

—El señor Harry Potter está en la enfermería, señor —musitó una tímida criatura.

Bajando la vista, vio las pestañas de unos grandes ojos que le observaban, y le resultó parecida a la elfa que había visto antes.

—¿Effie? —preguntó, impresionando no sólo a sí mismo sino al pequeño ser. Los ojos de ella se abrieron al máximo y sonrió.

—Sí, señor, soy Effie. Dobby nos dijo que el señor Harry Potter iba a estar bien, si es lo que usted desea saber —informó, con una inclinación.

Severus no perdió tiempo y corrió a la enfermería. Madam Pomfrey había detenido el sangrado y estaba revisando su expediente médico antes de seguir con el proceso de curación. Harry estaba acostado en una cama; el único sonido que emitía era su respiración regular, y Severus pensó que debía estar drogado o inconsciente. Poppy regresó con una lista de nombres, luego de haber revisado en el registro de Harry para ver con quienes compartía su tipo de sangre. Entregó la lista a la profesora McGonagall para que hiciera los contactos.

—¿Por qué no Ron? —preguntó Harry débilmente—. ¿Qué le pasó a Ron? —ahora, su voz sonaba desesperada.

Todo lo que era capaz de pensar era que, si Ron no podía darle su sangre, debía ser porque estaba muy herido, o peor. Severus se asombró al escuchar a Harry hablar con tanta claridad. Había estado dando vueltas por la habitación, sin darse cuenta que el joven estaba tan coherente, aunque no le sorprendió. Kieran le había enseñado qué hacer cuando fuera herido gravemente y estuviera en un lugar donde pudiera esperar ayuda. Harry se encontraba en un estado casi meditativo, manteniendo la respiración controlada. Requería una gran confianza de su parte, estando seguro de que a su alrededor iban a cuidar de él. Ésa era una tarea casi imposible para alguien como Severus, quien era incapaz de asumir que hubiera alguien dispuesto y que realmente deseara cuidar de él. Por esa razón, había asumido que Harry no se encontraba tan consciente como estaba en realidad.

—El señor Weasley fue la primera persona a la que contactamos, Harry, pero no estaba en su casa cuando llamamos —explicó Minerva, con tono tranquilizador.

La protesta de Harry fue interrumpida por un siseo de Severus. Voldemort estaba llamando.

Acababa de salir por las puertas principales, apresurándose para llegar al punto de Aparición, cuando vio una enorme figura que se dirigía hacia el castillo. Hagrid transportaba un pequeño bulto; un bulto con cabello rojo.

—Ay, Profesor, estaba regresando del bar cuando vi al palomino actuar de forma extraña. Parece que la señorita Weasley estaba desmayada en la parte de atrás del establo. Respira, pero no puedo despertarla.

Severus dijo que fuera al interior del castillo y se apresuró a responder al llamado.











“No es el árbol, ni la chimenea.
La Navidad es el calor que vuelve al corazón de las personas,
la generosidad de compartirla con otros
y la esperanza de seguir adelante”
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Última edición por alisevv el Mar Sep 14, 2010 11:30 am, editado 5 veces
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MensajeTema: Re: Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 43-II. Bastardo malvado como juego, espía como trabajo II   Mar Mar 16, 2010 1:45 pm

bien Very Happy Amo esta fick n_________n
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MensajeTema: Re: Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 43-II. Bastardo malvado como juego, espía como trabajo II   Jue Dic 08, 2016 4:42 pm

No Harry porqueeeeee, lo bueno es que Harry lo hizo muy bien pero que trancazo se metió, Sev lo hizo con la mejor intención pero pues hasta el se sintió mal cuando vio todo el desastre (me mato de la risa su interacción con al elfina jajajjaja se acordó de su nombre jajjaja)
y Voldy porque molestando osea que no ve que Harry necesita a Sev y este llamandolo que imprudente, y Ron a que cosas tan locas van a pasar
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MensajeTema: Re: Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 43-II. Bastardo malvado como juego, espía como trabajo II   

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Death Eater Takes a Holiday. Capítulo 43-II. Bastardo malvado como juego, espía como trabajo II
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